ENLODADOS

Aventura Ecológica en Panamá

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En días pasados tuvimos la oportunidad de disfrutar de las aguas mansas de las playas del Parque Nacional Coiba, en el Pacífico panameño. Muchas gracias a las personas que nos acompañaron a esta gran aventura en donde recorrimos el parque marino casi en su totalidad.

Acá les dejamos algunas fotografías de lo que fue el Tour: Iniciamos nuestro recorrido en el muelle de Playa Banco, en Soná de Veraguas y nos dirigimos directo a Isla Coiba en donde nos preparamos para el tour, que inició visitando los Pozos Termales y luego, directo a la antigua penitenciaría de tan hostil historia, en donde a los lejos nos saludó una ballena con el sonido del chapaleteo en el océano.

Luego de vivir tan magnífica experiencia, tomamos lancha nuevamente y nos preparamos para disfrutar de las claras aguas de la preciosa joya del mar: Isla Granito de Oro, que nos recibió con su mar color turquesa, sus peces loro, globo y hasta tortuga carey.

Regresamos a Isla Coiba, y aprovechamos el tiempo en nuestras cabañas para descansar y pernoctar. En la noche, la lluvia que nos cayó, mostró la furia de una tormenta en el sur de Panamá.

Al día siguiente, luego de un delicioso desayuno, algunos fueron a conocer los senderos y otros disfrutaron del paisaje circundante mientras nos preparamos para visitar Isla Ranchería o Coibita, en donde nos despedimos de este magnífico parque nacional marino.

Luego de cantarle el cumpleaños a Aileen, al rato, y después de haber pasado muy cerca de Isla Canales de Afuera, pudimos divisar muy cerca delfines que comían justo a sus crías, fue un regalo hermoso que nos dio Madre Tierra.

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Saliendo del Puerto de Playa Banco.

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Todos en la lancha rumbo a isla Coiba

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Tour a los Pozos Termales dentro de isla Coiba.

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Grupo saliendo del sendero de los Pozos Termales

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Los chicos en el antiguo penal de Coiba.

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Desde la lancha. Fotografía de Evelyn Ramos.

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Isla Granito de Oro.

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El grupo desde Isla Granito de Oro.

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19 Los chicos desde el muelle.

En Isla Granito de Oro hicimos snorkel y pudimos ver gran cantidad de peces de diversos estilos y colores.10 12 13 14 15 16

Isla Ranchería.
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Aileen cumplía años y el cake se nos deshizo, pero se lo cantamos en la lancha y fue realmente divertido!
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Mariel y Roberto, rumbo a isla Coibita.

 

Luego de eso, los delfines nos dieron este regalo: madres y sus crías, saltaron para nuestros ojos.27 28

Más de el Penal, celdas de castigo.31

Cementerio en memoria de las víctimas desaparecidas en la Isla Coiba.

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Recuerda que publicamos nuestras giras por este medio, además de nuestro facebook.com/enlodados

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Teníamos pensado ir a ver el anochecer en el Cerro Tute pero, en Santa Fe hay tantas cosas por hacer, que nos oscureció antes de darnos cuenta, así que al día siguiente nos encaminamos al Tute con la orientación de los taxistas, que nos recomendaron, a su beneficio, no subir Tute desde la calle de asfalto a pie, pues nos iba a tomar hasta 4 horas, así que nos podían llevar a la pata del cerro.

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En los años de 1502, el Español Cristóbal Colón llega a las Costas del Norte de Veraguas en donde fundó el primer poblado en tierra firme de América, el cual llamó Santa María de Belén. En 1557, se presume que Santa Fe fue fundada por el Capitán Francisco Vásquez. Los primeros pobladores eran autóctonos; sin embargo, cuando llegaron los españoles y los colombianos se produjo el mestizaje, donde se realizaron fuertes batallas antes de la época Republicana.

Se considera como tierra de grandes batallas importantes para el país. Es aquí donde los rebeldes caciques Quibian y Urracá libraron en sus montañas diversos combates contra los invasores españoles. Estas batallas alimentaron a la Guerra de los Mil Días; hecho que se dio en 1903, en la que el Cholo Victoriano Lorenzo ganó la batalla.

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El Cerro Tute, como película de ficción engañándonos en la neblina de la tarde, simulaba ser un volcán humeante desde el Río Santa María.

Este cerro es muy famoso por los enfrentamientos que allí se dieron y culminó con varios muertos que al día de hoy son considerados mártires.

Para llegar a Tute debe prestar atención unos kilómetros antes de Santa Fe, cerca del hotel del mismo nombre.

Allí, en el año de 1959, y a la usanza del ejemplo cubano se formó el Movimiento de Acción Revolucionaria (MAR) como reacción al dominio norteamericano. A imitación de los rebeldes de la Sierra Maestra, los miembros de MAR se trasladaron a Cerro Tute, donde pensaban establecer su Cuartel Central. Los cubanos, un grupo de guerrilleros de la capital y campesinos se alzaron contra la autoridad con el fin de derrocar al gobierno.

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Tomaron sus armas y se internaron en el Cerro Tute, su Sierra Maestra panameña, inspirados en el deber impostergable de luchar por un cambio revolucionario que permitiera instaurar un gobierno legítimo capaz de impulsar los cambios sociales que exigía el pueblo, extirpar todo vestigio del poder corrupto de las clases dominantes y de sumisión al imperialismo norteamericano. La generación del Cerro Tute, es un ejemplo de coraje y dignidad. Ellos como legítimos herederos de nuestros héroes: Urracá, París, Felipillo, Bayano, Rufina Alfaro y Victoriano Lorenzo, prefirieron la muerte antes que aceptar las prebendas de los grupos de poder económico y político que sometían al pueblo trabajador.

El 3 de abril de 1959, un grupo de 20 estudiantes llegó al Cerro armados y con la intención de luchar por la ‘liberación de la República’. Este movimiento se considera el primero de su tipo en el país.

Los colegiales comulgaban con la Revolución Cubana de Fidel Castro y deseaban alzar su voz en contra de la injerencia estadounidense en el país, así como en contra de lo que ellos consideraban las injusticias del gobierno de turno. En su momento, Floyd Britton diría que lo hicieron ‘cumpliendo con la patria y desafiando el poder de la oligarquía criolla y del imperialismo norteamericano’.

El grupo estaba conformado por: Oscar Navarro, César Jaramillo, Jaime Padilla Béliz, Eduardo Santos Blanco, Samuel Gutiérrez, Campos Labrador, Márquez Briceño, Luis Chandeck, Rodolfo Murgas, Rodrigo y Polidoro Pinzón, Rubén Urieta, Aurelio Ali Bonilla, César Manfredo y Eliseo Alvarez.

Un año antes de lo sucedido en las montañas de Santa Fe, este grupo de jóvenes ‘se lanzó a las calles siendo brutalmente reprimidos por la Guardia Nacional, mientras exigían mejores condiciones de estudio, bajo la consigna ‘¡Más escuelas y menos cuarteles!’, al igual que otras reivindicaciones populares, cuyo saldo dejó cientos de detenidos y varios muertos, entre ellos el estudiante artesano José Manuel Araúz’.

La revolución del Tute duró un par de días y arrojó el saldo de cuatro estudiantes muertos: Eduardo Santos Blanco, Rodrigo Pinzón, José Girón y Domingo García.

Datos registran que los rebeldes llegaron al Tute el 3 de abril, luego de obtener armamento y municiones, y que la Guardia Nacional llegó el 5 de abril. Al día siguiente, 6 de abril, se dio el primer encuentro entre rebeldes y oficiales. Ahí ocurrieron las primeras dos bajas. Al parecer, el choque hizo que el grupo de estudiantes se dispersara. Según indican, no fue hasta tres días después, el 9 de abril, que hubo un segundo intercambio de disparos. Al parecer, ya en esta segunda batalla, el hambre, las malas condiciones y otros factores habían mermado el ánimo de los combatientes. Posteriormente, la Guardia Nacional lograría la captura de los colegiales que estaban diseminados en distintos núcleos.

En una publicación de 2010 de La Prensa, se comenta que ‘El combatiente Isaías Chang expresó que el fracaso de este movimiento se debió al apresuramiento y a la inexperiencia’.

El profesor de Historia José Álvaro publicó un artículo de opinión en La Estrella de Panamá en 2012 en el que comenta: ‘El levantamiento insurreccional de Cerro Tute constituyó una prueba para la juventud panameña, que demostró no temerle a la pérdida de la vida, si esta significará modificar el estado caótico del país’.

A pesar de que anualmente para conmemorar la fecha se realizan eventos en las tumbas de los caídos, el sociólogo veragüense Víctor Jordán declaró a La Prensa en 2010 que ‘se ha hecho muy poco por recordar esta gesta, pues este grupo de jóvenes cumplió una función muy importante en la historia nacional, en busca de esa tan anhelada reivindicación de los derechos y libertades ciudadanas.

Tomado de Artículo ¿Qué ocurrió el 3 de abril de 1959 en el Cerro Tute? La Estrella de Panamá.

Se dice, que la Guardia Nacional envió al capitán Omar Torrijos para dispersar a los revolucionarios. Solo tres militares resultaron heridos: entre ellos el Capitán Omar Torrijos, quien en franca huida fue alcanzado en las nalgas. Aquella humillación persiguió a Torrijos toda la vida.

Por nuestra parte, encaminamos Tute con el Sr. Américo y vimos cómo el taxi 4×4 iba subiendo la cordillera y nos dejó a una distancia considerable del cerro. Divisamos la cima y pensamos que sería fácil pues la calle de tierra llega prácticamente allá arriba.

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Caminamos a través de ella, confiados y tranquilos a alcanzar las enormes e inconfundibles rocas que se veían a lo lejos. Ese cerro que tantas veces había visto en fotos y al cual le tenía un amor platónico. La brisa es un factor importante en este lugar, pues es tan fuerte que a pesar de mis kilos, casi me lleva en variadas ocasiones, me aferraba al suelo rocoso con miedo de que me levantara. Hubo un momento en el que muchas rocas pequeñas alzaron con la brisa y me cayeron en los ojos, a pesar de que uso anteojos, no fue impedimento para ellas.

A mitad del corto camino, nos detuvimos a ver el paisaje que quedaba atrás, desde tan arriba se puede ver toda la parte Sur y Este de Santa Fe, los cerros que van quedando a lo lejos, las calles se pierden y se distingue cualquier movimiento que ocurra en las montañas de abajo. Entendimos muy bien por qué la historia dice, que aquellos “guerrilleros” se aferraron al Tute.

Allá arriba, la vegetación es escasa, la deforestación a causa de la colonización es la culpable. Este, ya no es un cerro en el cual se disfrute de flora o fauna, escasos insectos juegan en las hierba, lastimosamente es un cerro pelao’. El sol nos pegaba en la cabeza con fuerza y daba la impresión de que esas rocas allá arriba, eran un altar de piedras mágicas. Recordé la canción de Caifanes en donde dice que “cada piedra es un altar“.

Me recosté en el suelo, entre la hierba que pica. De pronto, las nubes nos bañaron de rocío, el viento se hizo más fuerte y me aferré a la hierba. Las nubes, densas y frías iban y venían en una danza espectral. Nos dejaron un manto de rocío imperceptible sobre el cuerpo. Nos tomó una hora llegar a la cima, supimos que cuando la calle no estaba recortada, podía tomar hasta ocho horas hacer el ascenso.

Rey se apresuró a la cima repleta de rocas y precipicios aunado a la brisa que nunca paró. Allí si sufres de vértigo, no puedes avanzar.  Se debe atravesar un trillo espinoso. Allí termina el cerro, es el mismo filo de la montaña, su cima posee 1453 msnm.

Los guías locales han establecido senderos que llevan al visitante por el cerro Tute. Este fue instituido como Sitio Histórico Turístico, por el Consejo Municipal de Santa Fe, en 1993.

 

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Escrito de Luisita Aguilera P.

Chigoré, el guapo y bizarro hijo de Turega, señor cuyo caserío se levantaba en el cerro cercano a los territorios de Penonomé, se sentía preso de una gran inquietud. Tal día él y su padre irían hasta la villa de aquel cacique a hacerle una petición de la que dependía su dicha o su desgracia.

El joven estaba enamorado con todas las potencias y sentidos de Zaratí, la linda hija de Penonomé y deseaba hacerla su esposa.

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Río Turega en el poblado del mismo nombre en la provincia de Coclé.

Una tarde en que, según su costumbre se hallaba en el río que circundaba el caserío del padre de su amada, vio a ésta por primera vez. Venia conversando con otras compañeras de igual edad y condición. Más, entre todas, ella se destacaba por el encanto de su rostro y la gracia y dignidad de sus maneras.

Despreocupadas las alegres muchachas hablaban de mil cosas, sin sospechar que oídos extraños escuchaban sus palabras. Se contaban entre risas sus coqueteos y conquistas. Chigoré sonreía al oírlas.

Son graciosas y vivas estas mozas, pensó. En cierto momento aguzó el oído lleno de interés.

  • Estás pensativa esta tarde Zaratí, escuchó que una decía. ¿qué te sucede?
  • ¿qué había de pasarme?

Tal contestó una voz que a Chigoré pareció extraordinariamente musical.

  • ¡No nos engañas! Te conocemos bien. ¡Cuéntanos! ¿No tienes confianza en tus amigas?
  • ¿Pero…qué puedo decirles? No, no, déjenme tranquila.

Las otras no insistieron y siguieron en sus retozos. Se adentraron en el río y sus voces fueron perdiéndose.

Chigoré vio que una de las jóvenes, la llamada Zaratí se quedaba atrás y se sentaba a la orilla del río. Con una mano en la mejilla y la cabeza inclinada, la joven miraba sin ver las aguas juguetonas. A poco una angustia infinita fue reflejándose en su rostro y algo parecido a un sollozo salió de su garganta.

¿Por qué lloraba la hija de Penonomé? Pues era ella la que se había quedado sola. Porque joven y bonita, su padre quería casarla con un cacique viejo y feo que habitaba al otro lado de las montañas y a quien ella temía y odiaba con toda su alma.

El momento de desespero pasó, mas Zaratí continuó en su actitud reflexiva sin saber que no muy lejos de ella, Chigoré la miraba embelesado, diciéndose en su interior que jamás había visto una criatura tan linda.

El hijo de Turega quería acercarse, pero temía pasar por indiscreto. No obstante no quería perder la ocasión de presentarse a ella. Ya había oído hablar de Zaratí y de su belleza espléndida, pero jamás había podido conocerla de cerca. Al verla ahora, se dijo que la gente no había exagerado. Al contrario, la joven era mucho más hermosa de cuanto se había dicho. Armándose de valor, Chigoré caminó unos pasos hacia la joven. El ruido de las pisadas sacó a Zaratí de su abstracción. Pensó que sería una de sus amigas quien venía, mas, al ver que era un hombre, y por añadidura un desconocido, dio un ligero grito y se levantó. Tomó la nagua que había tirado a un lado y envolvió su cuerpo en la tela de colores.

  • Nada temas, dijo Chigoré.
  • ¿Quién eres?
  • El hijo de Turega. Mi nombre es Chigoré.
  • ¿Qué buscas aquí?
  • Acostumbro a venir al río. Mi buena suerte ha hecho que te encontrara. Te he estado observando y vi que llorabas. Deseo serte útil, pero si te molesto, añadió al notar el gesto de contrariedad que se dibujaba en el semblante de Zaratí, me retiraré.
  • Espera, dijo la muchacha. Las palabras y actitud del extraño la había impresionado favorablemente. ¿Sabes quién soy?
  • Oí a tus amigas llamarte Zaratí. Supongo que eres la hija de Penonomé.
  • No estás equivocado. Yo…

Así se inició la conversación y así también comenzó el idilio entre Chigoré y Zaratí. Desde esa tarde los jóvenes se vieron a menudo. Y los campos verdes y el cielo estrellado y la luna pálida y el río hermoso en donde se conocieron, fueron testigos de sus apasionadas palabras, de sus juramentos de amor.

Zaratí contó a Chigoré la causa de su pena. Pero afortunadamente, el hombre que había pedido por esposa a la hija de Penonomé, había ido a reunirse con los dioses y no vendría a perturbar sus amoríos.

Todas las tardes el joven bajaba a visitar a su amada. Zaratí lo esperaba a la orilla del río. Tomaban la canoa allí guardada y mientras la ligera barca se deslizaba sobre el agua, los dos enamorados muy juntos y muy felices se mecían en las más gratas ilusiones.

  • Cada día te amo más, Zaratí, decía Chigoré cariñoso. Te necesito como las flores al sol. Quiero que mi padre hable al tuyo. No puedo esperar más tiempo.
  • Aguarda, aguarda, contestaba ella.
  • ¿Por qué hacerlo? Te quiero, te adoro Zaratí. Te daré todo cuanto deseas. Buscaré tesoros para ti. Abriré tierra, bajaré hasta el fondo de los ríos para buscar el oro que adorne tu hermosura.

Sonreía Zaratí al escuchar tales palabras, pero insistía en que Chigoré debía esperar. La joven temía a su padre. Altivo y orgulloso, Penonomé no consentiría que su hija fuera la mujer de un hombre a quien consideraba inferior en rango. En este caso estaba Chigoré para el cacique todopoderoso. Zaratí quería conservar su amor el mayor tiempo posible.

Tanto rogó Chigoré, que al fin Zaratí vencida le dio un plazo para que se presentara ante su padre. El plazo se había cumplido. El momento tan ansiado por el hijo de Turega había llegado.

Con un lujoso acompañamiento salió el joven con su padre hacia los dominios de Penonomé. El corazón le latía violentamente, mas, no presentía que los dioses cansados de otorgarle favores habían decidido volverle las espaldas.

La embajada fracasó rotundamente. Penonomé, que en un principio había acogido cortésmente a sus vecinos, endureció su semblante al oir la proposición. Un no rotundo echó por tierra de un golpe las esperanzas de Chigoré.

De nada valió que Turega, dejando a un lado su orgullo herido insistiera sobre las causas del rechazo. Penonomé contestó desdeñosamente que no tenía por qué dar explicaciones.

La reunión habría terminado de un modo sangriento, porque Turega no era un hombre para aguantarse así como así un ultraje, si el mismo Chigoré a pesar de su dolor inmenso y de su cólera por las despreciativas palabras del padre de su amada, no hubiera apaciguado los ánimos de todos. Su desolación no le impedía comprender que un paso impulsivo podía empeorar las cosas. Más que su padre conocía el poder de Penonomé y su fuerza, y deseaba evitar males mayores. Conteniendo su pena, habló con mesura y dignidad. Impresionado Penonomé, reconoció que se había excedido; y si bien no dio disculpas, manifestó al joven alguna benevolencia, pero no cedió. Aún admirando su compostura, su porte noble y lo comedido de su discurso consideraba que no era el marido digno de su hija.

Con todos los honores debido a su rango, que ahora Penonomé no escatimó, despidió el cacique a Turega y a Chigoré, mas, sin dar a este último, la más leve esperanza de que pudiera volverse atrás en lo que había dicho. Antes bien le hizo saber que él y su hija no deberían volverse a ver.

Regresó Chigoré a su poblado con la muerte en el alma. En vano su padre trató de animarlo diciéndole que otras mujeres había, mejores y más hermosas que Zaratí, ansiosas de brindarle su amor. El joven no lo atendía. Pensaba en su amada. La idea de que no iba a verla más hacía llorar su corazón.

No intentó un nuevo encuentro. La velada amenaza de Penonomé surtió el esfuerzo deseado. Temiendo por Zaratí no osó buscarla nuevamente. Por él mismo no le importaba lo que el teba pudiera hacerle. Era fuerte y valeroso y no le asustaba el dolor físico. Sabía que podía resistirlo sin quejarse. ¿Pero Zaratí….? Su cuerpo delicado, su piel suave no podrían soportar ningún castigo. Se estremeció al pensamiento de que la muchacha a quien amaba tanto fuera maltratada por su culpa. Por esto, aun deseando con toda su alma estar junto a ella, no volvió al río.

Si la pena de Chigoré era inmensa, no era menor la de Zaratí. Pasados los días en que su severo padre no le permitía salir fuera de la casa, se encaminó al lugar donde solía encontrarse con su amante en tiempos más felices. Alimentaba la secreta esperanza de que allí estaría Chigoré. No era así. El joven no apareció y Zaratí creyéndose olvidada, lloraba y suspiraba de dolor. Miraba al cielo lleno de estrellas y preguntaba a la luna, única compañera del olvido, en donde podría encontrar a su pedido amor.

Cierta vez cuando con ojos llorosos se despedía tristemente de los sitios en donde había sido tan dichosa, se encontró en los brazos de Chigoré.

  • Al fin, al fin, suspiró, vuelvo a verte Chigoré. Creí que ya no me querías.
  • Zaratí, mi alma y mi vida eres tú. Exactamente. He venido a buscarte. Nos iremos muy lejos donde nadie nos encuentre. ¿Vendrás conmigo?
  • Quisiera hacerlo….pero….
  • ¿Qué te detiene?
  • Mi padre….yo… la…La joven tartamudeaba. Lo inesperado de la proposición la había trastornado.

Chigoré la atajó impaciente. Tú no me amas, dijo.

  • Más que nunca, pero compréndeme.
  • Te entiendo perfectamente. Si tu amor fuera verdadero nada te detendría.
  • No, no, estás equivocado, suspiró Zaratí anhelante y a punto de llorar.
  • No lo creo. Nada debo esperar y me iré de aquí….
  • ¿A dónde?
  • ¡Al lugar de donde no se regresa jamás!
  • Me espantas Chigoré! Vuelve en ti. Haré lo que quieras.
  • ¿Vendrás conmigo?
  • ¡Sí!
  • ¿Cuándo?
  • En el momento en que lo dispongas.
  • ¿Dentro de una luna?
  • Está bien. Me hallarás preparada.

Chigoré estrechó contra su corazón a su amada y se despidió poco después ebrio de dicha.

La tarde fijada para la partida encontró a Chigoré desde muy temprano por los alrededores del río. Por mucho tiempo esperó y esperó. Venía ya la media noche. Brillaban en el cielo los puntitos luminosos de las estrellas; la luna comenzaba a salir de entre las sombras, pero de Zaratí no había ni rastros. La impaciencia vehemente de Chigoré era ya un melancólico y resignado fatalismo. Los mismos dioses se interponían en sus amores. La espera resultaba inútil, Zaratí no vendría. Caminó un rato a lo largo de la orilla del río. Sombríos pensamientos llenaban su cerebro.

  • ¿Para qué quiero la vida, se decía, si no puedo tener lo que deseo? ¿Qué esperar?

Se detuvo y miró atentamente las aguas que con cadenciosos susurros se deslizaban sobre las piedras. Dio unos pasos y nuevamente se detuvo, en ese instante las nubes se apartaron para dar paso a la luna que inundó de una suave claridad todas las cosas. Parado en una piedra, Chigoré destacaba su erguida silueta en la blancura de la noche. Dirigió sus ojos a lo alto en muda imploración. Súbitamente tomó impulso. Las aguas se abrieron para recibir su cuerpo, se unieron después y ya no se vio más el hijo de Turega. Una cutarra olvidada era el único testigo de cuanto había ocurrido.

En la mañana, Zaratí corrió al lugar de la cita a la que no había podido venir. La cutarra abandonada se lo dijo todo.

  • ¡Cumpliste tu palabra Chigoré! Murmuró ¡Te fuiste al lugar de donde no se vuelve!
  • ¡Sé lo que hay en el fondo del río y no te dejaré! ¡Iré a hacerte compañía!
  • ¡Te amo y no permitiré que otras se queden con lo que es mío!

Sus palabras se perdieron en un sollozo, en un grito de desesperación y de dolor. Ella sabía que en el lecho del río existía una ciudad maravillosa con palacios de oro, en donde vivían hermosas y jóvenes mujeres con las que ahora estaría Chigoré. Por eso él no la había esperado.

Sintió una extraña música que parecía venir del corazón de la corriente.

Prestó oído atento. Eran los tonos delicados de una flauta lejana. Sus celos se hicieron más hondos. Miró con odio la superficie líquida iluminada por el sol. Creyó ver las espléndidas moradas en donde jugueteaban las hijas de las aguas enamorando a Chigoré. No vaciló más y fue a reunirse con su amado.

Desde entonces, aquél río que vio nacer y morir los amores de Chigoré y Zaratí, fue llamado con el nombre de la bella e infortunada hija del cacique Penonomé.

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Escrito de Luisita Aguilera P.

En tiempos muy lejanos, en un lugar perdido en las montañas de Coclé, vivió una muchacha a quien tanto le gustaba fumar, que le llamaban “la Pavita”. Sus padres habían tratado por todos los medios de quitarle la costumbre, pero ya Paula, que tal era el nombre de la moza, estaba completamente enviciada, y nada consiguieron. Al fin, cansada la familia de regañarla y castigarla, la amenazaron con la muerte si la veían fumando.

Por primera vez, Paula asustó de veras, y no se atrevió a fumar por algunos días. Mas su cuerpo entero sentía las ansias del tabaco. No sabía cómo hacer para encontrar lo que deseaba. Al fin se le ocurrió recoger todas las pavitas que los demás votaban, guardarlas, y fumárselas cuando nadie la viera. Para evitar ser descubierta por la gente de la casa, decidió esconderlas en la cocina debajo de unas piedras que había detrás del fogón.

Fogata

Todas las noches, cuando las espesas sombras envolvían la tierra, sigilosamente se iba Paula a la desierta cocinita, levantaba las piedras y se ponía a fumar sus pavitas. Así siguió mucho tiempo fumando a escondidas las colillas que encontraba durante el día, hasta que fue sorprendida por su padre.

La indignación y la cólera que este hecho causó al hombre fueron tan violentas, que sin pensarlo dos veces, tomó un palo y a garrotazos la mató.

Desde ese instante el espíritu de Paula comenzó a vagar por todos los montes, por los campos, por todos los potreros, asustando a los animales y a la gente. En la noche que recuerda sus pavitas, entona un canto, una especie de zumbido molesto y persistente. Entonces no es posible levantar ninguna piedra que se encuentre cerca del fogón.

Paula cree que van a cogerle sus pavitas y mata al imprudente. Y los campesinos que lo saben, se quedan quietos en sus sitios sin atreverse siquiera a encender sus pipas con los tizones del fogón cuando sienten la proximidad de la Pavita.

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Escrito de Luisita Aguilera P.

En las tierras feraces y montuosas del Darién, Famosas por sus ricas minas de oro, por su lagunas en donde habían espíritus malignos; por sus bosques inmensos de preciosas maderas, llenos de aves de multicolor plumaje y de animales de todas las especies; por sus selvas y sus ríos correntosos y profundos, poblados por seres fantásticos que se ocultan ya en un ave de exótica apariencia, ya en una flor de brillantes matices, ora en una mariposa de irisados colores, vivía en tiempos así perdidos en la memoria de la gente, un anciano y sabio Nele a quien el dios sol amaba mucho por sus puras costumbres y las buenas obras que diariamente hacía en el ejercicio de su ministerio.

Deseaba el sol hacerle un regalo, pero quería que fuera algo que agradara realmente a quien le rendía un culto tan devoto y reverente.

  • ¿Qué cosa deseas más en esta vida?, díjole una tarde en que, según su costumbre, el Nele hacíale un sacrificio.

Todo cuanto pidas te lo concederé.

Grande es tu poder, ¡Oh Sol!, contentó aquel, mas soy indigno de tus favores.

  • Tu humildad me place. Dime lo que deseas.

De momento el Nele nada supo contestar. – Dame tiempo para reflexionar, imploró.

Asintió e sol, y el Nele se puso a pensar en lo que solicitaría. Si pido algo para mí, se dijo, es perder el presente divino. Muchos inviernos pesan sobre mi cuerpo, y son ya muy pocas las lunas que me restan en la tierra Es mejor que otro tenga lo que mi edad y mis achaques no me permitirían gozar. Más debo escoger bien a la persona para quien debe ser el obsequio. Si se lo otorgo a uno solo, siguió pensando, los demás de la tribu lo envidiarán; el celestial regalo será motivo de riñas y discordias. ¿Cómo he de hacer para que todos queden satisfechos? Tal vez lo mejor sería solicitar algo que hombres y mujeres por igual y al mismo al tiempo puedan complacerse. Pero ¿qué podrá ser aquello?

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Pensando y pensando, llegó a su mente una idea que le pareció de maravillas. Preguntaré a la divinidad, musitó, si el regalo que desea ofrecerme puedo solicitarlo para la tribu.

Esperó pues, a que el sol le hiciera un nuevo requerimiento. Estaba impaciente, pero prefería aguardar, antes que por precipitado que fuera a perder la benevolencia del dios.

  • ¿Cualquier cosa que pida me la concederás?
  • Así es, ya te lo he dicho. Haz tu petición.
  • Y si solicitara para otros el favor que te has dignado concederme, ¿aceptarías?
  • Deseaba que fueras tú el agraciado. Tus virtudes te hacen digno de mis dones. Más, quiero complacerte y no me negaré a tu demanda. ¿Qué deseas y para quien lo quieres?
  • Te ruego des a mi tribu un hijo tuyo por cacique.
  • No es cosa pequeña lo que me solicitas, dijo sonriendo el sol. Pero no te aflijas, continuó al ver un gesto de confusión en la cara del Nele, porque no has de quedar defraudado. Pregunta a los tuyos si están acordes con lo que tú has pedido para ellos.
  • Lo haré así.

El Nele planteó la cuestión ante la tribu. Tal como lo esperaba, sus palabras causaron jubiloso asombro. Hombres y mujeres aceptaron como manifiesto placer tan señalada gracia de la divinidad. Tener por jefe a un hijo de su dios era algo que nunca se habían atrevido a soñar.

  • Ve presto, dijeron al nele, dile al sol nuestro sentir, no sea que vaya a arrepentirse.
  • Orad y ayunad por tres días, contestó el anciano. Las ofrendas y las súplicas son gratas a la divinidad.

Obedecieron los indios, y por espacio de tres días, preces y más preces se elevaron en todo el poblado para solicitar del sol el cumplimiento de la promesa. En la mañana del último día, cuando toda la tribu dirigía sus plegarias al astro matutino, el cielo de azul purísimo se abrió y torrentes de luz deslumbradora se escaparon a la tierra. Envueltos en esos claros resplandores, los ojos llenos de maravillada sorpresa de los oradores del sol, vieron bajar a un niño hermosísimo de dos años de edad, blanco y rubio. Le acompañaba una niñita algo mayor, pero también preciosa. Al son de una maraca de oro cantaban tan suave y dulcemente, que aun el más rudo guerrero se sentía conmovido hasta el fondo de su alma. La gente arrobada cayó de rodillas y dio gracias al padre sol por su presente.

Fotografía de Robert O. Marsh

Y en tierra, los celestes viajeros fueron conducidos a un bello palacio para ellos destinado, y todos los indios se apresuraron a brindarles cuanto pudiese contribuir a su comodidad y bienestar.

Allí en ese palacio fue creciendo con todo cuidado y regalo la infantil pareja, que, como seres de origen divino, tenían sus particulares distintivos. Jamás comían como los mortales en la forma ordinaria y corriente de masticar y tragar. Les bastaba oler los manjares que les presentaban para dejarlos sin jugo. Y a la hora del aseo, de los bañados y limpios cuerpos salían unos granos y canutillos del oro más fino, iguales a los que se desprendían de la sedosa cabellera cuando se les peinaba.

Fotografía de Robert O. Marsh

Pasaron los años. El pequeño infante se hizo un esbelto y fuerte doncel amado y reverenciado por la tribu, y la niñita, su compañera, una primorosa doncella lindísima y gentil. La pareja se amaba ardientemente. El amor infantil de los primeros tiempos, se había convertido en una pasión arrolladora que no quería saber de esperas. Pronto resonaron por todo el territorio el eco de las flautas y de las ocarinas; de los cantos y de los gritos gozosos que celebraban las alegres nupcias de los hijos del sol. Pero los días se fueron, y en su marcha se llevaron hecho jirones el ardiente amor de un ayer.

Fue el varón el primero que dio muestras de su hastío. Le tentaban los cobrizos rostros, la negra cabellera, los donosos cuerpos de sus vasallas. Ofreciéndose en ocasiones, casó con estas hijas de terrestres.

La esposa desdeñada no sintió el desvío. Cansada quizá de su compañero, también había buscado nuevas emociones. Olvidada de aquel, había encontrado grato refugio en los brazos robustos de un apuesto mozo de la tribu.

La conducta liviana de sus hijos desagradó al sol.

  • Que mi cólera caiga sobre vosotros les dijo indignado. Han renegado de su estirpe uniéndose a los mortales; como ellos quedarán. Los atributos divinos que les di, perderán su eficacia. Quedareis sujetos a las mismas contingencias de los hombres.

En vano los culpables suplicaron y lloraron, y con ellos la tribu entera, el sol permaneció inexorable.

Ambos jóvenes bajaron la cabeza y se sometieron al fallo justiciero. Continuaron la vida que llevaban, y de sus uniones con los mortales resultaron varios hijos. No heredaron éstos, los celestes distintivos, pero fueron el tronco de la raza cuna, superior por tal concepto a todas las demás. De los hijos tenidos cuando estos descendientes del sol aun se amaban vienen los albinos. Con sus ojos azules que no resisten la luz, con su tez alba y su cabello rubio blanco, se distinguen entre todos los cunas como nietos verdaderos del dios sol.

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Esta linda ave nos la hemos topado tanto en el jardín de la casa, como en el Parque Municipal Summit, de manera silvestre y en grandes cantidades en Chiguirí Arriba de Coclé.

El tucancillo collarejo que también le llaman arasarí acollarado en países como México, es un pequeño tucán con aspectos físicos semejantes a los de un paseriforme (orden de aves que abarca a más de la mitad de las especies de aves del mundo. Los paseriformes se conocen comúnmente como pájaros, y a veces aves canoras o pájaros cantores. Los pájaros son el grupo de vertebrados terrestres más diversificado, con más de 5.700 especies identificadas). Según investigamos, su distribución va de México a Panamá y también es posible verlo en Colombia, Venezuela y Ecuador.

Común en bosques, bosque secundario y bordes de bosque en las tierras bajas y estribaciones (hasta unos 900 msnm) a lo largo de la vertiente del Caribe y en la vertiente del Pacífico, desde el área del Canal hacia el este a través de Darién. Se sospecha que el tucancillo collarejo que se distribuye en Cerro Campana y El Valle se trata de una especie distinta no determinada. En el oriente de Darién la situación es complicada, ya que existen híbridos de las subespecies torquatus y sanguineus.

Panamá tiene siete especies de tucanes:

Tucancillo Verde, Aulacorhynchus prasinus
Tucancillo collarejo, Pteroglossus torquatus
Tucancillo piquinaranja, Pteroglossus frantzii
Tucancillo orejiamarillo, Selenidera spectabilis
Tucán pico iris, Ramphastos sulfuratus
Tucán de Swainson, Ramphastos swansonii
Tucán del Chocó, Ramphastos brevis

La primera vez que Rey lo vió, luego de tanta emoción, le puso El Tucan Roquero. Como otros tucanes, el tucancillo collarejo es muy colorido y posee un gran pico. Los adultos comúnmente miden 41 cm de largo y llegan a pesar 230 gr. Los sexos son similares en apariencia, con cabeza y pecho negros, rabadilla rojo brillante. Presenta un collar rojizo en la parte trasera de la nuca, lo que le ha valido el nombre de collarejo y el epíteto científico (torquatus). El vientre es amarillo brillante, con una mancha negra en el pecho y una banda roja y negra en el abdomen. Los muslos son de color castaño. La piel facial, sin plumas, es negra tornándose marrón detrás de los ojos amarillos. La parte superior del pico es amarillo opaco, con un borde negro que sigue un patrón de dientes en forma de sierra en los bordes del mismo, y terminado en una punta negra. La mandíbula inferior es negra. Las patas son verdes.

Es un residente común en las selvas de tierras bajas y bosques un poco abiertos; con tal lo veíamos en Arraiján aprovechándose de los nidos ya creados anteriormente por los pájaros carpinteros. Parvadas pequeñas, usualmente conformadas por 6-15 aves, atraviesan el bosque en vuelo rápido y directo.

Esta especie es principalmente frugívora, pero también consume insectos, pequeños reptiles, huevos de aves y otras presas pequeñas.

Depositan 3 huevos blancos en cavidades naturales al descubierto o nidos de pájaros carpinteros en lo alto de los árboles. Ambos sexos incuban los huevos por 16 días, luego de los cuales los polluelos permanecen en el nido. Al nacer son ciegos y no poseen plumas, tienen picos cortos y almohadillas especializadas en los talones para protegerlos de las rugosidades del fondo del nido. Son alimentados por ambos padres, quienes pueden ser asistidos hasta por otros 3 adultos, probablemente integrantes de nidadas anteriores. Abandonan el nido después de alrededor de 6 semanas, pero continúan siendo alimentados por los adultos por varias semanas más.

Los tucancillos viajan en grupos de hasta una docena de individuos que por lo general se mantienen cerca los unos de los otros; siguen al guía, y atraviesan los claros y aperturas del bosque de uno en uno; vuelan en línea recta batiendo rápidamente las alas e intercalando estos movimientos con planeos cortos. Por lo general permanecen más bien en lo alto de los árboles, a menudo posándose al descubierto al amanecer y, en menor grado, al atardecer.

Es importante mencionar que estas aves se diferencian del resto de los tucanes por perchar en grupos sociales a lo largo de todo el año, más de 6 adultos y polluelos pueden habitar en una misma cavidad de un árbol, durmiendo todos con las colas plegadas sobre el dorso.

Entonces, a prestar atención cuando estés por el bosque y seguro les tomas mejores fotos que nosotros :)

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En Santa Fé hay tantos ríos como te puedas imaginar, son las venas del distrito. Y aunque agonizante, nos topamos con una parte del Río Santa María realmente bella. Y escribo agonizante pues este es uno de los tantos ríos en lista de espera para formar parte de una hidroeléctrica. Sí, así como lo leen, este hermoso río.

Puede que su nombre se deba a que en el año 1502, Cristóbal Colón llega a las Costas del Norte de Veraguas en donde fundó el primer poblado en tierra firme de América, el cual llamó Santa María de Belén.

Pero no es que no haya sido intervenido, pues ya se han dado concesiones para sacar materiales de ahí, se encuentra amenazado por empresas constructora de carretera.

Dentro del Parque Nacional Santa Fe se encuentra la cuenca alta del río Santa María, la cuenca hidrográfica más importante de las provincias centrales (i.e., Veraguas, Coclé, Herrera). Esta cuenca abastece de agua a la planta potabilizadora de la ciudad de Santiago, que procesa 43 millones de galones de agua potable por día y beneficia a unos 70,000 usuarios. Adicionalmente, las aguas del río Santa María son vitales para el desarrollo de actividades agropecuarias e industriales que benefician a más de 150,000 panameños.

La Fundación Héctor Gallego, junto con algunas ONG han creado planes de manejo y reforestación de hectáreas cercanas al Santa María y Bulabá así como un plan de ordenamiento que garantice el aprovechamiento sostenido de este recurso para el futuro. El valor de los bosques, no solo como protectores de esta cuenca hidrográfica, sino también de una gran diversidad biológica, que incluye especies endémicas de flora y fauna; así como su valor histórico y cultural, y su potencial turístico, en conjunto, constituyen elementos principales para la protección de la cuenca. También el Movimiento en Defensa del Agua, la Tierra y la Vida de Quebrada Las Trancas de Santa Fe y Asociación Amigos del Parque Nacional Santa Fe: AMIPARQUE que trabajan para desarrollar un programa de educación ambiental que forme conciencia en la población sobre la necesidad de conservación de los recursos naturales y desarrolle habilidades para realizar procesos de intervención de manera sostenible. Algunas de estas organizaciones, así como la sociedad civil, han evitado que se construya una hidroeléctrica en Las Trancas.

A través del apoyo de la Fundación Natura, con los fondos de FIDECO, se han reforestado 100 hectáreas en bosque de galería, que actualmente se encuentran en la etapa de mantenimiento y manejo de los árboles plantados. Con este programa se ha brindado capacitación a la población beneficiaria y a la comunidad en general, incluyendo a estudiantes de la localidad, maestros y profesores, con las autoridades locales y con las Instituciones se establecieron convenios de apoyo al desarrollo del proyecto.

Se han construido viveros permanentes en el área, en cuatro comunidades, para aviverar plantas nativas para los posteriores programas de reforestación. Parte de la política de reforestación, es la promoción de la siembra de café y cacao, ya que prosperan bajo sombra, en asocio con árboles de grandes alturas como es el Corotu, Erythrina, y otras especies de árboles leguminosos; estos cultivos permiten que los agricultores establezcan el sistema de conservación de suelo y agua, a través de obras tales como: acequias, barreras muertas y vivas, diques.

Por suerte en la parte alta del río aún se puede disfrutar de sus aguas, sobre todo en el Balneario Las Trancas que tuvimos la oportunidad de conocer. Se encuentra ubicado en la entrada del pueblo de Santa Fe, a mano derecha, está ubicado el letrero por donde se entra. Puede hacerlo caminando o en auto 4×4.

Su acceso es muy fácil: caminamos desde el hotel Santa Fe hasta el puente peatonal sobre el balneario. Nos tomó unos 15 minutos pues es en descenso. Al ver el puente peatonal, nos tomamos nuestro tiempo en disfrutar de la vista desde ahí. El cerro Tute como película de ficción engañándonos con la neblina de la tarde, pues simulaba ser un volcán humeante.

Sus aguas claras nos invitaron a darnos un chapuzón y quedamos sumidos en la tranquilidad que emana este río en verano, pues se nota que en época lluviosa puede ser peligroso. En sus orillas, descansan gran cantidad de aves entre las que pudimos distinguir un martín pescador grande (Megaceryle torquata) que iba y venía alimentándose así como algunas Garzita Verde(Butorides virescens) esperando su presa, gritando su clásico kiiiiiiiiiiiio!

A orillas del Río Santa María, hay algunos senderos viejos y una torre estación meteorológica de Etesa, la cual pudimos notar que también utilizan para medir los niveles del  río.

Nos dijeron que en el Río Mulabá realizan una actividad llamada River Tubing, pues ya se imaginarán, te subes en una llanta río abajo y el tour termina en el puente del balneario Las Trancas. Esta vez no lo pudimos tomar pero debe ser emocionante hacerlo.

La tarde cayó y caminamos loma arriba hacia el hotel. Los rayos del sol irradiaban Cerro Sapo y minutos después, el cielo se torno color rosa. Esos atardeceres tan típicos de Santa Fe, tantos, que sus habitantes ya saben cuando el cielo va a ser rosa o por donde va a salir el arcoiris.

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Imagen 147

La vista desde la cima del Sendero de la Fresa.

Cerro Punta es un sitio de ensueño, completamente diferente en clima al resto del país. Si llegas hasta la comunidad de Volcán, obligatoriamente debes visitar la comunidad de Bambito, Nueva Suiza y obviamente de paso, subir a Cerro Punta.

Nos encontramos con carreteras perfectamente pavimentadas, rodeadas de cultivos agrícolas, 2000 metros sobre el nivel del mar, con una temperatura entre los 15 y 20 grados centígrados, un sitio rodeado de montañas densamente cubiertas de bosques, Cerro Punta es la villa más alta de Panamá, y usualmente bañada por las nubes.

Sembradíos en Cerro Punta.

Posee un terreno bastante accidentado, con pequeñas planicies, donde la mayoría de los pobladores habitan y es muy común ver casas a cierta distancia una de la otra, es un modelo que ha empleado el pueblo donde se ven las casas chicas y detrás terrenos grandes donde practican la agricultura (mayormente papa y hortalizas de clima templado).

Sus límites son Al Norte: Con la Provincia de Bocas del Toro; Al Sur: Con el Distrito de Volcán; Al Este: Con el Distrito de Boquete; Al Oeste: Con el Corregimiento de Volcán.

Haras Cerro Punta

Desde la década de los ochenta, la agricultura se ha expandido tan rápidamente aquí que hoy se producen en esta región casi el 80% de los vegetales que se consumen en Panamá y en adición exporta una vasta variedad de flores. Esta explosión agrícola ha sucedido a costas de los bosques de los alrededores, pero la población local está comenzando a comprender las consecuencias de esa deforestación e intenta conservar los abundantes recursos naturales que aún existen, con miras a un desarrollo turístico como alternativa para mejorar el futuro de la región.

El Río Chiriquí Viejo tiene 161 km de recorrido y constituye un afluente del Océano Pacífico siendo una de las cuencas hidrográficas más importantes por el alto potencial ecológico y recursos naturales. En la parte del río que pasa por Cerro Punta, ha disminuido la contaminación provocada por el mal manejo de los agroquímicos y otros insumos agrícolas.

El cultivo  de hortalizas  flores, y la cría de caballos, de carrera  y la ganadería, son actividades económicas más importantes de la región. Aquí también  podemos visitar el parque  internacional  de la Amistad,(PILA), y su nombre se debe  a que sus límites  se extienden a lo largo de la Frontera  de Panamá, con Costa Rica. El PILA, se crea mediante resoluciones  de junta directiva 021-88, del 6 de septiembre de 1988.

Las quebradas cerca de Finca Drácula.

Nos detuvimos en Guadalupe, un suburbio de Cerro Punta, donde existen pequeños locales buenos para tomar un café o un chocolate caliente, fuimos a “Jardín Mary”, que he visitado desde niña, cuando mi mamá me llevaba de paseo a Chiriquí, y donde se dedican a la venta de hermosas flores y deliciosos postres, sobre todo fresas y moras en jugos y en “duros”. En este lugar también tienen algunos animales rescatados como perros, gatos, cerdos y hasta una oveja negra muy linda y amigable. La visita a este sitio es lo máximo ya que mantienen plantas de origen nacional, algunas introducidas y muchas plantas que solo se pueden ver en tierras altas y otras que se han comprado en el extranjero.

Entramos a un café donde venden fresas como se te apetezcan: con crema, con vino, con wiskey, leche condensada, chocolate: tambien venden duros y batidos. Mantienen un mirador llamado el “Mirador de las Fresas”, desde el cual hay una vista espectacular y mientras subes la temperatura va bajando a tal puntos que en ocasiones puedes experimentar que sale aire frío por tu boca. A los lados del camino, hecho con restos de llantas, hay sembradíos de lechuga y mostaza y en lo alto del mirador, ya al final, se logra ver Haras Cerro Punta, con sus hermosos caballos “pura sangre”. A temperaturas entre 10 y 20 ° C, los caballos desarrollan mejor capacidad pulmonar permitiendo que estos pura sangre sean los mejores del mundo, ganando los grandes clásicos del país y premios reconocidos internacionalmente, incluyendo el Caribe clásico internacional.

En Jardín Mary

Con las rosas del Jardín Mary

Se pueden ver también los poblados cercanos y parte del poblado de Las Nubes y el Parque Internacional La Amistad. El costo por entrar al sendero es 0.50 centavos y quedamos encantados con tanta belleza, montañas llenas de neblina, estuvimos ahí arriba por una hora solo hablando y admirando el contorno.

En Guadalupe, con 2197 msnm, se puede ver que la agricultura predomina pero el ecoturismo se está abriendo a la región, ya que muchos vienen a disfrutar y estudiar su clima, flora y fauna del Parque Internacional La Amistad que, al ser tan grande, se pueden apreciar especies endémicas y otras en peligro de extinción.

Imagen 078

Los jardines mágicos de las casas en Guadalupe, Cerro Punta son un encanto. De hecho nos topamos con una que todo su jardín era de rosas. Caminamos hasta el jardín de orquídeas Drácula, donde poseen este tipo de orquídeas del mismo nombre en particular. El costo de entrada por nacionales es $10.00.

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Desde que empecé a tener conciencia del mundo circundante, se dio en mí, ese comportamiento inquisitivo natural llamado curiosidad por los bosques, formaciones de rocas y lo que para mí en ese entonces eran grandes montañas. Pude haber tenido 5 o 6 años cuando, por vez primera, mi madre me llevó a conocer el valle de Antón y quedé prendada como cualquier niño de las charcas y anonadada de los colores magníficos de aquellos seres increíbles, como aves del paraíso, que habitaban en el Níspero. De regreso a ese viaje, prácticamente babeaba viendo el paisaje circundante, y recuerdo claramente cómo me dije a mi misma que quería ser grande para poder subir esas rocas que décadas después entendería que se nombraban peñones en Campana.

Descubrí Santa Fe de Veraguas en un reportaje de alguna revista que mi padre llevaba a la casa, y de inmediato, dije… carajo! Apenas tengo 13 y falta mucho para ser mayor de edad y poder caminar esos senderos… Uff! No saben cuánto me maldije cada vez que mis compañeros de escuela se iban “pal interior” y yo no podía pues simplemente no tenía familia en el interior del país, pues es neta de Arraiján. El pecho se me achicaba cuando veía el Trinidad, jamás imaginaría siquiera que fuese a llegar a su cima.

Ahora, en mi década de los 20’s, Santa Fe se ha convertido en mi Talón de Aquiles: prácticamente un sitio en el que me gustaría vivir. Tiene todo: cerros, cascadas inmensas y otras personales, a pocos kilómetros de una costa virgen, con una gran producción de café además de orquídeas y con uno de los parques nacionales que abarca 5 biomas sobre las vertientes del Pacífico y del Atlántico y es uno de los más saludables del país.

Esta vez, 3 días en el paraíso sirvieron para conocer demasiado y en este post les contaré la magnífica experiencia de la Cascada El Bermejo.

En Santa Fe hay muchos hostales y hoteles e incluso cabañas que puedes alquilar para pasar tus días a precios módicos; nosotros nos quedamos en el Hotel Santa Fe (954-0941) en donde el alojamiento es muy bueno, además de que ofrecen comida y bebidas de manera que no tienes que desplazarte demasiado para comer. En ese mismo hotel, puedes hablar con el guía Edgar Toribio, que conoce Santa Fe como la palma de su mano y es el más adecuado en caso de que no te sientas seguro de irte en busca de algún sendero o cascada, ya que no todas son de fácil acceso. En el hotel Santa Fe también puedes solicitar un mapa del área.

Llegar a la cascada es fácil: En auto, debes manejar en dirección al poblado del Pantano y desviarte luego de pasar el puente sobre el rio Mulabá(o Bulabá) a mano izquierda, subir la loma y seguir derecho hasta ver el letrero en donde indica la entrada del sendero a Bermejo.

En “chiva” o transporte local, debes dirigirte al parque del padre Gallego y esperar por el que diga “El Pantano”. En este caso, debes caminar desde la entrada hasta el inicio del sendero lo cual te puede tomar dos horas hasta el chorro.

En taxi es muy fácil pues en Santa Fe todos los taxis son 4×4 por lo cual te llevan hasta el inicio del sendero.

El sendero en sí, toma hasta el chorro una media hora a paso normal. Pero lo puedes hacer en 20 minutos si estás acostumbrado a caminar. Para personas mayores pueden hacerlo fácilmente en una hora. Es un sendero limpio, marcado, de dificultad baja pues es en descenso y desde la entrada del trillo es 1km y medio en donde encuentras vistas muy bonitas de los cerros que rodean el sitio, además de variados arboles de mandarinas con las cuales te puedes refrescar.

Cuando fuimos nos topamos con muchas aves y apreciamos el vuelo de gavilanes cara cara que rondaban el área. El bajareque nos daba la bienvenida al río, que ya escuchábamos así como los gritos de algunos turistas que iban delante. Cinco especies de mariposas Morpho merodean por el Parque Nacional Santa Fe, y sobrevuelan de manera especial las fuentes de agua. Prestando atención de seguro te encuentras con insectos sacados de alguna película de ficción.

El Bermejo es una impresionante caída de agua que se desplaza por bloques rocosos heterométricos cuyas dimensiones impactan al más displicente de los espectadores. El río Bermejo alcanza unos 10 kilómetros de longitud, desde su nacimiento en la Cordillera Central a unos 1400 metros sobre el nivel del mar, hasta su desembocadura en el río Mulabá, a 400 m.s.n.m. Su avance es tan rápido y vertiginoso, sobre un terreno discordante que, a su paso origina un sistema de espectaculares cascadas.

Y sí, la cascada Bermejo es impresionante, más alta de todo lo que había visto en fotos. Básicamente uno solo puede tocar el último chorro pero pudimos divisar que arriba hay dos chorros más de mayor tamaño, para subir se necesitan cuerdas y equipo de rappel. Definitivamente, un espectáculo precioso de fuerza natural etéreo conformado por masas de agua, un prodigio natural.

Luego de disfrutar por horas enteras de sus aguas, decidimos regresar pues empezó a llover y la cascada se puso bravía y mucho más fuerte de lo que vimos al llegar.

Si subiste el camino en taxi, recomiendo bajar hasta el Río Mulabá a pie, y así disfrutar de las vistas, de la etnografía del lugar, la amabilidad de la gente y quien quita, puedes bajar hasta el Mulabá a conocerle y terminar de pasar el día.

Santa Fé es más que una aventura, se convierte en algo que te sale por los poros, un sitio del que definitivamente, no te quieres ir.

Recomendaciones:

  • Llevar agua y comida pues en el camino no hay abarroterías.
  • Zapatillas cómodas y bolsa ligera.
  • Repelente contra insectos.
  • Bolsa ziploc para cámaras o artículos electrónicos.

Galería

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El sábado pasado tuvimos nuestra primera gira del año a unos de los lugares más hermosos de la provincia de Panamá: Charcos de Sajalices, un sitio mágico y protegido por más o menos unas dos horas y medio de camino pero que últimamente está siendo invadido por personas que con el ánimo de visitarlo, no se dan cuenta de las repercusiones que puede traer esto para el local, al dejar gran cantidad de basura y desechos sólidos en sus aguas, a bien saber Toma de Agua de la comunidad de Sajalices.

Esta vez, acudieron al llamado de esta caminata ecológica 33 personas, panameños y extranjeros, entre las edades de 20 a 65 años, que animados, caminaron por los trillos que conducen a la parte baja del parque nacional Altos de Campana, primer parque nacional creado en la República de Panamá, en el año 1966. Sabiamos todos de antemano, que al regreso debíamos recoger todos los desechos que encontráramos in situ y en el camino.

Al llegar al punto de inicio, se dio el aviso a la Junta Comunal de Sajalices, que nos entregaron un comunicado de no traspasar el área cercada del Charco Azul, ya que hace poco ubicaron unas mallas y estas fueron cortadas por visitantes inescrupulosos que incluso, dañaron las tuberías provocando varios días sin agua en la comunidad, afectado de ésta manera también a todo aquel que quiera visitar este sitio, pues de ahora en adelante, solo se podrá acceder con permisos especiales.

Estuvimos hablando largo rato con el responsable de la junta comunal y llegamos a la conclusión que de alguna manera directa o indirecta, van a tener que vincular a ANAM para que establezca el punto de control a bien de que el sitio no sea dañado.

Cabe mencionar, que este website quitó el post del sitio desde hace tres años, pero lastimosamente existen personas que están publicando a grandes voces las direcciones exactas de los sitios, provocando esta irresponsabilidad por parte de visitantes, que sin importar todo el tiempo que sea necesario caminar, suben con coolers y hasta barbacoas, dejando los restos de basura por los trillos. Sabemos que estos fenomenos naturales nos pertenecen a todos, la Tierra es nuestra Madre y por tal razón, debemos protegerla. Es una completa lástima este tipo de situaciones que nos afectan a todos; por parte nuestra nos comprometimos con la Junta Comunal de buscar una forma viable para la conservación de charcos de Sajalices, siempre haciendo la visita bajo nuestra supervisión.

Invitamos a los demás grupos de hiking, que cuando alguien les pida dirección, prefieran acompañarlos.

La caminata fue deliciosa, paramos en algunos puntos a descansar, merendar y hasta darnos algún chapuzón en las quebradas cercanas, con aguas increíblemente limpias.

A pesar de los contratiempos que se presentaron, pudimos llegar al charco verde a buen recaudo, a la hora programada, cansados pero contentos y dispuestos a darnos un chapuzon en las aguas frías del manantial. A punta de clavados y en flotadores nos pasamos el mediodía disfrutando del espectáculo del fenómeno natural. Nuestro amigo Rey Aguilar fue el encargado de la parte de rescate y animación del grupo, y como siempre nos demostró sus conocimientos y condiciones físicas.

Nuestro amigo y guía Nariño Aizpurúa, se encargó de las clases de rappel y de preparar el equipo para los que se atreverían a realizar esta actividad que encantó a los que participaron y los que no se atrevieron, recibieron una clase gratuita de cómo aprender a utilizar un equipo de rappel.

Al regreso, nos cayó una llovizna, que refrescó al grupo y nos animó a seguir adelante. Como siempre, el regreso es más rápido y en menos de dos horas ya estábamos afuera.

Muchísimas gracias a todas las personas que asistieron, en especial a los que nos ayudaron a sacar la basura del lugar y felicidades a todos porque llegaron y regresaron.

Sabemos que hubieron muchas personas que escribieron con ganas de ir, pero a decir verdad la gira se nos llenó en la primera semana que hicimos la publicación y tampoco pretendiamos llevar un grupo exagerado. Las giras que realizamos son siempre tomando en cuenta el estado del tiempo, vulnerabilidad del sitio y sobre todo la capacidad de carga, esta última muy importante.

En todo el verano seguiremos realizando guiaturas a diferentes sitios, así que con gusto nos pueden escribir a facebook o al info@enlodados.com

Recordemos:


“Durante centenares de miles de años, el hombre lucho para abrirse un lugar en la naturaleza. Por primera vez en la historia de nuestra especie, la situación se ha invertido y hoy es indispensable hacerle un lugar a la naturaleza en el mundo del hombre”.

Santiago Kovadloff

Recuerden seguirnos en Facebook y en Twitter.

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