ENLODADOS : Turismo y Aventura Ecológica

Aventura Ecológica

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Antes de abordar nuestra lancha hacia Coiba, aprovechamos el tiempo para recorrer esta linda playa rodeada de islotes, ubicada en la provincia de Veraguas, dentro del distrito de Soná y en la comunidad Madre Vieja, muy cerca de otras playas resonantes, como Santa Catalina o el Arrimadero.

Esta playa forma parte de una ensenada en la franja de amortiguamiento del Parque Nacional Coiba y funciona al igual que Puerto Mutis, como salida de los viajantes que se dirigen al parque.

Al llegar el paisaje es fenomenal, una playa generalmente desierta pero con algunos establecimientos que ofrecen comida y hospedaje. A lo lejos los islotes decoran el mar y dan la bienvenida a quienes dan paseos a sus alrededores rodeados de una exuberante vegetación de bosques primarios y mangles.

A este atracadero normalmente llegan personas de todas las regiones de la costa sur Veragüense, de Bahía Honda, Gobernadora, Leones, y de otras islas.

Aquí hay desarrollo turístico rural, ANCON promueve un proyecto de incentivos a microempresas turísticas, el cual apoya la gestión de los moradores de estas comunidades para emprender sus propios negocios y así poder brindar servicios básicos a los visitantes y a la vez costear sus necesidades básicas, en este lugar bastante alejando de la ciudad.

En el verano, cuando el auge del turismo local y externo aumenta, y fuera de la venta de comida de las familias locales, los lancheros también logran sacar algo de dinero para sustentar a sus familias, llevando turistas a playas e islas cercanas.

Es fácil llegar a playa Banco, viniendo desde la ciudad de Panamá debe tomar un autobús Panamá- Santiago y luego abordar un autobús hasta Soná y enla Terminalde Soná hay buses que se dirigen a El Tigre de San Lorenzo que lo dejan en la misma playa. El costo del pasaje es de 3.50.

En caso de ir en auto es aún más fácil, solo que antes de llegar a Soná de Veraguas debe prestar atención en la entrada de la carretera que conduce a Playa Santa Catalina, y conducir en línea recta hasta la intersección que le indicará Playa Banco.

La carretera no está en buenas condiciones, no es de piedras, pero a pesar de ser asfalto, posee demasiados huecos o baches, lo cual es tedioso pero vale la pena.

En verano, sobre todo en enero, se realizan festivales con muchas actividades de campismo, aventura y observación de aves marinas.

Los días se pasan tranquilos, con ricas comidas del mar y la brisa fresca, aguas cristalinas y días de sol intenso. Te invitamos a conocer las pocas playas públicas de la costa sur de la provincia de Veraguas, antes de que nuestro gobierno permita que alguien las compre.

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El lago de La Arenosa es un destino muy cercano a la ciudad de Panamá, ubicado en el distinguido distrito de Chorrera, famoso por sus tradiciones y sus exquisitas comidas.

Pertenece al embalse del Lago Gatún construido entre 1910 y 1914 por el represamiento del río Chagres, con la finalidad de almacenar la  suficiente cantidad de agua para que los barcos de alto calado pudieran transitar por esta  vía, en la operación del Canal de Panamá.

El acceso al embalse se puede realizar a través de la comunidad de Gamboa, corregimiento de Cristóbal, distrito de Colón, provincia de Colón o por la comunidad de Arenosa, corregimiento de Iturralde, distrito de La Chorrera, lugar del que hablaremos en este artículo.

Para llegar debe manejar hasta la comunidad de El Espino, en el distrito de La Chorrera. En este punto encontrará un letrero, que con una flecha, indica la ruta que se debe tomar. Debe conducir en esa dirección por espacio de una hora y luego de desviarse en la entrada de Cerro Cama, estará en el lago de La Arenosa.

Si no tiene vehículo propio, es fácil tomar un busito de la ruta Arenosa-La Chorrera, estacionados cerca del parque Feuillet, a un costado de las oficinas del IDAAN de La Chorrera. Estos buses cobran alrededor de un dólar de pasaje.

En la vía hacia la Arenosa el paisaje es muy agradable, fincas de ganado vacuno y caballos, plantaciones de piñas, pinos y palmeras rodean la vía.

Es el lugar ideal para los amantes de la pesca y de la montaña, ya que los dos ambientes se combinan ofreciendo al visitante vistas placenteras. Un muelle da la bienvenida a los visitantes. Puedes venir equipado con los implementos para pescar y olvidarte de todo. En todo caso, los guías ofrecen no solo la embarcación, sino cañas de pescar, botes y carnadas. Antes de las 9:00 a.m., ya pilotean los botes que se encuentran anclados en el lugar; se puede contratar una lancha que lo lleva a los mejores lugares para la pesca por no más de 50$, se dice que en el lago hay sábalos reales de hasta25 libras.

Los boteros también ofrecen viajes para recorrer el lago a precios muy módicos, que no pasan los 5$, y la recompensa es genial, así como las fotografías espectaculares que puedes sacar.

Al llegar a la comunidad fue fácil conseguir comida pues hay un establecimiento que se dedica a la venta de pescado y comidas criollas, delicioso por cierto, a precios módicos entre los 3$ y 5$. También hay un kiosco en donde se puede abastecer de refrescos o snacks.

Vimos una curiosa capilla justo antes de llegar al Lago, adornada con flores y muy bien cuidada.

Generalmente la gente gusta de sentarse en el muelle mientras el sol o la lluvia lo permite, ya que no posee techo, pero a un lado del lago hay un jorón en donde puedes disfrutar de la vista y degustar una cerveza bien fría.

Mucha gente va a las orillas del lago a hacer picnic, a los costados del muelle o en otra parte del territorio que rodea el lago. En caso de querer hacer esto procure llevar una carpa, ya que en el lago no hay cabañas para refugiarse en caso de aguaceros.

Si lo que desea en sumergirse, debe nadar lo más cercano al muelle, pues los otros lugares poseen espesas cantidades de algas peligrosas para los nadadores y puede ocurrir un accidente. En mi caso no me atreví pues le temo a aguas en las que no veo la profundidad, pero los niños del área se tiraban y jugaban en el lago, expertos nadadores siendo nativos del área.

Un lugar para pasarla en familia, con amigos o en pareja. Los invitamos a visitar este lugar en donde de seguro pasarán un momento ameno  :)

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Las veces que he llevado a un viajero a El Valle de Antón, trato de no pasar desapercibido el Museo, ubicado detrás de la Iglesiade San José y en el cual la entrada está alrededor de los 0.50 centavos por persona.

El arquitecto Julio Jiménez de Alba, amante de esta comunidad, preparó el plano; el ingeniero Ramón Arias C. dirigió la ejecución del mismo; y el constructor Leonidas Rodríguez, con un grupo de jóvenes valleros, trabajó con amor y entusiasmo hasta su feliz terminación.

Se colocó la primera piedra el 3 de febrero de 1992 y se inauguró el 3 de julio de 1993, con la bendición del Arzobispo de Panamá, en ese momento el Monseñor Marcos Gregorio McGrath, siendo madrina la vallera Abrahana Rivera de Valdés.

Está distribuido en seis secciones, donde se destacan las exhibiciones del Arte Precolombino, Arte Religioso, Etnografía de los siglos XIX y XX, Artesanía, el Arte Pictórico y Geología.

Algunas de las muestras que se observan en este museo fueron donadas por familias de los primeros descendientes que habitaron El Valle. La cerámica de Panamá está a la par de la mejor que existe en el continente americano, según un manual que trata la historia del museo.

Quien llega a El Valle de Antón, o sencillamente mira un mapa, sabe que es un volcán. El Museo quiere, por su vocación cultural, dar a conocer algo más sobre el origen de este volcán, conforme a lo que hasta el presente manifiesta la ciencia geológica.

En cinco murales pasan, sucesivamente, frente a la mirada sobrecogedora del visitante, los capítulos de esa evolución: Deriva de los Continentes, Creación del Istmo; Formación del Volcán El Valle; Formación del Lago y Drenaje del mismo; y Fotos Aéreas de El Valle.

Ese volcán es hoy un hogar desde donde, hace once mil años, han vivido, han luchado y se han realizado antepasados; un lugar de clima agradable y seguro, porque hace miles de años no tiene erupciones volcánicas.

Está abierto al público los domingos en horario de 10 de la mañana a 2 de la tarde. Si llega y está cerrado el Sr. David Rankins, administrador del lugar, que vive en la casa del frente se acercará y le abrirá.

Si va en bus, el pasaje cuesta  alrededor de 5 dólares hasta el museo. Tome la salida desde la Terminal de Albrook en un autobús de la ruta Panamá-El Valle.

Si va en carro, a su llegada al poblado de San Carlos, la entrada a El Valle de Antón, que está a unos cinco minutos en carro, de allí tome la entrada rumbo a El Valle, a unos 25 minutos por carretera.

El museo lo podrá ver entre la biblioteca pública y la iglesia de ese mismo lugar, en la vía central. A unos 500 metrosdespués del mercado público.

Es hora que los museos comiencen a ser parte de la educación de las actuales y futuras generaciones, y que las visitas de estudiantes y de público en general pasen de ser un mero paseo a verdaderas observaciones participativas.

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Cuando hablamos de Portobelo, de inmediato imaginamos esas ruinas de los fuertes construidos en la época de la conquista española o un mar verdoso y Caribe por doquier. No se equivocan pero, el Parque Nacional Portobelo es más que eso.

Desde la ciudad de Panamá, debes conducir aproximadamente 100Km para llegar a este parque. Posee 35,929 hectáreas y fue creado en el año 1976 pero se conoce muy poco de sus montañas, ríos, vegetación. Por su importancia histórica se valoriza más el lado marino pues en su interior se encuentra uno de los puertos más importantes naturales más bellos de todo el Caribe, la Bahía de Portobelo, bautizada así por Cristóbal Colón en el año 1502, en su cuarto y último viaje al Nuevo Mundo. Las fortificaciones que se conservan rodeando la ensenada fueron declaradas por la UNESCO en el año 1980 Sitio del Patrimonio Mundial.

Esta vez nos fuimos un poco más allá de lo normalmente conocido. Este parque nacional conserva ríos y montañas en un estado increíblemente virgen. En él se encuentra la Sierra Llorona, en la que nos adentramos, y en la que llueve 286 días del año.

La topografía del parque es muy complicada. Su punto más alto es Cerro Bruja, con 979 metros de altitud, situado en la divisoria de aguas continentales. Los cerros Pan de Azúcar y Palmas y una estrecha franja montañosa dentro del límite norte de la cuenca del Canal de Panamá.

Protege la cabecera y cuencas hidrográficas de los ríos más importantes de la región como el Cascajal, Guanche, Piedras, Iguana, el Iguanita y el Brazuelo.

Nuestra misión sería caminar por la selva hasta llegar al Salto de los Monos, uno de los más altos del país y el más alto de la provincia de Colón, con 74 metros de altura. Contacté con Moisés de Ecolo Aventuras, que muchas veces me había invitado a hacer esta travesía.

El team Enlodado se preparó con semanas de anticipación para esta aventura, todo estaba listo para emprender una excursión que resultó siendo más de lo que esperábamos.

Tomamos nuestro respectivo bus hacia Sabanitas, Colón en la Terminal de Albrook a eso de las 8:30 de la noche, todos nos fuimos de pie en el bus pues al parecer éste era el último en salir y no lo podíamos perder. Muchos de los muchachos estaban extenuados, acababan de salir del trabajo y habían llegado justo a tiempo para salir.

Una vez en Sabanitas nos fuimos al supermercado a comprar los enseres necesarios para la expedición. Todos traían su agua, elemento de suma importancia para una caminata de esta magnitud; algunos cenaron a esa hora pues el tiempo nos había traicionado.

Llegó Moisés con el transporte y nos fuimos rumbo a Guanche en donde iniciaría la aventura. En medio de la oscuridad de las 12 medianoche bajamos del bus panel y preparamos todo para iniciar a caminar… si, ¡a esa hora!

Una oración de protección antes de partir y ya en mi sangre fluía la adrenalina, pidiéndole a Dios que nos concediera las fuerzas para completar la expedición.

Adelante iba nuestro otro guía Jorge, preguntando a cada rato si iba muy rápido, creo que por la hora, lo fresco de la noche y la emoción, nadie sentía si quiera el peso de las mochilas.

Pasamos por un potrero en el que ya el lodo se hacía presente. Al salir de allí bordeamos el río Guanche, caminamos justo al lado del río, casi sin darnos cuenta de su precensia por la oscuridad de la noche. Nos topamos con una zarigüeya que nos veía desde un árbol. Iba detrás de Jorge, cuando casi de sus pies, ¡brincó una serpiente! Típico de las patocas y ésta que al parecer dormía en el camino.

Caminamos aproximadamente una hora hasta el lugar en donde debíamos acampar, allí desempacamos y armamos las carpas. Los muchachos prefirieron dormir a la intemperie ya que la humedad era horrible, incluso se bañaron en el río Guanche a esas horas de la noche, buscando que se los llevara “Madre Agua”.

A la mañana siguiente nos preparamos para lo que realmente sería el inicio. Arreglamos todo y distribuimos peso. La caminata inició fresca a eso de las 7am y lo primero que tuvimos que hacer fue cruzar el río Guanche, amplio, y de aguas claras.

Luego pasamos por otro potrero, en donde el paisaje era exuberante, la neblina coronaba las cimas de las montañas, el verde del pasto era increíble y estábamos en frente del cerro Pan de Azúcar, el cual debíamos bordear para llegar al salto de los Monos.

Tengo una afición por los árboles gigantes y desde mucho antes había visto en fotos el que a continuación veríamos. Justo antes de la caminata de este día, le pregunté a Jorge en donde estaba ese árbol. Solo vi cuando él mismo se trepó a una de las lianas del árbol y empezó a balancearse como Tarzán y por supuesto que todos los demás probamos suerte, pero mis brazos de trapo no son para eso.

Éste árbol Bongo es impresionante, no tanto por la altura si no por lo ancho de su tronco o base, que mide aproximadamente 6 metros y tiene más de 400 años.

Ya sudábamos y algunos fueron hasta el río a lavarse el rostro para continuar caminando por senderos de helechos que nos raspaban la piel, subiendo y bajando de troncos caídos, putrefactos. Al borde del Guanche íbamos, precioso de aguas verdes y profundidades perfectas. Algunos caímos, otros caminaban invictos. De pronto nos encontrábamos con quebradas, charcos o pozos de lodo. La dificultad se hizo mayor cuando el terreno se tornó quebrado y fue necesario subir y bajar algunas pequeñas pendientes.

Al tratar de ubicarnos con un poco de orientación fue en vano, los únicos que conocían el camino eran Moisés y Jorge e incluso en algunos instantes, Jorge que iba adelante preguntaba a Moisés si el camino era correcto, varias veces nos desviamos, y es que el paraíso al que nos dirigimos está protegido por casi 6 horas de caminata por la selva, un camino nada fácil, sin senderos, solo orientación.

Esta sierra está conectada con Cerro Bruja, que lleva este nombre, según ciertas versiones, donde la más conocida es que hace 30 años varias personas intentaron subir este cerro, le dieron la vuelta a la montaña y no lograron salir del lugar.

En ocasiones encontramos derrumbamientos o árboles gigantes caídos y fue necesario tomar otras vías. En una de esas, debimos bajar por el río para seguir por éste y pasar a otro tramo. Un gran árbol hacía de puente natural, y cuatro árboles se levantaban sobre el río Dos Bocas, dando a saber que habían sobrevivido a alguna crecida.

El calor agobiante de la selva, y el peso de las bolsas nos tenían sofocados pero a la vista estaba una pequeña caída de agua revoltosa en la que los guías nos dejaron refrescarnos por un rato. Luego avanzamos sobre la selva que a cada paso se volvía más espesa, de bosque muy húmero tropical; vimos heliconias, bromelias, hongos de todos los tamaños y formas, notamos árboles del dosel de hasta 20 metros o más, algunos con lianas. Llevábamos más de 3 horas caminando.

Jorge nos decía que faltaba poco para llegar a la cascada “Solange”, nombre que le dieron en honor a una señora francesa que hizo esta misma expedición. Allí descansamos y nos metimos a la caída de agua pues luego de allí sería poco lo que faltaba para llegar al refugio.

Continuamos caminando, el cansancio era notable pero la felicidad y las ansias de llegar eran mayores, si lo que habíamos visto hasta el momento era hermoso, lo que faltaba por ver era prometedor.

En el último tramo antes de llegar al refugio, “la cosa se puso buena”, fue necesario pasar al lado de un panal de abejas, luego subirnos a un árbol algo elevado, pasar sobre este caminando de lado con tal de no caernos al vacío, para luego bajar a otro tronco y finalmente al suelo. Pero en poco tiempo estuvimos en el refugio, en donde desempacamos y descansamos felices por haber llegado.

Moisés se sentó frente al grupo, sobre una roca y Yohanna muy tranquilamente advirtió que detrás de él había una serpiente, nadie la había visto y estaba justo en medio del refugio. Luego de maniobrarla, un compañero logró manipularla y se la llevó lejos del refugio. La víbora era una Patoca (Porthidium lansbergii) y estaba seriamente enfadada.

Era mediodía, almorzamos algo ligero y armamos el camping y hamacas, cocinamos lo que sería la cena, que graciosamente fue demasiado creativa pues se nos olvidó la sal; y nos fuimos rumbo a buscar “El Salto de los Monos”, que según nuestros guías, se encontraba a más o menos media hora del refugio.

El camino hacia el salto fue solo por la “Quebrada de los Monos”, nos mojamos de pies a cabeza, también caímos innumerables veces. Pasamos por el “chorro Escalera” por el que era necesario subir y luego tratando de esquivar un plano limoso, Lurys resbaló y Moisés la agarró en el acto, eran casi 2 metros de caída, chistosamente yo caí en el mismo lugar, resbalé boca abajo sintiendo la escalera de roca en mi estómago, Carlos al verme se tiró a agarrarme pensando que debajo había alguna corriente de agua, pero solo fue el susto y luego tremendas las carcajadas, fue una caída de película.

Ya nos sentíamos cerca, cuando vi hacia arriba, casi al cielo, ahí estaba el Salto de los Monos e increíblemente las gotas caían hasta donde estábamos parados. Corrimos a él sin fijarnos en si nos golpeábamos con las piedras, me sorprendí demasiado, es un chorro con mucha altitud y fuerza, tanto que me dio miedo tanta belleza.

Moisés nos contó que hace algún tiempo un conocido le dijo que desde un lado de la montaña se veía un chorro inmenso y que estaba seguro de que nadie había llegado a él. Fue entonces cuando él y un amigo fueron en busca del salto. Les tomó 3 días encontrarlo y se fueron río arriba durante todo el trayecto. Cuando llegaron a él, estaba copado de monos aulladores y fue entonces cuando lo bautizaron con ese nombre. Hoy en día, solo Ecolo Aventuras guía hacia este lugar, pues nadie más conoce el camino.

Nos divertimos tanto como las fuerzas nos lo permitieron, nos tomó casi una hora desde el refugio hasta el salto, pero todo había valido la pena. Los guías instalaron una soga para subir el salto y llegar a otra poza de agua profunda en la que decidimos tirarnos. Hicimos wetrappel y clavados. El agua era verde cristalina, completamente limpia, solo de recordarlo me causa ansias de regresar. Un total fenómeno de la naturaleza.

De vuelta al campamento, caminé en calcetines a recomendación de Moisés y sin problemas llegamos al refugio, nos dimos otro baño en nuestro “baño privado” que consistía en una deliciosa quebrada cercana, y regresamos a cenar, lo que constaba de “coditos con tuna” hasta saciarnos.

En la noche salimos de las carpas, envueltos con tal de que no nos picaran los “tábanos” y empezamos un partido de “Uno” que duró varias horas, acompañado de varios vasos de café recién hecho y un arroz con maíz preparado en el fogón por los muchachos que hasta queso le echaron y todo fue un contento. Quizás esa noche fueron pocos los animales del Parque Nacional Portobelo que pudieron dormir.

A la mañana siguiente el desayuno fueron malvas, arroz con jamonilla y café pues todo lo demás nos lo habíamos comido :)  Pero estuvo delicioso.

Y luego nos fuimos a conocer el “chorro Verde Esmeralda” que se encontraba a solo pasos del refugio. Me interesaba demasiado conocerlo pues lo había visto en fotos y se veía surreal. Al verlo en vivo me pareció magnifico, es una poza de aguas verde esmeralda, tal como lo dice su nombre. Es perfecto, y según cuentan, nadie ha tocado fondo en él. Puedo confesar, que durante esta expedición la mayor cantidad de agua que tomé era directamente de los arroyos y ríos, y es que era inevitable.

El regreso fue triste y un poco más rápido, pero me caí y casi me disloco el tobillo, creo que el peso de la mochila y las piedras del camino me hicieron resbalar. Pero a pesar de eso, todo estuvo excepcional y al llegar a la carretera, una comida deliciosa nos esperaba: pescado al escabeche, lentejas, arroz y ensalada. ¿Qué más pedirle a la vida? Salud para seguir caminando…

Este parque nos sorprendió, es una maravilla. Panamá tiene lugares increíbles, inexplorados, fenómenos naturales e indescriptibles. Para mi es imposible transmitirles todo lo que se siente ante algo de esta naturaleza pero basta incitarlos a seguir conociendo este Istmo, que aunque pequeño, guarda en lo más profundo de sus selvas lugares impresionantes.

La caminata exige muy buenas condiciones físicas, es bastante lo que hay que caminar y la humedad es constante. Si deseas hacer esta travesía contácteme a info@enlodados.com para una próxima aventura con EcoloAventuras.

Gracias a todos los que me acompañaron: (de izquierda a derecha) José Acevedo, Kathleen Quintero, Gil “Chino” Acevedo, (mi persona), Leyda Miranda, Yosselyn Asprilla, Carlos Alvarado, Lurys Rodríguez, Yohanna Pérez, y Samuel Tovar (en azul).

Basta agradecer a nuestros fenomenales guías de Ecolo Aventuras que nos invitaron a conocer este lugar y fueron excelentes en todo momento: Moisés Ortiz Mow y Jorge Luis Ríos.

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Este cerro lo he visto desde que tengo uso de razón, digamos que se ve desde mi casa y he logrado apreciar casi todas sus perspectivas, pero nunca lo había subido. El año pasado en una clase de geomorfología, supe que el cerro Cabra es un volcán extinto y constituye el último de los volcanes de esta alineación, que se encuentra localizado próximo a la margen derecha de la entrada del Canal de Panamá, en el Océano Pacífico. Mide 512 msnm, punto más alto del distrito de Arraiján.

El escritor Lucas Bárcenas en su “Reseña Histórica de Arraiján” indica que Cabra (Cerro Cabra) significaba “el Jefe” según los aborígenes Cubitá, del Periodo Cubitá (550-750 d.C.). Los expertos han encontrado nexos culturales y comerciales entre este asentamiento y los de Coclé y Azuero.

Fue un día de esos que se amanece con ganas de llegar a una cima, que los muchachos y yo decidimos ir en busca de un camino que nos llevara quien sabe donde porque ninguno tenía idea de por donde tomar, así que lo inventamos.

Como siempre Samuel de adelantado se había ido un fin de semana antes a “buscar el camino” y a mitad se regresó sin encontrar la cima así que a la siguiente semana nos fuimos todos a ver si llegábamos arriba.

Nos metimos por una cantera, parecía que caminábamos sobre la luna, serpenteamos una carretera al peligro de los volquetes que amenazaban con tirarnos carretera abajo.

Una “cascada” improvisada y sucia salía de entre la cantera llenando el lugar de un misterio triste y repugnante.

Luego de caminar en medio de “paja canalera” (Saccharum spontaneum) altísima, nos encontramos con una quebrada “Quebrada Ancha” y hasta allí llegaba el camino. Luego de discutir un rato por donde subiríamos decidimos hacerlo por la misma quebrada.

Nos fuimos quebradas arriba, saltando sobre las piedras y haciendo mini wetrappel por largo rato, pero no veíamos ni rastro de cima, ni siquiera una entrada de sol u otro camino que indicara que estuviésemos correctos, pero menos desfallecer.

Descansamos unos minutos para almorzar y seguir; luego de subir con cuerdas por una caída un poco empinada, algo saltó de entre mis pies y al ver Lurys lo que era, nos encontramos con una víbora “mapaná” (Bothrops atrox) que dormía entre las rocas por las que pasamos. Gracias a Dios no pasó a más pues ésta es una de las serpientes que más muertes causa. Samuel logró manipularla y la agarró para soltarla lejos del camino.

Nos topamos con el ojo de agua o naciente por donde la quebrada iniciaba y brotaba entre las rocas, por lo tanto la quebrada desapareció y nos encontramos en un herbazal de paja canalera altísima imposible de pasar.

Bordeamos hasta llegar a un alto resbaladizo con algunos árboles de tamaño considerable en los que mis amigos se subieron y lograron ver algo del panorama, así como una gran roca, que al ver con los binoculares, tenía la forma y rostro de una calavera, y sobre ella gran cantidad de gallotes. Estábamos a 400 msnm, de forma que no en la cima y por supuesto, en un camino inventado y erróneo.

De regreso nos detuvimos en la única casa a nuestro paso. Lurys, José, Evelyn, Carlos, Samuel e Ismael se fueron a tumbar mameys. De entre la casa salió la señora Esmeralda con la que me senté un rato a conversar y me comentó que le preocupa mucho el futuro del cerro Cabra pues existen muchas propuestas de canteras, barriadas y explotación en el área. Le pregunté qué clase de animales se ven, a lo que respondió que “en el tiempo de antes” era más fácil ver animales, hasta venados, pero ya para estos tiempos lo único que ve son monos tití (Saguinus geoffroyi) y algunas paisanas que llegan cerca de su patio.

Habló de la transformación del cerro, de haber sido muy productivo por sus tierras, a ser invadido casi en su totalidad por la peligrosa paja canalera, maleza que aprovecha cualquier espacio deforestado para crecer.

Fotos del primer ascenso 

A pesar de haber bajado el cerro con la aventura flotante sin haber alcanzado la cima, nos fuimos felices de haber conocido un nuevo destino, que de seguro muy poca gente conoce, pero obviamente trazamos una nueva fecha para llegar a la cima correcta.

Y bueno, como les cuento…Samuel se fue a buscar la cima sin esperar a nadie que lo acompañara, conseguimos saber la entrada gracias a uno de los Scouts de Arraiján que iba saliendo de casa de mi abuela y logré preguntarle si sabía el camino. Al cabo de algunas horas regresó a mi casa contento por haber alcanzado la cima, esta vez la cima verdadera.

Así que al fin de semana siguiente Carlos, José y Samuel se fueron a subir el Cabra, ésta vez sin mi pues me salió un compromiso. Regresaron y pasaron por mi casa luego del ascenso, me contaron y quedé traumada con la idea de ir apenas pudiera, así que al siguiente fin de semana, enferma y con dolor de cabeza me fui a subir el Cabra.

Y no les voy a mentir, me costó pues mi respiración estaba malísima y el sol trepidante ocasionaba más dolor de cabeza, pero con la ayuda y paciencia, logramos llegar a la cima.

Para llegar al cerro Cabra es necesario entrar por Arraiján Cabecera e irse recto hasta llegar a la comunidad de “El Llano” luego por una loma que sube y seguir la calle hacia la comunidad de “Loma Bonita”, avanzar siempre a la derecha y bajar otra loma que lo llevará directo a una entrada de tierra, y allí inicia la aventura.

Habíamos tomado un bus de Arraiján que nos dejó en el Llano e hicimos el resto del recorrido a pie hasta las faldas del cerro para iniciar el ascenso.

Pasamos sobre un pequeño puente de cemento sobre una quebrada y ya se veía el camino marcado entre los herbazales de paja canalera. Íbamos lento a causa mía pues la nariz me tenía mal y me sentía algo débil pero no quería dejar pasar la oportunidad de subir el cerro.

De pronto apareció un letrero alarmante que indicaba “peligro de muerte”, lo pasamos y no encontramos peligro alguno, solo agricultores y un perrito que nos ladraba entusiasmado.

Al ver lo dejado atrás, pude notar que la altura empezaba a dar muestras de algunas vistas de Arraiján, Puente Centenario y parte dela Calzadade Amador. El sol fue perfecto para observarlo todo. Al seguir subiendo vimos gran cantidad de precaristas del lado de “Las Nubes” y “Valle del Sol” comunidades de Arraiján.

Me sentía agitada y no íbamos ni por la mitad. Con paciencia trepamos el área más empinada, una loma larga con un camino marcado rodeado del herbazal. Las arañas y borrigueros dominan el área. Y de pronto, ¡los hangares de Howard! e incluso el mar Pacífico estaban visibles.

Subimos bordeando “la Finca del gringo” en donde habitan unas reses que de seguro son custodiadas por alguien; envidia de la buena sentí por esas vacas al notar la vista panorámica que tienen de la ciudad de Panamá.

Faltaba poco para llegar a la primera roca y avanzamos hasta llegar a ella. La vista allí es impresionante, se ven gran parte de los edificios de la ciudad de Panamá: Trump, el “Tornillo”, Miramar, etc; el puente de las Américas, el puente Centenario, los hangares de Howard, el hotel Playa Bonita, Chorrera, Arraiján, Veracruz, Bique, la carretera Interamericana, el edifico dela Administracióndel Canal, el Canal de Panamá, la bahía de Panamá, el Casco Antiguo, el Templo Bahai, mejor conocido como “el huevo”; Isla Limones, Punta Bique, el Cerro Ancón, entre otros lugares, incluso notamos el lugar en Howard en donde guardan los autobuses que están siendo sacados de circulación.

Claro también pudimos notar gran parte de las canteras realizadas en los alrededores del cerro como la de Meco, S.A., Maribel S. A. pero en total contamos cuatro canteras.

Las Mantis religiosas, mejor conocidas como “insecto palito” o “maría palito” son las dueñas del lugar. Las hay por todos lados, de todos los tamaños, formas y hasta con colores exóticos. También hay muchos grillos adultos y arañas para escoger.

Hasta ahí llegaba yo, me sentía satisfecha de haber logrado la cima, hasta que Samuel insistió en seguir un poco más para llegar a la gran roca, en la que según mi abuela que ha vivido en Arraiján toda su vida, era una roca en donde los indígenas primitivos realizaban rituales a los dioses.

Al haber recuperado el aliento, seguimos caminando y me llegué a asustar al ver la empinada loma por la que debíamos subir, el resfriado no me dejaba estar pero con mucha calma, casi contando los pasos, ni puse cuidado cuando ya estábamos bajo la gran roca. Resbalé y todo el peso de mi cuerpo cayó sobre mi muslo izquierdo, no pasó a más pero luego vería un gran moretón. Los gallinazos nos asustaron con un sonido estrepitoso pues los echamos del lugar y salieron volando de la gran roca conocida como “la Cara del Diablo” en la que descansaban. Era esa misma roca que semanas antes habíamos visto con rostro de calavera desde el otro lado del cerro.

El panorama sobre esta roca es aún más impresionante pues desde ese mismo punto el posible ver a los 360º todo lo que está alrededor, desde la cadena montañosa que termina en Cerro Trinidad hasta las torres de electricidad de Los Andes en San Miguelito y un poco más allá, Cerro Azul.

Esta vez si logré la cima del Cerro Cabra, y tremenda sorpresa me llevé pues nunca imaginé que tan cerca de mi casa hubiese un lugar con tan hermosas vistas y repleto de parajes increíbles; podría quedarme un día entero en esa cima solo identificando lugares y disfrutando lo bello de la naturaleza o lo que nos queda de ella.

Poco después supe que ésta área por donde subimos, también será destruida para iniciar otra cantera y que Anam cedió los permisos, además de solo pagar los terrenos de “la finca del gringo”.

Lástima da, pero confío en que esto no se de, o al menos que no se dañe de manera tan pronta o muy profunda lo que queda del cerro Cabra de Arraiján, que alimenta con sus ríos comunidades como Bique, el Llano, El Tecal, y Alto Bonito.

Dentro del cerro se encuentran varias tomas de agua que mediante una partida del Fondo de Emergencia Social (FES) y el esfuerzo en conjunto de los residentes se logró desarrollar cuatro acueductos rurales que por gravedad suministra agua potable a más de mil familias de áreas circundantes al cerro.

Digámosle “No a la contaminación de la naturaleza”. Sabemos que como humanos necesitamos de minerales para nuestra existencia y vivir, pero hace mucha falta hacerlo de una forma ordenada y en armonía con la naturaleza. He ahí el dilema.

Fotos del ascenso

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Y digo expedición porque así lo fue, no es cuento. Ya lo había intentado una vez sin encontrar el camino y sin que nadie me pudiese ayudar. Samuel hace algún tiempo había llegado hasta una parte, pero en total, nadie había llegado a la cima.

Así que un domingo nos fuimos a ver, primero que todo, si encontrábamos el camino. Samuel tenía que ir obligado para llevarnos hasta donde él llego. Esta vez nos acompañaron Carlos y José, dos amigos con todas las ganas de explorar.

Ese cerro con su formación rocosa espectacular, me había llamado la atención desde niña. Es visible desde buena parte de la carretera Interamericana, incluso desde algunas partes de Arraiján. Imponente, posee varios picos o cimas que alcanzan los 1000 metros sobre el nivel del mar. Se encuentra ubicado luego de pasar la comunidad de Lídice en Capira y en sus faldas habitan comunidades como Trinidad, Aguacate, el Chileno, y Majarajá. Es uno de los cerros más importantes del Parque Nacional Campana.

El llegar a sus faldas es muy fácil. En caso de ir en auto debes tomar la calle que está justo después del puente del centro de Capira, luego de pasar la Panadería Cesarín. No hay perdedero, solo debes seguir la calle. Si vas en autobús es aún más fácil, solo debes tomar un bus de Capira que se dirija hacia Lídice, puedes preguntar al conductor o fijarte en la parte delantera del bus donde pone la ruta, de la misma forma, pregúntale donde tomar las “chivas” hacia Trinidad.

Nos detuvimos en una finca por donde debíamos entrar. Un señor limpiaba, y fuimos a interrumpirlo para preguntarle si él sabía por donde subir, a pesar de que Samuel tenía una idea de por donde entrar, aún no estábamos claros de cómo llegar a la cima.

El señor me dijo que él solo sabía llegar hasta la “toma de agua”. Me prestó su mejor machete amablemente y nos contó un poco de su vida. También nos ofreció una soga. Un perrito jugaba con la soga y con nuestros pies.

Avanzamos subiendo un llano muy lindo con árboles frutales. Recogimos naranjas y mangotines y seguimos nuestro camino que se veía fácil, hasta la toma de agua. Una vez en el bosque la vegetación era contundente, áspera y húmeda. Samu iba al frente macheteando hasta donde nos detuvimos pues lo que venía eran barrancos.

Una loma empinada que parecía interminable, ya teníamos grandes cantidades de sudor por nuestros cuerpos; de inmediato procedimos a utilizar la soga, que nos fue de gran ayuda en todo el camino.

Llegamos hasta una laja gigantesca que parecía ser el borde de uno de los picos, allí descansamos y comimos tonterías e intentamos por supuesto subir la laja para ver si había camino. José y Carlos, como monos, subieron enganchándose entre lianas y pudieron ver el paisaje del otro lado pero ya no había más camino así que bajamos de la laja y seguimos improvisando hallándonos con algunos gigantes cien pies.

Nos encontramos con una serpiente pequeña que se escabullía entre la hojarasca; Samuel la tomó y de inmediato ella impregnó el ambiente con un olor a pescado podrido, su modo de defensa. Los hongos y setas estaban por todo el lugar.

Cien PiesSerpiente hojarasquera de vientre naranja

Estábamos cerca de la cueva, la humedad allí era increíble, y se escuchaba que de dentro de la misma caía agua. Los murciélagos no paraban de volar de un lado a otro y al ver el flash de la cámara se precipitaron más, eran muchísimos, nos pasaban a un lado del rostro casi pegándonos.

Pude ver que dentro de la cueva había luz, por lo que se convertía en un túnel; verificamos y todo indicaba que era necesario pasar por allí y así lo hicimos. Como no teníamos idea que sería necesario usar lámparas, no las llevamos y en ese caso, con la poca luz del teléfono móvil y los flash de la cámara nos fueron suficientes, pero al hacerlo pude ver la gran cantidad de cucarachas gigantescas en el suelo, aparte de murciélagos alarmados volando en todas direcciones, corrimos lo más rápido que pudimos pasando el túnel y saliendo a la luz. Incluso tuvimos que halarnos unos a los otros para poder salir, estaba resbaloso y con agua.

La cueva parecía formada de un derrumbe de quien sabe cuantos cientos de años. Es importante destacar que casi todo el parque nacional Campana es resultado de la pasada actividad volcánica del volcán del Valle de Antón y existen  numerosas manifestaciones que hablan de un pasado geológico de una enorme intensidad.

Cueva y sus murciélagos

Nuevamente utilizamos la cuerda, el camino era demasiado resbaloso y pronunciado. Continuamos abriendo camino, pues sendero no había. Quizás un trillo muy poco marcado que gracias a Samuel fue abierto. Nos sentamos en una loma a almorzar y agarrar fuerzas para seguir, no sabíamos hacia donde íbamos pero menos rendirnos.

Al levantarme pude ver claramente que en frente estaba uno de los picos, quizás uno de los más pequeños del Trinidad y a lo lejos se veían los techos de algunas casas, lo que significaba que estábamos subiendo y con eso en mente seguiríamos.

Una vez repuestos seguimos inventando camino. Hongos grandes, bromelias, epifitas, insectos, musgo, mariquitas, mariposas y el canto de las aves nos acompañaban. Grandes árboles encontramos a nuestro paso. Los arbustos nos cerraban el trillo, nos confundían, nos perdían. Los helechos son los dueños del lugar, los hay de todas las especies. Árboles espinosos advertían su presencia al agarrarnos de ellos para avanzar. La vegetación estaba cerrada, casi no se veía el cielo, solo la copa de los árboles y el olor putrefacto de materia en descomposición nos llegaba de repente, además de la neblina que casi nos tocaba.

De pronto la loma se hizo empinada, bordeamos una laja enorme subiendo hacia quien sabe donde. Las grandes rocas que pisábamos se caían e iban a dar con fuerza al que venía detrás. Nada de lo que pisábamos era seguro. Samuel nos tiraba la soga para poder continuar, resbalamos muchas veces e invadíamos el ambiente con carcajadas de aliento por seguir.

Ya estábamos arriba, pero no podíamos ver nada pues la vegetación estaba alta. José se inventó que lo agarráramos del brazo y balanceándose tumbó con el machete parte de los arbustos que no nos dejaban ver el paisaje. La neblina nos tapaba mucho, pero a pesar de eso pudimos ver gran parte de la comunidad de Cacao, Trinidad y allá abajo estaba aquel pico que vimos cuando almorzábamos, lo que indicaba que estábamos muy alto. A la izquierda teníamos otro pico. ¿Sobre cual estábamos? Ni idea, lo que si notamos es que estábamos sobre uno de los más altos.

Samuel nos dejó tomando fotos y se fue a seguir monteando, luego de un rato nos gritó para que fuéramos, había encontrado la cima.

Vista desde la cima

Al llegar la neblina estaba espesa, la vegetación de altura era tupida. En ocasiones la neblina desaparecía y pudimos ver que a nuestra derecha había un pico aún más alto. Nos sentamos y descansamos, ya teníamos 4 horas de estar subiendo cerro Trinidad, pero valió la pena.

Carlos sacó su reloj y midió la altura e indicaba que estábamos a 965 msnm. Era un hecho. Estuvimos largo rato esperando que la neblina se fuera, pero nada.

Escarabajo

Un escarabajo se subió al pantalón de José y se veía tan tierno como un peluche, caminando como loco sobre la hierba.

Inventamos poner una bandera, pero no teníamos tela para hacerla, así que Samu de sacrificado se quitó su camisa y colocamos la bandera roja que allá arriba debe estar.

Grupo en la cima con la bandera

Bajar el cerro fue otro dilema. Mis piernas estaban hechas trizas por las enredaderas cortantes. Bajé con las nalgas en el piso con tal de no resbalarme, a pesar de que usamos soga en todo momento, fue difícil.

No hubo quien no se diera la típica “matada” resbalándonos a cada instante. Salimos golpeados y rayados. De regreso decidimos no tomar la cueva pero fue necesario bajar con la cuerda por una laja alta.

De regreso en la casa de nuestro amigo, el señor Pitti, nos quedamos un buen rato hablando con él que ya había pensado subir el cerro a buscarnos pues eran las seis y media de la tarde y no bajábamos. Nos ofreció guacho y prácticamente nos obligó a tomarnos un trago de whiskey para celebrar nuestro ascenso. Tremendo amigo nos ganamos, con el cual estuvimos 100% agradecidos por su ayuda y claro, se llevó su salve del día.

Definitivamente, este ascenso fue increíble por la cantidad de locuras que tuvimos que hacer tanto para subir, como para bajar, pero la recompensa fue única y de seguro muy pronto lo haremos de nuevo, a ver si llegamos hasta el pico más alto del Cerro Trinidad.

Si deseas hacer este ascenso, debes tomar en cuenta muchas medidas de seguridad y tener muy buen sentido de orientación. Para cualquier duda, saben que pueden escribir a info@enlodados.com

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Hace algún tiempo estuve por el camino del Oleoducto o Pipeline Road como es conocido mayormente, pero nunca lo había caminado ni siquiera hasta el límite.

Fue hace una semana que con dos buenos amigos: Lurys y Carlos fui a caminar este sendero ubicado en Gamboa, luego de pasar el puente principal de la localidad a 18 kilómetros o media hora del centro de la ciudad de Panamá, en las riberas del Canal de Panamá, dentro del Parque Nacional Soberanía.

Estuvimos temprano para poder apreciar más animales. Al llegar nos equivocamos de camino, pero nuestra sorpresa fue mayor al encontrarnos con un antiguo bunker que data de la II Guerra Mundial escondido entre la selva, digo escondido pues yo a primera vista no lo capté, pero Carlos sí.

Bunker

Una vez en el camino correcto, iniciamos lo que sería 2km hasta llegar a la entrada del Panamá Rainforest Discovery Center donde hay una torre para avistar aves y animales.

Un poco después de haber pasado por allí llegamos a la entrada del camino en donde de inmediato apareció un guarda parques de Anam para cobrarnos la entrada; le preguntamos si era posible pasar del límite que ellos imponen y nos dijeron que no habría problemas. El pago fue de un dólar por ser estudiantes, pero la entrada para nacionales vale 2 dólares y 3 dólares para extranjeros.

En el mapa que estaba a la entrada decía que debíamos pasar por varios puentes sobre ríos y que eran 17 kilómetros hasta el río Agua Salud donde terminaba el camino del Oleoducto y que el tiempo aproximado de caminata ida y vuelta eran 8 horas con 4 pendientes pronunciadas o de dificultad.

Nos fijamos que a pesar de que el Camino del Oleoducto terminaba en Río Agua Salud, el sendero seguía hasta llegar al lago Gatún. Pero para llegar al lago Gatún es necesario caminar muchísimo, casi 26 kilómetros de ida y lógicamente la misma cantidad de regreso.

En el mismo letrero están especificadas las isoyetas en el mapa, con su respectiva leyenda de área de ferrocarril, zona de uso por los visitantes u observación de aves y zona de conservación de la biodiversidad de investigación científica y personal autorizado.

El primer puente estaba sobre la Quebrada Juan Grande e indicaba los 2 kilómetros que acabábamos de pasar. Aún se conservan los mismos letreros de INRENARE, lo que era hace algunos años el Instituto de Recursos Naturales Renovables y que ahora es representado por ANAM (Autoridad Nacional del Ambiente).

No llevábamos más de 15 minutos caminando cuando de pronto aparecieron sobre el dosel unos lindos tucanes de Swainson (Ramphastos swainsonni), que con su particular canto advertían que eran los dueños del área. Algo gracioso y trágico a la vez es que la mayoría de las personas creen que los tucanes son solo bonitos y llamativos pero la verdad es que son depredadores pues se comen los huevos de otras aves, así como los pichones, pero bueno, así es la naturaleza y realmente los tucanes son unas aves hermosas.

Tucan de Swainson

Al seguir caminando vimos unas bonitas bancas de madera a un lado del camino y de pronto apareció otro puente, esta vez sobre el Río Frijolito e indicaba 4.1 kilómetros de recorrido.

Nos encontramos con unas jóvenes que iban en bicicleta pero se bajaron en una pendiente para caminar con la bicicleta en andas. De pronto escuchamos el bullicio de un Hormiguerito alipunteado (Microrhopias quixensis); avanzamos y el canto de otra ave llamó nuestra atención, nos asomamos a un lado del camino para lograr identificarlos mirando hacia la parte alta de los árboles, pero Lurys los vio en la parte baja del bosque, casi por el suelo jugando y muy tranquilos dejándose tomar fotos, eran varias parejas de Batará lineado (Cymbilaimus lineatus).

En un rato el camino se tornó un poco cerrado y las orillas parecían podadas y en la parte de arriba florecían centenares de la llamativa “flor de labios ardientes” (Psicotria). Del otro lado del camino llamó mi atención una flor grande y amarilla parecida a un Costus; más heliconias, y unas flores que parecían piñuelas.

Otro puente y éste sobre el Río Frijoles, nos indicaba que estábamos a 4.6 kilómetros. El río estaba chocolate, quizás por las recientes lluvias, y se dividía en dos corrientes. Esta vez vimos la inmensa tubería del Oleoducto. Se dice que este camino fue construido durante la II Guerra Mundial por soldados de Estados Unidos y el propósito fue dar mantenimiento a un oleoducto por el cual planeaban transportar petróleo, en caso de un bombardeo al Canal de Panamá. La infraestructura no se usó, pero el ejército estadounidense continuó el mantenimiento a la carretera hasta unos años antes de retirar sus tropas.

Avanzamos y en rápidos minutos estuvimos sobre el puente del Río La Seda a 4.9 kilómetros. Nos encontramos un arbusto con frutas color rojo parecido a manzanas pequeñas, y especulamos de si serían o no frutas venenosas.

Batará lineado

No fue mucho lo que adelantamos cuando de pronto vimos un hermoso Trogón gorginegro (Trogon rufus) estaba posado sobre una rama justo en frente de nosotros y no dudamos en tomarle varias fotografías, aquel trogón juró que pasaba desapercibido, pudimos movernos y seguir nuestro camino y el trogón siguió en su lugar. Me adelanté un poco y vi una pequeña ave sin poder identificarla a simple vista, cuando levanté el lente de la cámara para tomarle una foto y revisar, me di cuenta de que era un Saltarín coroniceleste o Manakin (Pipra coronata), asustado supongo que por el sonido del flash, se fue y no lo vi más. Me emocioné pues es una de mis aves favoritas.

Una hoja saltó revelando lo que en realidad era, un sapito del bosque (Rhinella alata) tan común en el suelo del bosque, poseen un patrón de color muy variable, que usualmente se confunde con la hojarasca. En nuestro trayecto vimos muchísimas y hasta agarramos algunas para verlas de cerca.

Entre heliconias llegamos al Río Limbo en donde había un letrero de ANAM que advertía de no pasar más de ahí pues era el punto límite de visitas; como le habíamos dicho anteriormente al guarda parques decidimos seguir el camino y llegar hasta donde pudiéramos. Aquel letrero indicaba que luego de ese punto se desarrollaban proyectos como el de la Reintroducción del Águila Arpía, ave nacional de Panamá (Harpia harpyja); hubiese sido demasiada suerte para nosotros ver alguna.

A pesar de que habíamos escuchado monos aullando durante buena parte del camino, no los habíamos visto, pero fue justo luego de pasar el Río Limbo cuando entre los árboles pude ver un mono aullador que advertía su presencia y se escondía entre las ramas. Luego nos dimos cuenta de que era toda una familia de monos aulladores (Alovatta palliata) que se alimentaban y descansaban.

Mono Aullador

Avanzamos y con todos los sentidos agudizados llamé a Carlos para que viera el enorme grillo que estaba posado sobre una rama y Carlos me discutía que era una Mantis Religiosa. Luego de la pequeña discusión nos dimos cuenta de que sobre una hoja estaba el grillo pero sobre otra estaba una mantis religiosa quieta y parecía que nos miraba.

Lurys quedó petrificada y al preguntarle qué le pasaba, vimos que una oruga de muchos pelos caminaba sobre su brazo, pasó sobre su hombro y luego sobre su cuello. Lurys estaba inmóvil mientras nosotros tratábamos de sacarle la mejor foto a la oruga; tomamos la oruga y la colocamos sobre una hoja de un arbusto del camino.

De pronto vimos un trillo y Carlos nos retó a entrar. Sin más ni menos entramos y empezamos a ver carriolas regadas por el suelo, luego vislumbramos algo parecido a llaves de agua; caminamos un rato más y encontramos la estructura de una casa con varios cuartos y hasta un mueble de cocina que al parecer había sido objeto de puntería pues le traspasaron varias balas. Un barril y varillas, así como alambres estaban en las esquinas. El lugar había sido tragado casi en su totalidad por el bosque.

Seguimos el sendero que llegaba hasta una quebrada y sobre una rama a un lado estaba posado un anolis que trataba de mimetizarse. Lurys y yo nos quedamos allí lavándonos las manos mientras Carlos siguió el trillo y me llamó para mostrarme una Garza Tigre (Tigrisoma lineatum) que caminaba paciente sin detectar nuestra precensia, pero una vez que nos vio, alzó vuelo.

Garza Tigre

Regresamos al camino original y nos topamos con unos científicos que hacían estudios en el área. Avanzamos, me adelanté un poco y al ver en frente una inmensa telaraña busqué a la araña, cuando en ese preciso instante calló una abeja en la red y una araña gigante y peluda le saltó casi al instante y se la llevó a una hoja-escondite donde de seguro se la engulló.

Entretenidos nos quedamos viendo todo lo que se movía cuando de pronto Lurys dijo en voz baja “ miraaaaa” y al fijarnos era un hermosísimo Oso Hormiguero (Tamandua mexicana) que pasaba calmado cruzando el camino e internándose en el bosque, pero logramos alcanzarlo y tomarle algunas fotos, aunque él no parecía muy contento pues nos mostró sus garritas. Fue muy emocionante, jamás habíamos visto uno en su estado natural.

Oso Hormiguero

Unas mariposas posaban demasiado tranquilas sobre una rama en perfecta simetría, discutimos en si eran mariposas de verdad o si alguien había bromeado al ponerlas allí. Sin más ni menos agarramos las mariposas y nos dimos cuenta de que eran de masilla e hilos y estaban enganchadas en los árboles. Luego más adelante nos encontraríamos con las dos biólogas que anteriormente habíamos visto pasar y nos explicarían parte de su proyecto de depredación en el cual colocaban mariposas falsas en las ramas para ver que tan rápido desaparecían.

Íbamos ya por Loma Badiola, una pendiente bastante pronunciada. Recordé que hace algún tiempo escuché que “por los predios de Loma Badiola, un águila Arpía había atacado a un ciclista y le había herido los hombros al intentar levantarlo.” Entonces era cierto lo de la reintroducción del águila Arpía.

Ya estábamos en el puente sobre el Río Mendoza a 8.8 kilómetros, al parecer habíamos caminado bastante. Cada puente estaba más deteriorado que el anterior. Luego de caminar un rato más y pasar varias pendientes pronunciadas, llegamos al puente sobre el Río Sirystes a 9.5 kilómetros.

Otro tucán daba saltitos sobre un árbol Nazareno, el hambre nos atacaba y nos detuvimos a merendar y tomar agua pues pensábamos caminar un poco más. Avanzábamos, caminábamos, subíamos lomas que parecían no terminar, siempre nos acompañó una mariposa Morpho o quizás varias, pues vimos muchísimas.

Luego de buen rato subiendo una loma decidimos detenernos. Descansamos un poco para luego emprender camino de regreso, no podíamos quedarnos tanto, corríamos el riesgo de regresar de noche. Habíamos caminado casi 12 kilómetros pues nos faltó poco para llegar a Río Macho y luego Río Agua Salud que completarían los 17 kilómetros.

Carlos siguió un rato el camino, pero al poco tiempo regresó diciendo que el camino continuaba igual y no había puentes a la vista.

Nos comimos casi todo lo que nos quedaba y emprendimos de regreso como quien dice en buen panameño “a balazo”. Mi rodilla derecha estaba sufriendo desperfectos y por momentos me costó un poco los descensos.

En el puente sobre el Río Frijoles nos encontramos con un ave Momoto Rufo (Baryphthengus martii). Antes de las 4:30 de la tarde ya estábamos fuera del Camino del Oleoducto.

Uno de los mejores sitios de Panamá y el mundo para la observación de aves es éste camino, aunque también llama la atención por su historia que data de épocas de la II Guerra Mundial. Cada año se realiza aquí un conteo de Navidad por la sociedad Audubon. En el año 1996 en un solo día se censaron 525 especies de aves que es un verdadero fenómeno mundial.

En el Parque Nacional Soberanía viven 105 especies de mamíferos como venado (Odoicoleus virginianus), ñeque (Dasyprocta punctata), diferentes clases de mono, mapache (Procyon lotor), gato solo, manadas de saínos (Tayassu tajacu), jaguar (Pantera onca), 79 especies de reptiles, 55 especies de anfibios y 36 especies de peces de agua dulce como el sábalo pipón (Brycon petrosum) o el barbudo (Rhandia magnesi), y más de 1300 especies de plantas. En algunas épocas del año es fácil escuchar el jaguar, cerca de la estructura del Discovery Center.

Este sendero es apto para personas de todas las edades hasta el Río Limbo, luego de allí es necesario tener buenas condiciones físicas para continuar. Es muy importante llevar suficiente agua y comida, así como repelente para mosquitos y en todo caso es buena idea llevar un capote pues ésta es un área de bosque lluvioso. Indispensable ir en zapatillas y en época lluviosa, botas de caucho. El camino esta abierto para el público todos los días desde 6:00 a.m. hasta 4:00pm.

ANAM limita el acceso de automóviles por seguridad, ya que los puentes están deteriorados. Sólo se permite la entrada de las camionetas del Instituto Smithsonian y del Fondo Peregrino. Los otros visitantes andan a pie. La mayor parte de la vía está dentro del PNS y las autoridades la utilizan para patrullar esta área protegida.

Cerca y hermoso. Buscar los animales a veces es más divertido que verlos encerrados. La naturaleza nos da tantas sorpresas. Solemos recorrer distancias enormes con tal de ver ciertos animales y no nos damos por enterado de que muy cerca tenemos un paraíso forestal dotado de tantas especies.

El Parque Nacional Soberanía es el parque más cercano a la ciudad de Panamá y es muy fácil toparse con gran cantidad de animales solo poniendo los sentidos a trabajar.

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La sola idea de escribir acerca del Darién me emociona. Ante todo pido disculpas pues he demorado en escribir este post que sé, mucha gente ha estado esperando por la misma idea de ahora poder saber cómo llegar a un paraíso como el parque nacional Darién.

Este parque se ubica a 325 kilómetros de la ciudad de Panamá, es el parque nacional más grande de la República de Panamá con 5970 km² y es uno de los lugares del Patrimonio de la Humanidad más importantes de Centroamérica, declarado así en 1981 y como Reserva de la Biosfera en 1983, segundo pulmón natural más importante de América luego de la selva del Amazonas.

Importante es destacar que Darién es la provincia más grande de la República de Panamá, tiene una extensión de 11,896 km², un área del tamaño de la isla de Jamaica. Frontera con el país vecino de Colombia por el este, lo cual debería llevarlo a ser una de las provincias más importantes.

No es para nadie un secreto que el Darién es la provincia más olvidada del territorio panameño, a pesar de poseer tan rica cultura e importancia biológica. Por su condición fronteriza soporta los rigores de los desplazados suramericanos; la depredación de sus maderas preciosas; la persecución de sus animales silvestres; así como la presencia de enfermedades endémicas, epidémicas y desnutrición que dominan a sus moradores en algunas regiones. Las producciones agrícolas darienitas son despreciadas por las difíciles condiciones del transporte, mayoritariamente fluvial y marítimo, con lo cual los ingresos para vivir resultan reducidos, mientras el empleo permanece ausente. Claro que no podemos desconocer el hecho cierto que programas panameños de vigilancia en Darién impiden el avance de la fiebre aftosa suramericana, y constituyen un muro para el traslado de reses vacunas hacia el norte.

El nombre Darién se origina en la lengua hablada por los indígenas Cueva, una tribu indígena que fue exterminada por los Conquistadores a lo largo del siglo XVI.

Tres grupos indígenas precolombinos habitan en el parque nacional Darién: los Kunas, que mantienen poblaciones tradicionales en los poblados de Paya y Púcuro, al pie de la montaña sagrada Cerro Tacarcuna; los Emberá, habitantes tradicionales ribereños del Chocó, y los Wounaan, muy cercanos lingüísticamente y culturalmente a los Emberá.

El Tuira, El Chucunaque, los ríos más potentes de Panamá, se encuentran en esta provincia, y está enmarcada por las áreas inclinadas de las serranías de San Blas, Bagre, Pirre y del Sapo.

La emoción me invadía, hace meses que venía con la idea de visitar esta provincia. En un principio la idea era ir hasta Paya, último pueblo antes de entrar en territorio colombiano, muy lejano y peligroso a causa de la guerrilla.

Luego de mucho pensar y ver los pro y contra junto a Samuel que es nativo del Darién, decidimos visitar el parque nacional, lugar al que antes ninguno de los dos había ido.

Busqué mucha información y me puse en contacto con personas que hubiesen visitado el parque: muy pocos. Supuse que el miedo detiene el entusiasmo de gente que desea visitar pero no se sienten seguros a causa de la guerrilla o la grandeza del área los inmiscuye. Busqué en el mapa y no puedo negar que este parque se encuentra a pocos kilómetros de la frontera con Colombia.

La verdad es que no tenía idea de que hubiese que seguir tanto procedimiento para visitar un parque nacional, pero por ser un área diferente, por el hecho de ser fronterizo, fue necesario sacar un permiso en SENAFRONT en la ciudad de Panamá, para registrar a los que formarían parte de la visita. Por suerte esto no pasó a más de dos visitas formales a Corozal, en donde se encuentra SENAFRONT. Allá fue necesario llevar una nota explicando el porqué de nuestra visita al parque solicitando poder pasar por el área de El Real y Rancho Frío.

Pasamos así mismo por las oficinas de ANAM en busca de información y a avisar que nos dirigíamos al parque, resultó gracioso que nuestro guía Isaac Pizarro, con el que habíamos coordinado por nuestra cuenta, resultó ser uno de los guías de más confianza de este parque nacional.

Una vez estuvo todo listo, nos organizamos y partimos 11 personas, junto con el guía desde la Terminal de Albrook a las tres de la madrugada hacia el Darién.

Los precios de transporte son módicos: de la ciudad de Panamá a Metetí son $9; y hasta Yaviza son $14. En nuestro caso y para todo el que se dirija hacia el parque nacional Darién, es necesario registrarse en ANAM de Metetí, allí efectuamos el pago por alojamiento y entrada al parque; en nuestro caso pagamos 1$ cada uno de entrada del parque (estudiantes) y 5$ c/u por noche por alojamiento en el refugio de Rancho Frío, primer refugio de ANAM dentro del parque nacional Darién. Claro, es muy importante si van en grupo de estudiantes llevar su respectivo carné que lo respalde.

SENAFRONT Metetí

Lo primero fue ir a SENAFRONT, fuimos a registrar el grupo. Los oficiales ya tenían nuestros nombres y número de cédula, solo esperando que nosotros llegáramos para confirmar. De allí llamaron a la estación Yaviza para corroborar que habíamos llegado y dar permiso de seguir, todo un protocolo.

Y claro, en el caso de no ser estudiantes y pagar como “nacionales”, el precio por entrar al parque es de $3 y por noche en el refugio es de $10.00. En el caso de acampar se pagan $2 por estudiante y $5 por nacional. Extranjeros pagan $5 la entrada al parque y $15 por alojamiento por noche, $10 por acampar.

Todo iba de maravilla, a pesar de que tuvimos algunos problemas con el transporte, ya que tuvimos que hacer trasbordo en Aguafría, de allí en adelante todo fue espléndido. Esperamos contentos que abriera ANAM a las 9am en Metetí y nos registramos. Mientras estuvimos allí llegó una familia de monos aulladores (Alouatta palliata), unos loros frentirrojos  y hasta vimos un nido de colibrí. Luego tomamos un autobús, (que consiguió nuestro guía Pizarro) hacia Yaviza y el precio fue 5$ cada uno.

Una vez en Yaviza nos dirigimos a SENAFRONT nuevamente a registrarnos, compramos algunos enseres que hacían falta y buscamos una piragua que nos llevara hasta el Real de Santa María. Inmediatamente conseguimos una piragua, sobre todo porque éramos bastantes y lográbamos llenar una sola, pero generalmente en el puerto de Yaviza es difícil conseguir piragua hacia El Real después del mediodía.

Muelle de Yaviza

En Yaviza termina la carretera Panamericana, es allí en donde inicia el famoso Tapón del Darién, que abarca las comarcas indígenas de Kuna Yala, Madugandí, Wargandí, Emberá Wounaan, los distritos de Chimán y este de Chepo, todos en Panamá, y el norte de los departamentos del Chocó y Antioquia, al oeste del Golfo de Urabá en Colombia.

En esta piragua pagamos 5 dólares cada uno. Demoramos 1 hora y media en medio de las aguas de los ríos Chucunaque y Tuira, hasta llegar a El Real de Santa María. Estos ríos poseen su importancia porque constituye un medio de comunicación importante en la provincia del Darién y de la Comarca Emberá-Wounaan, ya que los diversos afluentes conectan las principales localidades ribereñas.

Para algunos era la primera vez que se subían a una piragua, por lo tanto era una nueva experiencia. El paisaje dominante, nuevo para nosotros, era exuberante. El Río Chucunaque, imponente y chocolate, nos pasaba en dirección contraria, íbamos río arriba por esa carretera de agua. Vimos pasar familias enteras remando en sus piraguas principalmente Emberá-Wounaan; también a varios policías regresando quien sabe de qué misión.

La mayoría de mis compañeros se durmieron en plena piragua, creo que algunos roncaban a causa del cansancio del viaje, al menos llevábamos más de 24 horas despiertos. Personalmente la sola idea de saber que estaba en este lado del país no me dejaba dormir para nada, hubiese sido para mi un pecado estar allí y no ver lo que a mi lado pasaba.

El Río Chucunaque mide 231 km, es muy ancho y es el principal afluente del río Tuira, segundo mayor del país. Los ríos Tuira, Chucunaque y Balsas forman una cuenca hidrográfica de 10.664,42 km2, que es la mayor de Panamá. El Chucunaque nace cerca del Cerro Grande, en la Serranía del Darién, entre la frontera de las comarcas indígenas de Kuna Yala y Wargandí. Fluye hacia el sureste hasta la localidad de Uala, cabecera de la comarca Wargandí; permanece en dirección sureste recibiendo diversos afluentes (Artigartí, Mortí, Chiatí, Membrillo, Metetí, Ucurgantí, Marragantí, Turquesa y Chico). Al llegar a la localidad de Yaviza, el río cambia al suroeste y llega hasta la localidad de El Real de Santa María, en donde se une con el río Tuira.

En la piragua rumbo a el Real

De pronto a lo lejos, empezamos a ver un cerro, Pizarro me tocó el hombro y me dijo que era el imponente cerro Pirre, uno de los más altos de la región y muy interesante por la gran cantidad de especies endémicas que en él habitan. Los árboles cuipos, descomunales, se divisaban en todo el recorrido. Vimos un caimán que tomaba sol a orilla del río; el cielo nos favoreció, aquel día las nubes estaban en tercera dimensión, el panorama era sacado de alguna película jurasica.

Cabe destacar que el Darién posee montañas de altura considerable destacando el cerro Tacarcuna (1,875 m.s.n.m.), Piña (1,581 m.s.n.m.), Pirre (1,569 m.s.n.m.), Nique (1,550 m.s.n.m.), Chucantí (1,430 m.s.n.m.), Pavarandó (m.s.n.m.), Armila (m.s.n.m.), Tanela (1,415 m.s.n.m.), Sapo (m.s.n.m.) y Altos del Quía (1,361 m.s.n.m.)

De un momento a otro pasamos una curva y entramos en terreno del río Tuira. Más adelante el río se redujo, estábamos en uno de los afluentes: río Pirre, de pronto apareció el poblado de el Real de Santa María, corregimiento ubicado dentro del distrito de Pinogana.

Una vez en el Real, teníamos entendido que nos obligaríamos a caminar aproximadamente 5 horas hasta llegar a Rancho Frío, pero gracias al ingenio de nuestro guía, contactó un camión que nos llevaría hasta Pirre 1.

Nuevamente nos registramos en SENAFRONT de El Real, ésta por última vez. Aprovechamos para tomar un almuerzo que nos cayó de maravilla pues fue nuestra primera comida verdadera del día. Dejamos algunas donaciones traídas desde la ciudad y abordamos el camión; pasamos sobre un río, luego por varios poblados y el aeropuerto de El Real. La calle de dividió en dos y tomamos a la derecha, nos dijo Pizarro que por la otra calle se llega a Colombia de manera muy fácil.

EL REAL de Sta MaríaLuego de eso llegamos a Pirre 1 en donde nos encontramos con el papá de Pizarro, el señor Alberto Pizarro (guarda parques de ANAM) que nos esperaba con un fourweel, y se llevó nuestras maletas. De inmediato emprendimos la caminata hacia Rancho Frío. Definitivamente nuestro guía fue una maravilla, de lo contrario, hubiésemos tenido que caminar desde el Real hasta el refugio de Rancho Frío, con un sueño atrasado encima, durante 5 horas con mochilas pesadas en nuestras espaldas.

El cerro Pirre se veía cada vez más cerca, gigantesco y ¡azul! de tanta vegetación tupida, solo un espacio sin vegetación en él, y se trataba de un derrumbe de tierra.

Iniciamos la caminata y a cada canto de ave, Pizarro nos decía cual ave era, demasiado emocionante; nos detuvimos en una casa, la última que veríamos. Nuestro guía saludó y aprovechamos para tomar unas deliciosas pipas y comprar algunos plátanos que nos vendió la señora de la casa.

Camino a Rancho Frío

En el camino hacia Rancho Frío distinguimos árboles gigantescos, pero hubo uno que casi me saca lágrimas, un Ceiba pentandra, sus raíces tabulares eran increíbles, y su dosel se perdía en el infinito, definitivamente un centenario que ha sobrevivido al tiempo y ha sido respetado.

Pasamos por muchas quebradas, vimos monos aulladores, y de pronto la lluvia empezó a caer y nos animó aún más, la lluvia siempre es bienvenida pues refresca el alma y qué mejor lugar que la selva para quitarnos el fogaje. El camino era enredado y se perdía en diferentes senderos.

Aceleramos paso bajo la lluvia torrencial y llegamos al refugio de ANAM exactamente en 2 horas. Ordenamos las maletas dentro del refugio y nos fuimos hacia “La Cascada”… si, aún no tiene nombre esa cascada. En media hora luego de pasar por un sendero, estábamos caminando sobre el río y llegamos. Era hermosa, de aguas claras y con un chorro diagonal que caía con fuerza en la poza.

"La Cascada" foto del website de ANAM

Pizarro y Samuel fueron los primeros en aventarse desde el surra surra que era el chorro, luego Ana, Carmen, Raiza y Lurys, los demás nos quedamos solo admirando. Pensé en tirarme por el surra surra al día siguiente, cuando volviéramos más temprano a “la cascada” con las cámaras, tenía algo de miedo pues últimamente me han estado dando calambres en agua y no me quise arriesgar, pero al día siguiente me arrepentí de no haberlo hecho.

El refugio era exactamente como lo imaginé: de madera, amplio por dentro, 2 espacios separados disponibles, 1 baño, 1 retrete, una llave de agua, la cocina con estufa. A nuestra disposición teníamos colchones, podíamos usar los camarotes o poner los colchones en el piso, lo último fue nuestra opción, revisamos que no hubiera algún animalillo en el suelo y nos acomodamos. En la cocina ANAM pone a dispocisión ollas, platos, vasos y hasta cubiertos, en caso de no llevarlos. A un lado del refugio, corre un río calmado.

Obviamente es necesario llevar comida, mejor si es enlatada pues luego de pasar El Real de Santa María no hay lugares en donde adquirir enseres. Es muy importante llevar agua, ya que aunque en la estación de Rancho Frío haya, ésta no es potable y puede afectar su salud.

Refugio Rancho Frío

A la mañana siguiente y luego de haber dormido largo y tendido, nos levantamos algo tarde para subir hacia el mirador. Al estar desayunando pudimos escuchar guacamayas que pasaban despavoridas graznando y avisando su llegada; salí corriendo a ver si podía fotografiar alguna pero ya iban lejos, me dijo Pizarro que son guacamayas rojas que generalmente andan por el refugio.

Para mi fue muy emocionante el momento pues las guacamayas son aves casi extintas y la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN) le otorgó al Panamá el segundo lugar de la región mesoamericana en su “lista roja” de especies de guacamayas amenazadas.

Además, esta especie ha sido declarada en riesgo por la Convención Internacional de Especies Salvajes de Flora y Fauna en Peligro de Extinción (CITES por sus siglas en inglés), que prohíbe su comercialización como una forma de protegerla de la destrucción de su hábitat, por lo que se han eliminado sus lugares de anidación. Aquí en Panamá estas especies se encuentran, muy pocas, en el área de Cerro Hoya, en la provincia de Los Santos, en Veraguas y Darién.

Guacamayas

La misión del segundo día sería subir al mirador llamado Rancho Plástico. Iniciamos la caminata y al poco tiempo vimos una curiosa rana: Rhinella alata, endémica de Panamá, Colombia y Venezuela. Luego de algunas lomas entramos en la selva húmeda tropical, un sendero poco marcado rodeado de selva tupida. Nos topamos con una bandada de monos araña (Ateles fusciceps) que enfurecidos nos arrojaban palos desde lo alto del bosque.

Vimos distintos árboles de los que destacaban el árbol de Jagua (Genipa americana), cuipos (Cavanillesia platanifolia), Guayacan (Tabebuia guayacan), Ceiba (Ceiba pentandra), Cedro Amargo (Cedrela odorata L.), Espinoso (Parkinsonia aculeata), Almendro (Terminalia catappa), Guarumo (cecropia obtusifolia), Algarrobo (Ceratonia siliqua), olimos el Bálsamo (Myroxylum balsamun) de madera muy apreciada actualmente; notamos muchos Higuerón (Ficus citrifolia), Espavé (Anacardium excelsum), Nazareno (Peltogyne purpurea), también vimos Cícadas éstas últimas “sumamente” amenazadas y en peligro de extinción, porque su crecimiento es muy lento, tanto así que hay coleccionistas que las compran a un precio muy alto en el mercado negro.

Algunos árboles en R.F.

La lluvia empezó nuevamente y nos refrescó. Al llegar al primer mirador de Rancho Plástico fue poco lo que pudimos ver, pues las nubes tapaban el contorno de los árboles que a lo lejos se veían, supimos que lo que allá estaba era El Real y que con buen tiempo es posible ver algunas casas, el río Tuira, así como el hormigón, y claro, el dosel del bosque desde lo alto.

Decidimos seguir hacia el siguiente mirador. Para llegar debíamos avanzar media hora más, aparte de las dos horas que ya llevábamos caminando. En el sendero nos encontramos con varias ranas Dendrobates auratus; caracoles de tierra por la hojarasca y pegados a los árboles. En un momento un alacrán por poco pica a Raiza, además vimos muchas hormigas sompopo y algunos ciempiés.

Rana Dendrobates auratus

Pizarro se desvió del sendero para mostrarnos un ave Saltarín Cabecidorado o Manakin (Pipra erythrocephala) que habitaba en esa área, solo fue necesario prestar un poco de atención y allí estaba el pequeñín descansando en una rama. Más adelante vimos un Tucán picoiris (Ramphastos sulfuratus) y un Jacamar (Galbula ruficauda).

Es importante decir que en ésta área se pueden encontrar gran cantidad de aves, en especial algunas con endemismo en el área de Cerro Pirre y dentro del parque: Subepalo bello (Margarornis bellulus) y la Tángara nuquiverde (Tangara fucosa), el águila arpía, el halcón peregrino, la guacamaya azul (Ara ararauna), la guacamaya verde (Ara ambigua) y el loro moña amarilla (Amazona ochrocephala), Autillo Serranero, Colibrí Copetivioleta, Colibrí Pirreño, Solitario Variado, Reinita de Pirre, Clorofonia Cuellidorada, Tangara Azulidorada, Tangara de Monte de Pirre, Pinzón Carilucio, entre muchos otros. Se han llegado a censar 450 especies de aves dentro de este parque nacional.

Saltarín o Manakin (Pipra erythrocephala)

Aunque no vimos muchos mamíferos, es importante recalcar que coexisten 7 mamíferos endémicos del parque, como el arador darienita (Orthogeomys dariensis) y la zorra de cuatro ojos (Marmosops invictus). Más de 56 especies amenazadas o en peligro de extinción en el resto del continente poseen poblaciones viables en el Darién. Entre ellas el águila harpía (Harpia harpyja), que reúne su más importante población a escala mundial, el tapir (Tapirus bairdii), o las cinco especies de felinos: el jaguar (Panthera onca), el puma (Puma concolor), el manigordo (Leopardus pardalis), el tigrillo (Leopardus wiedii) y el tigrillo congo (Leopardus yagouaroundi).

Algunos insectos en R.F. Darién

Entre insectos por doquier y mucha lluvia, seguimos el camino hasta llegar al segundo mirador de Rancho Plástico desde el cual vimos cerro Pirre en todo su esplendor, ese cerro de 1,569 m.s.n.m., uno de los dominantes del área en biodiversidad, lleno de neblina a causa de la lluvia que acababa de caer.

II Mirador de Rancho Plástico

El frío nos entumeció, no sabíamos de donde provocar calor, la vista era increíble, sublime. Me sentía anonadada de estar en frente del famoso cerro Pirre, de origen volcánico, grande entre los grandes del Darién. En un principio con la idea de ir al parque nacional Darién, Samuel y yo teníamos pensado subir este cerro, pero nunca imaginamos que para llegar al filo del mismo, son necesarios 3 días caminando en selva, lo cual sería una verdadera aventura, que de seguro luego con más tiempo haremos.

I mirador desde donde se ve El Real

No era nuestro deseo que la lluvia parara y así lo fue, nos acompañó en todo momento, estábamos en el área más lluviosa del país, una de las regiones más lluviosas del planeta ya que se encuentra dentro del Chocó Biogeográfico (área más lluviosa del planeta), con precipitaciones que pueden superar los 8,000mm anuales y en donde prácticamente, no hay estación seca. La temperatura varía según la altitud entre 17° y 35 °C.

Al bajar y pasar nuevamente por el primer mirador la neblina había desaparecido y aunque estaba nublado, el paisaje era místico y nuboso, fue posible ver gran parte del paisaje de El Real de Santa María desde esa altura.

Avanzamos en dirección al refugio y nos topamos con una Lagartija crestada (Corytophanes cristatus) que intentó mimetizarse entre la hojarasca pero por suerte la vimos.

Lagartija crestada (Corytophanes cristatus)

Entre caídas y resbaladas llegamos un poco tarde al refugio; nos bañamos en el río que pasa al lado de la estación, de tanta lluvia se creció y fue imposible ir a “La Cascada”, nos quedamos sin fotos y yo sin haberme tirado de ella. La comida ya estaba lista, un arroz con coco nos había preparado el señor Alberto, ¡estuvo delicioso! Entrada la noche tomamos un postre improvisado: un bizcocho con leche condensada que fue peleado; luego fuimos a descansar, lo que quedó en una partida de dominó y cuentos de miedo de “MadreAgua”, el espíritu que te llama al río y desapareces por siempre, Pizarro logró que Lurys, Kari y yo, nos pusiéramos las piyamas al revés.

A las 5 de la madrugada estábamos listos para partir, solo tomamos un té de hierba de limón, nos pusimos las mochilas a la espalda y caminamos durante dos rápidas horas de regreso a Pirre 1 en donde nos esperaría un camión que nos llevaría hasta El Real.

Abordamos el camión y fuimos a reportarnos por última vez en SENAFRONT de que ya habíamos salido del parque nacional Darién. Partimos directo al muelle de Mercadeo y emprendimos nuevamente el viaje en piragua de regreso a Yaviza. En ese trayecto vimos gran cantidad de animales, sobre todo aves, monos y algunos perezosos en lo alto de los árboles. La mañana estaba en su esplendor, el sol arreciaba y los animales, calmados, lo aprovechaban.

En el camión de regreso por El Real

Al llegar a Yaviza un bus nos esperaba, antes de las 3 de la tarde estuvimos de regreso en la ciudad de Panamá, con una experiencia hermosa en el corazón.

Tres días en la selva del Darién no nos fueron suficiente, el peligro del que tanto nos hablaron no lo sentimos jamás estando en el parque y de haberlo sentido hubiésemos tomado el riesgo. A pesar de todos los retenes que tuvimos que pasar, no hubo ningún problema, por el contrario, fuimos tratados de muy buena manera por los oficiales de SENAFRONT. En cierta manera el miedo de los ciudadanos a la guerrilla y las adversidades de la selva, ha sido lo que ha llevado este lugar a tener un endemismo tan grande, lejos de las manos humanas.

La satisfacción reflejada en las caras de mis compañeros de expedición era grande, estoy segura que tienen grandes deseos de regresar al Darién, a costa de lo que sea.

Quedamos en regresar pronto y ponerle nombre a “La Cascada”; la próxima vez que vaya espero poder hacerlo por un tiempo más largo. Confiamos en que ustedes, lectores, se les transmitan las ganas de visitar este patrimonio natural.

Personalmente no pude sentir más paz, juro que uno de los momentos más felices fue cuando el espíritu de la tierra me llamó a entrar en el río al lado de la estación, al recostarme en el agua y sentir las gotas cayendo sobre mi rostro, lo único que pude decirle a Lurys fue “este es uno de los momentos más felices de mi vida”.

Detalles:

- Dentro del parque existen tres estaciones científicas: en Cana, la de Cerro Pirre o Rancho Frío (visitada en este trip), situada a 14 kilómetros de El Real, La Estación de Cruce de mono en las faldas del Cerro de Pirre, a la que se accede con piragua (2 o 3 horas) hasta la población de Boca de Cupe y desde allí se caminan 5 horas hasta la Estación.
- De ir en auto, se debe manejar hasta Meteti, registrarse en ANAM, pagar lo correspondiente y seguir la misma vía hacia Yaviza y allí contactar el guía. ANAM no deja a nadie ir al parque nacional Darién sin un guía autorizado por ellos. Escríbanme para la información de nuestro guía Isaac Pizarro.
- Recuerden llevar comida y agua, esto es muy importante en esta área. En Darién es fácil conseguir verduras pero todo lo demás es mejor llevarlo.
- En cualquier caso, sea individual o grupal, deben registrarse en SENAFRONT de lo contrario puedes correr el riesgo de que no te dejen pasar hacia el parque, es común que los turistas no lleguen al parque por no haber sacado los permisos correspondientes para los grupos o por no haberse registrado de manera individual.
- Recomiendo llevar zapatillas o botas altas y cómodas pues el camino a recorrer es largo y debe pasarse entrando en quebradas, más si es en invierno.
- Repelente para mosquitos, prolifera gran cantidad de insectos.
- Linternas, obviamente no hay luz en el refugio.
- A pesar de que ANAM posee un fourweel para algunos casos, puede ser incómodo para personas de la tercera edad y niños ya que los trechos a caminar son largos.
- En Metetí se encuentran los últimos bancos y cajeros automáticos. Es crucial llevar dinero en efectivo.
- De ser posible, lleve un salvavidas personal ya que normalmente estos no se usan en las piraguas a dispocisión.
- Es recomendable visitar el parque en grupos de más de 8 personas para bajar costos. Ir al parque nacional Darién no es barato en el caso de ir pocas personas, es necesario pagarle al guía por sus servicios, pagar en ANAM, también el transporte Panamá – Metetí – Yaviza. Asimismo pagar por la piragua, o alquilarla, lo cual tiene un precio de 10$ a $15 por día, además de la gasolina de la que es necesario 8 galones, en ciertos casos más. También debe pagársele al conductor de la piragua, en todo caso nuestro guía Isaac Pizarro es buenísimo en la logística de estos viajes, él ha trabajado con grupos de ANCON, AUDUBON, y gran cantidad de bird watchers.
- Llevar sábana o frazada, en ANAM te proveen de colchones, más no de sábanas. Innegablemente debes llevar artículos personales.
- Las piraguas no pueden tomarse luego de las 5 de la tarde, SENAFRONT no lo permite, puede ser peligroso. En ese caso puedes quedarte en algún hostal en Yaviza y salir en la mañana del día siguiente.
- Filtradores de agua o pastillas purificadoras de agua (puritabs).
- Algo con que encender fuego, encendedor. (Todo esto debes llevarlo en bolsitas plásticas por la lluvia).
- Recuerden llevar un botiquín con anti inflamatorios, pastillas para fiebre, vendas, curitas, gasas, alcohol, agua oxigenada para las heridas, pastillas para deshidratación, confites frutales en caso de bajones de azúcar, termómetro. Esto es primordial.
- Cuidado con la basura, ANAM te puede poner una multa ;)
- Cámara con protección.
- Ganas de pasarla excelente.

Ya saben, si necesitan alguna otra información, con gusto les contestaré en info@enlodados.com o http://www.facebook.com/enlodados

Grupo Completo ( fotografía de Raiza Segundo)

Agradezco a mis compañeros de expedición: (de izq. a der.) Carmen Alexander, Anselmo Rodríguez, (mi persona), Lurys Rodríguez, Juan Carlos Correa, Raiza Segundo, Samuel Tovar, Katherine Gómez, Karimeth Perez y Ana Sánchez por todo el apoyo, quórum y entusiasmo. A Edilberto González por toda la información, al representante de Yaviza: Enrique Lloren, por información de itinerario y por supuesto a nuestros guías Isaac Pizarro y Alberto Pizarro.

El Parque Nacional Darién es otra joya más de nuestro país y del mundo; certera y satisfactoriamente, un paraíso exótico y exuberante que debe ser protegido de la manera correcta. Debemos sentirnos privilegiados de poseer una reserva de esta magnitud en nuestro territorio. Basta ya de deforestación de nuestros bosques, reforestar es la palabra, aún nos queda tiempo de vivir en paz con la naturaleza.

El aire puro purifica el alma…

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Un conocido me dijo “te apuesto que no has ido a Sajalices”… Mi respuesta fue: no. Jamás me imaginaría que en un lugar tan cercano podría encontrar un fenómeno natural tan perfecto. La información que él me dio fue básica: “luego de pasar loma Campana, bájate en la primera escuela pública que veas, camina hasta el minisuper Liz y entra por la calle de piedra que viene después de éste; luego de ahí sigue tu sentido de orientación durante 2 horas”.

Hablé con Samuel con un día de anticipación y le expliqué que no sabía hacia donde iba, solo había visto unas fotos y se veía hermoso, él accedió de una vez a la aventura.

Aquel día me levanté temprano y lo esperé en el super extra de Arraiján, de allí tomamos un autobús cualquiera que bajara Loma Campana e hicimos lo indicado. Preguntamos un poco a los lugareños y fueron pocos los que sabían de lo que hablábamos, lo más que nos dijeron fue que nuestro destino estaba muy lejos.

No hizo falta comprar nada pues ésta vez fuimos cargados de comida hecha en casa. Tortillas, chorizos, emparedados, chocolate, gatorate y por supuesto, mucha agua.

Empezamos la caminata por una larga loma empedrada que terminó en una finca privada repleta de vacas.

Al principio el camino fue perfectamente visible, eso sí, tuvimos que pasar unos cuatro potreros y fue necesario quitar las entradas improvisadas de estos para pasar.

Vimos una inmensa roca postrada encima de una más pequeña, parecía como si una grúa la hubiese agarrado para ponerla donde estaba. También pudimos ver aves como el Cacique lomiamarillo (Cacicus cela), muchas Oropéndolas crestadas (Psarocolius decumanus), fue impresionante para mi ver varios Manakin o Saltarín coludo (Chiroxiphia lanceolata), y hasta una Urraca pechinegra (Cyanocorax affinis). Al río llegaron muchas golondrinas.

Lo que si había por millones fueron saltamontes, de todos los colores, tamaños y en todos lados.

Luego de haber caminado aproximadamente una hora nos encontramos con una quebrada de aguas verdes, lajas gigantescas, un espectáculo precioso. Samuel no soportó la presión de tanta belleza y se lanzó al agua.

Seguimos el camino pasando otros potreros, a lo lejos vimos las vacas blancas que nos daban los buenos días. Un señor limpiaba un potrero ( la única persona que vimos en el recorrido) y decidimos preguntarle si íbamos bien, nos dijo que aún faltaba bastante y señalando la montaña dijo que “alláaaa, cuando lleguen a unos tanques de agua, entonces estarán cerca”.

Observando bien el paisaje me di cuenta de que estábamos justo dentro del parque nacional Campana. Cuando se está en el mirador principal de ANAM de P.N. Altos de Campana se ven algunas montañas escarpadas y una línea de pinos, es justo por allí donde nos encontrábamos, el mismo parque solo que del lado de Sajalices.

Al avanzar vimos los tres peñones del parque: Peñón de Sajalices, Peñón del Espavé y Peñón de Campana.

Como mi amigo siempre anda de loco, vio unas palmas repletas de pipas y sin pensarlo más, se subió y bajó un montón de pipas que fueron el refresco del momento. El sol era jadeante, retumbaba en nuestras cabezas.

Nos llevamos dos pipas y en el camino recogimos mangos, eso sí, vimos árboles de aguacate, pipas, naranjas, en total, muchos árboles frutales; ya unos minutos después nos topamos con la toma de agua, dos tanques azules sin gota de agua. Vimos un sendero acorde a unas tuberías de pbc, más adelante las tuberías casi nos aplastaban y luego de eso el camino terminaba, un río estaba a nuestra vista y un barranco empinado del otro lado.

Ya teníamos 2 horas y media caminando, sin contar las paradas y aún no veíamos el chorro; le dije a Samuel que regresáramos por el río para ver si encontrábamos el chorro y luego pensando mejor decidimos que él caminaría sin carga, un poco más. Subió el barranco y mientras yo lo esperaba sola en ese bosque húmedo, cuando de pronto Samuel llegó emocionado diciéndome que lo que había encontrado era fenomenal, que las fotos no mostraban la realidad, que el chorro era más hermoso aún.

Decidimos caminar río arriba y de pronto apareció el espectáculo. Lo único que pude emitir fue un “wow” largísimo, mientras filmaba un video. Samuel nuevamente se lanzó al agua al momento de llegar.

Estuvimos allí largo tiempo, disfrutando de la belleza escénica sacada de alguna película de aventuras irreales, y es que el agua del chorro era verde azulada, el fondo de pequeñas piedras que ni siquiera molestaban en mis pies, el chorro de unos 10 metros de altura y una claridad en el color del agua que podría jurar que se puede beber sin problemas.

Nos tiramos del chorro, nadamos hasta más no poder y pudimos notar que no había peces. Había una liana que parecía estar colocada ahí especialmente para ayudar a subir hasta una piedra superior y lanzarse al chorro.

Luego de mucho tiempo decidimos regresar, ya se nos hacía tarde pero como debíamos pasar nuevamente por el río decidimos irnos mojados, por si nos encontrábamos algún otro riachuelo apetecible en el camino.

Luego del río que tuvimos que pasar, al entrar al primer potrero nos encontramos con una inmensa vaca chocolate en el camino y no se quitaba. Caminamos suavemente y la vaca fue cediendo poco a poco hasta desaparecer de nuestra vista. Como aún andaba en vestido de baño, con la hierba alta me raspaba todas las piernas, pero el acabóse fue más adelante que nos topamos con un comandante toro que era seguido por unas quince vacas, el toro se nos quedó viendo fijamente por largo tiempo, nosotros avanzamos un poco, lo más suave que pudimos, y el toro también avanzó juntos con las vacas. Samuel y yo corrimos lo más que pudimos y en eso me resbalé con una roca y caí. Cuando vi hacia atrás ya las vacas no estaban, solo mugían.

Nos bañamos un rato en el primer manantial encontrado, nos metimos a un chorrito hondo y pequeño hasta cuando se hizo tarde y nos tuvimos que cambiar y emprender caminata, pero felices de haber cumplido tan tremenda misión.

Es importante recalcar que este chorro se encuentra dentro del P.N. Campana, en el camino pudimos observar un puesto de guarda parques abandonado en pleno parque nacional.

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En otra visita tuvimos una invitada, nuestra amiga Karimeth, que se adentra en el mundo del excursionismo y la montaña.

Aquel día no teníamos pensado ir hasta Sajalices, pero por ciertas circunstancias cambiamos los planes y nos fuimos a caminarlo. El día estuvo radiante y Kari dio la talla, llegamos en dos horas exactas al chorro.

El color del agua cambió, ahora era turquesa profundo con matices verdes y amarillos, un espectáculo.

Esta vez subimos por un pequeño trillo hasta la parte de arriba del chorro y encontramos otro chorro, con una poza hermosa, tan honda que no se veía el fondo, pero el agua era turquesa, ¡INCREÍBLE! ¡Ya verán las fotografías!

Esta vez también vimos varios monos tití y hasta una serpiente bejuquilla en el camino, la cual Samuel no pudo agarrar pues el animal se escabulló entre las ramas.

Regresamos a nuestras casas sin mayores inconvenientes :)

Detalles:

-        Si vas en auto, recomiendo dejarlo en el minisuper Liz o en el restaurante de al lado, puedes pedir permiso o pagar algo por el parking.

-       Lleva comida y agua, puedes comprar lo que haga falta en el mini super Liz.

-         Usa zapatillas y pantalón largo. Lleva unos zapatos para el agua o “crocs” para cuando debas caminar por el río.

-       Llegar al chorro no es fácil ya que es mucho tiempo de caminata y hay varios desvíos, razón por la cual Samuel y yo nos demoramos tanto en la primera visita, entre equivocaciones, casi desfallecemos. Si deseas un guía, aquí andamos a la orden.

-         No es bueno visitarlo en invierno, el río se crece y puede ser peligroso.

-         Recuerda: lo que llevas, lo traes. No dejes basura.

Personalmente ha sido uno de los lugares más hermosos que he visitado cerca de la ciudad, tanto así que pensé mucho antes de escribir este post, con algo de egoísmo, pues es difícil compartir algo tan valioso, que no está en ningún otro website de eco turismo. Un lugar sacado de un cuento de hadas que espero no sea explotado, no sea utilizado para lucrar, no sea ensuciado ni maltratado. Confiamos en ustedes :)

M.

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Aquel día no tenía ni la menor idea de lo que se me venía encima. Samuel y yo acordamos encontrarnos en la Terminal de Albrook a eso de las 6am y a las 6.30 ya estábamos ahí comprando algo para desayunar y abordar el primer bus de Gamboa que saliera.

Antes de eso quisimos ir a buscar algo de comer para llevar ya que prácticamente no cargábamos nada, y como no queríamos perder el bus, ya que estos en fin de semana salen de dos en dos horas, pues al pasar por una esquina vimos un señor vendiendo empanadas y de eso nos abastecimos, así como de algo de agua.

Esperamos el bus de Gamboa por más de una hora, en una fila larguísima de gente que rogaba que un bus llegara. Finalmente el bus se llenó, y estuvimos llegando al Camino de Plantación a eso de las 8:30 am.

Escogimos entrar por Plantación y no por el lado de la carretera Forestal (donde está la verdadera entrada del Camino de Cruces), ya que en este último lugar es muy difícil tomar autobús.

Apenas entramos al Camino de Plantación vimos tres monos aulladores (Alouatta palliata) dándonos los buenos días, así como un señor de Anam que nos cobró 1$ por ser estudiantes.

El inicio de la caminata fue fresco, vimos muchas aves y algunos ñeques; hay algunas bancas de cemento en el trayecto, al principio del sendero algunos árboles marcados con su nombre. Cuipo (Cavallinesia platanifolia), Barrigón (Pseudobombax septenatum), Nazareno (Peltogyne purpurea), Guayacán (Tabebuia guayacan), fueron los que más vimos.

Entre las aves que se dejaron ver en todo el recorrido estuvieron: el cuclillo faisán (Dromococcyx phasianellus), escuchamos guacamayas (Ara chloropterus), el Trogón colipizarra (Trogon massena), Tucan pico iris (Ramphastos sulfuratus), Momótides (Momotus momota), Loros coroniamarillos (Amazona orchrocephala), un Plain Xenops (Xenops minutus); al principio del sendero vimos un Trepatroncos chocolate (Xiphorhynchus susurrans), varios Hormigueritos alipunteados (Microrhopias quixensis), Saltador Gorguianteado (Saltador maximus) a lo lejos; vi algo parecido a un Mielero verde. Y por supuesto que muchas tángaras, espigueros, semilleros, entre otras aves.

Bordeamos una quebrada hasta donde terminó el Camino de Plantación, que son aproximadamente 5km hasta llegar a un herbazal alto en donde el bosque desaparece por un rato e inicia nuevamente en la señalización del Camino de Cruces.

El fin de semana anterior a este, Samuel se había ido a caminar este sendero solo y como él tiene muy buen sentido de orientación pues le deposité mi confianza.

Descansamos un rato en donde esta la intersección que separa los dos caminos, comimos “algo” y al rato seguimos, no podíamos demorarnos demasiado en las paradas ya que teníamos exactamente las horas del día para hacer el recorrido ida y vuelta. Observamos un rato el mapa y avanzamos.

Al entrar en el Camino de Cruces ya no hay un sendero marcado, lo que hay es un revoltijo de hojas por todos lados, puestos de cazadores, y un par de letreros que indicaban que íbamos bien.

Aquí el bosque cambia, se vuelve pesado, en momentos te rodea de manera rotunda, te invade la respiración con su olor a árboles putrefactos y ni decir de más adelante, que el bosque se cierra aún más, es una selva y deja de ser sendero para convertirse en paredes altas con solo un metro aproximadamente entre esas paredes para caminar, con el suelo repleto de hojas expenso a que te salga una serpiente en cualquier momento, los monos molestando y enfurecidos nos trataban de tirar sus excrementos y su orine.

Vimos monos aulladores, cariblancos (Cebus capucinus) y escuchamos monos tití (Saguinus geoffroyi). Nos topamos en variadas ocasiones con ñeques (Dasyprocta punctata), gato solo (Nasua narica), chachalacas (Ortalis cinereiceps) y hasta me pareció ver una liebre de monte.

Había árboles de gran tamaño y con amplias raíces, tuvimos la dicha de ver el enigmático árbol de vela (Parmentiera cereifera), llamado así porque sus frutos asemejan a una vela de cera y el cual es difícil de encontrar.

La cantidad de insectos era infinita y estaban por todos lados, recostarse en el suelo significaba salir con quien sabe cuantos aguijones en el cuerpo, me mantuve en movimiento pues no quiero volver a saber de los tórsalos por un buen tiempo.

Llegó un momento en que me sentí agotada, la humedad estaba jugando con mis sentidos y con mi cuerpo, el sudor no se hizo esperar y estuvo presente en mi cuerpo en todo momento. Casi no nos detuvimos pues teníamos pensado llegar antes de las 1pm a Venta de Cruces.

La naturaleza allí se torna iracunda, por tanta flora y fauna, pero creo que en una próxima visita iré con más gente. En momentos veía a Samuel divagar y pensaba que nos podíamos perder, ¡el sendero está nada marcado! Él jugaba conmigo en lapsos invitándome a adivinar por donde era el sendero y en variadas ocasiones me equivoqué. Ya luego, y casi al final logré ver que algunos árboles estaban marcados con cinta naranja para ayudar.

Recuerdo que, siendo niña, escuché en las noticias que algunas personas se perdían en este sendero, incluso recuerdo que todo un grupo de estudiantes se perdió con un profesor de un colegio privado y estuvieron allí una noche entera.

Le preguntaba a Samuel por donde estábamos o cuanto faltaba y él me ignoraba, a pesar de que confío en su sentido de orientación, había momentos en que no veía el camino pues yo iba adelante y él solo me decía si iba bien o mal.

Había pequeñas quebradas o agua empozada, pero nada como para tomar un baño, incluso me atrevo a decir que estaban un poco contaminadas.

Soy algo claustrofóbica, quizás por eso para mi fue asfixiante pasar por ciertas partes en las que las paredes aparecían; recordemos que el Parque Nacional Camino de Cruces fue en la antigüedad un camino de la época de dominación española, Camino Real, que unía los núcleos de población de Panamá y Nombre de Dios, en Colón.

Vamos con algo de historia: Hace mucho tiempo, por allá por el siglo XVI, año 1519, los españoles colonizadores terminaron de construir, luego de mucho tiempo, una ruta o camino que uniera el Mar Caribe con el Océano Pacífico. El camino era sumamente estrecho, hecho de piedras de diferentes tamaños, que aún se encuentran allí, enclavadas en la tierra, dando una firmeza que desafió el tiempo.

Obviamente y como en esa época predominaba la esclavitud, los que primeros en ser mano de obra fueron los indígenas nativos y luego de eso, los españoles introdujeron esclavos negros procedentes de distintos lugares de África, a quienes se les trataba peor que a las mulas, tanto así que empleaban cadenas para mantenerlos unidos durante las horas de trabajo en el Camino de Cruces, donde abundaban los latigazos por cualquier tipo de descuido que éstos tuvieran.

El Camino de Cruces era una vía tan normal como la carretera Interamericana de nuestros días, pero sumamente estrecho, en ese tiempo medía aproximadamente 1 metro y medio con precipicios en partes y curvas peligrosas.

Era utilizado en las dos vías, de Chagres a la Ciudad de Panamá y viceversa. Desde el pueblo de Chagres, se viajaba río arriba en cayucos, remados por fuertes esclavos que poseían la fuerza viril para tales hazañas, no cualquier hombre podía hacerlo, los que lo hacían tenían tremenda contextura física y se dice que los indígenas muchas veces eran asesinados por no poder hacer tales funciones. Los africanos remaban luchando contra la corriente, bajaban en Venta de Cruces, con la mercancía encima y caminaban hasta la ciudad de Panamá, una distancia de 60 millas.

Tuvo una increíble época de prosperidad, al servir como paso para los tesoros provenientes de Sur América, especialmente del Perú y otros países, para llevarlos al Atlántico, y ser trasladados a galeones que se dirigían hacia España.

Mi profesora de historia me pasó un texto en el que un viajero de Massachussets describía “Exteriorizo el sentimiento unánime de los pasajeros, a quienes he oído expresarse y es, diciéndolo con temor a Dios y por el amor del hombre, a unos y a todos, que bajo ninguna circunstancia, vengan por esta ruta. No tengo que decir nada sobre las otras, pero no vengan por esta.” Ya se imaginaran cómo habrá sido el Camino de Cruces en su Época de Oro.

Y claro, los ladrones muy pronto se enteraron del tránsito de oro, plata y joyas preciosas procedentes de distintos lugares colonizados en América y que enviaban a España. Los maleantes se dedicaron a atacar a los viajeros, que trataban de llegar al lado Atlántico. Pero al decaer el poderío español, esta vía fue perdiendo su uso y prácticamente desapareció, por los avances del tiempo, el clima y el poder de la selva, que todo lo invadía.

Desde Las Cruces hacia Panamá, era un día de viaje, por medio de las mulas. Cada una de ellas se alquilaba a razón de $ 15 por día, sin incluir el equipaje. Por los continuos robos de oro y piedras preciosas, llevadas a cabo por los asaltantes, se constituyó una especie de milicia privada, bajo la dirección de un antiguo militar, llamado Ran Runnels, quien integró un cuerpo bien entrenado, que procedía a linchar a cualquier ladrón, sin mayores contemplaciones. Esta forma agresiva de lidiar con los malhechores, terminó con la ola de asaltos a los viajeros.

Imagínense la historia tan grande que tiene este lugar, incluyendo las batallas que allí tienen que haberse dado entre viajeros y malhechores y quien sabe cuantos habrán muerto.

Esas paredes fuertemente construidas aún están intactas, ni los bruscos cambios desde el siglo XVI hasta nuestros días han logrado derribarlas.

Y como todo acaba, cuando se inauguró el Ferrocarril de Panamá, el 28 de enero de 1855, vino el total abandono del Camino de Cruces, cuya memoria todavía está presente, por la gran importancia que tuvo en el desarrollo de Panamá, por más de tres siglos, recordando que el pirata Henry Morgan, empleó esta ruta para cruzar el Istmo y atacar a Panamá.

Samuel y yo seguimos caminando por esa misma selva y yo me desesperaba, necesitaba algo dulce que me diera fuerzas, comida, más agua y debíamos guardar la poca agua que teníamos para tomar algo al llegar y al regresar.

Los pies me empezaban a molestar, el camino es de piedras redondeadas y yo tenía zapatillas converse pues no fui preparada, mala idea, así que recomiendo enormemente llevar buenas zapatillas.

Por lapsos parecía que iba a llover, y sentíamos que se acercaban los aulladores, la selva nos hablaba, las aves estaban por todos lados pero no se dejaban ver a pesar de que teníamos los sentidos agudizados y preparados para cualquier cosa.

Por otro lado estaban los letreros de la Policía Nacional que advertían las fases del camino, ya que ellos utilizan este camino para entrenar. Pudimos leer: “fase2: No van muy lejos los de adelante si los de atrás caminan bien”, “fase3: No se preocupen, algún día llegan” y finalmente “fase4: Los felicito, llegar es la misión”. Le dije a Samuel: “Vaya, parece que estamos haciendo un entrenamiento de la policía nacional.”

A pesar de que una de las metas de Samuel siempre es ver serpientes, no las logramos ver, pero estoy segura de que tuvo que haberlas por algún lado. Imagino que en invierno este camino debe ser un mundo irreal de animales.

Finalmente vimos un letrero que indicaba que solo faltaban 1 kilómetro y medio y me sentí muy feliz pues eso indicaba que estábamos a punto de llegar a Venta de Cruces, a las orillas del Río Chagres, y en minutos, ¡llegamos!

Me tiré al piso y no tenía ganas de comer nada, solo agua. Trate de comerme una empanada pero por mi boca no pasó, estaba fría y mala. Luego de refrescarnos un rato, Samuel y yo movimos un tronco que estaba en la orilla y dejamos la mitad del tronco dentro del agua y la otra mitad fuera y encima de él nos trepamos y refrescamos un rato nuestros cuerpos cansados; no podíamos quedarnos mucho tiempo allí, primero porque en cualquier momento nos podía salir un caimán y segundo porque debíamos caminar 4 horas más para regresar hasta la carretera de Gamboa.

A la delantera veíamos el inmenso Río Chagres que parecía un mar bravío, así como el Hotel Gamboa Rainforest Resort.

El área de venta de Cruces es apta para acampar, claro con mucho cuidado pues me atrevo a decir que es un área en donde seguramente es fácil que pasen muchos animales, por su cercanía al río. Allí también vimos puestos de cazadores, lo que me indignó, pues esto demuestra que Anam no cuida bien este sendero tan importante para la biodiversidad de este parque nacional, que cuenta con más de 4590 hectáreas paralelas a las riveras del Canal de Panamá.

Algo que pudimos notar más que todo por nuestra hambre, fue que en el camino hay muy pocos árboles frutales, incluso quedamos en regresar a sembrar pues nos parece que los árboles frutales en senderos transcurridos son de suma importancia para el visitante.

El valor de este parque es muy amplio ya que es especial es muchos sentidos: históricamente, geográficamente, ambientalmente y sin embargo es uno de los parques nacionales del que menos estudios y conocimientos se tiene a pesar de haber sido declarado en 1992, o sea hace mucho tiempo.

Cabe destacar que la dificultad del sendero es baja, no hay grandes pendientes ni muchas lomas, lo que puede molestar al excursionista es la distancia y la humedad que lo lleva a uno a perder mucho líquido, por lo que es importante llevar reservas. Y sobre todo, repito, no cometan mi error, lleven buenas zapatillas y pantalón largo para luego no tener quejas por los bichos y alimañas como leishmaniasis o tórsalos.

Al caminar de vuelta me sentía más relajada, ya sabía lo que iba a caminar, la distancia, el clima, los peligros, sinceramente saberlo me hace sentir más segura. Decidimos acelerar el paso y tratar de caminar de regreso en 3 horas y media pero fue imposible, a mi me hacía falta comida y agua, con decirles que llegué a tomar agua recogida en las hojas de la lluvia que hacía poco había caído en ciertas partes.

Íbamos en maratón contra todo, desafiando al tiempo tratando de llegar antes de las 6pm a la carretera de Gamboa para poder llegar a nuestras casas, pero en ciertas partes tuvimos que parar a descansar y comernos las empanadas malas, que aunque estaban malas, al fin de todo eran comida.

Al pasar por las quebradas que antes mencioné, me detuve a lavarme la cara y los brazos llenos de picadas de bichos extraños. Los monos cariblancos llegaron nuevamente, esta vez más enfurecidos que antes, hacían sonidos extraños como de un perro cuando está peleando.

Cuando llegamos a la intersección del Camino de Cruces con Sendero de Plantación nos alegramos pues ahora solo faltaban 5 kilómetros más, ya habíamos recorrido 5km. Esto daba un total de casi 25 kilómetros en el día por la selva tropical Húmeda del Parque Nacional Camino de Cruces.

El recorrido por Camino de Plantación hasta la carretera de Gamboa para mi fue efímero, mi única meta era llegar antes de que anocheciera y así fue. Salimos del sendero a las 5.30pm cansados pero felices por tremenda hazaña.

De todos los parques nacionales de Panamá que he recorrido, éste fue en el que vi más animales y eso lo ubica en un lugar muy importante ya que está muy cerca de la ciudad de Panamá, a solo media hora o 45 minutos del centro de la ciudad.

La diversidad de plantas es fenomenal, es un paraíso para cualquier botánico o persona amante de las plantas, así como para aquellas personas interesadas en conocer de cerca lo que han leído en los libros de historia de la República, esa época de colonización que es de suma importancia para nuestra cultura.

Les recomiendo enormemente formar parte alguna vez de una excursión a través del Camino de Cruces, que incluya un bote de vuelta a Gamboa luego de llegar a Venta de Cruces de modo tal que puedan disfrutar del sendero en su totalidad, prestando atención a cada cosa que en la selva se pueden encontrar.

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