ENLODADOS

Aventura Ecológica en Panamá

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Lugar: Parque Nacional Altos de Campana – Saltos de Sajalices

Domingo 19 de mayo de 2013

Costo: 8.00$ por persona Forma de pago: Efectivo.

Incluye: Guía interpretativo, instrucción, botiquín de primeros auxilios.
Punto de Encuentro: Mini Súper Sajalices (ubicado luego de bajar Loma Campana, justo después de pasar la escuela de Sajalices, a orilla de calle mano derecha)

Hora de encuentro: 8:00a.m.
Hora de inicio de caminata: Recomendable 8:30a.m.
Hora de Regreso: 5:30 p.m. (Al mini súper Sajalices)

Descripción de la Actividad:
Caminaremos aproximadamente 1 hora hasta llegar al primer riachuelo y luego avanzaremos 1 hora y media más hasta llegar a la intersección donde seguiremos a un lado del río Sajalices hasta encontrar el Charco Verde. Luego de esparcirnos en este salto, subiremos un barranco hasta llegar a la parte alta del Charco Azul, en donde está otro chorro de gran vistosidad.
Tipo de Terreno en sendero: (2.5) partes fáciles pero algunas partes moderadamente difíciles, que requieran mayor esfuerzo físico. El terreno incluye vegetación seca, rocas grandes, suelo poco resbaloso, etc.

Equipo necesario:
- Ropa adecuada: suéter fresco, pantalón suave o tipo cargo, (no jeans, no shorts).
- Botas de montaña o zapatillas. Bloqueador solar, Ropa de cambio. Gorra. Vestido de baño.
- Mochila liviana.
- Alimentos ligeros para picar como emparedados, snacks, frutas, barras energéticas, chocolate. Al menos 2 botellas de agua o bebidas rehidratantes como Gatorade.
- Cámara (protegidos del agua con bolsas ziploc o similares).
- Ganas de caminar, conocer Panamá y pasarla excelente.

Observaciones: De haber niños, asistan con un adulto responsable.

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Uno de los lugares a los que nunca me canso de ir es sin duda Chiguirí Arriba, no recuerdo ya cuantas veces he ido. Es un corregimiento del distrito de Penonomé en la provincia de Coclé. Se fundó en el año 1940. Entre las elevaciones que más se destacan tiene: Cerro Congal con 992 metros, Cerro Escaliche con 866 metros de altura  y Cerro U 652  metros. Tiene una superficie de 204.1 km2 y una densidad poblacional de 42 habitantes por km2. Su población según censo de 2010 es de 10,018 personas y 1,924 viviendas.

La razón por la que me gusta tanto este lugar es simple, el contacto tan especial que existe allí entre naturaleza y humanos es impresionante. Obviamente tengo mi “secret spot” donde me quedo a pernoctar y puedo asegurarles que la fauna que uno ve en un solo día es increíble; voy a describirles solamente lo que vi en mi última visita de dos días en Chiguirí.

Era carnavales y el hostal estaba abierto, obviamente fuimos a acampar con todo lo necesario. Luego de pasar una tarde tranquila, con un atardecer increíble, a casi un lado del cerro La Vieja (404 msnm), con el sol ocultándose bajo las montañas de Penonomé, hicimos  la cena y nos llenamos de comida.

Esa misma noche escuchamos sonidos extraños provenientes de un árbol de caimito, al acercarnos sigilosos pudimos distinguir en la oscuridad la forma de unos animalitos que se abalanzaban de un árbol a otro, se trataba de una  manada de monos nocturnos (jujuná), toda una familia que iban a cenar caimito justo encima de nuestra carpa; se nos quedaban viendo atentos y con esos ojazos preciosos, por minutos enteros nos vieron asustados mientras comían su caimito y hacían su sonido particular. Y ¿adivinen? De pronto pasó un animalillo tan rápido que no distinguimos si se trataba de un olingo o un cusumbi. La emoción fue tanta que nos quedamos buen rato viendo si volvían a aparecer, y a ver si les tomábamos fotos, que en su momento fue algo prácticamente imposible.

Y bien, nos fuimos a dormir… una rana descansaba sobre una planta del hostal, los bichos hacían sus sonidos de la noche y llenaban el ambiente de una manera fantástica.

A la mañana siguiente nos levantamos con ganas de caminar y fuimos a explorar detrás del hostal. Había un cerrito, primero pasamos una loma bastante inclinada, un alambre de púas, llegamos a un área llena de pinos con vista al cerro La Vieja y no muy lejos, volaban unos gavilanes grises que denotaban estar disfrutando la mañana fresca y llena de rocío.

“El Cholo Guerrillero, Victoriano Lorenzo, durante la Guerra de los Mil días, dejaba de vez en cuando a sus hombres para ir a ver a la Vieja. Éste era el sobrenombre para la querida que vivía por aquellos montes coclesanos adonde el caudillo liberal iba a recobrar fuerzas para volver, luego, a la lucha. Eso, según los habitantes de la región, dio su nombre al Cerro La Vieja o Cerro de La Vieja“.

Las paisanas graznaban y se lanzaban de un árbol al otro. Otras aves llenaban el ambiente con sus cánticos comunes como el motmot, los ruiseñores y los carpinteros.

Bajamos la loma y regresamos a hacer el desayuno, pero lo que nos esperaba frente a la cocina eran unos lindísimos monos tití tan curiosos que no se movieron de ese árbol por buen rato. Pudimos adelantar el desayuno y ellos seguían en el árbol, estos sí se dejaron tomar fotos.

Compartimos el desayuno con “Aye Aye” y “Coronel”, dos canes amigos que siempre están en el lugar, aprovechamos un rato para reposar y decidimos irnos a alguna cascada de las varias que hay cerca de Chiguirí Arriba.

Así que tomamos un bus y nos bajamos en el pueblo, caminamos preguntando donde podíamos encontrar otra cascada que nos fuera Tavidá, que es la común a visitar en este lugar. En el camino nos topamos con un Colarejo o tucancillo “rockero” (Collared aracarí) como les dice Rey.

Encontramos un chorro pequeño y llamativo que a mí en lo personal me transmitió un poco de miedo a pesar de no parecer peligroso; locuras mías.

En el pueblo de Chiguirí Arriba hay escuela, una iglesia católica y alguna otra; hay varios mini supermercados, el transporte público pasa casi cada hora y son unos autobuses – camiones que me recuerdan un poco al arca de Noé.

La carretera está en buenas condiciones para cualquier tipo de auto hasta Chiguirí. Los buses se toman en el mercado de Penonomé, la dirección se encuentra en el post de “Cascada Tavidá”.

Ya de regreso decidimos cambiar de ruta y en vez de ir hacia Penonomé, nos sentamos una hora a esperar un transporte 4×4 que nos llevara al Valle de Antón, saliendo desde Chiguirí Arriba. Mientras esperábamos, pasaron varias Oropéndolas Montezuma. Desistimos y nos subimos en una “chiva” rumbo a Penonomé, pero qué casualidad que la chiva se metió por el mismo camino hacia el Valle de Antón a dar la vuelta por allá y recoger pasajeros, en eso vimos que detrás venía uno de los carros 4×4 que llegan al Valle por esta ruta, que no es nada fácil, la calle es malísima, es decir un camino, piedras sueltas, y mucho polvo por ser verano.

Empezamos a gritar y el carro 4×4 paró y nos subimos en él. Nos tomó aproximadamente una hora llegar al Valle, fue una experiencia magnífica poder pasar por toda esa cordillera, ver desde otro punto el cerro Gaital y las Tres Marías, además de todos esos cerros de Penonomé, como el Congal, Chichibalí o el Turega, una vista esplendorosa desde lo alto.

¿Cuantas veces he dicho que Panamá es hermoso? Hay tanto por ver aún…

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Esta vez fuimos a caminar a Coclé, a un lugar con una biodiversidad enorme, la comunidad de Turega en Pajonal, corregimiento con gran valor histórico porque, a principios del siglo XX, allí se atrincheró el caudillo de Penonomé: Victoriano Lorenzo y desde ahí dirigía sus tropas.

Todo fue en transporte público y no tuvimos ningún problema. En el mercado de Penonomé hay infinidad de rutas que se dirigen a distinto sitios relativamente cercanos a Penonomé. La idea fue ir preguntando en el camino cómo llegar, aunque en este caso ya teníamos una idea establecida de cómo haríamos cada cosa gracias a unos amigos biólogos que hicieron un estudio científico en este lugar y nos dieron luces.

Bajamos del transporte público e iniciamos la caminata de no más de 45 minutos. Con bolsas pesadas, subimos y bajamos pendientes, que junto al sol retumbante nos daban la bienvenida al lugar.

Un caballo subía las lomas agotado, nos miraba con aire desconsolador, estaba cansado, llevaba mucha carga, nos miraba fijamente como gritando que lo dejaran descansar. Aquel caballo iba cargado de insumos traídos desde Sofre hacia Turega. Vale decir que para esta comunidad hay transporte 4×4 disponible, pero es escaso, salen muy de vez en cuando así que es mejor caminar.

A todo esto, el señor que iba a un lado del caballo nos dijo que si tomábamos por el camino principal, nos íbamos a demorar mucho más, siendo nuestro destino el Chorro de Turega. De mucha ayuda nos dijo que debíamos entrar por detrás de una casa y tomar camino abajo, por lo cual eso hicimos y en el camino fuimos preguntando a quien nos topáramos.

Se escuchaban aves revolotear y al fijarnos, se trataba de Cuco Ardilla, que andaban en parvada. A lo lejos escuchamos las clásicas oropéndolas.

Avanzamos y pasamos al lado de un río, que embalsado, formaba una piscina natural preciosa y sobre ella, un puente improvisado hecho de un tronco y cables. Las ganas de quedarnos allí mismo fueron inmensas pero decidimos seguir en la búsqueda del Chorro Turega.

Pasamos bajo puentes colgantes y algunos que denotaban ser nuevos, a lo que luego nos enteraríamos fueron hechos por un Cuerpo de Paz y Manos Amigas. En Turega las condiciones de acceso son bastante precarias, por lo irregular del terreno y los deficientes caminos, sobre todo en los largos meses de lluvias que, además, provocan la subida del caudal de río Sofre (que puede alcanzar varios metros de profundidad), impidiendo su paso a pié (factible en la época seca) y, por lo tanto, la posibilidad que tienen los habitantes de esta región para acceder a la escuela, los centros de mercadeo, el centro de salud, etc., distantes entre una hora y media o dos de camino. Atravesamos uno de los puentes, empezamos a saltar y a ver el río abajo, esplendoroso e incitante.

Finalmente vimos casas rurales, cada una con su respectivo fogón a un lado como cocina. Un hermoso caballo comía apacible, su hojarasca. Los árboles estaban repletos de naranjas pero no nos atrevimos a tomar de ellas pues se encontraban dentro de fincas ajenas.

Entre las actividades económicas de esta comunidad se encuentran la agricultura de subsistencia, así como la producción de horticultura y tubérculos; una gran producción de ellas se vende en el mercado público de Penonomé. También en estas regiones hay producción de cítricos.

 A cada paso veíamos el cerro Turega más cerca. El mismo tiene 1185 msnm y desde abajo sobresalen unas formaciones rocosas a su derecha; según nos cuentan fue catalogado como Reserva Hídrica en el año 2005 y por él pasan el río Sofrón, el Sofrito y algunas quebradas. Posee un bosque nuboso donde se encuentran especies endémicas y gran cantidad de briofitas, orquídeas, helechos y bromelias.

Llegamos a una capilla color blanco en una pequeña colina, con el cerro Turega en su parte trasera; al lado de una “chiva” parqueaban los hombres del pueblo, que contentos nos dieron la mano y bienvenida a su poblado. Preguntamos en donde estaba el chorro para tomarle un par de fotos y pudimos notar que estaba repleto de gente que celebraban los carnavales, demasiado “felices” como para quedarnos ahí, así que prácticamente tomamos las fotografías y nos fuimos de regreso a buscar un sitio donde acampar.

Ya teníamos en mente donde nos íbamos a quedar, ese lado del río de imagen Impresionista, con el puente colgante y la hierba baja, en donde la claridad del agua era tanta que hacía que desde lo alto se vieran las sardinas abajo.

Y hablando de puente, que lío fue para mí cruzarle. Me dio miedo caerme con toda la carga que llevaba. El puente básicamente es un tronco angosto y para apoyarse solo tiene unos cables. A pesar de que la imagen del mismo es hermosa, pues llena de misticismo el sitio casi dándole un toque mágico, pero no quiero ni imaginar qué sucede cuando el nivel del río sube en época de lluvias y los pobladores se ven obligados a pasar por allí, sobre todos los niños al dirigirse a la escuela.

Y fue así como el Sr. Matias, propietario de ese lote, quien fuese el que tuvo la iniciativa de hacer aquel puente para ayudar a la comunidad; nos recibió con los brazos abiertos en su espacio en esta tierra. No habíamos llegado aun cuando ya el señor traía un saco con guineos y mandarinas para refrescarnos el día. De inmediato nos habló de la necesidad del puente para la comunidad y contó cómo junto con algunos ayudantes habían traído ese tronco, pesado y lo habían puesto sobre el río.

Adoptamos una parte del patio en donde alzamos la casa de camping y nos preparamos para meternos al río. Teníamos la quebrada del puente y otra del lado trasero de nuestra carpa. Realmente estábamos sobre un lote redondo al que el río le daba la vuelta creando una especie de isla, sobre la cual está la casa del Sr. Matias, con una cancha enorme y un patio repleto de flores, en especial orquídeas ubicadas estratégicamente sobre los árboles.

Disfrutamos de la tarde mientras bajaba el sol y al salir del río nos pusimos a cocinar, en menos de 5 minutos Rey tenía listo el fuego de la fogata para hacer la clásica pasta que sería la cena de la noche. Ya íbamos a empezar a comer cuando nos tocaron la puerta imaginaria de la carpa, eran el Sr. Matias y su nieta que amables, nos traían un plato de comida con arroz, lenteja, torrejitas de maíz y pollo, además de tajadas; todo un buffet que disfrutamos bajo una noche estrellada y limpia de contaminación, repleta del canto de las ranas que rodeaban nuestra carpa.

A la mañana siguiente pensábamos irnos temprano, pero nuevamente entablamos conversación con Matias, y vaya conversa tan buena que al mediodía aún estábamos en Turega.

Nos enteramos de sitios fenomenales, casi secretos, que debemos visitar y de tantas historias. La mañana la llenaron las paisanas (chachalacas) con su canto, que venían revoloteando en busca de caimito. Nos dieron sancocho, que estaba delicioso, y Matías me dijo el nombre común de cada ave del libro que llevé, que él reconocía y había visto en Turega, ciertamente fue muy divertido.

Nos encaminamos a seguir la aventura, bien contentos de haber conocido tan preciado lugar y gente tan amable.

Lugares como este hay incontables en Panamá, lo único que hace falta es caminar, entusiasmarse. Tener siempre presente el sentido del respeto, razonemos que cada espacio puede ser nuestro jardín, por lo tanto como tal, lo debemos cuidar, considerando que la tierra es nuestro hogar.

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Sin duda, cada vez los trips son más divertidos. Esta vez pudimos disfrutar de la Naturaleza y sus maravillas; nos pusimos como meta llegar al Salto de los Monos y todos logramos nuestro cometido. Un grupo demasiado aventurero, con un alma trepidante y siempre en avanzada, con el ánimo y el corazón a mil por todas las ganas de disfrutar de los espectáculos naturales que nos ofrece la tierra.

Esperemos que este no sea el último trip en el que nos acompañen, saludos a todos esos aventureros Enlodados, que no repararon en meter pies y brazos en el lodo, rozarse con los árboles y rasparse con las rocas, con tal de conocer este país, que HERMOSO, nos da regalos a los sentidos.

 

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Uno de los científicos panameños que ha dado más aportes al estudio de la biodiversidad del país, fue sin duda Eustorgio Méndez. Él llevó a cabo esta colección, que al día de hoy, es una de las más completas de Centroamérica, resguarda 6 mil 500 especímenes vertebrados y más de 30 mil invertebrados, sin contar los artrópodos de este último grupo como los crustáceos y los arácnidos.

La Colección Zoológica Eustorgio Méndez (CoZEM), se fundó en 1957 por iniciativa del Dr. Eustorgio Méndez, debido a la necesidad de conservar en buen estado los especímenes recaudados durante las colectas de campo y proyectos de investigaciones realizadas en esa época, con la visión de que los mismos sirvieran como referencia a otros proyectos de investigación en temas de salud. El Dr. Méndez fue apoyado por el Sr. Miguel Morales, quien por más de 50 años ha sido curador en la colección.

Eustorgio Méndez, entomólogo y zoólogo panameño, fue quien se encargó de organizar la colección y trabajar por ella durante muchos años. Por eso, en reconocimiento a su labor, la colección lleva su nombre.

Dicha colección inició con las investigaciones de ecología médica a principios del siglo XX, cuando científicos estadounidenses y panameños empezaron a estudiar las enfermedades tropicales.

En nuestra visita, nuestro amigo zoólogo, Angel Sosa, nos estuvo dando detalles de la exposición y su importancia como centro de investigación para científicos panameños y extranjeros. Pudimos notar colecciones de animales vertebrados e invertebrados tanto especies nativas como de otros países.

Hoy en día, esta colección es una de las más recurridas por investigadores de la fauna panameña. Supimos de buena mano que gracias a la colecta de especies nativas de roedores y a su estudio previo, fue posible una rápida investigación de enfermedades recurrentes en Panamá como el hanta virus; de no haber existido la colección, se habrían tardado mucho más tiempo investigando para encontrar una solución al problema.

Las muestras se guardan en frascos especiales para la conservación del material. Vimos muestras de muchas especies de aves, así como mamíferos, reptiles e insectos de colores increíbles, ordenados de una manera muy juiciosa. Fue curioso poder apreciar especies endémicas, y especies conservadas de animales como el cangrejo herradura o la serpiente marina, en formol, así como anfibios o reptiles que solo han sido colectados una vez y no vueltos a ver en el istmo. Fue interesante apreciar en tamaño real muchos de esos animales por los que sentimos curiosidad pero que son realmente difíciles de ver, como lo es el gato balsa o “tapacara”.

Cabe destacar que el tamaño del lugar es reducido, la colección estuvo hasta el año 1995 en el Instituto Conmemorativo Gorgas, en la Avenida Justo Arosemena. En 1996 fue trasladada a un edificio en Ancón. Allí permaneció abandonada durante dos años. En 1999 fue llevada al edificio 235 en Ancón y ahora se encuentra en el Parque Natural Metropolitano, ubicado en Avenida Juan Pablo II.

Una colección con un amplio contenido científico, una visita muy placentera. Gracias a Angel por la invitación y por su paciencia para compartir muchos de sus conocimientos.

No duden en hacer su visita, están abiertos de lunes a viernes de 9am a 3pm. Recomendamos ir en grupos de no más de 5 personas.

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Sí. Sé que hace rato no escribo, y por primer vez hago esto un poco personal. Pero no se preocupen, Enlodados siempre está presente, lo que sucede es que a veces, el tiempo y las vicisitudes de la vida hacen que por un instante, todo se vuelque a un solo lado y dejemos lo demás por un rato en “stand by”. Pero Enlodados no, nunca. Jamás.

Una de las personas que me enseñó el valor de cuidar una planta, de dedicarle tiempo y esfuerzo, fue mi tío Miguel que se levantaba tempranísimo a regar sus árboles y plantas, me parece estarlo viendo, cojeando y jalando su manguera para darle amor a cada árbol. Él era una persona de esas de corazón duro, pero si vieran el amor con que hablaba de sus flores y sus árboles..  y la persona por la cual gracias a ella mi forma de vida y la de mi familia siempre ha sido al natural, fue mi abuela Rosario; los dos murieron este año que acaba de pasar. Me tomé el atrevimiento de suspender por un rato, una forma de luto, quizás.

Pero dejar de caminar, Jamás. No, esto para mí no es un pasatiempo: “entretenimiento o juego para pasar el rato”; NO. 

Enlodados es una pasión, es un espíritu calmado y en paz que llevo dentro, que desde hace ya bastante tiempo ha cambiado mi pensamiento total, una forma de vida que me ha enseñado a vivir de acuerdo al tiempo, con paciencia y dedicación. No es una carrera, es un sentir en cada movimiento, lugar, espacio, sendero, camino a recorrer. Es respeto.

El primer cerro que subí fue con mi madre, Cerro Cabra de Arraiján, tenía apenas unos 7 años, y tengo pedazos de recuerdos claramente. Por algún tiempo fui una joven más, de fiestas y algarabía, pero por dentro siempre estuvo la pasión por cada espacio natural, un instante mágico, un sentimiento espiritual inentendible y renací. La Naturaleza es un espíritu que puede volcarte a ser una unidad espiritual, sin necesidad de mucho.

Me doy una pausa, para dar gracias a todas las personas que se han interesado en este proyecto, a los amigos, a los fans del site, a los fans de Panamá, a los que no dudan en decidirse un día y empezar a caminar. Recuerden, esto no se trata de coleccionar lugares, se trata de saber lo que poseemos para hacer crecer un sentimiento de orgullo, esas ganas inmensas de dar a conocer un Panamá que sin duda es hermoso, pero sobre todo, sin duda alguna, la inmensa labor de conciencia, de cuidar nuestro entorno Natural. Como siempre: CONOCE, VALORA Y CUIDA tu entorno natural.

 M.

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¿Quien no quiere ir a Guna Yala? Toda mi vida había querido ir, pero mi mente estaba cuidándose de no hacerse demasiadas ideas, no me gusta hacerme una imagen exagerada de un lugar y que luego no llene las expectativas, pero déjenme decirles que este lugar me dejó boquiabierta, el mismo paraíso en pequeñas islas, en un solo archipiélago, “el Archipiélago de las Mulatas”.

Todo estaba preparado para quedarnos tres días en la comarca, así que nuestro trip inició a bordo de un transporte especializado para viajar a este lugar, y ya que las condiciones de la carretera no son las mejores, abordamos un auto 4×4 con un excelente chofer.

En Panamá existen 3 comarcas establecidas que son habitadas por indígenas, Guna Yala es una delgada porción de tierra cuyo principal atractivo son las 365 islas que componen el archipiélago (49 habitadas), Kuna Yala en lengua guna significa “Tierra Guna” o “Montaña Guna”. El área fue formalmente conocida como San Blas, más adelante, en el 1998 como Kuna Yala, pero se cambió en octubre de 2011 cuando el Gobierno de Panamá reconoció la afirmación del pueblo Guna que en su lengua materna no era equivalente a la letra “K” y que el nombre oficial debería ser “Guna Yala”.

En este artículo quiero dar a conocer algunas generalidades de la comarca, pero subdividiré las islas que visitamos, que fueron unas cuantas, de las 365 existentes.

El auto entró por la carretera Llano – Cartí que está ubicada en Chepo. Emocionada trataba de no perderme ni un solo instante, a pesar de que nuestro destino era playa, debíamos pasar por la Reserva Natural Nusagandi, un lugar lleno de vida que también pertenece a la comarca. El auto se detuvo justo en el límite de Nusagandi en donde se paga una cuota por entrar a la comarca y al área protegida, debimos esperar un rato mientras que las autoridades llegaban y se formó una fila de autos, todos con el mismo destino.

Estábamos verdaderamente mareados a causa de las curvas de la carretera, que no es por exagerar, pero son muchas y bastante peligrosas. El conductor debe ser muy responsable en este trip.

Al cabo de aproximadamente 2 horas desde Chepo, llegamos al puerto en donde abordaríamos nuestra lancha que nos llevara a nuestro primer destino: Gardi Sugdub. En el puerto se hizo el pago por entrar en la comarca y su registro, con nombre y cédula de identificación personal/ pasaporte.

Muy emocionada, subí a la lancha feliz de ya estar ahí en donde estaba segura, pasaría días fenomenales. Este es un lugar en el que no vas a poder evitar que tus labios evoquen una sonrisa o alguna palabra de admiración.

En la costa, había muchos yates y nuestro bote se dirigió justo a uno de ellos en donde dejaron a unos extranjeros. Luego llegamos a la isla “Gardi Sugdub”, que al parecer es una de las más habitadas. Allí bajamos y dimos un breve recorrido con nuestro amigo y guía Juan, quien es un excelente guía guna y conoce su comarca muy bien. En Gardi Sugdub caminamos por sus veredas, en las cuales resultamos un poco confundidos, solo Juan se daba cuenta cuando estábamos en un patio ajeno, la libertad aquí en increíble. Vimos una escuela, de nombre Sayla Olonibiginya; en una de las paredes había una linda pintura con una frase en español que llamó mucho nuestra atención “Un indio sin tierra es indio muerto”. Buscamos hasta el cansancio un lugar donde comprar hielo, pero casi no encontramos. En esta isla hay algunas edificaciones que funcionan como hotel y hacen tours a otras islas más naturales, además de que hay servicio de radio-comunicación, biblioteca, dos muelles, tiendas y panaderías. En muchas de las casas, que son hechas con caña brava, vimos mujeres gunas cosiendo molas: una de las expresiones más auténticas del arte indígena panameño, y una de las más cotizadas en el extranjero. En otra de las casas advertimos un letrero que llamó mucho nuestra atención, decía: “Botánico, cáncer, hernia y fibroma”.

En un edificio abandonado resaltaba otra frase “86 años de la revolución kuna, febrero 25, 1925. Kuna Revolution. El pueblo que pierde su tradición pierde su alma” esto en referencia de su historia que en esa fecha, hace ya 87 años se dio la La Revolución Guna, en la que los indígenas gunas se defendieron ante las autoridades panameñas, que obligaban a los indígenas a occidentalizar su cultura a la fuerza. En esta revolución se proclamó la República de Tule, de corta existencia. Cuando se unificó nuevamente con Panamá, los gunas con el aval del gobierno panameño, se creó un territorio autónomo llamado comarca indígena de Kuna Yala, y que garantizaba la seguridad de la población y cultura Guna.

Pasamos al lado del museo de la isla y fuimos invitados a entrar por un costo de 3$ cada uno. En menos de media hora pudimos comprender gran parte de su cultura, quedamos fascinados con cada cosa: objetos, instrumentos, figuras, y lo mejor es que todo fue explicado de una manera súper interesante, la única regla del museo es no tomar fotos.

Aprendimos algo que resultó fenomenal: para los gunas, la tierra es la madre de todas las cosas; ella es la guardiana de todo lo que existe, y representa el espíritu, la fuerza y el vigor de su cultura, así como el balance. Es ésta la razón por la que es tan importante para ellos cuidar su medio ambiente y no abusar de él y es por ello que siempre han luchado por mantener su autonomía. Solo así han podido preservar su cultura y la diversidad biológica de la región, a pesar del auge del turismo. La gente es especialmente orgullosa de su historia y de sus costumbres; tienen leyes y reglas especiales que todo visitante debe respetar.

El mar de ésta región del país es de un verde esmeralda brillante y transparente, ¡les juro que no estoy exagerando! Islas de todas las formas y tamaños, algunas con abundante vegetación, donde predominan las palmeras. Alrededor de cada isla, un cinturón de arena blanca o de arcilloso claro con una pequeña corona de espuma blanca de las olas. Cada vista es fascinante, primitiva, misteriosa. Aquí es otro mundo.

Nuevamente en la lancha, nos dirigimos a una isla de nombre Isla Anzuelo: Assuerdub, en donde subió un joven. De ahí en adelante, pasamos por gran parte del archipiélago, pedazos en donde solo habían yates por montón, anclados al lado de islas que parecían solo manglar. Guna Yala se extiende desde el Golfo de Mandinga, donde está su cabecera El Porvenir (Gaigirgordup), cerca del límite con la provincia de Colón hasta la frontera con Colombia. Su litoral está bordeado por islas con y sin nombre, entre cayos (islas más pequeñas), islotes, todo esto conocido como Archipiélago de San Blas o de Las Mulatas. La comarca se extiende unas 200 millas a lo largo de la costa panameña en el Mar Caribe.

Nosotros nos acercamos a una isla, en donde había un barco hundido y ésta sería la nuestra, la isla en la que viviríamos por dos noches: Isla Perro o Assudub. Simple y sencillamente, no lo podía creer. De inmediato pude decir “esta es la playa más hermosa que he visto en mi vida” y les aseguro que conozco bastantes playas lindas.

Éramos los únicos visitantes, apenas era día viernes y los únicos además de nosotros eran los cuidadores de la isla. Procedimos al proceso de pago, que fue de 7$ por noche por persona por acampar, así que cada uno pagó 14$. Las cabañas cuestan 15$ la noche. Ese precio me pareció excelente pues incluye el uso del baño, uso de la playa, es decir…el uso de toda la isla. Cabe decir que cada isla tiene sus reglas y el uso de la playa en ellas no es gratis, incluso hay que pagar por algunas áreas de snorkel o buceo; en Isla Perro todo está incluido en el precio y es una verdadera maravilla.

Armamos las tiendas de acampar, el día estaba precioso y con una tranquilidad fenomenal, lo único que rompe el esquema del sonido en este lugar son los talingos, aves bulleras y comelonas de las que tienes que cuidar muy bien tu merienda. Oh, en ésta isla debes llevar tu comida pues solo venden bebidas, pero muy cómodamente puedes traer tu barbacoa y cocinar. De igual forma existe la opción de alquilar una estufa y gas. Los chicos planearon este viaje tan bien que la comida sobró y luego de hacer nuestra primera comida del día, nos fuimos a dar un chapuzón a la playa.

LA PLAYA, tan quieta que puedes meter una silla y quedarte ahí toda una tarde sin moverte del mismo sitio. Tan transparente que el uso del snorkel es más para no irritarte los ojos, los peces los puedes ver sin meter la cabeza al agua; y el Barco Hundido… ¡huh! ¡El barco hundido! 

Frente a ésta, se encuentra Isla Diablo: Niadub, que al perecer no recibe tantos visitantes como Isla Perro, pero a la vista resulta igual de hermosa. Al caer la tarde llegaron algunas familias, ciertas personas solo vienen y se van antes del anochecer.

Le dimos la vuelta a la isla, desde la orilla vimos arrecifes coralinos repletos de peces, un barco inmenso, anclado, compraba langostas a los nativos mientras sus tripulantes bajaban en botes a bañarse a la playa. Una familia remaba en su kayac; los pelícanos pescaban y descansaban sobre el mar, metiendo su cabeza bajo el agua por instantes y modelando para nuestras fotografías; a lo lejos viajaban tres veleros, que me transportaron a los tiempos de Cristobal Colón: La Niña, La Pinta y la Santa María, y es que éste archipiélago fue visitado por el mismo Colón en su cuarto viaje, quien le dio el nombre de Archipiélago de las Barbas, y que luego cambió por Islas Sambellas, pero con el transcurrir del tiempo fueron conocidas como las Mulatas, Archipiélago de La Sonda y también Islas Pabiras.

 Casi escondiéndose el sol y nosotros haciendo la cena. Nos sentamos a tomar un buen vino mientras la luna llena decía presente y alumbraba toda la isla. Nos sentamos en un tronco cerca de la playa y mientras nos mojábamos los pies, la luna emitía destellos de luz que casi nos tocaba, las olas estaban furiosas y nos mostraron su fuerza nocturna. Luego me acosté en el colchón inflable y ni cuenta me di cuando era media noche y estaba fuera de la carpa, dormida profundamente bajo las palmas, hechizada en una comodidad placentera.

A la mañana siguiente hicimos hojaldres y mucho café, nuestro desayuno fue exquisito. Era muy temprano y los nativos ya andaban por la costa pescando con pequeñas redes, esto constituye gran parte de su economía. Preparamos todo para irnos de tour a algunas islas cercanas, no sin antes meternos a la playa y practicar con el snorkel. Después del mediodía llegó nuestro bote y junto a otra familia, fuimos a conocer otros lugares. Pasamos por lugares como la “Isla Corazón” que solo tiene 1 palmera; a lo lejos vimos Isla Pelícano, pequeña y acogedora. El bote se detuvo sobre “La Piscina Natural”, un lugar en mar abierto en donde el agua nos llegaba en parte a la cintura, repleta de estrellas de mar, las había en toda la extensión y de todos los tamaños, debimos tener mucho cuidado para no pisarlas.

Fuimos a otra Isla, cuyo nombre es Perro Grande: Assudumaddub, en la que había bastante gente. Nos metimos en la playa y de inmediato nos dijeron que teníamos que pagar por su uso, así que nos subimos al bote y fuimos todos de regreso a Isla Perro en donde finalmente nadé hasta el Barco Hundido e hice snorkel junto a desconocidos, que con miedo no se atrevían a nadar de regreso a la playa; alguna chica había pisado mal y se había herido con el hierro del barco. Mi emoción solitaria era tremenda, el área del barco es bastante profunda, al sumergirme a lo largo del barco pude ver tantos peces como nunca en mi vida. Los había en diversos tamaños, colores y formas. Me paré sobre el barco y a mi lado pasaron docenas de peces voladores; un pez me piñizcó un dedo y luego de un rato decidí ir de regreso a la playa, una experiencia inolvidable.

Con snorkel, los juegos acrobáticos y el nado sincronizado de Juan y Anselmo, fue como transcurrió la tarde; pero en una de las tantas zambullidas cerca del arrecife frontal de la playa me emocioné demasiado a ver un pez grisáceo y alargado, de gran tamaño y quieto en el fondo del arrecife, me miraba tranquilo, le di hasta vueltas encima para observarlo mejor. En mi ignorancia, no me di cuenta de que era una barracuda que pescaba su cena. Estos peces son famosos por ser agresivos y por las innumerables veces que han atacado a humanos, dejándoles graves heridas.

Esa noche nos llovió y uno de mis compañeros tuvo que salir a mitad de la noche en busca de una cabaña, pues su carpa prácticamente fue devastada por el viento. Estábamos tan dormidos que no lo escuchamos y ¡él no entró a jalarnos los pies!

Nuestro último día en el paraíso lo pasamos en la playa, a la que llegaron nativos a vender langostas por precios muy módicos, era domingo y la playa estaba hasta el tope de gente, en su mayoría extranjeros.

Recogimos nuestras pertenencias y esperamos nuestro bote que nos llevaría de regreso, pero como aún era algo temprano nos llevaron a otra isla, ¡otra hermosa isla! ¡Isla Aguja: Iggodup! Esta isla digamos que es un poco más comercial, en ella hay restaurante y más cabañas pero es igual de hermosa, desde su playa se puede ver toda la Serranía de San Blas. Aquí el alojamiento incluye desayuno, almuerzo y cena; de esa misma manera al acampar por un menor precio pero con las comidas incluidas. Aprovechamos y almorzamos, luego de reposar un rato nos tiramos al mar desde el muelle una y otra vez. Todo esto gracias al joven Davis que es uno de los que dirige el turismo de ésta isla y otras.

Tristes, abordamos el bote para ir de regreso al muelle en el que tomaríamos el transporte de regreso a la capital. En 3 horas ya estábamos en la ciudad capital y de ahí cada uno para su casa con un sentimiento tan grande por haber conocido esta comarca, sin quejas, sin agotamiento. Todo reducido a unas ganas inmensas de regresar y quedarnos por más tiempo, además de mucho interés por conocer otras áreas de la comarca.

Algunas recomendaciones:

-       4×4 sin duda, no pasan autos sedán pues las lomas, curvas y el estado de la carretera lo requiere así.

-       Mientras más gente vaya, el precio se reduce. Mientras menos gente va, el precio sube. Es un paraíso pero todo esto tiene su precio: se debe pagar por el transporte o gasolina en el caso de tener auto, entrada a la comarca, entrada a la reserva natural, pagar por la entrada del transporte, lancha (que es lo más elevado a pagar), estadía en la isla de su escogencia, alimentación. Para todo esto, pueden escribirme a info@enlodados.com

-       Los Gunas cuidan mucho su entorno por lo tanto es necesario seguir sus reglas, que son muy estrictas. Valoremos este paraíso natural y dejémoslo limpio. Tal y como lo encuentras o mejor.

-       No olvides llevarte un souvenir: una mola, una pulsera, un collar. Recuerda que así contribuyes al turismo sostenible de éste lugar y a su continuidad.

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Navegando un día por internet me encontré con una cabaña que alquilaban en Chicá, cerca del P.N. Campana, pequeñita y bonita; en el post habían varias fotos de la cabaña pero también habían fotos de unas cascadas que en mi vida, jamás había visto.

Me propuse contactar al dueño de la cabaña, ya sea para alquilarla y por supuesto, también preguntarle cómo llegar a esas cascadas. Al mostrarle las fotos a mis compañeros, quedaron asombrados y no faltó uno que dijo “eso no es en Panamá”. Realmente, nunca habíamos visto ese lugar y no sabíamos de su existencia, estando tan cerca de la ciudad de Panamá.

Así que contacté a Ángel, quien muy amablemente me comentó que éstas cascadas están muy cerca de los terrenos de su familia, casi que dentro y que muy poca gente sabe de su existencia, en efecto, de paso me invitó a conocerlas, así que le pusimos fecha de cumpleaños al acontecimiento, su única advertencia fue “hay que caminar bastante”.

El día fue un domingo bien temprano, nos preparamos para ir en la búsqueda del chorro. Esta vez me acompañaron Juan, Carlos y Anselmo.

Cerca del pueblo nos encontramos con Ángel, al que seguimos hasta su casa, en donde dejamos el auto y él fue a preparar su caballo. La idea sería él en el caballo y nosotros a pie. Mientras esperábamos bajo la sombra de un árbol, un jovencito nos saludó y dijo que sería nuestro guía, que Ángel nos alcanzaba más adelante.

Así iniciamos la caminata, que empezó en bajadas resbalosas pero seguras. Un terreno fácil que a medida que avanzábamos se fue convirtiendo en lodo y el olor a materia putrefacta invadía nuestras narices. Pasamos algunos riachuelos y seguimos el camino que incluía pequeñas pendientes seguida de bajadas interminables lo cual nos puso a pensar en el regreso y la subida de esas lomas empinadas.

Por momentos pasábamos al lado de las vacas en sus potreros, se nos quedaban mirando tan curiosas, las habían jersey, cebú y angus. El lodo se incrementó y las vistas del paisaje se hicieron intensas. Nos detuvimos a tomar fotos de los cerros Buena Vista y El cerro Picacho, cuando en el camino apareció Ángel a galope de un lindo caballo. Nos invitó a regresar a una cabaña no muy lejana en donde la vista era mucho más impresionante.

Subimos otra loma y llegamos a la hermosa cabaña de nombre “Hacienda Don Emilio”, hecha en su totalidad de madera y en efecto, sobre una colina en donde la vista de los alrededores es fenomenal. Vimos varios de los cerros más representativos de Chame, como los ya mencionados, además del peñón de Buena Vista de Chame, cerro Los Monos, la Hacienda Loma Linda, dedicada al cultivo de orquídeas y con el larga vista vimos nuestro destino, el chorro “Saca Lágrimas”.

Al seguir el camino, nuevamente tuvimos que lidiar con el lodo casi movedizo porque sin cuidado nos podía llegar al tobillo. Al salir de esta loma, llegamos a una planicie rodeada de arbustos y árboles a los lados, como quien dice: el mismo monte. Salimos a un potrero que atravesamos hasta llegar a un árbol de mango. De ahí en adelante el camino se tornó más difícil, la hierba estaba muy alta y cortante. Ángel me ofreció su caballo y así continuamos por otro tramo, pasando al lado de las vacas que nos miraban con miedo. De entre los matorrales habían unos con espinas que con descuido, te podía destruir las manos; un árbol barrigón dominaba el paisaje y ya no tan lejos, con varios chorros que caían en picada, y escondido entre una pared de roca, el Saca Lágrimas.

Ángel, el caballo y yo nos adelantamos mientras mis compañeros luchaban entre los matorrales. Al llegar a un bajo, dejamos el caballo suelto y seguimos a pie pues el camino se tornaba demasiado quebrado y ahora deberíamos buscar la manera de llegar al chorro. Cuando los muchachos nos alcanzaron, vimos que estaban cortados en piernas y brazos por la maleza.

Anselmo se había quedado atrás fotografiando una víbora X que ninguno vio al pasar por ahí. El camino se cerró por la hierba alta y los árboles putrefactos sobre el suelo, la humedad estaba intensa pero en frente estaba el chorro, ya estábamos ahí, solo faltaba saltar unas rocas y disfrutar.

Sonreímos felices por haber llegado, y descansamos un rato antes de meternos al agua. Pudimos notar que grandes rocas se encuentran suspendidas sobre otras, como si hace mucho tiempo hubiese ocurrido un terremoto  o derrumbe que las hubiese puesto de esa manera. Me atrevo a decir que mide más de 40 metros de altura, hasta donde la vista alcanza, porque al verlo de lejos se nota que arriba de estas cascadas hay otras.

Según nos contaron, le pusieron “el Saca Lágrimas” ya que la gente acostumbraba buscar camarones en el río, pero en la parte alta de la cascada era donde más camarones habían y en la oscuridad de la noche, se hacía muy difícil subirla. Por supuesto que también por la dificultad para llegar al lugar caminando y aparte de eso por la forma de las caídas de agua.

Líneas de agua caían desde lo más alto formando pequeños pozos, el verde combinaba y las rocas gigantescas, me hicieron pensar en cuantas maravillas más como esta habrán. Nos cuentan que el caudal estaba bajo y que más entrado el invierno, la fuerza de la cascada se vuelve impenetrable y encantadora desde lo lejos.

Aprovechamos y nos dimos un baño en cada caída de agua, había una para cada uno. Las aguas cristalinas se partían y refractaban los rayos del sol. Un perrito cazador nos acompañó toda la distancia y no paraba de ladrar sin razón aparente.

Ramsés, que nos había guiado desde un principio nos contó que éste era su lugar secreto,  nos dimos cuenta de su agilidad caminando sobre las rocas, como si tuviese ventosas, saltaba de una a otra. Nos dijo que río abajo habían unos buenos charcos, más grandes que estos para darnos un buen chapuzón y accedimos a caminar en busca de ellos.

Así fuimos por la ribera del río y en efecto nos fuimos encontrando con varios charcos y caídas de agua, por momentos preferimos arrastrarnos antes que caernos, las rocas resbalosas pueden causar un accidente fatal.

En una de las bajadas, uno de los compañeros prefirió tirar sus zapatillas barranco arriba para usar mejor sus manos, pero la zapatilla se fue río abajo en un remolino de agua y más nunca apareció. La buscaron pero fue en vano, el río se tragó la zapatilla.

Las inmensas rocas seguían despertándome dudas de cómo llegaron hasta ahí. Colosales, formaban escalones naturales que por momentos nos ayudaban a bajar. De pronto nos topamos con un chorro bastante alto, también de cascada escalonada y con unas lajas en el charco que semejaban placas de cemento y no más de 20 metros más adelante la Naturaleza nos calló la boca, una caída de agua inmensa detenía nuestra caminata por el río, El Salto del Duende,  que según he escuchado pertenece a Buena Vista de Chame, y de quien sabe cuantos metros, pero muy alta, indicaba que hasta aquí llegábamos.

Nos acercamos al precipicio que me dio escalofríos, vértigo; un mal paso y nos íbamos abajo sin vuelta atrás. Ramsés ya iba bajando sosteniéndose de rocas, bejucos y ramas. Más tarde bajaron Ángel y Carlos, pero solo lograron llegar hasta un lado del chorro, más no bajar al charco, ya que eso incluía mojar todo y al menos Carlos llevaba equipo fotográfico. El perro al ver que sus dueños estaban abajo, casi se tira por el precipicio para alcanzarlos pero Anselmo lo detuvo, yo aproveché ese tiempo y me sumergí en las aguas del chorro escalonado sin nombre. Queda pendiente visitar el Salto del Duende desde el camino de Buena Vista de Chame.

El regreso fue hasta cómico. Subimos por un camino que al parecer hace mucho tiempo no usaban, así que estaba muy cerrado y a 45° sobre el suelo. Salimos a un terreno lleno de helechos, cercano al potrero en donde pasé a caballo con la hierba cortante.

Ángel nos instó a seguir mientras él esperaba a Ramsés que se había adelantado a buscar al caballo que habían dejado suelto. Caminamos un poco y vimos el caballo amarrado y comiendo bajo un árbol, gritamos a Ángel durante largo rato y nos sentamos a descansar hasta que apareció y seguimos loma arriba.

Esta vez se salvó Carlos, al que le dio un calambre y le cedimos el caballo. Ya cuando habíamos dejado atrás las primeras lomas, nos topamos con una serpiente pajarera (Pseustes poecilonotus), que pasaba tranquila al lado de un potrero.

En total caminamos aproximadamente 3 horas desde Chicá hasta la Cascada Saca Lagrimas y nos tomó casi el mismo tiempo hacerlo de regreso.

Las lomas parecían interminables pero finalmente salimos a la calle pavimentada y degustamos unos deliciosos bollos de maíz con agua bien fría, justo lo que necesitábamos.

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Gracias a Ángel y Ramsés por guiarnos en esta expedición, que fue fenomenal. A Carlos, Juan y Anselmo por esas ganas interminables de caminar, de conocer y explorar. Valió la pena la caminata con muchas recompensas en el camino, otro lugar más de esos que casi nadie, además de los lugareños conoce, y que vale la pena compartir, aunque sea para saber que existen.

Yo accedí gustosa a mis deseos de caminar. Y ahora que es tan grande la felicidad de que disfruto, que ante el temor de perder la Naturaleza, ya que la dicha no es perpetua en este mundo, recurro a la preocupación por compartir esta pasión y ojalá y se transmita de buena manera a cada persona que me lee, que un día no lo piensen mucho y empiecen su caminar.

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Salimos temprano hacia la terminal de Albrook esperanzados a que todo saliera de maravilla para tener un buen día con muchos lugares que mostrar, la misión sería Sorá de Chame.

En mi experiencia puedo decir que aventurarse en auto no es lo mismo que aventurarse sin él. Andar a expensas del transporte público en este país, no es fácil y nada más el hecho de someterse a esto, se convierte en una verdadera y muy divertida aventura.

En la terminal tomamos el autobús de Chame sin ningún percance. Al llegar a Bejuco, nos bajamos en la estación Texaco que está luego de pasar el Pio Pio de Bejuco, en la entrada de Altos del María y justo detrás del minisúper de la esquina, encontramos las “chivas” que conducen hacia Buena Vista y Sorá de Chame.

Divisamos una fonda en una esquina de la que nos abastecimos de deliciosas hojaldras y carimañolas que degustamos en la chiva, mientras disfrutábamos de un paisaje de montañas y conversaciones amenas con gente campesina.

Luego de poco menos de 20 kilómetros de recorrido, llegamos a Sorá, pueblo de personas amables rodeado de belleza exuberante de montaña, con un clima casi siempre fresco y delicioso. Muy cerca de esta comunidad se encuentra el complejo de casas de campo “Altos del María” al cual para acceder es necesario poseer permiso si no eres residente.

Cuentan que el lugar fue llamado así por el cacique Soró (que significa viejo) jefe en la región en la época de descubrimiento y conquista, es el corregimiento más grande en cuanto a territorio del distrito de Chame y uno de los más bellos, con ríos pintorescos, encantadores saltos de agua y una magnifica vista de la ensenada de Punta Chame y su litoral, todo está a más de 600 metros de altura.

Pero cabe destacar que fuera de ese complejo de viviendas se encuentran bellezas increíbles y una de esas es el lugar del que hablaremos en esta reseña, el Salto de Filipina, del cual me enteré gracias a mi amigo Iván, de Panamá Chame. Un sitio que en mi vida, nunca había visto ni escuchado siquiera, pero que por las fotografías y la belleza escénica que ya conocía de Sorá, fuimos a probar suerte en su búsqueda.

Al llegar al pueblo nos quedamos en el mini súper Sorá, que es donde se toman las chivas para ir al poblado de Filipinas. Mientras esperamos, recorrimos un poco el pueblo y vislumbramos un bonito parque, con un gran árbol en el centro, una escuela adornada con arbustos y la capilla del lugar.

Llevábamos más de una hora esperando el transporte, pensamos que el problema sería porque era domingo, pero luego que el transporte llegó, nos dimos por enterado de que en la comunidad solo una familia presta el servicio, el cual tomamos y sin pérdida y luego de pocos minutos sobre una calle sin pavimento, llegamos a nuestro destino desde donde debíamos empezar a caminar por breves minutos.

La vista, grandiosa. Filipinas de Sorá nos recibió con salpiques verdes y azules, un lugar tranquilo, lleno de aves semilleras, y de fondo, como para matizar, el inconfundible cerro Chichibalí, que marca los límites entre los distritos de Chame y Capira.

Pedimos parada en la iglesia, la única del área, católica y como todo domingo, llegamos en plena eucaristía. La joven que conducía el transporte no tenía cambio de 5$ y nos iba a dejar el pasaje gratis, si no fuera porque yo tenía 2$ sueltos. El pasaje de Sorá a Filipinas es de 1.20 por persona en domingo.

Caminamos a la derecha de una casa que al parecer funciona como centro de salud. Es una pequeña loma que luego baja y se desvía pasando la quebrada, hay que seguir la calle de piedras que llega bordeando el río, hasta el salto en donde acaba la calle y por ahí mismo vimos barrancos por los que fue fácil acceder al fenómeno natural.

Es un salto de quizás de 7 u 8 metros, de un buen caudal, de poca profundidad, pequeño, casi se puede decir “personal”. De aguas frías y con el salto de agua, me di masaje natural en la espalda El agua denota que no hay contaminación, no hallamos restos de basura, lo cual nos lleva a pensar que cuidan muy bien este lugar al que aún se puede acceder de forma libre. Más tarde me enteré de que en este mismo salto, estuvo John Travolta haciendo wetrappel para una película que fue filmada en su mayoría en Panamá, de nombre “Basic”.

Estuvimos ahí hasta no muy tarde por el mismo inconveniente del transporte. Caminamos de vuelta y vimos el pickup pero se dirigía hacia montaña adentro, no hacia Sorá. Decidimos empezar a caminar un poco y más adelante nos encontramos con cazadores furtivos y muchos perros dispuestos a cazar.

Tiramos el petate en una esquina sombreada y decidimos esperar el transporte mientras descansábamos y comíamos algo, pero esperamos demasiado, aproximadamente 1 hora y el transporte no llegaba, así que decidimos seguir caminando a ver si algún día llegábamos a Sorá. Durante todo este tiempo, que ya eran más de 2 horas de espera, solo pasaron 3 autos por el lugar: un pickup de ANAM, una chiva repleta de gente que iba montaña adentro y un carro 4×4 que vimos desde lo lejos.

En nuestra caminata vimos la construcción de una próxima finca Melo en el área de Filipinas, luego de subir y bajar algunas lomas, nos topamos con una hermosa serpiente Pseustes poecilonotus de más de un metro, mejor conocida como “pajarera” que cruzaba apacible la carretera de piedras y aprovechamos para sacarle algunas fotos a ese divino ejemplar.

Más adelante escuchamos un auto, el mismo 4×4 que habíamos visto hace tiempo venir bajando de la montaña y aprovechamos para pedirle el “bote” hasta Sorá, que muy amablemente nos cedieron, siempre y cuando Anselmo y otro joven pudieran ir guidando de las ventanas del auto pues dentro estaba repleto de gente, y así fue como llegamos a Sorá a buena hora y felices de la aventura del día.

De regreso nos bajamos en el Nanzal y aprovechamos para caminar hasta Los Cajones, otra maravilla natural del área, pero ya se hacía tarde y empezaba a llover, así que decidimos dejar esta aventura para luego.

Obviamente este recorrido es mucho más fácil de hacer en auto 4×4 porque así lo exige la carretera del área de Filipina, más aún en época de lluvias. Pero el recorrido es exactamente el mismo. Una vez en Sorá, se debe doblar por la estación de policía en la entrada de la carretera que conduce hacia Altos del María. Una vez llegando a la “pirámide” que viene siendo la garita de seguridad del completo de casas de campo, se toma a mano derecha y maneja hasta ver el poblado de Filipina, que se distingue inmediatamente vea la escuela, iglesia y centro de salud. Por ahí puede pedir permiso para dejar su auto e iniciar su caminata hacia el salto, corta caminata que no le debe tomar más de 15 minutos.

Seguimos dándonos cuenta que nunca dejaremos de recorrer Panamá y sus senderos, sus rincones escondidos que guardan secretos y leyendas. Solo basta preguntar y siempre los lugareños te van a señalar con el dedo o con la boca algún lugar perfecto a visitar.

Anímense a tomar un bus en su tiempo libre, ni siquiera hay que gastar demasiado. No siempre la comodidad da la felicidad, a veces con solo mirar desde la cima de un cerro lo que dejamos atrás puede ser un momento perfecto, disfrutar de la soledad de una cascada y meditar, también lo puede ser.

Buscar maravillas, ¡perderse en el monte! Caminar despacio y apreciar lo bello que nos regala cada paraje natural de este país.

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