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Hiking Trails and Trips in Panama

El tema covid 19 ha calado tanto en mi mente que me preguntaba una y otra vez si investigar y escribir al respecto. El miedo que sentimos quienes nos dedicamos al turismo es tangible.

La contribución del turismo al PIB en el segundo trimestre de 2020 cae un 100%, es decir, desaparece por completo la actividad turística como consecuencia de las severas restricciones globales al movimiento de personas.

Es significativo que el único sector productivo que se analiza de forma aislada en esta calibración de escenarios sea el turístico, quizá por ser el único en el que la recuperación gradual se extiende hasta finalizar 2021 o inicio del 2022 independientemente del escenario que se considere.

A esto se le une la marcada incertidumbre existente, ya que es difícil prever cómo responderán tanto la demanda como la oferta turística ni en qué modo le afectarán las medidas de distanciamiento social y las restricciones a la movilidad, si bien es obvio que dichos condicionantes tienen una incidencia manifiesta en la actividad turística. Aunque es previsible que el turismo recupere gradual y lentamente su dinámica, ésta va a ser diferente a lo que hemos conocido hasta hoy.

Si hasta la fecha el sector turístico ha sido capaz de sobreponer ideas con agilidad a las crisis, puede que los rasgos y severidad que caracterizan a la actual crisis de la COVID-19 evidencien otra realidad y la exigencia de pensar en diferentes escenarios en los que plasmar la evolución y las medidas de respuesta.

La marcada caída experimentada por la demanda exterior se convertirá en un severo retroceso de las exportaciones de bienes y servicios. La tasa media anual de decrecimiento de las ramas ligadas a la hostelería y el ocio en 2020 será de casi el 14%, superior al resto de sectores debido a la esencia del turismo, basada en la interacción social. Cualquier análisis que tenga en cuenta la actividad turística deberá tomar en especial consideración la situación de la pandemia a nivel mundial, teniendo en cuenta la importancia que el turismo internacional tiene para nuestro país.

Las limitaciones de movimientos establecidas han afectado de manera radical a los flujos turísticos, como en el aeropuerto de Tocumen.

Los problemas que derivan de este cierre de fronteras internacionales inevitablemente conllevarán concentraciones de empresas y subidas de precios del transporte aéreo.

Turistas en Cascada La Gloria haciendo Turismo Rural.

El turismo internacional representa alrededor de un tercio del total de la balanza por cuenta corriente. La demanda turística de Panamá se compone de aproximadamente la mitad de turistas de origen internacional.

Las limitaciones en la movilidad internacional en estos primeros meses nos llevan a asumir una reducción cercana a la mitad del flujo total de turistas en temporada alta. El hecho de que las medidas de contención de la epidemia no hayan sido adoptadas simultáneamente en el mundo, nos obliga a orientar el foco hacia la dimensión doméstica de la demanda turística. Esto supone un especial impacto en la industria hotelera, que es más dependiente del turismo internacional.

El marcado descenso de la actividad turística, muy intensiva en mano de obra, está teniendo importantes consecuencias sobre el mercado de trabajo. Todos los guías de Panamá están desempleados. Los tour operadores parados.

Si de por si no existía mucho respeto hacia el trabajador turístico en Panamá en cuanto a seguridad social…

Así, podemos dividir los factores clave a los que hay que prestar atención según el horizonte temporal.

A corto plazo: el turismo será doméstico o no será.

Ahora bien, han pasado 3 meses de pandemia en Panamá y aún no llegamos al pico de casos y la percepción es que no hay tal manejo adecuado de la pandemia, lo cual era de suma importancia para el futuro del turismo en nuestro país ya que si antes era necesario ofrecer un imaginario buen sistema de salud para el visitante, qué da a pensar ahora.

No obstante, la demanda doméstica será la que sustente la reanudación de la actividad turística, en la medida en la que su mermado poder adquisitivo se lo permita.

Diferentes tipologías de destinos tendrán comportamientos distintos atendiendo a los cambios en las preferencias de los turistas nacionales.

Se impone la diversificación en la elección del producto turístico con el fin de evitar las aglomeraciones. Es probable el auge o expansión del turismo rural, de naturaleza, “de aislamiento”, de espacios abiertos.

Teniendo en cuenta la experiencia adquirida durante el confinamiento, buena parte de las reuniones de negocios, las convenciones de empresas y los congresos, que se han realizado satisfactoriamente de forma online, unido a los inconvenientes de seguridad en los viajes internacionales, debilita el turismo de negocios y convenciones.

En cuanto al tráfico aéreo, es plausible considerar una especial caída en la larga distancia a destinos exóticos.

En el ámbito alojativo, la reformulación de los alquileres ofrecidos por plataformas como Airbnb ya es una realidad en algunos destinos, en particular de carácter urbano, hacia alquileres de larga duración.

Las playas no van a tener la misma capacidad de carga que tenían debido a las normas de distanciamiento. Es el momento de poner en uso la innovación y los avances tecnológicos aplicados a la gestión de los flujos turísticos, de las playas sensorizadas, el control de los accesos a las atracciones turísticas, propios de los destinos turísticos inteligentes, realidad que no ha llegado a Panamá.

A largo plazo: turismo sostenible.
La necesidad de repensar el concepto de overtourism cada vez está más extendida. Tras la crisis de la COVID-19, la capacidad de carga de los destinos se verá limitada por las restricciones sanitarias y su gestión facilitada por la tecnología y la inteligencia artificial que nos permite controlar mejor la afluencia de los turistas. Es el momento de sacar el máximo rendimiento de la infraestructura de los destinos inteligentes. Los gestores de destinos turísticos tendrán, más que nunca, que asumir la gestión integral del destino y la demanda, más allá de las acciones de marketing y promoción.

Por tanto, es pertinente cuestionarse si todos y cada uno de los agentes implicados esperan volver al escenario turístico previo a la COVID-19. Y además, valorar si existe alguna alternativa para Panamá distinta a la de recibir anualmente 3 millones de turistas internacionales en las mismas condiciones previas a la pandemia.

¿Quien maneja el entorno rural? ¿Cómo harán los grandes operadores? ¿Qué garantiza al guía rural que luego de un año no serán desechados? ¿Cuáles son las garantías?

Sobran preguntas sin respuestas.

Es el momento de tratar de compatibilizar nuestro modelo turístico con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) propuestos en el marco de la Agenda 2030 de Naciones Unidas. Hay que poner a funcionar a pleno rendimiento la innovación y el conocimiento turístico acumulados. Ahora o nunca.

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