ENLODADOS :: Turismo y Aventura Ecológica

Turismo y Aventura Ecológica

La sola idea de escribir acerca del Darién me emociona. Ante todo pido disculpas pues he demorado en escribir este post que sé, mucha gente ha estado esperando por la misma idea de ahora poder saber cómo llegar a un paraíso como el parque nacional Darién.

Este parque se ubica a 325 kilómetros de la ciudad de Panamá, es el parque nacional más grande de la República de Panamá con 5970 km² y es uno de los lugares del Patrimonio de la Humanidad más importantes de Centroamérica, declarado así en 1981 y como Reserva de la Biosfera en 1983, segundo pulmón natural más importante de América luego de la selva del Amazonas.

Importante es destacar que Darién es la provincia más grande de la República de Panamá, tiene una extensión de 11,896 km², un área del tamaño de la isla de Jamaica. Frontera con el país vecino de Colombia por el este, lo cual debería llevarlo a ser una de las provincias más importantes.

No es para nadie un secreto que el Darién es la provincia más olvidada del territorio panameño, a pesar de poseer tan rica cultura e importancia biológica. Por su condición fronteriza soporta los rigores de los desplazados suramericanos; la depredación de sus maderas preciosas; la persecución de sus animales silvestres; así como la presencia de enfermedades endémicas, epidémicas y desnutrición que dominan a sus moradores en algunas regiones. Las producciones agrícolas darienitas son despreciadas por las difíciles condiciones del transporte, mayoritariamente fluvial y marítimo, con lo cual los ingresos para vivir resultan reducidos, mientras el empleo permanece ausente. Claro que no podemos desconocer el hecho cierto que programas panameños de vigilancia en Darién impiden el avance de la fiebre aftosa suramericana, y constituyen un muro para el traslado de reses vacunas hacia el norte.

El nombre Darién se origina en la lengua hablada por los indígenas Cueva, una tribu indígena que fue exterminada por los Conquistadores a lo largo del siglo XVI.

Tres grupos indígenas precolombinos habitan en el parque nacional Darién: los Kunas, que mantienen poblaciones tradicionales en los poblados de Paya y Púcuro, al pie de la montaña sagrada Cerro Tacarcuna; los Emberá, habitantes tradicionales ribereños del Chocó, y los Wounaan, muy cercanos lingüísticamente y culturalmente a los Emberá.

El Tuira, El Chucunaque, los ríos más potentes de Panamá, se encuentran en esta provincia, y está enmarcada por las áreas inclinadas de las serranías de San Blas, Bagre, Pirre y del Sapo.

La emoción me invadía, hace meses que venía con la idea de visitar esta provincia. En un principio la idea era ir hasta Paya, último pueblo antes de entrar en territorio colombiano, muy lejano y peligroso a causa de la guerrilla.

Luego de mucho pensar y ver los pro y contra junto a Samuel que es nativo del Darién, decidimos visitar el parque nacional, lugar al que antes ninguno de los dos había ido.

Busqué mucha información y me puse en contacto con personas que hubiesen visitado el parque: muy pocos. Supuse que el miedo detiene el entusiasmo de gente que desea visitar pero no se sienten seguros a causa de la guerrilla o la grandeza del área los inmiscuye. Busqué en el mapa y no puedo negar que este parque se encuentra a pocos kilómetros de la frontera con Colombia.

La verdad es que no tenía idea de que hubiese que seguir tanto procedimiento para visitar un parque nacional, pero por ser un área diferente, por el hecho de ser fronterizo, fue necesario sacar un permiso en SENAFRONT en la ciudad de Panamá, para registrar a los que formarían parte de la visita. Por suerte esto no pasó a más de dos visitas formales a Corozal, en donde se encuentra SENAFRONT. Allá fue necesario llevar una nota explicando el porqué de nuestra visita al parque solicitando poder pasar por el área de El Real y Rancho Frío.

Pasamos así mismo por las oficinas de ANAM en busca de información y a avisar que nos dirigíamos al parque, resultó gracioso que nuestro guía Isaac Pizarro, con el que habíamos coordinado por nuestra cuenta, resultó ser uno de los guías de más confianza de este parque nacional.

Una vez estuvo todo listo, nos organizamos y partimos 11 personas, junto con el guía desde la Terminal de Albrook a las tres de la madrugada hacia el Darién.

Los precios de transporte son módicos: de la ciudad de Panamá a Metetí son $9; y hasta Yaviza son $14. En nuestro caso y para todo el que se dirija hacia el parque nacional Darién, es necesario registrarse en ANAM de Metetí, allí efectuamos el pago por alojamiento y entrada al parque; en nuestro caso pagamos 1$ cada uno de entrada del parque (estudiantes) y 5$ c/u por noche por alojamiento en el refugio de Rancho Frío, primer refugio de ANAM dentro del parque nacional Darién. Claro, es muy importante si van en grupo de estudiantes llevar su respectivo carné que lo respalde.

SENAFRONT Metetí

Lo primero fue ir a SENAFRONT, fuimos a registrar el grupo. Los oficiales ya tenían nuestros nombres y número de cédula, solo esperando que nosotros llegáramos para confirmar. De allí llamaron a la estación Yaviza para corroborar que habíamos llegado y dar permiso de seguir, todo un protocolo.

Y claro, en el caso de no ser estudiantes y pagar como “nacionales”, el precio por entrar al parque es de $3 y por noche en el refugio es de $10.00. En el caso de acampar se pagan $2 por estudiante y $5 por nacional. Extranjeros pagan $5 la entrada al parque y $15 por alojamiento por noche, $10 por acampar.

Todo iba de maravilla, a pesar de que tuvimos algunos problemas con el transporte, ya que tuvimos que hacer trasbordo en Aguafría, de allí en adelante todo fue espléndido. Esperamos contentos que abriera ANAM a las 9am en Metetí y nos registramos. Mientras estuvimos allí llegó una familia de monos aulladores (Alouatta palliata), unos loros frentirrojos  y hasta vimos un nido de colibrí. Luego tomamos un autobús, (que consiguió nuestro guía Pizarro) hacia Yaviza y el precio fue 5$ cada uno.

Una vez en Yaviza nos dirigimos a SENAFRONT nuevamente a registrarnos, compramos algunos enseres que hacían falta y buscamos una piragua que nos llevara hasta el Real de Santa María. Inmediatamente conseguimos una piragua, sobre todo porque éramos bastantes y lográbamos llenar una sola, pero generalmente en el puerto de Yaviza es difícil conseguir piragua hacia El Real después del mediodía.

Muelle de Yaviza

En Yaviza termina la carretera Panamericana, es allí en donde inicia el famoso Tapón del Darién, que abarca las comarcas indígenas de Kuna Yala, Madugandí, Wargandí, Emberá Wounaan, los distritos de Chimán y este de Chepo, todos en Panamá, y el norte de los departamentos del Chocó y Antioquia, al oeste del Golfo de Urabá en Colombia.

En esta piragua pagamos 5 dólares cada uno. Demoramos 1 hora y media en medio de las aguas de los ríos Chucunaque y Tuira, hasta llegar a El Real de Santa María. Estos ríos poseen su importancia porque constituye un medio de comunicación importante en la provincia del Darién y de la Comarca Emberá-Wounaan, ya que los diversos afluentes conectan las principales localidades ribereñas.

Para algunos era la primera vez que se subían a una piragua, por lo tanto era una nueva experiencia. El paisaje dominante, nuevo para nosotros, era exuberante. El Río Chucunaque, imponente y chocolate, nos pasaba en dirección contraria, íbamos río arriba por esa carretera de agua. Vimos pasar familias enteras remando en sus piraguas principalmente Emberá-Wounaan; también a varios policías regresando quien sabe de qué misión.

La mayoría de mis compañeros se durmieron en plena piragua, creo que algunos roncaban a causa del cansancio del viaje, al menos llevábamos más de 24 horas despiertos. Personalmente la sola idea de saber que estaba en este lado del país no me dejaba dormir para nada, hubiese sido para mi un pecado estar allí y no ver lo que a mi lado pasaba.

El Río Chucunaque mide 231 km, es muy ancho y es el principal afluente del río Tuira, segundo mayor del país. Los ríos Tuira, Chucunaque y Balsas forman una cuenca hidrográfica de 10.664,42 km2, que es la mayor de Panamá. El Chucunaque nace cerca del Cerro Grande, en la Serranía del Darién, entre la frontera de las comarcas indígenas de Kuna Yala y Wargandí. Fluye hacia el sureste hasta la localidad de Uala, cabecera de la comarca Wargandí; permanece en dirección sureste recibiendo diversos afluentes (Artigartí, Mortí, Chiatí, Membrillo, Metetí, Ucurgantí, Marragantí, Turquesa y Chico). Al llegar a la localidad de Yaviza, el río cambia al suroeste y llega hasta la localidad de El Real de Santa María, en donde se une con el río Tuira.

En la piragua rumbo a el Real

De pronto a lo lejos, empezamos a ver un cerro, Pizarro me tocó el hombro y me dijo que era el imponente cerro Pirre, uno de los más altos de la región y muy interesante por la gran cantidad de especies endémicas que en él habitan. Los árboles cuipos, descomunales, se divisaban en todo el recorrido. Vimos un caimán que tomaba sol a orilla del río; el cielo nos favoreció, aquel día las nubes estaban en tercera dimensión, el panorama era sacado de alguna película jurasica.

Cabe destacar que el Darién posee montañas de altura considerable destacando el cerro Tacarcuna (1,875 m.s.n.m.), Piña (1,581 m.s.n.m.), Pirre (1,569 m.s.n.m.), Nique (1,550 m.s.n.m.), Chucantí (1,430 m.s.n.m.), Pavarandó (m.s.n.m.), Armila (m.s.n.m.), Tanela (1,415 m.s.n.m.), Sapo (m.s.n.m.) y Altos del Quía (1,361 m.s.n.m.)

De un momento a otro pasamos una curva y entramos en terreno del río Tuira. Más adelante el río se redujo, estábamos en uno de los afluentes: río Pirre, de pronto apareció el poblado de el Real de Santa María, corregimiento ubicado dentro del distrito de Pinogana.

Una vez en el Real, teníamos entendido que nos obligaríamos a caminar aproximadamente 5 horas hasta llegar a Rancho Frío, pero gracias al ingenio de nuestro guía, contactó un camión que nos llevaría hasta Pirre 1.

Nuevamente nos registramos en SENAFRONT de El Real, ésta por última vez. Aprovechamos para tomar un almuerzo que nos cayó de maravilla pues fue nuestra primera comida verdadera del día. Dejamos algunas donaciones traídas desde la ciudad y abordamos el camión; pasamos sobre un río, luego por varios poblados y el aeropuerto de El Real. La calle de dividió en dos y tomamos a la derecha, nos dijo Pizarro que por la otra calle se llega a Colombia de manera muy fácil.

EL REAL de Sta MaríaLuego de eso llegamos a Pirre 1 en donde nos encontramos con el papá de Pizarro, el señor Alberto Pizarro (guarda parques de ANAM) que nos esperaba con un fourweel, y se llevó nuestras maletas. De inmediato emprendimos la caminata hacia Rancho Frío. Definitivamente nuestro guía fue una maravilla, de lo contrario, hubiésemos tenido que caminar desde el Real hasta el refugio de Rancho Frío, con un sueño atrasado encima, durante 5 horas con mochilas pesadas en nuestras espaldas.

El cerro Pirre se veía cada vez más cerca, gigantesco y ¡azul! de tanta vegetación tupida, solo un espacio sin vegetación en él, y se trataba de un derrumbe de tierra.

Iniciamos la caminata y a cada canto de ave, Pizarro nos decía cual ave era, demasiado emocionante; nos detuvimos en una casa, la última que veríamos. Nuestro guía saludó y aprovechamos para tomar unas deliciosas pipas y comprar algunos plátanos que nos vendió la señora de la casa.

Camino a Rancho Frío

En el camino hacia Rancho Frío distinguimos árboles gigantescos, pero hubo uno que casi me saca lágrimas, un Ceiba pentandra, sus raíces tabulares eran increíbles, y su dosel se perdía en el infinito, definitivamente un centenario que ha sobrevivido al tiempo y ha sido respetado.

Pasamos por muchas quebradas, vimos monos aulladores, y de pronto la lluvia empezó a caer y nos animó aún más, la lluvia siempre es bienvenida pues refresca el alma y qué mejor lugar que la selva para quitarnos el fogaje. El camino era enredado y se perdía en diferentes senderos.

Aceleramos paso bajo la lluvia torrencial y llegamos al refugio de ANAM exactamente en 2 horas. Ordenamos las maletas dentro del refugio y nos fuimos hacia “La Cascada”… si, aún no tiene nombre esa cascada. En media hora luego de pasar por un sendero, estábamos caminando sobre el río y llegamos. Era hermosa, de aguas claras y con un chorro diagonal que caía con fuerza en la poza.

"La Cascada" foto del website de ANAM

Pizarro y Samuel fueron los primeros en aventarse desde el surra surra que era el chorro, luego Ana, Carmen, Raiza y Lurys, los demás nos quedamos solo admirando. Pensé en tirarme por el surra surra al día siguiente, cuando volviéramos más temprano a “la cascada” con las cámaras, tenía algo de miedo pues últimamente me han estado dando calambres en agua y no me quise arriesgar, pero al día siguiente me arrepentí de no haberlo hecho.

El refugio era exactamente como lo imaginé: de madera, amplio por dentro, 2 espacios separados disponibles, 1 baño, 1 retrete, una llave de agua, la cocina con estufa. A nuestra disposición teníamos colchones, podíamos usar los camarotes o poner los colchones en el piso, lo último fue nuestra opción, revisamos que no hubiera algún animalillo en el suelo y nos acomodamos. En la cocina ANAM pone a dispocisión ollas, platos, vasos y hasta cubiertos, en caso de no llevarlos. A un lado del refugio, corre un río calmado.

Obviamente es necesario llevar comida, mejor si es enlatada pues luego de pasar El Real de Santa María no hay lugares en donde adquirir enseres. Es muy importante llevar agua, ya que aunque en la estación de Rancho Frío haya, ésta no es potable y puede afectar su salud.

Refugio Rancho Frío

A la mañana siguiente y luego de haber dormido largo y tendido, nos levantamos algo tarde para subir hacia el mirador. Al estar desayunando pudimos escuchar guacamayas que pasaban despavoridas graznando y avisando su llegada; salí corriendo a ver si podía fotografiar alguna pero ya iban lejos, me dijo Pizarro que son guacamayas rojas que generalmente andan por el refugio.

Para mi fue muy emocionante el momento pues las guacamayas son aves casi extintas y la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN) le otorgó al Panamá el segundo lugar de la región mesoamericana en su “lista roja” de especies de guacamayas amenazadas.

Además, esta especie ha sido declarada en riesgo por la Convención Internacional de Especies Salvajes de Flora y Fauna en Peligro de Extinción (CITES por sus siglas en inglés), que prohíbe su comercialización como una forma de protegerla de la destrucción de su hábitat, por lo que se han eliminado sus lugares de anidación. Aquí en Panamá estas especies se encuentran, muy pocas, en el área de Cerro Hoya, en la provincia de Los Santos, en Veraguas y Darién.

Guacamayas

La misión del segundo día sería subir al mirador llamado Rancho Plástico. Iniciamos la caminata y al poco tiempo vimos una curiosa rana: Rhinella alata, endémica de Panamá, Colombia y Venezuela. Luego de algunas lomas entramos en la selva húmeda tropical, un sendero poco marcado rodeado de selva tupida. Nos topamos con una bandada de monos araña (Ateles fusciceps) que enfurecidos nos arrojaban palos desde lo alto del bosque.

Vimos distintos árboles de los que destacaban el árbol de Jagua (Genipa americana), cuipos (Cavanillesia platanifolia), Guayacan (Tabebuia guayacan), Ceiba (Ceiba pentandra), Cedro Amargo (Cedrela odorata L.), Espinoso (Parkinsonia aculeata), Almendro (Terminalia catappa), Guarumo (cecropia obtusifolia), Algarrobo (Ceratonia siliqua), olimos el Bálsamo (Myroxylum balsamun) de madera muy apreciada actualmente; notamos muchos Higuerón (Ficus citrifolia), Espavé (Anacardium excelsum), Nazareno (Peltogyne purpurea), también vimos Cícadas éstas últimas “sumamente” amenazadas y en peligro de extinción, porque su crecimiento es muy lento, tanto así que hay coleccionistas que las compran a un precio muy alto en el mercado negro.

Algunos árboles en R.F.

La lluvia empezó nuevamente y nos refrescó. Al llegar al primer mirador de Rancho Plástico fue poco lo que pudimos ver, pues las nubes tapaban el contorno de los árboles que a lo lejos se veían, supimos que lo que allá estaba era El Real y que con buen tiempo es posible ver algunas casas, el río Tuira, así como el hormigón, y claro, el dosel del bosque desde lo alto.

Decidimos seguir hacia el siguiente mirador. Para llegar debíamos avanzar media hora más, aparte de las dos horas que ya llevábamos caminando. En el sendero nos encontramos con varias ranas Dendrobates auratus; caracoles de tierra por la hojarasca y pegados a los árboles. En un momento un alacrán por poco pica a Raiza, además vimos muchas hormigas sompopo y algunos ciempiés.

Rana Dendrobates auratus

Pizarro se desvió del sendero para mostrarnos un ave Saltarín Cabecidorado o Manakin (Pipra erythrocephala) que habitaba en esa área, solo fue necesario prestar un poco de atención y allí estaba el pequeñín descansando en una rama. Más adelante vimos un Tucán picoiris (Ramphastos sulfuratus) y un Jacamar (Galbula ruficauda).

Es importante decir que en ésta área se pueden encontrar gran cantidad de aves, en especial algunas con endemismo en el área de Cerro Pirre y dentro del parque: Subepalo bello (Margarornis bellulus) y la Tángara nuquiverde (Tangara fucosa), el águila arpía, el halcón peregrino, la guacamaya azul (Ara ararauna), la guacamaya verde (Ara ambigua) y el loro moña amarilla (Amazona ochrocephala), Autillo Serranero, Colibrí Copetivioleta, Colibrí Pirreño, Solitario Variado, Reinita de Pirre, Clorofonia Cuellidorada, Tangara Azulidorada, Tangara de Monte de Pirre, Pinzón Carilucio, entre muchos otros. Se han llegado a censar 450 especies de aves dentro de este parque nacional.

Saltarín o Manakin (Pipra erythrocephala)

Aunque no vimos muchos mamíferos, es importante recalcar que coexisten 7 mamíferos endémicos del parque, como el arador darienita (Orthogeomys dariensis) y la zorra de cuatro ojos (Marmosops invictus). Más de 56 especies amenazadas o en peligro de extinción en el resto del continente poseen poblaciones viables en el Darién. Entre ellas el águila harpía (Harpia harpyja), que reúne su más importante población a escala mundial, el tapir (Tapirus bairdii), o las cinco especies de felinos: el jaguar (Panthera onca), el puma (Puma concolor), el manigordo (Leopardus pardalis), el tigrillo (Leopardus wiedii) y el tigrillo congo (Leopardus yagouaroundi).

Algunos insectos en R.F. Darién

Entre insectos por doquier y mucha lluvia, seguimos el camino hasta llegar al segundo mirador de Rancho Plástico desde el cual vimos cerro Pirre en todo su esplendor, ese cerro de 1,569 m.s.n.m., uno de los dominantes del área en biodiversidad, lleno de neblina a causa de la lluvia que acababa de caer.

II Mirador de Rancho Plástico

El frío nos entumeció, no sabíamos de donde provocar calor, la vista era increíble, sublime. Me sentía anonadada de estar en frente del famoso cerro Pirre, de origen volcánico, grande entre los grandes del Darién. En un principio con la idea de ir al parque nacional Darién, Samuel y yo teníamos pensado subir este cerro, pero nunca imaginamos que para llegar al filo del mismo, son necesarios 3 días caminando en selva, lo cual sería una verdadera aventura, que de seguro luego con más tiempo haremos.

I mirador desde donde se ve El Real

No era nuestro deseo que la lluvia parara y así lo fue, nos acompañó en todo momento, estábamos en el área más lluviosa del país, una de las regiones más lluviosas del planeta ya que se encuentra dentro del Chocó Biogeográfico (área más lluviosa del planeta), con precipitaciones que pueden superar los 8,000mm anuales y en donde prácticamente, no hay estación seca. La temperatura varía según la altitud entre 17° y 35 °C.

Al bajar y pasar nuevamente por el primer mirador la neblina había desaparecido y aunque estaba nublado, el paisaje era místico y nuboso, fue posible ver gran parte del paisaje de El Real de Santa María desde esa altura.

Avanzamos en dirección al refugio y nos topamos con una Lagartija crestada (Corytophanes cristatus) que intentó mimetizarse entre la hojarasca pero por suerte la vimos.

Lagartija crestada (Corytophanes cristatus)

Entre caídas y resbaladas llegamos un poco tarde al refugio; nos bañamos en el río que pasa al lado de la estación, de tanta lluvia se creció y fue imposible ir a “La Cascada”, nos quedamos sin fotos y yo sin haberme tirado de ella. La comida ya estaba lista, un arroz con coco nos había preparado el señor Alberto, ¡estuvo delicioso! Entrada la noche tomamos un postre improvisado: un bizcocho con leche condensada que fue peleado; luego fuimos a descansar, lo que quedó en una partida de dominó y cuentos de miedo de “MadreAgua”, el espíritu que te llama al río y desapareces por siempre, Pizarro logró que Lurys, Kari y yo, nos pusiéramos las piyamas al revés.

A las 5 de la madrugada estábamos listos para partir, solo tomamos un té de hierba de limón, nos pusimos las mochilas a la espalda y caminamos durante dos rápidas horas de regreso a Pirre 1 en donde nos esperaría un camión que nos llevaría hasta El Real.

Abordamos el camión y fuimos a reportarnos por última vez en SENAFRONT de que ya habíamos salido del parque nacional Darién. Partimos directo al muelle de Mercadeo y emprendimos nuevamente el viaje en piragua de regreso a Yaviza. En ese trayecto vimos gran cantidad de animales, sobre todo aves, monos y algunos perezosos en lo alto de los árboles. La mañana estaba en su esplendor, el sol arreciaba y los animales, calmados, lo aprovechaban.

En el camión de regreso por El Real

Al llegar a Yaviza un bus nos esperaba, antes de las 3 de la tarde estuvimos de regreso en la ciudad de Panamá, con una experiencia hermosa en el corazón.

Tres días en la selva del Darién no nos fueron suficiente, el peligro del que tanto nos hablaron no lo sentimos jamás estando en el parque y de haberlo sentido hubiésemos tomado el riesgo. A pesar de todos los retenes que tuvimos que pasar, no hubo ningún problema, por el contrario, fuimos tratados de muy buena manera por los oficiales de SENAFRONT. En cierta manera el miedo de los ciudadanos a la guerrilla y las adversidades de la selva, ha sido lo que ha llevado este lugar a tener un endemismo tan grande, lejos de las manos humanas.

La satisfacción reflejada en las caras de mis compañeros de expedición era grande, estoy segura que tienen grandes deseos de regresar al Darién, a costa de lo que sea.

Quedamos en regresar pronto y ponerle nombre a “La Cascada”; la próxima vez que vaya espero poder hacerlo por un tiempo más largo. Confiamos en que ustedes, lectores, se les transmitan las ganas de visitar este patrimonio natural.

Personalmente no pude sentir más paz, juro que uno de los momentos más felices fue cuando el espíritu de la tierra me llamó a entrar en el río al lado de la estación, al recostarme en el agua y sentir las gotas cayendo sobre mi rostro, lo único que pude decirle a Lurys fue “este es uno de los momentos más felices de mi vida”.

Detalles:

- Dentro del parque existen tres estaciones científicas: en Cana, la de Cerro Pirre o Rancho Frío (visitada en este trip), situada a 14 kilómetros de El Real, La Estación de Cruce de mono en las faldas del Cerro de Pirre, a la que se accede con piragua (2 o 3 horas) hasta la población de Boca de Cupe y desde allí se caminan 5 horas hasta la Estación.
- De ir en auto, se debe manejar hasta Meteti, registrarse en ANAM, pagar lo correspondiente y seguir la misma vía hacia Yaviza y allí contactar el guía. ANAM no deja a nadie ir al parque nacional Darién sin un guía autorizado por ellos. Escríbanme para la información de nuestro guía Isaac Pizarro.
- Recuerden llevar comida y agua, esto es muy importante en esta área. En Darién es fácil conseguir verduras pero todo lo demás es mejor llevarlo.
- En cualquier caso, sea individual o grupal, deben registrarse en SENAFRONT de lo contrario puedes correr el riesgo de que no te dejen pasar hacia el parque, es común que los turistas no lleguen al parque por no haber sacado los permisos correspondientes para los grupos o por no haberse registrado de manera individual.
- Recomiendo llevar zapatillas o botas altas y cómodas pues el camino a recorrer es largo y debe pasarse entrando en quebradas, más si es en invierno.
- Repelente para mosquitos, prolifera gran cantidad de insectos.
- Linternas, obviamente no hay luz en el refugio.
- A pesar de que ANAM posee un fourweel para algunos casos, puede ser incómodo para personas de la tercera edad y niños ya que los trechos a caminar son largos.
- En Metetí se encuentran los últimos bancos y cajeros automáticos. Es crucial llevar dinero en efectivo.
- De ser posible, lleve un salvavidas personal ya que normalmente estos no se usan en las piraguas a dispocisión.
- Es recomendable visitar el parque en grupos de más de 8 personas para bajar costos. Ir al parque nacional Darién no es barato en el caso de ir pocas personas, es necesario pagarle al guía por sus servicios, pagar en ANAM, también el transporte Panamá – Metetí – Yaviza. Asimismo pagar por la piragua, o alquilarla, lo cual tiene un precio de 10$ a $15 por día, además de la gasolina de la que es necesario 8 galones, en ciertos casos más. También debe pagársele al conductor de la piragua, en todo caso nuestro guía Isaac Pizarro es buenísimo en la logística de estos viajes, él ha trabajado con grupos de ANCON, AUDUBON, y gran cantidad de bird watchers.
- Llevar sábana o frazada, en ANAM te proveen de colchones, más no de sábanas. Innegablemente debes llevar artículos personales.
- Las piraguas no pueden tomarse luego de las 5 de la tarde, SENAFRONT no lo permite, puede ser peligroso. En ese caso puedes quedarte en algún hostal en Yaviza y salir en la mañana del día siguiente.
- Filtradores de agua o pastillas purificadoras de agua (puritabs).
- Algo con que encender fuego, encendedor. (Todo esto debes llevarlo en bolsitas plásticas por la lluvia).
- Recuerden llevar un botiquín con anti inflamatorios, pastillas para fiebre, vendas, curitas, gasas, alcohol, agua oxigenada para las heridas, pastillas para deshidratación, confites frutales en caso de bajones de azúcar, termómetro. Esto es primordial.
- Cuidado con la basura, ANAM te puede poner una multa ;)
- Cámara con protección.
- Ganas de pasarla excelente.

Ya saben, si necesitan alguna otra información, con gusto les contestaré en info@enlodados.com o http://www.facebook.com/enlodados

Grupo Completo ( fotografía de Raiza Segundo)

Agradezco a mis compañeros de expedición: (de izq. a der.) Carmen Alexander, Anselmo Rodríguez, (mi persona), Lurys Rodríguez, Juan Carlos Correa, Raiza Segundo, Samuel Tovar, Katherine Gómez, Karimeth Perez y Ana Sánchez por todo el apoyo, quórum y entusiasmo. A Edilberto González por toda la información, al representante de Yaviza: Enrique Lloren, por información de itinerario y por supuesto a nuestros guías Isaac Pizarro y Alberto Pizarro.

El Parque Nacional Darién es otra joya más de nuestro país y del mundo; certera y satisfactoriamente, un paraíso exótico y exuberante que debe ser protegido de la manera correcta. Debemos sentirnos privilegiados de poseer una reserva de esta magnitud en nuestro territorio. Basta ya de deforestación de nuestros bosques, reforestar es la palabra, aún nos queda tiempo de vivir en paz con la naturaleza.

El aire puro purifica el alma…

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Un conocido me dijo “te apuesto que no has ido a Sajalices”… Mi respuesta fue: no. Jamás me imaginaría que en un lugar tan cercano podría encontrar un fenómeno natural tan perfecto. La información que él me dio fue básica: “luego de pasar loma Campana, bájate en la primera escuela pública que veas, camina hasta el minisuper Liz y entra por la calle de piedra que viene después de éste; luego de ahí sigue tu sentido de orientación durante 2 horas”.

Hablé con Samuel con un día de anticipación y le expliqué que no sabía hacia donde iba, solo había visto unas fotos y se veía hermoso, él accedió de una vez a la aventura.

Aquel día me levanté temprano y lo esperé en el super extra de Arraiján, de allí tomamos un autobús cualquiera que bajara Loma Campana e hicimos lo indicado. Preguntamos un poco a los lugareños y fueron pocos los que sabían de lo que hablábamos, lo más que nos dijeron fue que nuestro destino estaba muy lejos.

No hizo falta comprar nada pues ésta vez fuimos cargados de comida hecha en casa. Tortillas, chorizos, emparedados, chocolate, gatorate y por supuesto, mucha agua.

Empezamos la caminata por una larga loma empedrada que terminó en una finca privada repleta de vacas.

Al principio el camino fue perfectamente visible, eso sí, tuvimos que pasar unos cuatro potreros y fue necesario quitar las entradas improvisadas de estos para pasar.

Vimos una inmensa roca postrada encima de una más pequeña, parecía como si una grúa la hubiese agarrado para ponerla donde estaba. También pudimos ver aves como el Cacique lomiamarillo (Cacicus cela), muchas Oropéndolas crestadas (Psarocolius decumanus), fue impresionante para mi ver varios Manakin o Saltarín coludo (Chiroxiphia lanceolata), y hasta una Urraca pechinegra (Cyanocorax affinis). Al río llegaron muchas golondrinas.

Lo que si había por millones fueron saltamontes, de todos los colores, tamaños y en todos lados.

Luego de haber caminado aproximadamente una hora nos encontramos con una quebrada de aguas verdes, lajas gigantescas, un espectáculo precioso. Samuel no soportó la presión de tanta belleza y se lanzó al agua.

Seguimos el camino pasando otros potreros, a lo lejos vimos las vacas blancas que nos daban los buenos días. Un señor limpiaba un potrero ( la única persona que vimos en el recorrido) y decidimos preguntarle si íbamos bien, nos dijo que aún faltaba bastante y señalando la montaña dijo que “alláaaa, cuando lleguen a unos tanques de agua, entonces estarán cerca”.

Observando bien el paisaje me di cuenta de que estábamos justo dentro del parque nacional Campana. Cuando se está en el mirador principal de ANAM de P.N. Altos de Campana se ven algunas montañas escarpadas y una línea de pinos, es justo por allí donde nos encontrábamos, el mismo parque solo que del lado de Sajalices.

Al avanzar vimos los tres peñones del parque: Peñón de Sajalices, Peñón del Espavé y Peñón de Campana.

Como mi amigo siempre anda de loco, vio unas palmas repletas de pipas y sin pensarlo más, se subió y bajó un montón de pipas que fueron el refresco del momento. El sol era jadeante, retumbaba en nuestras cabezas.

Nos llevamos dos pipas y en el camino recogimos mangos, eso sí, vimos árboles de aguacate, pipas, naranjas, en total, muchos árboles frutales; ya unos minutos después nos topamos con la toma de agua, dos tanques azules sin gota de agua. Vimos un sendero acorde a unas tuberías de pbc, más adelante las tuberías casi nos aplastaban y luego de eso el camino terminaba, un río estaba a nuestra vista y un barranco empinado del otro lado.

Ya teníamos 2 horas y media caminando, sin contar las paradas y aún no veíamos el chorro; le dije a Samuel que regresáramos por el río para ver si encontrábamos el chorro y luego pensando mejor decidimos que él caminaría sin carga, un poco más. Subió el barranco y mientras yo lo esperaba sola en ese bosque húmedo, cuando de pronto Samuel llegó emocionado diciéndome que lo que había encontrado era fenomenal, que las fotos no mostraban la realidad, que el chorro era más hermoso aún.

Decidimos caminar río arriba y de pronto apareció el espectáculo. Lo único que pude emitir fue un “wow” largísimo, mientras filmaba un video. Samuel nuevamente se lanzó al agua al momento de llegar.

Estuvimos allí largo tiempo, disfrutando de la belleza escénica sacada de alguna película de aventuras irreales, y es que el agua del chorro era verde azulada, el fondo de pequeñas piedras que ni siquiera molestaban en mis pies, el chorro de unos 10 metros de altura y una claridad en el color del agua que podría jurar que se puede beber sin problemas.

Nos tiramos del chorro, nadamos hasta más no poder y pudimos notar que no había peces. Había una liana que parecía estar colocada ahí especialmente para ayudar a subir hasta una piedra superior y lanzarse al chorro.

Luego de mucho tiempo decidimos regresar, ya se nos hacía tarde pero como debíamos pasar nuevamente por el río decidimos irnos mojados, por si nos encontrábamos algún otro riachuelo apetecible en el camino.

Luego del río que tuvimos que pasar, al entrar al primer potrero nos encontramos con una inmensa vaca chocolate en el camino y no se quitaba. Caminamos suavemente y la vaca fue cediendo poco a poco hasta desaparecer de nuestra vista. Como aún andaba en vestido de baño, con la hierba alta me raspaba todas las piernas, pero el acabóse fue más adelante que nos topamos con un comandante toro que era seguido por unas quince vacas, el toro se nos quedó viendo fijamente por largo tiempo, nosotros avanzamos un poco, lo más suave que pudimos, y el toro también avanzó juntos con las vacas. Samuel y yo corrimos lo más que pudimos y en eso me resbalé con una roca y caí. Cuando vi hacia atrás ya las vacas no estaban, solo mugían.

Nos bañamos un rato en el primer manantial encontrado, nos metimos a un chorrito hondo y pequeño hasta cuando se hizo tarde y nos tuvimos que cambiar y emprender caminata, pero felices de haber cumplido tan tremenda misión.

Es importante recalcar que este chorro se encuentra dentro del P.N. Campana, en el camino pudimos observar un puesto de guarda parques abandonado en pleno parque nacional.

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En otra visita tuvimos una invitada, nuestra amiga Karimeth, que se adentra en el mundo del excursionismo y la montaña.

Aquel día no teníamos pensado ir hasta Sajalices, pero por ciertas circunstancias cambiamos los planes y nos fuimos a caminarlo. El día estuvo radiante y Kari dio la talla, llegamos en dos horas exactas al chorro.

El color del agua cambió, ahora era turquesa profundo con matices verdes y amarillos, un espectáculo.

Esta vez subimos por un pequeño trillo hasta la parte de arriba del chorro y encontramos otro chorro, con una poza hermosa, tan honda que no se veía el fondo, pero el agua era turquesa, ¡INCREÍBLE! ¡Ya verán las fotografías!

Esta vez también vimos varios monos tití y hasta una serpiente bejuquilla en el camino, la cual Samuel no pudo agarrar pues el animal se escabulló entre las ramas.

Regresamos a nuestras casas sin mayores inconvenientes :)

Detalles:

-        Si vas en auto, recomiendo dejarlo en el minisuper Liz o en el restaurante de al lado, puedes pedir permiso o pagar algo por el parking.

-       Lleva comida y agua, puedes comprar lo que haga falta en el mini super Liz.

-         Usa zapatillas y pantalón largo. Lleva unos zapatos para el agua o “crocs” para cuando debas caminar por el río.

-       Llegar al chorro no es fácil ya que es mucho tiempo de caminata y hay varios desvíos, razón por la cual Samuel y yo nos demoramos tanto en la primera visita, entre equivocaciones, casi desfallecemos. Si deseas un guía, aquí andamos a la orden.

-         No es bueno visitarlo en invierno, el río se crece y puede ser peligroso.

-         Recuerda: lo que llevas, lo traes. No dejes basura.

Personalmente ha sido uno de los lugares más hermosos que he visitado cerca de la ciudad, tanto así que pensé mucho antes de escribir este post, con algo de egoísmo, pues es difícil compartir algo tan valioso, que no está en ningún otro website de eco turismo. Un lugar sacado de un cuento de hadas que espero no sea explotado, no sea utilizado para lucrar, no sea ensuciado ni maltratado. Confiamos en ustedes :)

M.

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A veces las ganas de ver verde me invade tanto que tengo por necesidad que buscarlo. Aunque viva en un lugar donde hay muchos árboles, para mí la necesidad de recorrer Panamá se escapa de mi cuerpo, va más allá de mi corazón y se aferra a mi alma. Si no lo hago puedo deprimirme, lo he comprobado.

Hace poco le dije a Samuel que nos atreviéramos a buscar el trillo que conduce a la cima del cerro Trinidad de Capira, uno de los más altos del área y que forma parte del Parque Nacional Altos de Campana. Era carnavales, y para dicha de nosotros no tuvimos problemas con el transporte. Nos fuimos en bus colectivo sin ningún problema.

Tomamos un bus Panamá-Capira (Lídice). Preguntamos al conductor donde tomar las “chivas” (buses) de Trinidad y el amablemente nos dijo que en un Mini Súper desde el cual salen todas las chivas que van hacia esos pueblos.

Al llegar a la parada nos encontramos con un sin fin de muchachos que también esperaban chivas para dirigirse a distintos puntos a pasar sus carnavales como retiro espiritual con sus iglesias.

Luego de esperar algún tiempo llegó una chiva de “El Chileno” un pueblo que queda más allá de nuestro destino y por ende pasaba por Trinidad. Nos subimos en la chiva, que en realidad viene siendo un antiguo auto de la Cruz Roja y que ahora cumple con la función de transporte.

Íbamos apretados y contentos, unos señores hasta se guindaron de la parte de atrás de la chiva. Luego de pasar por algunas lomas, con un excelente paisaje, que se colaba por las rendijas de la chiva, llegamos a nuestro destino que graciosamente era un teléfono público.

El conductor de la chiva nos dijo que el señor que vivía en la casa al lado del teléfono, sabía el trillo del cerro. Bien mandados fuimos a esa casa y preguntamos por el señor que nos dio una dirección tan extraña del trillo del cerro que ni Samuel ni yo entendimos. Nos habló de más de tres entradas hacia distintos trillos y realmente no entendimos, así que fuimos hasta otra casa en donde un señor que limpiaba las herraduras de sus caballos nos dijo que el veía que la gente se metía por ahí… (Un camino nada marcado).

Desorientados fuimos y nos metimos “por ahí” el camino aquel que no era más que monte y más monte, nos llegaba a la cintura, habían muchas plataneras, helechos, lajas gigantescas, y uno que otro árbol de naranja. De pronto lo que para nosotros era un camino mínimamente marcado, desapareció. ¿Y ahora? A improvisar.

Samuel tomó una rama gruesa y empezó a abrir un camino confuso que nos llevó a una laja alta por la que parecía que tendríamos que subir. Él se quitó las zapatillas y subió. Mientras yo esperaba abajo sentí que algo me picó tan fuertemente que grité al instante, miré hacia mis pies y eran unas hormigas rojas y gigantes que estaban por toda mi pierna, me quité las zapatillas más rápido que ligero y corrí hacia un lado y juro que sentí que las hormigas buscaban mis pies. Samuel se asustó pero lo detuve diciéndole que “solo eran hormigas”…

Le tiré mis zapatillas, mi mochila y procedí a subir, no fue tan difícil, ya estábamos en otra roca y sería necesario subir otra laja aún más alta que la anterior. Hicimos lo mismo, primero Samuel, luego mi persona y llegamos a otra roca, cuando vimos que la siguiente laja era aún más alta. Samuel subió con cautela y se demoró bastante tomando en cuenta cada lugar donde pisaría, casi no habían huecos donde poner el pie, pero él lo logró. Me dijo que de allí en adelante sería muy difícil pero se veía que seguía un camino y luego otra laja más. Yo no pude, lo intenté muchas veces y fue un fallo, necesitaba una cuerda, me era imposible, tendría que convertirme en mono o ser tan ágil como Samuel y eso me era realmente imposible.

Llegamos hasta una tubería y de allí nos regresamos a la carretera principal a preguntar si había otro trillo pues pensamos que efectivamente el que habíamos tomado era incorrecto.

Otro señor que limpiaba el patio de su casa nos dijo que él nos llevaba a la cima por 25 dólares cada uno, nos tomaría 4 horas llegar hasta lo más alto del cerro y necesitaríamos cuerdas pues subir por bejucos (como lo habíamos hecho nosotros) era muy peligroso. También nos dijo que en Aguacate Arriba, muy cerca de donde estábamos había un chorro refrescante para que nuestro día no fuera en vano.

Tomamos una chiva que nos llevó hasta el Cruce y empezamos a caminar hasta donde pudiéramos, preguntando a la gente del lugar sobre el chorro de Aguacate Arriba y nadie sabía nada. Solo nos dijeron que “por alláaa abajo ta’ el río”.

El Sol estaba candente, sentía que los rayos traspasaban mi gorra y llegaban a mi cerebro, casi convirtiéndolo en cenizas. A lo lejos vi un “kiosco” y corrí en busca de un refresco, cuando llegué la joven me dijo que no había luz, recordé en ese momento que estaba casi en medio de la nada (en cuanto a servicios se refiere), pero me dijo que en el toldo vendían cerveza. Caminamos un poco más y allí estaba el toldo con más de mil cervezas a mi disposición, en ese momento la vi como un refresco más. Qué calor hacía.

Y venía una chiva que iba montaña arriba y corrimos con todo y cerveza a subir, le dije a la gente del toldo que les daba la botella al regreso. No sabíamos ni para donde íbamos, donde bajarnos, nada, y el niño que iba de pasajero tampoco sabía donde quedaba nuestro destino, así que Samuel le metió un puñete al techo del transporte y la chiva se detuvo. Me bajé y hablé con el conductor preguntándole dónde quedaba Aguacate, me miro con cara que “que ingenua eres” y me dijo: “súbase adelante”.

Me subí y le dije que quería ir al chorro, respondió que el chorro estaba lejos y que estaba muy feo, pero que él conocía a alguien que nos podía guiar. Recorrido un tiempo se detuvo y con voz ronca y ondeante llamó a un viejito que estaba recostado en su hamaca y le dijo que nos guiara al chorro. Este conductor amable no nos cobró ni un peso.

Bajamos, saludamos al viejito de unos 56 años con rostro cordial y nos dijo que lo siguiéramos, entró a su casa y buscó un machete. Iniciamos la marcha, pasamos por un campo improvisado de fútbol y luego de pasar varias veces por charcos, quebradas y muchos árboles tumbados en el camino a causa del último invierno, el camino se tornó cerrado y luego de un tiempo nos dijo “jasta aquí llego yo”. Nos dijo que lo feo era el camino, pero que el chorro era bonito. Le dimos su salve del día ($$) y nos dijo que tendríamos que bajar por unos bejucos con mucho cuidado hasta llegar al chorro, Ah! Y que él solo tenía 73 años… Vaya, le dije a Samuel, para que veas como la naturaleza te mantiene en forma!

Así fue y vaya belleza, un chorro de aproximadamente 6 metros de alto y en donde reventaba el agua contra la roca había un arco iris. Me metí al agua que me quito la calor tan tremenda que tenía. Un jacuzzi natural para mí sola, ¡qué egoísta! Samuel aún no entraba, creo que aún estaba asimilando tanta belleza y buscando de qué árbol treparse. Al cabo de un rato él entró al agua y compartimos la merienda que habíamos llevado, además de una afable conversación en aquel jacuzzi personal. Creemos que este chorro no tiene nombre, ¿habrá que ponérselo?

Mientras yo comía y pensaba en pajaritos preñados, embelesada viendo el chorro, Samuel desapareció. De pronto empezó a gritar y yo con mi miopía no lo encontraba; cuando noté bien, él estaba en la copa de un árbol. Y así fue innumerables veces. Luego lo hizo estando arriba del chorro y se había llevado mi cámara en la boca para poder subir por las rocas hasta llegar arriba. Bajó y de pronto vi que estaba subiéndose a una liana. Definitivamente él si disfruta de cada cosa que la naturaleza ofrece.

Al salir del chorro vimos unas chachalacas (Ortalis cinereiceps), y unos tucancillos verdes (Aulacorhynchus prasinus). Caminamos por esas lomas hasta llegar a el Cruce, lo que fue bastante, a mi me pareció increíble haber caminado tanto. Esperamos una chiva por casi media hora en una tienda en donde sí tenían sodas frías, donde conocimos unos jóvenes que serán nuestros guías en la verdadera expedición al cerro Trinidad.

Sin ningún problema llegamos a Capira con una experiencia más y con la satisfacción de haber conocido un lugar tan fantástico.

Queda por decir que los invito a empezar a caminar. Hay lugares tan cerca de la ciudad, tan accesibles y hermosos… Lo único que hace falta es tener las ganas de caminar, de conocer, de improvisar, interactuar, y sobre todo disfrutar de tanta belleza que ofrece nuestro Panamá. No te conformes con ver esos cerros desde lejos, tratar de llegar lo más cerca posible es lo mejor.

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Luego de una visita a Santa Fe de Veraguas, tomamos la calle que conduce hacia Calobre, para ver si nos encontrábamos con algún otro lugar de esos tan ideales que existen en esta provincia. Justo luego de salir de la iglesia de San Francisco de la Montaña, preguntamos a lugareños como llegar a Calobre, quienes como toda persona del campo panameño fueron muy amables y nos ayudaron a encontrar la ruta.

El nombre Calobre se originó ya que así se llamaba un cacique del área. Este distrito está formado por doce corregimientos: Calobre, Barnizal, Chitra, El Cocla, El Potrero, La Laguna, La Raya de Calobre, La Tetilla, La Yeguada, Las Guías, Monjarás y San José.

En Calobre una de las principales actividades es la cosecha de la sandía, que en gran parte es exportada al extranjero, y es la mejor de Panamá gracias a la tierra algo árida de este distrito.

Justo en la carretera mucho antes de llegar a Calobre vimos un anuncio de carretera que con imágenes explícitas indicaba qué lugares turísticos podíamos encontrar en este bello distrito: El Salto Bejucal, el Río San Juan, la laguna la Yeguada, los Sandiales y Los Pozos Termales de Calobre, tratamos de encontrar los que pudiéramos, nos interesamos sobre todo en encontrar los pozos de Calobre, pero al parecer estos son de difícil acceso.

Justo debajo de un puente estaba el Salto el Bejucal en el corregimiento de Tetilla. Es un imponente chorro de agua que iracundo rompía con fuerza con su caudal de invierno que hacía que el agua se tornara turbia, nadie estaba bañándose en él y no quisimos tomar el riesgo. Está rodeado de mucha vegetación y el lugar es muy bonito a pesar de estar justo debajo del puente.

En la época de verano este salto es muy visitado por lugareños que hacen alarde de sus virtudes saltando desde lo alto y haciendo piruetas en el aire.

Cabe decir que muy pocas personas conocen el salto ya que por su ubicación estratégica debajo del puente es muy difícil darse cuenta que debajo de éste se encuentra semejante maravilla. Tampoco hay ninguna señalización, recomiendo preguntar en la carretera luego de 30 minutos de haber salido de San Francisco de la Montaña.

Al salir del Salto, seguimos en la carretera hasta ver el Río San Juan, al que vislumbramos sólo desde un puente, era exactamente como aparecía en la imagen de el anuncio en la carretera. Se apreciaban extrañas formaciones rocosas en él, quizás causadas por la erosión del tiempo. El Río San Juan forma parte importante de Calobre ya que sus aguas son desviadas hacia la quebrada las Lajas, que a su vez es el único afluente de la Laguna La Yeguada, para aumentar el volumen de agua utilizable hacia la generación de energía eléctrica.

Para llegar a Calobre se puede ir por dos rutas: desde Santiago, pasando por San Francisco de la Montaña y luego desviándose hacia Calobre, esto te toma un tiempo de 45 minutos. Si vienes por la carretera Interamericana puedes tomar la vía que conduce hacia el Jaguito en el Roble y esto te toma un tiempo de 1 hora y 20 minutos hasta llegar a Calobre. Desde la ciudad de Panamá es aproximadamente 3 horas y 15 minutos.

Y como decía en la valla de carretera “Calobre es un paraíso por conocer”.

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Andando por las laderas de las montañas de Veraguas, nos encontramos con el Salto de San Francisco, dentro de la encantadora comunidad de San Francisco de la Montaña fundada en 1621, a 16 kilómetros de la ciudad de Santiago.

Se dice que los fundadores de este pueblo fueron Fray Pedro Gaspar Rodríguez y Valderas, quien fuera miembro de la orden de Santo Domingo y quien fue conocido como el “Apóstol de los Guaimíes” y estableció el poblado con el objetivo de concentrar a los aborígenes de la región y realizar la conversión de éstos a la fe católica.

Luego de visitar la antigua iglesia de San Francisco, algunos moradores nos recomendaron conocer el Salto.

¿Dónde queda El Salto? La ubicación es fácil, estando en la Iglesia de San Francisco, se debe ir por detrás de la misma, hacia la izquierda hasta el Idaan, luego seguir a la mano derecha hasta llegar a una cancha improvisada de fútbol, luego hay un jorón y en frente esta el Salto.

Es un paisaje que te deja sin palabras al instante, chorros que caen a una olla de aguas mansas que siguen hasta llegar a un río lleno de piedras. En los alrededores se disfruta de mucha vegetación y árboles frutales que acompañan el río en su paso.

El Salto forma parte de la “Quebrada Honda”, y generalmente la gente disfruta de sus aguas refrescantes en verano pues en invierno tiene demasiada fuerza y pueden ocurrir accidentes.

En el balneario también hay bancas en donde las personas pueden hacer su picnic y pasar un buen rato con una linda vista, es importante llevar provisiones ya que no hay establecimientos de comida cerca del área.

Aunque en verano los chorros del salto se encuentren casi secos, nada impide que se disfrute de las aguas del balneario, mejor aún con más seguridad.

Cuando vayas a San Francisco de la Montaña es un deber pasar por el Salto. Recuerda siempre que lo que llevas de basura, te lo debes traes contigo y no dejar nada en el río.

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La verdad es que en estas fiestas patrias buscábamos tranquilidad, algún lugar de esos donde nadie te conoce, en donde solo la brisa te acompaña y el cantar de las aves te despierta, y escogimos el lugar perfectamente indicado: Santa Fe de Veraguas.

Como siempre, es mejor tomar nota desde antes de llegar al sitio, averiguamos los lugares de alojamiento que tiene este poblado entre los que pudimos encontrar varios a escoger a precios muy módicos, pero nos decidimos por uno en el centro y perfecto para desplazarse: Hotel el Sol de Santa Fe. El trato fue bueno, habitaciones muy limpias, baños limpios, pero sin televisión, el aire acondicionado no fue importante pues aquí el clima es perfecto.

En cuanto a la manera de llegar, hay variadas: en caso de ir en auto tienes dos opciones para llegar a Santa Fe, la primera es entrando por la comunidad del Jaguito en Coclé (10 minutos luego de pasar Aguadulce), pasas por Calobre y te desvías hacia San Francisco de la Montaña, después de allí hay una sola carretera para llegar hasta Santa Fe.

La otra opción es manejar hasta Santiago y luego tomar la Avenida Polidoro Pinzón que esta a la derecha antes del puente vehicular. De allí hasta Santa Fe son aproximadamente 57 kilómetros de carretera por la cual también se pasa por San Francisco de la Montaña. En cualquiera de las dos opciones las vistas en el camino son verdaderamente espectaculares.

Puente sobre el Río Santa María

En caso de hacer el viaje en autobús la manera más fácil es tomar un Santiago- Panamá en la terminal de autobuses de Albrook y llegar hasta la terminal de buses de Santiago y allí tomar otro autobús o “chiva” que te llevará hasta Santa Fe, en este caso las chivas son muy cómodas. El horario de autobuses en Santa Fe es de 5:00 AM a 7:00 PM.

El problema con esto es que al llegar al poblado, es muy difícil desplazarse de un lugar a otro sin auto, a menos que lo hagas en taxis pues las distancias de un lugar a otro son un poco lejanas y Santa Fe tiene muchísimas esferas por recorrer, pero en todo caso no hay que desanimarse, estando allá puedes tomar algún transporte local que te lleva a diferentes sitios de interés, además tienen su propia terminal de autobuses muy bonita y adecuada, con asientos para esperar y hasta una pizzería.

Y bueno, luego de aproximadamente una hora y media de carretera con paisajes dotados de hermosura, después de haber pasado los vetustos puentes sobre el río Gatú y el célebre río Santa María, es increíble encontrar un lugar tan completo como este. Hay restaurantes, sobre todo de la cooperativa ” la Esperanza de los Campesinos”, al igual que algunos mini súper de la misma cooperativa, entre muchos otros.

También hay un mercado en donde se pueden adquirir frutas de la temporada, artesanías muy baratas al igual que sombreros pintados o típicos en precios muy módicos, a decir verdad, los más baratos que he visto. Tienen una diversidad de canastas de paja, bolsas de henequén, vestidos guaimíes, y un sin fin de artículos interesantes. Lo único con lo que tuvimos un poco de problema encontrar fue hielo, pues algunas veces el agua en el lugar esta un poco sucia y las tiendas se abstienen de venderlo, la que lo distribuye mayormente es una de asiáticos llamado mini súper Santa Fe, a la entrada del pueblo.

Santa Fe fue uno de los primeros pueblos que se fundaron en el Istmo de Panamá. Su historia comienza cuando el Capitán  Francisco Vázquez estableció varias ciudades de la provincia de Veraguas en 1558, incluyendo a Santa Fe.

Este distrito está conformado por ocho corregimientos: Santa Fe, Calovébora, El Alto, El Cuay, El Pantano, Gatuncito, Río Luis y Rubén Cantú. El clima del distrito de Santa Fe es de tipo subtropical. Entre los puntos más altos del distrito de Santa Fe se destacan el Cerro Negro con una altitud de 1518 metros sobre el nivel del mar y Cerro Chicu con una altura de 1764 msnm. Tiene una superficie total de 1921 Km ²

Estatua del Padre Gallegos
Parque de Santa Fe

Aquí en Santa Fe, el Padre Héctor Gallegos inició su campaña para organizar a los campesinos, para que fueran conscientes de su fuerza y fueran mejor pagados en su trabajo y en el precio de sus productos. Con estas personas trabajó en los campos, durmió en sus chozas, compartió  sus preocupaciones y al fin llegó a ser como uno de ellos.  Esta campaña le costó la vida cuando el 9 de junio de 1971, durante el gobierno de Omar Torrijos Herrera, mientras Gallegos dormía en la casa de un amigo, se presentaron tres hombres en un jeep, sacaron al sacerdote, le golpearon y le secuestraron.

Desde ese día no se tiene noticia de él. Dejó sin embargo, la gran “Cooperativa Padre Héctor Gallegos” que él bautizó con el nombre de “La Esperanza de los Campesinos” y hasta el día de hoy ésta cooperativa sigue en pie. Su “Tienda Cooperativa” es la más surtida del lugar. Está dirigida por indígenas y campesinos.

Unos kilómetros antes de Santa Fe, está el Cerro Tute, fuera del Parque Nacional. Allí, en el año de 1959, y a la usanza del ejemplo cubano se formó el Movimiento de Acción Revolucionaria (MAR) como reacción al dominio norteamericano. A imitación de los rebeldes de la Sierra Maestra, los miembros de MAR se trasladaron a Cerro Tute, donde pensaban establecer su Cuartel Central. Los cubanos, un grupo de guerrilleros de la capital y campesinos se alzaron contra la autoridad con el fin de derrocar al gobierno.

Tomaron sus armas y se internaron en el Cerro Tute, su Sierra Maestra panameña, inspirados en el deber impostergable de luchar por un cambio revolucionario que permitiera instaurar un gobierno legítimo capaz de impulsar los cambios sociales que exigía el pueblo, extirpar todo vestigio del poder corrupto de las clases dominantes y de sumisión al imperialismo norteamericano. La generación del Cerro Tute, es un ejemplo de coraje y dignidad. Ellos como legítimos herederos de nuestros héroes: Urracá, París, Felipillo, Bayano, Rufina Alfaro y Victoriano Lorenzo, prefirieron la muerte antes que aceptar las prebendas de los grupos de poder económico y político que sometían al pueblo trabajador.

Estos idealistas no llegaron muy lejos en sus aspiraciones, pues, fueron apresados pronto. La Guardia Nacional envió al capitán Omar Torrijos para dispersar a los revolucionarios y en los enfrentamientos que se suscitaron murieron cuatro jóvenes combatientes: Eduardo Santos Blanco, Rodrigo Pinzón, José Rogelio Girón y Domingo García; dos en Cerro Banquillo, y dos en Cerro Tute. Solo tres militares resultaron heridos: entre ellos el Capitán Omar Torrijos, quien en franca huida fue alcanzado en las nalgas. Aquella humillación persiguió a Torrijos hasta el día de su muerte.

TUTE

Los guías locales han establecido senderos que llevan al visitante por el cerro Tute. La caminata solo es apta para personas en buenas condiciones físicas, pues hay que caminar cinco kilómetros por terrenos inclinados, pero se recompensa con una inigualable vista panorámica.

El Cerro Tute fue instituido como Sitio Histórico Turístico, por el Consejo Municipal de Santa Fe, en 1993.

En nuestra visita a Santa Fe, fue un poco difícil visitar ciertos lugares pues fuimos en plena época de invierno, pero sí pudimos tomar nota de cómo llegar a los lugares y anotar ciertos nuevos puntos de interés para el ecoturismo.

Ya habíamos escuchado que Santa Fe es hogar de café orgánico, es café de altura con un excelente aroma y sabor, pero probarlo fue distinto. Estando bajo la frescura de un ambiente encantador, en una cantina que en las mañanas funciona como fonda, en el bello poblado de Alto de Piedra, pedimos un Café Tute y juro en alto que es el mejor café que he probado en mi vida. No se si fue el momento tan mágico y fantástico, con una décima en el fondo del recinto que me hizo pedir uno tras otro, pero no puedo desestimar el sabor perfecto de este café tan sabroso.

Café Tute es una pequeña fábrica administrada también por la cooperativa local de agricultores. La cooperativa ofrece excursión a la granja orgánica local de café, seguido por una visita guiada de la planta de procesamiento de café.  Café El Tute es 100% arábigo. Ir a Santa Fe y no probarlo es un pecado, y de paso comprarlo pues en la ciudad de Panamá es muy raro encontrarlo, aunque se comercializa actualmente en países de Europa y Estados Unidos. La Cooperativa de Servicios Múltiples La Esperanza de los Campesinos también exporta su café a Alemania, pero además pretende incursionar en otros mercados extranjeros y ahora busca expandir su mercado a países como Italia, Francia y Japón; es increíble como lo que empezó con la cooperativa de la mano del desaparecido sacerdote Héctor Gallego haya llegado tan lejos. En aquella época sólo había 25 pequeños productores como socios.

Es importante enfatizar, que en Santa Fe existe una gran producción de orquídeas, tanto es así, que, desde hace varios años, se realiza en el mes de agosto una Exposición y Competencia de Orquídeas a la que asisten expositores, concursantes, vendedores y público en general, provenientes de todo el país.  Allí se han identificado más de 300 diferentes familias y variedades, aunque aún faltan muchas por ser descubiertas, lo que se debe a que esta región montañosa mantiene bosques intactos, donde las orquídeas se han mantenido vírgenes. En Panamá se han identificado unas mil 500 variedades de orquídeas, aspecto que deja muy bien colocado a Santa Fe, ya que el 30% de la población nacional de orquídeas habita en esta zona montañosa. Este distrito tiene la población más grande de orquídeas de la variedad Pleurotallis, cuyas flores tienen forma de insecto. A ella se suman las Miltoniosis, cuyos pétalos asemejan mariposas. Asimismo, se ha descubierto una especie de orquídea que se creía extinta, la hepidendrum escaligarii. Además, se han encontrado especies desconocidas, que aún no han sido registradas por los científicos.

En Santa Fe existen 22 orquidearios, instalados en patios de viviendas, donde los cultores le dedican tiempo y devoción para que las especies puedan florecer. Tuvimos la oportunidad de visitar uno de estos orquidearios que queda detrás de la casa de una Sra. de nombre Berta de Castrellón, directora de organización de la actividad ferial, amante de las aves y orquídeas, con la cual me sentí muy identificada. Su esposo nos invitó a pasar muy amablemente a ver las diferentes orquídeas que tienen, en este caso pocas, pero nos invitó a la feria de Agosto 2011 en donde ellos exponen. Este orquideario queda en la carretera que te lleva al puente sobre el río Bulabá y hay un letrero que indica su entrada. Curiosamente no nos cobraron, pero suponemos que cuando hay más producción de orquídeas quizás requieran una colaboración. Para la dirección también pueden llamar al 9540910.

Entre otros de los lugares que visitamos estuvieron Alto de Piedra y el corregimiento de El Pantano. Luego de pasar el puente sobre el río Bulabá, unos 5 minutos más de carretera y vimos una entrada hacia una vía de increíble lodo que indicaba que por allí se llega a “Sendero el Chilagre, Vía a Narices, bosque de Chilagres, ríos y petroglifos.” Instintivamente entramos por el camino de lodo y caminamos más de un kilómetro entre lomas y la tierra nos llegaba hasta las rodillas, fue entonces cuando me fui de acelerada, me tropecé con una piedra, vi estrellitas y hasta ahora aún cargo con la cicatriz de la caída. Fue un susto pues me salio bastante sangre y caminar para atrás era un suplicio, cuando de pronto surgió de entre el camino de fango y piedras el transporte indicado y soñado, una “gallinera” como le llaman algunos. Esos medios de transporte de las comunidades en donde los autobuses normales no llegan. Una camioneta doble cabina modificada con asientos para los pobladores y una tracción de otro mundo.

Subimos al transporte y nos agarramos fuerte para poder mantenernos en el mismo lugar donde nos habíamos sentado; entre lomas, la misma sierra, verdes azulados, un cielo azul opaco, naranjas regadas por los suelos de las casas del camino y miradas sorprendidas dentro del volquete, llegamos a el Pantano en donde se bajaron la mayoría de las personas. Al ir saliendo nos quedamos sorprendidos al ver un río de aguas verdes cristalinas que corría debajo de un puente rural, un poco fuera de lugar pues con el invierno es muy raro ver los ríos limpios.

En el Pantano

Me fui a limpiar la herida al hotel y salimos nuevamente, pero esta vez fue a otra parte del Pantano. Justo luego de pasar el puente Bulaba entramos por una carretera empinada hacia la izquierda y encontramos la entrada hacia el famoso Salto Bermejo que visitaremos sin falta en verano. Fuimos hasta donde termina la carretera asfaltada, donde también hay una vista espectacular de la montaña y donde pudimos observar muchas aves.

Igualmente se encuentran muchos lugares que sirven como balneario:

-         Las Trancas, en el río Santa María;

-         Los chorros del río La Llanita, que cuentan que es una masa de agua que cae en chorros y piscinas naturales a casi 100 metros de altura;

-     Los senderos de Alto de Piedra también te llevan a tres espléndidos chorros y cascadas;

-        El Salto de Venado en la comunidad de el Salto, que se disfruta sobre todo en los meses de invierno con algo de peligrosidad;

-       Para relajarse y disfrutar de la belleza circundante, puede alquilar un flotador por $5,00, y flotar por el Rio Bulabá hasta que se una al río Santa María. El viaje dura cerca de 75 minutos y pasa por una serie de rápidos, donde termina en el río Santa María. Para la renta del flotador, puede contactar a William Abrego (teléfono. 6583 5944);

-         El Salto el Bermejo en el río Bermejo, de unos 10 kilómetros de longitud que nace sobre la Cordillera Central y termina en el Río Bulabá y su avance forma al pasar hermosas caídas de aguas, muchas sin nombre e inexploradas.

Los más osados pueden subir mil 375 metros hasta llegar al cerro Mariposa, en donde se pueden observar tucanes, pavas negras, entre otros animales del lugar.
Hay caminatas cortas de dos horas y media en las que se llega a las tres cascadas de Alto de Piedra. La antigua mina de oro de Cocuyo es otro punto propicio para visitar, aunque dicen que este recorrido podría tomar hasta una semana.

No cabe duda de que Santa Fe es un lugar repleto de chorros, cascadas, saltos y balnearios donde el visitante puede divertirse y disfrutar plenamente de la naturaleza, cuidando sus beneficios y respetándola, más aún cuando es en este lugar en donde se tiene uno de los parque nacionales más importantes del país.

Y es que el Parque Nacional Santa Fe fue establecido mediante el Decreto Ejecutivo Nº 147 de 11 de diciembre de 2001, publicado en Gaceta Oficial No. 24,460 de 28 de diciembre de 2001 y ocupa una superficie de 72,269.75 hectáreas. Aproximadamente un 28.48% de la superficie del parque pertenece a la vertiente Pacífica y un 71.52% a la vertiente del Caribe. Esta área protegida se encuentra ubicada en las tierras altas de la cordillera central del país, dentro de los distritos de Santa Fe y Calobre en la provincia de Veraguas.

La elevación máxima en un cerro sin nombre que  alcanza  los 1,964 msnm. El bosque siempre verde es el más extenso del Parque Nacional Santa Fe, ocupa más del 95 % de la superficie. Habitualmente tiene un dosel compuesto por especies de árboles que increíblemente permanecen con hojas todo el año aunque hay algunos individuos de especies comunes mezclados con las especies de hoja indestructible. Algunas de las especies del área son: amarillo (Terminalia amazonia), ollito (Eschweilera sp.), bateo (Carapa guianensi), mollejo (Virola sp.), guabo (Inga sp.) y berbacillo (Brosimum sp.). En cuanto a las flores cabe destacar, como mencioné anteriormente, la familia de las orquídeas, especies de gran importancia para la conservación.

En el parque predomina un clima frío y vastas zonas de bosques vírgenes, en donde se reproduce el 51.3% de los mamíferos del país, algunos considerados en peligro de extinción como el jaguar (Panthera onca), macho de monte (Tapirus baidii) y el manatí (Trichechus manatus). También habitan en el parque mamíferos tales como el tapir (Tapirus bairdii), el puma (Puma concolor), algunos como la nutria (Lontra longicaudis), el murciélago (Hylonycteris underwoodi) y  el mono cariblanco (Cebas capucinus).

Cerro Sapo

Existe un gran número de especies de aves, cerca de unas 300, que potencialmente se encuentran habitando el área, ya que son especies características de la cordillera central. Entre las migratorias altitudinales registradas en el campo cabe destacar al ave-sombrilla cuellinuda (Cephalopterus glabricollis) y el querido campanero tricarunculado (Procnias tricarunculata) muy frágiles a la alteración de su hábitat. Además, éste es uno de los pocos sitios de donde se tienen registros de la estrella garganta ardiente (Selasphorus ardens), una ave endémica nacional, localizada exclusivamente en las tierras altas del occidente de Panamá, lo que la hace extremadamente susceptible a la destrucción de bosques en esta región. La presencia de esta ave trajo como consecuencia el nombramiento del cerro Tute como una de las áreas claves para la conservación de aves.

Así mismo se pueden apreciar el Trogón Colirrayado, el Carpintero Olividorado, el Picochato Gorgiblanco, otras aves posibles son: la Tangara de Monte Gorgiamarilla, el Mosquerito Cejirrufo, la Tangara de Monte Común, la Parula Tropical, el Gavilán Barreteado y los colibríes Colicerda Verde, Gorra Nivosa y Pico de Hoz Puntiblanco. Las noches en Alto de Piedra son bastante amenas: el Búho Blanquinegro y el Nictibio Común nos esperan.

También es importante resaltar que se observan 12 especies migratorias norteñas, una especie migratoria sureña y ocho migratorias altitudinales.

Por otro lado, sitios como Alto de Piedra y el cerro San Antonio son comparables a estudios realizados en las tierras altas de Chiriquí.

En cuanto a los reptiles observados en el área son muy importantes las especies endémicas regionales, como la rana de cristal (Cochranella spinosa) y la rana (Pristimantis pardalis), aunque también podemos observar a la iguana verde (Iguana iguana), la salamandra (Bolitoglossa colonnea), la rana arlequín (Atelopus varius) y la boa (Boa constrictor).

El área protegida incluye la parte alta de la cuenca del río Santa María y toda la zona montañosa de la parte norte de la provincia de Veraguas. Incluye el área que se extiende desde el límite con la Comarca Ngöbe-Buglé hasta el límite con las provincias de Colón y Coclé teniendo conexión con el Parque Nacional Omar Torrijos Herrera. Existen seis cuencas hidrográficas, entre los ríos principales se encuentran: Santa María, San Pablo y San Pedro, que desembocan en el océano Pacífico. Otros son el Caté, Belén, Calovébora, Concepción, Caloveborita, Luis, Grande y Veraguas, que desembocan en el Atlántico.

Además de todo lo mencionado, en el pueblo de Santa Fe se respira un aire de mucha paz, fraternidad, y una creencia muy apegada al catolicismo que incluye una linda iglesia en todo el centro del pueblo y justo en frente una cancha en donde los jóvenes pasan las tardes haciendo deportes. Hay varios parques en donde las personas acostumbran conversar pacíficamente y disfrutando del clima perfecto. Incluso pudimos notar un parquecito diminuto dedicado a la “heroica gesta del Cerro Tute”.
En el centro del pueblo admiramos la estatua del padre Gallegos que paso a ser un líder entre los campesinos de Santa Fe.

Hay varios lugares para hospedarse con precios por debajo de los 25 dólares por noche: Hotel el Sol de Santa Fe, Hostal la Quia, Hotel Tierra Libre, Cabañas Alto De Piedra (las cuales recomiendo por la belleza de sus alrededores, puede llamar al número 68731348 Sra. Alcida Solís).

Entre los restaurantes están varios de la Cooperativa la Esperanza de los Campesinos en donde la comida es criolla, muy buena y a precios realmente módicos por debajo de los 2.00 dólares, también está el hotel Tierra Libre en donde ofrecen emparedados y picadas, además Rostizados Pollos Kimberly y la Pizzería que se encuentra detrás de la Terminal.

Nos despedimos de este fantástico lugar con un poco de tristeza, pero siempre con la esperanza de que tendremos vida para poder regresar y poder visitar en el próximo viaje las fascinantes cascadas , chorros y cerros que guardan tantos secretos y leyendas, para poder publicarlas y que cada día más gente se enamore de las montañas, del verde de Panamá… Y que se sientan inspirados a cuidar de ella.

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Hace poco nos dimos una vuelta por el Parque Nacional General de División Omar Torrijos Herrera (PNGDOTH) ubicado en las tierras altas de la cordillera central, entre los océanos Atlántico y Pacífico, en el distrito de la Pintada, comunidad del Copé en la provincia de Coclé. La entrada hacia este parque nacional se ubica unos minutos después de pasar por Penonomé, antes de llegar al Caño, entrando por la comunidad de la Candelaria.

Este parque nacional fue creado mediante Decreto Ejecutivo Número 18 del 31 de julio de 1986 e incluido dentro del Sistema Nacional de Áreas Protegidas para preservar la gran diversidad biológica de la región central panameña o cordillera central. Se encuentra dentro del Corredor Biológico Mesoamericano.

Para llegar a este parque nacional es de suma importancia ir en auto 4×4 con doble tracción ya que el parque está a 5 kilómetros del Copé y la carretera es muy difícil. De ir en bus, es casi imposible, los buses solo llegan al Chorro las Yayas, enclavado en las faldas del parque.

La temperatura es muy agradable y tiene rangos de medición que oscilan entre los 18 y 29 grados centígrados.

Cubre una extensión de 25,275 hectáreas y dentro de sus límites se encuentran unas siete comunidades: El Potroso, Las Peñitas, El Tigre, La Rica, El Guabal, Río Blanco y Caño Sucio y en sus alrededores se encuentran los poblados de El Copé, Barrigón, La Junta, Cerro Hueco, Belencillo, Aguas Blancas, Bateales y Palmarazo. Protege las cabeceras de los ríos más importantes de la región coclesana, tales como el río San Juan, el río Belén y el Concepción en la vertiente caribeña; y el río Grande, el río Marta y el río Nombre de Dios en la vertiente del Pacífico. En su territorio sobresalen los cerros Negro (1408 metros), Peña Blanca (1314 metros), Blanco (1192 metros) y Marta (1046 metros).

En el año de 1986 la superficie del parque era de seis mil hectáreas, sin embargo, la misma fue ampliada según criterios ecológicos en el año de 1996 a 25,275 hectáreas, con el propósito de incorporar tierras que requerían su conservación y protección.

Al llegar a el Copé vimos una primera entrada hacia el Cerro Marta, seguimos y encontramos otra entrada directo al parque. Fue un recorrido de media hora hasta llegar al Centro de Visitantes. Pasamos por la comunidad de Barrigón, también por la entrada del Chorro las Yayas, incluso pasamos sobre un riachuelo y unos minutos después estábamos en la oficina de control y monitoreo ambiental de Anam, en la cual no había nadie y nos tomamos el beneplácito de seguir. Ya desde ahí la vista era impresionante, a lo lejos se veía lo recorrido desde la carretera Interamericana.

Minutos después y con mucha dificultad por la carretera nos encontramos con el responsable de Anam y nos dio el permiso de seguir, nos explico de dejar el auto en el centro de visitantes en caso de subir a el Cerro el Calvario.

Hicimos lo establecido y empezamos la caminata hacia El Calvario, que bien tiene su nombre pues subíamos y subíamos, nos demoramos aproximadamente 30 minutos hasta llegar a la cima. En el camino pudimos disfrutar de la diversidad de flora del parque. El cerro se encuentra a 912 metros sobre el nivel del mar y es unos de los pocos sitios en el mundo en donde en días claros se pueden observar los dos mares, y efectivamente tuvimos la dicha de ver el Mar Caribe y el Océano Pacífico, como nos habían advertido,  ya que el sol era incandescente y radiante. También fue impresionante ver la majestuosidad del Cerro Marta, en el cual cayó la avioneta en donde murió el general Omar Torrijos, motivo por el cual el parque lleva su nombre. A lo lejos vislumbramos las comunidades de Coclesito, San Juan de Turbe, Boca de Toabre incluso Coclé del Norte; todo esto confirmado por un profesor de geografía con el cual tuvimos el placer de conversar en la cima del Calvario.

En la parte más elevada del parque como en el cerro Marta y el Calvario, se desarrollan bosques pluviales montanos bajos y a medida que se desciende están los bosques pluviales y húmedos premontano, y los muy húmedos tropicales. Se cree que de las 2 mil 604 especies de plantas y 552 especies de vertebrados terrestres que se encuentran en la provincia, la mayoría tiene presencia en el parque. Existe también una gran diversidad de especies endémicas o propias de estos bosques, unas 60 muestras han sido recolectadas dentro de la zona montañosa. Según los estudios científicos, el área se originó por la alternancia de las actividades volcánicas y sedimentarias que caracterizaron la formación del istmo de Panamá.

El propósito primordial del parque es proteger una gran extensión de ríos y bosques principales para preservar el ecosistema del país. Existen cuatro zonas de vida: el bosque húmedo tropical, bosque muy húmedo tropical, bosque húmedo premontano y bosque húmedo premontano bajo. Se observan exuberantes helechos arbóreos, palmas, enormes árboles como el guayacán y jacaranda, musgos, muchas orquídeas, bromelias, heliconias, anturios, algunas plantas endémicas como la selaginelas, scheffleras, la emblemática monolena glabra y el árbol copé, nativo del parque y por el cual lleva su nombre. También posee  la planta carnívora (Drossera capillaris) característica de los suelos pobres en nutrientes, y un sinnúmero de otras plantas endémicas del lugar. En el parque se encuentra la única zamia epifita en el mundo, la cual crece sobre árboles y sus hojas asemejan a la de una palma.

Solo en aves se pueden observar aproximadamente 350 especies diferentes, el colibrí pico de hoz, por su diseminada presencia, ha sido escogido como ave símbolo del parque. También se pueden encontrar otras especies, como tucanes, loros, oropéndolas, tigrillos, manigordos, venados, ardillas negras, mono cariblanco, pumas, jaguares, tigrillos congo, zainos, venado cola blanca,  tapires, puerco de monte, mono titi y mono perezoso, murciélagos, ardilla negra, boas constrictoras, culebras equis y corales; sobresalen además las ranas doradas y ranas cristal. Entre su flora sobresalen las epifitas; también los legendarios y vetustos helechos arbóreos, que son conocidos como verdaderos fósiles vivientes. El parque debe ser un modelo de conservación porque allí hay referencia de la vida animal y vegetal que no existe en ningún otro sitio del mundo.

Al bajar del Calvario, toqué alguna planta con pelos urticantes y se me metieron en los dedos; después de sacarlos seguimos caminando y fuimos a conocer el centro de visitantes en donde pagamos los 3 dólares de ingreso al parque. El centro de visitantes es genial, tiene basta información, un pequeño mirador, algunas sillas y mesas, un patio perfecto para acampar y del mismo centro de visitantes se empiezan los famosos senderos del parque hechos por la Anam.

Sin duda nos fuimos a recorrerlos, encontramos varios senderos: Sendero de la Rana de 2km, Sendero los Helechos de 800 metros entre otros, pero estos fueron los que recorrimos. Fue muy interesante pues pudimos disfrutar aún más de cerca de la diversidad de flora del parque. Incluso en el sendero de la rana vimos varios hongos venenosos y escuchamos el croar de ranas endémicas.

De regreso al Centro de visitantes, fuimos hasta una agradable cabaña triangular apta para alquilar, por el precio de 10 dólares por persona, las 2 habitaciones quedan en la parte de arriba de la cabaña, también posee una cocina con todo lo necesario y un baño.
Nos retiramos del centro de visitantes y fuimos directo al Chorro las Yayas a relajarnos bajo sus frías aguas en perfecta armonía.

Como leen y ven, el Parque Nacional Omar Torrijos posee todo en un solo lugar, es un sitio excepcional, lleno de vida silvestre, muy bien conservado, y esperando ser visitado.

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Hace algunas semanas y después de una frustrante noche en Aguadulce, decidimos irnos en búsqueda de los “Algarrobos” un charco del cual todo el pueblo de Chicá se enorgullece.

Chicá se encuentra en la provincia de Panamá, distrito de Chame, cerca de el Parque Nacional Altos de Campana, por el cual entramos, y nos fuimos directo a el mirador de Los Mandarinos en el poblado, el cual queda después de pasar la escuela pública del lugar.

A eso de las 7am ya estábamos ahí y nos recibieron dos hermosos tucanes que jugaban volando sobre los árboles, haciendo paradas sobre algunas ramas; una ardilla blanca nos confundió al hacernos pensar que era un mono, unas Eufonias Coroniamarillas buscaban entre unas ramas pedazos para hacer su nido, una Reinita Amarilla se burlaba de nosotros desde el árbol de mandarinas, de repente una Elenia Penachuda se posó justo sobre nuestras cabezas esperando ser fotografiada, mientras un Gavilán de ojos rojos descansó en una rama del árbol de en frente por bastante tiempo.

Parecía como si el tiempo se hubiese detenido en ese instante y los animales desearan saludarnos sin miedo. Le alquilamos los binoculares a el Sr. de los Mandarinos y vimos Cerro Negro, el Cerro Picacho, Buena Vista de Chame, Bejuco, Altos del María, la Finca de Orquídeas Loma Linda, también una curiosa casita que parecía tener una hortaliza en frente.

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Nos fuimos hasta el Mini Súper María y entramos por la calle a su izquierda. Vimos un puente rural y un señor nos dijo que era por ahí, y agregó que solo eran 15 minutos caminando hasta los Algarrobos.

Empezamos la caminata sin nada de equipo, pues no estaba en nuestros planes enlodarnos.

Y caminamos, caminamos, caminamos, vimos algún caballo, alguna ardilla, y seguimos caminando hasta llegar donde el camino se dividía. Karla y Max caminarían por la derecha, Leo y yo por la izquierda y si veíamos río gritábamos para avisar, ¡vaya modo!

Al entrar en este camino Leo y yo vimos de cerca la casa que ya habíamos visto llena de hortalizas desde el mirador, de repente pasó un señor con dos caballos y nos dijo que estábamos a punto de llegar a Buena Vista, habíamos caminado mucho. Nos dijo que Los Algarrobos estaba en el otro camino, así que caminamos de vuelta y ya venia Max a buscarnos pues había encontrado el río que en realidad era un charquito nada profundo en el que tomamos un baño pensando que eran Los Algarrobos.

Un rato después paso otro señor en su caballo y nos dijo que Los Algarrobos estaba cerca de allí, que nos daríamos cuenta al verlo y entonces decidimos caminar un poco más.

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Íbamos todos mojados sobre las piedras y de repente, una serpiente pequeña me pasó entre las piernas, nos asustamos y más yo, acepto, pues la serpiente prácticamente me rozó.

Con un poco de miedo seguimos caminando y empezamos a oír agua cayendo y de repente no había más camino sino una caída de agua hermosa, una charca visiblemente profunda que invitaba al esparcimiento, y sin pensarlo más mandamos a Karla adelante a probar la profundidad, estaba honda, OH Si! El agua fresca, verde…pero hicimos tanta revoltura que la pusimos chocolate, el chorro era de unos tres metros y hasta allá fuimos a darnos los masajes naturales.

Mas tarde llegaron unos lugareños e hicieron tremendos clavados en el charco, unos niños aprendían a nadar y nos contaron sus aventuras…debe ser muy divertido vivir en un lugar como Chicá.

De regreso vimos un centenar de sapitos negros saltando de un lado a otro, huyendo de nosotros, parecían acabados de pasar de una etapa de su metamorfosis. También nos topamos con chinches rojos y una iguana verde, “meracho”.

Este es solo uno más de esos lugares que ni nos imaginamos que existen, mucho más los capitalinos. Es hermoso ver como los lugareños de Chicá se preocupan por sus ríos y quebradas, sin miedo a invitarnos a ellas, confiando en nuestro sentido de responsabilidad con el medio ambiente. Tantas especies en un solo día es mágico verlas de manera silvestre, pero ellas mismas saben cuando no recibirán ningún daño y salen a mostrarnos sus virtudes.

Fotos

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En semana santa, nos fuimos hasta Veraguas a conocer la Reserva Forestal La Yeguada, lugar que se queda permanente en la mente de quien lo visita.

Una vez en Aguadulce, exactamente 15 minutos después vimos una entrada repleta de carteles de bailes típicos en donde indicaba la entrada del Jaguito, en el Roble, Coclé. La Yeguada está ubicada en el distrito de Calobre a 1 hora y media, 50 kilómetros.

Hay otra opción manejando hacia Santiago y luego entrar por la carretera hacia San Francisco, luego desviarse a Calobre y de ahí a la Yeguada, lo cual toma mucho más tiempo si vienes desde la ciudad de Panamá.

La Yeguada, también conocida como Chitra-Calobre, es una reserva forestal que protege la cuenca hidrográfica de La Laguna, misma que provee de energía hidráulica a la hidroeléctrica. Es un complejo volcánico masivo localizado en la provincia de Veraguas, en Panamá, justo al norte de la península de Azuero.

Tiene una altura de 1.297 metros sobre el nivel el mar y su última erupción fue hace unos 1620 años. La cuenca hidrográfica de La Yeguada es de 638 km2, ubicada en la Reserva Forestal La Yeguada de 70.9 km2. La profundidad promedio de la laguna es de 5.2 metros, siendo la máxima de 6.5 metros. Sus coordenadas geográficas aproximadamente: 7°40′N 81°30′W.

Seguimos en línea recta preguntando algunas veces a los moradores, ya que nunca antes habíamos visitado este lugar. Pasamos por Calobre, una comunidad tranquila rodeada de montañas y veredas repletas de marañones.

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Un letrero decía: “18 kilómetros la Yeguada” nos pusimos felices, y de ahí en adelante solo fueron curvas, montañas, a lo lejos divisamos los Picachos de Olá, a otro lado las lejanas montañas de Santa Fe, volcanes viejos que se encuentran en la Cordillera norte de Veraguas.

Pinos, Pinos y Musgo nos rodeaban, sentíamos que estábamos cerca y en efecto, vimos la caseta de la Anam y un patio de pinos precioso donde había varios carros y tiendas de acampar y al fondo… La Laguna de la Yeguada.

Emocionados empezamos a armar las tiendas, dos tiendas, dos parejas, Abby, Daniel, Leo y yo. El área es sumamente limpia y plana. Cuenta con una letrina rudimentaria. El lugar está ubicado en un pinar que se plantó hace más de treinta años. También hay varios lugares donde encender una buena fogata.

Cocinamos festivamente de todo un poco, ensalada, chorizos, pollo, tajadas de plátano, delicioso menú todo hecho en una estufa de querosén y una parrilla pequeña. Después de comer, descansamos un rato y nos fuimos dispuestos a darnos un chapuzón en la laguna…Imposible, se veía demasiado honda y nosotros con miedo. Nos sentamos a orillas del lago a escuchar todos los sonidos del silencio y nos sentimos honrados de estar allí.

La laguna, rodeada de montañas coronadas de neblina, pinos infinitos, los pájaros incesantes en su canto, águilas excitadas en su bullicio. Inhale una bocanada del aire purificador, capture el paisaje y la encerré en los recuerdos placenteros…

La laguna es el cráter de un volcán primitivo, que algunas personas dicen activo. Creada en 1967, la Reserva Forestal forma parte de la cuenca que provee energía hidráulica a la Hidroeléctrica de La Yeguada.

De tipo estrato volcano, siendo desviadas las aguas del río San Juan hacia la quebrada Las Lajas único afluente de la laguna, para aumentar el volumen de agua utilizable para la generación de energía eléctrica.

Esta Reserva Forestal recoge unas de la experiencias más antiguas de la reforestación con Pinus caribaea en Centroamérica; la cual se inició a fines de la década de 1960 y ahora cuenta con más de 2,000 hectáreas plantadas, parte de los pinos fueron plantados en el gobierno de Omar Torrijos. La laguna de 1.0 km2, aumento a 1.125 kilómetros cuadrados, al culminarse las obras de cierre de un vaso mayor.

La carretera que sube a La Laguna de La Yeguada ha sido asfaltada y está en excelentes condiciones para todo tipo de autos. Al llegar preguntamos inmediatamente el costo de la entrada y nos sorprendió un poco por ser mucho mas elevado de lo que esperábamos para ser una reserva forestal propiedad del estado. La Yeguada es una reserva forestal y está bajo el control de ANAM: $2 x auto, $2 x adulto y $5 x tolda x día.  Total fueron 20 dólares por día. La única facilidad que hay por ese dinero es una letrina. En las oficinas del parque no hay agua, así que lo mejor es llevarla.

Oscureció en la Yeguada y nos pusimos las piyamas, preparamos la guaricha (lámpara de querosén). Gracioso fue que la guaricha se estropeó, estuvimos más de una hora tratando de arreglarla en medio de la oscuridad, encendimos una fogata y después Leo y Daniel lograron empatarla.

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Preparamos emparedados, comimos chocolate, jamón de diablo, entre otras cosas y empezaron los cuentos de miedo, que habíamos prometido no contar por lo propicio del momento: viernes santo, pero fue imposible, empezamos hablando de apariciones, chivatos, y experiencias supuestamente propias.

Nos fuimos a dormir, deliciosamente pues el clima estaba perfecto, estábamos unas 15 personas durmiendo esa noche en la Yeguada. A eso de las 3am escuchamos el rasgar de algún animal, que desesperadamente buscaba entre los restos de comida…intenso zamarreo de bolsas, animal que más tarde llamaríamos el Chivato.

Al día siguiente hicimos un pollo a la parrilla y subimos a la cascada El Desvío, de unos 40 metros de espectacular caída, y la contemplamos embelesados como si nunca hubiésemos visto cascadas en nuestras vidas.

Escalamos a través de la caída de agua hasta llegar a un espacio considerable para nosotros ya que el chorro estaba repleto de gente. Después de ese vigorizante baño nos fuimos muy satisfechos de la Yeguada.

En el camino de regreso recogimos a un señor que esperaba por transporte público, muy difícil en esta área y lo llevamos hasta Calobre, fue placentero poder compartir con este lugareño acerca de los hermosos parajes de Veraguas.

Veraguas tiene hermosos lugares, llenos de naturaleza virgen dispuesta a ser explorada, montañas de verdes intensos esperando ser coronadas. Un poquito más lejos y bien planificado no cuesta mucho, acampar es lo mejor, convivir con la naturaleza siempre es una experiencia formidable.

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El Majagua es un río de la República de Panamá, ubicado en la Provincia de Chiriquí, provincia occidental de este país. La naciente del Río Majagua se encuentra dentro de la cuenca hidrográfica del Volcán Barú, es un curso de agua permanente. El Río Majagua desemboca en el Río David a la altura de la urbanización el Terronal en la Ciudad de David siendo junto con el Río Cochea sus afluentes principales.

Estuve unas semanas en Chiriquí y en una de las tarde decidí ir a dispersarme en algún río.

Para llegar hay que tomar una chiva directo a la terminal de David, y hacer trasbordo tomando un bus David – Dolega (Después me enteré que también se puede tomar un bus David- Boquete pues también pasa por el balneario.) El costo del autobús es de 30 centavos, súper económico. El Balneario Majagua esta situado en un lugar entre David y Dolega que se conoce comúnmente como Portachuelo.

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Al llegar al balneario, encontramos un bohío que cuentan, tiene ya más de 50 años de estar ahí. El río estaba algo seco pero con buen nivel para darse un baño.
En ese momento el río era de nosotros. Al pasar las horas llegaron unos estudiantes de algún colegio de David; al parecer siempre llegan muchos estudiantes a este río.

Los chicos se subían a la cascada sin ninguna dificultad, hacían apuestas para ver quien era el más valiente y se lanzaba primero. Me fui a caminar por los alrededores y llegué al bohío, me tome algún refresco mientras hablaba con el despachante, que muy amablemente me habló del lugar.

Me comentó que antes que llegaran a construir el bohío, no había carretera, y que anteriormente el área era un pequeño cerro que con el pasar de los años, se fue derrumbando. También afectaron mucho las lluvias y en ocasiones el agua llegaba hasta el bohío. Además agregó que algunas personas han muerto en el río, y que cada año los familiares de lo difuntos van y les tiran flores blancas.

El Majagua es un lugar tranquilo para pasarla en amigos y en familia, uno puede disfrutar de una buena comida y de algún baile en el bohío.

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