ENLODADOS :: Turismo y Aventura Ecológica

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Hace poco nos dimos una vuelta por el Parque Nacional General de División Omar Torrijos Herrera (PNGDOTH) ubicado en las tierras altas de la cordillera central, entre los océanos Atlántico y Pacífico, en el distrito de la Pintada, comunidad del Copé en la provincia de Coclé. La entrada hacia este parque nacional se ubica unos minutos después de pasar por Penonomé, antes de llegar al Caño, entrando por la comunidad de la Candelaria.

Este parque nacional fue creado mediante Decreto Ejecutivo Número 18 del 31 de julio de 1986 e incluido dentro del Sistema Nacional de Áreas Protegidas para preservar la gran diversidad biológica de la región central panameña o cordillera central. Se encuentra dentro del Corredor Biológico Mesoamericano.

Para llegar a este parque nacional es de suma importancia ir en auto 4×4 con doble tracción ya que el parque está a 5 kilómetros del Copé y la carretera es muy difícil. De ir en bus, es casi imposible, los buses solo llegan al Chorro las Yayas, enclavado en las faldas del parque.

La temperatura es muy agradable y tiene rangos de medición que oscilan entre los 18 y 29 grados centígrados.

Cubre una extensión de 25,275 hectáreas y dentro de sus límites se encuentran unas siete comunidades: El Potroso, Las Peñitas, El Tigre, La Rica, El Guabal, Río Blanco y Caño Sucio y en sus alrededores se encuentran los poblados de El Copé, Barrigón, La Junta, Cerro Hueco, Belencillo, Aguas Blancas, Bateales y Palmarazo. Protege las cabeceras de los ríos más importantes de la región coclesana, tales como el río San Juan, el río Belén y el Concepción en la vertiente caribeña; y el río Grande, el río Marta y el río Nombre de Dios en la vertiente del Pacífico. En su territorio sobresalen los cerros Negro (1408 metros), Peña Blanca (1314 metros), Blanco (1192 metros) y Marta (1046 metros).

En el año de 1986 la superficie del parque era de seis mil hectáreas, sin embargo, la misma fue ampliada según criterios ecológicos en el año de 1996 a 25,275 hectáreas, con el propósito de incorporar tierras que requerían su conservación y protección.

Al llegar a el Copé vimos una primera entrada hacia el Cerro Marta, seguimos y encontramos otra entrada directo al parque. Fue un recorrido de media hora hasta llegar al Centro de Visitantes. Pasamos por la comunidad de Barrigón, también por la entrada del Chorro las Yayas, incluso pasamos sobre un riachuelo y unos minutos después estábamos en la oficina de control y monitoreo ambiental de Anam, en la cual no había nadie y nos tomamos el beneplácito de seguir. Ya desde ahí la vista era impresionante, a lo lejos se veía lo recorrido desde la carretera Interamericana.

Minutos después y con mucha dificultad por la carretera nos encontramos con el responsable de Anam y nos dio el permiso de seguir, nos explico de dejar el auto en el centro de visitantes en caso de subir a el Cerro el Calvario.

Hicimos lo establecido y empezamos la caminata hacia El Calvario, que bien tiene su nombre pues subíamos y subíamos, nos demoramos aproximadamente 30 minutos hasta llegar a la cima. En el camino pudimos disfrutar de la diversidad de flora del parque. El cerro se encuentra a 912 metros sobre el nivel del mar y es unos de los pocos sitios en el mundo en donde en días claros se pueden observar los dos mares, y efectivamente tuvimos la dicha de ver el Mar Caribe y el Océano Pacífico, como nos habían advertido,  ya que el sol era incandescente y radiante. También fue impresionante ver la majestuosidad del Cerro Marta, en el cual cayó la avioneta en donde murió el general Omar Torrijos, motivo por el cual el parque lleva su nombre. A lo lejos vislumbramos las comunidades de Coclesito, San Juan de Turbe, Boca de Toabre incluso Coclé del Norte; todo esto confirmado por un profesor de geografía con el cual tuvimos el placer de conversar en la cima del Calvario.

En la parte más elevada del parque como en el cerro Marta y el Calvario, se desarrollan bosques pluviales montanos bajos y a medida que se desciende están los bosques pluviales y húmedos premontano, y los muy húmedos tropicales. Se cree que de las 2 mil 604 especies de plantas y 552 especies de vertebrados terrestres que se encuentran en la provincia, la mayoría tiene presencia en el parque. Existe también una gran diversidad de especies endémicas o propias de estos bosques, unas 60 muestras han sido recolectadas dentro de la zona montañosa. Según los estudios científicos, el área se originó por la alternancia de las actividades volcánicas y sedimentarias que caracterizaron la formación del istmo de Panamá.

El propósito primordial del parque es proteger una gran extensión de ríos y bosques principales para preservar el ecosistema del país. Existen cuatro zonas de vida: el bosque húmedo tropical, bosque muy húmedo tropical, bosque húmedo premontano y bosque húmedo premontano bajo. Se observan exuberantes helechos arbóreos, palmas, enormes árboles como el guayacán y jacaranda, musgos, muchas orquídeas, bromelias, heliconias, anturios, algunas plantas endémicas como la selaginelas, scheffleras, la emblemática monolena glabra y el árbol copé, nativo del parque y por el cual lleva su nombre. También posee  la planta carnívora (Drossera capillaris) característica de los suelos pobres en nutrientes, y un sinnúmero de otras plantas endémicas del lugar. En el parque se encuentra la única zamia epifita en el mundo, la cual crece sobre árboles y sus hojas asemejan a la de una palma.

Solo en aves se pueden observar aproximadamente 350 especies diferentes, el colibrí pico de hoz, por su diseminada presencia, ha sido escogido como ave símbolo del parque. También se pueden encontrar otras especies, como tucanes, loros, oropéndolas, tigrillos, manigordos, venados, ardillas negras, mono cariblanco, pumas, jaguares, tigrillos congo, zainos, venado cola blanca,  tapires, puerco de monte, mono titi y mono perezoso, murciélagos, ardilla negra, boas constrictoras, culebras equis y corales; sobresalen además las ranas doradas y ranas cristal. Entre su flora sobresalen las epifitas; también los legendarios y vetustos helechos arbóreos, que son conocidos como verdaderos fósiles vivientes. El parque debe ser un modelo de conservación porque allí hay referencia de la vida animal y vegetal que no existe en ningún otro sitio del mundo.

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Al bajar del Calvario, toqué alguna planta con pelos urticantes y se me metieron en los dedos; después de sacarlos seguimos caminando y fuimos a conocer el centro de visitantes en donde pagamos los 3 dólares de ingreso al parque. El centro de visitantes es genial, tiene basta información, un pequeño mirador, algunas sillas y mesas, un patio perfecto para acampar y del mismo centro de visitantes se empiezan los famosos senderos del parque hechos por la Anam.

Sin duda nos fuimos a recorrerlos, encontramos varios senderos: Sendero de la Rana de 2km, Sendero los Helechos de 800 metros entre otros, pero estos fueron los que recorrimos. Fue muy interesante pues pudimos disfrutar aún más de cerca de la diversidad de flora del parque. Incluso en el sendero de la rana vimos varios hongos venenosos y escuchamos el croar de ranas endémicas.

De regreso al Centro de visitantes, fuimos hasta una agradable cabaña triangular apta para alquilar, por el precio de 10 dólares por persona, las 2 habitaciones quedan en la parte de arriba de la cabaña, también posee una cocina con todo lo necesario y un baño.
Nos retiramos del centro de visitantes y fuimos directo al Chorro las Yayas a relajarnos bajo sus frías aguas en perfecta armonía.

Como leen y ven, el Parque Nacional Omar Torrijos posee todo en un solo lugar, es un sitio excepcional, lleno de vida silvestre, muy bien conservado, y esperando ser visitado.

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Hace algunas semanas y después de una frustrante noche en Aguadulce, decidimos irnos en búsqueda de los “Algarrobos” un charco del cual todo el pueblo de Chicá se enorgullece.

Chicá se encuentra en la provincia de Panamá, distrito de Chame, cerca de el Parque Nacional Altos de Campana, por el cual entramos, y nos fuimos directo a el mirador de Los Mandarinos en el poblado, el cual queda después de pasar la escuela pública del lugar.

A eso de las 7am ya estábamos ahí y nos recibieron dos hermosos tucanes que jugaban volando sobre los árboles, haciendo paradas sobre algunas ramas; una ardilla blanca nos confundió al hacernos pensar que era un mono, unas Eufonias Coroniamarillas buscaban entre unas ramas pedazos para hacer su nido, una Reinita Amarilla se burlaba de nosotros desde el árbol de mandarinas, de repente una Elenia Penachuda se posó justo sobre nuestras cabezas esperando ser fotografiada, mientras un Gavilán de ojos rojos descansó en una rama del árbol de en frente por bastante tiempo.

Parecía como si el tiempo se hubiese detenido en ese instante y los animales desearan saludarnos sin miedo. Le alquilamos los binoculares a el Sr. de los Mandarinos y vimos Cerro Negro, el Cerro Picacho, Buena Vista de Chame, Bejuco, Altos del María, la Finca de Orquídeas Loma Linda, también una curiosa casita que parecía tener una hortaliza en frente.

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Nos fuimos hasta el Mini Súper María y entramos por la calle a su izquierda. Vimos un puente rural y un señor nos dijo que era por ahí, y agregó que solo eran 15 minutos caminando hasta los Algarrobos.

Empezamos la caminata sin nada de equipo, pues no estaba en nuestros planes enlodarnos.

Y caminamos, caminamos, caminamos, vimos algún caballo, alguna ardilla, y seguimos caminando hasta llegar donde el camino se dividía. Karla y Max caminarían por la derecha, Leo y yo por la izquierda y si veíamos río gritábamos para avisar, ¡vaya modo!

Al entrar en este camino Leo y yo vimos de cerca la casa que ya habíamos visto llena de hortalizas desde el mirador, de repente pasó un señor con dos caballos y nos dijo que estábamos a punto de llegar a Buena Vista, habíamos caminado mucho. Nos dijo que Los Algarrobos estaba en el otro camino, así que caminamos de vuelta y ya venia Max a buscarnos pues había encontrado el río que en realidad era un charquito nada profundo en el que tomamos un baño pensando que eran Los Algarrobos.

Un rato después paso otro señor en su caballo y nos dijo que Los Algarrobos estaba cerca de allí, que nos daríamos cuenta al verlo y entonces decidimos caminar un poco más.

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Íbamos todos mojados sobre las piedras y de repente, una serpiente pequeña me pasó entre las piernas, nos asustamos y más yo, acepto, pues la serpiente prácticamente me rozó.

Con un poco de miedo seguimos caminando y empezamos a oír agua cayendo y de repente no había más camino sino una caída de agua hermosa, una charca visiblemente profunda que invitaba al esparcimiento, y sin pensarlo más mandamos a Karla adelante a probar la profundidad, estaba honda, OH Si! El agua fresca, verde…pero hicimos tanta revoltura que la pusimos chocolate, el chorro era de unos tres metros y hasta allá fuimos a darnos los masajes naturales.

Mas tarde llegaron unos lugareños e hicieron tremendos clavados en el charco, unos niños aprendían a nadar y nos contaron sus aventuras…debe ser muy divertido vivir en un lugar como Chicá.

De regreso vimos un centenar de sapitos negros saltando de un lado a otro, huyendo de nosotros, parecían acabados de pasar de una etapa de su metamorfosis. También nos topamos con chinches rojos y una iguana verde, “meracho”.

Este es solo uno más de esos lugares que ni nos imaginamos que existen, mucho más los capitalinos. Es hermoso ver como los lugareños de Chicá se preocupan por sus ríos y quebradas, sin miedo a invitarnos a ellas, confiando en nuestro sentido de responsabilidad con el medio ambiente. Tantas especies en un solo día es mágico verlas de manera silvestre, pero ellas mismas saben cuando no recibirán ningún daño y salen a mostrarnos sus virtudes.

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En semana santa, nos fuimos hasta Veraguas a conocer la Reserva Forestal La Yeguada, lugar que se queda permanente en la mente de quien lo visita.

Una vez en Aguadulce, exactamente 15 minutos después vimos una entrada repleta de carteles de bailes típicos en donde indicaba la entrada del Jaguito. La Yeguada está ubicada en el distrito de Calobre a 1 hora y media, 50 kilómetros,  entrando por la comunidad del Jaguito.

La Yeguada, también conocida como Chitra-Calobre, es una reserva forestal que protege la cuenca hidrográfica de La Laguna, misma que provee de energía hidráulica a la hidroeléctrica. Es un complejo volcánico masivo localizado en la provincia de Veraguas, en Panamá, justo al norte de la península de Azuero.

Tiene una altura de 1.297 metros sobre el nivel el mar y su última erupción fue hace unos 1620 años. La cuenca hidrográfica de La Yeguada es de 638 km2, ubicada en la Reserva Forestal La Yeguada de 70.9 km2. La profundidad promedio de la laguna es de 5.2 metros, siendo la máxima de 6.5 metros. Sus coordenadas geográficas aproximadamente: 7°40′N 81°30′W.

Seguimos en línea recta preguntando algunas veces a los moradores, ya que nunca antes habíamos visitado este lugar. Pasamos por Calobre, una comunidad tranquila rodeada de montañas y veredas repletas de marañones.

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Un letrero decía: “18 kilómetros la Yeguada” nos pusimos felices, y de ahí en adelante solo fueron curvas, montañas, a lo lejos divisamos los Picachos de Olá, a otro lado las lejanas montañas de Santa Fe, volcanes viejos que se encuentran en la Cordillera norte de Veraguas.

Pinos, Pinos y Musgo nos rodeaban, sentíamos que estábamos cerca y en efecto, vimos la caseta de la Anam y un patio de pinos precioso donde había varios carros y tiendas de acampar y al fondo… La Laguna de la Yeguada.

Emocionados empezamos a armar las tiendas, dos tiendas, dos parejas, Abby, Daniel, Leo y yo. El área es sumamente limpia y plana. Cuenta con una letrina rudimentaria. El lugar está ubicado en un pinar que se plantó hace más de treinta años. También hay varios lugares donde encender una buena fogata.

Cocinamos festivamente de todo un poco, ensalada, chorizos, pollo, tajadas de plátano, delicioso menú todo hecho en una estufa de querosén y una parrilla pequeña. Después de comer, descansamos un rato y nos fuimos dispuestos a darnos un chapuzón en la laguna…Imposible, se veía demasiado honda y nosotros con miedo. Nos sentamos a orillas del lago a escuchar todos los sonidos del silencio y nos sentimos honrados de estar allí.

La laguna, rodeada de montañas coronadas de neblina, pinos infinitos, los pájaros incesantes en su canto, águilas excitadas en su bullicio. Inhale una bocanada del aire purificador, capture el paisaje y la encerré en los recuerdos placenteros…

La laguna es el cráter de un volcán primitivo, que algunas personas dicen activo. Creada en 1967, la Reserva Forestal forma parte de la cuenca que provee energía hidráulica a la Hidroeléctrica de La Yeguada.

De tipo estrato volcano, siendo desviadas las aguas del río San Juan hacia la quebrada Las Lajas único afluente de la laguna, para aumentar el volumen de agua utilizable para la generación de energía eléctrica.

Esta Reserva Forestal recoge unas de la experiencias más antiguas de la reforestación con Pinus caribaea en Centroamérica; la cual se inició a fines de la década de 1960 y ahora cuenta con más de 2,000 hectáreas plantadas, parte de los pinos fueron plantados en el gobierno de Omar Torrijos. La laguna de 1.0 km2, aumento a 1.125 kilómetros cuadrados, al culminarse las obras de cierre de un vaso mayor.

La carretera que sube a La Laguna de La Yeguada ha sido asfaltada y está en excelentes condiciones para todo tipo de autos. Al llegar preguntamos inmediatamente el costo de la entrada y nos sorprendió un poco por ser mucho mas elevado de lo que esperábamos para ser una reserva forestal propiedad del estado. La Yeguada es una reserva forestal y está bajo el control de ANAM: $2 x auto, $2 x adulto y $5 x tolda x día.  Total fueron 20 dólares por día. La única facilidad que hay por ese dinero es una letrina. En las oficinas del parque no hay agua, así que lo mejor es llevarla.

Oscureció en la Yeguada y nos pusimos las piyamas, preparamos la guaricha (lámpara de querosén). Gracioso fue que la guaricha se estropeó, estuvimos más de una hora tratando de arreglarla en medio de la oscuridad, encendimos una fogata y después Leo y Daniel lograron empatar la guaricha.

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Preparamos emparedados, comimos chocolate, jamón de diablo, entre otras cosas y empezaron los cuentos de miedo, que habíamos prometido no contar por lo propicio del momento: viernes santo, pero fue imposible, empezamos hablando de apariciones, chivatos, y experiencias supuestamente propias.

Nos fuimos a dormir, deliciosamente pues el clima estaba perfecto, estábamos unas 15 personas durmiendo esa noche en la Yeguada. A eso de las 3am escuchamos el rasgar de algún animal, que desesperadamente buscaba entre los restos de comida…intenso zamarreo de bolsas, animal que más tarde llamaríamos el Chivato.

Al día siguiente hicimos un pollo a la parrilla y subimos a la cascada El Desvío, de unos 40 mts de espectacular caída, y la contemplamos embelesados como si nunca hubiésemos visto cascadas en nuestras vidas.

Escalamos a través de la caída de agua hasta llegar a un espacio considerable para nosotros ya que el chorro estaba repleto de gente. Después de ese vigorizante baño nos fuimos muy satisfechos de la Yeguada.

En el camino de regreso recogimos a un señor que esperaba por transporte público, muy difícil en esta área y lo llevamos hasta Calobre, fue placentero poder compartir con este lugareño acerca de los hermosos parajes de Veraguas.

Veraguas tiene hermosos lugares, llenos de naturaleza virgen dispuesta a ser explorada, montañas de verdes intensos esperando ser coronadas. Un poquito más lejos y bien planificado no cuesta mucho, acampar es lo mejor, convivir con la naturaleza siempre es una experiencia formidable.

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El Majagua es un río de la República de Panamá, ubicado en la Provincia de Chiriquí, provincia occidental de este país. La naciente del Río Majagua se encuentra dentro de la cuenca hidrográfica del Volcán Barú, es un curso de agua permanente. El Río Majagua desemboca en el Río David a la altura de la urbanización el Terronal en la Ciudad de David siendo junto con el Río Cochea sus afluentes principales.

Estuve unas semanas en Chiriquí, solo visitando mi familia. En una de las tarde nos visitó un amigo de Saudy, mi prima, y decidimos planear ir al río a dispersarnos un poco.

Al día siguiente tomamos una chiva directo a la terminal de David, e hicimos trasbordo tomando un bus David – Dolega (Después me enteré que también se puede tomar un bus David- Boquete pues también pasa por el balneario.) El costo del autobús fue de 30 centavos, súper económico. El Balneario Majagua esta situado en un lugar entre David y Dolega que se conoce comúnmente como Portachuelo.

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Llegamos al balneario, y encontramos un bohío que tiene ya más de 50 años de estar ahí. El río estaba algo seco pero con buen nivel para darse un baño.
En ese momento el río era de nosotros tres. Al pasar las horas llegaron unos estudiantes de algún colegio de David; al parecer siempre llegan muchos estudiantes a este río.

Los chicos se subían a la cascada sin ninguna dificultad, hacían apuestas para ver quien era el más valiente y se lanzaba primero. Me fui a caminar por los alrededores y llegué al bohío, me tome algún refresco mientras hablaba con el despachante, que muy amablemente me habló del lugar.

Me comentó que antes que llegaran a construir el bohío, no había carretera, y que anteriormente el área era un pequeño cerro que con el pasar de los años, se fue derrumbando. También afectaron mucho las lluvias y en ocasiones el agua llegaba hasta el bohío. Además agregó que algunas personas han muerto en el río, y que cada mes los familiares de lo difuntos van y les tiran flores blancas.

El Majagua es un lugar tranquilo para pasarla en amigos y en familia, no esta lejos del pueblo es céntrico, uno puede disfrutar de una buena comida y un algún baile en el bohío.

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Emberá Drua 128

Esta vez fuimos a un lugar inimaginable, tuvimos la dicha de por primera vez, pasar sobre las aguas del río Chagres, el más grande afluente de la República de Panamá.

Entramos por la Cabima, que esta situado en la carretera hacia las Cumbres, nos detuvimos en el Restaurante Pio Pio de la Cabima y preguntamos por donde llegar a Puerto Corotú.

Tomamos la carretera justo a la derecha de dicho restaurante  y fuimos preguntando hasta llegar a la monstruosa fábrica de Cemento Bayano, verdaderamente desagradable y de ahí seguimos hasta ver las señalizaciones de Parque Nacional Chagres y Puerto Corotú.

Llegamos al gigante árbol de Corotú, característico de que estábamos en el puerto del Lago Madden conocido mejor como Lago Alajuela.

Una vez allí preguntamos por nuestro contacto, Iván… con el cual habíamos hablado solo por teléfono móvil y nos lo imaginábamos como guía turístico de alguna empresa o parecido, cuando él salio a nuestro encuentro iba ataviado solo por un taparrabo y una falda de chaquiras. Nos puso en contacto con Miromel, un indígena que no hablaba nada de español.

De repente apareció un señor en 4weel con uniforme de la ANAM a cobrarnos la entrada al Parque Nacional Chagres y a reprendernos por no haber parado la garita, nada visible. El costo por entrar a este Parque Nacional es increíblemente de 5 dólares por persona panameña, no quiero imaginarme cuanto le cobraran a los extranjeros.

Entre señas y gestos Miromel nos indico que nos subiéramos al cayuco, un medio de transporte tradicional de los indígenas para llegar a sus hogares, de unos 6 metros de largo por menos de un metro de ancho. Miromel nos preguntó qué queríamos hacer primero y cual era nuestro itinerario.

Miromel metía una larga vara dentro del agua para verificar la profundidad y Mario, que manejaba la maquina, la movía de un lado para el otro para no arrastrarla. En un momento la cosa se puso extrema, tuvimos que dejar todo dentro del cayuco y ayudar a moverlo entre los rápidos que nos atacaban por un lado. Un momento verdaderamente extremo.

Decidimos ir primero al chorro y UFF! vaya experiencia, después de caminar un poco por la selva llegamos a la preciosura de lugar, sacado de una película de hadas.  Max y su mamá estaban muy emocionados, al igual que Karla en la que se veían los ojos de felicidad, Andrés con ganas de meterse al agua y Leo y yo tomando fotos como locos para dejar la cámara y tirarnos al agua!

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A lo largo de la orilla del río Chagres, se pueden ver cocodrilos, caimanes, nutria de río, aves como loros, guacamayas, tucanes, martín pescador, entre muchos más.

Nos bañamos en las aguas del Chagres bajo ese esplendoroso chorro, todo fue un contento, me caí y casi me parto un dedo, pero no importó, Max también se dio algún golpe que no pasó a más. Después de casi una hora y cuando ya se acercaban algunos extranjeros, Miromel nos dijo que sería mejor retirarnos. Llenos de felicidad y regocijo, emprendimos la marcha a seguir por lo que nos esperaba pues no íbamos ni por la mitad.

Nos recibieron con bailes en la comunidad. Nos sentamos en algunos bancos y esperamos por más. Iván nos empezó a explicar todo acerca de sus costumbres y tradiciones, historia, modo de vida… nos dijo hasta cómo hacían sus vestiduras y algo gracioso fue ver el “brassier” de la joven indígena del que colgaban monedas de 5 y 25 centavos panameños y relucían contra los rayos del sol. El rey de la comunidad se le llama “Noko”, y el curandero Elías. El Noko es quien da permiso para todo, hasta para las fiestas y las bebidas alcohólicas.

Es importante destacar que tienes que llevar tu propia agua, ya que el agua usada en la comunidad no es filtrada. No hay sistema de inodoros, si no de letrinas comunes, por lo que tu ridiculez te afectará. También es importante llevar billetes de denominaciones bajas como 1 dólar o 5 dólares ya que hay dificultades con grandes cuentas.

Una joven se acerco con un plato de pescado el cual estaba delicioso y fresco, acabado de sacar del Chagres, con plátanos fritos en su punto.

Después de eso nos fuimos con el curandero y los extranjeros subiendo una loma, vimos un mono araña en alguna de las casas, pasamos por los puestos donde venden las artesanías con precios geniales para tan magnificas obras. Llegamos al sendero y ahí el señor nos explico una a una las plantas que tenía y sus funciones. Nos dio a probar algo así como una rama de un arbusto y al instante, la boca nos picaba, era una sensación extraña como si la lengua estuviese dormida.

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Dice él que tiene la cura del cáncer y muchas otras enfermedades, no vende ninguna planta, la única manera de que te cure es prácticamente yendo a vivir algún tiempo allá.

El Tour incluye: – transporte de cayuco ida y vuelta aproximadamente 40 minutos de ida y 35 minutos de regreso, – Visita a la Cascada del Indio en la que te puedes quedar el tiempo que plazcas, – Bienvenida de los Emberá Drúa con cantos y bailes y su Rey al frente, – Charla informativa de todas las actividades diarias de los Emberá, su comida, tradiciones, vestiduras, creencias, entre más, – Un delicioso plato de pescado frito (tilapia) con plátanos, – Bailes tradicionales por las mujeres del pueblo, – Bailes tradicionales interactivos para el público, – Visita a el sendero del curandero en donde se explica cada una de las plantas curativas y sus funciones, – Puedes bañarte de nuevo en el río de aguas cristalinas, – Te llevan a ver caimanes, aves, iguanas en plenas funciones. Entre muchas otras cosas más ofrecen tatuajes de jagua, el cual hasta el día de hoy aún tengo, duran aproximadamente 5 días y son muy característicos de estos indígenas, se dice que esta pintura limpia la piel, ya que es de origen vegetal y es sacada de un árbol llamado jagua.

También se puede pasar la noche para vivir una experiencia más amena y despertar con los sonidos de la selva. Los indígenas proveen un espacio que han llamado “el hotel”, a un lado de una colina con la mejor vista del río.

Ofrecen tours de Avistamiento de aves, fotografía extrema, pescar, kayak, y hasta hacer trekking verdaderamente difíciles.

Algunos hablan español, otros solo la lengua Emberá y están aprendiendo el español, cabe destacar que también tienen su escuela en la cual da clases una maestra proporcionada por el Ministerio de Educación.

Nos cuentan que en los años 1970 el señor Emiliano Caisamo salio del Darién con su familia hacia la ciudad de Panamá, para buscar progreso en cuanto al recurso económico ya que su producción agrícola y ventas fue pésimo. Las condiciones de pago y por otro lado los colombianos contrabandistas clandestinos eran un peligro para sus hijas y esposas y hasta para sus propias vidas.

Es por esta situación que llegan a Panamá en la década de los 70 y luego con el pasar de los años funda la comunidad Embera Drúa acompañado por sus hijos y bisnietos que fueron su tercera generación. En ese entonces el trabajo agrícola no estaba limitado, ni el uso de la tierra, pero posteriormente el 2 de octubre de 1984, se crea el Parque Nacional Chagres y se limita la agricultura y el uso de la tierra ya no daba para el comercio solo para la subsistencia, así que Emiliano Caisamo decide empezar con la artesanía.

AMPYME, la Autoridad de Panamá para micro, pequeñas y medianas empresas, les está dando la formación en estas áreas y los está ayudando a registrarse legalmente en el proyecto de turismo, lo que demuestra que son una comunidad muy organizada de la cual están muy orgullosos.

Lo que ofrecen es turismo ecológico y cultural. La parte cultural es que los visitantes descubren e interactuar con los indígenas, la parte ecológica, significa aprender  acerca de la selva, y todo ello sucede de manera de bajo impacto para el entorno natural y sus formas de vida. Los visitantes van para experimentar la naturaleza, pero no se pueden tomar las plantas o los animales.

En cambio queda la memoria de una experiencia única dentro de un lugar inimaginable en donde la naturaleza perdura, en donde los gobiernos no tienen mayor poder, en donde la vida te la da la naturaleza y nada más.

Un paraíso en Panamá.

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Si estás interesado en visitar el Chorro Tavidá y vienes de la cuidad de Panamá, debes tomar por la carretera Interamericana hasta Penonomé, luego donde está el Hotel Dos Continentes girar a la derecha y continuar hasta el Banistmo y en la calle siguiente girar a la derecha frente al Banco General, tomar la carretera de Churuquita, Toabré y Caimito. Cuando llega a Caimito son 9 km. para llegar. En este último tramo debe ser muy cuidadoso, ya que la carretera tiene varias curvas cerradas.

Serán alrededor de 30 a 45 minutos en llegar desde Penonomé hasta el cerro La Vieja, debe seguir prestando atención hasta ver un letrero que dice “entrada a la cascada” clavado en un árbol.

En caso de ir en bus debe tomar la ruta Panamá-Penonomé en la Terminal de Transporte de Albrook.  Después, otro transporte que lo llevará hacia la ruta Penonomé – Chiguirí Arriba.

Entra por allí hasta llegar al patio de una casa, si anda en sedan es mejor dejar tu auto en la casa y caminar ( la señora cobra dos dólares por el parking). En caso de que ande en 4×4 puede subir hasta llegar a una entrada cercada por malla ciclón.

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Caminamos y tomó unos 15 minutos hasta llegar a la entrada, allí nos detuvo un empleado de Hostal del Cerro La Vieja, nos advirtió que no podíamos entrar con cooler, a lo que le mostramos el interior del cooler sin bebidas alcohólicas. Nos dijo los parámetros: no dejar basura, mantenerse a orillas de no saber nadar, también nos dijo que no podían entrar grandes grupos o paseos – giras, y por ultimo nos advirtió de pagar tres dólares.

Llamo mi atención el letrero principal que decía: “Reserva Tavida, Reserva Natural PRIVADA, PROTEGELA”…Uff! Advertí y preguntamos: ¿cómo es eso de privada? y el señor nos dijo que el hostal ecológico del Cerro la Vieja había comprado 40 hectáreas en Chiguirí arriba que incluían el chorro Tavida.

Bien, pagamos y seguimos ahora por un sendero echo por el hostal, unos 15 minutos más, vimos unas cabañas altas y en frente estaba el apretado dosel selvático que iluminó con una paz la piscina de agua al final del chorro. Contuvimos largamente el asombro frente a esta inusitada belleza.

Es el lugar perfecto para reponer fuerzas. Cargado de frescas sombras, abanicado por un suave e imperceptible viento y, el silencio lo hace un lugar irreal. Al estar en el mirador te caen grandes gotas del chorro. Desde ahí se ve la piscina verde perfecta rodeada de vegetación y una caída de agua de 30 metros. Todos corrimos a bañarnos bajo las rugientes aguas de la caída.

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Escondido en la comunidad de Las Lajas de San Carlos se encuentra un chorro que es casi conocido solo por los lugareños. En épocas de invierno suele estar un poco sucio pero ya en el verano cambia un poco la tonalidad del agua a más clara.

Tiene un salto increíble de unos 7 metros de altura desde el cual los jovencitos hacen mortales clavados con tal destreza que te logran poner los pelos de punta.

El río el Harino tiene la particularidad de que sus rocas son lajas que van formando escaleras naturales que son utilizadas para bajar a la parte cóncava donde la gente se baña.

Ciertamente no es recomendable para personas de la tercera edad y hay que tener mucho cuidado al bajar pues hay partes en las que prácticamente hay que escalar, de manera tal que tampoco es fácil llevar coolers o cosas pesadas.

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Después de una visita a Natá de los Caballeros, nuestro guía Fanshi, nos reveló que iríamos a Los Chorros de Olá, dentro del corregimiento de La Paya, en Olá, provincia de Coclé.

Antes de pasar por un puente de madera, Fanshi nos advirtió que podía ser peligroso y que no sabia si el carro podía pasar por el peso; nos asustamos un poco y preguntamos a los trabajadores del puente que están haciendo a un lado y nos dijeron que no había problema y nos arriesgamos a pasar.

Seguimos el camino y no encontramos con pequeños riachuelos que pasaban en medio de la calle a lo que decidimos regresar al puente y tomar otro camino preguntando a un anciano del pueblo que nos dijo con exactitud qué podíamos hacer.

A lo lejos, más allá de los campos donde siembran la verdura, vislumbramos el chorro como un hilo que cae por el medio de las montañas; nos saludaron los trabajadores del arado con un “¡EJUE!” y levantaron sus brazos en señal de alegría.

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Arrancamos a las 6 de la mañana, desde la Terminal de Albrook hacia El Copé, en la búsqueda del Chorro las Yayas.

Al llegar al Copé, esperamos que llegara una chiva local que nos llevara hasta el Chorro el cual está enclavado en la zona baja del Parque Nacional Omar Torrijos Herrera, en el poblado de Barrigón en la comunidad de El Copé. Desde allí hasta Las Yayas hay una distancia de tres kilómetros.

El camino es bastante pedregoso, si no vas en bus local, se necesita un carro 4×4. Para llegar no hay perdedero, lo básico es preguntarle a los locales.

Después del camino áspero, un bus llenísimo, se complementa con maravillosas vistas del inmenso bloque de bosques tropicales, propios del área, verdes tonalidades, y el río Colorado de increíbles pigmentos rojo, llegamos a la entrada del chorro.

Lo principal que se ve al llegar, es el puesto de atención al viajero, una cabaña elaborada de hojas de penca y madera, allí se paga un dólar, para poder entrar al sitio.

Caminamos algún rato bajando unas escaleras rojas que nos llevó a diferentes partes del río. La primera nos introdujo a un chorro que desciende de en medio de unas rocas cóncavas donde cae el agua bajo las sombras de las piedras.

Subimos los barandales y llegamos ante un mirador desde donde se veían las tres caídas de agua, El Chorro las Yayas, de cristalinas y frescas aguas, llena de mitos y leyendas.

Las Yayas, se llaman así por una antigua leyenda del Copé que trata sobre tres mujeres. Según los residentes, que hacen resonancia de estas costumbres que se transmiten verbalmente de generación en generación, los originarios relataban que al llegar al sitio siempre veían a mujeres hermosas bañándose en sus cristalinas aguas. Las apariciones se siguieron dando por muchos años aunque no todo el mundo las podía ver, debido a ello los pobladores bautizaron al charco “Las Yayas”, como se les llamaba comúnmente a las muchachas en esa época.

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Ese día nos fuimos buscando el Cerro Gaital…poco investigamos y andabamos con fatiga asi que decidimos dejarlo para después; fue cuando entonces se nos ocurrió la idea de recorrer los chorros del Valle de Antón.

Salimos muy temprano de casa, tomamos un bus y llegamos al Valle.. de ahi preguntamos por donde entrar al Gaital a lo que nos dijeron que detras de una escuela, un señor muy amable nos llevo en la parte trasera de su carro hasta tal escuela; de ahí no supimos que hacer… no habian señalizaciones de nada: estabamos en la parte de atrás del Gaital.

Regresamos a la calle principal, y tomamos un taxi hacia el Chorro de las Mozas, le advertí a Max y Evelin que ese río está bastante sucio, a lo que no hicieron caso: la típica necedad de verlo en vivo.

En efecto llegamos y estaba muy sucio a lo que decidimos caminar por su orilla hasta ver los chorros, nada impresionante, este río está gastado, hay que tener cuidado de no resbalar.

Aunque ahora utilicen el río para depositar basura, éste forma parte de una más de las leyendas del Valle de Antón: cuentan que en este río tres hermanas se suicidaron al mismo tiempo por el amor que sentían las tres hacia el mismo hombre, amor que era ignorado por él, ya que había sido embrujado por la hechicera del pueblo, entonces cuentan que cada una de las hermanas se convirtió en un chorro…que ahora forman lo que es: El Chorro de las Mozas.

Caminamos de regreso por las orillas del río y Evelin vio una serpiente a lo que gritó y echamos a correr como locos por tal reacción, yo pensé que ella se había caído.

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Al salir no sabíamos que hacer pues no había transporte por ningún lado y decidimos caminar, en eso venía un carro transportador de caballos y se nos ocurrió sacar la mano y el señor conductor paró, subimos y juro que no es nada fácil viajar en ese transporte, los tres nos golpeamos en cada salto hasta llegar a una parada en la que tomamos un bus de ruta que nos dejó en la Piedra Pintada.

Subimos el sendero que ya conocíamos, pasamos por el Chorro el Escondido y después seguimos el sendero que conduce a la India Dormida, pero al ver el Chorro de los Enamorados, no pudimos contener las ganas de darnos un vigorizante y frió baño. Este sendero es de belleza exuberante, en el se pueden ver más de 4 pequeños chorros de los cuales dos de los primeros están perfectos para darse un buen baño.

El Chorro de los Enamorados es una caída de agua en la que se practica rappel de principiantes, es muy poco hondo pero de igual manera hay que tener algo de cuidado; el primero en tirar su clavado fue Max, como siempre de osado… después fui yo, que más que todo quería sentir el chorro cayendo sobre mi cabeza y tomarme un par de fotos, pero al querer salir del chorro y nadar hacia afuera, me caí y me di un pequeño golpe en la rodilla: gajes del oficio, Evelin y Max se echaron a reír con justa razón pues de igual manera fue algo divertido pero esto solo era el comienzo del día de las caídas.

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Después de mucha diversión y gozadera, llegaron unos estudiantes de alguna universidad a visitar el chorro, y como ya era tarde decidimos ir tomando rumbo; algunas jóvenes estaban en la piedra por la que teníamos que pasar para buscar nuestras pertenencias, a lo que decidí pasar al lado de ellas para llegar a buscar mis cosas y falle mi paso y resbalé a casi 2 metros de altura, podrán imaginarse el susto que les di a mis amigos…Max saltó para socorrerme pero dichosamente no me pasó nada, solo una pequeña herida en mi brazo derecho. Así que por el día ya tenía dos heridas.

Salimos del Sendero de la Piedra Pintada y otro señor nos llevo hasta el mercado donde tomamos un bus El Valle – San Carlos…pues ya era tarde y no habían buses hacia la ciudad y en San Carlos tomamos un taxi “pirata”.

Este “trip” lo hicimos con menos de quince dolares cada uno en nuestros bolsillos y nos sobró dinero gracias a la colaboración de los lugareños tan amables del Valle de Antón que acostumbran darle el “vote” a sus paisanos valleros y capitalinos.

**A decir verdad la ultima vez que fui a el chorro de los Enamorados y el Escondido, estaban muy diferentes a hace un par de meses, ahora tienen barandas e incluso el chorro de los Enamorados tiene un tronco varado en la mitad, supongo que por las lluvias torrenciales del 2010.

Mariel

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