ENLODADOS :: Turismo y Aventura Ecológica

Turismo y Aventura Ecológica

El fin de semana pasado estuvimos en la provincia de Coclé, específicamente en el distrito de Penonomé en la sede de la Universidad Tecnológica de Panamá en donde se inauguró el primer observatorio astronómico de Panamá.

Dicha inauguración fue amenizada con un camping desde el 29 de abril al 1 de mayo, en donde pudimos conocer el centro y avistar estrellas con miembros de la Asociación Panameña de Aficionados de Astronomía (APAA) y la Asociación Panameña de Aventuras (APAVE).

Observatorio

Con más de 12 telescopios a dispocisión para los campistas pudimos observar constelaciones, nebulosas, e incluso disfrutar de ver el planeta Saturno muy de cerca.

Agradecemos a APAVE por la invitación, a los miembros de APAA por las explicaciones dadas y por haber hecho de esta actividad muy amena e interactiva.

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Una de las cosas que más me llaman la atención al ver las montañas es la neblina que se forma en la cima, me encanta, ver esto crea en mí unas ganas irracionales de llegar y tocarla, de explorar esa montaña, de enterarme por mi misma de qué es lo que hay allá arriba.

El Cerro Gaital es uno de esos que llaman grandemente la atención. Cuando se llega al Valle de Antón, es posible verlo desde casi cualquier punto. Forma parte de las “Tres Marías” pues se encuentra en medio de Cerro Pajita y Cerro Caracol. Sí, el Cerro Gaital es el más grande de los tres e incluso es el más alto del Valle de Antón ya que tiene 1185 metros sobre el nivel del mar y 335 hectáreas.

Hace algún tiempo intenté subirlo por un trillo que dicen se encuentra por delante del cerro, por el Primer Ciclo de El Valle, nunca lo encontré y quedó pendiente la visita. Fue hasta hace poco que con unos amigos con ganas de todo, llegamos a la cima del Gaital.

Para empezar hay que llegar hasta el Valle de Antón y luego desplazarse hasta la comunidad de La Mesa, para eso es posible hacerlo en carro 4×4 o tomando un taxi doble cabina, aunque también hay buses de La Mesa que te dejan cerca.

El camino empieza en la caseta de ANAM en donde generalmente se paga 2 dólares por la entrada, puesto que esta área es un Monumento Natural, pero al parecer en los días de semana no hay nadie en la caseta, así que subimos sin pagar.

Cabe destacar que el sendero estaba limpio y muy bien acondicionado, incluso nos encontramos con dos personas que limpiaran a rastrillos quitando las hojas para dejar limpio el sendero. Apenas empezamos a caminar vimos epifitas variadas, bananas rojas, zamias, hongos por las esquinas, heliconias, papos gigantes, begonias silvestres, mucho musgo, helechos por doquier y muchos letreros de prohibiciones, asimismo escuchamos el cantar de  distintas aves. Se dice que en este cerro se puede encontrar la rana dorada y unas 100 especies de orquídeas, incluyendo la flor nacional (Perisferia Elata)

En el camino hay 3 estaciones antes de llegar a un mirador, en donde se puede descansar o aprovechar para merendar, hay bancas, y se disfruta del dosel de los árboles del bosque nuboso y húmedo premontano.

Antes de dirigirnos a nuestro destino, estuve averiguando si era necesario subir con un guía experimentado y si el camino estaba marcado. Obtuve muchas respuestas pero finalmente tomamos el riesgo de subir sin guía, que después de todo no nos hizo falta ya que el sendero está muy bien marcado hasta el mirador que se encuentra tres minutos luego de pasar la estación de las Heliconias y hay un letrero que lo recalca.

Recomiendo enormemente que si visitas el Monumento Natural Cerro Gaital con niños o adultos mayores, personas con problemas cardiacos o de vértigo, deben quedarse en el mirador pues después de pasarlo, el camino se torna un poco difícil.

Y fue allí donde empezó lo bueno. La vista en el mirador es eminente, se ve gran parte del cráter del Valle de Antón, algunas de las montañas que lo rodean, también se ve la finca Avícola Toledano.

La brisa soplaba fuerte, nos balanceábamos en la estructura de madera que es el mirador, y buscábamos camino pues nos parecía increíble que hasta allí llegara el Gaital. Montaña arriba se divisaba algo parecido a una varilla, como para una bandera, se veía bastante lejos, no perdimos tiempo y tomamos camino.

Max como siempre de adelantado nos llevaba espacio caminado y lo veíamos luchando con Karla para subir un camino rocoso y empinado. Cuando llegamos a este lado ya la neblina nos alcanzaba, parecía que iba a llover. Samuel llevaba una soga pero al parecer ANAM ha predispuesto cables para ayudar a las personas que desean llegar a la cima. Este lado logró ponerme los pelos de punta. Cuando fue mi turno no sabía de donde agarrarme, dónde poner el pie, buscaba seguridad y a mi lado lo que veía era un precipicio repleto de árboles y del lado contrario otro precipicio, en ese momento sentí miedo, la neblina nos alcanzaba, vimos como corría sobre nuestras cabezas. Agarré duro el cable y subí, después de mi venía Leyda que gritaba que siguiéramos pues quería almorzar en la cima.

Pisamos sobre terreno más seguro y vimos heliconias extrañas, centímetros de musgos, bromelias gigantes, musgos licopodios, flor de labios ardientes, helechos arbóreos, muchas hojas circinadas, y de pronto, un ave motmot sentado sobre la rama de un árbol a la misma altura de nosotros, mirándonos fijamente sin moverse. Más adelante logramos ver una serpiente, al parecer una boa pero nunca logramos ver su cabeza, fue muy emotivo.

El camino se puso mojado, había mucho lodo negro, tuvimos que deslizarnos por debajo de algunos árboles; ya Gabriela y Karla se habían caído en algunas partes. La humedad era alta y el olor a vegetación continua y la permanente descomposición, nos saturaba el olfato. Vimos la misma forma de la montaña, la línea oblicua a un lado y al otro y nosotros en medio.

Nos agarramos de troncos delgados, algunos tenían pequeñas e hirientes espinas; otros, al apretarlos, se deshacían en nuestras manos chorreando agua. En un momento el sendero terminó y vimos ante nuestros ojos una pared de roca para escalar con un cable negro que al parecer sería nuestra ayuda y así fue en tres o cuatro partes hasta que llegamos a la cima. Literalmente la subida no es difícil pero hay que hacerlo con extremo cuidado, pantalones largos que no sean blancos, zapatillas guerrilleras, y es muy necesario llevar agua.

En la cima hay un espacio limpio para sentarse a merendar o disfrutar del paisaje. Es posible ver casi todo el Valle de Antón, dicen que en días claros se puede ver el Mar Caribe y el Pacífico a la vez. En nuestra visita pudimos ver el océano Pacífico, el Cerro Pajita justo al frente, Cerro la India Dormida, Punta Chame, Coronado, todo el pueblo del Valle, toda la galera de Toledano, el área del Cerro Picacho y mucho más.

En la cima hay una estructura de cemento que al parecer funcionó en algún momento como VHF y fue construido alrededor de 1982 por radioaficionados que escogieron el Gaital pues estaban convencidos de que sería un excelente punto para instalar una repetidora de VHF. En esos tiempos subir el Gaital exigía hasta 6 horas de ascenso.

Allá en la cima se escuchaban las gallinas de la galera de Toledano, a 1185 msnm, nos causó un poco de gracia. Sacamos nuestro almuerzo y degustamos contentos por el ascenso. Nos subimos encima de la caseta de VHF y allí encima Samuel se echó a dormir un rato. Desde la altura se veía perfecto el trillo del Cerro Pajita y quedamos con ganas de subirlo.

El Cerro Gaital lo subimos en 2 horas y lo bajamos en 1 hora y 20 minutos pero generalmente se sube en 3 horas, recomiendo subirlo en las horas de la mañana que es muy fresco y es posible ver más animales.

El descenso fue otra historia, quedamos completamente enlodados, no había manera de no hacerlo, si no nos enlodábamos podíamos correr peligro al caernos de las paredes que teníamos que bajar con ayuda del cable. Las vistas eran preciosas, lo que no vimos en el ascenso por cuidar nuestras espaldas, ahora lo veíamos en el descenso de frente. La cadena montañosa voraz, la forma del cerro en una V entrelazada repleta de árboles sin un solo espacio vacío.

Cuando llegamos a la caseta de Anam, caminamos un poco y tomamos un bus de la Mesa que nos dejó en el centro del Valle, y nos fuimos a quitarnos el lodo al sendero de la Piedra Pintada y sus chorros.

¿Que más les puedo decir? definitivamente tenemos que aprovechar las riquezas naturales que nos ofrece el país a tan cortas distancias. El Cerro Gaital es el lugar favorito de muchas personas e incluso es un punto muy importante para los avistadotes de aves, uno de los cerros de mayor magnitud de esta área y muy importante ya que fue declarado Monumento Natural enmarcados según el decreto ejecutivo No.96 de 9 de julio de 2001 como un área protegida de Panamá.

Recuerda como siempre, 0 basura, lo que llevas a la cima lo traes contigo, no ensucies, Valora.

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El serpentario del Valle de Antón es un lugar sorprendente en el cual se puede aprender de manera interactiva con estos interesantes reptiles. Encontrar el lugar es fácil: al entrar al Valle de Antón hay que fijarse a la derecha de la calle y verás el letrero que indica la entrada hacia el serpentario.

Emocionados al entrar, se nos olvidó preguntar si había que pagar o pasar por algún protocolo. Dejamos que se retirara el grupo que atendían y con ansias esperamos nuestro turno.

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Nos atendió el joven Fernando Sánchez, que muy amablemente nos recibió diciéndonos que notaba nuestro interés y que eso era lo principal, pues estaba algo exhausto de personas que solo llegan a tomarse una foto y listo. Nos comentó que éste es un centro de exhibición y conservación de especies, que a su vez funciona como refugio de serpientes que han sido maltratadas luego de ser domesticas, algunas personas llegan al lugar y dejan la serpiente porque la misma creció demasiado y no contaban con ello, algunas otras personas se encuentran con las serpientes dentro de sus casas e inteligentemente, en vez de matarlas, las llevan al serpentario.

En el lugar se trabaja de manera voluntaria y con mucho amor hacia estos encantadores animales, utilizando los recursos posibles para mantenerlas en un buen estado y dentro de un hábitat cómodo y conforme para ellas.

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Fernando nos explicó que en el Valle de Antón se daban muchos casos de serpientes encontradas dentro de las casas y la gente proseguía a exterminarlas por el miedo a que fueran venenosas, pero a partir de que se abrió el lugar, muchas personas antes de matar a las serpientes, llaman al serpentario y ellos se encargan de buscar y traer a la serpiente hasta el centro.

Pudimos ver especies de gran tamaño como la Boa Constrictor, algunas otras como la Boa Arco iris, la Serpiente Tigre, la impresionante y venenosa Toboba de pestañas conocida tambien como Terciopelo de pestañas o Víbora amarilla; tuvimos la oportunidad de ver muy de cerca la famosa Coral, la Margarita, la venenosa Equis, Patoca, entre otras.

Aprendimos a diferenciar entre una coral verdadera y una falsa, así como a saber cuando una serpiente es o no es venenosa, ya sea por su color, tamaño, incluso por la forma de sus ojos y de su nariz.

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Luego nuestro anfitrión saco una boa arco iris y la empezó a acariciar. Parecía como tocar al perrito más domesticado, ¡hasta tierna la llegué a ver! Y entonces fue nuestro turno de tomarla y experimentar lo que es en realidad una serpiente. Luego tocamos una boa más grande y pudimos ver los destellos de luz con una linterna que buscó Fernando para que notáramos la diferencia entre una serpiente venenosa (opaca) y una no venenosa (brillante) aunque nos advirtió que esto no es en todos los casos, pues hay algunas, como la coral, que siendo muy brillantes, son extremadamente venenosas.

Y bueno, esto no es nada comparando con la gran cantidad de información que se puede obtener en el serpentario del Valle de Antón, en donde cualquier persona es bienvenida y la entrada solo cuesta $2.00 dólares, y claro, te exhortamos a dejar un granito de arena más, para ayudar a este refugio ecológico sin fines de lucro, que no hace otra cosa que enseñar, informar, y compartir, con el público en general, sus conocimientos para un mejor aprovechamiento y cuidado de las serpientes y la naturaleza en general.

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Hace unas semanas estuvimos por el Valle de Antón y nos encontramos con varios nuevos lugares muy poco visitados dentro del Valle; tuvimos la dicha de llegar hasta el orquideario u orquidáceo llamado por sus siglas APROVACA: Asociación de productores de orquídeas de el Valle y Cabuya, que increíblemente es una asociación NO lucrativa que se dedica básicamente a la conservación de hermosas especies nativas y se estableció el 15 marzo de 2001 con el motivo de proteger especies endémicas de orquídeas en peligro de extinción y de contribuir a la conservación de la biodiversidad excepcional de la región y de la República de Panamá.

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La verdad es que llegamos preguntando a los lugareños, pero no hay pérdida para llegar al lugar ya que hay varios carteles que indican su ubicación bastante cerca de la entrada del Valle de Antón.

Aunque aún no han determinado el número exacto, estiman que la República de Panamá es el hogar de por lo menos 1,500 especies de orquídeas, y así se convierte en uno de los países donde se encuentra la mayor variedad de orquídeas en el mundo. No obstante, la destrucción de bosques tropicales, acelerada por el crecimiento reciente y rápido de la economía panameña, está privándoles de su hábitat. Justamente en el Valle, algunos habitantes ilegalmente continúan arrancando especies en peligro del bosque local y las venden en el mercado debido a su situación económica, a precios increíbles. Así, las flores locales se encuentran en una situación verdaderamente crítica.

aprovaca orquídea, aniversario

Esta asociación se mantiene a partir de donaciones de personas e incluso embajadas muy interesadas en este proyecto.

Al llegar nos atendieron muy bien y nos mostraron los distintos animales que hacen daño a las orquídeas, vimos maquetas llenas de insectos e incluso, muchas mariposas preciosas. Nos llevaron a recorrer las distintas áreas, que aunque no muy grandes, cumplen con lo requerido para satisfacer las ganas de saber más acerca de estas flores.

Tienen un espacio especial dedicado a la flor o símbolo nacional de Panamá: la flor del Espíritu Santo. Fue la primera vez que vimos desde cerca esta inigualable y exótica orquídea con su color blanco hueso y esa palomita tan bonita dentro que pareciera que fuese a salir en un vuelo tumultuoso en cualquier momento. Muy emocionante fue poder verla y hasta tocarla, la impresión tiene cabida pues es muy raro, que aún siendo un símbolo de nuestro país, es extraño poder verla de cerca.

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Es muy importante destacar que las orquídeas son plantas epifitas, esto quiere decir que crecen sobre otro vegetal usándolo solamente como soporte y no parasitándolo, contrario a lo que piensan muchas personas acerca de las orquídeas; esto quiere decir que crecen independientemente obteniendo únicamente apoyo físico sin embargo pueden desarrollarse tan apretadamente que llegan a dañar la planta anfitriona.

La orquídea es una de las flores más exquisitas y fascinantes en el mundo, tanto así que muchos países han tomado una clase de orquídea como símbolo nacional, este es el caso de nuestro país. Se dice que en 1856, el primer hombre hizo que una Orquídea fuese cultivada.

En APROVACA venden algunas orquídeas horticulturales para la propagación y diseminación al público por precios accesibles. El precio de entrada al centro es de $2.00 los adultos, $1.00 estudiantes y jubilados y $0.75 los menores de quince años. El local está abierto de 9:00 AM a 5:00 PM todos los días inclusive los fines de semana y los días festivos. También ofrecen servicio de cafetería y funciona de 9:00 AM a 4:00 PM.

Muy placentera la visita a APROVACA! :D

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Hace poco nos dimos una vuelta por el Parque Nacional General de División Omar Torrijos Herrera (PNGDOTH) ubicado en las tierras altas de la cordillera central, entre los océanos Atlántico y Pacífico, en el distrito de la Pintada, comunidad del Copé en la provincia de Coclé. La entrada hacia este parque nacional se ubica unos minutos después de pasar por Penonomé, antes de llegar al Caño, entrando por la comunidad de la Candelaria.

Este parque nacional fue creado mediante Decreto Ejecutivo Número 18 del 31 de julio de 1986 e incluido dentro del Sistema Nacional de Áreas Protegidas para preservar la gran diversidad biológica de la región central panameña o cordillera central. Se encuentra dentro del Corredor Biológico Mesoamericano.

Para llegar a este parque nacional es de suma importancia ir en auto 4×4 con doble tracción ya que el parque está a 5 kilómetros del Copé y la carretera es muy difícil. De ir en bus, es casi imposible, los buses solo llegan al Chorro las Yayas, enclavado en las faldas del parque.

La temperatura es muy agradable y tiene rangos de medición que oscilan entre los 18 y 29 grados centígrados.

Cubre una extensión de 25,275 hectáreas y dentro de sus límites se encuentran unas siete comunidades: El Potroso, Las Peñitas, El Tigre, La Rica, El Guabal, Río Blanco y Caño Sucio y en sus alrededores se encuentran los poblados de El Copé, Barrigón, La Junta, Cerro Hueco, Belencillo, Aguas Blancas, Bateales y Palmarazo. Protege las cabeceras de los ríos más importantes de la región coclesana, tales como el río San Juan, el río Belén y el Concepción en la vertiente caribeña; y el río Grande, el río Marta y el río Nombre de Dios en la vertiente del Pacífico. En su territorio sobresalen los cerros Negro (1408 metros), Peña Blanca (1314 metros), Blanco (1192 metros) y Marta (1046 metros).

En el año de 1986 la superficie del parque era de seis mil hectáreas, sin embargo, la misma fue ampliada según criterios ecológicos en el año de 1996 a 25,275 hectáreas, con el propósito de incorporar tierras que requerían su conservación y protección.

Al llegar a el Copé vimos una primera entrada hacia el Cerro Marta, seguimos y encontramos otra entrada directo al parque. Fue un recorrido de media hora hasta llegar al Centro de Visitantes. Pasamos por la comunidad de Barrigón, también por la entrada del Chorro las Yayas, incluso pasamos sobre un riachuelo y unos minutos después estábamos en la oficina de control y monitoreo ambiental de Anam, en la cual no había nadie y nos tomamos el beneplácito de seguir. Ya desde ahí la vista era impresionante, a lo lejos se veía lo recorrido desde la carretera Interamericana.

Minutos después y con mucha dificultad por la carretera nos encontramos con el responsable de Anam y nos dio el permiso de seguir, nos explico de dejar el auto en el centro de visitantes en caso de subir a el Cerro el Calvario.

Hicimos lo establecido y empezamos la caminata hacia El Calvario, que bien tiene su nombre pues subíamos y subíamos, nos demoramos aproximadamente 30 minutos hasta llegar a la cima. En el camino pudimos disfrutar de la diversidad de flora del parque. El cerro se encuentra a 912 metros sobre el nivel del mar y es unos de los pocos sitios en el mundo en donde en días claros se pueden observar los dos mares, y efectivamente tuvimos la dicha de ver el Mar Caribe y el Océano Pacífico, como nos habían advertido,  ya que el sol era incandescente y radiante. También fue impresionante ver la majestuosidad del Cerro Marta, en el cual cayó la avioneta en donde murió el general Omar Torrijos, motivo por el cual el parque lleva su nombre. A lo lejos vislumbramos las comunidades de Coclesito, San Juan de Turbe, Boca de Toabre incluso Coclé del Norte; todo esto confirmado por un profesor de geografía con el cual tuvimos el placer de conversar en la cima del Calvario.

En la parte más elevada del parque como en el cerro Marta y el Calvario, se desarrollan bosques pluviales montanos bajos y a medida que se desciende están los bosques pluviales y húmedos premontano, y los muy húmedos tropicales. Se cree que de las 2 mil 604 especies de plantas y 552 especies de vertebrados terrestres que se encuentran en la provincia, la mayoría tiene presencia en el parque. Existe también una gran diversidad de especies endémicas o propias de estos bosques, unas 60 muestras han sido recolectadas dentro de la zona montañosa. Según los estudios científicos, el área se originó por la alternancia de las actividades volcánicas y sedimentarias que caracterizaron la formación del istmo de Panamá.

El propósito primordial del parque es proteger una gran extensión de ríos y bosques principales para preservar el ecosistema del país. Existen cuatro zonas de vida: el bosque húmedo tropical, bosque muy húmedo tropical, bosque húmedo premontano y bosque húmedo premontano bajo. Se observan exuberantes helechos arbóreos, palmas, enormes árboles como el guayacán y jacaranda, musgos, muchas orquídeas, bromelias, heliconias, anturios, algunas plantas endémicas como la selaginelas, scheffleras, la emblemática monolena glabra y el árbol copé, nativo del parque y por el cual lleva su nombre. También posee  la planta carnívora (Drossera capillaris) característica de los suelos pobres en nutrientes, y un sinnúmero de otras plantas endémicas del lugar. En el parque se encuentra la única zamia epifita en el mundo, la cual crece sobre árboles y sus hojas asemejan a la de una palma.

Solo en aves se pueden observar aproximadamente 350 especies diferentes, el colibrí pico de hoz, por su diseminada presencia, ha sido escogido como ave símbolo del parque. También se pueden encontrar otras especies, como tucanes, loros, oropéndolas, tigrillos, manigordos, venados, ardillas negras, mono cariblanco, pumas, jaguares, tigrillos congo, zainos, venado cola blanca,  tapires, puerco de monte, mono titi y mono perezoso, murciélagos, ardilla negra, boas constrictoras, culebras equis y corales; sobresalen además las ranas doradas y ranas cristal. Entre su flora sobresalen las epifitas; también los legendarios y vetustos helechos arbóreos, que son conocidos como verdaderos fósiles vivientes. El parque debe ser un modelo de conservación porque allí hay referencia de la vida animal y vegetal que no existe en ningún otro sitio del mundo.

Al bajar del Calvario, toqué alguna planta con pelos urticantes y se me metieron en los dedos; después de sacarlos seguimos caminando y fuimos a conocer el centro de visitantes en donde pagamos los 3 dólares de ingreso al parque. El centro de visitantes es genial, tiene basta información, un pequeño mirador, algunas sillas y mesas, un patio perfecto para acampar y del mismo centro de visitantes se empiezan los famosos senderos del parque hechos por la Anam.

Sin duda nos fuimos a recorrerlos, encontramos varios senderos: Sendero de la Rana de 2km, Sendero los Helechos de 800 metros entre otros, pero estos fueron los que recorrimos. Fue muy interesante pues pudimos disfrutar aún más de cerca de la diversidad de flora del parque. Incluso en el sendero de la rana vimos varios hongos venenosos y escuchamos el croar de ranas endémicas.

De regreso al Centro de visitantes, fuimos hasta una agradable cabaña triangular apta para alquilar, por el precio de 10 dólares por persona, las 2 habitaciones quedan en la parte de arriba de la cabaña, también posee una cocina con todo lo necesario y un baño.
Nos retiramos del centro de visitantes y fuimos directo al Chorro las Yayas a relajarnos bajo sus frías aguas en perfecta armonía.

Como leen y ven, el Parque Nacional Omar Torrijos posee todo en un solo lugar, es un sitio excepcional, lleno de vida silvestre, muy bien conservado, y esperando ser visitado.

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Guayavital, parte de Río Chico

Los senderos de Panamá son hermosos, el sol que nos ilumina es distinto, dan ganas de salir siempre y sentir el olor característico del campo, lleno de personas que sí saben tratar. Cada vez que voy a escribir, veo antes las fotografías tomadas y me digo: ¡wow!, yo estuve ahí, mi país es divino, ¡no tengo que ir a ningún lado más! Aquí hay de todo lo que se puede disfrutar realmente, ricas aguas con temperaturas perfectas, caídas de agua hermosas, playas con aguas de colores tornasoles, montañas de formas increíbles, cielo combinado con la tierra. Hasta los lugares más áridos son bellos y tienen algo que aportar a nuestros ojos.

La semana pasada estuvimos en La Toza, comunidad del distrito de Natá de los Caballeros en Coclé. Nuestro propósito de aquél día era llegar hasta el Chorro de los Duendes al cual solo podíamos llegar en 4×4 y era lo que nos faltaba, así que nos quedamos en la Toza.

Fanshi, nuestro amigo de Natá, nos llevo a conocer su familia, que con gran alegría nos recibió y nos dieron varias opciones de lugares para visitar cerca de allí. Escogimos un lugar bastante cerca de la casa de la abuela, un lugar que ciertamente es muy poco conocido, tanto así que le dicen “el río de la abuela”…que es una parte de lo que forma el río Chico, uno de los principales afluentes de Natá.

Entramos por la calle que conduce a las Huacas del Quije y nos desviamos en la entrada de la Toza, de ahí la calle de asfalto terminó y empezó la empedrada. Disfrutamos de hermosas vistas, al frente estaban los Picachos de Ola, que guardan hermosos senderos. La Toza es limítrofe entre Coclé y Veraguas, es un lugar bastante árido y en verano pega un sol bien fuerte. A nuestro lado pasaban bueyes cargando carretas en donde iban sentados niños muy cómodamente. Los Picachos de Olá se veían cada vez más cerca, con sus picos perfectos y su color verde uniforme.

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Al llegar a la casa de la abuela nos emocionamos ya que cocinaban un chicheme que se veía delicioso, Max y Leo terminaron en hamacas. Fanshi se adelanto a casa de un tío y lo seguimos, tras pasar por un cañaveral, nos encontramos en un bajo en donde tenían un trapiche; un niño ayudaba a su abuelo y éste le mostraba cómo introducir la caña en la máquina de la cual Fanshi nos obsequio raspadura recién echa.

De ahí nos encaminamos al río, estaba a unos 20 minutos bajo un sol candente y enardecido que nos acompaño hasta llegar. Pasamos por debajo de alambres varias veces, hasta llegar a donde se veía ya el río, habían unas caídas de agua pequeñas, y de repente una olla de agua que nos trasmitió peligrosidad, se veía verdaderamente hondo, Fanshi nos propuso quedarnos allí o ir más allá en donde había un lugar bueno para nadar.

Caminamos por un tramo pequeño hasta ver la poza, y nos sorprendimos, era como ver la playa de la película “The Beach” pero convertido en río, las piedras hacían forma de una gran pared caliza bajo la cual estaba el río que a simple vista era hondo, pues el fondo era negro, pero tenía una parte considerable para menos efectos.

Preparamos todo, esta vez llevamos hasta estufa, y música con buen sonido. Nos metimos al agua fría, y una vez dentro nos percatamos de la gran fauna, había una cantidad increíble de sardinas que hasta me mordieron, camarones en las piedras, libélulas, lagartijas corriendo de un lado para el otro, pájaros cantando, un sin fin de sentidos y emociones.

Y PUM! Fanshi se lanzó y cayó en el agua con estrepitoso sonido, lo vimos emerger de las aguas y salir con una sonrisa de oreja a oreja. Poco después Max estudiaba el área desde arriba, no se si estaba rezando o tratando de ver el fondo, pero unos minutos más y PUM! de nuevo, nada más vimos salir a Max con otra sonrisa, más grande aún, pero con un dolor en una pierna, golpe de agua- pierna, lo que hizo que se quedara quietecito un buen lapso.

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Preparamos la estufa, nos habíamos instalado en una parte en donde pasaba el río a izquierda y derecha, nosotros estábamos en medio de él, ¡qué placentero!

Nos turnamos la cocinadera, hicimos las clásicas milanesas con tortillas y hasta unos “chicken tenders”. Como siempre Leo se atrevió a llevar su ceviche, que fue un contento a la hora de comer.

Mientras comíamos, y mientras Fanshi nos contaba historias de fantasmas y leyendas del lugar, fue cayendo la tarde y los destellos del sol fueron desapareciendo.

Nos despedimos del lugar lleno de sentidos y encaminamos a casa de la abuela en donde nos esperaba el delicioso chicheme hecho en el fogón. En el camino no pudimos evitar tomar fotos de los Picachos de Olá. Tanto llaman nuestra atención! Pero les prometemos que pronto iremos.

Cada día se descubren más lugares, atrévanse a caminar o llevar el carro un poco más lejos, o quien quita tomar un bus a un lugar desconocido y empezar a preguntar, así es que se descubre y se disfruta :)

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Si estás interesado en visitar el Chorro Tavidá y vienes de la cuidad de Panamá, debes tomar por la carretera Interamericana hasta Penonomé, luego donde está el Hotel Dos Continentes girar a la derecha y continuar hasta el Banistmo y en la calle siguiente girar a la derecha frente al Banco General, tomar la carretera de Churuquita, Toabré y Caimito. Cuando llega a Caimito son 9 km. para llegar. En este último tramo debe ser muy cuidadoso, ya que la carretera tiene varias curvas cerradas.

Serán alrededor de 30 a 45 minutos en llegar desde Penonomé hasta el cerro La Vieja, debe seguir prestando atención hasta ver un letrero que dice “entrada a la cascada” clavado en un árbol.

En caso de ir en bus debe tomar la ruta Panamá-Penonomé en la Terminal de Transporte de Albrook.  Después, otro transporte que lo llevará hacia la ruta Penonomé – Chiguirí Arriba.

Hay que entrar por allí hasta llegar al patio de una casa, si anda en sedan es mejor dejar tu auto por allí y caminar (hay una señora que cobra dos dólares por el parking). En caso de que ande en 4×4 puede subir hasta llegar a una entrada cercada por malla ciclón.

Caminamos y tomó unos 15 minutos hasta llegar a la entrada, allí nos detuvo un empleado de Hostal del Cerro La Vieja, nos advirtió que no podíamos entrar con cooler, a lo que le mostramos el interior sin bebidas alcohólicas. El trabajador nos dijo los parámetros muy amablemente: no dejar basura, mantenerse a orillas de no saber nadar, también nos dijo que no podían entrar grandes grupos o paseos – giras, y por ultimo nos advirtió de pagar tres dólares.

Llamo mi atención el letrero principal que decía: “Reserva Tavida, Reserva Natural PRIVADA, PROTEGELA”…Uff! Advertí y preguntamos: ¿cómo es eso de privada? y el señor nos dijo que el hostal ecológico del Cerro la Vieja había comprado 40 hectáreas en Chiguirí arriba que incluían el chorro Tavida.

Bien, pagamos y seguimos ahora por un sendero hecho por el hostal, unos 15 minutos más, vimos unas cabañas altas y en frente estaba el apretado dosel selvático que iluminó con una paz la piscina de agua al final del chorro. Contuvimos largamente el asombro frente a esta inusitada belleza.

Es el lugar perfecto para reponer fuerzas. Cargado de frescas sombras, abanicado por un suave e imperceptible viento y, el silencio lo hace un lugar irreal. Al estar en el mirador te caen grandes gotas del chorro. Desde ahí se ve la piscina verde perfecta rodeada de vegetación y una caída de agua de 30 metros. Todos corrimos a bañarnos bajo las rugientes aguas de la caída.

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Después de una visita a Natá de los Caballeros, nuestro guía Fanshi, nos reveló que iríamos a Los Chorros de Olá, dentro del corregimiento de La Paya, en Olá, provincia de Coclé.

Antes de pasar por un puente de madera, nos advirtió que podía ser peligroso y que no sabia si el carro podía pasar por el peso; nos asustamos un poco y preguntamos a los trabajadores del puente que están haciendo a un lado y nos dijeron que no había problema, así que tomamos el riesgo.

Seguimos el camino y nos encontramos con pequeños riachuelos que pasaban en medio de la calle a lo que decidimos regresar al puente y tomar otro camino preguntando a un anciano del pueblo que nos dijo con exactitud qué podíamos hacer.

A lo lejos, más allá de los campos donde siembran la verdura, vislumbramos el chorro como un hilo que cae por el medio de las montañas; nos saludaron los trabajadores del arado con un “¡EJUE!” y levantaron sus brazos en señal de alegría.

El distrito de Olá es uno de los más pobres económicamente, pero es una de las regiones de Coclé con excelentes paisajes, abundante naturaleza y hospitalidad de la gente. Es uno de los de menor población y al estar ubicado en un área montañosa, su clima es muy agradable.

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Avanzamos alegre y despreocupadamente por entre un paisaje de verdes fulgores y de pronto a nuestro lado estaba un toro echado cuidando sus señoras vacas, pero al ver bien a el toro, nos dimos cuenta de que estaba suelto y nos veía impasible, así que aprovechamos y le sacamos algunas fotos procurando que estuviese bien sentado.

Un poco después Fanshi nos aviso de bajar y caminar. Seguimos la calle repleta de piedras con el sol estrepitoso, ya sentíamos el chorro de cerca, lo sentíamos encima, caminamos 15 minutos a paso lento, adelante nos encontramos con un poblador y nos contó que estas tierras están siendo vendidas  y que son varios los proyectos que se perfilan realizar en esta zona de Olá con inversión extranjera.

Investigando en casa encontré que uno de estos es La Cascada con una extensión de 80 hectáreas de terreno donde se planea edificar “residencias de verano” en medio de la naturaleza y del campo donde cualquiera ama descansar.

El distrito de Olá espera que este desarrollo turístico sea destinado al beneficio de todos los moradores, muchos de los cuales se debaten en la pobreza, pues no es un secreto que el distrito de Olá es el que cuenta con mayor números de familias de extrema pobreza, existen muchos pueblos sin electricidad, sin agua potable y sin carreteras de penetración. Ya casi no quedan jóvenes en el pueblo pues emigran a la ciudad en busca de un futuro mejor. En este sentido, los pobladores cuentan con que estos proyectos que se están construyendo sea un puntal para que la gente de Olá se integre a un trabajo con el cual puedan sacar a sus familias adelante.

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Sin embargo, las autoridades de Olá están a la espera que se les presenten los permisos necesarios en el municipio para estudiar el proyecto y conocer el tipo de construcción que se realizará en la zona. Lo primordial es que no se perjudique la naturaleza, pues toda construcción con los estudios de impacto ambiental y las normas legales que establecen las leyes panameñas puede desarrollarse dado que en esa forma no se atenta contra la seguridad ecológica de los pueblos, en especial de aquellos olvidados por los gobiernos.

Los chorros son producto de una depresión geográfica en donde se fraccionó la tierra creando así el curso del río de El Caño, en el cual caen tres hermosas cascadas.

Llegamos al espectáculo natural, el “segundo chorro más alto de Panamá registrado y con agua todo el año” a una altura de 250 metros sobre el nivel del mar, con una caída de agua de aproximadamente 50 metros. Vimos una especie de túnel que se forma entre las rocas, dicen que detrás de la cascada hay una cueva, como a 20 metros de la base y desde ese punto se puede divisar el paisaje en medio de la colgadura de agua.

El paisaje era increíble, diferentes tonalidades de verde aparecían ante nuestros ojos, el chorro magníficamente grande, que nos dio miedo entrar al agua, pues no se veía el fondo, estaba turbio; Fanshi si se preparó y entró, nadó un poco, descansó en una gran piedra inalcanzable a nuestras manos, subió a otra y se tiró…salió del agua y lo hizo varias veces más.

Max siempre es “el loco”, lo veíamos dando vueltas, caminando de un lado a otro, saltando sobre las piedras, buscando no se qué y de repente lo vimos en la misma piedra donde se paraba Fanshi para saltar y lo hizo.

Salió del agua y nos dijo que se había golpeado un poco la cabeza, pero nada extraordinario. De ahí fanshi nos comento que jamás ha tocado fondo en la totuma de agua del Chorro.

Estuvimos algún rato más allí y nos fuimos a Natá a comer algo, pero con la idea demasiado clara de que pronto volveremos  :)

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Natá se encuentra a 183 Km. al oeste de la ciudad de Panamá, por la Carretera Interamericana. Desayunamos en algún restaurantito en el camino y después rumbo a Natá, nos esperaba nuestro guía de lujo, Fanshi.

Lo primero que le dijimos fue “llévanos a las iglesias”, La Iglesia Santiago Apóstol de Natá de los Caballeros se levanta en medio de la ciudad más antigua del litoral Pacífico y la segunda en tierra firme, posteriormente de Santa María la Antigua del Darién en 1519.

Destacan de su construcción la alta torre, a la que subimos y desde la cual se puede ver Natá, Aguadulce y parte de la Cordillera Central a lo lejos. Así mismo destaca el altar mayor y los altares menores. No obstante no hay una fecha exacta para la fundación de la iglesia, se cree que su cimentación empezó en 1522, después de que Pedro Arias Dávila, gobernador de Castilla de Oro, instalara una gran cruz de madera en el punto donde se alzaría la asombrosa obra, coincidiendo con la fundación de Natá.

La Basílica Santiago Apóstol es una joya colonial, construidas por los españoles hace ya más de cinco siglos.

La estructura del templo guarda un estilo basilical con cinco naves. Los materiales utilizados en las paredes son de la época colonial; cal y canto, una combinación de piedra con una mezcla parecida al cemento, la cual vimos al ir subiendo la torre, algo descuidada, claustrofóbica, con escalones altos y mareantes que parecían nunca terminar. Mide 25 metros de ancho y 50 metros de largo. Su fachada posee dos vanos de acceso con arcos de medio punto y está decorada con pilastras, columnas, mascarones y un remate de ondulado perfil, jaloneado a techos por pináculos y una torre de campanario.

El amplio interior cuenta con ocho altares tallados y está dividido en cinco naves en las que se localizan el coro, el baptisterio, dos óleos sobre lienzos, el impresionante púlpito que veíamos por primera vez en nuestras vidas y desde el cual los sacerdotes daban la misa en los tiempos de colonia, en los que se le prohibía a el pueblo acercarse a el altar así como al clero.

Frente a la iglesia, en la plaza pública, aún permanecen unas grandes piedras en forma de ruedas gigantes que llamaron nuestra atención, que fueron traídas desde el cerro San Cristóbal y eran usadas para moler el material empleado en la edificación de la obra. Se dice que la torre fue utilizada como punto estratégico de observación militar por los españoles. Los estilos barroco, plateresco y churrigueresco se combinan en este monumento nacional.

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Esta ciudad fue llamada así, Natá: En honor al Cacique de Nombre Anatá, Natá o Natán que mandaba el área en que se encontraba el caserío.

En sus orígenes, que se remontan al siglo XVI hasta principios de siglo XVII, era la mayor aldea indígena en el Golfo de Parita.

Parece increíble que el pequeño pueblo de Natá de los Caballeros, fue en alguna ocasión más importante que la ciudad de Panamá. De hecho, cuando Panamá La Vieja fue saqueada y destruida por el pirata inglés, Sir Henry Morgan, en 1671, esta pequeña comunidad compartió brevemente con Penonomé, situado a unos 30 Km. al noreste, las funciones de capital colonial del país.

Se dice que cuando llegaron a la zona los primeros soldados españoles, encontraron suficiente comida en el pueblo como para alimentar a todo un ejército. Los peninsulares acabaron con un año de abastos en sólo tres meses, se casaron con las princesas del asentamiento, y mezclaron su cultura con la de sus anfitriones, para dar pasó a la población mestiza de las provincias centrales de Panamá.

Fanshi subió al altar, nos mostró y explicó algunos de los santos que están en la Iglesia de entre los que puedo recordar la Virgen del Apocalipsis y Don Bosco, Virgen Del Rosario, Retablo del Corazón de Jesús, San José, San Juan Bautista, San Miguel Arcángel, Santiago Apóstol; entramos a la sala de los sacerdotes, ya que Fanshi tiene acceso, y nos mostró uno de los túneles que utilizaban en la época colonial para trasladarse desde la Iglesia hasta algunos cerros cercanos dentro y fuera de Natá y que sirvieron como arma de guerra igual que la torre principal y ayudaron a que la ciudad no se viera afectada por los bombardeos españoles.

Se dice que cuando Don Gonzalo de Badajoz llego a esta región en 1515, después de haber obtenido gran cantidad de oro de parte del Cacique París, ansiando más quiso volver a atacar al Cacique sufriendo una fuerte derrota que lo obligó a dejar lo adquirido a la comarca del Cacique Anatá, Natá o Natán, apreciando la gran fertilidad y riqueza de la región bañada por el Río Grande y Río Chico.

En 1516 llega a esta comarca el Licenciado Gaspar de Espinosa Alcalde Mayor de Castilla de Oro, siendo bien recibido por el Cacique Natá y permanece allí cuatro meses y vigila la nueva población que mas tarde se convierte en centro de futuras expediciones para la conquista  y colonización de otras regiones y países del continente. Espinosa le contó a el gobernador de Castilla de Oro Pedro Arias Dávila que habían tantos bohíos en el área, que tuvo temor al llegar al poblado, también le contó que había encontrado maíz en grandes cantidades, muchos venados, pescado asado, pavas y comidas de indios en abundancia; entonces no fue accidental que Natá fuera elegida por Espinosa para trabajar desde allí la conquista de otros lugares, sobre todo el del bravo cacique Urracá: Veraguas. La extensión territorial de Natá iba desde lo que se conoce ahora como Chame hasta los límites con Veraguas.

Natá recibió la llegada de 100 “caballeros” españoles que fueron enviados por Carlos V, Rey de España, escogidos entre las familias de abolengo, para traer la misión de mantener el dominio sobre los indios y propagar la fe católica y construyeron una capilla para su fin, La Capilla de San Juan de Dios, edificada en el ultimo cuarto del siglo XVII en 1670 y facilitó el proceso misionero en esta región indígena y contribuyo en la construcción de la Iglesia Santiago Apóstol; a ésta última capilla no pudimos entrar pues nuestra visita fue en día de semana y estaba cerrada.

El principal legado de aquellos tiempos es la iglesia del pueblo, la Basílica Menor de Santiago Apóstol –la segunda más antigua del Hemisferio Occidental-  única, declarada Monumento Nacional en 1941.

Los tres siglos que tuvo la localidad bajo el dominio español le dieron gran esplendor e importancia, tal como lo señalan documentos y libros que nos relatan un pasado glorioso de Natá de los Caballeros, y que debe ser motivo de profundo análisis y estudios por las presentes y futuras generaciones de panameños.

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Arrancamos a las 6 de la mañana, desde la Terminal de Albrook hacia El Copé, en la búsqueda del Chorro las Yayas.

Al llegar al Copé, esperamos que llegara una chiva local que nos llevara hasta el Chorro el cual está enclavado en la zona baja del Parque Nacional Omar Torrijos Herrera, en el poblado de Barrigón en la comunidad de El Copé. Desde allí hasta Las Yayas hay una distancia de tres kilómetros.

El camino es bastante pedregoso, si no vas en bus local, se necesita un carro 4×4. Para llegar no hay perdedero, lo básico es preguntarle a los locales.

Después del camino áspero, un bus llenísimo, se complementa con maravillosas vistas del inmenso bloque de bosques tropicales, propios del área, verdes tonalidades, y el río Colorado de increíbles pigmentos rojo, llegamos a la entrada del chorro.

Lo principal que se ve al llegar, es el puesto de atención al viajero, una cabaña elaborada de hojas de penca y madera, allí se paga un dólar, para poder entrar al sitio.

Caminamos algún rato bajando unas escaleras rojas que nos llevó a diferentes partes del río. La primera nos introdujo a un chorro que desciende de en medio de unas rocas cóncavas donde cae el agua bajo las sombras de las piedras.

Subimos los barandales y llegamos ante un mirador desde donde se veían las tres caídas de agua, El Chorro las Yayas, de cristalinas y frescas aguas, llena de mitos y leyendas.

Las Yayas, se llaman así por una antigua leyenda del Copé que trata sobre tres mujeres. Según los residentes, que hacen resonancia de estas costumbres que se transmiten verbalmente de generación en generación, los originarios relataban que al llegar al sitio siempre veían a mujeres hermosas bañándose en sus cristalinas aguas. Las apariciones se siguieron dando por muchos años aunque no todo el mundo las podía ver, debido a ello los pobladores bautizaron al charco “Las Yayas”, como se les llamaba comúnmente a las muchachas en esa época.

Las Yayas parecen ser otra leyenda legado de nuestros antepasados españoles muy parecido al de las Xanas en España que aparecen en los ríos durante la noche de San Juan. Es un misterio entonces que en algunas caídas de agua, se aparecen mujeres, ninfas y hadas, no solo en las Yayas, si no también en el Chorro de las Mozas en el Valle de Antón, en el Salto del Pilón de Los Santos donde se aparece una niña peinándose los cabellos. Son mujeres de extraordinaria belleza, con una larga cabellera rubia que se entretienen en peinar junto al agua, que muchas veces usan como espejo, y ataviadas con un vestido blanco. También pueden estar hilando, y tocando sus instrumentos, desde las tijeras hasta el peine o la cabellera son de oro.

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Las Yayas en su mayor salto se levanta sobre unos 25 metros de altura, y se puede disfrutar de las refrescantes aguas de la quebrada que alimenta las cascadas que se unen en una pequeña “totuma”, como le llaman los lugareños al sitio que utilizan como balneario.

Es un lugar donde domina la belleza escénica, paisajes naturales y una biodiversidad de la flora y fauna.

El Copé está a solo 40 minutos de la ciudad de Penonomé, en la provincia de Coclé y tiene dos entradas principales con acceso cómodo: una por la carretera vía a Piedras Gordas y la otra entrando a la altura de la comunidad de Río Grande.

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