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Hiking Trails and Trips in Panama

Cacique, Colón

noviembre 12, 2019 Colón, Playas Comments

Cacique es corregimiento del Distrito de Portobelo. Un pueblo pequeño, de la Costa Arriba de la provincia de Colón. En el sitio hay pocas casas y así mismo pobladores, pero esto no es impedimento para que los fines de semana sea un lugar de gran colorido para visitar.

Nuestro amigo y chofer «Choy» no paraba de hablar de Cacique, me contó maravillas del sitio, así que pusimos un día para ir y ya van varias veces que he regresado.

Para llegar a Cacique, debes entrar por una calle de piedras, accesible para auto sedán.

Cacique también es el punto de partida hacia otros sitios, como Isla Mamey, Isla de los Monos y el Túnel del Amor.

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Nadie podría pensar que un día normal de playa con sol precioso se puede tornar gris a causa de un animal venenoso.

Sí, y las circunstancias de lo sucedido no fueron las mejores para la víctima porque sin duda, el dolor no se lo quitaba nadie. Pero agradecemos que esas mismas circunstancias nos escogieron a nosotros para ser quienes le dieran asistencia.

Una clienta iba saliendo ya de la playa. La mitad del grupo se encontraba practicando snorkel y el resto estaba en la orilla disfrutando de la calidez del Caribe. Al parecer la joven decidió salir del agua y en eso, pisó algo que de inmediato le produjo un intenso dolor que con los minutos se intensificó.

De ese grupo me llamaron pues me encontraba adentro con los que hacían snorkel por el arrecife y fui a ver qué sucedía. Cuando vi su pie, pensé que había sido un erizo de mar, sin embargo no se veían espinas, pero denotaba tres incisiones o punzadas en el talón. Tampoco suponía ser una raya pues con anterioridad habíamos visto ya esto. Sin duda, sería un erizo que entró y salió, por lo tanto suponimos que el dolor pasaría en poco tiempo.

De inmediato apliqué cetirizina y al ver que el dolor no cedía, también Ibuprofeno. Establecimos una hamaca y Rey cargó a nuestra clienta hasta ahí donde estuvo tranquila y donde el dolor por momentos bajaba y luego intensificaba. Esto sucedió a eso de las 2pm y nuestra lancha debía buscarnos a las 3pm. Por lo que decidimos mantener la calma y esperar. Los síntomas se encontraban controlados, el dolor seguía en el mismo sitio, denotaba que todo era sintomático pues No hubo desmayo, vómito, subida de presión ni mareos.

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Cuando los atractivos se tornan populares, de inmediato siento un amargo sabor. Pero de tanto da el agua al cántaro… y nos fuimos a explorar Venas Azules.

Un sitio cuyas fotografías hechas por drone, lo hacían muy llamativo y exclusivo. Antes de visitar el lugar me pregunté muchas veces donde estaba ubicado, pues mi madre vivió en Portobelo algún tiempo atrás y jamás habíamos escuchado de un sitio con ese nombre.

Cuando finalmente exploramos caímos en cuenta que el nombre fue puesto por un nuevo grupo que lleva turistas el lugar, y nos parece excelente pues es llamativo. Pero las Venas Azules realmente están alrededor de la Isla del Padre, más cerca de la comunidad de José Pobre o José del Mar, que de Portobelo.

Isla del Padre
Playa Blanca

Y a José Pobre se llega en un buen sedán o 4×4 pues el acceso es de tierra, bordea una parte del Parque Nacional Portobelo que llega casi al mar.

La hospitalidad en José Pobre es lo máximo y nos encantó sus ganas que tienen de desarrollar un turismo de calidad. Los lancheros dispuestos a llevarte a donde les pides y con un valor de responsabilidad muy agradable.

Una vez en la lancha, nos llevaron hasta Las Venas Azules, un sitio mágico, de aguas cristalinas y turquesas. Nuestro lanchero nos cuenta que en días de semana es aún más cristalina, cuando hay pocos visitantes.

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El Caribe colonense posee una magia indescriptible que atrapa a quien le visita y queda siempre con ganas de seguir explorando la costa.

Parte Secreta

Nos topamos con nuestro lanchero Adriano en Cacique, nos pusimos los salvavidas y fuimos rumbo a Mamey.
En esta ocasión visitamos varios sitios, empezando por la concurrida Isla Mamey, la cual tiene su encanto, pero quizás para nuestro gusto es preferible visitar en día de semana, sin aglomeración.

De ahí nos desplazamos en bote hasta la Isla de los Monos, sin suerte ya que no los vimos y de ahí fuimos a conocer el encantador Túnel del amor, un espectáculo visual entre manglares que en partes se cierra casi por completo.

Seguimos nuestra visita llegando a la Parte Secreta. Con el tiempo aprendí que todos los lancheros tienen una «parte secreta» a donde llevan a sus clientes a pasarla más tranquilos, pero en este caso, a pesar de lo hermoso del sitio, sin duda alguna pudimos notar la gran cantidad de basura así como la temperatura tan elevada del agua, que aunado a el calor del sol, lo hacía sofocante, a suerte que hay árboles en los cuales guarecerse; eso es lo que más amo de las playas de Colón, casi todas guardan su parte selvática.

Los chicos estuvieron buen rato haciendo snorkel y con el gusto casi llegan a la isla de en frente, donde pudimos notar que llevan a cabo la pesca con arpón.

En Cacique solo es necesario ser creativo, amigables con el ambiente y cuidadosos con nosotros mismos, pues hay una gran cantidad de actividades para pasar el rato.

Erizo de mar negro (Echinometra lucunter)

Fue después de la muerte del erizo negro diadema en todo el mar Caribe cuando empezamos a comprender más profundamente su importancia. Sin él, las algas crecerían y cubrirían por completo los arrecifes de coral y matarían gran parte del coral vivo, y sin coral vivo, los arrecifes desaparecen.

Acá descubrimos una cabaña en un alto con tremenda vista de la costa e islas circundantes, un par de cocoteros nos invitaron a refrescarnos.

Pretendíamos caminar hasta el pueblo de Cacique, ya que la playa está cerca pero nuestro lanchero nos fue a buscar, y así concluímos en la parte central de tan lindo y colorido pueblo donde también degustamos de un delicioso plato de langosta, pescado, arroz con coco y ensaladas.

Sin duda, un hermoso sitio del Caribe con una gran potencial para turismo. Nos encantó conocer el hotel hecho con materiales reciclables; el mismo está edificado con contenedores, posee 5 habitaciones con vista al mar, camas hechas con bambú y en general todos materiales reciclables, un ejemplo a seguir en este contexto, vale destacar que Sí se puede obtener beneficio de materiales reciclados, siempre que aprendamos a aprovecharles al máximo.

Necesito recordar con detalles. ¿Cuantas veces he escrito sobre este sitio? Cada vez es diferente.
Días antes me traumé con una canción de Carla Morrison que se llama «Disfruto» y lo único que me venía a la cabeza era el Salto de los Monos. Tenemos tanto que conservar.

Caminando noté que a veces pasamos desapercibido los grandes árboles, pero dos franceses me hicieron prestar más atención a los colosos del bosque, los Ceiba pentandra que hay por todo el camino, algunas veces con sus raíces tubulares más altas que nosotros.

Acampamos en el llano, cerca de un bonito árbol y al cuidado de las vacas.
Temprano, avanzamos. Los monos aulladores advertían de nuestra presencia. Pasamos el río y los rostros felices vieron el árbol más grande del potrero, un Ceiba de quizás 500 años con unas lianas que permiten al excursionista divertirse.

El amanecer nos daba los buenos días con sus rayos de luz sobre el río. Avanzamos la senda hasta llegar a la Poza del Jaguar, procurando ir cargados en electrolitos. La selva es un ecosistema húmedo que requiere preparación y control.

La Poza del Jaguar siempre es un oasis en medio del calor. Tomamos la senda y avanzamos en medio de trochas perdidas, árboles caídos y pasos de animales, hasta llegar a la cascada Solange, que lleva ese nombre en honor a una extranjera que hace un tiempo siendo la más longeba de un grupo, iba coronando la marcha y al llegar aquí entonó una melodía en su idioma natal, francés. Al parecer cuando los demás excursionistas llegaron vieron en ella una imagen mágica e icónica y decidieron nombrarle así.

Dicho sea de paso, antes de Solange, en el Guanche se forma un surra surra o tobogán natural, cuya cascada no tenía nombre. El señor Domingo me consultó cual era el nombre y al constatar que no tiene, me dijo que le pusieramos la «Cascada Domingo», así que ya saben. Lo veo correcto, ya que el Señor Domingo es colonense, trabaja en la ACP con afluentes y cuencas hidrográficas y me parece más que perfecto que una cascada lleve su nombre. Este señor es un guerrero, en un trillo que agota al excursionista más experimentado, él llegó al Salto y regresó. Vale decir que no todo mundo ha llegado al mismo.

Cascada Solange

Acá hay muchísimas plantas, una amante de ellas como yo, se puede entretener en cada esquina. Esta vez vi peperomias, las comunes mostera, los pene de chombo, heliconias exóticas, episcias pecioladas y violetas llegando a color negro, así como diversas calatheas.

Esta vez no corrimos con suerte para ver fauna, aunque si huellas de tapir y nutria, así como excrementos de pequeños felinos. Un par de borrigueros ameiba festiva y las adoradas Dendrobates auratus morfo verde.

Llegamos al campamento, limpiamos el área, reacomodamos un alacrán y Rey junto a los chicos armó el refugio. Decidimos que sólo bajaríamos al Verde Esmeralda que estaba llenísimo e imposible de nadar en él, su corriente muy fuerte, el río estaba claro y en su cauce, pero sabíamos que estaba fuerte para subir, algunos exploradores agradecieron pues estaban exhaustos.

Pasamos una tarde amena entre chorizos, bollos y café, algunos hicieron hasta pasta y sopa.

Nuestro guía: Rey Aguilar aprovechó la tarde para explicar la importancia de una fogata en la selva y de cómo poder hacer una bajo condiciones extrema, con lluvia, humedad contundente en un sitio como la Sierra Llorona de Portobelo.

La fogata es foco de calor, enfocándonos en que somos seres ancestrales, el fuego nos aviva el alma, nos hace sentir confortables y confiados. Las antiguas reuniones en torno a fogatas habrían marcado la evolución social.

El fuego no sólo sirve para cocinar alimentos y ahuyentar depredadores, sino que además permite implementar actividades sociales al caer la noche, cuando ya han llegado a su fin las labores de la jornada para garantizar la subsistencia.

«Las vigilias en torno al fuego son universalmente momentos para formar vínculos, transmitir información sobre el grupo, distraerse y compartir emociones» Polly Wiessner, profesora de antropología.

Cayó la noche, calló el campamento. Asomé mi cabeza varias veces durante la noche, la luna estaba en cuarto creciente, faltando poco para estar llena. Una llovizna leve en la madrugada y supe que el río estaría perfecto.

Desayunamos, emprendimos corto ascenso al Salto de los Monos, la más alta de Colón y una de las más altas del país. Por siempre será emocionante estar ahí. Llegar y ver como el excursionista se pierde en sentimientos, nada más importan más que el momento presente. Nadar, escalar, gritar, no importa nada. Es necesario disfrutar de la manera que sea la más cómoda. Quizás regresas, quizás más nunca lo hagas.

Al bajar, decidimos aprovechar el tiempo y pasar al Verde Esmeralda, que ahora se encontraba apaciguado y perfecto, con su particular profundidad.

Recogimos todo y dejamos todo como si nadie hubiese estado ahí, hicimos el tiempo perfecto a la salida y aprovechamos para un último chapuzon.

Al ir llegando al Dos Bocas vimos que del otro lado iba una crecida y desde ese momento decidimos poner en marcha el Plan B: rápido en las bajadas y planos hasta salir a los llanos para tomar un área sin río. El cansancio era inminente, hubo cambio de mochilas, mucho caballerismo, esta vez hubo hasta cambio de calzados.

Quizás no preveían que afuera nos estarían esperando los caballos para caminar la última hora sin mochilas.

Conversamos con los locales y nos dicen que es seguro pasar el río pues está turbio pero en su cauce. Y así lo hicimos.

Al salir, una deliciosa cena nos esperaba, y las cervezas que nos ayudan siempre a ir más rápido al pensar en ellas.

Grupo completo

Agradecida con cada uno de los excursionistas que nos acompañó a caminar la Sierra Llorona de Portobelo, nosotros no olvidamos a ninguna persona que hace esta senda. Por su preparación, inversión y determinación a la hora de caminar.

Confiamos en que el buen juicio del excursionista que decide emprender la difícil marcha hasta el Salto de los Monos comprenda el amor por los bosques vírgenes y su importancia en el ecosistema, donde no cabe la mano del hombre, más que para admirar su belleza.

Las fotografías son propiedad de Enlodados.com: Daniel Molinar, Domingo Molinar, Sorhay Bambu, Rey Aguilar.

La Selva, ese lugar en el que nunca sabes qué pasará en el siguiente minuto; ése, mi bioma favorito fue el escogido para iniciar el 2018, aprovechando el supuesto verano monzón que tenemos en estos días.

Todo transcurrió de mil maravillas, iniciamos nuestro recorrido como de costumbre, de noche para no atrasar la marcha, acampamos en medio de un bosque o selva de galería, a orillas del río. Los chicos levantaron carpas y nosotros colgamos hamacas, para la mayoría sería su primera experiencia en la selva pero el ánimo de todos fue genial; dispuestos acompañaron a Rey en la rápida fogata para alejar mosquitos y calentar el café a la mañana siguiente en la que nos despertamos tipo 4am a ordenar todo, desayunar y recoger campamento.

La mañana nos recibió con aullidos de los territoriales monos aulladores (Alouatta palliata) y algunos monos tití (Saguinus geoffroyi) que se asomaron a vernos entre el grandioso dosel. Todos estábamos ansiosos por emprender la marcha y así lo hicimos a excelente paso, pasamos el gran río y me sorprendió no ver a nadie quitarse las botas, todos las metieron sin pensar más. Ángela, nueva excursionista, llevaba una mochila en forma de vaca, llamada Clara Bella y no faltó chiste.

Avanzamos y entramos en la selva, que de inmediato nos recibió con sus hermosos paisajes, a nuestro lado izquierdo el río en su lado ancho que poco a poco se va reduciendo con rocas de todos los tamaños.

Hicimos un tiempo tan genial que antes de las 9 estábamos en la Poza del Jaguar así que aprovechamos y nos quedamos buen rato disfrutando de sus aguas transparentes que invitaban a bucear.

En ese perseguimiento que le montamos a las sardinas, nos percatamos de un pez de mayor tamaño que descansaba en el fondo; era un «pejeperro» (Hoplias malabaricus) rodeado de conchas de río. Todos vinieron a verlo. El pejeperro vivió su momento de fama.

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Contacto 6592-9153 Mariel

Durante muchos siglos los seres humanos hemos usado nuestro poder e inteligencia para destruir o modificar la naturaleza, para robarle espacio a otras especies y constituirnos en el centro de la evolución. Pero hay un lugar en el que seguimos siendo seres indefensos y vulnerables, y donde nuestro instinto de sobrevivencia más primitivo (ese que traemos desde los primeros días del Homo Erectus) puede salvarnos. Un lugar de peligros y leyes inexorables: la selva. – Irving Bennett, Explorador panameño.

Habíamos planeado esto con tiempo, venimos realizando este viaje desde el año 2011, pero ésta vez lo hicimos cuadriculado; todo bajo completo control, justo como debe ser al planear meterse en la selva en un mes como julio.

La selva del P. N Portobelo conlleva muchos elementos que si no conoces, es mejor ni atreverse: el río es impetuoso y se divide en variados afluentes; no existe camino marcado; tratándose de la Sierra Llorona, la humedad es contundente y así como los árboles de ceiba (Ceiba pentandra) de hasta 60 metros de alto, desarrollan raíces tabulares, a veces la tierra cede tanto que se caen, esto pasa a diario. Así como es posible ver reptiles inofensivos, es posible ver reptiles muy venenosos. También es área de escorpiones y bichos que más adelante detallaré. Sin dejar de lado que es una de las áreas del país con más existencia de felinos comprobada.

La lista de implementos era larga, pero funcional y necesaria; recomendamos no exceder las 15 libras y dormir en hamacas, lo cual se le hace bastante difícil a quien no está acostumbrado.

El grupo que nos acompañaría sería de 16 personas, bastante grande para nuestro gusto. Partiendo de ahí, sabíamos que el recorrido sería más lento.

Como siempre, revisamos la hoja cartográfica antes de partir, la misma ya va en la mente pues el área para nosotros es como la palma de la mano, hemos podido conocerla muy bien. Tiempo atrás, Rey y yo habíamos hablado de crear una nueva ruta para que la ruta vieja se la comiera la selva, cosa que ya está sucediendo. Teníamos en mente cambiar la ruta en una parte donde aparece un acantilado.

A eso de las 10:30 pm arribamos en Guanche e inmediatamente nos bajamos del autobús, empezó a chispear. Nos despedimos de nuestro conductor estrella no sin antes advertir que de no salir antes del anochecer del domingo, estuviese alerta. Iniciamos la típica caminata por la trocha hasta donde acamparíamos.

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La verdad, un poco intrépido. A petición de varios amigos, esto se hizo realidad. Nosotros consideramos que éste sitio es apto para visitar en verano, aunque en esa época no es posible ver el chorro a magnitud, razón por la cual cedimos a ir a verlo en septiembre, mes que como todos sabemos en Panamá, es muy lluvioso.

Gracias a Dios, a las buenas vibras y a Madre Naturaleza, pudimos ir y venir sin problemas. En el grupo que se atrevió, al que pusimos «el escuadrón suicida» iban solo 4 personas nuevas, los demás ya habían ido.

0da251d7-2a7d-4dc0-a26c-e8c2b95a22b9 Cruzamos el Guanche sin problemas mayores, recorrimos la selva entre lloviznas, llegamos a la poza del Jaguar en donde era evidente que han pasado muchas crecientes por la cantidad de árboles y arena en el fondo.

La cascada Solange estaba en su punto, de ella caía una bella cabellera de agua, donde descansamos un rato y seguimos la senda.

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Al llegar al sitio que hemos habilitado para acampar desde hace muchos años, el tiempo nos dio para armar campamento, hamacas, buscar leña y prepararnos; pero la Naturaleza imponente nos mostró su fuerza. El Guanche arriba demostró que el poder del agua es inminente, en segundos el río estaba color chocolate, las gruesas gotas caían sobre el refugio armado por nuestro eficiente guía, Rey.

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Una vez más, gracias a todos los que participaron de esta actividad. No cabe duda de que la pasaron bien, nos consta y nos hace muy felices. Gracias al líder de la expedición Rey Aguilar por todo su conocimiento en selva, a John Cleghorn por su apoyo con reptiles y cada una de las personas que participaron de ésta gira. Sabemos que se llevaron un pedacito de la Sierra Llorona en su corazón. La selva nos hizo familia en dos días en que nos tuvimos que dar la mano unos a otros para salir adelante.

Por sexto año consecutivo, llevamos grupos al sitio. Ésta vez, verificamos con anterioridad el trillo en Octubre y en Enero, fuimos a abrir el trillo, cerrado, a machete limpio. Fue un trabajo duro pero gratificante el ver la cara de nuestros compañeros de gira, al llegar a tan majestuoso lugar que para nosotros, es un templo natural.

Disfrutamos cada paso. Cinco horas de ida, cuatro horas de regreso. Ojalá este paraíso natural continúe protegido por tantas horas de camino.

Felicidades chicos, ¡ustedes son unos guerreros!

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