Y digo expedición porque así lo fue, no es cuento. Ya lo había intentado una vez sin encontrar el camino y sin que nadie me pudiese ayudar. Samuel hace algún tiempo había llegado hasta una parte, pero en total, nadie había llegado a la cima.
Así que un domingo nos fuimos a ver, primero que todo, si encontrábamos el camino. Samuel tenía que ir obligado para llevarnos hasta donde él llego. Esta vez nos acompañaron Carlos y José, dos amigos con todas las ganas de explorar.
Ese cerro con su formación rocosa espectacular, me había llamado la atención desde niña. Es visible desde buena parte de la carretera Interamericana, incluso desde algunas partes de Arraiján. Imponente, posee varios picos o cimas que alcanzan los 1000 metros sobre el nivel del mar. Se encuentra ubicado luego de pasar la comunidad de Lídice en Capira y en sus faldas habitan comunidades como Trinidad, Aguacate, el Chileno, y Majarajá. Es uno de los cerros más importantes del Parque Nacional Campana.
El llegar a sus faldas es muy fácil. En caso de ir en auto debes tomar la calle que está justo después del puente del centro de Capira, luego de pasar la Panadería Cesarín. No hay perdedero, solo debes seguir la calle. Si vas en autobús es aún más fácil, solo debes tomar un bus de Capira que se dirija hacia Lídice, puedes preguntar al conductor o fijarte en la parte delantera del bus donde pone la ruta, de la misma forma, pregúntale donde tomar las “chivas” hacia Trinidad.
Nos detuvimos en una finca por donde debíamos entrar. Un señor limpiaba, y fuimos a interrumpirlo para preguntarle si él sabía por donde subir, a pesar de que Samuel tenía una idea de por donde entrar, aún no estábamos claros de cómo llegar a la cima.
El señor me dijo que él solo sabía llegar hasta la “toma de agua”. Me prestó su mejor machete amablemente y nos contó un poco de su vida. También nos ofreció una soga. Un perrito jugaba con la soga y con nuestros pies.
Avanzamos subiendo un llano muy lindo con árboles frutales. Recogimos naranjas y mangotines y seguimos nuestro camino que se veía fácil, hasta la toma de agua. Una vez en el bosque la vegetación era contundente, áspera y húmeda. Samu iba al frente macheteando hasta donde nos detuvimos pues lo que venía eran barrancos.
Una loma empinada que parecía interminable, ya teníamos grandes cantidades de sudor por nuestros cuerpos; de inmediato procedimos a utilizar la soga, que nos fue de gran ayuda en todo el camino.
Llegamos hasta una laja gigantesca que parecía ser el borde de uno de los picos, allí descansamos y comimos tonterías e intentamos por supuesto subir la laja para ver si había camino. José y Carlos, como monos, subieron enganchándose entre lianas y pudieron ver el paisaje del otro lado pero ya no había más camino así que bajamos de la laja y seguimos improvisando hallándonos con algunos gigantes cien pies.
Nos encontramos con una serpiente pequeña que se escabullía entre la hojarasca; Samuel la tomó y de inmediato ella impregnó el ambiente con un olor a pescado podrido, su modo de defensa. Los hongos y setas estaban por todo el lugar.
Estábamos cerca de la cueva, la humedad allí era increíble, y se escuchaba que de dentro de la misma caía agua. Los murciélagos no paraban de volar de un lado a otro y al ver el flash de la cámara se precipitaron más, eran muchísimos, nos pasaban a un lado del rostro casi pegándonos.
Pude ver que dentro de la cueva había luz, por lo que se convertía en un túnel; verificamos y todo indicaba que era necesario pasar por allí y así lo hicimos. Como no teníamos idea que sería necesario usar lámparas, no las llevamos y en ese caso, con la poca luz del teléfono móvil y los flash de la cámara nos fueron suficientes, pero al hacerlo pude ver la gran cantidad de cucarachas gigantescas en el suelo, aparte de murciélagos alarmados volando en todas direcciones, corrimos lo más rápido que pudimos pasando el túnel y saliendo a la luz. Incluso tuvimos que halarnos unos a los otros para poder salir, estaba resbaloso y con agua.
La cueva parecía formada de un derrumbe de quien sabe cuantos cientos de años. Es importante destacar que casi todo el parque nacional Campana es resultado de la pasada actividad volcánica del volcán del Valle de Antón y existen numerosas manifestaciones que hablan de un pasado geológico de una enorme intensidad.
Nuevamente utilizamos la cuerda, el camino era demasiado resbaloso y pronunciado. Continuamos abriendo camino, pues sendero no había. Quizás un trillo muy poco marcado que gracias a Samuel fue abierto. Nos sentamos en una loma a almorzar y agarrar fuerzas para seguir, no sabíamos hacia donde íbamos pero menos rendirnos.
Al levantarme pude ver claramente que en frente estaba uno de los picos, quizás uno de los más pequeños del Trinidad y a lo lejos se veían los techos de algunas casas, lo que significaba que estábamos subiendo y con eso en mente seguiríamos.
Una vez repuestos seguimos inventando camino. Hongos grandes, bromelias, epifitas, insectos, musgo, mariquitas, mariposas y el canto de las aves nos acompañaban. Grandes árboles encontramos a nuestro paso. Los arbustos nos cerraban el trillo, nos confundían, nos perdían. Los helechos son los dueños del lugar, los hay de todas las especies. Árboles espinosos advertían su presencia al agarrarnos de ellos para avanzar. La vegetación estaba cerrada, casi no se veía el cielo, solo la copa de los árboles y el olor putrefacto de materia en descomposición nos llegaba de repente, además de la neblina que casi nos tocaba.
De pronto la loma se hizo empinada, bordeamos una laja enorme subiendo hacia quien sabe donde. Las grandes rocas que pisábamos se caían e iban a dar con fuerza al que venía detrás. Nada de lo que pisábamos era seguro. Samuel nos tiraba la soga para poder continuar, resbalamos muchas veces e invadíamos el ambiente con carcajadas de aliento por seguir.
Ya estábamos arriba, pero no podíamos ver nada pues la vegetación estaba alta. José se inventó que lo agarráramos del brazo y balanceándose tumbó con el machete parte de los arbustos que no nos dejaban ver el paisaje. La neblina nos tapaba mucho, pero a pesar de eso pudimos ver gran parte de la comunidad de Cacao, Trinidad y allá abajo estaba aquel pico que vimos cuando almorzábamos, lo que indicaba que estábamos muy alto. A la izquierda teníamos otro pico. ¿Sobre cual estábamos? Ni idea, lo que si notamos es que estábamos sobre uno de los más altos.
Samuel nos dejó tomando fotos y se fue a seguir monteando, luego de un rato nos gritó para que fuéramos, había encontrado la cima.
Al llegar la neblina estaba espesa, la vegetación de altura era tupida. En ocasiones la neblina desaparecía y pudimos ver que a nuestra derecha había un pico aún más alto. Nos sentamos y descansamos, ya teníamos 4 horas de estar subiendo cerro Trinidad, pero valió la pena.
Carlos sacó su reloj y midió la altura e indicaba que estábamos a 965 msnm. Era un hecho. Estuvimos largo rato esperando que la neblina se fuera, pero nada.
Un escarabajo se subió al pantalón de José y se veía tan tierno como un peluche, caminando como loco sobre la hierba.
Inventamos poner una bandera, pero no teníamos tela para hacerla, así que Samu de sacrificado se quitó su camisa y colocamos la bandera roja que allá arriba debe estar.
Bajar el cerro fue otro dilema. Mis piernas estaban hechas trizas por las enredaderas cortantes. Bajé con las nalgas en el piso con tal de no resbalarme, a pesar de que usamos soga en todo momento, fue difícil.
No hubo quien no se diera la típica “matada” resbalándonos a cada instante. Salimos golpeados y rayados. De regreso decidimos no tomar la cueva pero fue necesario bajar con la cuerda por una laja alta.
De regreso en la casa de nuestro amigo, el señor Pitti, nos quedamos un buen rato hablando con él que ya había pensado subir el cerro a buscarnos pues eran las seis y media de la tarde y no bajábamos. Nos ofreció guacho y prácticamente nos obligó a tomarnos un trago de whiskey para celebrar nuestro ascenso. Tremendo amigo nos ganamos, con el cual estuvimos 100% agradecidos por su ayuda y claro, se llevó su salve del día.
Definitivamente, este ascenso fue increíble por la cantidad de locuras que tuvimos que hacer tanto para subir, como para bajar, pero la recompensa fue única y de seguro muy pronto lo haremos de nuevo, a ver si llegamos hasta el pico más alto del Cerro Trinidad.
Si deseas hacer este ascenso, debes tomar en cuenta muchas medidas de seguridad y tener muy buen sentido de orientación. Para cualquier duda, saben que pueden escribir a info@enlodados.com
La sola idea de escribir acerca del Darién me emociona. Ante todo pido disculpas pues he demorado en escribir este post que sé, mucha gente ha estado esperando por la misma idea de ahora poder saber cómo llegar a un paraíso como el parque nacional Darién.
Este parque se ubica a 325 kilómetros de la ciudad de Panamá, es el parque nacional más grande de la República de Panamá con 5970 km² y es uno de los lugares del Patrimonio de la Humanidad más importantes de Centroamérica, declarado así en 1981 y como Reserva de la Biosfera en 1983, segundo pulmón natural más importante de América luego de la selva del Amazonas.
Importante es destacar que Darién es la provincia más grande de la República de Panamá, tiene una extensión de 11,896 km², un área del tamaño de la isla de Jamaica. Frontera con el país vecino de Colombia por el este, lo cual debería llevarlo a ser una de las provincias más importantes.
No es para nadie un secreto que el Darién es la provincia más olvidada del territorio panameño, a pesar de poseer tan rica cultura e importancia biológica. Por su condición fronteriza soporta los rigores de los desplazados suramericanos; la depredación de sus maderas preciosas; la persecución de sus animales silvestres; así como la presencia de enfermedades endémicas, epidémicas y desnutrición que dominan a sus moradores en algunas regiones. Las producciones agrícolas darienitas son despreciadas por las difíciles condiciones del transporte, mayoritariamente fluvial y marítimo, con lo cual los ingresos para vivir resultan reducidos, mientras el empleo permanece ausente. Claro que no podemos desconocer el hecho cierto que programas panameños de vigilancia en Darién impiden el avance de la fiebre aftosa suramericana, y constituyen un muro para el traslado de reses vacunas hacia el norte.
El nombre Darién se origina en la lengua hablada por los indígenas Cueva, una tribu indígena que fue exterminada por los Conquistadores a lo largo del siglo XVI.
Tres grupos indígenas precolombinos habitan en el parque nacional Darién: los Kunas, que mantienen poblaciones tradicionales en los poblados de Paya y Púcuro, al pie de la montaña sagrada Cerro Tacarcuna; los Emberá, habitantes tradicionales ribereños del Chocó, y los Wounaan, muy cercanos lingüísticamente y culturalmente a los Emberá.
El Tuira, El Chucunaque, los ríos más potentes de Panamá, se encuentran en esta provincia, y está enmarcada por las áreas inclinadas de las serranías de San Blas, Bagre, Pirre y del Sapo.
La emoción me invadía, hace meses que venía con la idea de visitar esta provincia. En un principio la idea era ir hasta Paya, último pueblo antes de entrar en territorio colombiano, muy lejano y peligroso a causa de la guerrilla.
Luego de mucho pensar y ver los pro y contra junto a Samuel que es nativo del Darién, decidimos visitar el parque nacional, lugar al que antes ninguno de los dos había ido.
Busqué mucha información y me puse en contacto con personas que hubiesen visitado el parque: muy pocos. Supuse que el miedo detiene el entusiasmo de gente que desea visitar pero no se sienten seguros a causa de la guerrilla o la grandeza del área los inmiscuye. Busqué en el mapa y no puedo negar que este parque se encuentra a pocos kilómetros de la frontera con Colombia.
La verdad es que no tenía idea de que hubiese que seguir tanto procedimiento para visitar un parque nacional, pero por ser un área diferente, por el hecho de ser fronterizo, fue necesario sacar un permiso en SENAFRONT en la ciudad de Panamá, para registrar a los que formarían parte de la visita. Por suerte esto no pasó a más de dos visitas formales a Corozal, en donde se encuentra SENAFRONT. Allá fue necesario llevar una nota explicando el porqué de nuestra visita al parque solicitando poder pasar por el área de El Real y Rancho Frío.
Pasamos así mismo por las oficinas de ANAM en busca de información y a avisar que nos dirigíamos al parque, resultó gracioso que nuestro guía Isaac Pizarro, con el que habíamos coordinado por nuestra cuenta, resultó ser uno de los guías de más confianza de este parque nacional.
Una vez estuvo todo listo, nos organizamos y partimos 11 personas, junto con el guía desde la Terminal de Albrook a las tres de la madrugada hacia el Darién.
Los precios de transporte son módicos: de la ciudad de Panamá a Metetí son $9; y hasta Yaviza son $14. En nuestro caso y para todo el que se dirija hacia el parque nacional Darién, es necesario registrarse en ANAM de Metetí, allí efectuamos el pago por alojamiento y entrada al parque; en nuestro caso pagamos 1$ cada uno de entrada del parque (estudiantes) y 5$ c/u por noche por alojamiento en el refugio de Rancho Frío, primer refugio de ANAM dentro del parque nacional Darién. Claro, es muy importante si van en grupo de estudiantes llevar su respectivo carné que lo respalde.
Lo primero fue ir a SENAFRONT, fuimos a registrar el grupo. Los oficiales ya tenían nuestros nombres y número de cédula, solo esperando que nosotros llegáramos para confirmar. De allí llamaron a la estación Yaviza para corroborar que habíamos llegado y dar permiso de seguir, todo un protocolo.
Y claro, en el caso de no ser estudiantes y pagar como “nacionales”, el precio por entrar al parque es de $3 y por noche en el refugio es de $10.00. En el caso de acampar se pagan $2 por estudiante y $5 por nacional. Extranjeros pagan $5 la entrada al parque y $15 por alojamiento por noche, $10 por acampar.
Todo iba de maravilla, a pesar de que tuvimos algunos problemas con el transporte, ya que tuvimos que hacer trasbordo en Aguafría, de allí en adelante todo fue espléndido. Esperamos contentos que abriera ANAM a las 9am en Metetí y nos registramos. Mientras estuvimos allí llegó una familia de monos aulladores (Alouatta palliata), unos loros frentirrojos y hasta vimos un nido de colibrí. Luego tomamos un autobús, (que consiguió nuestro guía Pizarro) hacia Yaviza y el precio fue 5$ cada uno.
Una vez en Yaviza nos dirigimos a SENAFRONT nuevamente a registrarnos, compramos algunos enseres que hacían falta y buscamos una piragua que nos llevara hasta el Real de Santa María. Inmediatamente conseguimos una piragua, sobre todo porque éramos bastantes y lográbamos llenar una sola, pero generalmente en el puerto de Yaviza es difícil conseguir piragua hacia El Real después del mediodía.
En Yaviza termina la carretera Panamericana, es allí en donde inicia el famoso Tapón del Darién, que abarca las comarcas indígenas de Kuna Yala, Madugandí, Wargandí, Emberá Wounaan, los distritos de Chimán y este de Chepo, todos en Panamá, y el norte de los departamentos del Chocó y Antioquia, al oeste del Golfo de Urabá en Colombia.
En esta piragua pagamos 5 dólares cada uno. Demoramos 1 hora y media en medio de las aguas de los ríos Chucunaque y Tuira, hasta llegar a El Real de Santa María. Estos ríos poseen su importancia porque constituye un medio de comunicación importante en la provincia del Darién y de la Comarca Emberá-Wounaan, ya que los diversos afluentes conectan las principales localidades ribereñas.
Para algunos era la primera vez que se subían a una piragua, por lo tanto era una nueva experiencia. El paisaje dominante, nuevo para nosotros, era exuberante. El Río Chucunaque, imponente y chocolate, nos pasaba en dirección contraria, íbamos río arriba por esa carretera de agua. Vimos pasar familias enteras remando en sus piraguas principalmente Emberá-Wounaan; también a varios policías regresando quien sabe de qué misión.
La mayoría de mis compañeros se durmieron en plena piragua, creo que algunos roncaban a causa del cansancio del viaje, al menos llevábamos más de 24 horas despiertos. Personalmente la sola idea de saber que estaba en este lado del país no me dejaba dormir para nada, hubiese sido para mi un pecado estar allí y no ver lo que a mi lado pasaba.
El Río Chucunaque mide 231 km, es muy ancho y es el principal afluente del río Tuira, segundo mayor del país. Los ríos Tuira, Chucunaque y Balsas forman una cuenca hidrográfica de 10.664,42 km2, que es la mayor de Panamá. El Chucunaque nace cerca del Cerro Grande, en la Serranía del Darién, entre la frontera de las comarcas indígenas de Kuna Yala y Wargandí. Fluye hacia el sureste hasta la localidad de Uala, cabecera de la comarca Wargandí; permanece en dirección sureste recibiendo diversos afluentes (Artigartí, Mortí, Chiatí, Membrillo, Metetí, Ucurgantí, Marragantí, Turquesa y Chico). Al llegar a la localidad de Yaviza, el río cambia al suroeste y llega hasta la localidad de El Real de Santa María, en donde se une con el río Tuira.
De pronto a lo lejos, empezamos a ver un cerro, Pizarro me tocó el hombro y me dijo que era el imponente cerro Pirre, uno de los más altos de la región y muy interesante por la gran cantidad de especies endémicas que en él habitan. Los árboles cuipos, descomunales, se divisaban en todo el recorrido. Vimos un caimán que tomaba sol a orilla del río; el cielo nos favoreció, aquel día las nubes estaban en tercera dimensión, el panorama era sacado de alguna película jurasica.
Cabe destacar que el Darién posee montañas de altura considerable destacando el cerro Tacarcuna (1,875 m.s.n.m.), Piña (1,581 m.s.n.m.), Pirre (1,569 m.s.n.m.), Nique (1,550 m.s.n.m.), Chucantí (1,430 m.s.n.m.), Pavarandó (m.s.n.m.), Armila (m.s.n.m.), Tanela (1,415 m.s.n.m.), Sapo (m.s.n.m.) y Altos del Quía (1,361 m.s.n.m.)
De un momento a otro pasamos una curva y entramos en terreno del río Tuira. Más adelante el río se redujo, estábamos en uno de los afluentes: río Pirre, de pronto apareció el poblado de el Real de Santa María, corregimiento ubicado dentro del distrito de Pinogana.
Una vez en el Real, teníamos entendido que nos obligaríamos a caminar aproximadamente 5 horas hasta llegar a Rancho Frío, pero gracias al ingenio de nuestro guía, contactó un camión que nos llevaría hasta Pirre 1.
Nuevamente nos registramos en SENAFRONT de El Real, ésta por última vez. Aprovechamos para tomar un almuerzo que nos cayó de maravilla pues fue nuestra primera comida verdadera del día. Dejamos algunas donaciones traídas desde la ciudad y abordamos el camión; pasamos sobre un río, luego por varios poblados y el aeropuerto de El Real. La calle de dividió en dos y tomamos a la derecha, nos dijo Pizarro que por la otra calle se llega a Colombia de manera muy fácil.
Luego de eso llegamos a Pirre 1 en donde nos encontramos con el papá de Pizarro, el señor Alberto Pizarro (guarda parques de ANAM) que nos esperaba con un fourweel, y se llevó nuestras maletas. De inmediato emprendimos la caminata hacia Rancho Frío. Definitivamente nuestro guía fue una maravilla, de lo contrario, hubiésemos tenido que caminar desde el Real hasta el refugio de Rancho Frío, con un sueño atrasado encima, durante 5 horas con mochilas pesadas en nuestras espaldas.
El cerro Pirre se veía cada vez más cerca, gigantesco y ¡azul! de tanta vegetación tupida, solo un espacio sin vegetación en él, y se trataba de un derrumbe de tierra.
Iniciamos la caminata y a cada canto de ave, Pizarro nos decía cual ave era, demasiado emocionante; nos detuvimos en una casa, la última que veríamos. Nuestro guía saludó y aprovechamos para tomar unas deliciosas pipas y comprar algunos plátanos que nos vendió la señora de la casa.
En el camino hacia Rancho Frío distinguimos árboles gigantescos, pero hubo uno que casi me saca lágrimas, un Ceiba pentandra, sus raíces tabulares eran increíbles, y su dosel se perdía en el infinito, definitivamente un centenario que ha sobrevivido al tiempo y ha sido respetado.
Pasamos por muchas quebradas, vimos monos aulladores, y de pronto la lluvia empezó a caer y nos animó aún más, la lluvia siempre es bienvenida pues refresca el alma y qué mejor lugar que la selva para quitarnos el fogaje. El camino era enredado y se perdía en diferentes senderos.
Aceleramos paso bajo la lluvia torrencial y llegamos al refugio de ANAM exactamente en 2 horas. Ordenamos las maletas dentro del refugio y nos fuimos hacia “La Cascada”… si, aún no tiene nombre esa cascada. En media hora luego de pasar por un sendero, estábamos caminando sobre el río y llegamos. Era hermosa, de aguas claras y con un chorro diagonal que caía con fuerza en la poza.
Pizarro y Samuel fueron los primeros en aventarse desde el surra surra que era el chorro, luego Ana, Carmen, Raiza y Lurys, los demás nos quedamos solo admirando. Pensé en tirarme por el surra surra al día siguiente, cuando volviéramos más temprano a “la cascada” con las cámaras, tenía algo de miedo pues últimamente me han estado dando calambres en agua y no me quise arriesgar, pero al día siguiente me arrepentí de no haberlo hecho.
El refugio era exactamente como lo imaginé: de madera, amplio por dentro, 2 espacios separados disponibles, 1 baño, 1 retrete, una llave de agua, la cocina con estufa. A nuestra disposición teníamos colchones, podíamos usar los camarotes o poner los colchones en el piso, lo último fue nuestra opción, revisamos que no hubiera algún animalillo en el suelo y nos acomodamos. En la cocina ANAM pone a dispocisión ollas, platos, vasos y hasta cubiertos, en caso de no llevarlos. A un lado del refugio, corre un río calmado.
Obviamente es necesario llevar comida, mejor si es enlatada pues luego de pasar El Real de Santa María no hay lugares en donde adquirir enseres. Es muy importante llevar agua, ya que aunque en la estación de Rancho Frío haya, ésta no es potable y puede afectar su salud.
A la mañana siguiente y luego de haber dormido largo y tendido, nos levantamos algo tarde para subir hacia el mirador. Al estar desayunando pudimos escuchar guacamayas que pasaban despavoridas graznando y avisando su llegada; salí corriendo a ver si podía fotografiar alguna pero ya iban lejos, me dijo Pizarro que son guacamayas rojas que generalmente andan por el refugio.
Para mi fue muy emocionante el momento pues las guacamayas son aves casi extintas y la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN) le otorgó al Panamá el segundo lugar de la región mesoamericana en su “lista roja” de especies de guacamayas amenazadas.
Además, esta especie ha sido declarada en riesgo por la Convención Internacional de Especies Salvajes de Flora y Fauna en Peligro de Extinción (CITES por sus siglas en inglés), que prohíbe su comercialización como una forma de protegerla de la destrucción de su hábitat, por lo que se han eliminado sus lugares de anidación. Aquí en Panamá estas especies se encuentran, muy pocas, en el área de Cerro Hoya, en la provincia de Los Santos, en Veraguas y Darién.
La misión del segundo día sería subir al mirador llamado Rancho Plástico. Iniciamos la caminata y al poco tiempo vimos una curiosa rana: Rhinella alata, endémica de Panamá, Colombia y Venezuela. Luego de algunas lomas entramos en la selva húmeda tropical, un sendero poco marcado rodeado de selva tupida. Nos topamos con una bandada de monos araña (Ateles fusciceps) que enfurecidos nos arrojaban palos desde lo alto del bosque.
Vimos distintos árboles de los que destacaban el árbol de Jagua (Genipa americana), cuipos (Cavanillesia platanifolia), Guayacan (Tabebuia guayacan), Ceiba (Ceiba pentandra), Cedro Amargo (Cedrela odorata L.), Espinoso (Parkinsonia aculeata), Almendro (Terminalia catappa), Guarumo (cecropia obtusifolia), Algarrobo (Ceratonia siliqua), olimos el Bálsamo (Myroxylum balsamun) de madera muy apreciada actualmente; notamos muchos Higuerón (Ficus citrifolia), Espavé (Anacardium excelsum), Nazareno (Peltogyne purpurea), también vimos Cícadas éstas últimas “sumamente” amenazadas y en peligro de extinción, porque su crecimiento es muy lento, tanto así que hay coleccionistas que las compran a un precio muy alto en el mercado negro.
La lluvia empezó nuevamente y nos refrescó. Al llegar al primer mirador de Rancho Plástico fue poco lo que pudimos ver, pues las nubes tapaban el contorno de los árboles que a lo lejos se veían, supimos que lo que allá estaba era El Real y que con buen tiempo es posible ver algunas casas, el río Tuira, así como el hormigón, y claro, el dosel del bosque desde lo alto.
Decidimos seguir hacia el siguiente mirador. Para llegar debíamos avanzar media hora más, aparte de las dos horas que ya llevábamos caminando. En el sendero nos encontramos con varias ranas Dendrobates auratus; caracoles de tierra por la hojarasca y pegados a los árboles. En un momento un alacrán por poco pica a Raiza, además vimos muchas hormigas sompopo y algunos ciempiés.
Pizarro se desvió del sendero para mostrarnos un ave Saltarín Cabecidorado o Manakin (Pipra erythrocephala) que habitaba en esa área, solo fue necesario prestar un poco de atención y allí estaba el pequeñín descansando en una rama. Más adelante vimos un Tucán picoiris (Ramphastos sulfuratus)y un Jacamar (Galbula ruficauda).
Es importante decir que en ésta área se pueden encontrar gran cantidad de aves, en especial algunas con endemismo en el área de Cerro Pirre y dentro del parque: Subepalo bello (Margarornis bellulus) y la Tángara nuquiverde (Tangara fucosa), el águila arpía, el halcón peregrino, la guacamaya azul (Ara ararauna), la guacamaya verde (Ara ambigua) y el loro moña amarilla (Amazona ochrocephala), Autillo Serranero, Colibrí Copetivioleta, Colibrí Pirreño, Solitario Variado, Reinita de Pirre, Clorofonia Cuellidorada, Tangara Azulidorada, Tangara de Monte de Pirre, Pinzón Carilucio, entre muchos otros. Se han llegado a censar 450 especies de aves dentro de este parque nacional.
Aunque no vimos muchos mamíferos, es importante recalcar que coexisten 7 mamíferos endémicos del parque, como el arador darienita (Orthogeomys dariensis) y la zorra de cuatro ojos (Marmosops invictus). Más de 56 especies amenazadas o en peligro de extinción en el resto del continente poseen poblaciones viables en el Darién. Entre ellas el águila harpía (Harpia harpyja), que reúne su más importante población a escala mundial, el tapir (Tapirus bairdii), o las cinco especies de felinos: el jaguar (Panthera onca), el puma (Puma concolor), el manigordo (Leopardus pardalis), el tigrillo (Leopardus wiedii) y el tigrillo congo (Leopardus yagouaroundi).
Entre insectos por doquier y mucha lluvia, seguimos el camino hasta llegar al segundo mirador de Rancho Plástico desde el cual vimos cerro Pirre en todo su esplendor, ese cerro de 1,569 m.s.n.m., uno de los dominantes del área en biodiversidad, lleno de neblina a causa de la lluvia que acababa de caer.
El frío nos entumeció, no sabíamos de donde provocar calor, la vista era increíble, sublime. Me sentía anonadada de estar en frente del famoso cerro Pirre, de origen volcánico, grande entre los grandes del Darién. En un principio con la idea de ir al parque nacional Darién, Samuel y yo teníamos pensado subir este cerro, pero nunca imaginamos que para llegar al filo del mismo, son necesarios 3 días caminando en selva, lo cual sería una verdadera aventura, que de seguro luego con más tiempo haremos.
No era nuestro deseo que la lluvia parara y así lo fue, nos acompañó en todo momento, estábamos en el área más lluviosa del país, una de las regiones más lluviosas del planeta ya que se encuentra dentro del Chocó Biogeográfico (área más lluviosa del planeta), con precipitaciones que pueden superar los 8,000mm anuales y en donde prácticamente, no hay estación seca. La temperatura varía según la altitud entre 17° y 35 °C.
Al bajar y pasar nuevamente por el primer mirador la neblina había desaparecido y aunque estaba nublado, el paisaje era místico y nuboso, fue posible ver gran parte del paisaje de El Real de Santa María desde esa altura.
Avanzamos en dirección al refugio y nos topamos con una Lagartija crestada (Corytophanes cristatus) que intentó mimetizarse entre la hojarasca pero por suerte la vimos.
Entre caídas y resbaladas llegamos un poco tarde al refugio; nos bañamos en el río que pasa al lado de la estación, de tanta lluvia se creció y fue imposible ir a “La Cascada”, nos quedamos sin fotos y yo sin haberme tirado de ella. La comida ya estaba lista, un arroz con coco nos había preparado el señor Alberto, ¡estuvo delicioso! Entrada la noche tomamos un postre improvisado: un bizcocho con leche condensada que fue peleado; luego fuimos a descansar, lo que quedó en una partida de dominó y cuentos de miedo de “MadreAgua”, el espíritu que te llama al río y desapareces por siempre, Pizarro logró que Lurys, Kari y yo, nos pusiéramos las piyamas al revés.
A las 5 de la madrugada estábamos listos para partir, solo tomamos un té de hierba de limón, nos pusimos las mochilas a la espalda y caminamos durante dos rápidas horas de regreso a Pirre 1 en donde nos esperaría un camión que nos llevaría hasta El Real.
Abordamos el camión y fuimos a reportarnos por última vez en SENAFRONT de que ya habíamos salido del parque nacional Darién. Partimos directo al muelle de Mercadeo y emprendimos nuevamente el viaje en piragua de regreso a Yaviza. En ese trayecto vimos gran cantidad de animales, sobre todo aves, monos y algunos perezosos en lo alto de los árboles. La mañana estaba en su esplendor, el sol arreciaba y los animales, calmados, lo aprovechaban.
Al llegar a Yaviza un bus nos esperaba, antes de las 3 de la tarde estuvimos de regreso en la ciudad de Panamá, con una experiencia hermosa en el corazón.
Tres días en la selva del Darién no nos fueron suficiente, el peligro del que tanto nos hablaron no lo sentimos jamás estando en el parque y de haberlo sentido hubiésemos tomado el riesgo. A pesar de todos los retenes que tuvimos que pasar, no hubo ningún problema, por el contrario, fuimos tratados de muy buena manera por los oficiales de SENAFRONT. En cierta manera el miedo de los ciudadanos a la guerrilla y las adversidades de la selva, ha sido lo que ha llevado este lugar a tener un endemismo tan grande, lejos de las manos humanas.
La satisfacción reflejada en las caras de mis compañeros de expedición era grande, estoy segura que tienen grandes deseos de regresar al Darién, a costa de lo que sea.
Quedamos en regresar pronto y ponerle nombre a “La Cascada”; la próxima vez que vaya espero poder hacerlo por un tiempo más largo. Confiamos en que ustedes, lectores, se les transmitan las ganas de visitar este patrimonio natural.
Personalmente no pude sentir más paz, juro que uno de los momentos más felices fue cuando el espíritu de la tierra me llamó a entrar en el río al lado de la estación, al recostarme en el agua y sentir las gotas cayendo sobre mi rostro, lo único que pude decirle a Lurys fue “este es uno de los momentos más felices de mi vida”.
Detalles:
- Dentro del parque existen tres estaciones científicas: en Cana, la de Cerro Pirre o Rancho Frío (visitada en este trip), situada a 14 kilómetros de El Real, La Estación de Cruce de mono en las faldas del Cerro de Pirre, a la que se accede con piragua (2 o 3 horas) hasta la población de Boca de Cupe y desde allí se caminan 5 horas hasta la Estación.
- De ir en auto, se debe manejar hasta Meteti, registrarse en ANAM, pagar lo correspondiente y seguir la misma vía hacia Yaviza y allí contactar el guía. ANAM no deja a nadie ir al parque nacional Darién sin un guía autorizado por ellos. Escríbanme para la información de nuestro guía Isaac Pizarro.
- Recuerden llevar comida y agua, esto es muy importante en esta área. En Darién es fácil conseguir verduras pero todo lo demás es mejor llevarlo.
- En cualquier caso, sea individual o grupal, deben registrarse en SENAFRONT de lo contrario puedes correr el riesgo de que no te dejen pasar hacia el parque, es común que los turistas no lleguen al parque por no haber sacado los permisos correspondientes para los grupos o por no haberse registrado de manera individual.
- Recomiendo llevar zapatillas o botas altas y cómodas pues el camino a recorrer es largo y debe pasarse entrando en quebradas, más si es en invierno.
- Repelente para mosquitos, prolifera gran cantidad de insectos.
- Linternas, obviamente no hay luz en el refugio.
- A pesar de que ANAM posee un fourweel para algunos casos, puede ser incómodo para personas de la tercera edad y niños ya que los trechos a caminar son largos.
- En Metetí se encuentran los últimos bancos y cajeros automáticos. Es crucial llevar dinero en efectivo.
- De ser posible, lleve un salvavidas personal ya que normalmente estos no se usan en las piraguas a dispocisión.
- Es recomendable visitar el parque en grupos de más de 8 personas para bajar costos. Ir al parque nacional Darién no es barato en el caso de ir pocas personas, es necesario pagarle al guía por sus servicios, pagar en ANAM, también el transporte Panamá – Metetí – Yaviza. Asimismo pagar por la piragua, o alquilarla, lo cual tiene un precio de 10$ a $15 por día, además de la gasolina de la que es necesario 8 galones, en ciertos casos más. También debe pagársele al conductor de la piragua, en todo caso nuestro guía Isaac Pizarro es buenísimo en la logística de estos viajes, él ha trabajado con grupos de ANCON, AUDUBON, y gran cantidad de bird watchers.
- Llevar sábana o frazada, en ANAM te proveen de colchones, más no de sábanas. Innegablemente debes llevar artículos personales.
- Las piraguas no pueden tomarse luego de las 5 de la tarde, SENAFRONT no lo permite, puede ser peligroso. En ese caso puedes quedarte en algún hostal en Yaviza y salir en la mañana del día siguiente.
- Filtradores de agua o pastillas purificadoras de agua (puritabs).
- Algo con que encender fuego, encendedor. (Todo esto debes llevarlo en bolsitas plásticas por la lluvia).
- Recuerden llevar un botiquín con anti inflamatorios, pastillas para fiebre, vendas, curitas, gasas, alcohol, agua oxigenada para las heridas, pastillas para deshidratación, confites frutales en caso de bajones de azúcar, termómetro. Esto es primordial.
- Cuidado con la basura, ANAM te puede poner una multa
- Cámara con protección.
- Ganas de pasarla excelente.
Agradezco a mis compañeros de expedición: (de izq. a der.) Carmen Alexander, Anselmo Rodríguez, (mi persona), Lurys Rodríguez, Juan Carlos Correa, Raiza Segundo, Samuel Tovar, Katherine Gómez, Karimeth Perez y Ana Sánchez por todo el apoyo, quórum y entusiasmo. A Edilberto González por toda la información, al representante de Yaviza: Enrique Lloren, por información de itinerario y por supuesto a nuestros guías Isaac Pizarro y Alberto Pizarro.
El Parque Nacional Darién es otra joya más de nuestro país y del mundo; certera y satisfactoriamente, un paraíso exótico y exuberante que debe ser protegido de la manera correcta. Debemos sentirnos privilegiados de poseer una reserva de esta magnitud en nuestro territorio. Basta ya de deforestación de nuestros bosques, reforestar es la palabra, aún nos queda tiempo de vivir en paz con la naturaleza.
¿Qué es la Paz? Para mi la paz es silencio, exactamente ese silencio que se siente en la cima de las montañas.
Desde hace muchísimo tiempo que deseaba hacer este ascenso pero las circunstancias no lo habían permitido, incluso me atrevo a decir que fue casi imposible.
Al principio éramos quince personas los interesados en llegar a la cima y al final de todo solo fuimos tres. Samuel y yo iniciamos con el entrenamiento desde enero y yo personalmente hacía lo imposible por recargar baterías y practicar cada vez que podía. Me asustaron mucho en cuanto a condiciones físicas, me informé leyendo blogs, y cuanta cosa encontrara acerca del Volcán Barú. Hablé con todo el que lo hubiera subido y estuviese entre mis contactos. Mi propósito era exactamente no pasarla mal por mis malas condiciones.
Entre más artículos leía me asustaba más, en cada uno decía que era un ascenso casi imposible, que mucha gente no llegaba a la cima pues desistían, que algunos sufrían de mal de montaña, que otros no aguantaban y se desmayaban en el camino, que el frío, que las condiciones…
Corrí mucho, caminé cada vez que el tiempo me lo permitía, me metí a un gimnasio e hice mucho cardio, dejé de tomar alcohol y empecé a comer frutas, todo esto como parte de un arduo entrenamiento y aún así me sentía nerviosa de no poder lograr subir el Volcán.
Llegó el día y solo iríamos Samuel y yo, justo un par de horas antes de salir de casa, me llamó un joven de la universidad que se nos unía pues a él también sus amigos le habían quedado mal. Él ya conocía el camino así que no sería necesario pagarle al guía que teníamos pensado. Es importante destacar que el guía es una parte muy importante de esta expedición, el camino es complicado y es muy fácil perderse, es necesario llevar un guía experimentado y con mucha paciencia. (Escríbanme a info@enlodados.com para sugerirles).
El guía fue otro dilema, algunos nos cobraban cifras exorbitantes, otros no estaban disponibles, no subían en la época, con decirles que en un momento Samuel y yo pensamos hacer el ascenso sin guía, hasta que supe de un voluntario de los bomberos que por muy poco nos guiaba hasta la cima y que al final no nos hizo falta.
Hicimos reservaciones en el Hostal Las Heliconias (507-7715643) en el centro del pueblo de Volcán y tomamos nuestro bus público hasta David Chiriquí, en donde nos encontramos con Edén, el compañero de la universidad que sería nuestro guía, y luego abordamos un autobús de Volcán. El encontrar alojamiento no fue problema, en Volcán hay muchísimos lugares para quedarse a precios realmente módicos y Las Heliconias fue una delicia, lo recomiendo completamente.
Aquel día era viernes, llegamos muy temprano a Volcán, buscamos el hotel, desayunamos, hicimos las compras de insumos para llevar en el ascenso y luego descansamos y salimos un rato más para “aclimatarnos”.
Todo iba de maravilla. Conversamos por buen rato con Nariño Aizpurúa, quien ha subido el Volcán Barú 338 veces y nos dio los mejores tips, nos habló de apariciones en el camino, del mal de altura a lo que se refirió como “pendejera”, nos habló de lo importante del equipaje, agua, entre otras cosas.
Llegó la mañana y Nariño nos llevó hasta las faldas del Volcán en Paso Ancho, entrando por “Friturama Bambito”. Iniciamos el ascenso a eso de las 6.30am. Pensábamos hacerlo a las 5:30am pero nos retrasamos un poco.
En la entrada del parque pagamos a ANAM 5 dólares cada uno, a lo que más tarde nos dimos cuenta que habíamos sido estafados pues el precio real de la entrada era de 3 dólares para panameños y 5 dólares para extranjeros, ni siquiera tenemos el rostro ni la piel de extranjeros.
Cabe destacar que llevamos lo necesario. Mi maleta no pasaba de las 20 libras. Llevé mi sleeping bag (bolsa para dormir), una muda de ropa entre la que tenía 1 abrigo de algodón y uno térmico. Un pantalón de algodón para dormir, 2 pares de guantes, 2 pares de medias para los pies y las zapatillas más cómodas. Algunas personas prefieren no llevar ropa por el peso pero recomiendo llevar una muda extra pues es difícil deducir el estado del clima en este lugar y es posible que de un momento a otro llueva y te mojes y quedes sin ropa para dormir.
Samuel y yo nos habíamos puesto de acuerdo para llevar sólo una tienda de campaña en la que dormiríamos los dos, ahora seríamos 3 en una tienda de campana de dos personas, pues Edén se nos unía. Creo que dormir en la cima no requiere de mucha comodidad, basta con llevar algo donde meterse, menos peso, mejor. Más gente, más calor en el frío de la cima.
Entre lo que llevamos para comer: barras de chocolate, 2 litros de agua cada uno, jugo de uva y naranja, pan de pasas, queso amarillo, galletas de chocolate, café, sopa china de vaso, tasajo, jamón del diablo, manzanas. Llevamos también algunas cosas que aunque serían un poco innecesarias por el peso, nos sirvieron de mucho como una lata de melocotón y también algo fuerte para el frío, me refiero a Ron.
Lo más importante es el agua, es necesario tomarla aún si no se siente la necesidad, aún si no tienes sed, se pierde mucha energía y el cuerpo tiende a deshidratarse.
El Volcán Barú está situado sobre la Cordillera de Talamanca y posee una extensión territorial de 14,322 hectáreas, el punto más alto del parque es el Volcán Barú con una altura 3.475 msnm. Además es el punto máximo de la República de Panamá.
La caminata se inicia en donde termina la carretera de asfalto en las faldas del Volcán a 1925 msnm. Luego de caminar 15 minutos por las faldas entramos a el bosque a las 7am, pasamos algunas lomas hasta llegar a un claro, que estaba lleno de basura y como aún no estábamos cansados, decidimos seguir en la marcha. Nos acompañaba el canto del enigmático Jilguero Solitario Carinegro (Myadestes melanops), un violín creciente que nos seguía el paso.
Subimos una empinada loma llena de polvo y tierra hasta llegar a una pared de roca por la que si no fuera por Edén no nos habríamos dado cuenta que era el camino. Subimos por las rocas “escalando” y descasamos en un claro desde donde vimos parte del pueblo de volcán y algunas montañas, un paisaje hermoso que nos daba la bienvenida a lo que sería un ascenso de bellezas para admirar. Samuel yacía boca abajo sobre una roca recargándose aún siendo él un androide. Edén me confirmó que ya habíamos pasado “La 45”, aquella loma de tierra, empinada, por la que acabábamos de subir y que logra sacarle el aire a muchas personas, me lo escondió pues yo, de tanto leer ya sabía que esa loma sería difícil. Eran las 9:00 am.
Allí comimos una manzana, observamos que la vegetación empezaba a cambiar: helechos, hongos, líquenes y musgos por todos lados; durante el recorrido se puede encontrar con una gran variedad de especies de animales y plantas, así como rocas y algunos árboles de diferentes formas, jamás vistas en otro lugar.
Decidimos seguir caminando por una de las pocas bajadas que recuerdo, hasta llegar al “Ojo de Agua” o “el Posito” única fuente de agua del camino. Eran las 9:30 am.
Allí recogimos toda el agua que pudimos, Edén nos confirmó que el agua no requería de filtrador y decidimos tomarla así mismo como la ofrece la montaña, en su estado virgen, (aún no me ha pasado nada por haberla tomado). Estaba deliciosa, juraría que fue el agua más fresca que he probado en mi vida. Nos metimos en la cuevita a tomarnos fotos. Edén nos dijo que en esta área se suele ver una serpiente patoca y en las noches es terreno de algunos búhos.
En el Ojo de Agua nos topamos con un grupo de hombres que venía bajando el Volcán y también iban a abastecerse de agua. Fueron las únicas personas que vimos en todo el camino.
Dejamos el Posito y avanzamos ahora por el Bosque Encantado llamado así pues es donde mayormente las personas pierden el curso y se sienten extraviados. También es allí donde supuestamente se desarrollan gran cantidad de apariciones sobrenaturales, se dice que “los duendes” suelen perder a las personas.
Un poco más adelante nos detuvimos pues nos atacaba el hambre, así que aprovechamos para “almorzar” lo que fue juego de uva, pan de pasitas con queso, chocolate, entre otras cosas y… ¡Avanzada! Nos encontramos con un camino repleto de piedras grandes que parecían estar sueltas pero que estaban muy firmes. De allí en adelante viene el área del derrumbe: piedras sueltas, arenilla, todo en una sola subida, el bosque desapareció, ya no habían árboles; el clima cambió, la temperatura bajó y a pesar de estar bajo el sol, no sentía calor, es por ello que ahora estoy insolada. Por lo tanto es buena idea llevar bloqueador solar.
Esta es la parte más difícil del ascenso al Volcán, es allí en donde generalmente algunas personas empiezan a tener dolores de cabeza, mareos y algunos desisten al ver lo que los espera, por eso es bueno tener una buena marcha antes de llegar a esta área, para que quede el resto del día para subir.
En este punto ya uno se encuentra a 2500msnm y es posible tener mal de altura o montaña, pero es mejor sacar eso de la mente y no hacerlo una condición psicológica pues puede afectar, algo que nos enseña este ascenso es a trabajar en cuerpo y mente de una manera conjunta y unificada. A cualquiera le puede dar mal de altura, incluso a personas en increíbles condiciones físicas pero obviamente lo mejor es ir con una mentalidad positiva.
Mientras subía me detuve a ver lo que dejaba atrás, el paisaje es sublime, eminente, se puede ver la misma cordillera de Talamanca y todo lo recorrido. La vegetación se compone por líquenes y flores de altura.
Me adelanté un poco y empecé a escuchar un sonido parecido a un leve rugido, le grité a los muchachos que cerca había algún animal y solté carcajadas al darme cuenta de que no era otra cosa que el fuerte aleteo de un colibrí Estrella Centellante (Selasphorus cintilla) que volaba como loco alrededor de mi cabeza.
Más de 250 especies de aves han sido censadas en el parque, entre ellas el bellísimo quetzal (Pharomachrus mocinno), el espectacular aguilillo blanco y negro (Spizastur melanoleucus) que sobrevuela las paredes acantiladas del área protegida, y los colibríes vertrinegro (Eupherusa nigriventris) y el orejivioláceo pardo (Collibri delphinae). También están presentes especies endémicas de la Cordillera de Talamanca como la reinita carinegra (Basileuturus melanogenys), el zeledonia (Zeledonia coronata), el pinzón musliamarillo (Pselliophorus tibiallis) y la pava negra (Chamaepetes unicolor).
Las cinco especies de felinos que viven en Panamá están aquí también presentes, siendo el puma o león venado (Puma concolor) el más abundante entre ellos. Otros mamíferos que poseen poblaciones estables en el Parque Nacional Volcán Barú son el amenazado ratón de agua (Rheomys underwoodi), el gato de espinas o puercospín (Sphiggurus mexicanus) y una gran cantidad de murciélagos con especies como Artibeus aztecus y Lasiurus borealis.
Luego de caminar un poco más mis pulmones exigían más aire y cada 30 pasos debía parar un minuto para luego seguir. Ya tenía cansado a Edén preguntándole cuanto nos faltaba para llegar, incluso llegué a darme cuenta de que me estaba engañando con sus respuestas, Samuel lo único que emitía en palabras era “esto es chicha de piña”; en este tramo hicimos varias paradas de urgencia para ir al “baño”, también nos comimos los melocotones, y aproveché para tomar innumerables fotos del paisaje. Una roca tenía una inscripción que me alentaba, estábamos a 3090 msnm. Cada 30 metros que avanzábamos tomaba fotos del paisaje y allí mismo descansaba, el panorama era increíble y la neblina nos perseguía, en algún momento llegué a pensar que llovería pero no fueron más que amenazas.
Y de pronto, ¡el cable! ¡El famoso cable! Ahora lo veía en vivo y en directo y me produjo una sensación espeluznante, son de 20 a 25 metros de cable por un terreno de arenilla y si ese cable no está bien puesto, ¡moriste! Nosotros preferimos tomar el lado izquierdo por donde hay un caminito y seguir marcha arriba con más seguridad.
Ya veíamos la entrada del Cráter, aceleramos el paso con ganas de llegar rápido, Edén nada mas me decía: “Dale Mari, tu puedes” hasta que finalmente vimos la enorme roca llamada la “Cueva del duende” y a su paso, el Cráter. Lo más emocionante era que la cima estaba a la vista, vimos las antenas y escuchamos el motor de los 4weel que estaban allá arriba.
El Cráter es grande, unas 3 canchas de baloncesto. Allí es donde uno recuerda que realmente está en un volcán y que es potencialmente activo. El volcán ha tenido cuatro episodios eruptivos en los últimos 1600 años, en particular la más reciente erupción unos 400-500 años atrás. Diversas otras erupciones se ocasionaron en los anteriores 10,000 años. Varios enjambres sísmicos se dieron en el siglo XX y un enjambre reciente ocurrió en el año 2006 que puede servir como recordatorio de un inquieto terreno tectónico.
Samuel retó al duende y el duende nunca salió, ahora dijo “esto es chicha de melón” la cosa iba bajando, al parecer ya estaba aceptando que no había sido tan fácil. Se fue corriendo al cráter y lo recorrió entero como un loco haciendo piruetas.
Sentí el frío de lleno, intenté ponerme los guantes pero sentía que mis dedos no se movían, estaban entumidos así que me puse los dos pares de guantes y un abrigo.
En el área protegida se localizan bosques muy húmedos montanos y húmedos montanos bajos que no se encuentran en ningún otro lugar de Panamá. También hay bosques pluviales montanos bajos, pluviales montanos, muy húmedos montanos bajos y pluviales premontanos. Las temperaturas medias anuales fluctúan desde los 20 grados centígrados, en su parte más baja, hasta menos de 10 grados en la cumbre.
Aún faltaba por recorrer unos supuestos 20 minutos según Edén que si bien es cierto a su paso lo lograba en 15 minutos, para mi fue una hora más de camino.
Finalmente llegamos a la cima, primero Edén y yo, luego Samuel que venía atrás. Dejamos las maletas cerca de un nicho de la Virgen de Guadalupe y fuimos rumbo a la cruz. La neblina y el viento eran increíbles, casi no se veía nada alrededor, prácticamente el paisaje era solo neblina. Edén me dijo que me pegara a las rocas pues debíamos escalar un poquito y con una ráfaga de viento fuerte podía ocurrir un accidente. Me dio un poco de vértigo y sentí miedo, si él se apartaba mucho me daba más miedo, no veía nada abajo, solo un precipicio profundo que quien sabe donde terminaría.
La cruz ya estaba ahí, sentí la gloria combinada con el miedo. El viento era cada vez más fuerte, luego llegó Samuel y de un solo tiro se montó en la punta de la cruz, a mi me daba vértigo de solo verlo y el viento más fuerte aún, él estaba por encima del punto más alto de la República de Panamá a 3475 msnm. Edén recomendó esperar que bajara un poco la neblina para bajar a las antenas.
Habían pasado 8 horas desde que iniciamos el ascenso, ninguno de los tres estaba cansado, más bien felices. No se si fue el frío o la emoción de haber llegado o quizás las condiciones físicas que nos hicieron no sentir agotamiento.
El frío era tremendo y el viento muy fuerte. Buscamos al policía que vive en la cima y gracias a Nariño, el policía nos dio alojamiento por esa noche en la cima, gracias a dios él tenía estufa y agua para cocinar. Dormimos en un cuarto repleto de switch de las antenas, y tenía muchísimo frío aún con toda la ropa que tenía puesta.
Cenamos sopa china de vaso tan fortificante que me cayó al estómago mejor que el caviar más caro del mundo. Me tomé toda el agua, hicimos café, comimos galletas y ya más entrada la noche bebimos un poco. Los muchachos disfrutaron de la TV del policía viendo lucha libre y fútbol y yo salí un rato a ver las luces y la luna que como regalo del cielo, era la luna más brillante y más grande del año en todo el país, el frío me ganó y entré ahora para dormir pero nos quedamos hablando hasta que el sueño nos venció.
A la mañana siguiente luego de un desayuno de tasajo y café nos fuimos de nuevo a la cruz a tomar más fotos y a ver si el clima nos dejaba ver un poco más el paisaje. Antes pude ver un Mirlo Negruzco (Turdus nigrescens), ave que suele habitar la cima.
Debido a lo angosto del Istmo de Panamá, es posible ver el Océano Pacífico y el Mar Caribe desde la cima del volcán en un día claro, aunque nosotros no tuvimos la suerte. Se ha reportado en la cima una caída ocasional de nieve granulada, donde la temperatura mínima es inferior a 0 °C, la formación de escarcha es muy frecuente.
Samuel se encorbató, ¡creo que es la primera persona en la cima con saco y corbata! Desde allí pude ver el pueblo de volcán, el río Chiriquí Viejo, las Lagunas de Volcán, etc. Lo demás queda para una próxima visita que espero sea muy pronto.
El descenso fue relativamente menos complicado y rápido, cuando íbamos por el área del derrumbe nos deslizábamos por la arenilla y me apresuré pues estaba sedienta, hasta que llegamos al Ojo de Agua y ¡vi la luz! Descansé mis pies ya que me dolían los dedos de tanto contacto entre el pie y el haz de la zapatilla, mientras estuvimos allí vimos llegar una Candelita Collareja (Myioborus torquatus) tomando un baño en el Ojo de Agua. Más adelante nos topamos con unas codornices entre el follaje.
A la cima se puede llegar también por el poblado de Boquete, incluso es posible hacerlo en auto 4×4 o 4weel; se dice que la vista desde el camino de Volcán es más gratificante, de igual forma algún día deseo hacerlo por Boquete para probar.
Nos encontramos con una pareja que venía subiendo en la que el Sr. le gritaba a la esposa fuertemente que se apresurara y que era muy lenta, me dio algo de coraje, ella estaba muy rezagada de él, con gente así no recomiendo a nadie subir. Por suerte Samuel y Edén me apoyaron en todo momento y me dieron fuerzas para seguir, mi guía ya me tenía cansada con tanto “Mari, tu puedes”.
Al llegar a las faldas nos esperaba Nariño y nos fuimos a bañar pues estábamos muy cochinos y casi nos quedamos sin bus en Volcán, llegamos a la ciudad de Panamá a las 4 de la madrugada.
Hasta ahora en mi vida este ascenso ha sido el más emocionante y espero poder hacerlo muchísimas veces más si sigo con vida. Es algo que todo panameño que puede y que su cuerpo se lo permite, debe hacer. No solamente por la gratitud de llegar a la cima, si no por el placer de disfrutar la montaña, de ver el paisaje, de escuchar, ver, oler, poner todos los sentidos en contacto con la naturaleza.
Recomiendo enormemente entrenar aunque sea 1 mes y medio antes del ascenso y va a ser un éxito. De no hacerlo puedes pasarla mal.
Ah! Una ultima cosa, ¡baja la basura! Si cuando estas subiendo sientes que te pesa la basura, al menos déjala en bolsas que puedas identificar en el camino, ponla en un lugar estratégico y cuando bajas te la llevas, es muy fácil y estarías contribuyendo a mantener limpio uno de los parques nacionales más importantes del país creado mediante el Decreto Nº. 40 del 24 de junio de 1976.
Queda darles las gracias a los que me acompañaron y a quien considero un padre de montaña Nariño Aizpurúa de Panama Mountain Man por habernos dado su incondicional apoyo y consejos.
Una de las cosas que más me llaman la atención al ver las montañas es la neblina que se forma en la cima, me encanta, ver esto crea en mí unas ganas irracionales de llegar y tocarla, de explorar esa montaña, de enterarme por mi misma de qué es lo que hay allá arriba.
El Cerro Gaital es uno de esos que llaman grandemente la atención. Cuando se llega al Valle de Antón, es posible verlo desde casi cualquier punto. Forma parte de las “Tres Marías” pues se encuentra en medio de Cerro Pajita y Cerro Caracol. Sí, el Cerro Gaital es el más grande de los tres e incluso es el más alto del Valle de Antón ya que tiene 1185 metros sobre el nivel del mar y 335 hectáreas.
Hace algún tiempo intenté subirlo por un trillo que dicen se encuentra por delante del cerro, por el Primer Ciclo de El Valle, nunca lo encontré y quedó pendiente la visita. Fue hasta hace poco que con unos amigos con ganas de todo, llegamos a la cima del Gaital.
Para empezar hay que llegar hasta el Valle de Antón y luego desplazarse hasta la comunidad de La Mesa, para eso es posible hacerlo en carro 4×4 o tomando un taxi doble cabina, aunque también hay buses de La Mesa que te dejan cerca.
El camino empieza en la caseta de ANAM en donde generalmente se paga 2 dólares por la entrada, puesto que esta área es un Monumento Natural, pero al parecer en los días de semana no hay nadie en la caseta, así que subimos sin pagar.
Cabe destacar que el sendero estaba limpio y muy bien acondicionado, incluso nos encontramos con dos personas que limpiaran a rastrillos quitando las hojas para dejar limpio el sendero. Apenas empezamos a caminar vimos epifitas variadas, bananas rojas, zamias, hongos por las esquinas, heliconias, papos gigantes, begonias silvestres, mucho musgo, helechos por doquier y muchos letreros de prohibiciones, asimismo escuchamos el cantar de distintas aves. Se dice que en este cerro se puede encontrar la rana dorada y unas 100 especies de orquídeas, incluyendo la flor nacional (Perisferia Elata)
En el camino hay 3 estaciones antes de llegar a un mirador, en donde se puede descansar o aprovechar para merendar, hay bancas, y se disfruta del dosel de los árboles del bosque nuboso y húmedo premontano.
Antes de dirigirnos a nuestro destino, estuve averiguando si era necesario subir con un guía experimentado y si el camino estaba marcado. Obtuve muchas respuestas pero finalmente tomamos el riesgo de subir sin guía, que después de todo no nos hizo falta ya que el sendero está muy bien marcado hasta el mirador que se encuentra tres minutos luego de pasar la estación de las Heliconias y hay un letrero que lo recalca.
Recomiendo enormemente que si visitas el Monumento Natural Cerro Gaital con niños o adultos mayores, personas con problemas cardiacos o de vértigo, deben quedarse en el mirador pues después de pasarlo, el camino se torna un poco difícil.
Y fue allí donde empezó lo bueno. La vista en el mirador es eminente, se ve gran parte del cráter del Valle de Antón, algunas de las montañas que lo rodean, también se ve la finca Avícola Toledano.
La brisa soplaba fuerte, nos balanceábamos en la estructura de madera que es el mirador, y buscábamos camino pues nos parecía increíble que hasta allí llegara el Gaital. Montaña arriba se divisaba algo parecido a una varilla, como para una bandera, se veía bastante lejos, no perdimos tiempo y tomamos camino.
Max como siempre de adelantado nos llevaba espacio caminado y lo veíamos luchando con Karla para subir un camino rocoso y empinado. Cuando llegamos a este lado ya la neblina nos alcanzaba, parecía que iba a llover. Samuel llevaba una soga pero al parecer ANAM ha predispuesto cables para ayudar a las personas que desean llegar a la cima. Este lado logró ponerme los pelos de punta. Cuando fue mi turno no sabía de donde agarrarme, dónde poner el pie, buscaba seguridad y a mi lado lo que veía era un precipicio repleto de árboles y del lado contrario otro precipicio, en ese momento sentí miedo, la neblina nos alcanzaba, vimos como corría sobre nuestras cabezas. Agarré duro el cable y subí, después de mi venía Leyda que gritaba que siguiéramos pues quería almorzar en la cima.
Pisamos sobre terreno más seguro y vimos heliconias extrañas, centímetros de musgos, bromelias gigantes, musgos licopodios, flor de labios ardientes, helechos arbóreos, muchas hojas circinadas, y de pronto, un ave motmot sentado sobre la rama de un árbol a la misma altura de nosotros, mirándonos fijamente sin moverse. Más adelante logramos ver una serpiente, al parecer una boa pero nunca logramos ver su cabeza, fue muy emotivo.
El camino se puso mojado, había mucho lodo negro, tuvimos que deslizarnos por debajo de algunos árboles; ya Gabriela y Karla se habían caído en algunas partes. La humedad era alta y el olor a vegetación continua y la permanente descomposición, nos saturaba el olfato. Vimos la misma forma de la montaña, la línea oblicua a un lado y al otro y nosotros en medio.
Nos agarramos de troncos delgados, algunos tenían pequeñas e hirientes espinas; otros, al apretarlos, se deshacían en nuestras manos chorreando agua. En un momento el sendero terminó y vimos ante nuestros ojos una pared de roca para escalar con un cable negro que al parecer sería nuestra ayuda y así fue en tres o cuatro partes hasta que llegamos a la cima. Literalmente la subida no es difícil pero hay que hacerlo con extremo cuidado, pantalones largos que no sean blancos, zapatillas guerrilleras, y es muy necesario llevar agua.
En la cima hay un espacio limpio para sentarse a merendar o disfrutar del paisaje. Es posible ver casi todo el Valle de Antón, dicen que en días claros se puede ver el Mar Caribe y el Pacífico a la vez. En nuestra visita pudimos ver el océano Pacífico, el Cerro Pajita justo al frente, Cerro la India Dormida, Punta Chame, Coronado, todo el pueblo del Valle, toda la galera de Toledano, el área del Cerro Picacho y mucho más.
En la cima hay una estructura de cemento que al parecer funcionó en algún momento como VHF y fue construido alrededor de 1982 por radioaficionados que escogieron el Gaital pues estaban convencidos de que sería un excelente punto para instalar una repetidora de VHF. En esos tiempos subir el Gaital exigía hasta 6 horas de ascenso.
Allá en la cima se escuchaban las gallinas de la galera de Toledano, a 1185 msnm, nos causó un poco de gracia. Sacamos nuestro almuerzo y degustamos contentos por el ascenso. Nos subimos encima de la caseta de VHF y allí encima Samuel se echó a dormir un rato. Desde la altura se veía perfecto el trillo del Cerro Pajita y quedamos con ganas de subirlo.
El Cerro Gaital lo subimos en 2 horas y lo bajamos en 1 hora y 20 minutos pero generalmente se sube en 3 horas, recomiendo subirlo en las horas de la mañana que es muy fresco y es posible ver más animales.
El descenso fue otra historia, quedamos completamente enlodados, no había manera de no hacerlo, si no nos enlodábamos podíamos correr peligro al caernos de las paredes que teníamos que bajar con ayuda del cable. Las vistas eran preciosas, lo que no vimos en el ascenso por cuidar nuestras espaldas, ahora lo veíamos en el descenso de frente. La cadena montañosa voraz, la forma del cerro en una V entrelazada repleta de árboles sin un solo espacio vacío.
Cuando llegamos a la caseta de Anam, caminamos un poco y tomamos un bus de la Mesa que nos dejó en el centro del Valle, y nos fuimos a quitarnos el lodo al sendero de la Piedra Pintada y sus chorros.
¿Que más les puedo decir? definitivamente tenemos que aprovechar las riquezas naturales que nos ofrece el país a tan cortas distancias. El Cerro Gaital es el lugar favorito de muchas personas e incluso es un punto muy importante para los avistadotes de aves, uno de los cerros de mayor magnitud de esta área y muy importante ya que fue declarado Monumento Natural enmarcados según el decreto ejecutivo No.96 de 9 de julio de 2001 como un área protegida de Panamá.
Recuerda como siempre, 0 basura, lo que llevas a la cima lo traes contigo, no ensucies, Valora.
Tengo una tía que es maestra y hace mucho tiempo le tocó trabajar en áreas de difícil acceso, Cacao era uno de los poblados más cercanos a la civilización pues se encontraba cercano a Capira, a unas 3 horas y media en caballo para salir a la carretera Interamericana. Ella trabajaba en Bajo Bonito, mucho más lejos que Cacao, en donde aún hoy es difícil llegar.
Ahora ir a Cacao toma un tiempo de aproximadamente una hora y quince minutos desde el distrito de Chorrera, da lo mismo en auto o en bus de ruta. Desde la ciudad de Panamá deberás tomar un bus de Chorrera en la Terminal de Albrook y luego debes bajarte en la electrónica “La Estrella” y allí mismo está la Terminal improvisada en donde verás los busitos que van a comunidades como Ciri Grande, la Valdesa y el Cacao. El bus cobra dos dólares y le dices al conductor que te deje en el kiosco “El Mango”.
Ir en auto es aún más fácil, conduces en dirección al distrito de Capira y al estar llegando a Villa Rosario vas a ver una “Tienda de Artesanías”, más adelante te vas a encontrar con una casa de dos pisos color amarillo y allí mismo verás muchos carteles haciéndole publicidad a bailes típicos, es allí por donde debes entrar (es una bajada) pasarás un puente, luego tomas a mano izquierda y sigues recto por espacio de 45 minutos, se pasa por comunidades como Ollas Arriba, Caimito, la Valdesa, Caimitillo y por último el Cacao. Cuando la carretera pavimentada termina quiere decir que has llegado. Los autos sedán pueden pasar sin problemas ya que aunque la calle sea de piedras es accesible. Deberás dejar el auto en el kiosco “el Mango” o en el “Jardín Cacaeño”, obviamente debes pedir permiso para hacerlo.
De allí en adelante empieza la caminata, debes tomar una bajadita de tierra y piedras en donde el camino se torna más hostil. Luego de allí pasarás por algunas casas a orillas del camino y empezarás a ver el río en donde podrás escoger el lugar para darte un chapuzón en el agua resplandeciente.
En Cacao, el río del mismo nombre ondea las veredas del lugar, en donde te metas lo verás, cada casa tiene de patio el río.
En este caso fui con mi prima Deylis, hija de mi tía que trabajó por estos lugares hace más de 24 años y nunca dejó de visitarlos por sus encantos.
En Cacao podemos encontrar una escuela, kioscos, un centro de salud, un terreno para las ferias que se hacen en enero, algunos toldos típicos o “jardines”, iglesias, etc.
Cabe destacar que este corregimiento fue regido por Victoriano Lorenzo en 1889, quien fuera líder indigenista, prócer y mártir de nuestra patria, ya que fue en Cacao donde residió por mucho tiempo con su familia.
Seguimos el dicho de mientras más río arriba mejor y caminamos por espacio de media hora hasta cuando llegamos a un puente sobre el río y debajo de él nos metimos al agua, que estaba deliciosa. No es exactamente un río en donde vas a poder nadar y nadar con riesgos de que alguien se pueda ahogar, a lo largo del mismo solo hay un lugar en donde se puede nadar, el cual le llaman “el Hervidero”, una masa de agua que pasa por unas formaciones rocosas parecidas a cangilones y que luego cae con fuerza a la gran olla de agua en donde generalmente la gente del lugar acostumbra hacer clavados y piruetas.
Cuando estábamos en el río vimos mucha gente pasar por un camino, incluso un señor se acercó para preguntarnos si iba por el trillo correcto, así que con mis ansias de conocer, al salir del río empezamos a caminar haber qué encontrábamos y fue espectacular.
Pasamos sobre el río muchas veces pues así el camino lo exigía, estábamos justo debajo de un cerro sin nombre, preguntamos a la gente que pasaba y nos decían que allá no había nada, ¿NADA? Si esto es precioso…
Mucha vegetación, hermosas vistas fue lo que encontramos, algunos bichos y encantadoras flores silvestres. También vimos una tremenda cantidad de oropéndolas que hacían alarde de su canto y hasta un martín pescador. Cuando ya se hacía un poco tarde decidimos regresar y caminamos aproximadamente 2 horas hasta llegar a el kiosco “el Mango”, allí mismo aprovechamos para tomarnos un refresco y devolvernos a la ciudad.
Cada pueblo tiene su encanto y en el distrito de Capira aún podemos encontrar muchos lugares inexplorados y encantadores para pasarla bien en familia a la orilla de un refrescante río en donde la brisa siempre acaricia nuestras almas.
Hace algún tiempo estuvimos por el área de Santa Fe de Veraguas y pudimos conocer uno de los lugares de mayor impacto ecológico cercano al Parque Nacional Santa Fe: Alto de piedra, que se encuentra en la vía que conduce a Guabal y atraviesa el parque.
Para llegar a Alto de Piedra es necesario llegar hasta Santa Fe de Veraguas y luego seguir las señalizaciones muy bien marcadas a lo largo del pueblo que conducen sin perdedero hasta la parte alta del lugar, desde la cual es muy fácil observar y disfrutar de una vista espectacular del parque nacional y sus alrededores, además de un buena vista del pueblo.
A lo largo de la carretera también se pueden ver quebradas y ríos y allá es también donde se encuentra la torre de comunicación del área.
Realmente Alto de Piedra empieza en donde termina la calle asfaltada, es por esta causa que es necesario ir en carro 4×4 si de verdad se desea conocer el lugar ya que los autos sedan no pasan esta carretera, mucho menos en tiempo de invierno que fue justamente que lo visitamos. Hay taxis que también te pueden llevar e incluso “chivas”. Se puede tomar “chivas” ( autos 4×4 que simulan autobuses) de Alto de Piedra, Calobévora o Guabal.
Es allí en donde se ve el colegio de Alto de Piedra y un poco más allá de la carretera se ve un letrero que anuncia la llegada a Alto de Piedra y de algunas cabañas espectaculares y muy cómodas, las únicas del lugar, con una espectacular vista del dosel del bosque y con un frío lago lleno de carpas y patos que lo adornan y en el cual se puede disfrutar de un placentero paseo en botes de pedales. Al lado de las cabañas se encuentra un “jorón” o bar que en el día funciona como cafetería exclusiva del espectacular café Tute, ofrecen comidas criollas y de noche se convierte en un terreno de diversión.
Hace muy poco, la Autoridad de Turismo de Panamá (ATP) y la Cámara de Turismo de Veraguas informaron que ya en la región veragüense existen dos rutas eco turísticas: la primera llamada Ruta de la Fe y Ecológica (Santiago- Atalaya – San Francisco – Santa Fe) y la segunda es la Ruta Fluvial y Verde (Santiago – Río de Jesús – Soná – Parque Coiba).
Este centro y sus cabañas formarán parte de esta ruta, por lo que decidimos conocer un poco de lo que ofrece u ofrecerá. (6666-2982 ó 6873-1348)
Como fuimos en época de invierno no pudimos entrar a los senderos para llegar a las innumerables cascadas pues justamente esos días los ríos se desbordaron y no era recomendable visitarlos, pero prometemos que pronto los visitaremos nuevamente para ofrecer un reportaje más completo y luego sean visitados por más panameños y extranjeros. Hay caminatas cortas de dos horas y media en las que se llega a las tres cascadas de Alto de Piedra, las cascadas conocidas como el primer brazo del río Bulabá y una serranía con un corredor biológico destacado como “La Serranía del Tute”. En las cabañas antes mencionadas también se ofrecen tours por Ariel Peña a precios módicos.
El clima en Alto de Piedra es espléndido, el paisaje es completamente verde y diferente; es uno de los lugares en el parque en donde se practica más avistamiento de aves, las noches son bastante amenas: el Búho Blanquinegro y el Nictibio Común nos esperan para entretenernos.
Alto de Piedra representa la zona de amortiguamiento del P. N. Santa Fe y muchas personas desconocen el gran paraíso que esconde.
En el Cerro Mariposa, punto más alto de este sector, se observa la flora y fauna endémica del área y cuando el día está despejado, hasta se puede observar el Mar Caribe y el Océano Pacífico al mismo tiempo.
Este lugar recibió este nombre por su altura y su posición geográfica. Su historia inicia en la década del 70, cuando se creó un colegio agrícola destinado a la siembra de hortalizas y la cría de animales que posteriormente se convirtió en un colegio de educación básica general.
Cabe destacar que la ANAM está promoviendo la docencia en conjunto con la Fundación Héctor Gallego, la Cooperativa de Turismo y el colegio de Alto de Piedra, para cuidar de este patrimonio de la naturaleza.
Recomiendo enormemente que si realmente te gusta la aventura, al llegar a Santa Fe de Veraguas, recorras los alrededores del pueblo y luego te vayas directamente a las cabañas de Alto de Piedra y allí armar un itinerario de innumerables aventuras a lugares dadivosos que rodean este lugar. ¡Ah! Y llevar mucho repelente para mosquitos.
Si hay un lugar encantador, lo es Boquete. Con sus vistas montañosas, los rostros que se combinan en el ambiente, en una mezcolanza de razas. Y es que sucede que el lugar es tan encantador, que todo el mundo desea habitar allí y algunos muchos lo han llevado a cabo.
Por las veredas deambulan los indígenas ngobe, que dominan la zona, pues son ellos los que mayormente se dedican a la agricultura y a traer las deliciosas frutas y legumbres, además del café, a este poblado.
Es increíble también, que en Boquete muchas veces encontremos mas extranjeros que panameños, pues muchos de ellos lo han tomado como un lugar de descanso o de retiro.
Fundado el 11 de abril de 1911, Boquete fue inicialmente poblado por habitantes de otros distritos colindantes, a los que se agregaron inmigrantes suizos, yugoslavos, suecos, alemanes y norteamericanos. Lo que en total hace que en Boquete la población consista en tres grupos principales: los indígenas de las montañas, que trabajan principalmente en los cafetales; los pobladores panameños no-indígenas; y en tercer lugar los inmigrantes extranjeros provenientes de Europa y Estados Unidos. Sus fincas, granjas y casas guardan reminiscencia de los estilos de arquitectura de esas regiones de Europa Central. Desde hace años, estas tierras han sido invadidas, no solo por personas que buscan tierra para cultivar, sino que constantemente ha sido clasificado como uno de los mejores lugares para una segunda vivienda y la jubilación.
Para llegar es necesario manejar hasta David, Chiriquí, luego conducir 46 Km., lo que le toma media hora hasta llegar a Boquete. Desde la Carretera Interamericana viniendo de Panamá, diríjase hacia la derecha a la altura del cruce donde está el centro comercial Terronal, al frente también se encuentra el tradicional supermercado chiricano Súper Barú. En el camino hacia Boquete, se pueden disfrutar de bonitos parajes. Justo antes de llegar al pueblo, observará un mirador, a la derecha, desde el que podrá vislumbrar un majestuoso valle atravesado por el río Caldera.
Boquete es un distrito que posee una superficie de 488,4 km2 y una población de 18.555 habitantes. Este distrito es conocido por tener un clima templado, a diferencia de gran parte del país, debido a que el distrito se encuentra establecido en la Cordillera Central.
Muy interesante es que el nombre “Boquete” proviene de la topografía de la entrada a la capital del distrito, que es una abertura o boquete que da paso a un valle rodeado por las montañas.
Este lugar es uno de los más nuevos y pujantes destinos turísticos del país con una enorme abundancia de recursos naturales tales como montañas cubiertas de bosques primarios y secundarios, una importante y muy diversa fauna, arroyos y quebradas de aguas cristalinas, impetuosos ríos, un majestuoso volcán, parques nacionales y reservas forestales.
Atracciones turísticas incluyen majestuosos paisajes de montaña, rafting y kayaking de clase mundial, golf, excursiones a fincas de café, observación de aves, senderismo, paseos a caballo, un Tour de canopy encima de los árboles, comunidades residenciales, clima primaveral todo el año y una población muy amistosa.
El distrito de Boquete limita al norte con la provincia de Bocas del Toro, al oeste los distritos de Bugaba y Dolega, al sur los distritos de Dolega y David y al este el distrito de Gualaca. El distrito de Boquete esta dividido en 6 corregimientos: Bajo Boquete (cabecera del distrito), Alto Boquete, Jaramillo, Los Naranjos, Caldera y Palmira.
La temperatura promedio es de 20º centígrados todo el año, presentando dos tipos de climas: templado muy húmedo de altura, con lluvias copiosas todo el año superiores a los 60 Mm, y tropical húmedo.
Según estudios arqueológicos, el área cercana al Volcán Barú fue lugar de las primeras sociedades agrícolas y cacicazgos, fechadas entre los años 300 a. C. y 600 d. C. En Caldera se localizan diversos petroglifos que atestiguan la presencia de dichas aldeas en la región. El señor Roberto Barú de Sairé, conocido como el primero en subir al Volcán Barú, es una figura importante en Panamá por lo cual nombraron al volcán en su honor.
Durante la colonización española, el distrito de Boquete, junto con el resto de las Tierras Altas queda casi aislada debido al carácter topográfico de la zona, y es aprovechado como refugio por los indígenas ngobe del centro del país y los misquitos (indígenas) de la zona del Caribe centroamericano.
En 1950 se comienza a celebrar el Festival del Café, se realizaba de manera intermitente por la comunidad con el objetivo de resaltar el principal producto agrícola del distrito.
El 9 de abril de 1970, sucede una grave inundación que causó colosales daños materiales (uno de cada tres habitantes del distrito quedó afectado) y la muerte de ocho personas. Con este acontecimiento, se decide suspender la feria hasta el año siguiente, se inició un proceso de rápida recuperación en la zona; y en 1973 el Festival del Café se convirtió en la Feria de Las Flores y del Café.
Entre los substanciales ríos del distrito se encuentran el río Caldera que conforma la frontera con el distrito de Gualaca) y el río Caldera (afluente del río Chiriquí) que atraviesa el distrito. Otros ríos del distrito se encuentran el río Palo Alto, el río Los Valles, el río Cochea, el río Colga, el río Papayal y el río Agua Blanca.
Definitivamente visitar la provincia de Chiriquí y no recorrer un poco el distrito de Boquete, deja un gran vacío de juicio acerca de esta provincia.
La verdad es que en estas fiestas patrias buscábamos tranquilidad, algún lugar de esos donde nadie te conoce, en donde solo la brisa te acompaña y el cantar de las aves te despierta, y escogimos el lugar perfectamente indicado: Santa Fe de Veraguas.
Como siempre, es mejor tomar nota desde antes de llegar al sitio, averiguamos los lugares de alojamiento que tiene este poblado entre los que pudimos encontrar varios a escoger a precios muy módicos, pero nos decidimos por uno en el centro y perfecto para desplazarse: Hotel el Sol de Santa Fe. El trato fue bueno, habitaciones muy limpias, baños limpios, pero sin televisión, el aire acondicionado no fue importante pues aquí el clima es perfecto.
En cuanto a la manera de llegar, hay variadas: en caso de ir en auto tienes dos opciones para llegar a Santa Fe, la primera es entrando por la comunidad del Jaguito en Coclé (10 minutos luego de pasar Aguadulce), pasas por Calobre y te desvías hacia San Francisco de la Montaña, después de allí hay una sola carretera para llegar hasta Santa Fe.
La otra opción es manejar hasta Santiago y luego tomar la Avenida Polidoro Pinzón que esta a la derecha antes del puente vehicular. De allí hasta Santa Fe son aproximadamente 57 kilómetros de carretera por la cual también se pasa por San Francisco de la Montaña. En cualquiera de las dos opciones las vistas en el camino son verdaderamente espectaculares.
En caso de hacer el viaje en autobús la manera más fácil es tomar un Santiago- Panamá en la terminal de autobuses de Albrook y llegar hasta la terminal de buses de Santiago y allí tomar otro autobús o “chiva” que te llevará hasta Santa Fe, en este caso las chivas son muy cómodas. El horario de autobuses en Santa Fe es de 5:00 AM a 7:00 PM.
El problema con esto es que al llegar al poblado, es muy difícil desplazarse de un lugar a otro sin auto, a menos que lo hagas en taxis pues las distancias de un lugar a otro son un poco lejanas y Santa Fe tiene muchísimas esferas por recorrer, pero en todo caso no hay que desanimarse, estando allá puedes tomar algún transporte local que te lleva a diferentes sitios de interés, además tienen su propia terminal de autobuses muy bonita y adecuada, con asientos para esperar y hasta una pizzería.
Y bueno, luego de aproximadamente una hora y media de carretera con paisajes dotados de hermosura, después de haber pasado los vetustos puentes sobre el río Gatú y el célebre río Santa María, es increíble encontrar un lugar tan completo como este. Hay restaurantes, sobre todo de la cooperativa ” la Esperanza de los Campesinos”, al igual que algunos mini súper de la misma cooperativa, entre muchos otros.
También hay un mercado en donde se pueden adquirir frutas de la temporada, artesanías muy baratas al igual que sombreros pintados o típicos en precios muy módicos, a decir verdad, los más baratos que he visto. Tienen una diversidad de canastas de paja, bolsas de henequén, vestidos guaimíes, y un sin fin de artículos interesantes. Lo único con lo que tuvimos un poco de problema encontrar fue hielo, pues algunas veces el agua en el lugar esta un poco sucia y las tiendas se abstienen de venderlo, la que lo distribuye mayormente es una de asiáticos llamado mini súper Santa Fe, a la entrada del pueblo.
Santa Fe fue uno de los primeros pueblos que se fundaron en el Istmo de Panamá. Su historia comienza cuando el Capitán Francisco Vázquez estableció varias ciudades de la provincia de Veraguas en 1558, incluyendo a Santa Fe.
Este distrito está conformado por ocho corregimientos: Santa Fe, Calovébora, El Alto, El Cuay, El Pantano, Gatuncito, Río Luis y Rubén Cantú. El clima del distrito de Santa Fe es de tipo subtropical. Entre los puntos más altos del distrito de Santa Fe se destacan el Cerro Negro con una altitud de 1518 metros sobre el nivel del mar y Cerro Chicu con una altura de 1764 msnm. Tiene una superficie total de 1921 Km ²
Aquí en Santa Fe, el Padre Héctor Gallegos inició su campaña para organizar a los campesinos, para que fueran conscientes de su fuerza y fueran mejor pagados en su trabajo y en el precio de sus productos. Con estas personas trabajó en los campos, durmió en sus chozas, compartió sus preocupaciones y al fin llegó a ser como uno de ellos. Esta campaña le costó la vida cuando el 9 de junio de 1971, durante el gobierno de Omar Torrijos Herrera, mientras Gallegos dormía en la casa de un amigo, se presentaron tres hombres en un jeep, sacaron al sacerdote, le golpearon y le secuestraron.
Desde ese día no se tiene noticia de él. Dejó sin embargo, la gran “Cooperativa Padre Héctor Gallegos” que él bautizó con el nombre de “La Esperanza de los Campesinos” y hasta el día de hoy ésta cooperativa sigue en pie. Su “Tienda Cooperativa” es la más surtida del lugar. Está dirigida por indígenas y campesinos.
Unos kilómetros antes de Santa Fe, está el Cerro Tute, fuera del Parque Nacional. Allí, en el año de 1959, y a la usanza del ejemplo cubano se formó el Movimiento de Acción Revolucionaria (MAR) como reacción al dominio norteamericano. A imitación de los rebeldes de la Sierra Maestra, los miembros de MAR se trasladaron a Cerro Tute, donde pensaban establecer su Cuartel Central. Los cubanos, un grupo de guerrilleros de la capital y campesinos se alzaron contra la autoridad con el fin de derrocar al gobierno.
Tomaron sus armas y se internaron en el Cerro Tute, su Sierra Maestra panameña, inspirados en el deber impostergable de luchar por un cambio revolucionario que permitiera instaurar un gobierno legítimo capaz de impulsar los cambios sociales que exigía el pueblo, extirpar todo vestigio del poder corrupto de las clases dominantes y de sumisión al imperialismo norteamericano. La generación del Cerro Tute, es un ejemplo de coraje y dignidad. Ellos como legítimos herederos de nuestros héroes: Urracá, París, Felipillo, Bayano, Rufina Alfaro y Victoriano Lorenzo, prefirieron la muerte antes que aceptar las prebendas de los grupos de poder económico y político que sometían al pueblo trabajador.
Estos idealistas no llegaron muy lejos en sus aspiraciones, pues, fueron apresados pronto. La Guardia Nacional envió al capitán Omar Torrijos para dispersar a los revolucionarios y en los enfrentamientos que se suscitaron murieron cuatro jóvenes combatientes: Eduardo Santos Blanco, Rodrigo Pinzón, José Rogelio Girón y Domingo García; dos en Cerro Banquillo, y dos en Cerro Tute. Solo tres militares resultaron heridos: entre ellos el Capitán Omar Torrijos, quien en franca huida fue alcanzado en las nalgas. Aquella humillación persiguió a Torrijos hasta el día de su muerte.
Los guías locales han establecido senderos que llevan al visitante por el cerro Tute. La caminata solo es apta para personas en buenas condiciones físicas, pues hay que caminar cinco kilómetros por terrenos inclinados, pero se recompensa con una inigualable vista panorámica.
El Cerro Tute fue instituido como Sitio Histórico Turístico, por el Consejo Municipal de Santa Fe, en 1993.
En nuestra visita a Santa Fe, fue un poco difícil visitar ciertos lugares pues fuimos en plena época de invierno, pero sí pudimos tomar nota de cómo llegar a los lugares y anotar ciertos nuevos puntos de interés para el ecoturismo.
Ya habíamos escuchado que Santa Fe es hogar de café orgánico, es café de altura con un excelente aroma y sabor, pero probarlo fue distinto. Estando bajo la frescura de un ambiente encantador, en una cantina que en las mañanas funciona como fonda, en el bello poblado de Alto de Piedra, pedimos un Café Tute y juro en alto que es el mejor café que he probado en mi vida. No se si fue el momento tan mágico y fantástico, con una décima en el fondo del recinto que me hizo pedir uno tras otro, pero no puedo desestimar el sabor perfecto de este café tan sabroso.
Café Tute es una pequeña fábrica administrada también por la cooperativa local de agricultores. La cooperativa ofrece excursión a la granja orgánica local de café, seguido por una visita guiada de la planta de procesamiento de café. Café El Tute es 100% arábigo. Ir a Santa Fe y no probarlo es un pecado, y de paso comprarlo pues en la ciudad de Panamá es muy raro encontrarlo, aunque se comercializa actualmente en países de Europa y Estados Unidos. La Cooperativa de Servicios Múltiples La Esperanza de los Campesinos también exporta su café a Alemania, pero además pretende incursionar en otros mercados extranjeros y ahora busca expandir su mercado a países como Italia, Francia y Japón; es increíble como lo que empezó con la cooperativa de la mano del desaparecido sacerdote Héctor Gallego haya llegado tan lejos. En aquella época sólo había 25 pequeños productores como socios.
Es importante enfatizar, que en Santa Fe existe una gran producción de orquídeas, tanto es así, que, desde hace varios años, se realiza en el mes de agosto una Exposición y Competencia de Orquídeas a la que asisten expositores, concursantes, vendedores y público en general, provenientes de todo el país. Allí se han identificado más de 300 diferentes familias y variedades, aunque aún faltan muchas por ser descubiertas, lo que se debe a que esta región montañosa mantiene bosques intactos, donde las orquídeas se han mantenido vírgenes. En Panamá se han identificado unas mil 500 variedades de orquídeas, aspecto que deja muy bien colocado a Santa Fe, ya que el 30% de la población nacional de orquídeas habita en esta zona montañosa. Este distrito tiene la población más grande de orquídeas de la variedad Pleurotallis, cuyas flores tienen forma de insecto. A ella se suman las Miltoniosis, cuyos pétalos asemejan mariposas. Asimismo, se ha descubierto una especie de orquídea que se creía extinta, la hepidendrum escaligarii. Además, se han encontrado especies desconocidas, que aún no han sido registradas por los científicos.
En Santa Fe existen 22 orquidearios, instalados en patios de viviendas, donde los cultores le dedican tiempo y devoción para que las especies puedan florecer. Tuvimos la oportunidad de visitar uno de estos orquidearios que queda detrás de la casa de una Sra. de nombre Berta de Castrellón, directora de organización de la actividad ferial, amante de las aves y orquídeas, con la cual me sentí muy identificada. Su esposo nos invitó a pasar muy amablemente a ver las diferentes orquídeas que tienen, en este caso pocas, pero nos invitó a la feria de Agosto 2011 en donde ellos exponen. Este orquideario queda en la carretera que te lleva al puente sobre el río Bulabá y hay un letrero que indica su entrada. Curiosamente no nos cobraron, pero suponemos que cuando hay más producción de orquídeas quizás requieran una colaboración. Para la dirección también pueden llamar al 9540910.
Entre otros de los lugares que visitamos estuvieron Alto de Piedra y el corregimiento de El Pantano. Luego de pasar el puente sobre el río Bulabá, unos 5 minutos más de carretera y vimos una entrada hacia una vía de increíble lodo que indicaba que por allí se llega a “Sendero el Chilagre, Vía a Narices, bosque de Chilagres, ríos y petroglifos.” Instintivamente entramos por el camino de lodo y caminamos más de un kilómetro entre lomas y la tierra nos llegaba hasta las rodillas, fue entonces cuando me fui de acelerada, me tropecé con una piedra, vi estrellitas y hasta ahora aún cargo con la cicatriz de la caída. Fue un susto pues me salio bastante sangre y caminar para atrás era un suplicio, cuando de pronto surgió de entre el camino de fango y piedras el transporte indicado y soñado, una “gallinera” como le llaman algunos. Esos medios de transporte de las comunidades en donde los autobuses normales no llegan. Una camioneta doble cabina modificada con asientos para los pobladores y una tracción de otro mundo.
Subimos al transporte y nos agarramos fuerte para poder mantenernos en el mismo lugar donde nos habíamos sentado; entre lomas, la misma sierra, verdes azulados, un cielo azul opaco, naranjas regadas por los suelos de las casas del camino y miradas sorprendidas dentro del volquete, llegamos a el Pantano en donde se bajaron la mayoría de las personas. Al ir saliendo nos quedamos sorprendidos al ver un río de aguas verdes cristalinas que corría debajo de un puente rural, un poco fuera de lugar pues con el invierno es muy raro ver los ríos limpios.
Me fui a limpiar la herida al hotel y salimos nuevamente, pero esta vez fue a otra parte del Pantano. Justo luego de pasar el puente Bulaba entramos por una carretera empinada hacia la izquierda y encontramos la entrada hacia el famoso Salto Bermejo que visitaremos sin falta en verano. Fuimos hasta donde termina la carretera asfaltada, donde también hay una vista espectacular de la montaña y donde pudimos observar muchas aves.
Igualmente se encuentran muchos lugares que sirven como balneario:
- Las Trancas, en el río Santa María;
- Los chorros del río La Llanita, que cuentan que es una masa de agua que cae en chorros y piscinas naturales a casi 100 metros de altura;
- Los senderos de Alto de Piedra también te llevan a tres espléndidos chorros y cascadas;
- El Salto de Venado en la comunidad de el Salto, que se disfruta sobre todo en los meses de invierno con algo de peligrosidad;
- Para relajarse y disfrutar de la belleza circundante, puede alquilar un flotador por $5,00, y flotar por el Rio Bulabá hasta que se una al río Santa María. El viaje dura cerca de 75 minutos y pasa por una serie de rápidos, donde termina en el río Santa María. Para la renta del flotador, puede contactar a William Abrego (teléfono. 6583 5944);
- El Salto el Bermejo en el río Bermejo, de unos 10 kilómetros de longitud que nace sobre la Cordillera Central y termina en el Río Bulabá y su avance forma al pasar hermosas caídas de aguas, muchas sin nombre e inexploradas.
Los más osados pueden subir mil 375 metros hasta llegar al cerro Mariposa, en donde se pueden observar tucanes, pavas negras, entre otros animales del lugar.
Hay caminatas cortas de dos horas y media en las que se llega a las tres cascadas de Alto de Piedra. La antigua mina de oro de Cocuyo es otro punto propicio para visitar, aunque dicen que este recorrido podría tomar hasta una semana.
No cabe duda de que Santa Fe es un lugar repleto de chorros, cascadas, saltos y balnearios donde el visitante puede divertirse y disfrutar plenamente de la naturaleza, cuidando sus beneficios y respetándola, más aún cuando es en este lugar en donde se tiene uno de los parque nacionales más importantes del país.
Y es que el Parque Nacional Santa Fe fue establecido mediante el Decreto Ejecutivo Nº 147 de 11 de diciembre de 2001, publicado en Gaceta Oficial No. 24,460 de 28 de diciembre de 2001 y ocupa una superficie de 72,269.75 hectáreas. Aproximadamente un 28.48% de la superficie del parque pertenece a la vertiente Pacífica y un 71.52% a la vertiente del Caribe. Esta área protegida se encuentra ubicada en las tierras altas de la cordillera central del país, dentro de los distritos de Santa Fe y Calobre en la provincia de Veraguas.
La elevación máxima en un cerro sin nombre que alcanza los 1,964 msnm. El bosque siempre verde es el más extenso del Parque Nacional Santa Fe, ocupa más del 95 % de la superficie. Habitualmente tiene un dosel compuesto por especies de árboles que increíblemente permanecen con hojas todo el año aunque hay algunos individuos de especies comunes mezclados con las especies de hoja indestructible. Algunas de las especies del área son: amarillo (Terminalia amazonia), ollito (Eschweilera sp.), bateo (Carapa guianensi), mollejo (Virola sp.), guabo (Inga sp.) y berbacillo (Brosimum sp.). En cuanto a las flores cabe destacar, como mencioné anteriormente, la familia de las orquídeas, especies de gran importancia para la conservación.
En el parque predomina un clima frío y vastas zonas de bosques vírgenes, en donde se reproduce el 51.3% de los mamíferos del país, algunos considerados en peligro de extinción como el jaguar (Panthera onca), macho de monte (Tapirus baidii) y el manatí (Trichechus manatus). También habitan en el parque mamíferos tales como el tapir (Tapirus bairdii), el puma (Puma concolor), algunos como la nutria (Lontra longicaudis), el murciélago (Hylonycteris underwoodi) y el mono cariblanco (Cebas capucinus).
Existe un gran número de especies de aves, cerca de unas 300, que potencialmente se encuentran habitando el área, ya que son especies características de la cordillera central. Entre las migratorias altitudinales registradas en el campo cabe destacar al ave-sombrilla cuellinuda (Cephalopterus glabricollis) y el querido campanero tricarunculado (Procnias tricarunculata) muy frágiles a la alteración de su hábitat. Además, éste es uno de los pocos sitios de donde se tienen registros de la estrella garganta ardiente (Selasphorus ardens), una ave endémica nacional, localizada exclusivamente en las tierras altas del occidente de Panamá, lo que la hace extremadamente susceptible a la destrucción de bosques en esta región. La presencia de esta ave trajo como consecuencia el nombramiento del cerro Tute como una de las áreas claves para la conservación de aves.
Así mismo se pueden apreciar el Trogón Colirrayado, el Carpintero Olividorado, el Picochato Gorgiblanco, otras aves posibles son: la Tangara de Monte Gorgiamarilla, el Mosquerito Cejirrufo, la Tangara de Monte Común, la Parula Tropical, el Gavilán Barreteado y los colibríes Colicerda Verde, Gorra Nivosa y Pico de Hoz Puntiblanco. Las noches en Alto de Piedra son bastante amenas: el Búho Blanquinegro y el Nictibio Común nos esperan.
También es importante resaltar que se observan 12 especies migratorias norteñas, una especie migratoria sureña y ocho migratorias altitudinales.
Por otro lado, sitios como Alto de Piedra y el cerro San Antonio son comparables a estudios realizados en las tierras altas de Chiriquí.
En cuanto a los reptiles observados en el área son muy importantes las especies endémicas regionales, como la rana de cristal (Cochranella spinosa) y la rana (Pristimantis pardalis), aunque también podemos observar a la iguana verde (Iguana iguana), la salamandra (Bolitoglossa colonnea), la rana arlequín (Atelopus varius) y la boa (Boa constrictor).
El área protegida incluye la parte alta de la cuenca del río Santa María y toda la zona montañosa de la parte norte de la provincia de Veraguas. Incluye el área que se extiende desde el límite con la Comarca Ngöbe-Buglé hasta el límite con las provincias de Colón y Coclé teniendo conexión con el Parque Nacional Omar Torrijos Herrera. Existen seis cuencas hidrográficas, entre los ríos principales se encuentran: Santa María, San Pablo y San Pedro, que desembocan en el océano Pacífico. Otros son el Caté, Belén, Calovébora, Concepción, Caloveborita, Luis, Grande y Veraguas, que desembocan en el Atlántico.
Además de todo lo mencionado, en el pueblo de Santa Fe se respira un aire de mucha paz, fraternidad, y una creencia muy apegada al catolicismo que incluye una linda iglesia en todo el centro del pueblo y justo en frente una cancha en donde los jóvenes pasan las tardes haciendo deportes. Hay varios parques en donde las personas acostumbran conversar pacíficamente y disfrutando del clima perfecto. Incluso pudimos notar un parquecito diminuto dedicado a la “heroica gesta del Cerro Tute”.
En el centro del pueblo admiramos la estatua del padre Gallegos que paso a ser un líder entre los campesinos de Santa Fe.
Hay varios lugares para hospedarse con precios por debajo de los 25 dólares por noche: Hotel el Sol de Santa Fe, Hostal la Quia, Hotel Tierra Libre, Cabañas Alto De Piedra (las cuales recomiendo por la belleza de sus alrededores, puede llamar al número 68731348 Sra. Alcida Solís).
Entre los restaurantes están varios de la Cooperativa la Esperanza de los Campesinos en donde la comida es criolla, muy buena y a precios realmente módicos por debajo de los 2.00 dólares, también está el hotel Tierra Libre en donde ofrecen emparedados y picadas, además Rostizados Pollos Kimberly y la Pizzería que se encuentra detrás de la Terminal.
Nos despedimos de este fantástico lugar con un poco de tristeza, pero siempre con la esperanza de que tendremos vida para poder regresar y poder visitar en el próximo viaje las fascinantes cascadas , chorros y cerros que guardan tantos secretos y leyendas, para poder publicarlas y que cada día más gente se enamore de las montañas, del verde de Panamá… Y que se sientan inspirados a cuidar de ella.
Hace una semana que estando en Chorrera tomándonos el clásico chicheme ( bebida panameña) y nos pusimos a pensar qué lugar cercano visitar. Tomamos el mapa y decidimos un lugar hermoso, muy poco visitado: Capira y sus montañas, el valle de Lídice, el Cerro Trinidad y la nueva carretera que conduce hacia Cacao.
Entramos justo después de pasar el puente que le sigue a la panadería Cesarín en el corazón de Capira, a orilla de la calle.
Lídice es solo uno de los poblados que están en las faldas del Cerro Trinidad de 969 metros sobre el nivel del mar, así mismo como el Cruce detrás del cerro.
Luego de cinco minutos de recorrido en la carretera hacia Lídice, ya el paisaje cambiaba. El verde toma su lugar en este lugar, a medida que avanzas se va viendo Cerro Trinidad desde distintas esquinas, el clima cambia a fresco y puro.
Lídice es uno de los trece corregimientos del distrito de Capira de Panamá. La comunidad se encuentra en las faldas del Cerro Trinidad, en un Valle de tierras fértiles y llanas, serpenteado por el río Perequeté, tiene una superficie de 44.4 km² y limita con los siguientes corregimientos: al norte con Caimito; al sur con Campana al este con Capira cabecera; al oeste con el Cacao.
Desde principios del siglo XIX estas fueron utilizadas para pastear al ganado entregando en diezmo a la Parroquia de San Isidro. Su nombre original era el “Potrero”, por inquietud de los moradores se ordena el cambio del nombre de Potrero por el de “Lídice”. Este nombre es un homenaje a Lídice comunidad de Checoslovaquia destruida el 4 de junio de 1942 por orden de Adolfo Hitler. La ONU, decretó que en cada país debía haber un pueblo, calle, plaza o edificio que llevara este nombre en memoria de sus habitantes y le toco a Capira.
Desdunloma antes de mi casa, se puede ver el Cerro Trinidad, así como desde muchos puntos de Arraiján. Cuando uno va en la carretera Arraiján – Chorrera, puedes ir viendo como aparece y desaparece desde las curvas de la carretera. Incluso en el centro de Chorrera, justo cuando uno va en la carretera central de la chorrera, viendo hacia el frente se ve claramente el Cerro Trinidad. La forma de este cerro es enigmática, casi siempre tapado por las nubes que lo cubren en la cima. Tiene unos picos impresionantes que sobresalen en la cordillera central que a partir de allí reducen la altitud de sus cumbres, para dar paso a las colinas.
Los ríos y quebradas más importantes del valle de Lídice y alrededores son Río Trinidad, Caimito, Caimitillo, Río Bollo, Perequeté, Quebrada Murciélago, Cerro Pelao, Cecilia, Ballestera, Caña Blanca y la Chapa.
Sus comunidades son Caimitillo, Majara, Felipina, el Murciélago, el Coco, las Tablitas, el Bongo, San Isidro, San José, Pueblo Nuevo, Pedregal, Barraza, la Pela Diente, los Duendes, el Creo, Don Bosco y La 31 de octubre, fecha de fundación del corregimiento de Lídice el 31 de octubre de 1943.
Lídice es hoy en día uno de los corregimientos más importantes del distrito de Capira. El fértil valle produce distintos rubros como naranja, café, yuca, ñame y otros.
Las vistas desde Lídice son hermosas, el clima es fresco, a lo lejos se ve el cerro Trinidad como el rey de la región. En las tardes el sol pasa por detrás de su cima y refleja su sombra en el pueblo.
Luego de pasar Lídice, se ve un precioso paisaje, parecido al que se ve desde Campana: punta chame, algunas islas, parte de Capira, Cermeño, entre otros lugares.
Justo cuando pasamos por la comunidad de San Isidro, vimos la nueva carretera que conduce hasta Cacao y otra hasta el Cruce, esta carretera fue echa en el año 2009 y está en perfectas condiciones. Tomamos la calle de la izquierda y seguimos recto, llego un momento en que la calle nos llevaba directo al cerro, estábamos ahí debajo de él, de pronto podíamos ver del otro lado: Cacao, Caimitillo, Aguacate Arriba; seguimos el camino hasta llegar a un lugar que le llaman El Cruce, en donde la carretera se divide hacia Trinidad, Cacao y Aguacate. Allí preguntamos cual era la comunidad que seguía y si el carro pasaba por la carretera, un señor muy amablemente nos dijo que si se podía seguir hasta llegar a la carretera pavimentada de Cacao y desde allí salir a la carretera Panamericana.
Hicimos caso y seguimos el camino, cada vez la carretera era más difícil y de piedras sueltas, decidimos arriesgarnos a seguir, hasta que tuvimos la gran sorpresa de encontrarnos con un río sobre el cual había que pasar, así que dimos la vuelta y decidimos regresar, pues ese río es solo para carros con doble tracción, se veía bastante fuerte.
De regreso tuvimos un par de problemas de tracción pero finalmente logramos seguir. En el camino nos encontramos con el señor que nos había ayudado con la dirección, el cual iba caminando hacia fuera en busca de un transporte que lo llevara hasta Capira con su familia. Le dimos el aventón hasta afuera y de paso conseguimos un guía para pronto ir a subir el Cerro Trinidad, que será una nueva exploración de un cerro casi inexplorado, que es más bien intocable para muchos desde lejos.
Hace una semana que estando en Chorrera tomándonos el clásico chicheme (bebida panameña) y nos pusimos a pensar qué lugar cercano visitar. Tomamos el mapa y decidimos un lugar hermoso, muy poco visitado: Capira y sus montañas, el valle de Lídice, el Cerro Trinidad y la nueva carretera que conduce hacia Cacao.
Entramos justo después de pasar el puente que le sigue a la panadería Cesarín en el corazón de Capira, a orilla de la calle.
Lídice es solo uno de los poblados que están en las faldas del Cerro Trinidad de 969 metros sobre el nivel del mar, así mismo como el Cruce detrás del cerro.
Luego de cinco minutos de recorrido en la carretera hacia Lídice, ya el paisaje cambiaba. El verde toma su lugar en este lugar, a medida que avanzas se va viendo Cerro Trinidad desde distintas esquinas, el clima cambia a fresco y puro.
Lídice es uno de los trece corregimientos del distrito de Capira de Panamá. La comunidad se encuentra en las faldas del Cerro Trinidad, en un Valle de tierras fértiles y llanas, serpenteado por el río Perequeté, tiene una superficie de 44.4 km² y limita con los siguientes corregimientos: al norte con Caimito; al sur con Campana al este con Capira cabecera; al oeste con el Cacao.
Desde principios del siglo XIX estas fueron utilizadas para pastear al ganado entregando en diezmo a la Parroquia de San Isidro. Su nombre original era el “Potrero”, por inquietud de los moradores se ordena el cambio del nombre de Potrero por el de “Lídice”. Este nombre es un homenaje a Lídice comunidad de Checoslovaquia destruida el 4 de junio de 1942 por orden de Adolfo Hitler. La ONU, decretó que en cada país debía haber un pueblo, calle, plaza o edificio que llevara este nombre en memoria de sus habitantes y le toco a Capira.
Desde una loma antes de mi casa, se puede ver el Cerro Trinidad, así como desde muchos puntos de Arraiján. Cuando uno va en la carretera Arraiján – Chorrera, puedes ir viendo como aparece y desaparece desde las curvas de la carretera. Incluso en el centro de Chorrera, justo cuando uno va en la carretera central de la chorrera, viendo hacia el frente se ve claramente el Cerro Trinidad. La forma de este cerro es enigmática, casi siempre tapado por las nubes que lo cubren en la cima. Tiene unos picos impresionantes que sobresalen en la cordillera central que a partir de allí reducen la altitud de sus cumbres, para dar paso a las colinas.
Los ríos y quebradas más importantes del valle de Lídice y alrededores son Río Trinidad, Caimito, Caimitillo, Río Bollo, Perequeté, Quebrada Murciélago, Cerro Pelao, Cecilia, Ballestera, Caña Blanca y la Chapa.
Sus comunidades son Caimitillo, Majara, Felipina, el Murciélago, el Coco, las Tablitas, el Bongo, San Isidro, San José, Pueblo Nuevo, Pedregal, Barraza, la Pela Diente, los Duendes, el Creo, Don Bosco y La 31 de octubre, fecha de fundación del corregimiento de Lídice el 31 de octubre de 1943.
Lídice es hoy en día uno de los corregimientos más importantes del distrito de Capira. El fértil valle produce distintos rubros como naranja, café, yuca, ñame y otros.
Las vistas desde Lídice son hermosas, el clima es fresco, a lo lejos se ve el cerro Trinidad como el rey de la región. En las tardes el sol pasa por detrás de su cima y refleja su sombra en el pueblo.
Luego de pasar Lídice, se ve un precioso paisaje, parecido al que se ve desde Campana: punta chame, algunas islas, parte de Capira, Cermeño, entre otros lugares.
Justo cuando pasamos por la comunidad de San Isidro, vimos la nueva carretera que conduce hasta Cacao y otra hasta el Cruce, esta carretera fue echa en el año 2009 y está en perfectas condiciones. Tomamos la calle de la izquierda y seguimos recto, llego un momento en que la calle nos llevaba directo al cerro, estábamos ahí debajo de él, de pronto podíamos ver del otro lado: Cacao, Caimitillo, Aguacate Arriba; seguimos el camino hasta llegar a un lugar que le llaman El Cruce, en donde la carretera se divide hacia Trinidad, Cacao y Aguacate. Allí preguntamos cual era la comunidad que seguía y si el carro pasaba por la carretera, un señor muy amablemente nos dijo que si se podía seguir hasta llegar a la carretera pavimentada de Cacao y desde allí salir a la carretera Panamericana.
Hicimos caso y seguimos el camino, cada vez la carretera era más difícil y de piedras sueltas, decidimos arriesgarnos a seguir, hasta que tuvimos la gran sorpresa de encontrarnos con un río sobre el cual había que pasar, así que dimos la vuelta y decidimos regresar, pues ese río es solo para carros con doble tracción, se veía bastante fuerte.
De regreso tuvimos un par de problemas de tracción pero finalmente logramos seguir. En el camino nos encontramos con el señor que nos había ayudado con la dirección, el cual iba caminando hacia fuera en busca de un transporte que lo llevara hasta Capira con su familia. Le dimos el aventón hasta afuera y de paso conseguimos un guía para pronto ir a subir el Cerro Trinidad, que será una nueva exploración de un cerro casi inexplorado, que es más bien intocable para muchos desde lejos.
Capira es sin duda alguna, una perla de Panamá, con sus valles, montañas y ríos que deslumbran sus caminos, algunas veces sin calles pavimentadas, pero siempre vale la pena recorrerlo, siempre más allá y mientras más lejos llegas, más hermoso se pone.
Hace poco nos dimos una vuelta por el Parque Nacional General de División Omar Torrijos Herrera (PNGDOTH) ubicado en las tierras altas de la cordillera central, entre los océanos Atlántico y Pacífico, en el distrito de la Pintada, comunidad del Copé en la provincia de Coclé. La entrada hacia este parque nacional se ubica unos minutos después de pasar por Penonomé, antes de llegar al Caño, entrando por la comunidad de la Candelaria.
Este parque nacional fue creado mediante Decreto Ejecutivo Número 18 del 31 de julio de 1986 e incluido dentro del Sistema Nacional de Áreas Protegidas para preservar la gran diversidad biológica de la región central panameña o cordillera central. Se encuentra dentro del Corredor Biológico Mesoamericano.
Para llegar a este parque nacional es de suma importancia ir en auto 4×4 con doble tracción ya que el parque está a 5 kilómetros del Copé y la carretera es muy difícil. De ir en bus, es casi imposible, los buses solo llegan al Chorro las Yayas, enclavado en las faldas del parque.
La temperatura es muy agradable y tiene rangos de medición que oscilan entre los 18 y 29 grados centígrados.
Cubre una extensión de 25,275 hectáreas y dentro de sus límites se encuentran unas siete comunidades: El Potroso, Las Peñitas, El Tigre, La Rica, El Guabal, Río Blanco y Caño Sucio y en sus alrededores se encuentran los poblados de El Copé, Barrigón, La Junta, Cerro Hueco, Belencillo, Aguas Blancas, Bateales y Palmarazo. Protege las cabeceras de los ríos más importantes de la región coclesana, tales como el río San Juan, el río Belén y el Concepción en la vertiente caribeña; y el río Grande, el río Marta y el río Nombre de Dios en la vertiente del Pacífico. En su territorio sobresalen los cerros Negro (1408 metros), Peña Blanca (1314 metros), Blanco (1192 metros) y Marta (1046 metros).
En el año de 1986 la superficie del parque era de seis mil hectáreas, sin embargo, la misma fue ampliada según criterios ecológicos en el año de 1996 a 25,275 hectáreas, con el propósito de incorporar tierras que requerían su conservación y protección.
Al llegar a el Copé vimos una primera entrada hacia el Cerro Marta, seguimos y encontramos otra entrada directo al parque. Fue un recorrido de media hora hasta llegar al Centro de Visitantes. Pasamos por la comunidad de Barrigón, también por la entrada del Chorro las Yayas, incluso pasamos sobre un riachuelo y unos minutos después estábamos en la oficina de control y monitoreo ambiental de Anam, en la cual no había nadie y nos tomamos el beneplácito de seguir. Ya desde ahí la vista era impresionante, a lo lejos se veía lo recorrido desde la carretera Interamericana.
Minutos después y con mucha dificultad por la carretera nos encontramos con el responsable de Anam y nos dio el permiso de seguir, nos explico de dejar el auto en el centro de visitantes en caso de subir a el Cerro el Calvario.
Hicimos lo establecido y empezamos la caminata hacia El Calvario, que bien tiene su nombre pues subíamos y subíamos, nos demoramos aproximadamente 30 minutos hasta llegar a la cima. En el camino pudimos disfrutar de la diversidad de flora del parque. El cerro se encuentra a 912 metros sobre el nivel del mar y es unos de los pocos sitios en el mundo en donde en días claros se pueden observar los dos mares, y efectivamente tuvimos la dicha de ver el Mar Caribe y el Océano Pacífico, como nos habían advertido, ya que el sol era incandescente y radiante. También fue impresionante ver la majestuosidad del Cerro Marta, en el cual cayó la avioneta en donde murió el general Omar Torrijos, motivo por el cual el parque lleva su nombre. A lo lejos vislumbramos las comunidades de Coclesito, San Juan de Turbe, Boca de Toabre incluso Coclé del Norte; todo esto confirmado por un profesor de geografía con el cual tuvimos el placer de conversar en la cima del Calvario.
En la parte más elevada del parque como en el cerro Marta y el Calvario, se desarrollan bosques pluviales montanos bajos y a medida que se desciende están los bosques pluviales y húmedos premontano, y los muy húmedos tropicales. Se cree que de las 2 mil 604 especies de plantas y 552 especies de vertebrados terrestres que se encuentran en la provincia, la mayoría tiene presencia en el parque. Existe también una gran diversidad de especies endémicas o propias de estos bosques, unas 60 muestras han sido recolectadas dentro de la zona montañosa. Según los estudios científicos, el área se originó por la alternancia de las actividades volcánicas y sedimentarias que caracterizaron la formación del istmo de Panamá.
El propósito primordial del parque es proteger una gran extensión de ríos y bosques principales para preservar el ecosistema del país. Existen cuatro zonas de vida: el bosque húmedo tropical, bosque muy húmedo tropical, bosque húmedo premontano y bosque húmedo premontano bajo. Se observan exuberantes helechos arbóreos, palmas, enormes árboles como el guayacán y jacaranda, musgos, muchas orquídeas, bromelias, heliconias, anturios, algunas plantas endémicas como la selaginelas, scheffleras, la emblemática monolena glabra y el árbol copé, nativo del parque y por el cual lleva su nombre. También posee la planta carnívora (Drossera capillaris) característica de los suelos pobres en nutrientes, y un sinnúmero de otras plantas endémicas del lugar. En el parque se encuentra la única zamia epifita en el mundo, la cual crece sobre árboles y sus hojas asemejan a la de una palma.
Solo en aves se pueden observar aproximadamente 350 especies diferentes, el colibrí pico de hoz, por su diseminada presencia, ha sido escogido como ave símbolo del parque. También se pueden encontrar otras especies, como tucanes, loros, oropéndolas, tigrillos, manigordos, venados, ardillas negras, mono cariblanco, pumas, jaguares, tigrillos congo, zainos, venado cola blanca, tapires, puerco de monte, mono titi y mono perezoso, murciélagos, ardilla negra, boas constrictoras, culebras equis y corales; sobresalen además las ranas doradas y ranas cristal. Entre su flora sobresalen las epifitas; también los legendarios y vetustos helechos arbóreos, que son conocidos como verdaderos fósiles vivientes. El parque debe ser un modelo de conservación porque allí hay referencia de la vida animal y vegetal que no existe en ningún otro sitio del mundo.
Al bajar del Calvario, toqué alguna planta con pelos urticantes y se me metieron en los dedos; después de sacarlos seguimos caminando y fuimos a conocer el centro de visitantes en donde pagamos los 3 dólares de ingreso al parque. El centro de visitantes es genial, tiene basta información, un pequeño mirador, algunas sillas y mesas, un patio perfecto para acampar y del mismo centro de visitantes se empiezan los famosos senderos del parque hechos por la Anam.
Sin duda nos fuimos a recorrerlos, encontramos varios senderos: Sendero de la Rana de 2km, Sendero los Helechos de 800 metros entre otros, pero estos fueron los que recorrimos. Fue muy interesante pues pudimos disfrutar aún más de cerca de la diversidad de flora del parque. Incluso en el sendero de la rana vimos varios hongos venenosos y escuchamos el croar de ranas endémicas.
De regreso al Centro de visitantes, fuimos hasta una agradable cabaña triangular apta para alquilar, por el precio de 10 dólares por persona, las 2 habitaciones quedan en la parte de arriba de la cabaña, también posee una cocina con todo lo necesario y un baño.
Nos retiramos del centro de visitantes y fuimos directo al Chorro las Yayas a relajarnos bajo sus frías aguas en perfecta armonía.
Como leen y ven, el Parque Nacional Omar Torrijos posee todo en un solo lugar, es un sitio excepcional, lleno de vida silvestre, muy bien conservado, y esperando ser visitado.