Expedición al Cerro Trinidad, P. N. Campana
August 3, 2011 • Cerros y Montañas, Panamá • Comments
Y digo expedición porque así lo fue, no es cuento. Ya lo había intentado una vez sin encontrar el camino y sin que nadie me pudiese ayudar. Samuel hace algún tiempo había llegado hasta una parte, pero en total, nadie había llegado a la cima.
Así que un domingo nos fuimos a ver, primero que todo, si encontrábamos el camino. Samuel tenía que ir obligado para llevarnos hasta donde él llego. Esta vez nos acompañaron Carlos y José, dos amigos con todas las ganas de explorar.
Ese cerro con su formación rocosa espectacular, me había llamado la atención desde niña. Es visible desde buena parte de la carretera Interamericana, incluso desde algunas partes de Arraiján. Imponente, posee varios picos o cimas que alcanzan los 1000 metros sobre el nivel del mar. Se encuentra ubicado luego de pasar la comunidad de Lídice en Capira y en sus faldas habitan comunidades como Trinidad, Aguacate, el Chileno, y Majarajá. Es uno de los cerros más importantes del Parque Nacional Campana.
El llegar a sus faldas es muy fácil. En caso de ir en auto debes tomar la calle que está justo después del puente del centro de Capira, luego de pasar la Panadería Cesarín. No hay perdedero, solo debes seguir la calle. Si vas en autobús es aún más fácil, solo debes tomar un bus de Capira que se dirija hacia Lídice, puedes preguntar al conductor o fijarte en la parte delantera del bus donde pone la ruta, de la misma forma, pregúntale donde tomar las “chivas” hacia Trinidad.
Nos detuvimos en una finca por donde debíamos entrar. Un señor limpiaba, y fuimos a interrumpirlo para preguntarle si él sabía por donde subir, a pesar de que Samuel tenía una idea de por donde entrar, aún no estábamos claros de cómo llegar a la cima.
El señor me dijo que él solo sabía llegar hasta la “toma de agua”. Me prestó su mejor machete amablemente y nos contó un poco de su vida. También nos ofreció una soga. Un perrito jugaba con la soga y con nuestros pies.

Avanzamos subiendo un llano muy lindo con árboles frutales. Recogimos naranjas y mangotines y seguimos nuestro camino que se veía fácil, hasta la toma de agua. Una vez en el bosque la vegetación era contundente, áspera y húmeda. Samu iba al frente macheteando hasta donde nos detuvimos pues lo que venía eran barrancos.
Una loma empinada que parecía interminable, ya teníamos grandes cantidades de sudor por nuestros cuerpos; de inmediato procedimos a utilizar la soga, que nos fue de gran ayuda en todo el camino.
Llegamos hasta una laja gigantesca que parecía ser el borde de uno de los picos, allí descansamos y comimos tonterías e intentamos por supuesto subir la laja para ver si había camino. José y Carlos, como monos, subieron enganchándose entre lianas y pudieron ver el paisaje del otro lado pero ya no había más camino así que bajamos de la laja y seguimos improvisando hallándonos con algunos gigantes cien pies.

Nos encontramos con una serpiente pequeña que se escabullía entre la hojarasca; Samuel la tomó y de inmediato ella impregnó el ambiente con un olor a pescado podrido, su modo de defensa. Los hongos y setas estaban por todo el lugar.


Estábamos cerca de la cueva, la humedad allí era increíble, y se escuchaba que de dentro de la misma caía agua. Los murciélagos no paraban de volar de un lado a otro y al ver el flash de la cámara se precipitaron más, eran muchísimos, nos pasaban a un lado del rostro casi pegándonos.
Pude ver que dentro de la cueva había luz, por lo que se convertía en un túnel; verificamos y todo indicaba que era necesario pasar por allí y así lo hicimos. Como no teníamos idea que sería necesario usar lámparas, no las llevamos y en ese caso, con la poca luz del teléfono móvil y los flash de la cámara nos fueron suficientes, pero al hacerlo pude ver la gran cantidad de cucarachas gigantescas en el suelo, aparte de murciélagos alarmados volando en todas direcciones, corrimos lo más rápido que pudimos pasando el túnel y saliendo a la luz. Incluso tuvimos que halarnos unos a los otros para poder salir, estaba resbaloso y con agua.
La cueva parecía formada de un derrumbe de quien sabe cuantos cientos de años. Es importante destacar que casi todo el parque nacional Campana es resultado de la pasada actividad volcánica del volcán del Valle de Antón y existen numerosas manifestaciones que hablan de un pasado geológico de una enorme intensidad.

Nuevamente utilizamos la cuerda, el camino era demasiado resbaloso y pronunciado. Continuamos abriendo camino, pues sendero no había. Quizás un trillo muy poco marcado que gracias a Samuel fue abierto. Nos sentamos en una loma a almorzar y agarrar fuerzas para seguir, no sabíamos hacia donde íbamos pero menos rendirnos.
Al levantarme pude ver claramente que en frente estaba uno de los picos, quizás uno de los más pequeños del Trinidad y a lo lejos se veían los techos de algunas casas, lo que significaba que estábamos subiendo y con eso en mente seguiríamos.

Una vez repuestos seguimos inventando camino. Hongos grandes, bromelias, epifitas, insectos, musgo, mariquitas, mariposas y el canto de las aves nos acompañaban. Grandes árboles encontramos a nuestro paso. Los arbustos nos cerraban el trillo, nos confundían, nos perdían. Los helechos son los dueños del lugar, los hay de todas las especies. Árboles espinosos advertían su presencia al agarrarnos de ellos para avanzar. La vegetación estaba cerrada, casi no se veía el cielo, solo la copa de los árboles y el olor putrefacto de materia en descomposición nos llegaba de repente, además de la neblina que casi nos tocaba.

De pronto la loma se hizo empinada, bordeamos una laja enorme subiendo hacia quien sabe donde. Las grandes rocas que pisábamos se caían e iban a dar con fuerza al que venía detrás. Nada de lo que pisábamos era seguro. Samuel nos tiraba la soga para poder continuar, resbalamos muchas veces e invadíamos el ambiente con carcajadas de aliento por seguir.
Ya estábamos arriba, pero no podíamos ver nada pues la vegetación estaba alta. José se inventó que lo agarráramos del brazo y balanceándose tumbó con el machete parte de los arbustos que no nos dejaban ver el paisaje. La neblina nos tapaba mucho, pero a pesar de eso pudimos ver gran parte de la comunidad de Cacao, Trinidad y allá abajo estaba aquel pico que vimos cuando almorzábamos, lo que indicaba que estábamos muy alto. A la izquierda teníamos otro pico. ¿Sobre cual estábamos? Ni idea, lo que si notamos es que estábamos sobre uno de los más altos.

Samuel nos dejó tomando fotos y se fue a seguir monteando, luego de un rato nos gritó para que fuéramos, había encontrado la cima.
Al llegar la neblina estaba espesa, la vegetación de altura era tupida. En ocasiones la neblina desaparecía y pudimos ver que a nuestra derecha había un pico aún más alto. Nos sentamos y descansamos, ya teníamos 4 horas de estar subiendo cerro Trinidad, pero valió la pena.
Carlos sacó su reloj y midió la altura e indicaba que estábamos a 965 msnm. Era un hecho. Estuvimos largo rato esperando que la neblina se fuera, pero nada.

Un escarabajo se subió al pantalón de José y se veía tan tierno como un peluche, caminando como loco sobre la hierba.
Inventamos poner una bandera, pero no teníamos tela para hacerla, así que Samu de sacrificado se quitó su camisa y colocamos la bandera roja que allá arriba debe estar.
Bajar el cerro fue otro dilema. Mis piernas estaban hechas trizas por las enredaderas cortantes. Bajé con las nalgas en el piso con tal de no resbalarme, a pesar de que usamos soga en todo momento, fue difícil.
No hubo quien no se diera la típica “matada” resbalándonos a cada instante. Salimos golpeados y rayados. De regreso decidimos no tomar la cueva pero fue necesario bajar con la cuerda por una laja alta.
De regreso en la casa de nuestro amigo, el señor Pitti, nos quedamos un buen rato hablando con él que ya había pensado subir el cerro a buscarnos pues eran las seis y media de la tarde y no bajábamos. Nos ofreció guacho y prácticamente nos obligó a tomarnos un trago de whiskey para celebrar nuestro ascenso. Tremendo amigo nos ganamos, con el cual estuvimos 100% agradecidos por su ayuda y claro, se llevó su salve del día.
Definitivamente, este ascenso fue increíble por la cantidad de locuras que tuvimos que hacer tanto para subir, como para bajar, pero la recompensa fue única y de seguro muy pronto lo haremos de nuevo, a ver si llegamos hasta el pico más alto del Cerro Trinidad.
Si deseas hacer este ascenso, debes tomar en cuenta muchas medidas de seguridad y tener muy buen sentido de orientación. Para cualquier duda, saben que pueden escribir a info@enlodados.com


























































