ENLODADOS :: Turismo y Aventura Ecológica

Turismo y Aventura Ecológica

Y digo expedición porque así lo fue, no es cuento. Ya lo había intentado una vez sin encontrar el camino y sin que nadie me pudiese ayudar. Samuel hace algún tiempo había llegado hasta una parte, pero en total, nadie había llegado a la cima.

Así que un domingo nos fuimos a ver, primero que todo, si encontrábamos el camino. Samuel tenía que ir obligado para llevarnos hasta donde él llego. Esta vez nos acompañaron Carlos y José, dos amigos con todas las ganas de explorar.

Ese cerro con su formación rocosa espectacular, me había llamado la atención desde niña. Es visible desde buena parte de la carretera Interamericana, incluso desde algunas partes de Arraiján. Imponente, posee varios picos o cimas que alcanzan los 1000 metros sobre el nivel del mar. Se encuentra ubicado luego de pasar la comunidad de Lídice en Capira y en sus faldas habitan comunidades como Trinidad, Aguacate, el Chileno, y Majarajá. Es uno de los cerros más importantes del Parque Nacional Campana.

El llegar a sus faldas es muy fácil. En caso de ir en auto debes tomar la calle que está justo después del puente del centro de Capira, luego de pasar la Panadería Cesarín. No hay perdedero, solo debes seguir la calle. Si vas en autobús es aún más fácil, solo debes tomar un bus de Capira que se dirija hacia Lídice, puedes preguntar al conductor o fijarte en la parte delantera del bus donde pone la ruta, de la misma forma, pregúntale donde tomar las “chivas” hacia Trinidad.

Nos detuvimos en una finca por donde debíamos entrar. Un señor limpiaba, y fuimos a interrumpirlo para preguntarle si él sabía por donde subir, a pesar de que Samuel tenía una idea de por donde entrar, aún no estábamos claros de cómo llegar a la cima.

El señor me dijo que él solo sabía llegar hasta la “toma de agua”. Me prestó su mejor machete amablemente y nos contó un poco de su vida. También nos ofreció una soga. Un perrito jugaba con la soga y con nuestros pies.

Avanzamos subiendo un llano muy lindo con árboles frutales. Recogimos naranjas y mangotines y seguimos nuestro camino que se veía fácil, hasta la toma de agua. Una vez en el bosque la vegetación era contundente, áspera y húmeda. Samu iba al frente macheteando hasta donde nos detuvimos pues lo que venía eran barrancos.

Una loma empinada que parecía interminable, ya teníamos grandes cantidades de sudor por nuestros cuerpos; de inmediato procedimos a utilizar la soga, que nos fue de gran ayuda en todo el camino.

Llegamos hasta una laja gigantesca que parecía ser el borde de uno de los picos, allí descansamos y comimos tonterías e intentamos por supuesto subir la laja para ver si había camino. José y Carlos, como monos, subieron enganchándose entre lianas y pudieron ver el paisaje del otro lado pero ya no había más camino así que bajamos de la laja y seguimos improvisando hallándonos con algunos gigantes cien pies.

Nos encontramos con una serpiente pequeña que se escabullía entre la hojarasca; Samuel la tomó y de inmediato ella impregnó el ambiente con un olor a pescado podrido, su modo de defensa. Los hongos y setas estaban por todo el lugar.

Cien PiesSerpiente hojarasquera de vientre naranja

Estábamos cerca de la cueva, la humedad allí era increíble, y se escuchaba que de dentro de la misma caía agua. Los murciélagos no paraban de volar de un lado a otro y al ver el flash de la cámara se precipitaron más, eran muchísimos, nos pasaban a un lado del rostro casi pegándonos.

Pude ver que dentro de la cueva había luz, por lo que se convertía en un túnel; verificamos y todo indicaba que era necesario pasar por allí y así lo hicimos. Como no teníamos idea que sería necesario usar lámparas, no las llevamos y en ese caso, con la poca luz del teléfono móvil y los flash de la cámara nos fueron suficientes, pero al hacerlo pude ver la gran cantidad de cucarachas gigantescas en el suelo, aparte de murciélagos alarmados volando en todas direcciones, corrimos lo más rápido que pudimos pasando el túnel y saliendo a la luz. Incluso tuvimos que halarnos unos a los otros para poder salir, estaba resbaloso y con agua.

La cueva parecía formada de un derrumbe de quien sabe cuantos cientos de años. Es importante destacar que casi todo el parque nacional Campana es resultado de la pasada actividad volcánica del volcán del Valle de Antón y existen  numerosas manifestaciones que hablan de un pasado geológico de una enorme intensidad.

Cueva y sus murciélagos

Nuevamente utilizamos la cuerda, el camino era demasiado resbaloso y pronunciado. Continuamos abriendo camino, pues sendero no había. Quizás un trillo muy poco marcado que gracias a Samuel fue abierto. Nos sentamos en una loma a almorzar y agarrar fuerzas para seguir, no sabíamos hacia donde íbamos pero menos rendirnos.

Al levantarme pude ver claramente que en frente estaba uno de los picos, quizás uno de los más pequeños del Trinidad y a lo lejos se veían los techos de algunas casas, lo que significaba que estábamos subiendo y con eso en mente seguiríamos.

Una vez repuestos seguimos inventando camino. Hongos grandes, bromelias, epifitas, insectos, musgo, mariquitas, mariposas y el canto de las aves nos acompañaban. Grandes árboles encontramos a nuestro paso. Los arbustos nos cerraban el trillo, nos confundían, nos perdían. Los helechos son los dueños del lugar, los hay de todas las especies. Árboles espinosos advertían su presencia al agarrarnos de ellos para avanzar. La vegetación estaba cerrada, casi no se veía el cielo, solo la copa de los árboles y el olor putrefacto de materia en descomposición nos llegaba de repente, además de la neblina que casi nos tocaba.

De pronto la loma se hizo empinada, bordeamos una laja enorme subiendo hacia quien sabe donde. Las grandes rocas que pisábamos se caían e iban a dar con fuerza al que venía detrás. Nada de lo que pisábamos era seguro. Samuel nos tiraba la soga para poder continuar, resbalamos muchas veces e invadíamos el ambiente con carcajadas de aliento por seguir.

Ya estábamos arriba, pero no podíamos ver nada pues la vegetación estaba alta. José se inventó que lo agarráramos del brazo y balanceándose tumbó con el machete parte de los arbustos que no nos dejaban ver el paisaje. La neblina nos tapaba mucho, pero a pesar de eso pudimos ver gran parte de la comunidad de Cacao, Trinidad y allá abajo estaba aquel pico que vimos cuando almorzábamos, lo que indicaba que estábamos muy alto. A la izquierda teníamos otro pico. ¿Sobre cual estábamos? Ni idea, lo que si notamos es que estábamos sobre uno de los más altos.

Samuel nos dejó tomando fotos y se fue a seguir monteando, luego de un rato nos gritó para que fuéramos, había encontrado la cima.

Vista desde la cima

Al llegar la neblina estaba espesa, la vegetación de altura era tupida. En ocasiones la neblina desaparecía y pudimos ver que a nuestra derecha había un pico aún más alto. Nos sentamos y descansamos, ya teníamos 4 horas de estar subiendo cerro Trinidad, pero valió la pena.

Carlos sacó su reloj y midió la altura e indicaba que estábamos a 965 msnm. Era un hecho. Estuvimos largo rato esperando que la neblina se fuera, pero nada.

Escarabajo

Un escarabajo se subió al pantalón de José y se veía tan tierno como un peluche, caminando como loco sobre la hierba.

Inventamos poner una bandera, pero no teníamos tela para hacerla, así que Samu de sacrificado se quitó su camisa y colocamos la bandera roja que allá arriba debe estar.

Grupo en la cima con la bandera

Bajar el cerro fue otro dilema. Mis piernas estaban hechas trizas por las enredaderas cortantes. Bajé con las nalgas en el piso con tal de no resbalarme, a pesar de que usamos soga en todo momento, fue difícil.

No hubo quien no se diera la típica “matada” resbalándonos a cada instante. Salimos golpeados y rayados. De regreso decidimos no tomar la cueva pero fue necesario bajar con la cuerda por una laja alta.

De regreso en la casa de nuestro amigo, el señor Pitti, nos quedamos un buen rato hablando con él que ya había pensado subir el cerro a buscarnos pues eran las seis y media de la tarde y no bajábamos. Nos ofreció guacho y prácticamente nos obligó a tomarnos un trago de whiskey para celebrar nuestro ascenso. Tremendo amigo nos ganamos, con el cual estuvimos 100% agradecidos por su ayuda y claro, se llevó su salve del día.

Definitivamente, este ascenso fue increíble por la cantidad de locuras que tuvimos que hacer tanto para subir, como para bajar, pero la recompensa fue única y de seguro muy pronto lo haremos de nuevo, a ver si llegamos hasta el pico más alto del Cerro Trinidad.

Si deseas hacer este ascenso, debes tomar en cuenta muchas medidas de seguridad y tener muy buen sentido de orientación. Para cualquier duda, saben que pueden escribir a info@enlodados.com

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Hace algún tiempo estuve por el camino del Oleoducto o Pipeline Road como es conocido mayormente, pero nunca lo había caminado ni siquiera hasta el límite.

Fue hace una semana que con dos buenos amigos: Lurys y Carlos fui a caminar este sendero ubicado en Gamboa, luego de pasar el puente principal de la localidad a 18 kilómetros o media hora del centro de la ciudad de Panamá, en las riberas del Canal de Panamá, dentro del Parque Nacional Soberanía.

Estuvimos temprano para poder apreciar más animales. Al llegar nos equivocamos de camino, pero nuestra sorpresa fue mayor al encontrarnos con un antiguo bunker que data de la II Guerra Mundial escondido entre la selva, digo escondido pues yo a primera vista no lo capté, pero Carlos sí.

Bunker

Una vez en el camino correcto, iniciamos lo que sería 2km hasta llegar a la entrada del Panamá Rainforest Discovery Center donde hay una torre para avistar aves y animales.

Un poco después de haber pasado por allí llegamos a la entrada del camino en donde de inmediato apareció un guarda parques de Anam para cobrarnos la entrada; le preguntamos si era posible pasar del límite que ellos imponen y nos dijeron que no habría problemas. El pago fue de un dólar por ser estudiantes, pero la entrada para nacionales vale 2 dólares y 3 dólares para extranjeros.

En el mapa que estaba a la entrada decía que debíamos pasar por varios puentes sobre ríos y que eran 17 kilómetros hasta el río Agua Salud donde terminaba el camino del Oleoducto y que el tiempo aproximado de caminata ida y vuelta eran 8 horas con 4 pendientes pronunciadas o de dificultad.

Nos fijamos que a pesar de que el Camino del Oleoducto terminaba en Río Agua Salud, el sendero seguía hasta llegar al lago Gatún. Pero para llegar al lago Gatún es necesario caminar muchísimo, casi 26 kilómetros de ida y lógicamente la misma cantidad de regreso.

En el mismo letrero están especificadas las isoyetas en el mapa, con su respectiva leyenda de área de ferrocarril, zona de uso por los visitantes u observación de aves y zona de conservación de la biodiversidad de investigación científica y personal autorizado.

El primer puente estaba sobre la Quebrada Juan Grande e indicaba los 2 kilómetros que acabábamos de pasar. Aún se conservan los mismos letreros de INRENARE, lo que era hace algunos años el Instituto de Recursos Naturales Renovables y que ahora es representado por ANAM (Autoridad Nacional del Ambiente).

No llevábamos más de 15 minutos caminando cuando de pronto aparecieron sobre el dosel unos lindos tucanes de Swainson (Ramphastos swainsonni), que con su particular canto advertían que eran los dueños del área. Algo gracioso y trágico a la vez es que la mayoría de las personas creen que los tucanes son solo bonitos y llamativos pero la verdad es que son depredadores pues se comen los huevos de otras aves, así como los pichones, pero bueno, así es la naturaleza y realmente los tucanes son unas aves hermosas.

Tucan de Swainson

Al seguir caminando vimos unas bonitas bancas de madera a un lado del camino y de pronto apareció otro puente, esta vez sobre el Río Frijolito e indicaba 4.1 kilómetros de recorrido.

Nos encontramos con unas jóvenes que iban en bicicleta pero se bajaron en una pendiente para caminar con la bicicleta en andas. De pronto escuchamos el bullicio de un Hormiguerito alipunteado (Microrhopias quixensis); avanzamos y el canto de otra ave llamó nuestra atención, nos asomamos a un lado del camino para lograr identificarlos mirando hacia la parte alta de los árboles, pero Lurys los vio en la parte baja del bosque, casi por el suelo jugando y muy tranquilos dejándose tomar fotos, eran varias parejas de Batará lineado (Cymbilaimus lineatus).

En un rato el camino se tornó un poco cerrado y las orillas parecían podadas y en la parte de arriba florecían centenares de la llamativa “flor de labios ardientes” (Psicotria). Del otro lado del camino llamó mi atención una flor grande y amarilla parecida a un Costus; más heliconias, y unas flores que parecían piñuelas.

Otro puente y éste sobre el Río Frijoles, nos indicaba que estábamos a 4.6 kilómetros. El río estaba chocolate, quizás por las recientes lluvias, y se dividía en dos corrientes. Esta vez vimos la inmensa tubería del Oleoducto. Se dice que este camino fue construido durante la II Guerra Mundial por soldados de Estados Unidos y el propósito fue dar mantenimiento a un oleoducto por el cual planeaban transportar petróleo, en caso de un bombardeo al Canal de Panamá. La infraestructura no se usó, pero el ejército estadounidense continuó el mantenimiento a la carretera hasta unos años antes de retirar sus tropas.

Avanzamos y en rápidos minutos estuvimos sobre el puente del Río La Seda a 4.9 kilómetros. Nos encontramos un arbusto con frutas color rojo parecido a manzanas pequeñas, y especulamos de si serían o no frutas venenosas.

Batará lineado

No fue mucho lo que adelantamos cuando de pronto vimos un hermoso Trogón gorginegro (Trogon rufus) estaba posado sobre una rama justo en frente de nosotros y no dudamos en tomarle varias fotografías, aquel trogón juró que pasaba desapercibido, pudimos movernos y seguir nuestro camino y el trogón siguió en su lugar. Me adelanté un poco y vi una pequeña ave sin poder identificarla a simple vista, cuando levanté el lente de la cámara para tomarle una foto y revisar, me di cuenta de que era un Saltarín coroniceleste o Manakin (Pipra coronata), asustado supongo que por el sonido del flash, se fue y no lo vi más. Me emocioné pues es una de mis aves favoritas.

Una hoja saltó revelando lo que en realidad era, un sapito del bosque (Rhinella alata) tan común en el suelo del bosque, poseen un patrón de color muy variable, que usualmente se confunde con la hojarasca. En nuestro trayecto vimos muchísimas y hasta agarramos algunas para verlas de cerca.

Entre heliconias llegamos al Río Limbo en donde había un letrero de ANAM que advertía de no pasar más de ahí pues era el punto límite de visitas; como le habíamos dicho anteriormente al guarda parques decidimos seguir el camino y llegar hasta donde pudiéramos. Aquel letrero indicaba que luego de ese punto se desarrollaban proyectos como el de la Reintroducción del Águila Arpía, ave nacional de Panamá (Harpia harpyja); hubiese sido demasiada suerte para nosotros ver alguna.

A pesar de que habíamos escuchado monos aullando durante buena parte del camino, no los habíamos visto, pero fue justo luego de pasar el Río Limbo cuando entre los árboles pude ver un mono aullador que advertía su presencia y se escondía entre las ramas. Luego nos dimos cuenta de que era toda una familia de monos aulladores (Alovatta palliata) que se alimentaban y descansaban.

Mono Aullador

Avanzamos y con todos los sentidos agudizados llamé a Carlos para que viera el enorme grillo que estaba posado sobre una rama y Carlos me discutía que era una Mantis Religiosa. Luego de la pequeña discusión nos dimos cuenta de que sobre una hoja estaba el grillo pero sobre otra estaba una mantis religiosa quieta y parecía que nos miraba.

Lurys quedó petrificada y al preguntarle qué le pasaba, vimos que una oruga de muchos pelos caminaba sobre su brazo, pasó sobre su hombro y luego sobre su cuello. Lurys estaba inmóvil mientras nosotros tratábamos de sacarle la mejor foto a la oruga; tomamos la oruga y la colocamos sobre una hoja de un arbusto del camino.

De pronto vimos un trillo y Carlos nos retó a entrar. Sin más ni menos entramos y empezamos a ver carriolas regadas por el suelo, luego vislumbramos algo parecido a llaves de agua; caminamos un rato más y encontramos la estructura de una casa con varios cuartos y hasta un mueble de cocina que al parecer había sido objeto de puntería pues le traspasaron varias balas. Un barril y varillas, así como alambres estaban en las esquinas. El lugar había sido tragado casi en su totalidad por el bosque.

Seguimos el sendero que llegaba hasta una quebrada y sobre una rama a un lado estaba posado un anolis que trataba de mimetizarse. Lurys y yo nos quedamos allí lavándonos las manos mientras Carlos siguió el trillo y me llamó para mostrarme una Garza Tigre (Tigrisoma lineatum) que caminaba paciente sin detectar nuestra precensia, pero una vez que nos vio, alzó vuelo.

Garza Tigre

Regresamos al camino original y nos topamos con unos científicos que hacían estudios en el área. Avanzamos, me adelanté un poco y al ver en frente una inmensa telaraña busqué a la araña, cuando en ese preciso instante calló una abeja en la red y una araña gigante y peluda le saltó casi al instante y se la llevó a una hoja-escondite donde de seguro se la engulló.

Entretenidos nos quedamos viendo todo lo que se movía cuando de pronto Lurys dijo en voz baja “ miraaaaa” y al fijarnos era un hermosísimo Oso Hormiguero (Tamandua mexicana) que pasaba calmado cruzando el camino e internándose en el bosque, pero logramos alcanzarlo y tomarle algunas fotos, aunque él no parecía muy contento pues nos mostró sus garritas. Fue muy emocionante, jamás habíamos visto uno en su estado natural.

Oso Hormiguero

Unas mariposas posaban demasiado tranquilas sobre una rama en perfecta simetría, discutimos en si eran mariposas de verdad o si alguien había bromeado al ponerlas allí. Sin más ni menos agarramos las mariposas y nos dimos cuenta de que eran de masilla e hilos y estaban enganchadas en los árboles. Luego más adelante nos encontraríamos con las dos biólogas que anteriormente habíamos visto pasar y nos explicarían parte de su proyecto de depredación en el cual colocaban mariposas falsas en las ramas para ver que tan rápido desaparecían.

Íbamos ya por Loma Badiola, una pendiente bastante pronunciada. Recordé que hace algún tiempo escuché que “por los predios de Loma Badiola, un águila Arpía había atacado a un ciclista y le había herido los hombros al intentar levantarlo.” Entonces era cierto lo de la reintroducción del águila Arpía.

Ya estábamos en el puente sobre el Río Mendoza a 8.8 kilómetros, al parecer habíamos caminado bastante. Cada puente estaba más deteriorado que el anterior. Luego de caminar un rato más y pasar varias pendientes pronunciadas, llegamos al puente sobre el Río Sirystes a 9.5 kilómetros.

Otro tucán daba saltitos sobre un árbol Nazareno, el hambre nos atacaba y nos detuvimos a merendar y tomar agua pues pensábamos caminar un poco más. Avanzábamos, caminábamos, subíamos lomas que parecían no terminar, siempre nos acompañó una mariposa Morpho o quizás varias, pues vimos muchísimas.

Luego de buen rato subiendo una loma decidimos detenernos. Descansamos un poco para luego emprender camino de regreso, no podíamos quedarnos tanto, corríamos el riesgo de regresar de noche. Habíamos caminado casi 12 kilómetros pues nos faltó poco para llegar a Río Macho y luego Río Agua Salud que completarían los 17 kilómetros.

Carlos siguió un rato el camino, pero al poco tiempo regresó diciendo que el camino continuaba igual y no había puentes a la vista.

Nos comimos casi todo lo que nos quedaba y emprendimos de regreso como quien dice en buen panameño “a balazo”. Mi rodilla derecha estaba sufriendo desperfectos y por momentos me costó un poco los descensos.

En el puente sobre el Río Frijoles nos encontramos con un ave Momoto Rufo (Baryphthengus martii). Antes de las 4:30 de la tarde ya estábamos fuera del Camino del Oleoducto.

Uno de los mejores sitios de Panamá y el mundo para la observación de aves es éste camino, aunque también llama la atención por su historia que data de épocas de la II Guerra Mundial. Cada año se realiza aquí un conteo de Navidad por la sociedad Audubon. En el año 1996 en un solo día se censaron 525 especies de aves que es un verdadero fenómeno mundial.

En el Parque Nacional Soberanía viven 105 especies de mamíferos como venado (Odoicoleus virginianus), ñeque (Dasyprocta punctata), diferentes clases de mono, mapache (Procyon lotor), gato solo, manadas de saínos (Tayassu tajacu), jaguar (Pantera onca), 79 especies de reptiles, 55 especies de anfibios y 36 especies de peces de agua dulce como el sábalo pipón (Brycon petrosum) o el barbudo (Rhandia magnesi), y más de 1300 especies de plantas. En algunas épocas del año es fácil escuchar el jaguar, cerca de la estructura del Discovery Center.

Este sendero es apto para personas de todas las edades hasta el Río Limbo, luego de allí es necesario tener buenas condiciones físicas para continuar. Es muy importante llevar suficiente agua y comida, así como repelente para mosquitos y en todo caso es buena idea llevar un capote pues ésta es un área de bosque lluvioso. Indispensable ir en zapatillas y en época lluviosa, botas de caucho. El camino esta abierto para el público todos los días desde 6:00 a.m. hasta 4:00pm.

ANAM limita el acceso de automóviles por seguridad, ya que los puentes están deteriorados. Sólo se permite la entrada de las camionetas del Instituto Smithsonian y del Fondo Peregrino. Los otros visitantes andan a pie. La mayor parte de la vía está dentro del PNS y las autoridades la utilizan para patrullar esta área protegida.

Cerca y hermoso. Buscar los animales a veces es más divertido que verlos encerrados. La naturaleza nos da tantas sorpresas. Solemos recorrer distancias enormes con tal de ver ciertos animales y no nos damos por enterado de que muy cerca tenemos un paraíso forestal dotado de tantas especies.

El Parque Nacional Soberanía es el parque más cercano a la ciudad de Panamá y es muy fácil toparse con gran cantidad de animales solo poniendo los sentidos a trabajar.

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Un conocido me dijo “te apuesto que no has ido a Sajalices”… Mi respuesta fue: no. Jamás me imaginaría que en un lugar tan cercano podría encontrar un fenómeno natural tan perfecto. La información que él me dio fue básica: “luego de pasar loma Campana, bájate en la primera escuela pública que veas, camina hasta el minisuper Liz y entra por la calle de piedra que viene después de éste; luego de ahí sigue tu sentido de orientación durante 2 horas”.

Hablé con Samuel con un día de anticipación y le expliqué que no sabía hacia donde iba, solo había visto unas fotos y se veía hermoso, él accedió de una vez a la aventura.

Aquel día me levanté temprano y lo esperé en el super extra de Arraiján, de allí tomamos un autobús cualquiera que bajara Loma Campana e hicimos lo indicado. Preguntamos un poco a los lugareños y fueron pocos los que sabían de lo que hablábamos, lo más que nos dijeron fue que nuestro destino estaba muy lejos.

No hizo falta comprar nada pues ésta vez fuimos cargados de comida hecha en casa. Tortillas, chorizos, emparedados, chocolate, gatorate y por supuesto, mucha agua.

Empezamos la caminata por una larga loma empedrada que terminó en una finca privada repleta de vacas.

Al principio el camino fue perfectamente visible, eso sí, tuvimos que pasar unos cuatro potreros y fue necesario quitar las entradas improvisadas de estos para pasar.

Vimos una inmensa roca postrada encima de una más pequeña, parecía como si una grúa la hubiese agarrado para ponerla donde estaba. También pudimos ver aves como el Cacique lomiamarillo (Cacicus cela), muchas Oropéndolas crestadas (Psarocolius decumanus), fue impresionante para mi ver varios Manakin o Saltarín coludo (Chiroxiphia lanceolata), y hasta una Urraca pechinegra (Cyanocorax affinis). Al río llegaron muchas golondrinas.

Lo que si había por millones fueron saltamontes, de todos los colores, tamaños y en todos lados.

Luego de haber caminado aproximadamente una hora nos encontramos con una quebrada de aguas verdes, lajas gigantescas, un espectáculo precioso. Samuel no soportó la presión de tanta belleza y se lanzó al agua.

Seguimos el camino pasando otros potreros, a lo lejos vimos las vacas blancas que nos daban los buenos días. Un señor limpiaba un potrero ( la única persona que vimos en el recorrido) y decidimos preguntarle si íbamos bien, nos dijo que aún faltaba bastante y señalando la montaña dijo que “alláaaa, cuando lleguen a unos tanques de agua, entonces estarán cerca”.

Observando bien el paisaje me di cuenta de que estábamos justo dentro del parque nacional Campana. Cuando se está en el mirador principal de ANAM de P.N. Altos de Campana se ven algunas montañas escarpadas y una línea de pinos, es justo por allí donde nos encontrábamos, el mismo parque solo que del lado de Sajalices.

Al avanzar vimos los tres peñones del parque: Peñón de Sajalices, Peñón del Espavé y Peñón de Campana.

Como mi amigo siempre anda de loco, vio unas palmas repletas de pipas y sin pensarlo más, se subió y bajó un montón de pipas que fueron el refresco del momento. El sol era jadeante, retumbaba en nuestras cabezas.

Nos llevamos dos pipas y en el camino recogimos mangos, eso sí, vimos árboles de aguacate, pipas, naranjas, en total, muchos árboles frutales; ya unos minutos después nos topamos con la toma de agua, dos tanques azules sin gota de agua. Vimos un sendero acorde a unas tuberías de pbc, más adelante las tuberías casi nos aplastaban y luego de eso el camino terminaba, un río estaba a nuestra vista y un barranco empinado del otro lado.

Ya teníamos 2 horas y media caminando, sin contar las paradas y aún no veíamos el chorro; le dije a Samuel que regresáramos por el río para ver si encontrábamos el chorro y luego pensando mejor decidimos que él caminaría sin carga, un poco más. Subió el barranco y mientras yo lo esperaba sola en ese bosque húmedo, cuando de pronto Samuel llegó emocionado diciéndome que lo que había encontrado era fenomenal, que las fotos no mostraban la realidad, que el chorro era más hermoso aún.

Decidimos caminar río arriba y de pronto apareció el espectáculo. Lo único que pude emitir fue un “wow” largísimo, mientras filmaba un video. Samuel nuevamente se lanzó al agua al momento de llegar.

Estuvimos allí largo tiempo, disfrutando de la belleza escénica sacada de alguna película de aventuras irreales, y es que el agua del chorro era verde azulada, el fondo de pequeñas piedras que ni siquiera molestaban en mis pies, el chorro de unos 10 metros de altura y una claridad en el color del agua que podría jurar que se puede beber sin problemas.

Nos tiramos del chorro, nadamos hasta más no poder y pudimos notar que no había peces. Había una liana que parecía estar colocada ahí especialmente para ayudar a subir hasta una piedra superior y lanzarse al chorro.

Luego de mucho tiempo decidimos regresar, ya se nos hacía tarde pero como debíamos pasar nuevamente por el río decidimos irnos mojados, por si nos encontrábamos algún otro riachuelo apetecible en el camino.

Luego del río que tuvimos que pasar, al entrar al primer potrero nos encontramos con una inmensa vaca chocolate en el camino y no se quitaba. Caminamos suavemente y la vaca fue cediendo poco a poco hasta desaparecer de nuestra vista. Como aún andaba en vestido de baño, con la hierba alta me raspaba todas las piernas, pero el acabóse fue más adelante que nos topamos con un comandante toro que era seguido por unas quince vacas, el toro se nos quedó viendo fijamente por largo tiempo, nosotros avanzamos un poco, lo más suave que pudimos, y el toro también avanzó juntos con las vacas. Samuel y yo corrimos lo más que pudimos y en eso me resbalé con una roca y caí. Cuando vi hacia atrás ya las vacas no estaban, solo mugían.

Nos bañamos un rato en el primer manantial encontrado, nos metimos a un chorrito hondo y pequeño hasta cuando se hizo tarde y nos tuvimos que cambiar y emprender caminata, pero felices de haber cumplido tan tremenda misión.

Es importante recalcar que este chorro se encuentra dentro del P.N. Campana, en el camino pudimos observar un puesto de guarda parques abandonado en pleno parque nacional.

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En otra visita tuvimos una invitada, nuestra amiga Karimeth, que se adentra en el mundo del excursionismo y la montaña.

Aquel día no teníamos pensado ir hasta Sajalices, pero por ciertas circunstancias cambiamos los planes y nos fuimos a caminarlo. El día estuvo radiante y Kari dio la talla, llegamos en dos horas exactas al chorro.

El color del agua cambió, ahora era turquesa profundo con matices verdes y amarillos, un espectáculo.

Esta vez subimos por un pequeño trillo hasta la parte de arriba del chorro y encontramos otro chorro, con una poza hermosa, tan honda que no se veía el fondo, pero el agua era turquesa, ¡INCREÍBLE! ¡Ya verán las fotografías!

Esta vez también vimos varios monos tití y hasta una serpiente bejuquilla en el camino, la cual Samuel no pudo agarrar pues el animal se escabulló entre las ramas.

Regresamos a nuestras casas sin mayores inconvenientes :)

Detalles:

-        Si vas en auto, recomiendo dejarlo en el minisuper Liz o en el restaurante de al lado, puedes pedir permiso o pagar algo por el parking.

-       Lleva comida y agua, puedes comprar lo que haga falta en el mini super Liz.

-         Usa zapatillas y pantalón largo. Lleva unos zapatos para el agua o “crocs” para cuando debas caminar por el río.

-       Llegar al chorro no es fácil ya que es mucho tiempo de caminata y hay varios desvíos, razón por la cual Samuel y yo nos demoramos tanto en la primera visita, entre equivocaciones, casi desfallecemos. Si deseas un guía, aquí andamos a la orden.

-         No es bueno visitarlo en invierno, el río se crece y puede ser peligroso.

-         Recuerda: lo que llevas, lo traes. No dejes basura.

Personalmente ha sido uno de los lugares más hermosos que he visitado cerca de la ciudad, tanto así que pensé mucho antes de escribir este post, con algo de egoísmo, pues es difícil compartir algo tan valioso, que no está en ningún otro website de eco turismo. Un lugar sacado de un cuento de hadas que espero no sea explotado, no sea utilizado para lucrar, no sea ensuciado ni maltratado. Confiamos en ustedes :)

M.

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Aquel día no tenía ni la menor idea de lo que se me venía encima. Samuel y yo acordamos encontrarnos en la Terminal de Albrook a eso de las 6am y a las 6.30 ya estábamos ahí comprando algo para desayunar y abordar el primer bus de Gamboa que saliera.

Antes de eso quisimos ir a buscar algo de comer para llevar ya que prácticamente no cargábamos nada, y como no queríamos perder el bus, ya que estos en fin de semana salen de dos en dos horas, pues al pasar por una esquina vimos un señor vendiendo empanadas y de eso nos abastecimos, así como de algo de agua.

Esperamos el bus de Gamboa por más de una hora, en una fila larguísima de gente que rogaba que un bus llegara. Finalmente el bus se llenó, y estuvimos llegando al Camino de Plantación a eso de las 8:30 am.

Escogimos entrar por Plantación y no por el lado de la carretera Forestal (donde está la verdadera entrada del Camino de Cruces), ya que en este último lugar es muy difícil tomar autobús.

Apenas entramos al Camino de Plantación vimos tres monos aulladores (Alouatta palliata) dándonos los buenos días, así como un señor de Anam que nos cobró 1$ por ser estudiantes.

El inicio de la caminata fue fresco, vimos muchas aves y algunos ñeques; hay algunas bancas de cemento en el trayecto, al principio del sendero algunos árboles marcados con su nombre. Cuipo (Cavallinesia platanifolia), Barrigón (Pseudobombax septenatum), Nazareno (Peltogyne purpurea), Guayacán (Tabebuia guayacan), fueron los que más vimos.

Entre las aves que se dejaron ver en todo el recorrido estuvieron: el cuclillo faisán (Dromococcyx phasianellus), escuchamos guacamayas (Ara chloropterus), el Trogón colipizarra (Trogon massena), Tucan pico iris (Ramphastos sulfuratus), Momótides (Momotus momota), Loros coroniamarillos (Amazona orchrocephala), un Plain Xenops (Xenops minutus); al principio del sendero vimos un Trepatroncos chocolate (Xiphorhynchus susurrans), varios Hormigueritos alipunteados (Microrhopias quixensis), Saltador Gorguianteado (Saltador maximus) a lo lejos; vi algo parecido a un Mielero verde. Y por supuesto que muchas tángaras, espigueros, semilleros, entre otras aves.

Bordeamos una quebrada hasta donde terminó el Camino de Plantación, que son aproximadamente 5km hasta llegar a un herbazal alto en donde el bosque desaparece por un rato e inicia nuevamente en la señalización del Camino de Cruces.

El fin de semana anterior a este, Samuel se había ido a caminar este sendero solo y como él tiene muy buen sentido de orientación pues le deposité mi confianza.

Descansamos un rato en donde esta la intersección que separa los dos caminos, comimos “algo” y al rato seguimos, no podíamos demorarnos demasiado en las paradas ya que teníamos exactamente las horas del día para hacer el recorrido ida y vuelta. Observamos un rato el mapa y avanzamos.

Al entrar en el Camino de Cruces ya no hay un sendero marcado, lo que hay es un revoltijo de hojas por todos lados, puestos de cazadores, y un par de letreros que indicaban que íbamos bien.

Aquí el bosque cambia, se vuelve pesado, en momentos te rodea de manera rotunda, te invade la respiración con su olor a árboles putrefactos y ni decir de más adelante, que el bosque se cierra aún más, es una selva y deja de ser sendero para convertirse en paredes altas con solo un metro aproximadamente entre esas paredes para caminar, con el suelo repleto de hojas expenso a que te salga una serpiente en cualquier momento, los monos molestando y enfurecidos nos trataban de tirar sus excrementos y su orine.

Vimos monos aulladores, cariblancos (Cebus capucinus) y escuchamos monos tití (Saguinus geoffroyi). Nos topamos en variadas ocasiones con ñeques (Dasyprocta punctata), gato solo (Nasua narica), chachalacas (Ortalis cinereiceps) y hasta me pareció ver una liebre de monte.

Había árboles de gran tamaño y con amplias raíces, tuvimos la dicha de ver el enigmático árbol de vela (Parmentiera cereifera), llamado así porque sus frutos asemejan a una vela de cera y el cual es difícil de encontrar.

La cantidad de insectos era infinita y estaban por todos lados, recostarse en el suelo significaba salir con quien sabe cuantos aguijones en el cuerpo, me mantuve en movimiento pues no quiero volver a saber de los tórsalos por un buen tiempo.

Llegó un momento en que me sentí agotada, la humedad estaba jugando con mis sentidos y con mi cuerpo, el sudor no se hizo esperar y estuvo presente en mi cuerpo en todo momento. Casi no nos detuvimos pues teníamos pensado llegar antes de las 1pm a Venta de Cruces.

La naturaleza allí se torna iracunda, por tanta flora y fauna, pero creo que en una próxima visita iré con más gente. En momentos veía a Samuel divagar y pensaba que nos podíamos perder, ¡el sendero está nada marcado! Él jugaba conmigo en lapsos invitándome a adivinar por donde era el sendero y en variadas ocasiones me equivoqué. Ya luego, y casi al final logré ver que algunos árboles estaban marcados con cinta naranja para ayudar.

Recuerdo que, siendo niña, escuché en las noticias que algunas personas se perdían en este sendero, incluso recuerdo que todo un grupo de estudiantes se perdió con un profesor de un colegio privado y estuvieron allí una noche entera.

Le preguntaba a Samuel por donde estábamos o cuanto faltaba y él me ignoraba, a pesar de que confío en su sentido de orientación, había momentos en que no veía el camino pues yo iba adelante y él solo me decía si iba bien o mal.

Había pequeñas quebradas o agua empozada, pero nada como para tomar un baño, incluso me atrevo a decir que estaban un poco contaminadas.

Soy algo claustrofóbica, quizás por eso para mi fue asfixiante pasar por ciertas partes en las que las paredes aparecían; recordemos que el Parque Nacional Camino de Cruces fue en la antigüedad un camino de la época de dominación española, Camino Real, que unía los núcleos de población de Panamá y Nombre de Dios, en Colón.

Vamos con algo de historia: Hace mucho tiempo, por allá por el siglo XVI, año 1519, los españoles colonizadores terminaron de construir, luego de mucho tiempo, una ruta o camino que uniera el Mar Caribe con el Océano Pacífico. El camino era sumamente estrecho, hecho de piedras de diferentes tamaños, que aún se encuentran allí, enclavadas en la tierra, dando una firmeza que desafió el tiempo.

Obviamente y como en esa época predominaba la esclavitud, los que primeros en ser mano de obra fueron los indígenas nativos y luego de eso, los españoles introdujeron esclavos negros procedentes de distintos lugares de África, a quienes se les trataba peor que a las mulas, tanto así que empleaban cadenas para mantenerlos unidos durante las horas de trabajo en el Camino de Cruces, donde abundaban los latigazos por cualquier tipo de descuido que éstos tuvieran.

El Camino de Cruces era una vía tan normal como la carretera Interamericana de nuestros días, pero sumamente estrecho, en ese tiempo medía aproximadamente 1 metro y medio con precipicios en partes y curvas peligrosas.

Era utilizado en las dos vías, de Chagres a la Ciudad de Panamá y viceversa. Desde el pueblo de Chagres, se viajaba río arriba en cayucos, remados por fuertes esclavos que poseían la fuerza viril para tales hazañas, no cualquier hombre podía hacerlo, los que lo hacían tenían tremenda contextura física y se dice que los indígenas muchas veces eran asesinados por no poder hacer tales funciones. Los africanos remaban luchando contra la corriente, bajaban en Venta de Cruces, con la mercancía encima y caminaban hasta la ciudad de Panamá, una distancia de 60 millas.

Tuvo una increíble época de prosperidad, al servir como paso para los tesoros provenientes de Sur América, especialmente del Perú y otros países, para llevarlos al Atlántico, y ser trasladados a galeones que se dirigían hacia España.

Mi profesora de historia me pasó un texto en el que un viajero de Massachussets describía “Exteriorizo el sentimiento unánime de los pasajeros, a quienes he oído expresarse y es, diciéndolo con temor a Dios y por el amor del hombre, a unos y a todos, que bajo ninguna circunstancia, vengan por esta ruta. No tengo que decir nada sobre las otras, pero no vengan por esta.” Ya se imaginaran cómo habrá sido el Camino de Cruces en su Época de Oro.

Y claro, los ladrones muy pronto se enteraron del tránsito de oro, plata y joyas preciosas procedentes de distintos lugares colonizados en América y que enviaban a España. Los maleantes se dedicaron a atacar a los viajeros, que trataban de llegar al lado Atlántico. Pero al decaer el poderío español, esta vía fue perdiendo su uso y prácticamente desapareció, por los avances del tiempo, el clima y el poder de la selva, que todo lo invadía.

Desde Las Cruces hacia Panamá, era un día de viaje, por medio de las mulas. Cada una de ellas se alquilaba a razón de $ 15 por día, sin incluir el equipaje. Por los continuos robos de oro y piedras preciosas, llevadas a cabo por los asaltantes, se constituyó una especie de milicia privada, bajo la dirección de un antiguo militar, llamado Ran Runnels, quien integró un cuerpo bien entrenado, que procedía a linchar a cualquier ladrón, sin mayores contemplaciones. Esta forma agresiva de lidiar con los malhechores, terminó con la ola de asaltos a los viajeros.

Imagínense la historia tan grande que tiene este lugar, incluyendo las batallas que allí tienen que haberse dado entre viajeros y malhechores y quien sabe cuantos habrán muerto.

Esas paredes fuertemente construidas aún están intactas, ni los bruscos cambios desde el siglo XVI hasta nuestros días han logrado derribarlas.

Y como todo acaba, cuando se inauguró el Ferrocarril de Panamá, el 28 de enero de 1855, vino el total abandono del Camino de Cruces, cuya memoria todavía está presente, por la gran importancia que tuvo en el desarrollo de Panamá, por más de tres siglos, recordando que el pirata Henry Morgan, empleó esta ruta para cruzar el Istmo y atacar a Panamá.

Samuel y yo seguimos caminando por esa misma selva y yo me desesperaba, necesitaba algo dulce que me diera fuerzas, comida, más agua y debíamos guardar la poca agua que teníamos para tomar algo al llegar y al regresar.

Los pies me empezaban a molestar, el camino es de piedras redondeadas y yo tenía zapatillas converse pues no fui preparada, mala idea, así que recomiendo enormemente llevar buenas zapatillas.

Por lapsos parecía que iba a llover, y sentíamos que se acercaban los aulladores, la selva nos hablaba, las aves estaban por todos lados pero no se dejaban ver a pesar de que teníamos los sentidos agudizados y preparados para cualquier cosa.

Por otro lado estaban los letreros de la Policía Nacional que advertían las fases del camino, ya que ellos utilizan este camino para entrenar. Pudimos leer: “fase2: No van muy lejos los de adelante si los de atrás caminan bien”, “fase3: No se preocupen, algún día llegan” y finalmente “fase4: Los felicito, llegar es la misión”. Le dije a Samuel: “Vaya, parece que estamos haciendo un entrenamiento de la policía nacional.”

A pesar de que una de las metas de Samuel siempre es ver serpientes, no las logramos ver, pero estoy segura de que tuvo que haberlas por algún lado. Imagino que en invierno este camino debe ser un mundo irreal de animales.

Finalmente vimos un letrero que indicaba que solo faltaban 1 kilómetro y medio y me sentí muy feliz pues eso indicaba que estábamos a punto de llegar a Venta de Cruces, a las orillas del Río Chagres, y en minutos, ¡llegamos!

Me tiré al piso y no tenía ganas de comer nada, solo agua. Trate de comerme una empanada pero por mi boca no pasó, estaba fría y mala. Luego de refrescarnos un rato, Samuel y yo movimos un tronco que estaba en la orilla y dejamos la mitad del tronco dentro del agua y la otra mitad fuera y encima de él nos trepamos y refrescamos un rato nuestros cuerpos cansados; no podíamos quedarnos mucho tiempo allí, primero porque en cualquier momento nos podía salir un caimán y segundo porque debíamos caminar 4 horas más para regresar hasta la carretera de Gamboa.

A la delantera veíamos el inmenso Río Chagres que parecía un mar bravío, así como el Hotel Gamboa Rainforest Resort.

El área de venta de Cruces es apta para acampar, claro con mucho cuidado pues me atrevo a decir que es un área en donde seguramente es fácil que pasen muchos animales, por su cercanía al río. Allí también vimos puestos de cazadores, lo que me indignó, pues esto demuestra que Anam no cuida bien este sendero tan importante para la biodiversidad de este parque nacional, que cuenta con más de 4590 hectáreas paralelas a las riveras del Canal de Panamá.

Algo que pudimos notar más que todo por nuestra hambre, fue que en el camino hay muy pocos árboles frutales, incluso quedamos en regresar a sembrar pues nos parece que los árboles frutales en senderos transcurridos son de suma importancia para el visitante.

El valor de este parque es muy amplio ya que es especial es muchos sentidos: históricamente, geográficamente, ambientalmente y sin embargo es uno de los parques nacionales del que menos estudios y conocimientos se tiene a pesar de haber sido declarado en 1992, o sea hace mucho tiempo.

Cabe destacar que la dificultad del sendero es baja, no hay grandes pendientes ni muchas lomas, lo que puede molestar al excursionista es la distancia y la humedad que lo lleva a uno a perder mucho líquido, por lo que es importante llevar reservas. Y sobre todo, repito, no cometan mi error, lleven buenas zapatillas y pantalón largo para luego no tener quejas por los bichos y alimañas como leishmaniasis o tórsalos.

Al caminar de vuelta me sentía más relajada, ya sabía lo que iba a caminar, la distancia, el clima, los peligros, sinceramente saberlo me hace sentir más segura. Decidimos acelerar el paso y tratar de caminar de regreso en 3 horas y media pero fue imposible, a mi me hacía falta comida y agua, con decirles que llegué a tomar agua recogida en las hojas de la lluvia que hacía poco había caído en ciertas partes.

Íbamos en maratón contra todo, desafiando al tiempo tratando de llegar antes de las 6pm a la carretera de Gamboa para poder llegar a nuestras casas, pero en ciertas partes tuvimos que parar a descansar y comernos las empanadas malas, que aunque estaban malas, al fin de todo eran comida.

Al pasar por las quebradas que antes mencioné, me detuve a lavarme la cara y los brazos llenos de picadas de bichos extraños. Los monos cariblancos llegaron nuevamente, esta vez más enfurecidos que antes, hacían sonidos extraños como de un perro cuando está peleando.

Cuando llegamos a la intersección del Camino de Cruces con Sendero de Plantación nos alegramos pues ahora solo faltaban 5 kilómetros más, ya habíamos recorrido 5km. Esto daba un total de casi 25 kilómetros en el día por la selva tropical Húmeda del Parque Nacional Camino de Cruces.

El recorrido por Camino de Plantación hasta la carretera de Gamboa para mi fue efímero, mi única meta era llegar antes de que anocheciera y así fue. Salimos del sendero a las 5.30pm cansados pero felices por tremenda hazaña.

De todos los parques nacionales de Panamá que he recorrido, éste fue en el que vi más animales y eso lo ubica en un lugar muy importante ya que está muy cerca de la ciudad de Panamá, a solo media hora o 45 minutos del centro de la ciudad.

La diversidad de plantas es fenomenal, es un paraíso para cualquier botánico o persona amante de las plantas, así como para aquellas personas interesadas en conocer de cerca lo que han leído en los libros de historia de la República, esa época de colonización que es de suma importancia para nuestra cultura.

Les recomiendo enormemente formar parte alguna vez de una excursión a través del Camino de Cruces, que incluya un bote de vuelta a Gamboa luego de llegar a Venta de Cruces de modo tal que puedan disfrutar del sendero en su totalidad, prestando atención a cada cosa que en la selva se pueden encontrar.

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A veces las ganas de ver verde me invade tanto que tengo por necesidad que buscarlo. Aunque viva en un lugar donde hay muchos árboles, para mí la necesidad de recorrer Panamá se escapa de mi cuerpo, va más allá de mi corazón y se aferra a mi alma. Si no lo hago puedo deprimirme, lo he comprobado.

Hace poco le dije a Samuel que nos atreviéramos a buscar el trillo que conduce a la cima del cerro Trinidad de Capira, uno de los más altos del área y que forma parte del Parque Nacional Altos de Campana. Era carnavales, y para dicha de nosotros no tuvimos problemas con el transporte. Nos fuimos en bus colectivo sin ningún problema.

Tomamos un bus Panamá-Capira (Lídice). Preguntamos al conductor donde tomar las “chivas” (buses) de Trinidad y el amablemente nos dijo que en un Mini Súper desde el cual salen todas las chivas que van hacia esos pueblos.

Al llegar a la parada nos encontramos con un sin fin de muchachos que también esperaban chivas para dirigirse a distintos puntos a pasar sus carnavales como retiro espiritual con sus iglesias.

Luego de esperar algún tiempo llegó una chiva de “El Chileno” un pueblo que queda más allá de nuestro destino y por ende pasaba por Trinidad. Nos subimos en la chiva, que en realidad viene siendo un antiguo auto de la Cruz Roja y que ahora cumple con la función de transporte.

Íbamos apretados y contentos, unos señores hasta se guindaron de la parte de atrás de la chiva. Luego de pasar por algunas lomas, con un excelente paisaje, que se colaba por las rendijas de la chiva, llegamos a nuestro destino que graciosamente era un teléfono público.

El conductor de la chiva nos dijo que el señor que vivía en la casa al lado del teléfono, sabía el trillo del cerro. Bien mandados fuimos a esa casa y preguntamos por el señor que nos dio una dirección tan extraña del trillo del cerro que ni Samuel ni yo entendimos. Nos habló de más de tres entradas hacia distintos trillos y realmente no entendimos, así que fuimos hasta otra casa en donde un señor que limpiaba las herraduras de sus caballos nos dijo que el veía que la gente se metía por ahí… (Un camino nada marcado).

Desorientados fuimos y nos metimos “por ahí” el camino aquel que no era más que monte y más monte, nos llegaba a la cintura, habían muchas plataneras, helechos, lajas gigantescas, y uno que otro árbol de naranja. De pronto lo que para nosotros era un camino mínimamente marcado, desapareció. ¿Y ahora? A improvisar.

Samuel tomó una rama gruesa y empezó a abrir un camino confuso que nos llevó a una laja alta por la que parecía que tendríamos que subir. Él se quitó las zapatillas y subió. Mientras yo esperaba abajo sentí que algo me picó tan fuertemente que grité al instante, miré hacia mis pies y eran unas hormigas rojas y gigantes que estaban por toda mi pierna, me quité las zapatillas más rápido que ligero y corrí hacia un lado y juro que sentí que las hormigas buscaban mis pies. Samuel se asustó pero lo detuve diciéndole que “solo eran hormigas”…

Le tiré mis zapatillas, mi mochila y procedí a subir, no fue tan difícil, ya estábamos en otra roca y sería necesario subir otra laja aún más alta que la anterior. Hicimos lo mismo, primero Samuel, luego mi persona y llegamos a otra roca, cuando vimos que la siguiente laja era aún más alta. Samuel subió con cautela y se demoró bastante tomando en cuenta cada lugar donde pisaría, casi no habían huecos donde poner el pie, pero él lo logró. Me dijo que de allí en adelante sería muy difícil pero se veía que seguía un camino y luego otra laja más. Yo no pude, lo intenté muchas veces y fue un fallo, necesitaba una cuerda, me era imposible, tendría que convertirme en mono o ser tan ágil como Samuel y eso me era realmente imposible.

Llegamos hasta una tubería y de allí nos regresamos a la carretera principal a preguntar si había otro trillo pues pensamos que efectivamente el que habíamos tomado era incorrecto.

Otro señor que limpiaba el patio de su casa nos dijo que él nos llevaba a la cima por 25 dólares cada uno, nos tomaría 4 horas llegar hasta lo más alto del cerro y necesitaríamos cuerdas pues subir por bejucos (como lo habíamos hecho nosotros) era muy peligroso. También nos dijo que en Aguacate Arriba, muy cerca de donde estábamos había un chorro refrescante para que nuestro día no fuera en vano.

Tomamos una chiva que nos llevó hasta el Cruce y empezamos a caminar hasta donde pudiéramos, preguntando a la gente del lugar sobre el chorro de Aguacate Arriba y nadie sabía nada. Solo nos dijeron que “por alláaa abajo ta’ el río”.

El Sol estaba candente, sentía que los rayos traspasaban mi gorra y llegaban a mi cerebro, casi convirtiéndolo en cenizas. A lo lejos vi un “kiosco” y corrí en busca de un refresco, cuando llegué la joven me dijo que no había luz, recordé en ese momento que estaba casi en medio de la nada (en cuanto a servicios se refiere), pero me dijo que en el toldo vendían cerveza. Caminamos un poco más y allí estaba el toldo con más de mil cervezas a mi disposición, en ese momento la vi como un refresco más. Qué calor hacía.

Y venía una chiva que iba montaña arriba y corrimos con todo y cerveza a subir, le dije a la gente del toldo que les daba la botella al regreso. No sabíamos ni para donde íbamos, donde bajarnos, nada, y el niño que iba de pasajero tampoco sabía donde quedaba nuestro destino, así que Samuel le metió un puñete al techo del transporte y la chiva se detuvo. Me bajé y hablé con el conductor preguntándole dónde quedaba Aguacate, me miro con cara que “que ingenua eres” y me dijo: “súbase adelante”.

Me subí y le dije que quería ir al chorro, respondió que el chorro estaba lejos y que estaba muy feo, pero que él conocía a alguien que nos podía guiar. Recorrido un tiempo se detuvo y con voz ronca y ondeante llamó a un viejito que estaba recostado en su hamaca y le dijo que nos guiara al chorro. Este conductor amable no nos cobró ni un peso.

Bajamos, saludamos al viejito de unos 56 años con rostro cordial y nos dijo que lo siguiéramos, entró a su casa y buscó un machete. Iniciamos la marcha, pasamos por un campo improvisado de fútbol y luego de pasar varias veces por charcos, quebradas y muchos árboles tumbados en el camino a causa del último invierno, el camino se tornó cerrado y luego de un tiempo nos dijo “jasta aquí llego yo”. Nos dijo que lo feo era el camino, pero que el chorro era bonito. Le dimos su salve del día ($$) y nos dijo que tendríamos que bajar por unos bejucos con mucho cuidado hasta llegar al chorro, Ah! Y que él solo tenía 73 años… Vaya, le dije a Samuel, para que veas como la naturaleza te mantiene en forma!

Así fue y vaya belleza, un chorro de aproximadamente 6 metros de alto y en donde reventaba el agua contra la roca había un arco iris. Me metí al agua que me quito la calor tan tremenda que tenía. Un jacuzzi natural para mí sola, ¡qué egoísta! Samuel aún no entraba, creo que aún estaba asimilando tanta belleza y buscando de qué árbol treparse. Al cabo de un rato él entró al agua y compartimos la merienda que habíamos llevado, además de una afable conversación en aquel jacuzzi personal. Creemos que este chorro no tiene nombre, ¿habrá que ponérselo?

Mientras yo comía y pensaba en pajaritos preñados, embelesada viendo el chorro, Samuel desapareció. De pronto empezó a gritar y yo con mi miopía no lo encontraba; cuando noté bien, él estaba en la copa de un árbol. Y así fue innumerables veces. Luego lo hizo estando arriba del chorro y se había llevado mi cámara en la boca para poder subir por las rocas hasta llegar arriba. Bajó y de pronto vi que estaba subiéndose a una liana. Definitivamente él si disfruta de cada cosa que la naturaleza ofrece.

Al salir del chorro vimos unas chachalacas (Ortalis cinereiceps), y unos tucancillos verdes (Aulacorhynchus prasinus). Caminamos por esas lomas hasta llegar a el Cruce, lo que fue bastante, a mi me pareció increíble haber caminado tanto. Esperamos una chiva por casi media hora en una tienda en donde sí tenían sodas frías, donde conocimos unos jóvenes que serán nuestros guías en la verdadera expedición al cerro Trinidad.

Sin ningún problema llegamos a Capira con una experiencia más y con la satisfacción de haber conocido un lugar tan fantástico.

Queda por decir que los invito a empezar a caminar. Hay lugares tan cerca de la ciudad, tan accesibles y hermosos… Lo único que hace falta es tener las ganas de caminar, de conocer, de improvisar, interactuar, y sobre todo disfrutar de tanta belleza que ofrece nuestro Panamá. No te conformes con ver esos cerros desde lejos, tratar de llegar lo más cerca posible es lo mejor.

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Es uno de los lugares preferidos por las personas que aman hacer avistamiento de aves. Se encuentra dentro del parque nacional Soberanía, a media hora en auto desde la ciudad de Panamá.

Para poder llegar es necesario manejar en la vía que conduce hacia el Parque Municipal Summit y seguir prestando atención a las señales que indican la entrada del Camino de Plantación. Se puede llegar en autobús tomándolo en la terminal de Albrook, piquera de SACA (Gamboa) y bajándose en la entrada del sendero.

El Camino de Plantación tiene una longitud de aproximadamente 7 kilómetros que se caminan en 3 o 4 horas de ida y vuelta.

El trayecto es muy interesante ya que prestando atención a la naturaleza es muy fácil apreciar su entorno. Este camino es muy famoso por ser allí en donde se ve gran cantidad de aves, sobre todo en las horas de la mañana y en la tarde, así mismo es posible ver monos titis y monos aulladores.

Si te interesan las plantas, el camino de Plantación (como su propio nombre lo dice) es tu lugar. Allí se puede ver gran cantidad de vegetación, árboles grandes, arbustos y plantas herbáceas, helechos, inflorescencias; incluso hay algunos árboles que han sido marcados con sus nombres para ser reconocidos. Las veces que he ido he podido notar muchos árboles nazareno (Peltogyne purpurea), cuipo (Cavallinesia platanifolia), zamias, muchas lianas, hongos por doquier, y tenlo por seguro que muchísimo más.

Este lugar es muy exótico, se dice que fue una carretera hecha durante la construcción del Canal de Panamá en 1910 para unir la población de “Imperio” hasta “las Cascadas Plantation”. A lo largo del camino aún se pueden encontrar vestigios de lo que fueron plantaciones de cacao, café y los preciados árboles de caucho (Castilla elastica), ésta ultima especie exótica introducida en Panamá.

En el camino no se presenta dificulta de terreno, es muy fácil ya que es llano desde principio a fin, pero es bueno ir en zapatillas de buena suela por la cantidad de piedras redondas que pueden molestar tus pies. Buenísimo para visitar en familia y detenerse en alguna de las bancas que se encuentran en el camino a merendar. También se puede recorrer con bicicletas, si es su preferencia. El sendero se puede complementar con una visita a la cascada que se encuentra casi al final, el sendero termina en una intersección que lo une con el Camino de Cruces.

Alguna vez estuve por el camino con algunos amigos, vimos unas lianas, y probamos a guindarnos como Tarzan, estuvimos en eso bastante tiempo, la liana siempre pudo con nuestro peso.

Se dice que este camino y su selva secundaria, también era utilizado por militares estadounidenses para entrenar militares latinos.

Generalmente no hay nadie en la caseta de Anam que se encuentra al principio del camino, pero de encontrarse la entrada tiene un valor de 1 $ para nacionales y 3$ los extranjeros.

Recuerda, la basura es tuya, ¡llévatela!

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Tengo una tía que es maestra y hace mucho tiempo le tocó trabajar en áreas de difícil acceso, Cacao era uno de los poblados más cercanos a la civilización pues se encontraba cercano a Capira, a unas 3 horas y media en caballo para salir a la carretera Interamericana. Ella trabajaba en Bajo Bonito, mucho más lejos que Cacao, en donde aún hoy es difícil llegar.

Ahora ir a Cacao toma un tiempo de aproximadamente una hora y quince minutos desde el distrito de Chorrera, da lo mismo en auto o en bus de ruta. Desde la ciudad de Panamá deberás tomar un bus de Chorrera en la Terminal de Albrook y luego debes bajarte en la electrónica “La Estrella” y allí mismo está la Terminal improvisada en donde verás los busitos que van a comunidades como Ciri Grande, la Valdesa y el Cacao. El bus cobra dos dólares y le dices al conductor que te deje en el kiosco “El Mango”.

Ir en auto es aún más fácil, conduces en dirección al distrito de Capira y al estar llegando a Villa Rosario vas a ver una “Tienda de Artesanías”, más adelante te vas a encontrar con una casa de dos pisos color amarillo y allí mismo verás muchos carteles haciéndole publicidad a bailes típicos, es allí por donde debes entrar (es una bajada) pasarás un puente, luego tomas a mano izquierda y sigues recto por espacio de 45 minutos, se pasa por comunidades como Ollas Arriba, Caimito, la Valdesa, Caimitillo y por último el Cacao. Cuando la carretera pavimentada termina  quiere decir que has llegado. Los autos sedán pueden pasar sin problemas ya que aunque la calle sea de piedras es accesible. Deberás dejar el auto en el kiosco “el Mango” o en el “Jardín Cacaeño”, obviamente debes pedir permiso para hacerlo.

De allí en adelante empieza la caminata, debes tomar una bajadita de tierra y piedras en donde el camino se torna más hostil. Luego de allí pasarás por algunas casas a orillas del camino y empezarás a ver el río en donde podrás escoger el lugar para darte un chapuzón en el agua resplandeciente.

En Cacao, el río del mismo nombre ondea las veredas del lugar, en donde te metas lo verás, cada casa tiene de patio el río.

En este caso fui con mi prima Deylis, hija de mi tía que trabajó por estos lugares hace más de 24 años y nunca dejó de visitarlos por sus encantos.

En Cacao podemos encontrar una escuela, kioscos, un centro de salud, un terreno para las ferias que se hacen en enero, algunos toldos típicos o “jardines”, iglesias, etc.

Cabe destacar que este corregimiento fue regido por Victoriano Lorenzo en 1889, quien fuera líder indigenista, prócer y mártir de nuestra patria, ya que fue en Cacao donde residió por mucho tiempo con su familia.

Seguimos el dicho de mientras más río arriba mejor y caminamos por espacio de media hora hasta cuando llegamos a un puente sobre el río y debajo de él nos metimos al agua, que estaba deliciosa. No es exactamente un río en donde vas a poder nadar y nadar con riesgos de que alguien se pueda ahogar, a lo largo del mismo solo hay un lugar en donde se puede nadar, el cual le llaman “el Hervidero”, una masa de agua que pasa por unas formaciones rocosas parecidas a cangilones y que luego cae con fuerza a la gran olla de agua en donde generalmente la gente del lugar acostumbra hacer clavados y piruetas.

Cuando estábamos en el río vimos mucha gente pasar por un camino, incluso un señor se acercó para preguntarnos si iba por el trillo correcto, así que con mis ansias de conocer, al salir del río empezamos a caminar haber qué encontrábamos y fue espectacular.

Pasamos sobre el río muchas veces pues así el camino lo exigía, estábamos justo debajo de un cerro sin nombre, preguntamos a la gente que pasaba y nos decían que allá no había nada, ¿NADA? Si esto es precioso…

Mucha vegetación, hermosas vistas fue lo que encontramos, algunos bichos y encantadoras flores silvestres. También vimos una tremenda cantidad de oropéndolas que hacían alarde de su canto y hasta un martín pescador. Cuando ya se hacía un poco tarde decidimos regresar y caminamos aproximadamente 2 horas hasta llegar a el kiosco “el Mango”, allí mismo aprovechamos para tomarnos un refresco y devolvernos a la ciudad.

Cada pueblo tiene su encanto y en el distrito de Capira aún podemos encontrar muchos lugares inexplorados y encantadores para pasarla bien en familia a la orilla de un refrescante río en donde la brisa siempre acaricia nuestras almas.

Más fotos aquí

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El que viva en la ciudad de Panamá y no haya ido al Parque Municipal Summit, no es panameño. Summit es un clásico dentro de la familia panameña, un orgullo y una joya que mostrar para los extranjeros.

Recuerdo claramente todas las veces que en excursiones escolares me llevaban a Summit y siempre era emocionante el solo pensar en que vería a el lagarto Juancho, al águila arpía y que inventaría muchísimos juegos con mis amigas en el parque del centro y que luego de eso comeríamos nuestro almuerzo acompañado de abejas por todas partes que ya nos parecían cariñosas.

Claramente el parque evolucionó, ahora se puede disfruta de mucho más, hay una buena cantidad de animales de la selva panameña y plantas de exhibición, muchísimos árboles que refrescan la vista y el espíritu en un ambiente distinto fuera de la ciudad y sobre todo cada año se lucha y se invierte más en que estos animales tengan un refugio en buenas condiciones.

taira en summit

Este jardín botánico y zoológico, con más de 250 hectáreas de extensión total, de las cuales 55 corresponden al jardín botánico, se encuentra en las afueras de la ciudad de Panamá, en el corregimiento de Ancón, en el km. 18 de la carretera Gaillard que conduce a la población de Gamboa.

Para llegar es muy fácil, debes conducir desde la ciudad de Panamá hacia las riberas del Canal de Panamá, luego conducir hacia Gamboa, siempre tomando en cuenta entrar por la carretera en donde se ve el puesto de ANAM del Parque Nacional Soberanía y cinco minutos después se encuentra la entrada al zoológico, es verdaderamente fácil de llegar.

En todo caso de ir en autobús, es aún más fácil: deberás ir hasta la Terminal de Buses de Albrook, luego tomas un bus de Gamboa (algunos dicen Summit). La parada de estos buses se encuentra saliendo por el restaurante Niko’s Café del centro de comida de la Terminal. Luego de abordar tu bus, en 45 minutos estarás disfrutando del parque. Es verdaderamente fácil.

Les cuento que este parque en sus inicios no tenía las funciones que tiene ahora, fue creado en el año 1923 con el nombre de “la granja experimental Summit” por parte de la antigua compañía del Canal de Panamá, para probar la adaptación de especies de plantas de diferentes partes del mundo al clima tropical de nuestro país convirtiéndose en un centro de investigación científica para el desarrollo de la biología tropical y de la horticultura. Se dice que ésta fue la puerta de entrada de la teca en América. Luego en el año 1960 se crea dentro del Jardín Botánico un pequeño zoológico, que al irse incrementando cuenta hoy día con más de 300 animales. En 1979 en virtud de los tratados Torrijos-Carter, el jardín pasa a ser administrado por panameños, bajo el MIDA-RENARE, como parte del Parque Nacional Soberanía.

Hoy en día el Parque Municipal Summit es administrado por la Alcaldía de Panamá que desde 1985 cumple con la función principal de conservar y dar a conocer la biodiversidad de las plantas y animales de nuestro país.

Cuenta con alrededor de 45 especies de animales propios de la fauna panameña. De ese total, 17 son aves, seis reptiles y 22 son mamíferos. Uno de los principales atractivos del lugar es el Águila Arpía, que siendo el ave nacional del país, cuenta con un refugio hermoso y a su lado un centro de exhibición en donde se proyectan películas e información a niños y adultos acerca de esta ave.

El Jardín Botánico cuenta con más de 4 mil especies de plantas. Su centro interactivo permite al visitante conocer aspectos de su biología, hábitat, hábitos reproductivos. El visitante puede pasear por los senderos del parque y observar la colección de animales y plantas. También hay estructuras para días de campo, baños, parques para niños y asientos techados para merendar, ranchos para reuniones,  una sala de proyecciones, un pequeño museo de animales disecados y kiosco para refrescarse. Supe que por un sendero, caminando no más de 20 minutos, se puede llegar a un chorro.

Para innovar el Parque Municipal Summit, le ha creado un refugio a Jaguar, que es otro de los principales atractivos. Para llegar al refugio es necesario caminar por un sendero interactivo en donde se logra ir leyendo información del mismo. Es realmente emocionante ver el Jaguar desde un vidrio transparente.

Cabe destacar que aparte de todos los animales del parque, también es posible ver algunos sueltos como algunos monos y ñeques, por supuesto es común toparse con aves hermosas que no están en cautiverio, como los trogones, gavilanes, momotos, y hasta tucanes de diversas especies.

Queda de más invitarte a visitar el parque Summit, en vez de ir a caminar al Mall, ve a caminar a Summit, en vez de ver ropa, ve a ver los animales que viven en tu país. Y recuerda, cuida lo que la naturaleza te dio.

El parque está abierto de 9:00am a 5:00pm los 365 días del año. El horario de las oficinas administrativas es de 7:00am a 5:00pm. Teléfonos: +507 232 4850 / 232-4854. Precios: Menores de 12 años Gratis. A partir de los 12 años US $1.00. Jubilados US $0.50. Todos los jóvenes en uniforme escolar entran gratis al parque.

Dato curioso: muy cerca del Summit, a pie o en auto, es posible llegar a un mirador donde se ven dos pequeñas lagunas que son perfectas para hacer avistamiento de aves. Luego de cruzar la línea del ferrocarril, se debe caminar al fondo y al terminarse la carretera, hay que ir hacia la izquierda y de inmediato verá las lagunas :)

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Este parque natural se encuentra en la provincia de Panamá y es considerado el pulmón de la ciudad capital, ocupa una superficie de 265 hectáreas (1,159.43 m2) y es de fácil acceso, se dice que es uno de los pocos parques naturales dentro del área metropolitana en Latinoamérica.

He ido tantas veces al parque metropolitano que ya perdí la cuenta y es que se puede acceder muy fácilmente desde cualquier punto del centro de la ciudad, por ejemplo tomando la vía Ricardo J. Alfaro (Tumba Muerto) y desviándose a la Avenida Juan Pablo II o el Camino de la Amistad se llega fácilmente al Centro de Visitantes del Parque. Otra manera fácil de llegar es tomando un autobús hasta la Universidad de Panamá, sede del “domo”, y caminar hasta el centro de visitantes del parque, esto le toma unos 10 minutos.

El parque fue creado mediante la ley 8 del 5 de julio de 1985, el “Pulmón de la Ciudad Capital”  así  llamado por su posición en la ribera occidental del río Curundú, antiguo río Hondo. Emergió como un sustrato de tierras que probablemente protegían junto a zonas deforestadas, islas o refugios de bosque tropical, usadas como haciendas ganaderas, cuyas raíces se extraen de 1974; cuando se realizaban planes para el empleo del suelo del Canal antes que se firmaran los Tratados Torrijos-Carter.

Durante la presencia norteamericana y en virtud del Tratado Hay-Bunau Varilla, del 18 de noviembre de 1903, se entregaron al Gobierno de Estados Unidos todas las tierras y aguas comprendidas cinco millas a ambos lados del canal interoceánico para la construcción, operación, protección y mantenimiento de la vía acuática. Al encontrarse dentro de este territorio las tierras que hoy conforman el Parque Natural Metropolitano, también pasaron a la administración estadounidense. A partir de fragmentos de bosques que habían persistido desde tiempos coloniales (e incluso precolombinos), la regeneración natural condujo a la restauración de bosques naturales.

En el website del P. N. Metropolitano afirman que “si hubiésemos vivido en la ciudad de Panamá durante la época de la colonia, habríamos encontrado, en lo que hoy es el Parque Natural Metropolitano, un panorama muy distinto. Desde la ciudad de Panamá, partían las caravanas cargadas con oro y plata de Sur América, rumbo hacia la población de Venta de Cruces, a orillas del río Chagres. Desde allí, los tesoros eran transportados por medio de pequeñas embarcaciones hasta la ciudad de Portobelo, uno de los pocos puertos del nuevo mundo autorizado para recibir a los galeones reales. El viajero que salía desde la ciudad de Panamá pasaba cerca de lo que hoy es el Parque Natural Metropolitano en su recorrido hacia Venta de Cruces, pero los paisajes que contemplaron los viajeros del siglo XVII eran muy diferentes a los de nuestros días. Los que viajaban en las caravanas de aquellos tiempos disfrutaban de un paisaje compuesto por áreas para ganado, áreas de cultivo, áreas de descanso y un rico bosque natural.”

El 5 de Junio de 1988, Día Mundial del Ambiente, se inauguró el Parque Natural Metropolitano. Un año más tarde, se crearon tres coordinaciones: la de Protección, la de Educación Ambiental y la de Mantenimiento.

xenops bayo en el PNM

En 1989, el área del Parque Natural Metropolitano se convirtió en centro de entrenamiento para las Fuerzas de Defensa de Panamá. Éstas restringieron el acceso de los visitantes a fin de evitar conflictos, la Alcaldesa del distrito de Panamá y Presidenta del Patronato, de ese entonces, Lic. Jilma Noriega de Jurado, ordenó el cierre del Parque al público.

Actualmente el Parque Natural Metropolitano, cuenta con un Plan de Manejo y un Plan Operativo. El Parque es administrado por un Director General, figura que fue introducida en 1998.

Aunado con el Parque Camino de Cruces y el Parque Nacional Soberanía conforman un corredor biológico que se extiende a lo largo del margen occidental del Canal de Panamá, contribuyendo así al amortiguamiento de la Cuenca canalera.

Aunque el Parque Nacional Metropolitano se encuentra en la ciudad es sorprendente que es hogar de 227 especies de aves, 45 especies de mamíferos, 36 especies de reptiles y 14 especies de anfibios.

El parque cuenta con senderos mágicos en donde con solo caminar cinco minutos, se empieza a notar la diferencia, comienzas a ver aves increíbles, como el Motmot en el sendero Monótides que lleva su nombre ya que está copado de ellos. En ese mismo sendero he logrado ver serpiente coral, aves como los exóticos Manakin, tan buscados por los avistadotes de aves; oropéndolas, monos tití, entre muchos otros animales y lo más increíble es que este sendero es de poca dificultad y el mismo se puede recorrer en media hora, y esto es solo hablándoles de uno de los senderos más fáciles en el parque, pues el mismo cuenta con muchos senderos y miradores:

trogón en el PNM

Mirador los Caobos altura 72 m.s.n.m. en donde hemos podido avistar hermosos trogones; Mirador los Trinos altura 45 m.s.n.m desde el cual se pueden ver los tucanes sobrevolando el área en las mañanitas y en el que podrás observar los diferentes estratos de este hermoso bosque, además de poder escuchar las diferentes melodías que interpretan las aves que habitan el parque; Mirador Cerro Cedro altura 150 m.s.n.m. el cual ofrece las mejor vista: Las Esclusas de Miraflores, El Puente Centenario, Parque Nacional Camino de Cruces, Clayton, Albrook, Toda la ciudad de Panamá antigua y moderna, Puente de las Américas, La Calzada de Amador, Isla Taboga, Puerto Balboa, Aeropuerto Marcos Gelaberth;  Sendero Los Momótides distancia: 0.7 Km. y su nombre se debe al “Momoto Coroniazulado”, (Momotus momota) una hermosa y especial ave que frecuenta este sitio. Su recorrido dura 30 minutos aproximadamente y se puede observar gran variedad de aves y animales; Sendero Los Caobos distancia: 1.1 Km. a 72 m.s.n.m el cual recibe su nombre por la existencia de algunos ejemplares de la muy escasa especie forestal caobo y constituye el sendero de mayor exigencia a nivel físico, ya que tiene pendientes pronunciadas escalonadas, que bien vale la pena recorrer por su exuberante flora y por haber sido escogido como una de las áreas de mayor posibilidad de observación de aves del Parque; Camino el Mono Tití distancia: 1.1 Km. en donde de manera inexplícita hemos sido perseguidos por los monos tití en bandadas tratando de arrojarnos alguna cosa o de orinarnos las cabezas y el cual está ubicada la primera grúa instalada a nivel mundial (1990), por el Instituto de Investigaciones Tropicales Smithsonian (STRI),  para estudiar  el dosel del bosque y la biodiversidad de especies que allí interactúa.

En el punto más alto se encuentra el mirador “Cerro Cedro” a 150 m.s.n.m. del cual se tiene una increíble vista panorámica de la ciudad de Panamá, el Canal de Panamá, el Parque Nacional Camino de Cruces y el Parque Nacional Soberanía;  Sendero La Cienaguita distancia 1.1 Km. en el que en época lluviosa, se forma en la entrada una pequeña ciénaga a la que llegan los mamíferos a abastecerse de agua y el Sendero El Roble que debe su nombre al gran árbol de Roble y tiene una distancia de 0.5 Km.

Uno de los principales objetivos del Parque ha sido el educar a los habitantes de la ciudad de Panamá sobre la conservación del medio ambiente desarrollando actividades que contribuyen a crear una conciencia conservacionista que invita a la recuperación y buen uso de los recursos naturales.

El monitoreo de especies de fauna silvestre es una herramienta de gestión ambiental utilizada en la actualidad, para de terminar variaciones en el ecosistema, con la finalidad de conocer la distribución y el desplazamiento de la fauna silvestre dentro del Área Protegida. El monitoreo de flora, brinda un panorama sobre la diversidad de animales que pueden ser  encontrados dentro del Parque y que dependen de estas especies vegetales.

un gato solo por la cienaguita PNM

A lo largo de tiempo, esta fuente de información constituye una herramienta para conocer el estado de conservación de las especies, la identificación de zonas de mayor presión y los posibles factores externos que afecten en algún grado a sus poblaciones.

La eliminación de áreas naturales para el desarrollo urbanístico, industrial, gubernamental y el desarrollo de actividades turísticas han obligado a la fauna silvestre a desplazarse hacia nuevos sitios en busca de un hábitat favorable. Desafortunadamente; para muchos animales, en su trayecto no encuentran espacios naturales seguros para ubicarse y terminan en áreas urbanas causando molestias e inconvenientes que les pueden causar hasta la muerte.

El PNM lleva a cabo desde el año 1998 un pequeño programa de rescate, rehabilitación y reubicación de fauna silvestre, que ayuda a cientos de animales enfermos, heridos, desplazados o huérfanos, a volver, dentro de lo posible a su medio natural.

Este programa depende de donaciones en dinero o en especie, para poder ayudar en la alimentación o en cuidados especiales a los animales que llegan al PNM.

El dosel de los bosques tropicales es uno de los sitios  con la biodiversidad más grande del mundo y muy poco de ella ha sido registrada por el hombre. Se estima que más del 90% de todas las especies del  mundo son insectos que habitan lo más alto del  bosque tropical y  que aún no han sido descritos por la ciencia. De las 1.8 millones de las especies que han sido registradas  más de la mitad viven dentro estos  bosques,  es por eso que muchos científicos  se han dedicado en  los últimos años al estudio del dosel del bosque tropical.

La parte superior de los bosques tropicales tiene una importancia significativa en el clima mundial ya que este tipo de bioma juega un rol importante en la regulación del clima global, arrojando más carbono por año que cualquier otro hábitat.

Hoy día el Parque Natural Metropolitano te ofrece la oportunidad de poder conocer la parte más alta  del bosque mediante el uso de  “la grúa de estudio del dosel del bosque tropical”  Primera grúa establecida para el estudio de la biodiversidad tropical por  el Instituo Smithsonian de Investigaciones Tropicales. Esta grúa fue colocada en el Parque Metropolitano desde 1990 y desde ese tiempo hasta hoy desempeña un papel importante en las investigaciones científicas.  Actualmente hay 12 grúas en el mundo que se usan con este fin. De  las cuales dos de ellas están en Panamá y tú puedes tener acceso a una de ellas mediante una gira guiada en el Parque Natural  Metropolitano, es una experiencia única que no te puedes perder. Las 232.35 hectáreas del Parque Natural Metropolitano son uno de los pocos remanentes de bosque seco tropical de la costa del Pacífico que queda en todo Centro y Sur América. La Grúa cuenta con unos 35 metros de altura dentro del bosque  y opera en un radio de 40 metros. El trabajo de la grúa permite abarcar unos 180,000 metros cúbicos de bosque; el máximo de personas que pueden subir al mismo tiempo a la grúa es de 4 más un guía, La Grúa se encuentra ubicada en el centro de una hectárea con una parcela de 316 árboles aproximadamente, estos árboles cuentan con una altura que está entre los 30 y 40metros. Más de 60 especies de árboles y lianas se pueden observar en el perímetro de  la grúa además de una de las vistas más hermosas de la ciudad de Panamá.

un motmot coroniazulado en el sendero Monótides, PNM

Definitivamente que tenemos que aprovechar el beneficio de tener un parque natural tan cerca de nosotros en donde siempre vamos a encontrar algo nuevo e interesante que ver, más interesante se hace aún si llevas tu cámara y un buen lonche y te vas en un solo día a recorrer todos esos senderos haber qué te encuentras.

No me creerían si les digo que en una sola mañana he logrado ver más de 6 especies exóticas de aves, monos tití, gato solo en grandes cantidades, tortugas por doquier, árboles de tamaños increíbles, insectos de diseños sorprendentes.

Inventa un día irte al sendero de los Momótides y ¡prueba! Proponte ir en busca del momoto coroniazulado, date la vuelta varias veces por el sendero hasta encontrarlo y lograr fotografiarlo. Tenlo por seguro que te volverás un fanático del parque, más que del cine o de los centros comerciales.

Aprovechemos los recursos naturales que tenemos en Panamá, estas razones hacen del Parque Natural Metropolitano un sitio único en el mundo, costituye un tesoro natural inmerso en la cosmopolita ciudad de Panamá.

El Parque Natural Metropolitano recomienda ¡Silencio! y tener la vista y los oídos bien abiertos, estar pendiente del mínimo movimiento en la copa de los árboles y del sotobosque para disfrutar la naturaleza que habita allí.

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Estando en el centro de la ciudad de Panamá, se puede ver el cerro Ancón desde casi cualquier punto, y lo reconocemos al instante cuando vemos en la altura una bandera panameña inmensa y ondeante.

Y aunque esté allí a la vista de todo el mundo, muy pocos se interesan en subirlo, saber más de su historia y de los secretos que guarda un patrimonio histórico que ha estado ahí siempre.

Antes de 1904, el cerro Ancón era un lugar de distracción. Pero además de recreativo, desde el traslado de la ciudad de Panamá la Vieja a lo que es hoy el Casco Antiguo, el cerro y sus manantiales proveían a los habitantes de agua.

Sin embargo, cuando los norteamericanos se ocuparon de la construcción del Canal, ya no se podía ni pasear ni sacar agua. Estuvo bajo la potestad de los Estados Unidos como parte de la Zona del Canal de Panamá, durante gran parte del siglo XX.

Alrededor del cerro habían varios ríos y quebradas; los más importantes: el río Hondo (ahora río Cáceres) que lo bordeaba, y donde la gente se bañaba, y el río Grande que quedaba un poco más lejos, por el área de La Boca, y estaba lleno de sembradíos y de ganado.

Con la nueva ciudad en el Casco Antiguo, uno o dos soldados fueron asignados a la cima para funcionar como vigías de la ciudad. Incluso se propuso construir fortificaciones en el cerro pero nunca se realizaron.

En la época del Canal francés durante la cual se construyó el primer hospital del Canal, Hospital Ancón, se empezó a notar que el cerro estaba pelado y escaso de vegetación.

La tradición de pasear y sacar agua del cerro llegó a su fin cuando en 1903 los norteamericanos se ocuparon de los trabajos canaleros y para ello sanearon toda la ciudad. Todos los pozos, manantiales y lugares donde se podría empozar agua fueron clausurados.

Para este tiempo se construyeron más edificaciones en los alrededores del cerro como el Hospital Gorgas, el edificio de la Administración del Canal, la residencia del administrador.

Desde 1977, con los Tratados Torrijos – Carter, Panamá retomó el control del cerro y de toda la zona del Canal y una de sus primeras acciones fue izar una gran bandera en la cima del cerro, como símbolo de la reafirmación de la antigua Zona del Canal como territorio panameño.

Actualmente el cerro ocupa una extensión de terreno de 4,826 hectáreas, y en su punto más elevado ondea desde hace 33 años la bandera de Panamá, como uno de los primeros símbolos del triunfo de la lucha por la plena soberanía.

En las zonas más altas se encuentra la antigua residencia del Gobernador de la Zona del Canal, y Quarry Heights, antigua locación del Comando Sur. El nombre de Quarry Heights proviene de la antigua cantera que es visible desde un lado del cerro. El cerro Ancón posee un búnker subterráneo abandonado, que pertenecía al Comando Sur.

Cuando uno va hacia Arraiján por el lado de la Boca, se puede ver una parte del cerro que es de roca lisa, como si alguien hubiese cortado ese lado con un cuchillo y se la hubiese llevado. La masiva extracción de roca en el cerro modificó la configuración geológica del lugar donde operó la mencionada cantera, lo cual se puede apreciar a simple vista; a lo largo de un período de 5 años, la Comisión del Canal Istmico, que en ese tiempo pertenecía a los Estados Unidos, extrajo 3.2 millones de yardas cúbicas de roca de la referida cantera en el Cerro Ancón. La extracción se llevó a cabo con dinamita y excavadoras, removiendo largos bloques de roca.

El cerro Ancón tiene, además, el atractivo de ser el hogar de osos perezosos, armadillos, venados, ñeques y un sinnúmero de aves. En total se calcula que hay 68 especies de animales: 15 mamíferos, 39 aves, 9 clases de reptiles y 5 tipos de anfibios. También pasan anualmente más de un millón de aves rapaces en dirección al sur aprovechando las fuentes de aire termales, de lo cual se hace un conteo anual en la cima.

Allá arriba también es posible ver una estatua de Amelia Denis de Icaza que con tanto orgullo y a la vez tristeza expreso en su poesía al Cerro Ancón, su angustia por el cambio que éste dio.

El cerro Ancón, el punto más alto del área metropolitana, es visitado diariamente por unas 100 personas, que suben caminando o en sus vehículos, para encontrar una panorámica de la ciudad de Panamá, del Puente de las Américas, las Esclusas de Miraflores u otro punto del Canal. Algunos también aprovechan sus faldas para hacer entrenamiento.

También en la cima de la torre es posible ver unas antenas de comunicación. En el cerro existe un pequeño camino que es usado por los vehículos solamente durante el día y usado por los visitantes que recorren el cerro a pie para observar su fauna y flora.

A partir de 1909 se instalan los primeros sismógrafos también en las faldas del cerro, y fueron de los primeros sismógrafos en Latinoamérica. Posteriormente estos aparatos se trasladaron a la Comisión del Canal en 1914 y en 1976 se transfirieron a la UP.

Actualmente, el cerro Ancón está bajo la administración de la Unidad Administrativa de Bienes Revertidos del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), quien se encarga de su mantenimiento y vigilancia. Otros que participan de esta labor son la Asociación Panameña para la Conservación de la Naturaleza (ANCON) y los residentes del área.

El pasado 18 de mayo, el Consejo Municipal aprobó la creación de un patronato para el cerro Ancón, que se encargará de su conservación, el manejo del suelo, y de la creación de un marco legal que lo proteja, más allá del existente.

El patronato lo formaría un representante del Consejo Municipal, del grupo de residentes, organismos privados, el MEF, la Alcaldía y ANCON.

La bandera que ondea en la cima es del tamaño de una cancha de baloncesto y es la única bandera que no es bajada de su asta a las 6 de la tarde como lo indica la ley, por el contrario se le encienden unas luces rojas y azules que la iluminan y deslumbran. La iluminación de la bandera estuvo a cargo de expertos de la empresa Phillips con el patrocinio de la empresa Union Fenosa.

Es muy importante recalcar que el Cerro Ancón es un área protegida y reserva natural del Distrito de Panamá de conformidad con lo dispuesto en el Acuerdo Municipal N° 157 de 31 de julio de 2001, adoptado por el Consejo Municipal de Panamá. En el artículo 3 de dicho Acuerdo se dispuso que quede prohibido cazar, talar, quemar, recolectar o destruir los recursos naturales, así como cualquier otra actividad que atente contra el buen uso de la reserva natural, de acuerdo a lo establecido en el artículo 2 del presente Decreto Municipal.

El Cerro Ancón fue declarado Patrimonio Histórico Nacional, mediante Decreto Ejecutivo N° 104 de 22 de octubre de 2003, con ocasión de la celebración del Centenario de la República de Panamá. La Ley N° 21 de 2 de julio de 1997 asignó al Cerro Ancón la categoría de área verde urbana.

Para llegar caminando se debe ir hasta el centro Mi Pueblito y allí preguntar por la escalera roja que conduce hacia el cerro, en una interactiva caminata de aproximadamente 30 a 40 minutos.

También se puede llegar en carro tomando la carretera que se encuentra detrás del edificio de la Administración del Canal y desde allí hay señalizaciones que lo conducen a la cima.

Es suficiente para invitarlos a visitar el cerro Ancón, tan cerca de la ciudad y con toda la accesibilidad. No dejemos que se pierda este Patrimonio, que aunque no lo sea ante la ley, lo es ante nuestros ojos, debemos valorar que por mucho tiempo no fue nuestro, estando en nuestro propio territorio y hace mucho tiempo que regresó a nuestras manos para que lo conservemos y visitemos.

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