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Hiking Trails and Trips in Panama

Iniciamos nuestra gira temprano, haciendo escasas paradas y zigzageando sin cesar por las callejuelas que existen entre Chorrera y Capira.

Esta vez planeamos llegar a Jordanal desde el acceso que existe en Chorrera, que va hasta El Valle de Antón. La vía resulta no ser tan sencilla, pues existen muchas bifurcaciones antes de que la calle de asfalto termine.

Jordanal es una comunidad de Capira que hace frontera con Coclé en San Miguel Arriba, siendo divididos por el Río Indio. Con menos de 600 habitantes, hoy día buscan desarrollar su potencial por medio del Turismo Rural pero que por su difícil acceso, pone en duda a sus habitantes de creer en el gran potencial que poseen.

Jordanal de Capira/
Fotografía de Andrés Matos IG: @matos0893
Cruzando ríos en Ciricito/
Fotografía de Andrés Matos IG: @matos0893

Y menciono que fue una loca aventura pues a pesar que en Jordanal no había llovido hace semanas, aquella madrugada el agua se soltó, el Río Indio y aledaños se crecieron; nuestro 4×4 tuvo un retraso por lo difícil de los caminos recién revueltos en lodo y al ir llegando vislumbramos que el Indio tenía color marrón.

Esta vez, el botiquín fue utilizado por mí, pues con todas las curvas aunado a un malestar que ya sentía, hizo que se me revolvieran las tripas. Nada que no pueda ser resuelto sacando todo del estómago.

Al llegar, debimos realizar un plan B, conocimos a nuestro guía local, el Señor Patrocinio, quien decidió llevarnos a la Cascada, en la Quebrada del Llorón. Él sabía que ese río iba a estar como si no hubiese pasado crecida, pues su dinámica fluvial viene directo de la primera parte de un ojo de agua en la Serranía del Llorón, no existen potreros ni caseríos cerca.

Tomamos un lindo sendero rodeado de un jardín con árboles frutales, bajamos la montaña, subimos por el río y llegamos a la cascada. Estoy convencida de que para algunos chicos del grupo siendo senderistas principiantes, les costó un poco la caminata por el río, pero llegar a la cascada merece el esfuerzo, aún más al percatarnos que estamos en un sitio que ha sido muy poco visitado.

Algunos chicos escalaron las rocas hasta llegar a la cascada más arriba, otros nos quedamos en la parte baja disfrutando de las cristalinas aguas, mientras nos rociaba el bajareque (llovizna). Bien lleva el nombre del Llorón, pues mientras en la ciudad de Panamá hay alerta de sequía, en el Llorón no cesa la llovizna, una bendición proveniente de los cielos, gracias a la conservación de los bosques primarios de Jordanal.

En el río vimos cangrejos, peces y de regreso nuestra amiga Evelyn vislumbró una culebra entre unas rocas, pero al percatarme, la misma había sido atrapada por las rocas, muriendo. Se trataba de una hermosa Imantodes cenchoa, inofensiva culebrilla de aspecto delgado.

Cabe destacar lo saludable del bosque, con precioso follaje compuesto de Monsteras, enormes begonias, muchos helechos y selaginellas.

Al regreso nuestro 4×4 nos llevó hasta la casa donde estaba nuestro sanchocho, hecho con productos locales orgánicos, servido. Delicia creada por amables manos de jóvenes de Jordanal que buscan un acercamiento con el turismo rural.

En Jordanal se vive del agrocultivo, sobre todo culantro que se distribuye en supermercados de Chiriquí, durante todo el año.

Al haber pasado toda la mañana en la Quebrada del Llorón, consulté con mis locales si el río Indio ya se había despejado, a lo que me indicaron que ya habían ido a verificar, pero surgía otro problema: con la crecida, fue contaminado por desechos de una empresa avícola que funciona en el Valle de Antón y bajan a Jordanal.
Al parecer esto sucede seguido, en época lluviosa, dicha empresa prefiere pagar las multas impuestas a acabar con esta contaminación.

Nos despedimos de Jordanal, repletos de delicioso sancocho y aún a laexpectativa al estar en tan hermoso sitio, al ir bordeando sus cerros vemos a lo lejos la Serranía del Llorón y apareciendo ahora el Cerro Teriá de Capira.

De regreso, ayudamos a un ejemplar de perezoso macho de 3 dedos, a cruzar la carretera. También topamos un grupo de burros hermosos a orilla de calle; una de las primeras veces en mi vida que veo varios burros juntos.

Agradecidos una vez más con Isaias Chirú, quien nos ayuda a organizar los viajes a Jordanal, así como a su familia y a los pobladores de este pueblo.

Recuerda que si deseas programar una visita a este sitio, con gusto te pasamos los contactos para que lo hagas seguro y de la mano de locales en pro del empoderamiento en Turismo Rural.

Todo listo, emprendimos la marcha hacia Lídice. Ahí nos esperaba Conse, nuestro conductor experto en las áreas del Cacao.

Temprano, emprendimos el ascenso; como siempre Cerro Trinidad te saca el aire en la primera loma que te recibe de súbito. Pero todo esfuerzo vale la pena para llegar a los más de 900 metros sobre el nivel del mar que posee éste macizo, monumento natural del distrito de Capira, que pertenece a el Parque Nacional Altos de Campana.

Aunque conocemos muy bien el cerro y hemos hecho varias rutas, siempre utilizamos guías locales para apoyar la economía, los nuestros siempre son los chicos de la iglesia adventista que construyeron la Biblia en la cima, pero ésta vez tenían compromiso.

El grupo que nos acompañó caminó en avanzada, se hizo cima en hora y media y dió tiempo de sobra para disfrutar la vista.

El Cerro Trinidad en su última parte tiene una cortina de roca, que es necesario escalar para llegar a la cima. Con cuerdas y procurando seguridad, subimos con éxito.

Justo ahí, topamos con un grupo de cuatro personas que decidieron no avanzar por lo difícil del terreno; aprovecharon nuestras cuerdas y subieron incluso antes que nuestros clientes. Lastimosamente en nuestro Panamá aún necesitamos entender lo que es la cortesía en la montaña y agradecer cuando te sacan de un sitio donde te encuentras varado.

La cima del Trinidad es una preciosura, desde conglomerados de roca, se observan otros dos picos que posee el monumento, en frente. Es notable que también existe camino hacia allá.

Este cerro aunque su dificultad es moderada, posee pequeños trillos, por eso es necesario recorrerlo con guía experimentado pues hasta los derrumbes de árboles te pueden confundir. Esto y la imprudencia ha hecho que muchas personas se hayan sentido extraviadas en el mismo.

Cabe destacar que Cerro Trinidad posee 7 picos y varios caminos. El camino a la Biblia es uno de los de menor dificultad ya que posee trillo.

Luego del descenso, fuimos a tomar el caldo de los Dioses, nuestro respectivo sancocho en una finca familiar que habita la pata del cerro.

Y cuando ya algunos se iban acomodando en hamaca, llegó nuestro 4×4 a llevarnos al Charcón, un delicioso río aledaño donde nos quitamos suciedad, cansancio y renovamos energías.

En el río saltaban unos peces enormes que nos hicieron pensar en las cañas que pudimos haber llevado.

Ya de regreso en Capira, nos dimos una vuelta por Quesos Chela a degustar deliciosas empanadas de queso; nuestros amigos panameños corren cada vez que pasamos por ahí, y los extranjeros siempre se quedan extrañados. Una vez prueban las recomendadas empanadas de queso, entienden todo el fanatismo.

Un gira muy amena, sin duda, en uno de los cerros más bonitos de Panamá y con un pasado geomorfológico interesante pues es considerado el último cerro que completa la Cordillera Central:” Núcleo axial que en forma de arco montañoso, convexo hacia el Pacífico, prolonga los altos relieves de Costa Rica (Cordillera de Talamanca) y corre hasta casi la mitad del Istmo de Panamá, (a través de las Provincias de Chiriquí, Bocas del Toro, Veraguas, Coclé y Panamá), para detenerse bruscamente en el Cerro Trinidad y en las bajas colinas de Capira . Probablemente, ahí comienza la gran falla del Istmo Central de Panamá (aproximadamente la Zona del Canal y sus alrededores).”

Se llamaba «El Arraijancito», y los recuerdos que quedan prefiero mantenerlos intactos, pues los inetereses de algunos seres humanos ha ido empañando lo que quedaba de él.

Y hablo como si fuese un ente, porque en él aprendí a amar los cuerpos de agua, en él entendí el poder de la Naturaleza y viví la magia en cada esquina.

Era una niñita cuando de mi pueblo salíamos en la parte trasera de los pickups a darnos un baño al Arraijancito, eso pasaba cada fin de semana. Algunas de las veces mi familia iba tan emocionada que cargaban una enorme paila, llebavan un saco de arroz y el río proveía las sardinas.

En aquel río conocí a los militares del ARMY que practicaban en los alrededores. Más no puedo olvidar aquel puente rodeado por helechos y musgos, por el cual solo pasaban los jeep de los gringos. Si acaso unos 2 en todo el rato que nos pasamos ahí.

De aguas claras, mis primos y yo aprendimos a nadar ahí. No faltó quien casi se ahogara por pendejadas de chiquillo, esas donde se acerca el lobo en broma hasta que cuando llega nadie hace caso.

Un día, el camión de abastos de mi tío se trabó en la loma, estuvimos largo rato esperando a ver si mi tío lograba sacarlo, pero fue imposible; y si no fuese por unos militares puertoriqueños que andaban cerca de ahí en un bunker, que halaron el camión con un jeep harto en lodo, hubiesemos tenido que regresar a pie.


Para mi ver a esa gente era cosa de otro mundo, yo quería ser como ellos, que aparecían por el río y los veíamos cuando ya estaban cerquita; y andar en el monte vestida militar cargando armas…

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El Parque Nacional Altos de Campana guarda secretos en sus montañas, explorados solo por los más aventureros. Existen rutas que te pueden tomar hasta 3 días solo para llegar a cascadas prístinas de aguas inmaculadas.

Esta vez decidimos hacer una caminata que había planeado desde hace mucho: entraríamos por Campana y saldríamos por Sajalices, pasando por el río Campana, bordeando el Río Sajalices y aprovechando para charquear en variados chorros del camino.

Tocamos por primera vez el bosque de pinos que todos vemos desde el mirador Caja de Agua. Caminamos desde un bosque de altura hasta los potreros que bajan a Sajalices. El Parque Nacional y Reserva Biológica Altos de Campana cuenta con bosques tropicales y premontanos donde se encuentra una interesante mezcla de especies, algunas de ellas endémicas regionales.

Debido a la historia de colonización agrícola del área, buena parte de los bosques del Parque son de crecimiento secundario y en la parte sur existe un área de pastos probablemente de origen antrópico. [More]

Para iniciar nos dimos la vuelta por el Parque Nacional Altos de Campana y subimos a Sorá en busca de nuestro 4×4 local que nos llevaría a la aventura.

Nuestra primera parada: La Cascada La Escondida, nos recibió con una gran cantidad de murciéagos que sobrevolaban el charco. Cuando exploramos la cueva, topamos con quizás cinco mil de ellos que dormían boca abajo en el cielo de la roca.

La Escondida

Caminar a la cascada La Gloria siempre es refrescante, ésta vez el día se veía prometedor, y así lo fue.

La Familia Ovalle nos recibió atentos como siempre, y pasamos a la enorme cascada a disfrutar de sus diáfanas aguas, su altura sorprendió a todos, ya que era la primera vez de todos en el sitio. Siempre es maravilloso ver los rostros de la gente cuando curvan el sendero y se topan con la cascada, una de las más altas de Panamá Oeste.


Cascada La Gloria

Al cabo de un rato decidimos subir a la cascada La Tulivieja. Para ello, debimos escalar a un lado de La Gloria por un escarpado terreno compuesto en partes por escaleras vertiginosas hasta llegar a la cima de la cascada. Ahí, bordeamos el río, pasando por varias cascadas hasta llegar a la Tulivieja, de charco perfecto para una buena zambullida.

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Jordanal es un poblado que le pertenece a Cirí Grande de Capira, en los límites con la provincia de Coclé; tanto así que la mayoría de sus pobladores acceden al sitio desde el Valle de Antón pero curiosamente tiene acceso también por Altos del María (acceso privado) y por Chorrera.

La gente que le habita es de carácter amable y servicial. Actualmente buscan incursionar en el turismo ya que posee hermosos ríos y montañas además de ese ambiente campesino panameño tan particular.

Esta vez planeamos ir hasta uno de los atractivos más inhóspitos del sitio, la cascada de Jordanal pues así le llaman los lugareños. Ya sabíamos que sería extremo pues cuando uno pregunta a un local qué tan difícil es llegar y te responden que está lejos, es porque lo está; de menos te dicen que «está cerquita».

Apenas íbamos en el 4×4 y no faltó quien tuviese miedo, tocó recordar que éste es el transporte que decenas de personas utilizan a diario para salir de las montañas en Capira, el único medio de transporte en aquellos lugares donde el plastificado progreso no ha llegado y hacen falta calles y puentes.

Una vez en el pueblo emprendimos la marcha que desde el momento inicial sabíamos sería en ascenso constante, en el camino se nos unieron locales adultos, niños y un curioso perrito.

Una vez dentro de la selva el camino se puso tedioso para los de menos experiencia, siempre subiendo, constantes curvas, árboles enormes de un bosque primario magnífico, alta humedad, plantas extrañas, muchas raíces que hacen de escalera en parte del sendero nivel moderado.

Vimos tucanes, aves de brillantes colores, ranas exóticas, ardillas miniatura correr por las ramas de los árboles, y mientras los locales nos decían que faltaba poco, una nueva loma se nos presentaba.

Pristimantis gaigei juvenil Fotografía de Ana Chérigo

Lo que habíamos calculado se demoraría 2 horas, tomó 3, hasta llegar a la cascada por una situación de falta de preparación por parte de algún participante. Es ésta la razón crucial por la que hacemos una ficha técnica en la cual indicamos el nivel de dificultad del terreno. Como siempre decimos, si usted viene a una gira, nosotros haremos lo imposible para que llegue al destino, aquí todo mundo llega, en calma y con paciencia pero eso algunas veces incurre es más tiempo e inversión.

Sin embargo, la emoción de lograr llegar a un sitio como éste fue tanta, tenía años sin ir a un lugar tan inmaculado, sin rastro alguno de basura, la selva en su punto álgido. Llegamos en un momento en que la niebla bajó al río y cubrió toda la paila de agua, por cierto profunda y de color verdeaqua.

¡Wow! A veces uno se hace una idea de un sitio y cuando llegas te decepcionas, no porque sea poco atractivo, si no porque simplemente la foto que viste tenía mucha edición o realmente no era lo que te esperabas. Este NO fue el caso. Pocas veces me ha pasado que llego a una cascada y el respeto a la belleza del lugar es tanta que ni me pongo a nadar. Ésta vez fue así, primero por eso y segundo por miedo a los calambres.

Los chicos aprovecharon y hasta hicieron clavados, el agua estaba realmente fría, pero eso se nos olvidó.

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Nos sentimos sumamente felices de estar rodeados de personas generosas que desde el día uno mostraron interés en la planificación de este evento para los niños de La Gloria.

Meses antes La Prof inicia su recolecta y tira viajes para Arraiján a dejarlos, así mismo Ana saca cálculos y se organiza. La mitad de la terraza de la casa eran juguetes, útiles escolares y pacas de ropa americana.

Los últimos días de diciembre afinamos detalles y hasta surgieron donaciones inesperadas. Mucha gente quería formar parte, donar y ayudar.

Alquilamos un 4×4 que nos pudiera recoger en casa, pues la carga era imposible llevarla en dos carros y resultó que debían ser de excelente tracción pues nuestros informantes en la montaña nos decían que llevaban una semana sin ver el sol, no había parado de llover.

Con el corazón encogido de nervios, elevamos nuestras plegarias al cielo y nos dispusimos a salir a las 6am, ibamos hasta el tope en carga.

A continuación describiré todo pues muchos de los patrocinadores no estuvieron presentes:

Apenas llegamos a Sorá el tiempo cambió y las gotas de lluvia se asomaron, pero ni eso nos quitó la alegría que ya llevábamos.

Cuando el carro local entró al lodo tuvimos que bajarnos por momentos pues las lomas y con el peso, hacían resbalar pero logramos llegar sin mayores inconvenientes a La Gloria.

Ya estaba hecho el sancocho y nos dispusimos a preparar hot dogs y hamburguesas; a medida que iban llegando los niños (bajo la lluvia) los recibimos con Nieve de frutas, jugos y hot dogs. A los adultos les tocó una deliciosa hamburguesa.
Aprovechamos para cantarle cumpleaños a nuestro querido Rey Aguilar, que como bien indica su nombre, nació en día de reyes y compartimos un delicioso dulce.

Nuestra amiga Yoana se vistió de muñequita y pintó los rostros de los niños que se convirtieron en «conejito pintado», «ñeque», «gatito», «perrito», «muleto», etc. Y también recibían globos con formas!

De ahí nos trasladamos al rancho, donde se colocó las piñatas y todo fue un contento, deliciosos confites y chocolates caían de arriba y los niños con sus bolsitas recogían para llevar.
Al poco rato, nos dispusimos a llamar a cada niño para la entrega de juguetes. Creo que hubo quien se llevó hasta cuatro juguetes. Lastimosamente algunos niños no fueron a la fiesta pues la lluvia no los dejó salir de casa pero a pesar de esto, les dejamos sus regalos.
Luego, llegó la hora de las bicicletas; hicimos algunas preguntas y salieron los ganadores, que no se lo creían. También hicimos la entrega de artículos para bebé.

Luego de ésto repartimos los útiles escolares por familia con niños en edad escolar y por último recibieron las canastitas, que con tanto cariño preparamos.

Salir de La Gloria no fue fácil, el lodo esta vez nos dió tarea. Los conductores se graduaron en todo terreno y los muchachos sacaron todas las fuerzas para empujarlos y salir de este hermoso lugar, en éste momento prácticamente incomunicado.

¡Todo un éxito! No caben palabras para describir lo que los ojos captan, pero ver a los niños felices, corrinchando, sorprendidos y adultos agradecidos es la prueba de que hicimos un buen trabajo, y por eso agradecemos a cada persona que estuvo pendiente de la actividad.

A los chicos de la escuela Melchor Lasso por sus donaciones
A la Profe Nivia por Tanto, tanto!
A Ana Cherigo y Amilkar González, quienes además de donar, pusieron corazón y su tiempo, siempre pendientes de ayudar en Lo Que Sea.
A Rey Aguilar por sus donaciones e incomparable apoyo en todo, siempre dándolo todo por el todo.
A las familias Ulloa, Kant, Villarreal, Montero.
A Miguel Salcedo alias «Kilo» 🙂 por sus donaciones, tiempo y apoyo. A Yoana y su hermana por su iniciativa.
A Raquel Martínez por sus donaciones de útiles y por su tiempo y disposición.
Gracias a María Carbonó de Farmacia Carbonó por sus donaciones, por no pensar dos veces la decisión de meter su auto en la montaña en época difícil.
A Génesis Rodríguez, Félix Doronzol, Keira Brown que aunque no estuvieron presentes en la fiesta, estuvieron pendientes con sus aportaciones.
A los conductores: Omar, Alvin y el Sr. Omar.
A mi madre y hermana Gisselle por todo su apoyo y estar pendiente de mi bebé, que también fue a la fiesta. Además por su paciencia pues nunca habían estado en la Sierra y ésta vez no fue la más fácil, pero sí la más hermosa.
A Chendomatic por todas sus donaciones desde la distancia, siempre presente, gran persona!
A la familia Ovalle, ¡Oh por Dios, cómo queremos a ésta familia! Por prestarnos su espacio, su casa que ensuciamos de tanto entrar y salir, por su hospitalidad.

Abrazos,
Mariel 🙂

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Cuentan los pobladores que el nombre filipinas viene de una antigua palabra nativa que significa «lugar alto» y posiblemente con el tiempo, se fue tergiversando hasta quedar en lo que es. Nos cuenta el guía local Yonathan Hernández, nieto del Sr. Héctor, dueño de los terrenos donde se encuentran las cascadas, que en el área habitaban indígenas y que los últimos conocidos les llamaban los «viejos nómadas» y se hablan rumores de que habitaban cuevas.

Mi primera vez en éste lugar llegué a la cascada#1 🙂 pues no sabía de la existencia de las demás, y tampoco había trillo. Con los años pudimos seguir explorando hasta donde cupo la posibilidad.

Nuestra última gira del año fue a este maravilloso sitio, rodeado de verdes montañas y ese hermoso tesoro resguardado en donde fluyen más de 30 cascadas, algunas muy difíciles de explorar. Antes de esto visitamos el Parque Nacional Altos de Campana, donde pudimos admirar magníficas vistas y conocer más sobre el mismo.

El grupo llegó hasta la cascada #10 pues de ahí en adelante y por cuestiones de seguridad, es necesario la utilización de equipo especializado.

Cada cascada tiene su encanto, aunque a veces sentimos más afinidad con una en especial. Acá las encuentras pequeñas y con buen caudal o la más alta, de aproximadamente 30 metros de altura desde la que se pueden hacer clavados en época lluviosa. También encontramos chorros escalonados y algunas que parecen pequeñas cataratas.

La dificultad del sitio aunque es baja hasta la segunda cascada, de ahí en adelante tiene cierto tecnicismo ya que un mal paso puede ser desastroso pues a cada cascada es necesario pasar por espacios escarpados de varios metros de altura. El lugar está lleno de cascajo, una laja de caliza que es utilizada frecuentemente para los tejados de las casas o simple ornamento. Recomendamos ampliamente visitar el sitio con un guía local, a Yonathan lo puedes contactar por redes sociales.

Agradezco enormemente a Ana y Amilkar que aparecieron con un cake de frutas para celebrar mi cumpleaños, aquel que por cierto casi olvido; definitivamente los senderos nos van acercando a tal punto que somos sin dudar, una gran familia.

Muchísimas gracias a todos los aventureros que nos acompañaron en ésta experiencia. Acá les dejamos fotos de ésta última aventura.

Gilma y Lilia

 

 

Esta es una de las giras que repetimos varias veces al año y tiene su razón de ser, el sitio es maravilloso y resguarda maravillosas caídas de agua incluyendo la más alta de Panamá Oeste: La Gloria, la cual es custodiada por una familia maravillosa que busca salir adelante con el turismo sostenible.

La familia Ovalle la conocimos por allá por el año 2010, aquella vez supimos del chorro y caminando desde Ciri Grande, llegamos una tarde de un domingo lluvioso. La montaña estaba fresca y el sendero en aquel tiempo daba la bienvenida a una comunidad limpia, en la que si acaso eran visibles dos casas.

De una con techo de paja salió la Sra. María, un poco penosa y extrañada de ver foráneos por el lugar, mi sorpresa fue que aún bajo esta condición la misma me ofreció café, que para mi fue un placer pues llevaba 3 horas caminando; pasé a la parte trasera de su casa en donde estaba el magnífico chorro el cual solo pude ver, tomar fotos y salir de vuelta. Al pasar nuevamente por la casa, María me esperaba con guineos fríos cosechados allá en la sierra. De la parte de arriba del rancho se asomaron varios niños de rostros sonrientes pero también extrañados.

Al cabo de unos meses hicimos las gestiones y nuestra primera gira con grupo al sitio pero caminando desde Bajo Bonito, para eso fue necesario acampar para caminar las 2 horas hasta el chorro y nuevamente fuimos recibidos de una manera maravillosa por la familia Ovalle que sin pedir nada a cambio nos abrió sus puertas y el camino para pasar al chorro.

Con el paso de los años fue llegando más gente y más grupos de senderismo por el área y viendo ésto como un sitio potencial, la familia Ovalle decidió invertir poco a poco para cobrar una entrada, con sus escasos recursos mejoraron las condiciones de la finca, mantienen el sendero limpio y han creado barandales para subir el chorro y llegar a cascada La Tulivieja.

Actualmente ofrecen venta de frescos productos como naranjas, mandarinas, culantro, yuca, ñampi, otoe, entre varios más. Definitivamente, ellos creyeron en el turismo alternativo a pesar de muchas contras como es el acceso, la infraestructura; y nos sentimos muy felices por lo que están logrando. Aníbal Ovalle está construyendo un sitio de campismo y nosotros lo estamos esperando con ansias.

Familia Ovalle.

La señora María se encarga de la cocina y si usted le lleva los enseres ella hace el trabajo de preparar todo por un excelente precio.

No ha sido de la noche a la mañana que han buscado sacar provecho a su recurso y lo más importante, han invertido en el área para que los visitantes se sientan a gusto, lo mantienen limpio, y te acompañan a visitar los atractivos.

Enlodados ha decidido desde hace un tiempo crear responsabilidad social en el lugar y nos encargamos de la fiesta de Navidad, la cual se realiza en la casa de los Ovalle justamente por el nexo que nos une a ellos, donde nos sentimos como en casa.

Hemos creado un circuito que incluye varias cascadas más en el área pero la cerecita del pastel siempre es La Gloria, esa magnífica cascada que deja a todos con la boca abierta.

Agradecemos al excelente grupo del domingo pasado que logró la meta de visitar las cuatro cascadas, una de ellas que cae desde una roca que forma un túnel.

Acá dejo algunas fotos de lo que fue esta gira:

Grupo completo.

Subir a la Tulivieja es apta para cardiacos ya que debes escalar a un lado de La Gloria.

La Gloria