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Hiking Trails and Trips in Panama

Han pasado cinco días desde que estuvimos en Olá. La emoción de estar en este lugar siempre es palpitante y ésta vez más pues incluía ascender uno de los cerros más bonitos de la región: Los Picachos.

Iniciamos nuestro recorrido conociendo a nuestro guía local, un chico hacendoso de 17 años que ama su distrito y cuyas ganas de mostrarlo son feroces. De inmediato atrapó nuestra atención esa caprichosa montaña con forma ondulada y singular apariencia de ola.

A medida que nos acercamos al poblado va cobrando más notoriedad el famoso Cerro Picacho, una extensión de la vertiente sur de la Cordillera Central. Forma parte del escudo del Distrito de Olá y cualquier referencia que se haga de este cerro es más con fines turísticos alabando su belleza paisajista.

Fuimos a conocer una de las partes más altas del distrito, llegando cayó una lluvia caprichosa que se disipó en un par de minutos y subimos al sitio; un mirador de más de 1000 msnm desde donde se divisa gran parte del sur de Coclé y muchas de sus montañas más viejas como lo es el Cerro Guacamaya y el Orarí.

De regreso del mirador, fuimos a subir Los Picachos de Olá. A los pocos minutos de entrar por un terreno privado en el cual pedimos permiso, conseguimos llegar a la pata del cerro y de ahí en adelante todo el trayecto sería a 45 grados, el terreno pedregoso y era notable que el cerro había sido quemado hace poco. La recompensa: vistas impresionantes.

El final del pico se tornaba peligroso para subir al grupo, era necesario escalar con las manos y un mal paso podría ser un “hasta nunca.” Menos de un metro de ancho para caminar y a ambos lados un precipicio muy profundo. Optamos por subir hasta la parte más acorde a todos y ahí aprovechamos para descansar. El sol era inclemente y a lo lejos, la lluvia caía sobre varias partes de Coclé. Al Sur, el Parque Eólico. Las montañas azules de ésta provincia mostraron su esplendor y la forma cónica del Picacho tiraba oleadas de preguntas sobre su origen. Su orografía es demasiado interesante.

El origen de este Monumento Natural se remonta al emergimiento del Istmo de Panamá que se formó hace aproximadamente 20 millones de años, antes de eso un canal marítimo separaba América del Norte de América del Sur. Las placas tectónicas trasladaron lecho marino y tierra continental, La Placa tectónica de Sudamérica colisiona con la placa del Caribe en una zona específica llamada el arco de Panamá, dando el primer levantamiento inicial del Istmo de Panamá. Este emergimiento de tierras fue constante y se cree que en unos 15 millones de años había solo una brecha de mar que separaba a corta distancia Panamá de Sudamérica.

Producto de estos choques de placas en donde una se metía debajo de otra se dieron fusiones del manto terrestre provocando fisuras por donde se logró colar el magma hacia el exterior originando una cadena de eventos volcánicos que facilitó el emergimiento de islas volcanicas que lograron interconectarse formando el territorio firme del Istmo de Panamá.

Cerro Picacho por consiguiente se formó como parte de este proceso dado su origen volcánico. Como es una extensión al sur de la Cordillerra Central en donde se encuentran las montañas más viejas, se calcula que su edad geológica es más reciente, y su desarrollo tuvo lugar hasta los inicios del Pleistoceno.

El Picacho tuvo una forma cónica al principio como cualquier volcán pero debido a la naturaleza violenta de sus erupciones volcánicas, éste fue destruido dejándolo inactivo y en la forma actual. [More]

Les tengo que confesar algo. Tengo miedo escribir. Me da miedo que gente sin escrúpulos vaya corriendo a buscar estos lugares para dejar su basura, escribir en las rocas y enterrar latas.

Hace 8 años la intención de este website era justo que la gente recorriera Panamá por su cuenta, que disfrutaran y descubrieran lo que tienen aquí a la vuelta de la esquina. Hoy día da es rabia. Caminan por “taquilla”, por ser “influencers”, por adquirir seguidores en redes sociales, dañan las vías de acceso, no dan ni los buenos días, no apoyan al poblador, etc. La taquilla fuese perfecta si dejaran los lugares tal como eran antes de que alguien, quien quiera que sea, haya llegado ahí.

Llevo 2 semanas tratando de recabar información sobre este lugar y la procedencia del color rojizo de sus aguas, me refiero a información oficial.

Los lugareños cuentan que el color se debe a las raíces de una palma de escoba que hay en la cordillera, esas raíces pintan las aguas subterráneas que luego salen al Río Colorado; otros divergen e indican que se debe a los minerales que ahí existen; la información es nula tanto en libros como en la red y lo único que encontramos han sido leyendas, mitos y habladurías.

Pudimos constatar que definitivamente el sabor del agua no es el mismo que en el resto de ríos que hemos visitado, tampoco el olor. Si has probado agua de pozo, por ahí va la cosa.

Nos cuentan que hay días que el río amanece más rojo de lo normal y va pintando el Río Blanco, así como hay días que el Blanco es tal como indica, transparente. La gente asegura que el color rojo es muy fuerte y pinta el blanco sobre todo en época lluviosa.

El sendero va bordeando el río, pero tiene varios caminos que si no sabes y te desvías, puedes extraviar. Se llega a un punto alto en donde se ve buena parte de la hermosa cordillera coclesana. Además el Salto Tulí no es la única cascada, el Río Colorado en su curso tiene espacios realmente bellos que invitan a darse un baño de día entero.

Y claro, El Tulí es el más alto y llamativo, el caudal es amplio y su profundidad es suficiente para hacer buenos clavados desde sus bordes, aunque la oscuridad del agua puede asustar a algunos pues desde ciertas perspectivas y más cuando cubren las nubes, parece color marrón oscuro y hasta negro.

Aquel día encontramos cantidad de enormes gusarapos y una rana (Lithobates warszewitschii) que vive entre las rocas.

Sinceramente, flipé con estar en ese mágico lugar, haciéndome docenas de preguntas, disfrutando el momento pero también ansiando poder pasar a la biblioteca a averiguar, qué lástima no encontrar nada de información fidedigna. Aún pasan por mi cabeza muchas preguntas sin respuesta.

 

Caminamos el sendero de regreso hasta llegar a la calle y pasamos a casa de nuestro amigo Choy donde terminamos bañándonos nuevamente en el río para luego ponernos ropa seca.

En una acogedora casa del área nos esperaba el clásico sancocho, hecho por las amables manos de mujeres de Barrigón. Es tan notable la calidez de las personas en los pueblos rodeados de verdes montañas y hermosos ríos; quizás sea por la Paz en la que viven, que tanto nos hace falta a quienes vivimos rodeados de cemento.

Muchas gracias a nuestro guía local Richard por todas sus atenciones.

 

Esta es una de las giras que repetimos varias veces al año y tiene su razón de ser, el sitio es maravilloso y resguarda maravillosas caídas de agua incluyendo la más alta de Panamá Oeste: La Gloria, la cual es custodiada por una familia maravillosa que busca salir adelante con el turismo sostenible.

La familia Ovalle la conocimos por allá por el año 2010, aquella vez supimos del chorro y caminando desde Ciri Grande, llegamos una tarde de un domingo lluvioso. La montaña estaba fresca y el sendero en aquel tiempo daba la bienvenida a una comunidad limpia, en la que si acaso eran visibles dos casas.

De una con techo de paja salió la Sra. María, un poco penosa y extrañada de ver foráneos por el lugar, mi sorpresa fue que aún bajo esta condición la misma me ofreció café, que para mi fue un placer pues llevaba 3 horas caminando; pasé a la parte trasera de su casa en donde estaba el magnífico chorro el cual solo pude ver, tomar fotos y salir de vuelta. Al pasar nuevamente por la casa, María me esperaba con guineos fríos cosechados allá en la sierra. De la parte de arriba del rancho se asomaron varios niños de rostros sonrientes pero también extrañados.

Al cabo de unos meses hicimos las gestiones y nuestra primera gira con grupo al sitio pero caminando desde Bajo Bonito, para eso fue necesario acampar para caminar las 2 horas hasta el chorro y nuevamente fuimos recibidos de una manera maravillosa por la familia Ovalle que sin pedir nada a cambio nos abrió sus puertas y el camino para pasar al chorro.

Con el paso de los años fue llegando más gente y más grupos de senderismo por el área y viendo ésto como un sitio potencial, la familia Ovalle decidió invertir poco a poco para cobrar una entrada, con sus escasos recursos mejoraron las condiciones de la finca, mantienen el sendero limpio y han creado barandales para subir el chorro y llegar a cascada La Tulivieja.

Actualmente ofrecen venta de frescos productos como naranjas, mandarinas, culantro, yuca, ñampi, otoe, entre varios más. Definitivamente, ellos creyeron en el turismo alternativo a pesar de muchas contras como es el acceso, la infraestructura; y nos sentimos muy felices por lo que están logrando. Aníbal Ovalle está construyendo un sitio de campismo y nosotros lo estamos esperando con ansias.

Familia Ovalle.

La señora María se encarga de la cocina y si usted le lleva los enseres ella hace el trabajo de preparar todo por un excelente precio.

No ha sido de la noche a la mañana que han buscado sacar provecho a su recurso y lo más importante, han invertido en el área para que los visitantes se sientan a gusto, lo mantienen limpio, y te acompañan a visitar los atractivos.

Enlodados ha decidido desde hace un tiempo crear responsabilidad social en el lugar y nos encargamos de la fiesta de Navidad, la cual se realiza en la casa de los Ovalle justamente por el nexo que nos une a ellos, donde nos sentimos como en casa.

Hemos creado un circuito que incluye varias cascadas más en el área pero la cerecita del pastel siempre es La Gloria, esa magnífica cascada que deja a todos con la boca abierta.

Agradecemos al excelente grupo del domingo pasado que logró la meta de visitar las cuatro cascadas, una de ellas que cae desde una roca que forma un túnel.

Acá dejo algunas fotos de lo que fue esta gira:

Grupo completo.

Subir a la Tulivieja es apta para cardiacos ya que debes escalar a un lado de La Gloria.

La Gloria

 

 

El día no pudo ser más perfecto, Madre Tierra estuvo con nosotros en todo momento pues la mañana estuvo despejada y hasta pudimos apreciar los cerros circundantes como Marta y Juan Julio, que forman parte del Parque Nacional General de División Omar Torrijos Herrera, creado en 1986 para proteger en aquel tiempo 6 mil hectáreas, que luego serían 25 mil.

Esta vez nos acompañaron varias personas nuevas realizando actividades de senderismo y nos sorprendieron al afrontar con éxito la hazaña de llegar al Tigrero y regresar. Una de las consignas de Enlodados es: todos llegaremos. Aquí no se trata de competencia ni de quien tiene más condiciones físicas que el otro, se trata de disfrutar al máximo cada paraje del camino y aprender del entorno y por supuesto: la recompensa.

En el camino descubrimos que el suelo del “túnel” estaba frío, característica de un suelo mineral aluvial (posiblemente alfisol) y al mirar hacia arriba notamos estar en un bosque primario adornado con fósiles vivientes como los legendarios helechos arbóreos, afinando el oído logramos escuchar aves saltarinas llamadas manakin (Chiroxiphia lanceolata).

La cascada nos recibió como de costumbre, una cachetada visual. Siempre una expectativa que es superada por la realidad y nos encanta, nos fascina ver el rostro de nuestros amigos cuando llegamos a un sitio como tal.

Sus aguas color turquesa nos daban la bienvenida, así como las mariposas morfo que  en combinación, revoloteaban en el paraje y las ranas (Rhaebo haematiticus) comunes en El Copé, saltando aquí y allá.

Una cascada de ensueño para nosotros solos; puede sonar egoísta pero es que… ¿qué tiene de gracia ir a un lugar lleno de gente? y de paso, lleno de basura.

Nos fuimos hasta debajo del chorro, a disfrutar de los masajes naturales y a bucear en la gran poza de aguas transparentes. Evalyn y Lucía se agarraron de la roca, que con espacios estratégicos permitía el agarre para disfrutar del chorro.

Pero la cerecita del pastel fue la cascada de arriba. Íbamos subiendo por un barranco pronunciado, Ana iba delante mío y la escuché gritar un “wow” y pa’ mis adentros dije “carajo”, eso debe estar hermoso. Segundos después me encontré frente a semejante belleza.

La cascada, escalonada; no muy alta y tampoco posee mucha profundidad pero lo impresionante es la perfección de la formación rocosa de basalto. Y en su suelo, andesita. Por lo tanto nos encontramos ante una formación volcánica de quien sabe hace cuantos años, acentuada por la erosión; Mauricio se acostó en uno de los asientos naturales, mientras Amilkar meditaba en otro asiento, y así estuvimos largo rato contemplando su belleza.

Al bajar topamos con el gran Macedonio, épico guía local de las áreas del parque, el mejor de todos. Venía bajando de Cerro Marta sin una gota de sudor, como siempre.

Nos despedimos de El Tigrero y ya nos esperaba Lucero, el caballo que sería la compañía del regreso.

Al salir de la loma, nos esperaba un delicioso sancocho de las amables manos de la Sra. Marisol, quien junto a Samuel siempre nos recibe con su sonrisa amplia, una familia más en la sierra coclesana.

Casi sentándonos y cayendo el temporal de lluvia que combinada con el olor a fogón y la montaña en frente, convierte todo en un encanto. Cantamos el cumple de nuestra querida Ana, tomamos el café de la tarde o “el tintico” como le diría Dora y nos despedimos de Marta, ese hermoso lugar repleto de naranjas, allá arriba metido en la montaña…

Una dicha para nosotros mostrarles los rincones de esta patria, que es mucho más que noviembre. Patria, son tantas cosas bellas por caminar, por descubrir, por proteger y cuidar.

Muchas gracias a Ana, Hamza y Manuel por las fotos.

Supe de La Gloria siendo una niña y cuando tuve los datos, me tiré a pie casi 3 horas hasta ella, eso fue en el 2007. Y fue hermoso; han pasado los años y resulta que alrededor de ésta maravillosa cascada, hay muchas más; pero no a simple vista. Luego de haber recorrido bastante, constatamos que La Gloria es la cascada registrada más alta de Panamá Oeste y forma parte de un afluente del río Cirí Grande, cuenca del Canal de Panamá.


Una familia humilde y trabajadora es la que custodia esta maravilla y salen adelante cultivando la tierra y ahora con el turismo ecológico, que para ellos, es sostenible.

Esta vez fuimos a conocer con nuestro guía local Miguel, La Escondida donde quedamos maravillados. Tenía ganas de jalar a todos a bañarse en ella; el agua color verde aqua y sobre la misma entra un pequeño rayo de luz que lo convierte todo en magia, y al bañarte, sales lleno de energía.

Nuestra amiga cubana le dió un poco de miedo y prefirió quedarse del otro lado de la cueva, pero al rato venía con Rey que la había ayudado a traspasarla, superando su miedo. Quedó sorprendida al ver lo que se iba a perder y maravillada de tremenda belleza.

Al traspasar la cascada aparece un túnel en el que habitan decenas de murciélagos. Esa cueva transmite vitalidad y fue difícil decir que debíamos seguir con el itinerario.

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Luego de dejar nuestro coaster, nos subimos a los 4×4 y fuimos rumbo a la sierra. Pasamos varios puentes colgantes de película. Los 4×4 se fueron con los más intrépidos a pasar el río.

Conocimos una cascada hermosa y virgen en medio de los recovecos de la montaña. Disfrutamos enormemente de esa bañera enorme y natural que nos pegaba con todo en las orejas; fue un trip completamente relajante.

Puente colgante/ Fotografía de Ana Chérigo

Fotografía de Ana Chérigo

Los salvajes Rey y Felix se fueron a escalar la cascada y tal como dijo nuestro guía local, quizás tenga unos 30 metros de alto o más. Cuando los chicos venían bajando, también lo hacía un pichón de garza tigre.

Nos contaron que fuimos el primer grupo en visitar la cascada, que muy pocos conocen y la comunidad mantiene su diamante en secreto, agradecemos enormemente a nuestro guía por llevarnos a sitio tan precioso.

Fotografía de Juan Rangel

Al salir de la cascada abordamos nuevamente los carros, pasamos algunos caminos repletos de lodo donde los “todo terreno” bailaron y resbalaron; por eso siempre molesto a nuestro conductor estrella de que me enseñe a conducir así. Esa destreza de poner a bailar el carro no la tiene cualquiera. Solo ellos saben cómo manejar ese terreno.

Finalmente llegamos a un sitio fenomenal, un río con un tobogán natural. Presentía que la situación se iba a descontrolar apenas que llegaramos al río. Nuestro guía local se deslizó, sin pensarlo tras de él también lo hicieron Felix y Fátima, un parque de diversiones para adultos. Al cabo de un rato casi todos se habían lanzado y venían río arriba pa’ tirarse otra vez.

Fotografía de Ezequiel de Gracia

Fotografía de Ezequiel de Gracia

El río tiene diferentes formaciones perfectas para deslizarse. Nuestro amigo David de 9 años, junto con Oswaldo ya exploraban otro surra surra y luego todos nos copiamos de ellos, !La Pura diversión!

Cuando hizo la hora nos dirigimos a comer un delicioso sancocho, saciamos nuestra hambre y finalmente nos dirigimos al bus. Nos hizo un día hermoso y estamos agradecidos con la Madre Naturaleza por ello.

Un abrazo cordial a todos los que participaron en ésta gira y para los que fue su primera vez, estamos seguros que será la primera de muchas. Gracias a todo el grupo de Enlodados por su fiel apoyo.

Había estado averiguando la manera de regresar hace rato. Tuve un excelente profesor de física de la etnia guna (una eminencia) en la escuela secundaria y fue con quien conocí este lugar; creo que nos llevó como modo de taller de cuerdas para que la gente se llevara mejor y funcionó.

Aunque escriba mucho acá, nunca he sido exactamente extrovertida, pero ese viaje me obligó a socializar más con mis compañeros, era una obligación tender la mano, apoyarte sobre el otro, ofrecer agua, cargar la mochila del cansado. Eso me marcó de por vida. El senderismo es terapia para el alma y el corazón y te obliga a conocer la parte más sensible de la gente.

Foto de Ana Chérigo

Fue mi primera caminata en la selva, tenía 16 años y me costó. Me costó mucho. A tal punto que en uno de los senderos me dió un golpe de calor. Todo esto me marcó a un nivel que al cabo de los años decidí dedicarme a interpretar la naturaleza de manera independiente, como guía de turismo ecológico.

Hablé con varias personas que nos podía llevar; era necesario que el guía fuese Guna. Conversé con uno que cobraba una suma exorbitante, me sentí impotente. También hablé con un chico que nos llevaba de gratis, pero no me dio buena espina, lo gratis nunca es bueno. Hasta que luego de algunas llamadas llegué al indicado: Igua Jiménez y fue lo mejor que nos pudo pasar.

Igua – nombre que solo es el prefijo- tiene 17 años guiando y conoce Guna Yala mejor que nadie. Coincidimos mucho, pues él no es el que prefiere cantidad a calidad. Entre selva y playa, prefiere selva. Repito, dimos con el indicado.

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Durante muchos siglos los seres humanos hemos usado nuestro poder e inteligencia para destruir o modificar la naturaleza, para robarle espacio a otras especies y constituirnos en el centro de la evolución. Pero hay un lugar en el que seguimos siendo seres indefensos y vulnerables, y donde nuestro instinto de sobrevivencia más primitivo (ese que traemos desde los primeros días del Homo Erectus) puede salvarnos. Un lugar de peligros y leyes inexorables: la selva. – Irving Bennett, Explorador panameño.

Habíamos planeado esto con tiempo, venimos realizando este viaje desde el año 2011, pero ésta vez lo hicimos cuadriculado; todo bajo completo control, justo como debe ser al planear meterse en la selva en un mes como julio.

La selva del P. N Portobelo conlleva muchos elementos que si no conoces, es mejor ni atreverse: el río es impetuoso y se divide en variados afluentes; no existe camino marcado; tratándose de la Sierra Llorona, la humedad es contundente y así como los árboles de ceiba (Ceiba pentandra) de hasta 60 metros de alto, desarrollan raíces tabulares, a veces la tierra cede tanto que se caen, esto pasa a diario. Así como es posible ver reptiles inofensivos, es posible ver reptiles muy venenosos. También es área de escorpiones y bichos que más adelante detallaré. Sin dejar de lado que es una de las áreas del país con más existencia de felinos comprobada.

La lista de implementos era larga, pero funcional y necesaria; recomendamos no exceder las 15 libras y dormir en hamacas, lo cual se le hace bastante difícil a quien no está acostumbrado.

El grupo que nos acompañaría sería de 16 personas, bastante grande para nuestro gusto. Partiendo de ahí, sabíamos que el recorrido sería más lento.

Como siempre, revisamos la hoja cartográfica antes de partir, la misma ya va en la mente pues el área para nosotros es como la palma de la mano, hemos podido conocerla muy bien. Tiempo atrás, Rey y yo habíamos hablado de crear una nueva ruta para que la ruta vieja se la comiera la selva, cosa que ya está sucediendo. Teníamos en mente cambiar la ruta en una parte donde aparece un acantilado.

A eso de las 10:30 pm arribamos en Guanche e inmediatamente nos bajamos del autobús, empezó a chispear. Nos despedimos de nuestro conductor estrella no sin antes advertir que de no salir antes del anochecer del domingo, estuviese alerta. Iniciamos la típica caminata por la trocha hasta donde acamparíamos.

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Partimos de la ciudad de Panamá a eso de las 2 de la tarde, la marcha fue directo a Penonomé donde nos abastecimos de lo último necesario; en el Copé nos esperaba el gran Macedonio, guía local del Parque Nacional General de División Omar Torrijos Herrera.

Luego de esperar los todo terreno en medio de una tertulia torrijista, abordamos los autos y nos fuimos rumbo a la montaña. Ya caía la noche y los locales me decían que iban cuatro días de lluvia pertinaz.

En el camino, con un fondo de Ulpiano Vergara, le comentaba tantas cosas al conductor “Fulo” en medio de mi emoción, que bajó el volumen y empezó a hablarme de su preocupación por la deforestación, en base a que la quema “de maldad” que hacen algunas personas al área de los pinos. Ya oscurecía casi por completo y en medio de la calle de piedras, saltaban conejos muletos (Sylvilagus brasiliensis) y aves motmot (Momotus momota) se escondían en sus refugios.

Llegamos a nuestro lugar de camping: una acogedora casa en medio del poblado de Santa Marta, que forma parte de El Copé, en el Harino, corregimiento del distrito de La Pintada en la provincia de Coclé.

Procedimos a armar el campamento y a encender las parrillas, que al final resultaron ser tres, de las cuales todos comimos. Al mirar al cielo, el firmamento estaba estrellado, agradecí ampliamente pues con esto, las probabilidades de lluvia al día siguiente eran pocas, y así lo fue.

Iniciamos la marcha a las 6:30am, teníamos una idea breve de lo que nos esperaba, 14km y medio de camino difícil, dividido entre Cerro Escobal y Cerro Marta.

Bajamos al río Tigrero, lo atravesamos e iniciamos el camino hacia Cerro Escobal con rumbo al mirador, ahí nos topamos todos pues algunos se adelantaron, mientras Macedonio venía con el resto del grupo. A mi me salió “El Francisco”; el más de un año sin caminar como Dios manda, ¡Vaya loma!

Bajamos Escobal y caminamos por un bosque de galería en los alrededores de un potrero que culmina en un valle desde el que se veían claramente los cerros Marta y Juan Julio. En el potrero había un árbol de guaba, la Naturaleza siempre provee. 

Me la pasé conversando todo el camino con Macedonio, me contó algunas de las versiones de lo que sucedió ese 31 de julio de 1981. Las siete personas a bordo, entre ellos el general Omar Torrijos Herrera, quien dirigió la dictadura militar del Panamá entre 1968 a 1981, fallecieron en el lugar.

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Hace un tiempo, estando por el área de Penonomé arriba, y acampando en un hermoso sitio, vimos el sol salir por encima de unas enormes rocas de un cerro imponente. A Rey le parecía una hannya, a mi me llamó la atención la pared de roca que parecía ser muy alta.

Tiempo después conocimos sus faldas, en lo que fue un viaje rápido y carnavalero por el sitio, que nos ahuyentó al sentirnos un poco raros, entre tanta multitud en estado etílico frente a chorro de aguas apacibles en medio de la montaña que años más tarde conoceríamos.


Algunos geólogos cuentan que el Turega es uno de los tantos domos o conos del volcán del Valle de Antón, estrato volcán gigantesco y aunque los factores erosivos lo han deformado, aún sigue siendo imponente.

Fue así como nos topamos con nuestra guía local, Vero, que creció en las faldas del Cerro Turega y conoce de primera mano todo a su alrededor. Curioso es que en la primera visita de Vero al cerro, fue mordida por una serpiente equis; ni ésto impide que ella mantenga su devoción.

La comunidad es muy celosa de su recurso natural. Para subir el cerro es necesario ir con guía local, además debes solicitar un permiso con el líder del pueblo.

Es importante destacar que el sitio está en vías de convertirse en una reserva hidrológica por lo que en un futuro no muy lejano estará regido bajo leyes que lo protegerán; y tiene lógica pues del cerro se desprenden caídas de agua estacionales que se pueden ver en época de lluvias desde la carretera, y chorros permanentes para disfrutar todo el año.

El área protegida sería en Turega y Cucuazal como Reserva Hídrica, pues existe una gran cantidad de bosques con fuentes de agua y manantiales que abastecen del vital líquido a la población rural de Pajonal, Churuquita Grande y otros corregimientos.

Salen 9 acueductos de cada cerro (Sofre, Sofre Abajo, Aguela, Turega, Churuquita Grande, etc)

El plan ya se lleva a cabo y esperamos pronto ver en gaceta oficial del 2017 pues el Ministerio de Ambiente, junto con biólogos y representantes de la comunidad, unen esfuerzos para que sea una realidad y se pueda establecer una ley que proteja la biodiversidad que se ve amenazada con potreros y ganadería.

Alguna vez leí que el cacique Turega el padre de “Las Mozas” de donde proviene el nombre del famoso chorro del Valle de Antón, y que su hijo era “Chigoré” quien estuvo enamorado de “Zaratí”, hija de “Penonomé”.

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