ENLODADOS :: Turismo y Aventura Ecológica

Turismo y Aventura Ecológica

Hace algún tiempo estuve por el camino del Oleoducto o Pipeline Road como es conocido mayormente, pero nunca lo había caminado ni siquiera hasta el límite.

Fue hace una semana que con dos buenos amigos: Lurys y Carlos fui a caminar este sendero ubicado en Gamboa, luego de pasar el puente principal de la localidad a 18 kilómetros o media hora del centro de la ciudad de Panamá, en las riberas del Canal de Panamá, dentro del Parque Nacional Soberanía.

Estuvimos temprano para poder apreciar más animales. Al llegar nos equivocamos de camino, pero nuestra sorpresa fue mayor al encontrarnos con un antiguo bunker que data de la II Guerra Mundial escondido entre la selva, digo escondido pues yo a primera vista no lo capté, pero Carlos sí.

Bunker

Una vez en el camino correcto, iniciamos lo que sería 2km hasta llegar a la entrada del Panamá Rainforest Discovery Center donde hay una torre para avistar aves y animales.

Un poco después de haber pasado por allí llegamos a la entrada del camino en donde de inmediato apareció un guarda parques de Anam para cobrarnos la entrada; le preguntamos si era posible pasar del límite que ellos imponen y nos dijeron que no habría problemas. El pago fue de un dólar por ser estudiantes, pero la entrada para nacionales vale 2 dólares y 3 dólares para extranjeros.

En el mapa que estaba a la entrada decía que debíamos pasar por varios puentes sobre ríos y que eran 17 kilómetros hasta el río Agua Salud donde terminaba el camino del Oleoducto y que el tiempo aproximado de caminata ida y vuelta eran 8 horas con 4 pendientes pronunciadas o de dificultad.

Nos fijamos que a pesar de que el Camino del Oleoducto terminaba en Río Agua Salud, el sendero seguía hasta llegar al lago Gatún. Pero para llegar al lago Gatún es necesario caminar muchísimo, casi 26 kilómetros de ida y lógicamente la misma cantidad de regreso.

En el mismo letrero están especificadas las isoyetas en el mapa, con su respectiva leyenda de área de ferrocarril, zona de uso por los visitantes u observación de aves y zona de conservación de la biodiversidad de investigación científica y personal autorizado.

El primer puente estaba sobre la Quebrada Juan Grande e indicaba los 2 kilómetros que acabábamos de pasar. Aún se conservan los mismos letreros de INRENARE, lo que era hace algunos años el Instituto de Recursos Naturales Renovables y que ahora es representado por ANAM (Autoridad Nacional del Ambiente).

No llevábamos más de 15 minutos caminando cuando de pronto aparecieron sobre el dosel unos lindos tucanes de Swainson (Ramphastos swainsonni), que con su particular canto advertían que eran los dueños del área. Algo gracioso y trágico a la vez es que la mayoría de las personas creen que los tucanes son solo bonitos y llamativos pero la verdad es que son depredadores pues se comen los huevos de otras aves, así como los pichones, pero bueno, así es la naturaleza y realmente los tucanes son unas aves hermosas.

Tucan de Swainson

Al seguir caminando vimos unas bonitas bancas de madera a un lado del camino y de pronto apareció otro puente, esta vez sobre el Río Frijolito e indicaba 4.1 kilómetros de recorrido.

Nos encontramos con unas jóvenes que iban en bicicleta pero se bajaron en una pendiente para caminar con la bicicleta en andas. De pronto escuchamos el bullicio de un Hormiguerito alipunteado (Microrhopias quixensis); avanzamos y el canto de otra ave llamó nuestra atención, nos asomamos a un lado del camino para lograr identificarlos mirando hacia la parte alta de los árboles, pero Lurys los vio en la parte baja del bosque, casi por el suelo jugando y muy tranquilos dejándose tomar fotos, eran varias parejas de Batará lineado (Cymbilaimus lineatus).

En un rato el camino se tornó un poco cerrado y las orillas parecían podadas y en la parte de arriba florecían centenares de la llamativa “flor de labios ardientes” (Psicotria). Del otro lado del camino llamó mi atención una flor grande y amarilla parecida a un Costus; más heliconias, y unas flores que parecían piñuelas.

Otro puente y éste sobre el Río Frijoles, nos indicaba que estábamos a 4.6 kilómetros. El río estaba chocolate, quizás por las recientes lluvias, y se dividía en dos corrientes. Esta vez vimos la inmensa tubería del Oleoducto. Se dice que este camino fue construido durante la II Guerra Mundial por soldados de Estados Unidos y el propósito fue dar mantenimiento a un oleoducto por el cual planeaban transportar petróleo, en caso de un bombardeo al Canal de Panamá. La infraestructura no se usó, pero el ejército estadounidense continuó el mantenimiento a la carretera hasta unos años antes de retirar sus tropas.

Avanzamos y en rápidos minutos estuvimos sobre el puente del Río La Seda a 4.9 kilómetros. Nos encontramos un arbusto con frutas color rojo parecido a manzanas pequeñas, y especulamos de si serían o no frutas venenosas.

Batará lineado

No fue mucho lo que adelantamos cuando de pronto vimos un hermoso Trogón gorginegro (Trogon rufus) estaba posado sobre una rama justo en frente de nosotros y no dudamos en tomarle varias fotografías, aquel trogón juró que pasaba desapercibido, pudimos movernos y seguir nuestro camino y el trogón siguió en su lugar. Me adelanté un poco y vi una pequeña ave sin poder identificarla a simple vista, cuando levanté el lente de la cámara para tomarle una foto y revisar, me di cuenta de que era un Saltarín coroniceleste o Manakin (Pipra coronata), asustado supongo que por el sonido del flash, se fue y no lo vi más. Me emocioné pues es una de mis aves favoritas.

Una hoja saltó revelando lo que en realidad era, un sapito del bosque (Rhinella alata) tan común en el suelo del bosque, poseen un patrón de color muy variable, que usualmente se confunde con la hojarasca. En nuestro trayecto vimos muchísimas y hasta agarramos algunas para verlas de cerca.

Entre heliconias llegamos al Río Limbo en donde había un letrero de ANAM que advertía de no pasar más de ahí pues era el punto límite de visitas; como le habíamos dicho anteriormente al guarda parques decidimos seguir el camino y llegar hasta donde pudiéramos. Aquel letrero indicaba que luego de ese punto se desarrollaban proyectos como el de la Reintroducción del Águila Arpía, ave nacional de Panamá (Harpia harpyja); hubiese sido demasiada suerte para nosotros ver alguna.

A pesar de que habíamos escuchado monos aullando durante buena parte del camino, no los habíamos visto, pero fue justo luego de pasar el Río Limbo cuando entre los árboles pude ver un mono aullador que advertía su presencia y se escondía entre las ramas. Luego nos dimos cuenta de que era toda una familia de monos aulladores (Alovatta palliata) que se alimentaban y descansaban.

Mono Aullador

Avanzamos y con todos los sentidos agudizados llamé a Carlos para que viera el enorme grillo que estaba posado sobre una rama y Carlos me discutía que era una Mantis Religiosa. Luego de la pequeña discusión nos dimos cuenta de que sobre una hoja estaba el grillo pero sobre otra estaba una mantis religiosa quieta y parecía que nos miraba.

Lurys quedó petrificada y al preguntarle qué le pasaba, vimos que una oruga de muchos pelos caminaba sobre su brazo, pasó sobre su hombro y luego sobre su cuello. Lurys estaba inmóvil mientras nosotros tratábamos de sacarle la mejor foto a la oruga; tomamos la oruga y la colocamos sobre una hoja de un arbusto del camino.

De pronto vimos un trillo y Carlos nos retó a entrar. Sin más ni menos entramos y empezamos a ver carriolas regadas por el suelo, luego vislumbramos algo parecido a llaves de agua; caminamos un rato más y encontramos la estructura de una casa con varios cuartos y hasta un mueble de cocina que al parecer había sido objeto de puntería pues le traspasaron varias balas. Un barril y varillas, así como alambres estaban en las esquinas. El lugar había sido tragado casi en su totalidad por el bosque.

Seguimos el sendero que llegaba hasta una quebrada y sobre una rama a un lado estaba posado un anolis que trataba de mimetizarse. Lurys y yo nos quedamos allí lavándonos las manos mientras Carlos siguió el trillo y me llamó para mostrarme una Garza Tigre (Tigrisoma lineatum) que caminaba paciente sin detectar nuestra precensia, pero una vez que nos vio, alzó vuelo.

Garza Tigre

Regresamos al camino original y nos topamos con unos científicos que hacían estudios en el área. Avanzamos, me adelanté un poco y al ver en frente una inmensa telaraña busqué a la araña, cuando en ese preciso instante calló una abeja en la red y una araña gigante y peluda le saltó casi al instante y se la llevó a una hoja-escondite donde de seguro se la engulló.

Entretenidos nos quedamos viendo todo lo que se movía cuando de pronto Lurys dijo en voz baja “ miraaaaa” y al fijarnos era un hermosísimo Oso Hormiguero (Tamandua mexicana) que pasaba calmado cruzando el camino e internándose en el bosque, pero logramos alcanzarlo y tomarle algunas fotos, aunque él no parecía muy contento pues nos mostró sus garritas. Fue muy emocionante, jamás habíamos visto uno en su estado natural.

Oso Hormiguero

Unas mariposas posaban demasiado tranquilas sobre una rama en perfecta simetría, discutimos en si eran mariposas de verdad o si alguien había bromeado al ponerlas allí. Sin más ni menos agarramos las mariposas y nos dimos cuenta de que eran de masilla e hilos y estaban enganchadas en los árboles. Luego más adelante nos encontraríamos con las dos biólogas que anteriormente habíamos visto pasar y nos explicarían parte de su proyecto de depredación en el cual colocaban mariposas falsas en las ramas para ver que tan rápido desaparecían.

Íbamos ya por Loma Badiola, una pendiente bastante pronunciada. Recordé que hace algún tiempo escuché que “por los predios de Loma Badiola, un águila Arpía había atacado a un ciclista y le había herido los hombros al intentar levantarlo.” Entonces era cierto lo de la reintroducción del águila Arpía.

Ya estábamos en el puente sobre el Río Mendoza a 8.8 kilómetros, al parecer habíamos caminado bastante. Cada puente estaba más deteriorado que el anterior. Luego de caminar un rato más y pasar varias pendientes pronunciadas, llegamos al puente sobre el Río Sirystes a 9.5 kilómetros.

Otro tucán daba saltitos sobre un árbol Nazareno, el hambre nos atacaba y nos detuvimos a merendar y tomar agua pues pensábamos caminar un poco más. Avanzábamos, caminábamos, subíamos lomas que parecían no terminar, siempre nos acompañó una mariposa Morpho o quizás varias, pues vimos muchísimas.

Luego de buen rato subiendo una loma decidimos detenernos. Descansamos un poco para luego emprender camino de regreso, no podíamos quedarnos tanto, corríamos el riesgo de regresar de noche. Habíamos caminado casi 12 kilómetros pues nos faltó poco para llegar a Río Macho y luego Río Agua Salud que completarían los 17 kilómetros.

Carlos siguió un rato el camino, pero al poco tiempo regresó diciendo que el camino continuaba igual y no había puentes a la vista.

Nos comimos casi todo lo que nos quedaba y emprendimos de regreso como quien dice en buen panameño “a balazo”. Mi rodilla derecha estaba sufriendo desperfectos y por momentos me costó un poco los descensos.

En el puente sobre el Río Frijoles nos encontramos con un ave Momoto Rufo (Baryphthengus martii). Antes de las 4:30 de la tarde ya estábamos fuera del Camino del Oleoducto.

Uno de los mejores sitios de Panamá y el mundo para la observación de aves es éste camino, aunque también llama la atención por su historia que data de épocas de la II Guerra Mundial. Cada año se realiza aquí un conteo de Navidad por la sociedad Audubon. En el año 1996 en un solo día se censaron 525 especies de aves que es un verdadero fenómeno mundial.

En el Parque Nacional Soberanía viven 105 especies de mamíferos como venado (Odoicoleus virginianus), ñeque (Dasyprocta punctata), diferentes clases de mono, mapache (Procyon lotor), gato solo, manadas de saínos (Tayassu tajacu), jaguar (Pantera onca), 79 especies de reptiles, 55 especies de anfibios y 36 especies de peces de agua dulce como el sábalo pipón (Brycon petrosum) o el barbudo (Rhandia magnesi), y más de 1300 especies de plantas. En algunas épocas del año es fácil escuchar el jaguar, cerca de la estructura del Discovery Center.

Este sendero es apto para personas de todas las edades hasta el Río Limbo, luego de allí es necesario tener buenas condiciones físicas para continuar. Es muy importante llevar suficiente agua y comida, así como repelente para mosquitos y en todo caso es buena idea llevar un capote pues ésta es un área de bosque lluvioso. Indispensable ir en zapatillas y en época lluviosa, botas de caucho. El camino esta abierto para el público todos los días desde 6:00 a.m. hasta 4:00pm.

ANAM limita el acceso de automóviles por seguridad, ya que los puentes están deteriorados. Sólo se permite la entrada de las camionetas del Instituto Smithsonian y del Fondo Peregrino. Los otros visitantes andan a pie. La mayor parte de la vía está dentro del PNS y las autoridades la utilizan para patrullar esta área protegida.

Cerca y hermoso. Buscar los animales a veces es más divertido que verlos encerrados. La naturaleza nos da tantas sorpresas. Solemos recorrer distancias enormes con tal de ver ciertos animales y no nos damos por enterado de que muy cerca tenemos un paraíso forestal dotado de tantas especies.

El Parque Nacional Soberanía es el parque más cercano a la ciudad de Panamá y es muy fácil toparse con gran cantidad de animales solo poniendo los sentidos a trabajar.

Más fotos aquí

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La sola idea de escribir acerca del Darién me emociona. Ante todo pido disculpas pues he demorado en escribir este post que sé, mucha gente ha estado esperando por la misma idea de ahora poder saber cómo llegar a un paraíso como el parque nacional Darién.

Este parque se ubica a 325 kilómetros de la ciudad de Panamá, es el parque nacional más grande de la República de Panamá con 5970 km² y es uno de los lugares del Patrimonio de la Humanidad más importantes de Centroamérica, declarado así en 1981 y como Reserva de la Biosfera en 1983, segundo pulmón natural más importante de América luego de la selva del Amazonas.

Importante es destacar que Darién es la provincia más grande de la República de Panamá, tiene una extensión de 11,896 km², un área del tamaño de la isla de Jamaica. Frontera con el país vecino de Colombia por el este, lo cual debería llevarlo a ser una de las provincias más importantes.

No es para nadie un secreto que el Darién es la provincia más olvidada del territorio panameño, a pesar de poseer tan rica cultura e importancia biológica. Por su condición fronteriza soporta los rigores de los desplazados suramericanos; la depredación de sus maderas preciosas; la persecución de sus animales silvestres; así como la presencia de enfermedades endémicas, epidémicas y desnutrición que dominan a sus moradores en algunas regiones. Las producciones agrícolas darienitas son despreciadas por las difíciles condiciones del transporte, mayoritariamente fluvial y marítimo, con lo cual los ingresos para vivir resultan reducidos, mientras el empleo permanece ausente. Claro que no podemos desconocer el hecho cierto que programas panameños de vigilancia en Darién impiden el avance de la fiebre aftosa suramericana, y constituyen un muro para el traslado de reses vacunas hacia el norte.

El nombre Darién se origina en la lengua hablada por los indígenas Cueva, una tribu indígena que fue exterminada por los Conquistadores a lo largo del siglo XVI.

Tres grupos indígenas precolombinos habitan en el parque nacional Darién: los Kunas, que mantienen poblaciones tradicionales en los poblados de Paya y Púcuro, al pie de la montaña sagrada Cerro Tacarcuna; los Emberá, habitantes tradicionales ribereños del Chocó, y los Wounaan, muy cercanos lingüísticamente y culturalmente a los Emberá.

El Tuira, El Chucunaque, los ríos más potentes de Panamá, se encuentran en esta provincia, y está enmarcada por las áreas inclinadas de las serranías de San Blas, Bagre, Pirre y del Sapo.

La emoción me invadía, hace meses que venía con la idea de visitar esta provincia. En un principio la idea era ir hasta Paya, último pueblo antes de entrar en territorio colombiano, muy lejano y peligroso a causa de la guerrilla.

Luego de mucho pensar y ver los pro y contra junto a Samuel que es nativo del Darién, decidimos visitar el parque nacional, lugar al que antes ninguno de los dos había ido.

Busqué mucha información y me puse en contacto con personas que hubiesen visitado el parque: muy pocos. Supuse que el miedo detiene el entusiasmo de gente que desea visitar pero no se sienten seguros a causa de la guerrilla o la grandeza del área los inmiscuye. Busqué en el mapa y no puedo negar que este parque se encuentra a pocos kilómetros de la frontera con Colombia.

La verdad es que no tenía idea de que hubiese que seguir tanto procedimiento para visitar un parque nacional, pero por ser un área diferente, por el hecho de ser fronterizo, fue necesario sacar un permiso en SENAFRONT en la ciudad de Panamá, para registrar a los que formarían parte de la visita. Por suerte esto no pasó a más de dos visitas formales a Corozal, en donde se encuentra SENAFRONT. Allá fue necesario llevar una nota explicando el porqué de nuestra visita al parque solicitando poder pasar por el área de El Real y Rancho Frío.

Pasamos así mismo por las oficinas de ANAM en busca de información y a avisar que nos dirigíamos al parque, resultó gracioso que nuestro guía Isaac Pizarro, con el que habíamos coordinado por nuestra cuenta, resultó ser uno de los guías de más confianza de este parque nacional.

Una vez estuvo todo listo, nos organizamos y partimos 11 personas, junto con el guía desde la Terminal de Albrook a las tres de la madrugada hacia el Darién.

Los precios de transporte son módicos: de la ciudad de Panamá a Metetí son $9; y hasta Yaviza son $14. En nuestro caso y para todo el que se dirija hacia el parque nacional Darién, es necesario registrarse en ANAM de Metetí, allí efectuamos el pago por alojamiento y entrada al parque; en nuestro caso pagamos 1$ cada uno de entrada del parque (estudiantes) y 5$ c/u por noche por alojamiento en el refugio de Rancho Frío, primer refugio de ANAM dentro del parque nacional Darién. Claro, es muy importante si van en grupo de estudiantes llevar su respectivo carné que lo respalde.

SENAFRONT Metetí

Lo primero fue ir a SENAFRONT, fuimos a registrar el grupo. Los oficiales ya tenían nuestros nombres y número de cédula, solo esperando que nosotros llegáramos para confirmar. De allí llamaron a la estación Yaviza para corroborar que habíamos llegado y dar permiso de seguir, todo un protocolo.

Y claro, en el caso de no ser estudiantes y pagar como “nacionales”, el precio por entrar al parque es de $3 y por noche en el refugio es de $10.00. En el caso de acampar se pagan $2 por estudiante y $5 por nacional. Extranjeros pagan $5 la entrada al parque y $15 por alojamiento por noche, $10 por acampar.

Todo iba de maravilla, a pesar de que tuvimos algunos problemas con el transporte, ya que tuvimos que hacer trasbordo en Aguafría, de allí en adelante todo fue espléndido. Esperamos contentos que abriera ANAM a las 9am en Metetí y nos registramos. Mientras estuvimos allí llegó una familia de monos aulladores (Alouatta palliata), unos loros frentirrojos  y hasta vimos un nido de colibrí. Luego tomamos un autobús, (que consiguió nuestro guía Pizarro) hacia Yaviza y el precio fue 5$ cada uno.

Una vez en Yaviza nos dirigimos a SENAFRONT nuevamente a registrarnos, compramos algunos enseres que hacían falta y buscamos una piragua que nos llevara hasta el Real de Santa María. Inmediatamente conseguimos una piragua, sobre todo porque éramos bastantes y lográbamos llenar una sola, pero generalmente en el puerto de Yaviza es difícil conseguir piragua hacia El Real después del mediodía.

Muelle de Yaviza

En Yaviza termina la carretera Panamericana, es allí en donde inicia el famoso Tapón del Darién, que abarca las comarcas indígenas de Kuna Yala, Madugandí, Wargandí, Emberá Wounaan, los distritos de Chimán y este de Chepo, todos en Panamá, y el norte de los departamentos del Chocó y Antioquia, al oeste del Golfo de Urabá en Colombia.

En esta piragua pagamos 5 dólares cada uno. Demoramos 1 hora y media en medio de las aguas de los ríos Chucunaque y Tuira, hasta llegar a El Real de Santa María. Estos ríos poseen su importancia porque constituye un medio de comunicación importante en la provincia del Darién y de la Comarca Emberá-Wounaan, ya que los diversos afluentes conectan las principales localidades ribereñas.

Para algunos era la primera vez que se subían a una piragua, por lo tanto era una nueva experiencia. El paisaje dominante, nuevo para nosotros, era exuberante. El Río Chucunaque, imponente y chocolate, nos pasaba en dirección contraria, íbamos río arriba por esa carretera de agua. Vimos pasar familias enteras remando en sus piraguas principalmente Emberá-Wounaan; también a varios policías regresando quien sabe de qué misión.

La mayoría de mis compañeros se durmieron en plena piragua, creo que algunos roncaban a causa del cansancio del viaje, al menos llevábamos más de 24 horas despiertos. Personalmente la sola idea de saber que estaba en este lado del país no me dejaba dormir para nada, hubiese sido para mi un pecado estar allí y no ver lo que a mi lado pasaba.

El Río Chucunaque mide 231 km, es muy ancho y es el principal afluente del río Tuira, segundo mayor del país. Los ríos Tuira, Chucunaque y Balsas forman una cuenca hidrográfica de 10.664,42 km2, que es la mayor de Panamá. El Chucunaque nace cerca del Cerro Grande, en la Serranía del Darién, entre la frontera de las comarcas indígenas de Kuna Yala y Wargandí. Fluye hacia el sureste hasta la localidad de Uala, cabecera de la comarca Wargandí; permanece en dirección sureste recibiendo diversos afluentes (Artigartí, Mortí, Chiatí, Membrillo, Metetí, Ucurgantí, Marragantí, Turquesa y Chico). Al llegar a la localidad de Yaviza, el río cambia al suroeste y llega hasta la localidad de El Real de Santa María, en donde se une con el río Tuira.

En la piragua rumbo a el Real

De pronto a lo lejos, empezamos a ver un cerro, Pizarro me tocó el hombro y me dijo que era el imponente cerro Pirre, uno de los más altos de la región y muy interesante por la gran cantidad de especies endémicas que en él habitan. Los árboles cuipos, descomunales, se divisaban en todo el recorrido. Vimos un caimán que tomaba sol a orilla del río; el cielo nos favoreció, aquel día las nubes estaban en tercera dimensión, el panorama era sacado de alguna película jurasica.

Cabe destacar que el Darién posee montañas de altura considerable destacando el cerro Tacarcuna (1,875 m.s.n.m.), Piña (1,581 m.s.n.m.), Pirre (1,569 m.s.n.m.), Nique (1,550 m.s.n.m.), Chucantí (1,430 m.s.n.m.), Pavarandó (m.s.n.m.), Armila (m.s.n.m.), Tanela (1,415 m.s.n.m.), Sapo (m.s.n.m.) y Altos del Quía (1,361 m.s.n.m.)

De un momento a otro pasamos una curva y entramos en terreno del río Tuira. Más adelante el río se redujo, estábamos en uno de los afluentes: río Pirre, de pronto apareció el poblado de el Real de Santa María, corregimiento ubicado dentro del distrito de Pinogana.

Una vez en el Real, teníamos entendido que nos obligaríamos a caminar aproximadamente 5 horas hasta llegar a Rancho Frío, pero gracias al ingenio de nuestro guía, contactó un camión que nos llevaría hasta Pirre 1.

Nuevamente nos registramos en SENAFRONT de El Real, ésta por última vez. Aprovechamos para tomar un almuerzo que nos cayó de maravilla pues fue nuestra primera comida verdadera del día. Dejamos algunas donaciones traídas desde la ciudad y abordamos el camión; pasamos sobre un río, luego por varios poblados y el aeropuerto de El Real. La calle de dividió en dos y tomamos a la derecha, nos dijo Pizarro que por la otra calle se llega a Colombia de manera muy fácil.

EL REAL de Sta MaríaLuego de eso llegamos a Pirre 1 en donde nos encontramos con el papá de Pizarro, el señor Alberto Pizarro (guarda parques de ANAM) que nos esperaba con un fourweel, y se llevó nuestras maletas. De inmediato emprendimos la caminata hacia Rancho Frío. Definitivamente nuestro guía fue una maravilla, de lo contrario, hubiésemos tenido que caminar desde el Real hasta el refugio de Rancho Frío, con un sueño atrasado encima, durante 5 horas con mochilas pesadas en nuestras espaldas.

El cerro Pirre se veía cada vez más cerca, gigantesco y ¡azul! de tanta vegetación tupida, solo un espacio sin vegetación en él, y se trataba de un derrumbe de tierra.

Iniciamos la caminata y a cada canto de ave, Pizarro nos decía cual ave era, demasiado emocionante; nos detuvimos en una casa, la última que veríamos. Nuestro guía saludó y aprovechamos para tomar unas deliciosas pipas y comprar algunos plátanos que nos vendió la señora de la casa.

Camino a Rancho Frío

En el camino hacia Rancho Frío distinguimos árboles gigantescos, pero hubo uno que casi me saca lágrimas, un Ceiba pentandra, sus raíces tabulares eran increíbles, y su dosel se perdía en el infinito, definitivamente un centenario que ha sobrevivido al tiempo y ha sido respetado.

Pasamos por muchas quebradas, vimos monos aulladores, y de pronto la lluvia empezó a caer y nos animó aún más, la lluvia siempre es bienvenida pues refresca el alma y qué mejor lugar que la selva para quitarnos el fogaje. El camino era enredado y se perdía en diferentes senderos.

Aceleramos paso bajo la lluvia torrencial y llegamos al refugio de ANAM exactamente en 2 horas. Ordenamos las maletas dentro del refugio y nos fuimos hacia “La Cascada”… si, aún no tiene nombre esa cascada. En media hora luego de pasar por un sendero, estábamos caminando sobre el río y llegamos. Era hermosa, de aguas claras y con un chorro diagonal que caía con fuerza en la poza.

"La Cascada" foto del website de ANAM

Pizarro y Samuel fueron los primeros en aventarse desde el surra surra que era el chorro, luego Ana, Carmen, Raiza y Lurys, los demás nos quedamos solo admirando. Pensé en tirarme por el surra surra al día siguiente, cuando volviéramos más temprano a “la cascada” con las cámaras, tenía algo de miedo pues últimamente me han estado dando calambres en agua y no me quise arriesgar, pero al día siguiente me arrepentí de no haberlo hecho.

El refugio era exactamente como lo imaginé: de madera, amplio por dentro, 2 espacios separados disponibles, 1 baño, 1 retrete, una llave de agua, la cocina con estufa. A nuestra disposición teníamos colchones, podíamos usar los camarotes o poner los colchones en el piso, lo último fue nuestra opción, revisamos que no hubiera algún animalillo en el suelo y nos acomodamos. En la cocina ANAM pone a dispocisión ollas, platos, vasos y hasta cubiertos, en caso de no llevarlos. A un lado del refugio, corre un río calmado.

Obviamente es necesario llevar comida, mejor si es enlatada pues luego de pasar El Real de Santa María no hay lugares en donde adquirir enseres. Es muy importante llevar agua, ya que aunque en la estación de Rancho Frío haya, ésta no es potable y puede afectar su salud.

Refugio Rancho Frío

A la mañana siguiente y luego de haber dormido largo y tendido, nos levantamos algo tarde para subir hacia el mirador. Al estar desayunando pudimos escuchar guacamayas que pasaban despavoridas graznando y avisando su llegada; salí corriendo a ver si podía fotografiar alguna pero ya iban lejos, me dijo Pizarro que son guacamayas rojas que generalmente andan por el refugio.

Para mi fue muy emocionante el momento pues las guacamayas son aves casi extintas y la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN) le otorgó al Panamá el segundo lugar de la región mesoamericana en su “lista roja” de especies de guacamayas amenazadas.

Además, esta especie ha sido declarada en riesgo por la Convención Internacional de Especies Salvajes de Flora y Fauna en Peligro de Extinción (CITES por sus siglas en inglés), que prohíbe su comercialización como una forma de protegerla de la destrucción de su hábitat, por lo que se han eliminado sus lugares de anidación. Aquí en Panamá estas especies se encuentran, muy pocas, en el área de Cerro Hoya, en la provincia de Los Santos, en Veraguas y Darién.

Guacamayas

La misión del segundo día sería subir al mirador llamado Rancho Plástico. Iniciamos la caminata y al poco tiempo vimos una curiosa rana: Rhinella alata, endémica de Panamá, Colombia y Venezuela. Luego de algunas lomas entramos en la selva húmeda tropical, un sendero poco marcado rodeado de selva tupida. Nos topamos con una bandada de monos araña (Ateles fusciceps) que enfurecidos nos arrojaban palos desde lo alto del bosque.

Vimos distintos árboles de los que destacaban el árbol de Jagua (Genipa americana), cuipos (Cavanillesia platanifolia), Guayacan (Tabebuia guayacan), Ceiba (Ceiba pentandra), Cedro Amargo (Cedrela odorata L.), Espinoso (Parkinsonia aculeata), Almendro (Terminalia catappa), Guarumo (cecropia obtusifolia), Algarrobo (Ceratonia siliqua), olimos el Bálsamo (Myroxylum balsamun) de madera muy apreciada actualmente; notamos muchos Higuerón (Ficus citrifolia), Espavé (Anacardium excelsum), Nazareno (Peltogyne purpurea), también vimos Cícadas éstas últimas “sumamente” amenazadas y en peligro de extinción, porque su crecimiento es muy lento, tanto así que hay coleccionistas que las compran a un precio muy alto en el mercado negro.

Algunos árboles en R.F.

La lluvia empezó nuevamente y nos refrescó. Al llegar al primer mirador de Rancho Plástico fue poco lo que pudimos ver, pues las nubes tapaban el contorno de los árboles que a lo lejos se veían, supimos que lo que allá estaba era El Real y que con buen tiempo es posible ver algunas casas, el río Tuira, así como el hormigón, y claro, el dosel del bosque desde lo alto.

Decidimos seguir hacia el siguiente mirador. Para llegar debíamos avanzar media hora más, aparte de las dos horas que ya llevábamos caminando. En el sendero nos encontramos con varias ranas Dendrobates auratus; caracoles de tierra por la hojarasca y pegados a los árboles. En un momento un alacrán por poco pica a Raiza, además vimos muchas hormigas sompopo y algunos ciempiés.

Rana Dendrobates auratus

Pizarro se desvió del sendero para mostrarnos un ave Saltarín Cabecidorado o Manakin (Pipra erythrocephala) que habitaba en esa área, solo fue necesario prestar un poco de atención y allí estaba el pequeñín descansando en una rama. Más adelante vimos un Tucán picoiris (Ramphastos sulfuratus) y un Jacamar (Galbula ruficauda).

Es importante decir que en ésta área se pueden encontrar gran cantidad de aves, en especial algunas con endemismo en el área de Cerro Pirre y dentro del parque: Subepalo bello (Margarornis bellulus) y la Tángara nuquiverde (Tangara fucosa), el águila arpía, el halcón peregrino, la guacamaya azul (Ara ararauna), la guacamaya verde (Ara ambigua) y el loro moña amarilla (Amazona ochrocephala), Autillo Serranero, Colibrí Copetivioleta, Colibrí Pirreño, Solitario Variado, Reinita de Pirre, Clorofonia Cuellidorada, Tangara Azulidorada, Tangara de Monte de Pirre, Pinzón Carilucio, entre muchos otros. Se han llegado a censar 450 especies de aves dentro de este parque nacional.

Saltarín o Manakin (Pipra erythrocephala)

Aunque no vimos muchos mamíferos, es importante recalcar que coexisten 7 mamíferos endémicos del parque, como el arador darienita (Orthogeomys dariensis) y la zorra de cuatro ojos (Marmosops invictus). Más de 56 especies amenazadas o en peligro de extinción en el resto del continente poseen poblaciones viables en el Darién. Entre ellas el águila harpía (Harpia harpyja), que reúne su más importante población a escala mundial, el tapir (Tapirus bairdii), o las cinco especies de felinos: el jaguar (Panthera onca), el puma (Puma concolor), el manigordo (Leopardus pardalis), el tigrillo (Leopardus wiedii) y el tigrillo congo (Leopardus yagouaroundi).

Algunos insectos en R.F. Darién

Entre insectos por doquier y mucha lluvia, seguimos el camino hasta llegar al segundo mirador de Rancho Plástico desde el cual vimos cerro Pirre en todo su esplendor, ese cerro de 1,569 m.s.n.m., uno de los dominantes del área en biodiversidad, lleno de neblina a causa de la lluvia que acababa de caer.

II Mirador de Rancho Plástico

El frío nos entumeció, no sabíamos de donde provocar calor, la vista era increíble, sublime. Me sentía anonadada de estar en frente del famoso cerro Pirre, de origen volcánico, grande entre los grandes del Darién. En un principio con la idea de ir al parque nacional Darién, Samuel y yo teníamos pensado subir este cerro, pero nunca imaginamos que para llegar al filo del mismo, son necesarios 3 días caminando en selva, lo cual sería una verdadera aventura, que de seguro luego con más tiempo haremos.

I mirador desde donde se ve El Real

No era nuestro deseo que la lluvia parara y así lo fue, nos acompañó en todo momento, estábamos en el área más lluviosa del país, una de las regiones más lluviosas del planeta ya que se encuentra dentro del Chocó Biogeográfico (área más lluviosa del planeta), con precipitaciones que pueden superar los 8,000mm anuales y en donde prácticamente, no hay estación seca. La temperatura varía según la altitud entre 17° y 35 °C.

Al bajar y pasar nuevamente por el primer mirador la neblina había desaparecido y aunque estaba nublado, el paisaje era místico y nuboso, fue posible ver gran parte del paisaje de El Real de Santa María desde esa altura.

Avanzamos en dirección al refugio y nos topamos con una Lagartija crestada (Corytophanes cristatus) que intentó mimetizarse entre la hojarasca pero por suerte la vimos.

Lagartija crestada (Corytophanes cristatus)

Entre caídas y resbaladas llegamos un poco tarde al refugio; nos bañamos en el río que pasa al lado de la estación, de tanta lluvia se creció y fue imposible ir a “La Cascada”, nos quedamos sin fotos y yo sin haberme tirado de ella. La comida ya estaba lista, un arroz con coco nos había preparado el señor Alberto, ¡estuvo delicioso! Entrada la noche tomamos un postre improvisado: un bizcocho con leche condensada que fue peleado; luego fuimos a descansar, lo que quedó en una partida de dominó y cuentos de miedo de “MadreAgua”, el espíritu que te llama al río y desapareces por siempre, Pizarro logró que Lurys, Kari y yo, nos pusiéramos las piyamas al revés.

A las 5 de la madrugada estábamos listos para partir, solo tomamos un té de hierba de limón, nos pusimos las mochilas a la espalda y caminamos durante dos rápidas horas de regreso a Pirre 1 en donde nos esperaría un camión que nos llevaría hasta El Real.

Abordamos el camión y fuimos a reportarnos por última vez en SENAFRONT de que ya habíamos salido del parque nacional Darién. Partimos directo al muelle de Mercadeo y emprendimos nuevamente el viaje en piragua de regreso a Yaviza. En ese trayecto vimos gran cantidad de animales, sobre todo aves, monos y algunos perezosos en lo alto de los árboles. La mañana estaba en su esplendor, el sol arreciaba y los animales, calmados, lo aprovechaban.

En el camión de regreso por El Real

Al llegar a Yaviza un bus nos esperaba, antes de las 3 de la tarde estuvimos de regreso en la ciudad de Panamá, con una experiencia hermosa en el corazón.

Tres días en la selva del Darién no nos fueron suficiente, el peligro del que tanto nos hablaron no lo sentimos jamás estando en el parque y de haberlo sentido hubiésemos tomado el riesgo. A pesar de todos los retenes que tuvimos que pasar, no hubo ningún problema, por el contrario, fuimos tratados de muy buena manera por los oficiales de SENAFRONT. En cierta manera el miedo de los ciudadanos a la guerrilla y las adversidades de la selva, ha sido lo que ha llevado este lugar a tener un endemismo tan grande, lejos de las manos humanas.

La satisfacción reflejada en las caras de mis compañeros de expedición era grande, estoy segura que tienen grandes deseos de regresar al Darién, a costa de lo que sea.

Quedamos en regresar pronto y ponerle nombre a “La Cascada”; la próxima vez que vaya espero poder hacerlo por un tiempo más largo. Confiamos en que ustedes, lectores, se les transmitan las ganas de visitar este patrimonio natural.

Personalmente no pude sentir más paz, juro que uno de los momentos más felices fue cuando el espíritu de la tierra me llamó a entrar en el río al lado de la estación, al recostarme en el agua y sentir las gotas cayendo sobre mi rostro, lo único que pude decirle a Lurys fue “este es uno de los momentos más felices de mi vida”.

Detalles:

- Dentro del parque existen tres estaciones científicas: en Cana, la de Cerro Pirre o Rancho Frío (visitada en este trip), situada a 14 kilómetros de El Real, La Estación de Cruce de mono en las faldas del Cerro de Pirre, a la que se accede con piragua (2 o 3 horas) hasta la población de Boca de Cupe y desde allí se caminan 5 horas hasta la Estación.
- De ir en auto, se debe manejar hasta Meteti, registrarse en ANAM, pagar lo correspondiente y seguir la misma vía hacia Yaviza y allí contactar el guía. ANAM no deja a nadie ir al parque nacional Darién sin un guía autorizado por ellos. Escríbanme para la información de nuestro guía Isaac Pizarro.
- Recuerden llevar comida y agua, esto es muy importante en esta área. En Darién es fácil conseguir verduras pero todo lo demás es mejor llevarlo.
- En cualquier caso, sea individual o grupal, deben registrarse en SENAFRONT de lo contrario puedes correr el riesgo de que no te dejen pasar hacia el parque, es común que los turistas no lleguen al parque por no haber sacado los permisos correspondientes para los grupos o por no haberse registrado de manera individual.
- Recomiendo llevar zapatillas o botas altas y cómodas pues el camino a recorrer es largo y debe pasarse entrando en quebradas, más si es en invierno.
- Repelente para mosquitos, prolifera gran cantidad de insectos.
- Linternas, obviamente no hay luz en el refugio.
- A pesar de que ANAM posee un fourweel para algunos casos, puede ser incómodo para personas de la tercera edad y niños ya que los trechos a caminar son largos.
- En Metetí se encuentran los últimos bancos y cajeros automáticos. Es crucial llevar dinero en efectivo.
- De ser posible, lleve un salvavidas personal ya que normalmente estos no se usan en las piraguas a dispocisión.
- Es recomendable visitar el parque en grupos de más de 8 personas para bajar costos. Ir al parque nacional Darién no es barato en el caso de ir pocas personas, es necesario pagarle al guía por sus servicios, pagar en ANAM, también el transporte Panamá – Metetí – Yaviza. Asimismo pagar por la piragua, o alquilarla, lo cual tiene un precio de 10$ a $15 por día, además de la gasolina de la que es necesario 8 galones, en ciertos casos más. También debe pagársele al conductor de la piragua, en todo caso nuestro guía Isaac Pizarro es buenísimo en la logística de estos viajes, él ha trabajado con grupos de ANCON, AUDUBON, y gran cantidad de bird watchers.
- Llevar sábana o frazada, en ANAM te proveen de colchones, más no de sábanas. Innegablemente debes llevar artículos personales.
- Las piraguas no pueden tomarse luego de las 5 de la tarde, SENAFRONT no lo permite, puede ser peligroso. En ese caso puedes quedarte en algún hostal en Yaviza y salir en la mañana del día siguiente.
- Filtradores de agua o pastillas purificadoras de agua (puritabs).
- Algo con que encender fuego, encendedor. (Todo esto debes llevarlo en bolsitas plásticas por la lluvia).
- Recuerden llevar un botiquín con anti inflamatorios, pastillas para fiebre, vendas, curitas, gasas, alcohol, agua oxigenada para las heridas, pastillas para deshidratación, confites frutales en caso de bajones de azúcar, termómetro. Esto es primordial.
- Cuidado con la basura, ANAM te puede poner una multa ;)
- Cámara con protección.
- Ganas de pasarla excelente.

Ya saben, si necesitan alguna otra información, con gusto les contestaré en info@enlodados.com o http://www.facebook.com/enlodados

Grupo Completo ( fotografía de Raiza Segundo)

Agradezco a mis compañeros de expedición: (de izq. a der.) Carmen Alexander, Anselmo Rodríguez, (mi persona), Lurys Rodríguez, Juan Carlos Correa, Raiza Segundo, Samuel Tovar, Katherine Gómez, Karimeth Perez y Ana Sánchez por todo el apoyo, quórum y entusiasmo. A Edilberto González por toda la información, al representante de Yaviza: Enrique Lloren, por información de itinerario y por supuesto a nuestros guías Isaac Pizarro y Alberto Pizarro.

El Parque Nacional Darién es otra joya más de nuestro país y del mundo; certera y satisfactoriamente, un paraíso exótico y exuberante que debe ser protegido de la manera correcta. Debemos sentirnos privilegiados de poseer una reserva de esta magnitud en nuestro territorio. Basta ya de deforestación de nuestros bosques, reforestar es la palabra, aún nos queda tiempo de vivir en paz con la naturaleza.

El aire puro purifica el alma…

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Aquel día no tenía ni la menor idea de lo que se me venía encima. Samuel y yo acordamos encontrarnos en la Terminal de Albrook a eso de las 6am y a las 6.30 ya estábamos ahí comprando algo para desayunar y abordar el primer bus de Gamboa que saliera.

Antes de eso quisimos ir a buscar algo de comer para llevar ya que prácticamente no cargábamos nada, y como no queríamos perder el bus, ya que estos en fin de semana salen de dos en dos horas, pues al pasar por una esquina vimos un señor vendiendo empanadas y de eso nos abastecimos, así como de algo de agua.

Esperamos el bus de Gamboa por más de una hora, en una fila larguísima de gente que rogaba que un bus llegara. Finalmente el bus se llenó, y estuvimos llegando al Camino de Plantación a eso de las 8:30 am.

Escogimos entrar por Plantación y no por el lado de la carretera Forestal (donde está la verdadera entrada del Camino de Cruces), ya que en este último lugar es muy difícil tomar autobús.

Apenas entramos al Camino de Plantación vimos tres monos aulladores (Alouatta palliata) dándonos los buenos días, así como un señor de Anam que nos cobró 1$ por ser estudiantes.

El inicio de la caminata fue fresco, vimos muchas aves y algunos ñeques; hay algunas bancas de cemento en el trayecto, al principio del sendero algunos árboles marcados con su nombre. Cuipo (Cavallinesia platanifolia), Barrigón (Pseudobombax septenatum), Nazareno (Peltogyne purpurea), Guayacán (Tabebuia guayacan), fueron los que más vimos.

Entre las aves que se dejaron ver en todo el recorrido estuvieron: el cuclillo faisán (Dromococcyx phasianellus), escuchamos guacamayas (Ara chloropterus), el Trogón colipizarra (Trogon massena), Tucan pico iris (Ramphastos sulfuratus), Momótides (Momotus momota), Loros coroniamarillos (Amazona orchrocephala), un Plain Xenops (Xenops minutus); al principio del sendero vimos un Trepatroncos chocolate (Xiphorhynchus susurrans), varios Hormigueritos alipunteados (Microrhopias quixensis), Saltador Gorguianteado (Saltador maximus) a lo lejos; vi algo parecido a un Mielero verde. Y por supuesto que muchas tángaras, espigueros, semilleros, entre otras aves.

Bordeamos una quebrada hasta donde terminó el Camino de Plantación, que son aproximadamente 5km hasta llegar a un herbazal alto en donde el bosque desaparece por un rato e inicia nuevamente en la señalización del Camino de Cruces.

El fin de semana anterior a este, Samuel se había ido a caminar este sendero solo y como él tiene muy buen sentido de orientación pues le deposité mi confianza.

Descansamos un rato en donde esta la intersección que separa los dos caminos, comimos “algo” y al rato seguimos, no podíamos demorarnos demasiado en las paradas ya que teníamos exactamente las horas del día para hacer el recorrido ida y vuelta. Observamos un rato el mapa y avanzamos.

Al entrar en el Camino de Cruces ya no hay un sendero marcado, lo que hay es un revoltijo de hojas por todos lados, puestos de cazadores, y un par de letreros que indicaban que íbamos bien.

Aquí el bosque cambia, se vuelve pesado, en momentos te rodea de manera rotunda, te invade la respiración con su olor a árboles putrefactos y ni decir de más adelante, que el bosque se cierra aún más, es una selva y deja de ser sendero para convertirse en paredes altas con solo un metro aproximadamente entre esas paredes para caminar, con el suelo repleto de hojas expenso a que te salga una serpiente en cualquier momento, los monos molestando y enfurecidos nos trataban de tirar sus excrementos y su orine.

Vimos monos aulladores, cariblancos (Cebus capucinus) y escuchamos monos tití (Saguinus geoffroyi). Nos topamos en variadas ocasiones con ñeques (Dasyprocta punctata), gato solo (Nasua narica), chachalacas (Ortalis cinereiceps) y hasta me pareció ver una liebre de monte.

Había árboles de gran tamaño y con amplias raíces, tuvimos la dicha de ver el enigmático árbol de vela (Parmentiera cereifera), llamado así porque sus frutos asemejan a una vela de cera y el cual es difícil de encontrar.

La cantidad de insectos era infinita y estaban por todos lados, recostarse en el suelo significaba salir con quien sabe cuantos aguijones en el cuerpo, me mantuve en movimiento pues no quiero volver a saber de los tórsalos por un buen tiempo.

Llegó un momento en que me sentí agotada, la humedad estaba jugando con mis sentidos y con mi cuerpo, el sudor no se hizo esperar y estuvo presente en mi cuerpo en todo momento. Casi no nos detuvimos pues teníamos pensado llegar antes de las 1pm a Venta de Cruces.

La naturaleza allí se torna iracunda, por tanta flora y fauna, pero creo que en una próxima visita iré con más gente. En momentos veía a Samuel divagar y pensaba que nos podíamos perder, ¡el sendero está nada marcado! Él jugaba conmigo en lapsos invitándome a adivinar por donde era el sendero y en variadas ocasiones me equivoqué. Ya luego, y casi al final logré ver que algunos árboles estaban marcados con cinta naranja para ayudar.

Recuerdo que, siendo niña, escuché en las noticias que algunas personas se perdían en este sendero, incluso recuerdo que todo un grupo de estudiantes se perdió con un profesor de un colegio privado y estuvieron allí una noche entera.

Le preguntaba a Samuel por donde estábamos o cuanto faltaba y él me ignoraba, a pesar de que confío en su sentido de orientación, había momentos en que no veía el camino pues yo iba adelante y él solo me decía si iba bien o mal.

Había pequeñas quebradas o agua empozada, pero nada como para tomar un baño, incluso me atrevo a decir que estaban un poco contaminadas.

Soy algo claustrofóbica, quizás por eso para mi fue asfixiante pasar por ciertas partes en las que las paredes aparecían; recordemos que el Parque Nacional Camino de Cruces fue en la antigüedad un camino de la época de dominación española, Camino Real, que unía los núcleos de población de Panamá y Nombre de Dios, en Colón.

Vamos con algo de historia: Hace mucho tiempo, por allá por el siglo XVI, año 1519, los españoles colonizadores terminaron de construir, luego de mucho tiempo, una ruta o camino que uniera el Mar Caribe con el Océano Pacífico. El camino era sumamente estrecho, hecho de piedras de diferentes tamaños, que aún se encuentran allí, enclavadas en la tierra, dando una firmeza que desafió el tiempo.

Obviamente y como en esa época predominaba la esclavitud, los que primeros en ser mano de obra fueron los indígenas nativos y luego de eso, los españoles introdujeron esclavos negros procedentes de distintos lugares de África, a quienes se les trataba peor que a las mulas, tanto así que empleaban cadenas para mantenerlos unidos durante las horas de trabajo en el Camino de Cruces, donde abundaban los latigazos por cualquier tipo de descuido que éstos tuvieran.

El Camino de Cruces era una vía tan normal como la carretera Interamericana de nuestros días, pero sumamente estrecho, en ese tiempo medía aproximadamente 1 metro y medio con precipicios en partes y curvas peligrosas.

Era utilizado en las dos vías, de Chagres a la Ciudad de Panamá y viceversa. Desde el pueblo de Chagres, se viajaba río arriba en cayucos, remados por fuertes esclavos que poseían la fuerza viril para tales hazañas, no cualquier hombre podía hacerlo, los que lo hacían tenían tremenda contextura física y se dice que los indígenas muchas veces eran asesinados por no poder hacer tales funciones. Los africanos remaban luchando contra la corriente, bajaban en Venta de Cruces, con la mercancía encima y caminaban hasta la ciudad de Panamá, una distancia de 60 millas.

Tuvo una increíble época de prosperidad, al servir como paso para los tesoros provenientes de Sur América, especialmente del Perú y otros países, para llevarlos al Atlántico, y ser trasladados a galeones que se dirigían hacia España.

Mi profesora de historia me pasó un texto en el que un viajero de Massachussets describía “Exteriorizo el sentimiento unánime de los pasajeros, a quienes he oído expresarse y es, diciéndolo con temor a Dios y por el amor del hombre, a unos y a todos, que bajo ninguna circunstancia, vengan por esta ruta. No tengo que decir nada sobre las otras, pero no vengan por esta.” Ya se imaginaran cómo habrá sido el Camino de Cruces en su Época de Oro.

Y claro, los ladrones muy pronto se enteraron del tránsito de oro, plata y joyas preciosas procedentes de distintos lugares colonizados en América y que enviaban a España. Los maleantes se dedicaron a atacar a los viajeros, que trataban de llegar al lado Atlántico. Pero al decaer el poderío español, esta vía fue perdiendo su uso y prácticamente desapareció, por los avances del tiempo, el clima y el poder de la selva, que todo lo invadía.

Desde Las Cruces hacia Panamá, era un día de viaje, por medio de las mulas. Cada una de ellas se alquilaba a razón de $ 15 por día, sin incluir el equipaje. Por los continuos robos de oro y piedras preciosas, llevadas a cabo por los asaltantes, se constituyó una especie de milicia privada, bajo la dirección de un antiguo militar, llamado Ran Runnels, quien integró un cuerpo bien entrenado, que procedía a linchar a cualquier ladrón, sin mayores contemplaciones. Esta forma agresiva de lidiar con los malhechores, terminó con la ola de asaltos a los viajeros.

Imagínense la historia tan grande que tiene este lugar, incluyendo las batallas que allí tienen que haberse dado entre viajeros y malhechores y quien sabe cuantos habrán muerto.

Esas paredes fuertemente construidas aún están intactas, ni los bruscos cambios desde el siglo XVI hasta nuestros días han logrado derribarlas.

Y como todo acaba, cuando se inauguró el Ferrocarril de Panamá, el 28 de enero de 1855, vino el total abandono del Camino de Cruces, cuya memoria todavía está presente, por la gran importancia que tuvo en el desarrollo de Panamá, por más de tres siglos, recordando que el pirata Henry Morgan, empleó esta ruta para cruzar el Istmo y atacar a Panamá.

Samuel y yo seguimos caminando por esa misma selva y yo me desesperaba, necesitaba algo dulce que me diera fuerzas, comida, más agua y debíamos guardar la poca agua que teníamos para tomar algo al llegar y al regresar.

Los pies me empezaban a molestar, el camino es de piedras redondeadas y yo tenía zapatillas converse pues no fui preparada, mala idea, así que recomiendo enormemente llevar buenas zapatillas.

Por lapsos parecía que iba a llover, y sentíamos que se acercaban los aulladores, la selva nos hablaba, las aves estaban por todos lados pero no se dejaban ver a pesar de que teníamos los sentidos agudizados y preparados para cualquier cosa.

Por otro lado estaban los letreros de la Policía Nacional que advertían las fases del camino, ya que ellos utilizan este camino para entrenar. Pudimos leer: “fase2: No van muy lejos los de adelante si los de atrás caminan bien”, “fase3: No se preocupen, algún día llegan” y finalmente “fase4: Los felicito, llegar es la misión”. Le dije a Samuel: “Vaya, parece que estamos haciendo un entrenamiento de la policía nacional.”

A pesar de que una de las metas de Samuel siempre es ver serpientes, no las logramos ver, pero estoy segura de que tuvo que haberlas por algún lado. Imagino que en invierno este camino debe ser un mundo irreal de animales.

Finalmente vimos un letrero que indicaba que solo faltaban 1 kilómetro y medio y me sentí muy feliz pues eso indicaba que estábamos a punto de llegar a Venta de Cruces, a las orillas del Río Chagres, y en minutos, ¡llegamos!

Me tiré al piso y no tenía ganas de comer nada, solo agua. Trate de comerme una empanada pero por mi boca no pasó, estaba fría y mala. Luego de refrescarnos un rato, Samuel y yo movimos un tronco que estaba en la orilla y dejamos la mitad del tronco dentro del agua y la otra mitad fuera y encima de él nos trepamos y refrescamos un rato nuestros cuerpos cansados; no podíamos quedarnos mucho tiempo allí, primero porque en cualquier momento nos podía salir un caimán y segundo porque debíamos caminar 4 horas más para regresar hasta la carretera de Gamboa.

A la delantera veíamos el inmenso Río Chagres que parecía un mar bravío, así como el Hotel Gamboa Rainforest Resort.

El área de venta de Cruces es apta para acampar, claro con mucho cuidado pues me atrevo a decir que es un área en donde seguramente es fácil que pasen muchos animales, por su cercanía al río. Allí también vimos puestos de cazadores, lo que me indignó, pues esto demuestra que Anam no cuida bien este sendero tan importante para la biodiversidad de este parque nacional, que cuenta con más de 4590 hectáreas paralelas a las riveras del Canal de Panamá.

Algo que pudimos notar más que todo por nuestra hambre, fue que en el camino hay muy pocos árboles frutales, incluso quedamos en regresar a sembrar pues nos parece que los árboles frutales en senderos transcurridos son de suma importancia para el visitante.

El valor de este parque es muy amplio ya que es especial es muchos sentidos: históricamente, geográficamente, ambientalmente y sin embargo es uno de los parques nacionales del que menos estudios y conocimientos se tiene a pesar de haber sido declarado en 1992, o sea hace mucho tiempo.

Cabe destacar que la dificultad del sendero es baja, no hay grandes pendientes ni muchas lomas, lo que puede molestar al excursionista es la distancia y la humedad que lo lleva a uno a perder mucho líquido, por lo que es importante llevar reservas. Y sobre todo, repito, no cometan mi error, lleven buenas zapatillas y pantalón largo para luego no tener quejas por los bichos y alimañas como leishmaniasis o tórsalos.

Al caminar de vuelta me sentía más relajada, ya sabía lo que iba a caminar, la distancia, el clima, los peligros, sinceramente saberlo me hace sentir más segura. Decidimos acelerar el paso y tratar de caminar de regreso en 3 horas y media pero fue imposible, a mi me hacía falta comida y agua, con decirles que llegué a tomar agua recogida en las hojas de la lluvia que hacía poco había caído en ciertas partes.

Íbamos en maratón contra todo, desafiando al tiempo tratando de llegar antes de las 6pm a la carretera de Gamboa para poder llegar a nuestras casas, pero en ciertas partes tuvimos que parar a descansar y comernos las empanadas malas, que aunque estaban malas, al fin de todo eran comida.

Al pasar por las quebradas que antes mencioné, me detuve a lavarme la cara y los brazos llenos de picadas de bichos extraños. Los monos cariblancos llegaron nuevamente, esta vez más enfurecidos que antes, hacían sonidos extraños como de un perro cuando está peleando.

Cuando llegamos a la intersección del Camino de Cruces con Sendero de Plantación nos alegramos pues ahora solo faltaban 5 kilómetros más, ya habíamos recorrido 5km. Esto daba un total de casi 25 kilómetros en el día por la selva tropical Húmeda del Parque Nacional Camino de Cruces.

El recorrido por Camino de Plantación hasta la carretera de Gamboa para mi fue efímero, mi única meta era llegar antes de que anocheciera y así fue. Salimos del sendero a las 5.30pm cansados pero felices por tremenda hazaña.

De todos los parques nacionales de Panamá que he recorrido, éste fue en el que vi más animales y eso lo ubica en un lugar muy importante ya que está muy cerca de la ciudad de Panamá, a solo media hora o 45 minutos del centro de la ciudad.

La diversidad de plantas es fenomenal, es un paraíso para cualquier botánico o persona amante de las plantas, así como para aquellas personas interesadas en conocer de cerca lo que han leído en los libros de historia de la República, esa época de colonización que es de suma importancia para nuestra cultura.

Les recomiendo enormemente formar parte alguna vez de una excursión a través del Camino de Cruces, que incluya un bote de vuelta a Gamboa luego de llegar a Venta de Cruces de modo tal que puedan disfrutar del sendero en su totalidad, prestando atención a cada cosa que en la selva se pueden encontrar.

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¿Qué es la Paz? Para mi la paz es silencio, exactamente ese silencio que se siente en la cima de las montañas.

Desde hace muchísimo tiempo que deseaba hacer este ascenso pero las circunstancias no lo habían permitido, incluso me atrevo a decir que fue casi imposible.

Al principio éramos quince personas los interesados en llegar a la cima y al final de todo solo fuimos tres. Samuel y yo iniciamos con el entrenamiento desde enero y yo personalmente hacía lo imposible por recargar baterías y practicar cada vez que podía. Me asustaron mucho en cuanto a condiciones físicas, me informé leyendo blogs, y cuanta cosa encontrara acerca del Volcán Barú. Hablé con todo el que lo hubiera subido y estuviese entre mis contactos. Mi propósito era exactamente no pasarla mal por mis malas condiciones.

Entre más artículos leía me asustaba más, en cada uno decía que era un ascenso casi imposible, que mucha gente no llegaba a la cima pues desistían, que algunos sufrían de mal de montaña, que otros no aguantaban y se desmayaban en el camino, que el frío, que las condiciones…

Corrí mucho, caminé cada vez que el tiempo me lo permitía, me metí a un gimnasio e hice mucho cardio, dejé de tomar alcohol y empecé a comer frutas, todo esto como parte de un arduo entrenamiento y aún así me sentía nerviosa de no poder lograr subir el Volcán.

Llegó el día y solo iríamos Samuel y yo, justo un par de horas antes de salir de casa, me llamó un joven de la universidad que se nos unía pues a él también sus amigos le habían quedado mal. Él ya conocía el camino así que no sería necesario pagarle al guía que teníamos pensado. Es importante destacar que el guía es una parte muy importante de esta expedición, el camino es complicado y es muy fácil perderse, es necesario llevar un guía experimentado y con mucha paciencia. (Escríbanme a info@enlodados.com para sugerirles).

El guía fue otro dilema, algunos nos cobraban cifras exorbitantes, otros no estaban disponibles, no subían en la época, con decirles que en un momento Samuel y yo pensamos hacer el ascenso sin guía, hasta que supe de un voluntario de los bomberos que por muy poco nos guiaba hasta la cima y que al final no nos hizo falta.

Hicimos reservaciones en el Hostal Las Heliconias (507-7715643) en el centro del pueblo de Volcán y tomamos nuestro bus público hasta David Chiriquí, en donde nos encontramos con Edén, el compañero de la universidad que sería nuestro guía, y luego abordamos un autobús de Volcán. El encontrar alojamiento no fue problema, en Volcán hay muchísimos lugares para quedarse a precios realmente módicos y Las Heliconias fue una delicia, lo recomiendo completamente.

Aquel día era viernes, llegamos muy temprano a Volcán, buscamos el hotel, desayunamos, hicimos las compras de insumos para llevar en el ascenso y luego descansamos y salimos un rato más para “aclimatarnos”.

Todo iba de maravilla. Conversamos por buen rato con Nariño Aizpurúa, quien ha subido el Volcán Barú 338 veces y nos dio los mejores tips, nos habló de apariciones en el camino, del mal de altura a lo que se refirió como “pendejera”, nos habló de lo importante del equipaje, agua, entre otras cosas.
Llegó la mañana y Nariño nos llevó hasta las faldas del Volcán en Paso Ancho, entrando por “Friturama Bambito”. Iniciamos el ascenso a eso de las 6.30am. Pensábamos hacerlo a las 5:30am pero nos retrasamos un poco.

En la entrada del parque pagamos a ANAM 5 dólares cada uno, a lo que más tarde nos dimos cuenta que habíamos sido estafados pues el precio real de la entrada era de 3 dólares para panameños y 5 dólares para extranjeros, ni siquiera tenemos el rostro ni la piel de extranjeros.

Cabe destacar que llevamos lo necesario. Mi maleta no pasaba de las 20 libras. Llevé mi sleeping bag (bolsa para dormir), una muda de ropa entre la que tenía 1 abrigo de algodón y uno térmico. Un pantalón de algodón para dormir, 2 pares de guantes, 2 pares de medias para los pies y las zapatillas más cómodas. Algunas personas prefieren no llevar ropa por el peso pero recomiendo llevar una muda extra pues es difícil deducir el estado del clima en este lugar y es posible que de un momento a otro llueva y te mojes y quedes sin ropa para dormir.

Samuel y yo nos habíamos puesto de acuerdo para llevar sólo una tienda de campaña en la que dormiríamos los dos, ahora seríamos 3 en una tienda de campana de dos personas, pues Edén se nos unía. Creo que dormir en la cima no requiere de mucha comodidad, basta con llevar algo donde meterse, menos peso, mejor. Más gente, más calor en el frío de la cima.

Entre lo que llevamos para comer: barras de chocolate, 2 litros de agua cada uno, jugo de uva y naranja, pan de pasas, queso amarillo, galletas de chocolate, café, sopa china de vaso, tasajo, jamón del diablo, manzanas. Llevamos también algunas cosas que aunque serían un poco innecesarias por el peso, nos sirvieron de mucho como una lata de melocotón y también algo fuerte para el frío, me refiero a Ron.

Lo más importante es el agua, es necesario tomarla aún si no se siente la necesidad, aún si no tienes sed, se pierde mucha energía y el cuerpo tiende a deshidratarse.

El Volcán Barú está situado sobre la Cordillera de Talamanca y posee una extensión territorial de 14,322 hectáreas, el punto más alto del parque es el Volcán Barú con una altura 3.475 msnm. Además es el punto máximo de la República de Panamá.

La caminata se inicia en donde termina la carretera de asfalto en las faldas del Volcán a 1925 msnm. Luego de caminar 15 minutos por las faldas entramos a el bosque a las 7am, pasamos algunas lomas hasta llegar a un claro, que estaba lleno de basura y como aún no estábamos cansados, decidimos seguir en la marcha. Nos acompañaba el canto del enigmático Jilguero Solitario Carinegro (Myadestes melanops), un violín creciente que nos seguía el paso.

Subimos una empinada loma llena de polvo y tierra hasta llegar a una pared de roca por la que si no fuera por Edén no nos habríamos dado cuenta que era el camino. Subimos por las rocas “escalando” y descasamos en un claro desde donde vimos parte del pueblo de volcán y algunas montañas, un paisaje hermoso que nos daba la bienvenida a lo que sería un ascenso de bellezas para admirar. Samuel yacía boca abajo sobre una roca recargándose aún siendo él un androide. Edén me confirmó que ya habíamos pasado “La 45”, aquella loma de tierra, empinada, por la que acabábamos de subir y que logra sacarle el aire a muchas personas, me lo escondió pues yo, de tanto leer ya sabía que esa loma sería difícil. Eran las 9:00 am.

Allí comimos una manzana, observamos que la vegetación empezaba a cambiar: helechos, hongos, líquenes y musgos por todos lados; durante el recorrido se puede encontrar con una gran variedad de especies de animales y plantas, así como rocas y algunos árboles de diferentes formas, jamás vistas en otro lugar.

Decidimos seguir caminando por una de las pocas bajadas que recuerdo, hasta llegar al “Ojo de Agua” o “el Posito” única fuente de agua del camino. Eran las 9:30 am.

Allí recogimos toda el agua que pudimos, Edén nos confirmó que el agua no requería de filtrador y decidimos tomarla así mismo como la ofrece la montaña, en su estado virgen, (aún no me ha pasado nada por haberla tomado). Estaba deliciosa, juraría que fue el agua más fresca que he probado en mi vida. Nos metimos en la cuevita a tomarnos fotos. Edén nos dijo que en esta área se suele ver una serpiente patoca y en las noches es terreno de algunos búhos.

En el Ojo de Agua nos topamos con un grupo de hombres que venía bajando el Volcán y también iban a abastecerse de agua. Fueron las únicas personas que vimos en todo el camino.

Dejamos el Posito y avanzamos ahora por el Bosque Encantado llamado así pues es donde mayormente las personas pierden el curso y se sienten extraviados. También es allí donde supuestamente se desarrollan gran cantidad de apariciones sobrenaturales, se dice que “los duendes” suelen perder a las personas.

Un poco más adelante nos detuvimos pues nos atacaba el hambre, así que aprovechamos para “almorzar” lo que fue juego de uva, pan de pasitas con queso, chocolate, entre otras cosas y… ¡Avanzada! Nos encontramos con un camino repleto de piedras grandes que parecían estar sueltas pero que estaban muy firmes. De allí en adelante viene el área del derrumbe: piedras sueltas, arenilla, todo en una sola subida, el bosque desapareció, ya no habían árboles; el clima cambió, la temperatura bajó y a pesar de estar bajo el sol, no sentía calor, es por ello que ahora estoy insolada. Por lo tanto es buena idea llevar bloqueador solar.

Esta es la parte más difícil del ascenso al Volcán, es allí en donde generalmente algunas personas empiezan a tener dolores de cabeza, mareos y algunos desisten al ver lo que los espera, por eso es bueno tener una buena marcha antes de llegar a esta área, para que quede el resto del día para subir.

En este punto ya uno se encuentra a 2500msnm y es posible tener mal de altura o montaña, pero es mejor sacar eso de la mente y no hacerlo una condición psicológica pues puede afectar, algo que nos enseña este ascenso es a trabajar en cuerpo y mente de una manera conjunta y unificada. A cualquiera le puede dar mal de altura, incluso a personas en increíbles condiciones físicas pero obviamente lo mejor es ir con una mentalidad positiva.

Mientras subía me detuve a ver lo que dejaba atrás, el paisaje es sublime, eminente, se puede ver la misma cordillera de Talamanca y todo lo recorrido. La vegetación se compone por líquenes y flores de altura.

Me adelanté un poco y empecé a escuchar un sonido parecido a un leve rugido, le grité a los muchachos que cerca había algún animal y solté carcajadas al darme cuenta de que no era otra cosa que el fuerte aleteo de un colibrí Estrella Centellante (Selasphorus cintilla) que volaba como loco alrededor de mi cabeza.

Más de 250 especies de aves han sido censadas en el parque, entre ellas el bellísimo quetzal (Pharomachrus mocinno), el espectacular aguilillo blanco y negro (Spizastur melanoleucus) que sobrevuela las paredes acantiladas del área protegida, y los colibríes vertrinegro (Eupherusa nigriventris) y el orejivioláceo pardo (Collibri delphinae). También están presentes especies endémicas de la Cordillera de Talamanca como la reinita carinegra (Basileuturus melanogenys), el zeledonia (Zeledonia coronata), el pinzón musliamarillo (Pselliophorus tibiallis) y la pava negra (Chamaepetes unicolor).

Las cinco especies de felinos que viven en Panamá están aquí también presentes, siendo el puma o león venado (Puma concolor) el más abundante entre ellos. Otros mamíferos que poseen poblaciones estables en el Parque Nacional Volcán Barú son el amenazado ratón de agua (Rheomys underwoodi), el gato de espinas o puercospín (Sphiggurus mexicanus) y una gran cantidad de murciélagos con especies como Artibeus aztecus y Lasiurus borealis.

Luego de caminar un poco más mis pulmones exigían más aire y cada 30 pasos debía parar un minuto para luego seguir. Ya tenía cansado a Edén preguntándole cuanto nos faltaba para llegar, incluso llegué a darme cuenta de que me estaba engañando con sus respuestas, Samuel lo único que emitía en palabras era “esto es chicha de piña”; en este tramo hicimos varias paradas de urgencia para ir al “baño”, también nos comimos los melocotones, y aproveché para tomar innumerables fotos del paisaje. Una roca tenía una inscripción que me alentaba, estábamos a 3090 msnm. Cada 30 metros que avanzábamos tomaba fotos del paisaje y allí mismo descansaba, el panorama era increíble y la neblina nos perseguía, en algún momento llegué a pensar que llovería pero no fueron más que amenazas.

Y de pronto, ¡el cable! ¡El famoso cable! Ahora lo veía en vivo y en directo y me produjo una sensación espeluznante, son de 20 a 25 metros de cable por un terreno de arenilla y si ese cable no está bien puesto, ¡moriste! Nosotros preferimos tomar el lado izquierdo por donde hay un caminito y seguir marcha arriba con más seguridad.

Ya veíamos la entrada del Cráter, aceleramos el paso con ganas de llegar rápido, Edén nada mas me decía: “Dale Mari, tu puedes” hasta que finalmente vimos la enorme roca llamada la “Cueva del duende” y a su paso, el Cráter. Lo más emocionante era que la cima estaba a la vista, vimos las antenas y escuchamos el motor de los 4weel que estaban allá arriba.

El Cráter es grande, unas 3 canchas de baloncesto. Allí es donde uno recuerda que realmente está en un volcán y que es potencialmente activo. El volcán ha tenido cuatro episodios eruptivos en los últimos 1600 años, en particular la más reciente erupción unos 400-500 años atrás. Diversas otras erupciones se ocasionaron en los anteriores 10,000 años. Varios enjambres sísmicos se dieron en el siglo XX y un enjambre reciente ocurrió en el año 2006 que puede servir como recordatorio de un inquieto terreno tectónico.

Samuel retó al duende y el duende nunca salió, ahora dijo “esto es chicha de melón” la cosa iba bajando, al parecer ya estaba aceptando que no había sido tan fácil. Se fue corriendo al cráter y lo recorrió entero como un loco haciendo piruetas.

Sentí el frío de lleno, intenté ponerme los guantes pero sentía que mis dedos no se movían, estaban entumidos así que me puse los dos pares de guantes y un abrigo.

En el área protegida se localizan bosques muy húmedos montanos y húmedos montanos bajos que no se encuentran en ningún otro lugar de Panamá. También hay bosques pluviales montanos bajos, pluviales montanos, muy húmedos montanos bajos y pluviales premontanos. Las temperaturas medias anuales fluctúan desde los 20 grados centígrados, en su parte más baja, hasta menos de 10 grados en la cumbre.

Aún faltaba por recorrer unos supuestos 20 minutos según Edén que si bien es cierto a su paso lo lograba en 15 minutos, para mi fue una hora más de camino.

Finalmente llegamos a la cima, primero Edén y yo, luego Samuel que venía atrás. Dejamos las maletas cerca de un nicho de la Virgen de Guadalupe y fuimos rumbo a la cruz. La neblina y el viento eran increíbles, casi no se veía nada alrededor, prácticamente el paisaje era solo neblina. Edén me dijo que me pegara a las rocas pues debíamos escalar un poquito y con una ráfaga de viento fuerte podía ocurrir un accidente. Me dio un poco de vértigo y sentí miedo, si él se apartaba mucho me daba más miedo, no veía nada abajo, solo un precipicio profundo que quien sabe donde terminaría.

La cruz ya estaba ahí, sentí la gloria combinada con el miedo. El viento era cada vez más fuerte, luego llegó Samuel y de un solo tiro se montó en la punta de la cruz, a mi me daba vértigo de solo verlo y el viento más fuerte aún, él estaba por encima del punto más alto de la República de Panamá a 3475 msnm. Edén recomendó esperar que bajara un poco la neblina para bajar a las antenas.

Habían pasado 8 horas desde que iniciamos el ascenso, ninguno de los tres estaba cansado, más bien felices. No se si fue el frío o la emoción de haber llegado o quizás las condiciones físicas que nos hicieron no sentir agotamiento.

El frío era tremendo y el viento muy fuerte. Buscamos al policía que vive en la cima y gracias a Nariño, el policía nos dio alojamiento por esa noche en la cima, gracias a dios él tenía estufa y agua para cocinar. Dormimos en un cuarto repleto de switch de las antenas, y tenía muchísimo frío aún con toda la ropa que tenía puesta.

Cenamos sopa china de vaso tan fortificante que me cayó al estómago mejor que el caviar más caro del mundo. Me tomé toda el agua, hicimos café, comimos galletas y ya más entrada la noche bebimos un poco. Los muchachos disfrutaron de la TV del policía viendo lucha libre y fútbol y yo salí un rato a ver las luces y la luna que como regalo del cielo, era la luna más brillante y más grande del año en todo el país, el frío me ganó y entré ahora para dormir pero nos quedamos hablando hasta que el sueño nos venció.

A la mañana siguiente luego de un desayuno de tasajo y café nos fuimos de nuevo a la cruz a tomar más fotos y a ver si el clima nos dejaba ver un poco más el paisaje. Antes pude ver un Mirlo Negruzco (Turdus nigrescens), ave que suele habitar la cima.

Debido a lo angosto del Istmo de Panamá, es posible ver el Océano Pacífico y el Mar Caribe desde la cima del volcán en un día claro, aunque nosotros no tuvimos la suerte. Se ha reportado en la cima una caída ocasional de nieve granulada, donde la temperatura mínima es inferior a 0 °C, la formación de escarcha es muy frecuente.

Samuel se encorbató, ¡creo que es la primera persona en la cima con saco y corbata! Desde allí pude ver el pueblo de volcán, el río Chiriquí Viejo, las Lagunas de Volcán, etc. Lo demás queda para una próxima visita que espero sea muy pronto.

El descenso fue relativamente menos complicado y rápido, cuando íbamos por el área del derrumbe nos deslizábamos por la arenilla y me apresuré pues estaba sedienta, hasta que llegamos al Ojo de Agua y ¡vi la luz! Descansé mis pies ya que me dolían los dedos de tanto contacto entre el pie y el haz de la zapatilla, mientras estuvimos allí vimos llegar una Candelita Collareja (Myioborus torquatus) tomando un baño en el Ojo de Agua. Más adelante nos topamos con unas codornices entre el follaje.

A la cima se puede llegar también por el poblado de Boquete, incluso es posible hacerlo en auto 4×4 o 4weel; se dice que la vista desde el camino de Volcán es más gratificante, de igual forma algún día deseo hacerlo por Boquete para probar.

Nos encontramos con una pareja que venía subiendo en la que el Sr. le gritaba a la esposa fuertemente que se apresurara y que era muy lenta, me dio algo de coraje, ella estaba muy rezagada de él, con gente así no recomiendo a nadie subir. Por suerte Samuel y Edén me apoyaron en todo momento y me dieron fuerzas para seguir, mi guía ya me tenía cansada con tanto “Mari, tu puedes”. :)

Al llegar a las faldas nos esperaba Nariño y nos fuimos a bañar pues estábamos muy cochinos y casi nos quedamos sin bus en Volcán, llegamos a la ciudad de Panamá a las 4 de la madrugada.

Hasta ahora en mi vida este ascenso ha sido el más emocionante y espero poder hacerlo muchísimas veces más si sigo con vida. Es algo que todo panameño que puede y que su cuerpo se lo permite, debe hacer. No solamente por la gratitud de llegar a la cima, si no por el placer de disfrutar la montaña, de ver el paisaje, de escuchar, ver, oler, poner todos los sentidos en contacto con la naturaleza.

Recomiendo enormemente entrenar aunque sea 1 mes y medio antes del ascenso y va a ser un éxito. De no hacerlo puedes pasarla mal.

Ah! Una ultima cosa, ¡baja la basura! Si cuando estas subiendo sientes que te pesa la basura, al menos déjala en bolsas que puedas identificar en el camino, ponla en un lugar estratégico y cuando bajas te la llevas, es muy fácil y estarías contribuyendo a mantener limpio uno de los parques nacionales más importantes del país creado mediante el Decreto Nº. 40 del 24 de junio de 1976.

Queda darles las gracias a los que me acompañaron y a quien considero un padre de montaña Nariño Aizpurúa de Panama Mountain Man por habernos dado su incondicional apoyo y consejos.

Para más fotos AQUÍ

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A veces las ganas de ver verde me invade tanto que tengo por necesidad que buscarlo. Aunque viva en un lugar donde hay muchos árboles, para mí la necesidad de recorrer Panamá se escapa de mi cuerpo, va más allá de mi corazón y se aferra a mi alma. Si no lo hago puedo deprimirme, lo he comprobado.

Hace poco le dije a Samuel que nos atreviéramos a buscar el trillo que conduce a la cima del cerro Trinidad de Capira, uno de los más altos del área y que forma parte del Parque Nacional Altos de Campana. Era carnavales, y para dicha de nosotros no tuvimos problemas con el transporte. Nos fuimos en bus colectivo sin ningún problema.

Tomamos un bus Panamá-Capira (Lídice). Preguntamos al conductor donde tomar las “chivas” (buses) de Trinidad y el amablemente nos dijo que en un Mini Súper desde el cual salen todas las chivas que van hacia esos pueblos.

Al llegar a la parada nos encontramos con un sin fin de muchachos que también esperaban chivas para dirigirse a distintos puntos a pasar sus carnavales como retiro espiritual con sus iglesias.

Luego de esperar algún tiempo llegó una chiva de “El Chileno” un pueblo que queda más allá de nuestro destino y por ende pasaba por Trinidad. Nos subimos en la chiva, que en realidad viene siendo un antiguo auto de la Cruz Roja y que ahora cumple con la función de transporte.

Íbamos apretados y contentos, unos señores hasta se guindaron de la parte de atrás de la chiva. Luego de pasar por algunas lomas, con un excelente paisaje, que se colaba por las rendijas de la chiva, llegamos a nuestro destino que graciosamente era un teléfono público.

El conductor de la chiva nos dijo que el señor que vivía en la casa al lado del teléfono, sabía el trillo del cerro. Bien mandados fuimos a esa casa y preguntamos por el señor que nos dio una dirección tan extraña del trillo del cerro que ni Samuel ni yo entendimos. Nos habló de más de tres entradas hacia distintos trillos y realmente no entendimos, así que fuimos hasta otra casa en donde un señor que limpiaba las herraduras de sus caballos nos dijo que el veía que la gente se metía por ahí… (Un camino nada marcado).

Desorientados fuimos y nos metimos “por ahí” el camino aquel que no era más que monte y más monte, nos llegaba a la cintura, habían muchas plataneras, helechos, lajas gigantescas, y uno que otro árbol de naranja. De pronto lo que para nosotros era un camino mínimamente marcado, desapareció. ¿Y ahora? A improvisar.

Samuel tomó una rama gruesa y empezó a abrir un camino confuso que nos llevó a una laja alta por la que parecía que tendríamos que subir. Él se quitó las zapatillas y subió. Mientras yo esperaba abajo sentí que algo me picó tan fuertemente que grité al instante, miré hacia mis pies y eran unas hormigas rojas y gigantes que estaban por toda mi pierna, me quité las zapatillas más rápido que ligero y corrí hacia un lado y juro que sentí que las hormigas buscaban mis pies. Samuel se asustó pero lo detuve diciéndole que “solo eran hormigas”…

Le tiré mis zapatillas, mi mochila y procedí a subir, no fue tan difícil, ya estábamos en otra roca y sería necesario subir otra laja aún más alta que la anterior. Hicimos lo mismo, primero Samuel, luego mi persona y llegamos a otra roca, cuando vimos que la siguiente laja era aún más alta. Samuel subió con cautela y se demoró bastante tomando en cuenta cada lugar donde pisaría, casi no habían huecos donde poner el pie, pero él lo logró. Me dijo que de allí en adelante sería muy difícil pero se veía que seguía un camino y luego otra laja más. Yo no pude, lo intenté muchas veces y fue un fallo, necesitaba una cuerda, me era imposible, tendría que convertirme en mono o ser tan ágil como Samuel y eso me era realmente imposible.

Llegamos hasta una tubería y de allí nos regresamos a la carretera principal a preguntar si había otro trillo pues pensamos que efectivamente el que habíamos tomado era incorrecto.

Otro señor que limpiaba el patio de su casa nos dijo que él nos llevaba a la cima por 25 dólares cada uno, nos tomaría 4 horas llegar hasta lo más alto del cerro y necesitaríamos cuerdas pues subir por bejucos (como lo habíamos hecho nosotros) era muy peligroso. También nos dijo que en Aguacate Arriba, muy cerca de donde estábamos había un chorro refrescante para que nuestro día no fuera en vano.

Tomamos una chiva que nos llevó hasta el Cruce y empezamos a caminar hasta donde pudiéramos, preguntando a la gente del lugar sobre el chorro de Aguacate Arriba y nadie sabía nada. Solo nos dijeron que “por alláaa abajo ta’ el río”.

El Sol estaba candente, sentía que los rayos traspasaban mi gorra y llegaban a mi cerebro, casi convirtiéndolo en cenizas. A lo lejos vi un “kiosco” y corrí en busca de un refresco, cuando llegué la joven me dijo que no había luz, recordé en ese momento que estaba casi en medio de la nada (en cuanto a servicios se refiere), pero me dijo que en el toldo vendían cerveza. Caminamos un poco más y allí estaba el toldo con más de mil cervezas a mi disposición, en ese momento la vi como un refresco más. Qué calor hacía.

Y venía una chiva que iba montaña arriba y corrimos con todo y cerveza a subir, le dije a la gente del toldo que les daba la botella al regreso. No sabíamos ni para donde íbamos, donde bajarnos, nada, y el niño que iba de pasajero tampoco sabía donde quedaba nuestro destino, así que Samuel le metió un puñete al techo del transporte y la chiva se detuvo. Me bajé y hablé con el conductor preguntándole dónde quedaba Aguacate, me miro con cara que “que ingenua eres” y me dijo: “súbase adelante”.

Me subí y le dije que quería ir al chorro, respondió que el chorro estaba lejos y que estaba muy feo, pero que él conocía a alguien que nos podía guiar. Recorrido un tiempo se detuvo y con voz ronca y ondeante llamó a un viejito que estaba recostado en su hamaca y le dijo que nos guiara al chorro. Este conductor amable no nos cobró ni un peso.

Bajamos, saludamos al viejito de unos 56 años con rostro cordial y nos dijo que lo siguiéramos, entró a su casa y buscó un machete. Iniciamos la marcha, pasamos por un campo improvisado de fútbol y luego de pasar varias veces por charcos, quebradas y muchos árboles tumbados en el camino a causa del último invierno, el camino se tornó cerrado y luego de un tiempo nos dijo “jasta aquí llego yo”. Nos dijo que lo feo era el camino, pero que el chorro era bonito. Le dimos su salve del día ($$) y nos dijo que tendríamos que bajar por unos bejucos con mucho cuidado hasta llegar al chorro, Ah! Y que él solo tenía 73 años… Vaya, le dije a Samuel, para que veas como la naturaleza te mantiene en forma!

Así fue y vaya belleza, un chorro de aproximadamente 6 metros de alto y en donde reventaba el agua contra la roca había un arco iris. Me metí al agua que me quito la calor tan tremenda que tenía. Un jacuzzi natural para mí sola, ¡qué egoísta! Samuel aún no entraba, creo que aún estaba asimilando tanta belleza y buscando de qué árbol treparse. Al cabo de un rato él entró al agua y compartimos la merienda que habíamos llevado, además de una afable conversación en aquel jacuzzi personal. Creemos que este chorro no tiene nombre, ¿habrá que ponérselo?

Mientras yo comía y pensaba en pajaritos preñados, embelesada viendo el chorro, Samuel desapareció. De pronto empezó a gritar y yo con mi miopía no lo encontraba; cuando noté bien, él estaba en la copa de un árbol. Y así fue innumerables veces. Luego lo hizo estando arriba del chorro y se había llevado mi cámara en la boca para poder subir por las rocas hasta llegar arriba. Bajó y de pronto vi que estaba subiéndose a una liana. Definitivamente él si disfruta de cada cosa que la naturaleza ofrece.

Al salir del chorro vimos unas chachalacas (Ortalis cinereiceps), y unos tucancillos verdes (Aulacorhynchus prasinus). Caminamos por esas lomas hasta llegar a el Cruce, lo que fue bastante, a mi me pareció increíble haber caminado tanto. Esperamos una chiva por casi media hora en una tienda en donde sí tenían sodas frías, donde conocimos unos jóvenes que serán nuestros guías en la verdadera expedición al cerro Trinidad.

Sin ningún problema llegamos a Capira con una experiencia más y con la satisfacción de haber conocido un lugar tan fantástico.

Queda por decir que los invito a empezar a caminar. Hay lugares tan cerca de la ciudad, tan accesibles y hermosos… Lo único que hace falta es tener las ganas de caminar, de conocer, de improvisar, interactuar, y sobre todo disfrutar de tanta belleza que ofrece nuestro Panamá. No te conformes con ver esos cerros desde lejos, tratar de llegar lo más cerca posible es lo mejor.

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Es uno de los lugares preferidos por las personas que aman hacer avistamiento de aves. Se encuentra dentro del parque nacional Soberanía, a media hora en auto desde la ciudad de Panamá.

Para poder llegar es necesario manejar en la vía que conduce hacia el Parque Municipal Summit y seguir prestando atención a las señales que indican la entrada del Camino de Plantación. Se puede llegar en autobús tomándolo en la terminal de Albrook, piquera de SACA (Gamboa) y bajándose en la entrada del sendero.

El Camino de Plantación tiene una longitud de aproximadamente 7 kilómetros que se caminan en 3 o 4 horas de ida y vuelta.

El trayecto es muy interesante ya que prestando atención a la naturaleza es muy fácil apreciar su entorno. Este camino es muy famoso por ser allí en donde se ve gran cantidad de aves, sobre todo en las horas de la mañana y en la tarde, así mismo es posible ver monos titis y monos aulladores.

Si te interesan las plantas, el camino de Plantación (como su propio nombre lo dice) es tu lugar. Allí se puede ver gran cantidad de vegetación, árboles grandes, arbustos y plantas herbáceas, helechos, inflorescencias; incluso hay algunos árboles que han sido marcados con sus nombres para ser reconocidos. Las veces que he ido he podido notar muchos árboles nazareno (Peltogyne purpurea), cuipo (Cavallinesia platanifolia), zamias, muchas lianas, hongos por doquier, y tenlo por seguro que muchísimo más.

Este lugar es muy exótico, se dice que fue una carretera hecha durante la construcción del Canal de Panamá en 1910 para unir la población de “Imperio” hasta “las Cascadas Plantation”. A lo largo del camino aún se pueden encontrar vestigios de lo que fueron plantaciones de cacao, café y los preciados árboles de caucho (Castilla elastica), ésta ultima especie exótica introducida en Panamá.

En el camino no se presenta dificulta de terreno, es muy fácil ya que es llano desde principio a fin, pero es bueno ir en zapatillas de buena suela por la cantidad de piedras redondas que pueden molestar tus pies. Buenísimo para visitar en familia y detenerse en alguna de las bancas que se encuentran en el camino a merendar. También se puede recorrer con bicicletas, si es su preferencia. El sendero se puede complementar con una visita a la cascada que se encuentra casi al final, el sendero termina en una intersección que lo une con el Camino de Cruces.

Alguna vez estuve por el camino con algunos amigos, vimos unas lianas, y probamos a guindarnos como Tarzan, estuvimos en eso bastante tiempo, la liana siempre pudo con nuestro peso.

Se dice que este camino y su selva secundaria, también era utilizado por militares estadounidenses para entrenar militares latinos.

Generalmente no hay nadie en la caseta de Anam que se encuentra al principio del camino, pero de encontrarse la entrada tiene un valor de 1 $ para nacionales y 3$ los extranjeros.

Recuerda, la basura es tuya, ¡llévatela!

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Una de las cosas que más me llaman la atención al ver las montañas es la neblina que se forma en la cima, me encanta, ver esto crea en mí unas ganas irracionales de llegar y tocarla, de explorar esa montaña, de enterarme por mi misma de qué es lo que hay allá arriba.

El Cerro Gaital es uno de esos que llaman grandemente la atención. Cuando se llega al Valle de Antón, es posible verlo desde casi cualquier punto. Forma parte de las “Tres Marías” pues se encuentra en medio de Cerro Pajita y Cerro Caracol. Sí, el Cerro Gaital es el más grande de los tres e incluso es el más alto del Valle de Antón ya que tiene 1185 metros sobre el nivel del mar y 335 hectáreas.

Hace algún tiempo intenté subirlo por un trillo que dicen se encuentra por delante del cerro, por el Primer Ciclo de El Valle, nunca lo encontré y quedó pendiente la visita. Fue hasta hace poco que con unos amigos con ganas de todo, llegamos a la cima del Gaital.

Para empezar hay que llegar hasta el Valle de Antón y luego desplazarse hasta la comunidad de La Mesa, para eso es posible hacerlo en carro 4×4 o tomando un taxi doble cabina, aunque también hay buses de La Mesa que te dejan cerca.

El camino empieza en la caseta de ANAM en donde generalmente se paga 2 dólares por la entrada, puesto que esta área es un Monumento Natural, pero al parecer en los días de semana no hay nadie en la caseta, así que subimos sin pagar.

Cabe destacar que el sendero estaba limpio y muy bien acondicionado, incluso nos encontramos con dos personas que limpiaran a rastrillos quitando las hojas para dejar limpio el sendero. Apenas empezamos a caminar vimos epifitas variadas, bananas rojas, zamias, hongos por las esquinas, heliconias, papos gigantes, begonias silvestres, mucho musgo, helechos por doquier y muchos letreros de prohibiciones, asimismo escuchamos el cantar de  distintas aves. Se dice que en este cerro se puede encontrar la rana dorada y unas 100 especies de orquídeas, incluyendo la flor nacional (Perisferia Elata)

En el camino hay 3 estaciones antes de llegar a un mirador, en donde se puede descansar o aprovechar para merendar, hay bancas, y se disfruta del dosel de los árboles del bosque nuboso y húmedo premontano.

Antes de dirigirnos a nuestro destino, estuve averiguando si era necesario subir con un guía experimentado y si el camino estaba marcado. Obtuve muchas respuestas pero finalmente tomamos el riesgo de subir sin guía, que después de todo no nos hizo falta ya que el sendero está muy bien marcado hasta el mirador que se encuentra tres minutos luego de pasar la estación de las Heliconias y hay un letrero que lo recalca.

Recomiendo enormemente que si visitas el Monumento Natural Cerro Gaital con niños o adultos mayores, personas con problemas cardiacos o de vértigo, deben quedarse en el mirador pues después de pasarlo, el camino se torna un poco difícil.

Y fue allí donde empezó lo bueno. La vista en el mirador es eminente, se ve gran parte del cráter del Valle de Antón, algunas de las montañas que lo rodean, también se ve la finca Avícola Toledano.

La brisa soplaba fuerte, nos balanceábamos en la estructura de madera que es el mirador, y buscábamos camino pues nos parecía increíble que hasta allí llegara el Gaital. Montaña arriba se divisaba algo parecido a una varilla, como para una bandera, se veía bastante lejos, no perdimos tiempo y tomamos camino.

Max como siempre de adelantado nos llevaba espacio caminado y lo veíamos luchando con Karla para subir un camino rocoso y empinado. Cuando llegamos a este lado ya la neblina nos alcanzaba, parecía que iba a llover. Samuel llevaba una soga pero al parecer ANAM ha predispuesto cables para ayudar a las personas que desean llegar a la cima. Este lado logró ponerme los pelos de punta. Cuando fue mi turno no sabía de donde agarrarme, dónde poner el pie, buscaba seguridad y a mi lado lo que veía era un precipicio repleto de árboles y del lado contrario otro precipicio, en ese momento sentí miedo, la neblina nos alcanzaba, vimos como corría sobre nuestras cabezas. Agarré duro el cable y subí, después de mi venía Leyda que gritaba que siguiéramos pues quería almorzar en la cima.

Pisamos sobre terreno más seguro y vimos heliconias extrañas, centímetros de musgos, bromelias gigantes, musgos licopodios, flor de labios ardientes, helechos arbóreos, muchas hojas circinadas, y de pronto, un ave motmot sentado sobre la rama de un árbol a la misma altura de nosotros, mirándonos fijamente sin moverse. Más adelante logramos ver una serpiente, al parecer una boa pero nunca logramos ver su cabeza, fue muy emotivo.

El camino se puso mojado, había mucho lodo negro, tuvimos que deslizarnos por debajo de algunos árboles; ya Gabriela y Karla se habían caído en algunas partes. La humedad era alta y el olor a vegetación continua y la permanente descomposición, nos saturaba el olfato. Vimos la misma forma de la montaña, la línea oblicua a un lado y al otro y nosotros en medio.

Nos agarramos de troncos delgados, algunos tenían pequeñas e hirientes espinas; otros, al apretarlos, se deshacían en nuestras manos chorreando agua. En un momento el sendero terminó y vimos ante nuestros ojos una pared de roca para escalar con un cable negro que al parecer sería nuestra ayuda y así fue en tres o cuatro partes hasta que llegamos a la cima. Literalmente la subida no es difícil pero hay que hacerlo con extremo cuidado, pantalones largos que no sean blancos, zapatillas guerrilleras, y es muy necesario llevar agua.

En la cima hay un espacio limpio para sentarse a merendar o disfrutar del paisaje. Es posible ver casi todo el Valle de Antón, dicen que en días claros se puede ver el Mar Caribe y el Pacífico a la vez. En nuestra visita pudimos ver el océano Pacífico, el Cerro Pajita justo al frente, Cerro la India Dormida, Punta Chame, Coronado, todo el pueblo del Valle, toda la galera de Toledano, el área del Cerro Picacho y mucho más.

En la cima hay una estructura de cemento que al parecer funcionó en algún momento como VHF y fue construido alrededor de 1982 por radioaficionados que escogieron el Gaital pues estaban convencidos de que sería un excelente punto para instalar una repetidora de VHF. En esos tiempos subir el Gaital exigía hasta 6 horas de ascenso.

Allá en la cima se escuchaban las gallinas de la galera de Toledano, a 1185 msnm, nos causó un poco de gracia. Sacamos nuestro almuerzo y degustamos contentos por el ascenso. Nos subimos encima de la caseta de VHF y allí encima Samuel se echó a dormir un rato. Desde la altura se veía perfecto el trillo del Cerro Pajita y quedamos con ganas de subirlo.

El Cerro Gaital lo subimos en 2 horas y lo bajamos en 1 hora y 20 minutos pero generalmente se sube en 3 horas, recomiendo subirlo en las horas de la mañana que es muy fresco y es posible ver más animales.

El descenso fue otra historia, quedamos completamente enlodados, no había manera de no hacerlo, si no nos enlodábamos podíamos correr peligro al caernos de las paredes que teníamos que bajar con ayuda del cable. Las vistas eran preciosas, lo que no vimos en el ascenso por cuidar nuestras espaldas, ahora lo veíamos en el descenso de frente. La cadena montañosa voraz, la forma del cerro en una V entrelazada repleta de árboles sin un solo espacio vacío.

Cuando llegamos a la caseta de Anam, caminamos un poco y tomamos un bus de la Mesa que nos dejó en el centro del Valle, y nos fuimos a quitarnos el lodo al sendero de la Piedra Pintada y sus chorros.

¿Que más les puedo decir? definitivamente tenemos que aprovechar las riquezas naturales que nos ofrece el país a tan cortas distancias. El Cerro Gaital es el lugar favorito de muchas personas e incluso es un punto muy importante para los avistadotes de aves, uno de los cerros de mayor magnitud de esta área y muy importante ya que fue declarado Monumento Natural enmarcados según el decreto ejecutivo No.96 de 9 de julio de 2001 como un área protegida de Panamá.

Recuerda como siempre, 0 basura, lo que llevas a la cima lo traes contigo, no ensucies, Valora.

Para ver más fotos AQUÍ

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El que viva en la ciudad de Panamá y no haya ido al Parque Municipal Summit, no es panameño. Summit es un clásico dentro de la familia panameña, un orgullo y una joya que mostrar para los extranjeros.

Recuerdo claramente todas las veces que en excursiones escolares me llevaban a Summit y siempre era emocionante el solo pensar en que vería a el lagarto Juancho, al águila arpía y que inventaría muchísimos juegos con mis amigas en el parque del centro y que luego de eso comeríamos nuestro almuerzo acompañado de abejas por todas partes que ya nos parecían cariñosas.

Claramente el parque evolucionó, ahora se puede disfruta de mucho más, hay una buena cantidad de animales de la selva panameña y plantas de exhibición, muchísimos árboles que refrescan la vista y el espíritu en un ambiente distinto fuera de la ciudad y sobre todo cada año se lucha y se invierte más en que estos animales tengan un refugio en buenas condiciones.

taira en summit

Este jardín botánico y zoológico, con más de 250 hectáreas de extensión total, de las cuales 55 corresponden al jardín botánico, se encuentra en las afueras de la ciudad de Panamá, en el corregimiento de Ancón, en el km. 18 de la carretera Gaillard que conduce a la población de Gamboa.

Para llegar es muy fácil, debes conducir desde la ciudad de Panamá hacia las riberas del Canal de Panamá, luego conducir hacia Gamboa, siempre tomando en cuenta entrar por la carretera en donde se ve el puesto de ANAM del Parque Nacional Soberanía y cinco minutos después se encuentra la entrada al zoológico, es verdaderamente fácil de llegar.

En todo caso de ir en autobús, es aún más fácil: deberás ir hasta la Terminal de Buses de Albrook, luego tomas un bus de Gamboa (algunos dicen Summit). La parada de estos buses se encuentra saliendo por el restaurante Niko’s Café del centro de comida de la Terminal. Luego de abordar tu bus, en 45 minutos estarás disfrutando del parque. Es verdaderamente fácil.

Les cuento que este parque en sus inicios no tenía las funciones que tiene ahora, fue creado en el año 1923 con el nombre de “la granja experimental Summit” por parte de la antigua compañía del Canal de Panamá, para probar la adaptación de especies de plantas de diferentes partes del mundo al clima tropical de nuestro país convirtiéndose en un centro de investigación científica para el desarrollo de la biología tropical y de la horticultura. Se dice que ésta fue la puerta de entrada de la teca en América. Luego en el año 1960 se crea dentro del Jardín Botánico un pequeño zoológico, que al irse incrementando cuenta hoy día con más de 300 animales. En 1979 en virtud de los tratados Torrijos-Carter, el jardín pasa a ser administrado por panameños, bajo el MIDA-RENARE, como parte del Parque Nacional Soberanía.

Hoy en día el Parque Municipal Summit es administrado por la Alcaldía de Panamá que desde 1985 cumple con la función principal de conservar y dar a conocer la biodiversidad de las plantas y animales de nuestro país.

Cuenta con alrededor de 45 especies de animales propios de la fauna panameña. De ese total, 17 son aves, seis reptiles y 22 son mamíferos. Uno de los principales atractivos del lugar es el Águila Arpía, que siendo el ave nacional del país, cuenta con un refugio hermoso y a su lado un centro de exhibición en donde se proyectan películas e información a niños y adultos acerca de esta ave.

El Jardín Botánico cuenta con más de 4 mil especies de plantas. Su centro interactivo permite al visitante conocer aspectos de su biología, hábitat, hábitos reproductivos. El visitante puede pasear por los senderos del parque y observar la colección de animales y plantas. También hay estructuras para días de campo, baños, parques para niños y asientos techados para merendar, ranchos para reuniones,  una sala de proyecciones, un pequeño museo de animales disecados y kiosco para refrescarse. Supe que por un sendero, caminando no más de 20 minutos, se puede llegar a un chorro.

Para innovar el Parque Municipal Summit, le ha creado un refugio a Jaguar, que es otro de los principales atractivos. Para llegar al refugio es necesario caminar por un sendero interactivo en donde se logra ir leyendo información del mismo. Es realmente emocionante ver el Jaguar desde un vidrio transparente.

Cabe destacar que aparte de todos los animales del parque, también es posible ver algunos sueltos como algunos monos y ñeques, por supuesto es común toparse con aves hermosas que no están en cautiverio, como los trogones, gavilanes, momotos, y hasta tucanes de diversas especies.

Queda de más invitarte a visitar el parque Summit, en vez de ir a caminar al Mall, ve a caminar a Summit, en vez de ver ropa, ve a ver los animales que viven en tu país. Y recuerda, cuida lo que la naturaleza te dio.

El parque está abierto de 9:00am a 5:00pm los 365 días del año. El horario de las oficinas administrativas es de 7:00am a 5:00pm. Teléfonos: +507 232 4850 / 232-4854. Precios: Menores de 12 años Gratis. A partir de los 12 años US $1.00. Jubilados US $0.50. Todos los jóvenes en uniforme escolar entran gratis al parque.

Dato curioso: muy cerca del Summit, a pie o en auto, es posible llegar a un mirador donde se ven dos pequeñas lagunas que son perfectas para hacer avistamiento de aves. Luego de cruzar la línea del ferrocarril, se debe caminar al fondo y al terminarse la carretera, hay que ir hacia la izquierda y de inmediato verá las lagunas :)

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Hace algún tiempo estuvimos por el área de Santa Fe de Veraguas y pudimos conocer uno de los lugares de mayor impacto ecológico cercano al Parque Nacional Santa Fe: Alto de piedra, que se encuentra en la vía que conduce a Guabal y atraviesa el parque.

Para llegar a Alto de Piedra es necesario llegar hasta Santa Fe de Veraguas y luego seguir las señalizaciones muy bien marcadas a lo largo del pueblo que conducen sin perdedero hasta la parte alta del lugar, desde la cual es muy fácil observar y disfrutar de una vista espectacular del parque nacional y sus alrededores, además de un buena vista del pueblo.

cabañas

A lo largo de la carretera también se pueden ver quebradas y ríos y allá es también donde se encuentra la torre de comunicación del área.

Realmente Alto de Piedra empieza en donde termina la calle asfaltada, es por esta causa que es necesario ir en carro 4×4 si de verdad se desea conocer el lugar ya que los autos sedan no pasan esta carretera, mucho menos en tiempo de invierno que fue justamente que lo visitamos. Hay taxis que también te pueden llevar e incluso “chivas”. Se puede tomar “chivas” ( autos 4×4 que simulan autobuses) de Alto de Piedra, Calobévora o Guabal.

Es allí en donde se ve el colegio de Alto de Piedra y un poco más allá de la carretera se ve un letrero que anuncia la llegada a Alto de Piedra y de algunas cabañas espectaculares y muy cómodas, las únicas del lugar, con una espectacular vista del dosel del bosque y con un frío lago lleno de carpas y patos que lo adornan y en el cual se puede disfrutar de un placentero paseo en botes de pedales. Al lado de las cabañas se encuentra un “jorón” o bar que en el día funciona como cafetería exclusiva del espectacular café Tute, ofrecen comidas criollas y de noche se convierte en un terreno de diversión.

Hace muy poco, la Autoridad de Turismo de Panamá (ATP) y la Cámara de Turismo de Veraguas informaron que ya en la región veragüense existen dos rutas eco turísticas: la primera llamada Ruta de la Fe y Ecológica (Santiago- Atalaya – San Francisco – Santa Fe) y la segunda es la Ruta Fluvial y Verde (Santiago – Río de Jesús – Soná – Parque Coiba).

Este centro y sus cabañas formarán parte de esta ruta, por lo que decidimos conocer un poco de lo que ofrece u ofrecerá. (6666-2982 ó 6873-1348)

Como fuimos en época de invierno no pudimos entrar a los senderos para llegar a las innumerables cascadas pues justamente esos días los ríos se desbordaron y no era recomendable visitarlos, pero prometemos que pronto los visitaremos nuevamente para ofrecer un reportaje más completo y luego sean visitados por más panameños y extranjeros. Hay caminatas cortas de dos horas y media en las que se llega a las tres cascadas de Alto de Piedra, las cascadas conocidas como el primer brazo del río Bulabá y una serranía con un corredor biológico destacado como “La Serranía del Tute”. En las cabañas antes mencionadas también se ofrecen tours por Ariel Peña a precios módicos.

El clima en Alto de Piedra es espléndido, el paisaje es completamente verde y diferente; es uno de los lugares en el parque en donde se practica más avistamiento de aves, las noches son bastante amenas: el Búho Blanquinegro y el Nictibio Común nos esperan para entretenernos.

Alto de Piedra representa la zona de amortiguamiento del P. N. Santa Fe y muchas personas desconocen el gran paraíso que esconde.

En el Cerro Mariposa, punto más alto de este sector, se observa la flora y fauna endémica del área y cuando el día está despejado, hasta se puede observar el Mar Caribe y el Océano Pacífico al mismo tiempo.

Este lugar recibió este nombre por su altura y su posición geográfica. Su historia inicia en la década del 70, cuando se creó un colegio agrícola destinado a la siembra de hortalizas y la cría de animales que posteriormente se convirtió en un colegio de educación básica general.

Cabe destacar que la ANAM está promoviendo la docencia en conjunto con la Fundación Héctor Gallego, la Cooperativa de Turismo y el colegio de Alto de Piedra, para cuidar de este patrimonio de la naturaleza.

Recomiendo enormemente que si realmente te gusta la aventura, al llegar a Santa Fe de Veraguas, recorras los alrededores del pueblo y luego te vayas directamente a las cabañas de Alto de Piedra y allí armar un itinerario de innumerables aventuras a lugares dadivosos que rodean este lugar. ¡Ah! Y llevar mucho repelente para mosquitos.

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Este parque natural se encuentra en la provincia de Panamá y es considerado el pulmón de la ciudad capital, ocupa una superficie de 265 hectáreas (1,159.43 m2) y es de fácil acceso, se dice que es uno de los pocos parques naturales dentro del área metropolitana en Latinoamérica.

He ido tantas veces al parque metropolitano que ya perdí la cuenta y es que se puede acceder muy fácilmente desde cualquier punto del centro de la ciudad, por ejemplo tomando la vía Ricardo J. Alfaro (Tumba Muerto) y desviándose a la Avenida Juan Pablo II o el Camino de la Amistad se llega fácilmente al Centro de Visitantes del Parque. Otra manera fácil de llegar es tomando un autobús hasta la Universidad de Panamá, sede del “domo”, y caminar hasta el centro de visitantes del parque, esto le toma unos 10 minutos.

El parque fue creado mediante la ley 8 del 5 de julio de 1985, el “Pulmón de la Ciudad Capital”  así  llamado por su posición en la ribera occidental del río Curundú, antiguo río Hondo. Emergió como un sustrato de tierras que probablemente protegían junto a zonas deforestadas, islas o refugios de bosque tropical, usadas como haciendas ganaderas, cuyas raíces se extraen de 1974; cuando se realizaban planes para el empleo del suelo del Canal antes que se firmaran los Tratados Torrijos-Carter.

Durante la presencia norteamericana y en virtud del Tratado Hay-Bunau Varilla, del 18 de noviembre de 1903, se entregaron al Gobierno de Estados Unidos todas las tierras y aguas comprendidas cinco millas a ambos lados del canal interoceánico para la construcción, operación, protección y mantenimiento de la vía acuática. Al encontrarse dentro de este territorio las tierras que hoy conforman el Parque Natural Metropolitano, también pasaron a la administración estadounidense. A partir de fragmentos de bosques que habían persistido desde tiempos coloniales (e incluso precolombinos), la regeneración natural condujo a la restauración de bosques naturales.

En el website del P. N. Metropolitano afirman que “si hubiésemos vivido en la ciudad de Panamá durante la época de la colonia, habríamos encontrado, en lo que hoy es el Parque Natural Metropolitano, un panorama muy distinto. Desde la ciudad de Panamá, partían las caravanas cargadas con oro y plata de Sur América, rumbo hacia la población de Venta de Cruces, a orillas del río Chagres. Desde allí, los tesoros eran transportados por medio de pequeñas embarcaciones hasta la ciudad de Portobelo, uno de los pocos puertos del nuevo mundo autorizado para recibir a los galeones reales. El viajero que salía desde la ciudad de Panamá pasaba cerca de lo que hoy es el Parque Natural Metropolitano en su recorrido hacia Venta de Cruces, pero los paisajes que contemplaron los viajeros del siglo XVII eran muy diferentes a los de nuestros días. Los que viajaban en las caravanas de aquellos tiempos disfrutaban de un paisaje compuesto por áreas para ganado, áreas de cultivo, áreas de descanso y un rico bosque natural.”

El 5 de Junio de 1988, Día Mundial del Ambiente, se inauguró el Parque Natural Metropolitano. Un año más tarde, se crearon tres coordinaciones: la de Protección, la de Educación Ambiental y la de Mantenimiento.

xenops bayo en el PNM

En 1989, el área del Parque Natural Metropolitano se convirtió en centro de entrenamiento para las Fuerzas de Defensa de Panamá. Éstas restringieron el acceso de los visitantes a fin de evitar conflictos, la Alcaldesa del distrito de Panamá y Presidenta del Patronato, de ese entonces, Lic. Jilma Noriega de Jurado, ordenó el cierre del Parque al público.

Actualmente el Parque Natural Metropolitano, cuenta con un Plan de Manejo y un Plan Operativo. El Parque es administrado por un Director General, figura que fue introducida en 1998.

Aunado con el Parque Camino de Cruces y el Parque Nacional Soberanía conforman un corredor biológico que se extiende a lo largo del margen occidental del Canal de Panamá, contribuyendo así al amortiguamiento de la Cuenca canalera.

Aunque el Parque Nacional Metropolitano se encuentra en la ciudad es sorprendente que es hogar de 227 especies de aves, 45 especies de mamíferos, 36 especies de reptiles y 14 especies de anfibios.

El parque cuenta con senderos mágicos en donde con solo caminar cinco minutos, se empieza a notar la diferencia, comienzas a ver aves increíbles, como el Motmot en el sendero Monótides que lleva su nombre ya que está copado de ellos. En ese mismo sendero he logrado ver serpiente coral, aves como los exóticos Manakin, tan buscados por los avistadotes de aves; oropéndolas, monos tití, entre muchos otros animales y lo más increíble es que este sendero es de poca dificultad y el mismo se puede recorrer en media hora, y esto es solo hablándoles de uno de los senderos más fáciles en el parque, pues el mismo cuenta con muchos senderos y miradores:

trogón en el PNM

Mirador los Caobos altura 72 m.s.n.m. en donde hemos podido avistar hermosos trogones; Mirador los Trinos altura 45 m.s.n.m desde el cual se pueden ver los tucanes sobrevolando el área en las mañanitas y en el que podrás observar los diferentes estratos de este hermoso bosque, además de poder escuchar las diferentes melodías que interpretan las aves que habitan el parque; Mirador Cerro Cedro altura 150 m.s.n.m. el cual ofrece las mejor vista: Las Esclusas de Miraflores, El Puente Centenario, Parque Nacional Camino de Cruces, Clayton, Albrook, Toda la ciudad de Panamá antigua y moderna, Puente de las Américas, La Calzada de Amador, Isla Taboga, Puerto Balboa, Aeropuerto Marcos Gelaberth;  Sendero Los Momótides distancia: 0.7 Km. y su nombre se debe al “Momoto Coroniazulado”, (Momotus momota) una hermosa y especial ave que frecuenta este sitio. Su recorrido dura 30 minutos aproximadamente y se puede observar gran variedad de aves y animales; Sendero Los Caobos distancia: 1.1 Km. a 72 m.s.n.m el cual recibe su nombre por la existencia de algunos ejemplares de la muy escasa especie forestal caobo y constituye el sendero de mayor exigencia a nivel físico, ya que tiene pendientes pronunciadas escalonadas, que bien vale la pena recorrer por su exuberante flora y por haber sido escogido como una de las áreas de mayor posibilidad de observación de aves del Parque; Camino el Mono Tití distancia: 1.1 Km. en donde de manera inexplícita hemos sido perseguidos por los monos tití en bandadas tratando de arrojarnos alguna cosa o de orinarnos las cabezas y el cual está ubicada la primera grúa instalada a nivel mundial (1990), por el Instituto de Investigaciones Tropicales Smithsonian (STRI),  para estudiar  el dosel del bosque y la biodiversidad de especies que allí interactúa.

En el punto más alto se encuentra el mirador “Cerro Cedro” a 150 m.s.n.m. del cual se tiene una increíble vista panorámica de la ciudad de Panamá, el Canal de Panamá, el Parque Nacional Camino de Cruces y el Parque Nacional Soberanía;  Sendero La Cienaguita distancia 1.1 Km. en el que en época lluviosa, se forma en la entrada una pequeña ciénaga a la que llegan los mamíferos a abastecerse de agua y el Sendero El Roble que debe su nombre al gran árbol de Roble y tiene una distancia de 0.5 Km.

Uno de los principales objetivos del Parque ha sido el educar a los habitantes de la ciudad de Panamá sobre la conservación del medio ambiente desarrollando actividades que contribuyen a crear una conciencia conservacionista que invita a la recuperación y buen uso de los recursos naturales.

El monitoreo de especies de fauna silvestre es una herramienta de gestión ambiental utilizada en la actualidad, para de terminar variaciones en el ecosistema, con la finalidad de conocer la distribución y el desplazamiento de la fauna silvestre dentro del Área Protegida. El monitoreo de flora, brinda un panorama sobre la diversidad de animales que pueden ser  encontrados dentro del Parque y que dependen de estas especies vegetales.

un gato solo por la cienaguita PNM

A lo largo de tiempo, esta fuente de información constituye una herramienta para conocer el estado de conservación de las especies, la identificación de zonas de mayor presión y los posibles factores externos que afecten en algún grado a sus poblaciones.

La eliminación de áreas naturales para el desarrollo urbanístico, industrial, gubernamental y el desarrollo de actividades turísticas han obligado a la fauna silvestre a desplazarse hacia nuevos sitios en busca de un hábitat favorable. Desafortunadamente; para muchos animales, en su trayecto no encuentran espacios naturales seguros para ubicarse y terminan en áreas urbanas causando molestias e inconvenientes que les pueden causar hasta la muerte.

El PNM lleva a cabo desde el año 1998 un pequeño programa de rescate, rehabilitación y reubicación de fauna silvestre, que ayuda a cientos de animales enfermos, heridos, desplazados o huérfanos, a volver, dentro de lo posible a su medio natural.

Este programa depende de donaciones en dinero o en especie, para poder ayudar en la alimentación o en cuidados especiales a los animales que llegan al PNM.

El dosel de los bosques tropicales es uno de los sitios  con la biodiversidad más grande del mundo y muy poco de ella ha sido registrada por el hombre. Se estima que más del 90% de todas las especies del  mundo son insectos que habitan lo más alto del  bosque tropical y  que aún no han sido descritos por la ciencia. De las 1.8 millones de las especies que han sido registradas  más de la mitad viven dentro estos  bosques,  es por eso que muchos científicos  se han dedicado en  los últimos años al estudio del dosel del bosque tropical.

La parte superior de los bosques tropicales tiene una importancia significativa en el clima mundial ya que este tipo de bioma juega un rol importante en la regulación del clima global, arrojando más carbono por año que cualquier otro hábitat.

Hoy día el Parque Natural Metropolitano te ofrece la oportunidad de poder conocer la parte más alta  del bosque mediante el uso de  “la grúa de estudio del dosel del bosque tropical”  Primera grúa establecida para el estudio de la biodiversidad tropical por  el Instituo Smithsonian de Investigaciones Tropicales. Esta grúa fue colocada en el Parque Metropolitano desde 1990 y desde ese tiempo hasta hoy desempeña un papel importante en las investigaciones científicas.  Actualmente hay 12 grúas en el mundo que se usan con este fin. De  las cuales dos de ellas están en Panamá y tú puedes tener acceso a una de ellas mediante una gira guiada en el Parque Natural  Metropolitano, es una experiencia única que no te puedes perder. Las 232.35 hectáreas del Parque Natural Metropolitano son uno de los pocos remanentes de bosque seco tropical de la costa del Pacífico que queda en todo Centro y Sur América. La Grúa cuenta con unos 35 metros de altura dentro del bosque  y opera en un radio de 40 metros. El trabajo de la grúa permite abarcar unos 180,000 metros cúbicos de bosque; el máximo de personas que pueden subir al mismo tiempo a la grúa es de 4 más un guía, La Grúa se encuentra ubicada en el centro de una hectárea con una parcela de 316 árboles aproximadamente, estos árboles cuentan con una altura que está entre los 30 y 40metros. Más de 60 especies de árboles y lianas se pueden observar en el perímetro de  la grúa además de una de las vistas más hermosas de la ciudad de Panamá.

un motmot coroniazulado en el sendero Monótides, PNM

Definitivamente que tenemos que aprovechar el beneficio de tener un parque natural tan cerca de nosotros en donde siempre vamos a encontrar algo nuevo e interesante que ver, más interesante se hace aún si llevas tu cámara y un buen lonche y te vas en un solo día a recorrer todos esos senderos haber qué te encuentras.

No me creerían si les digo que en una sola mañana he logrado ver más de 6 especies exóticas de aves, monos tití, gato solo en grandes cantidades, tortugas por doquier, árboles de tamaños increíbles, insectos de diseños sorprendentes.

Inventa un día irte al sendero de los Momótides y ¡prueba! Proponte ir en busca del momoto coroniazulado, date la vuelta varias veces por el sendero hasta encontrarlo y lograr fotografiarlo. Tenlo por seguro que te volverás un fanático del parque, más que del cine o de los centros comerciales.

Aprovechemos los recursos naturales que tenemos en Panamá, estas razones hacen del Parque Natural Metropolitano un sitio único en el mundo, costituye un tesoro natural inmerso en la cosmopolita ciudad de Panamá.

El Parque Natural Metropolitano recomienda ¡Silencio! y tener la vista y los oídos bien abiertos, estar pendiente del mínimo movimiento en la copa de los árboles y del sotobosque para disfrutar la naturaleza que habita allí.

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