ENLODADOS :: Turismo y Aventura Ecológica

Turismo y Aventura Ecológica

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Guayavital, parte de Río Chico

Los senderos de Panamá son hermosos, el sol que nos ilumina es distinto, dan ganas de salir siempre y sentir el olor característico del campo, lleno de personas que sí saben tratar. Cada vez que voy a escribir, veo antes las fotografías tomadas y me digo: ¡wow!, yo estuve ahí, mi país es divino, ¡no tengo que ir a ningún lado más! Aquí hay de todo lo que se puede disfrutar realmente, ricas aguas con temperaturas perfectas, caídas de agua hermosas, playas con aguas de colores tornasoles, montañas de formas increíbles, cielo combinado con la tierra. Hasta los lugares más áridos son bellos y tienen algo que aportar a nuestros ojos.

La semana pasada estuvimos en La Toza, comunidad del distrito de Natá de los Caballeros en Coclé. Nuestro propósito de aquél día era llegar hasta el Chorro de los Duendes al cual solo podíamos llegar en 4×4 y era lo que nos faltaba, así que nos quedamos en la Toza.

Fanshi, nuestro amigo de Natá, nos llevo a conocer su familia, que con gran alegría nos recibió y nos dieron varias opciones de lugares para visitar cerca de allí. Escogimos un lugar bastante cerca de la casa de la abuela, un lugar que ciertamente es muy poco conocido, tanto así que le dicen “el río de la abuela”…que es una parte de lo que forma el río Chico, uno de los principales afluentes de Natá.

Entramos por la calle que conduce a las Huacas del Quije y nos desviamos en la entrada de la Toza, de ahí la calle de asfalto terminó y empezó la empedrada. Disfrutamos de hermosas vistas, al frente estaban los Picachos de Ola, que guardan hermosos senderos. La Toza es limítrofe entre Coclé y Veraguas, es un lugar bastante árido y en verano pega un sol bien fuerte. A nuestro lado pasaban bueyes cargando carretas en donde iban sentados niños muy cómodamente. Los Picachos de Olá se veían cada vez más cerca, con sus picos perfectos y su color verde uniforme.

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Al llegar a la casa de la abuela nos emocionamos ya que cocinaban un chicheme que se veía delicioso, Max y Leo terminaron en hamacas. Fanshi se adelanto a casa de un tío y lo seguimos, tras pasar por un cañaveral, nos encontramos en un bajo en donde tenían un trapiche; un niño ayudaba a su abuelo y éste le mostraba cómo introducir la caña en la máquina de la cual Fanshi nos obsequio raspadura recién echa.

De ahí nos encaminamos al río, estaba a unos 20 minutos bajo un sol candente y enardecido que nos acompaño hasta llegar. Pasamos por debajo de alambres varias veces, hasta llegar a donde se veía ya el río, habían unas caídas de agua pequeñas, y de repente una olla de agua que nos trasmitió peligrosidad, se veía verdaderamente hondo, Fanshi nos propuso quedarnos allí o ir más allá en donde había un lugar bueno para nadar.

Caminamos por un tramo pequeño hasta ver la poza, y nos sorprendimos, era como ver la playa de la película “The Beach” pero convertido en río, las piedras hacían forma de una gran pared caliza bajo la cual estaba el río que a simple vista era hondo, pues el fondo era negro, pero tenía una parte considerable para menos efectos.

Preparamos todo, esta vez llevamos hasta estufa, y música con buen sonido. Nos metimos al agua fría, y una vez dentro nos percatamos de la gran fauna, había una cantidad increíble de sardinas que hasta me mordieron, camarones en las piedras, libélulas, lagartijas corriendo de un lado para el otro, pájaros cantando, un sin fin de sentidos y emociones.

Y PUM! Fanshi se lanzó y cayó en el agua con estrepitoso sonido, lo vimos emerger de las aguas y salir con una sonrisa de oreja a oreja. Poco después Max estudiaba el área desde arriba, no se si estaba rezando o tratando de ver el fondo, pero unos minutos más y PUM! de nuevo, nada más vimos salir a Max con otra sonrisa, más grande aún, pero con un dolor en una pierna, golpe de agua- pierna, lo que hizo que se quedara quietecito un buen lapso.

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Preparamos la estufa, nos habíamos instalado en una parte en donde pasaba el río a izquierda y derecha, nosotros estábamos en medio de él, ¡qué placentero!

Nos turnamos la cocinadera, hicimos las clásicas milanesas con tortillas y hasta unos “chicken tenders”. Como siempre Leo se atrevió a llevar su ceviche, que fue un contento a la hora de comer.

Mientras comíamos, y mientras Fanshi nos contaba historias de fantasmas y leyendas del lugar, fue cayendo la tarde y los destellos del sol fueron desapareciendo.

Nos despedimos del lugar lleno de sentidos y encaminamos a casa de la abuela en donde nos esperaba el delicioso chicheme hecho en el fogón. En el camino no pudimos evitar tomar fotos de los Picachos de Olá. Tanto llaman nuestra atención! Pero les prometemos que pronto iremos.

Cada día se descubren más lugares, atrévanse a caminar o llevar el carro un poco más lejos, o quien quita tomar un bus a un lugar desconocido y empezar a preguntar, así es que se descubre y se disfruta :)

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Si estás interesado en visitar el Chorro Tavidá y vienes de la cuidad de Panamá, debes tomar por la carretera Interamericana hasta Penonomé, luego donde está el Hotel Dos Continentes girar a la derecha y continuar hasta el Banistmo y en la calle siguiente girar a la derecha frente al Banco General, tomar la carretera de Churuquita, Toabré y Caimito. Cuando llega a Caimito son 9 km. para llegar. En este último tramo debe ser muy cuidadoso, ya que la carretera tiene varias curvas cerradas.

Serán alrededor de 30 a 45 minutos en llegar desde Penonomé hasta el cerro La Vieja, debe seguir prestando atención hasta ver un letrero que dice “entrada a la cascada” clavado en un árbol.

En caso de ir en bus debe tomar la ruta Panamá-Penonomé en la Terminal de Transporte de Albrook.  Después, otro transporte que lo llevará hacia la ruta Penonomé – Chiguirí Arriba.

Hay que entrar por allí hasta llegar al patio de una casa, si anda en sedan es mejor dejar tu auto por allí y caminar (hay una señora que cobra dos dólares por el parking). En caso de que ande en 4×4 puede subir hasta llegar a una entrada cercada por malla ciclón.

Caminamos y tomó unos 15 minutos hasta llegar a la entrada, allí nos detuvo un empleado de Hostal del Cerro La Vieja, nos advirtió que no podíamos entrar con cooler, a lo que le mostramos el interior sin bebidas alcohólicas. El trabajador nos dijo los parámetros muy amablemente: no dejar basura, mantenerse a orillas de no saber nadar, también nos dijo que no podían entrar grandes grupos o paseos – giras, y por ultimo nos advirtió de pagar tres dólares.

Llamo mi atención el letrero principal que decía: “Reserva Tavida, Reserva Natural PRIVADA, PROTEGELA”…Uff! Advertí y preguntamos: ¿cómo es eso de privada? y el señor nos dijo que el hostal ecológico del Cerro la Vieja había comprado 40 hectáreas en Chiguirí arriba que incluían el chorro Tavida.

Bien, pagamos y seguimos ahora por un sendero hecho por el hostal, unos 15 minutos más, vimos unas cabañas altas y en frente estaba el apretado dosel selvático que iluminó con una paz la piscina de agua al final del chorro. Contuvimos largamente el asombro frente a esta inusitada belleza.

Es el lugar perfecto para reponer fuerzas. Cargado de frescas sombras, abanicado por un suave e imperceptible viento y, el silencio lo hace un lugar irreal. Al estar en el mirador te caen grandes gotas del chorro. Desde ahí se ve la piscina verde perfecta rodeada de vegetación y una caída de agua de 30 metros. Todos corrimos a bañarnos bajo las rugientes aguas de la caída.

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Ando tratando de sacar la inspiración necesaria para escribir; he comido de todo, he escuchado de todo y solo hasta ahora, casi una semana después es que logro empezar. Tuve la magnifica idea de ver las fotos que tomé y ya las palabras se desbordan de mis dedos.

Estuvimos en Lajaminas, un pueblo pintoresco, de esos de los Santos, provincia tan típica de nuestro país. Fueron unas 4 horas y media de viaje, entre paradas, llegamos de madrugada, el camino era fantasmagórico, rodeado de potreros y sin un solo poste de luz. Ya instalados en la casa, pude sentir ese calor de hogar santeño.

La casa de Vladimir es preciosa, decorada al gusto por su mamá, bellos adornos engalanaban el patio, así como las pequeñas flores y qué se diga del interior de la casa, mosaicos de arcilla que dan vistosidad y hasta un mueble con un techito hecho de tejas (que vidagena soy).

Después de instalarnos, nos sentamos a conversar un rato, mientras hablábamos escuche el bramar de alguna vaca a lo lejos.

A la mañana siguiente desayunamos y salimos a los alrededores con la Sra. Oderay, mamá de Vladimir, muy amable nos llevo a conocer su rancho Río Viejo, en la parte alta de un terreno, desde el cual había una vista panorámica de Lajaminas, riquísima brisa pasaba, ¡extraño la hamaca! Habían unos graciosos cerdos y tres vacas de mascota: Doris, Argentina y Barbie así que las fuimos a ver de cerca, muy inofensivas, pero Doris era grande y gorda así que no nos atrevimos a tocarlas.

De regreso a la casa fuimos a tumbar naranjas, recogimos tantas que en cada comida hacíamos refresco. Después de eso tomamos rumbo a Isla Iguana, por fin, qué ansiosa estaba.

Tomamos la lancha de Bolocho, un amable señor, amigo de la familia, que también trabaja en isla Iguana con la ANAM, que dicha! El costo del viaje fue de 40 dólares que es más o menos lo que se paga, a menos que quiera regatear.

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Ya en la lancha, todo fue un suspiro, a siete kilómetros de la costa, unos 20 minutos y ya estábamos del otro lado, en Isla Iguana, en un parpadear de ojos, Vladimir se tiró al agua, aun no habíamos encallado, pero el agua era verde turquesa, invitante, el fondo se veía clarito sin dificultad, en el cielo azul se veían las famosas tijeretas y fragatas que habitan la isla, son las dueñas del lugar.

Hace un par de años se instaló un centro de visitantes a cargo de la ANAM en El Crial, la playa más grande y que está mirando hacia la costa. El centro tiene guarda parque a cargo y está ahí con el objetivo de controlar a los turistas, buzos y campistas que llegan a visitar. ANAM cobra por la visita: B/.4.00 por persona, los cuales se pagan en el centro de visitantes.

Me dijo Bolocho que a veces se ven ballenas jorobadas, cachalotes, delfines y hasta tiburón ballena, orcas y yubatas que emigran desde las frías aguas del Polo Norte y Sur hacia los cálidos mares del trópico para aparearse, espectáculo marino apreciable año a año desde Isla Iguana, rogué por ver algo, pero creo que la emoción fue mucha, hubiese podido morir al verlo.

También anidan las tortugas, sobre todo entre septiembre y diciembre y habitan iguanas verdes y negras que muy poco se dejan ver por los humanos. Lo que sí logramos ver fue a unos merachos, esos si no le tienen miedo a nada!

Exageraría si escribiera que vimos un millón de Cangrejos Ermitaños, Mangotes, Kikirikakiris, el fantasma y los Concholí, pero indudablemente así fue, tenía que ver bien la arena para no pisar alguno, eran billones, de todos los tamaños y colores.

La isla esta completamente deshabitada, es un área protegida, con el arrecife de coral más grande del golfo de Panamá con 16 hectáreas. Hay multas por pisar corales, o tratar de llevártelos, tampoco puedes dar de comer a los animales en derredor, hay que tener extra cuidado con la basura y llevártela a tierra firme, los yates también tienen sus reglas, no pueden encallar cerca de la playa ni encima de los corales.

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Había leído que el mar en verano se pone feo y con grandes olas, pero suerte tuvimos que estaba sereno al menos del lado de Playa Crial. En esa misma playa llegaron unos peces gorditos y grandes de color gris que no pude distinguir, pero pasaban muy cerca de nosotros, logramos ver cuatro de ellos; en Isla Iguana  hay 11 especies de corales de unos 4,800 años de edad y aproximadamente 542 especies de peces.

Leo sopló una cama inflable en la que más tarde harían una sesión de fotos con Becerro. Livia y Vlad se ofrecieron a darnos el recorrido por los senderos, Becerro, Mayde, Yara y Mario se quedaron bañandose en la playa.

Nos lavamos los pies en una llave de agua antigua y empezamos la corta caminata: el primero en tomar fue el sendero del Faro, en el camino Leo y yo logramos ver unos merachos y prestábamos atención a cualquier sonido, a ver si teníamos suerte, pero nos topamos fue con una manada de cangrejos por todos lados, que nos asustaban con sus sonidos. Pude notar que los árboles tenían raíces extrañas, me atrevo a decir que son restos de manglar seco, o que son lo que quedo de algún ecosistema de manglar de hace muchos años. Pasamos por uno de los cráteres que alguna vez dejaron los estadounidenses al tomarse Isla Iguana en los años 40 para practicar tiro al blanco, aviones militares soltaban bombas que caían sobre la isla y los arrecifes a su alrededor :(

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Se dice que muchas de esas bombas no explotaron y hace unos años dos de las más grandes fueron explotadas controladamente. Fácilmente se pueden ver los cráteres al recorrer la isla, incluso en el centro de visitantes de la ANAM tienen un mapa interactivo en el cual se ven claramente los cráteres dejados, testimonio de la ignorancia de aquellos militares y de la falta de responsabilidad de quienes tendrían que limpiar esos antiguos campos de tiro en nuestro país, pues no solo lo es en isla iguana, sino en muchos otros lugares.

Llegamos a la playa del Faro y era aún más hermosa que playa Crial, angosta, imponente, el mar estaba furioso, grandes rocas negras se levantaban a un lado, más allá se veían unos cactus inexplicables, en el cielo sobrevolaban las tijeretas, fragatas, pelícanos, pájaros bobo, entre otros. Estaba paralizada, tomamos algunas fotos y nos sentamos en una de las piedras, sobre las cuales había miles de babosas, las despegaba de las piedras para verlas más de cerca y ellas me saludaban con sus antenas viscosas.

Al regresar por el sendero vimos árboles de naranjilla, el Panamá, el carate, el guácimo, el balso, mamón, marañón curazao, ciruela, guayaba y coco. Se dice que en la zona costera de la Isla hay más de 400 hectáreas de manglar donde dominan los mangles colorados, blanco, negro, salado.

Fuimos al centro de visitantes desde el cual hay una vista hermosa, ahí conversamos buen rato con uno de los guarda parques que nos contó que hace poco habían visto un cachalote y que esa mañana había pasado una iguana negra muy cerca, nos enteramos de que la isla fue declarada como Refugio de Vida Silvestre en 1980 a través de un Acuerdo Municipal y la asociación con el Consejo Internacional de Protección de las Aves (CIPA-Panamá) y con la ayuda de moradores de Pedasí, lucharon contra intereses que buscaban privatizar este importante centro ecológico y turístico y entonces crearon el refugio de vida silvestre Pablo Arturo Barrios, que incluye el área costera y el mar frente a Isla Iguana, permitiéndose específicamente la pesca artesanal pero prohibiendo la pesca de arrastre y de grandes barcos camaroneros.

Al salir del centro de visitantes tomamos el Sendero de Anidación rodeado de palmeras y en el cual en cierto punto el olor a excremento de aves era intenso, allí estaban anidando las fragatas, hacían un sonido fuerte y gutural, las que estaban sobre las ramas tenían un globo rojo bajo su pico, señal de apareamiento, fue hermoso verlas tan de cerca.

Al regresar estaba Becerro en una sesión de fotos intensa, sobre la cama inflable, Mayde y Yara se reían del contenido tan valioso que tenían en sus manos.

Montamos la lancha y ya en alta mar, Bolocho dio la orden de tirar la caña de pesca y tiramos otra de nuestro lado, ni 10 minutos andando y Vlad pescó un atún, pero se le escapo :( más adelante Leo tenia en su mano la otra caña y sintió la presión, un hermoso pez atún de unas 4 libras…nuestro equipo iba ganando: Becerro, Yara y yo celebrábamos, 1 a 0. Seguimos probando suerte. Tenia en mis manos el nylon y sentí que algo haló fuertemente y casi me corta los dedos, era otro pez, idéntico al anterior, qué alegría, Leo lo sacó, que triunfo por haber pescado dos peces. Bolocho solo se reía de nuestro pobre triunfo.

El sol nos despedía con sus últimos destellos de la tarde, era hermoso, se veía tan cerca y palpable, redondo, anaranjado…

Nos fuimos a la casa llenos de pescado y con una hermosa experiencia que en lo personal pienso repetir, Isla Iguana es un paraíso accesible que más conocen los extranjeros que los panameños, atrévete a ir, no te vas a arrepentir.

Importante

Es posible ir y venir el mismo día, pero si quieres pasar la noche hay que acampar. Hay un refugio al lado del centro de visitantes, donde se puede dormir y también se puede acampar en la arena. Se permite hacer fogatas, pero sólo se puede usar leña de playa, no se deben cortar árboles ni ramas, ni siquiera secos.

Hay un pozo de brocal detrás de la casa del guarda parque, pero el agua es más bien salobre y no apta para beber. Trae tu propia agua y comida desde tierra firme, en Pedasí se puede conseguir todo lo que haga falta. Recuerda llevar protector de mosquitos.

Desde la Ciudad de Panamá por vía aérea diariamente, en 35 minutos hasta la Ciudad de Chitré en la Provincia de Herrera. En auto también desde la Ciudad de Panamá, a través de la Carretera Panamericana hasta la Ciudad de Chitré en cuatro horas, de allí a la ciudad de Las Tablas y luego al poblado de Pedasí en aproximadamente una hora. Luego de estar instalado en Pedasí es necesario trasladarse hasta la desembocadura del Río Pedasí y tomar una lancha o bote que en veinte minutos lo llevará a Isla Iguana.

El poblado de Pedasí es el más cercano a Isla Iguana y posee alojamientos, restaurantes y alquiler de lanchas, también puede hospedarse en las Tablas y después dirigirse hasta Playa el Arenal en Pedasí.

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Cuando niña lo único que conocía de ese lado era el zoológico Summit y mas que todo porque la escuela nos llevaba, recuerdo al lagarto Juancho que hace poco murió, y otro par de animales de la selva panameña que tienen allí.

Crecí y entonces el verde me empezó a llamar la atención y un día caminé con algunos amigos desde Summit hasta el Sendero el Charco que esta a uno 5 minutos en auto después de pasar Summit.

También hay dos lagunas separadas por una carretera de piedras en la cual se puede observar diferentes tipos de aves, algunas migratorias.  Las lagunas están sucias así que no son aptas para bañarse, considero que son solo para observación, justo al frente de Summit hay una calle que baja hacia la línea del ferrocarril, se sigue hasta ver una garita fronteriza, de ahí se camina a la izquierda y se encuentran las lagunas.

Un día agarramos un bus y nos fuimos hasta el mismo puente de gamboa, ahí nos quedamos al borde del puente unas buenas horas…me fascinaba aquel paisaje exótico.

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Ahora disfruto mejor de el zoológico Summit, tienen hasta el águila arpía y un jaguar que visitar; ir a el hotel Gamboa Rainforest Resort a disfrutar del paisaje, y hasta puedes disfrutar de un buen trago en el restaurante del lobby, ese hotel también ofrece paseos por teleférico, pesca en el lago Gatún, avistamiento de aves, senderismo, safari nocturno entre otros…

Gamboa es un pueblo pequeño, se encuentra en una curva del Río Chagres en el punto que se alimenta el lago Gatún. Gracioso es que aunque Gamboa esta más cerca de la costa del pacifico, su cuenca esta del lado del atlántico.

Tienen un puente de hierro y madera construido sobre el río Chagres y es su única carretera de acceso, el puente es utilizado por el ferrocarril y los carros esperan su turno ya que solo es capaz de proporcionar un espacio para un carril de tráfico a la vez.

Antes de llegar al puente hay un pequeño muelle donde se puede pescar o simplemente quedarte un rato allí si te conformas con observar. También salen diferentes tours a las islas cercanas, como Isla Monos o Isla Barro Colorado.

En el sendero el Charco hay que tener suerte, la mayoría de las veces esta sucio, lo bueno es que tiene un rancho con una parrilla en donde puedes improvisar, baños y acceso fácil con barandales y hasta sillas para descansar, con suerte entras gratis, a veces hay guarda parques que cobran pues esta es una instalación de la ANAM y forma parte del Parque Nacional Soberanía.

No enfatizamos mucho en el Camino del oleoducto, Camino de cruces o Camino de plantación, que también forman parte del PN. Soberanía, pues esa será otra reseña.

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Escondido en la comunidad de Las Lajas de Chame se encuentra un chorro que es casi conocido solo por los lugareños. En épocas de invierno suele estar un poco sucio pero ya en el verano cambia un poco la tonalidad del agua a más clara.

Tiene un salto increíble de unos 7 metros de altura desde el cual los jovencitos hacen mortales clavados con tal destreza que te logran poner los pelos de punta.

El río el Harino tiene la particularidad de que sus rocas son lajas que van formando escaleras naturales que son utilizadas para bajar a la parte cóncava donde la gente se baña.

Ciertamente no es recomendable para personas de la tercera edad y hay que tener mucho cuidado al bajar pues hay partes en las que prácticamente hay que escalar, de manera tal que tampoco es fácil llevar coolers o cosas pesadas.

Dentro del río de frente a el chorro hay varias piedras en forma de banco en donde te puedes sentar y pasar un rato agradable, el río tiene partes hondas y peligrosas así que no es recomendable meterse a loco si no se ve el fondo pues puede pasar un accidente irremediable; en caso de tener niños, es bueno llevar salvavidas o llantas de recreación.

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El chorro esta situado en la comunidad de las Lajas de Chame, justamente antes de llegar a el Rey de Coronado, a la mano derecha hay una calle al lado de un mini súper, se entra por allí y unos 10 minutos más allá se verá a mano derecha la escuela Roberto Eisemman, después a la izquierda verá una gallera abandonada y una callecita de piedras al lado, entra por allí y siga hasta llegar al patio de una casa. Allí puede dejar su auto y seguir caminando por el trecho bien marcado hasta ver el río e irlo bordeando hasta ver el chorro, ya después de eso se trata de tener cuidado al bajar y pasar un momento agradable.

Aquí también se puede hacer rappel con el equipo necesario.

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Entre cuentos y leyendas siempre me llamaron la atención las famosas lagunas. Siempre escuché que eran hermosas pero a la vez peligrosas; unas horas antes me encontré con mi amigo José en el parque de la comunidad de Volcán y decidimos tomar un taxi ya que de allí a la laguna podrían durar unas tres horas caminando; preguntamos cuanto nos cobraría hasta la laguna, y éste nos respondió que sería por un valor de B/2.00 dólares.

Las Lagunas están ubicadas en el corregimiento de Volcán, distrito de Bugaba, provincia de Chiriquí, aproximadamente a 45 Km. al Noroeste de la Ciudad de David y a 2 Km. al Suroeste del poblado de Volcán. La temperatura media anual en la zona es de 14.1 ºC. Estas dos lagunas se encuentran a una altitud de unos 1200 metros sobre el nivel del mar.

Cuando llegamos allí, nos esperaba un trecho algo largo, por lo que recomendamos ir en auto 4×4. Al llegar a la entrada todo estaba inundado ya que había llovido por tres días. Seguimos nuestro camino, el sol radiante nos dejaba apreciar lo hermoso que es el pueblo.

Las lagunas de Volcán se encuentra dentro de una zona de antiguas calderas volcánicas que se caracterizan por: los basaltos-andesitas, cenizas, tobas aglomeradas y lavas.

El punto donde nos encontrábamos es uno de los más bajos de Volcán y se puede apreciar parte del pueblo así como Paso Ancho (camino a Cerro Punta).

Caminando sin parar, por fin llegamos a la entrada de la laguna y en ésta encontramos dos vías: una a la derecha y una a la izquierda. Mi querido amigo Jose optó por tomar el trecho a mano izquierda pero a los cinco minutos, calculó que ese no era el indicado, y dimos vuelta atrás para tomar la entrada correcta y desde allí a la laguna fue media hora.

Ya nos faltaba poco y se veía “la laguna chica” que presenta una superficie de 175 Km.², al verla nos encontramos  con una casa y un pequeño muelle, bello panorama se apreciaba, arbustos, bromelias, orquídeas, cedros, lianas y helechos, hasta algunos patos nadando y abundante color verde. Consideradas como un área natural de gran importancia, tanto por su biodiversidad como por el hecho de que las mismas constituyen el único humedal pantanoso que existe en las tierras altas de Panamá, y el quinto de este tipo en toda la región centroamericana.

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Entre las especies que son usadas mayormente en casería se pueden encontrar el venado corzo, el conejo pintado y los ñeques. Además se pueden hallar: zarigüeyas, armadillos, ardillas rojas, conejos muletos, etc.

Ahí no terminaba nuestro recorrido, a quince minutos de camino por fin conseguimos llegar a la “laguna grande” que ocupa una superficie de 1,250 Km.² A lo lejos vimos a cuatro hombres; al principio me dio miedo pero José dijo que no me preocupara ya que siempre las personas van a pescar, incluso de noche.

Según los estudios realizados, este lugar no es más que un cráter abandonado de un volcán que una vez existió. Lo más relevante de este lugar es que después de varias  de las exploraciones que por años se han realizado, no se ha encontrado fondo en ellas.

Se ha recomendado no bañarse en este lugar debido a la profundidad así como a las corrientes de agua que han sido fuente de terribles accidentes como algunos moradores han indicado, aunque  no puedo negar que me apetecía entrar a sus aguas  y darme un buen chapuzón, sus aguas eran claras…tan cristalinas como las aguas del caribe.

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Sin embargo, el lugar es excelente para visitar y contemplar la naturaleza por la gran cantidad de aves propias de las tierras altas chiricanas, y al viajar se puede observar el bosque primario muy hermoso en derredor así como deleitarse de la brisa y temperatura tan agradable del lugar. También es una excelente zona para pescar ya que en sus aguas pueden obtenerse peces como la Tilapia, la cual fue puesta en sus aguas por militares panameños en la década de los ´80.

Después  de una tremenda tarde en la laguna, puedo decir que es un lugar sumamente relajante donde solo te dejas llevar por lo que ves y sientes, adonde  puedes pasarlo en pareja, familia o amigos.

Es necesario que aprendamos a valorar la gran riqueza natural que representan las Lagunas de Volcán y los bosques contiguos.  De igual forma, debemos alarmarnos por su adecuada conservación, ya que en este sitio se puede apreciar cierto grado de contaminación causada por el modo irresponsable de algunos visitantes.

Más información: Dirigirse a la sede regional de la ANAM en Chiriquí. Tel. (507) 774-6671; fax (507) 775-3163 o las oficinas del parque nacional. Tel.: (507) 775-2055.

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He ido tantas veces a la laguna de San Carlos que ya no podría escribir una historia en especial, pero sí se merece un espacio pues es uno de esos lugares a los que jamás se cansa uno de ir. La primera vez que fuimos nos dio la impresión de que estábamos en un paraje del paraíso, no había nadie, solo nosotros junto a la laguna y su naturaleza en derredor. Es un lugar hermoso en donde se puede acampar, pescar, subir el Cerro Picacho o simplemente darte un delicioso baño en sus aguas.

Se encuentra a 20 kilómetros de la carretera interamericana, entrando por la calle que está justo al lado del Mini Super Las Lajas, antes de llegar al Rey de Coronado. De allí conduces los 20 km hasta ver una carretera de piedras a la derecha por la cual debes entrar. Si vas en transporte público, en el mismo mini super antes mencionado puedes tomar un bus y el pasaje es de alrededor de $1.50.

La laguna posee aproximadamente dos hectáreas de extensión y se alimenta principalmente de corrientes de aguas subterráneas.

Florentino, un señor humilde que es colaborador del cuidado de la laguna, siempre esta accesible a contar las historias del lugar, dice que en el centro de la laguna no hay fondo; anteriormente habíamos escrito acerca de las historias de la laguna: Una de las mas significativas y misteriosas de las historias fue la de hace unos 30 años ” unos extranjeros llegaron a la laguna investigando su profundidad, fauna y flora, pero para sorpresa de ellos, al entrar el buzo indicado en la laguna, se encontró con una cueva de la cual sacó un plato y un vaso de oro. Al salir a la superficie, le mostró a su compañero lo que había encontrado y éste emocionado le dijo que entrara otra vez a la laguna a buscar más de la vajilla de oro, pues de seguro habían muchos objetos más con mucho más valor…discutieron un rato el asunto y el buzo accedió a entrar de nuevo haber si encontraba algo más…pero lo que encontró fue la muerte pues mas nunca apareció. Se perdió en las profundidades de la laguna por su avaricia.”

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También se le conoce como Laguna Grande o la Laguna de Coronado, es fácil de recorrer, mide menos de un kilómetro, así que puedes caminar a sus lados y observarla desde los diferentes puntos y salen excelentes fotos. Florentino nos cuenta que se han sembrado peces y se pueden sacar algunos muy grandes al pescar y en las noches las corrientes arrastran grandes camarones de hasta 1 y 2 libras, IMPRESIONANTE.

Se dice que el Dr. Arnulfo Arias intentó apoderarse de la laguna por su belleza y riqueza natural, empezó a construir edificaciones que nunca pudo terminar e incluso puso a gente a cuidar la laguna y estos se apoderaban del ganado y tierras que no les pertenecían. Mandó a buscar retroexcavadoras para sacar tierra de la laguna pues sabía muy bien de la leyenda que alberga ésta de que tiene oro en sus profundidades.

Alrededor se pueden ver diferentes aves, a veces gavilanes y pequeñas garzas que alegran el lugar con sus sonidos y las ranas que en las noches, se aparean retumbando sonidos increíbles, así mismo como la cigarra que nunca deja de cantar.

camping con la gente en la Laguna

El agua a veces es un poco turbia y fría, pero si va en verano, es riquísima, aunque el viento es tan fuerte que crea pequeñas olas, dando la impresión de estar en el mar.

La laguna también tiene su asociación que cuida de ella, hemos podido conversar con varios de los que la forman, el señor Gregorio que es el vicepresidente y nuestro amigo Florentino que es colaborador y se conoce los trillos de el Picacho, cabe destacar que gracias a una embajada oriental están construyendo un restaurante que esta casi listo para estrenar, también nos comentaron que están sacando los permisos con La Autoridad de los Recursos Acuáticos de Panamá (ARAP) para construir un muellecito para dar pequeños paseos alrededor de la laguna y se están haciendo concesiones para montar algunas hamacas para el descanso.

Al entrar a la laguna se pide una colaboración, si vas en carro te cobran solo los 2 dólares por carro, 3 dólares por bus, 50 centavos por persona. Para entrar comida y coolers debes pagar 5.00, también a un lado de la laguna hay una caseta en forma redonda muy confortante en donde se puede disfrutar de la vista.

Recuerda llevar tu repelente y tu petate o colchoneta para tirarte en sus orillas y carga tu cámara fotográfica pues no te vas a querer perder de tremendo espectáculo.

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Después de una visita a Natá de los Caballeros, nuestro guía Fanshi, nos reveló que iríamos a Los Chorros de Olá, dentro del corregimiento de La Paya, en Olá, provincia de Coclé.

Antes de pasar por un puente de madera, nos advirtió que podía ser peligroso y que no sabia si el carro podía pasar por el peso; nos asustamos un poco y preguntamos a los trabajadores del puente que están haciendo a un lado y nos dijeron que no había problema, así que tomamos el riesgo.

Seguimos el camino y nos encontramos con pequeños riachuelos que pasaban en medio de la calle a lo que decidimos regresar al puente y tomar otro camino preguntando a un anciano del pueblo que nos dijo con exactitud qué podíamos hacer.

A lo lejos, más allá de los campos donde siembran la verdura, vislumbramos el chorro como un hilo que cae por el medio de las montañas; nos saludaron los trabajadores del arado con un “¡EJUE!” y levantaron sus brazos en señal de alegría.

El distrito de Olá es uno de los más pobres económicamente, pero es una de las regiones de Coclé con excelentes paisajes, abundante naturaleza y hospitalidad de la gente. Es uno de los de menor población y al estar ubicado en un área montañosa, su clima es muy agradable.

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Avanzamos alegre y despreocupadamente por entre un paisaje de verdes fulgores y de pronto a nuestro lado estaba un toro echado cuidando sus señoras vacas, pero al ver bien a el toro, nos dimos cuenta de que estaba suelto y nos veía impasible, así que aprovechamos y le sacamos algunas fotos procurando que estuviese bien sentado.

Un poco después Fanshi nos aviso de bajar y caminar. Seguimos la calle repleta de piedras con el sol estrepitoso, ya sentíamos el chorro de cerca, lo sentíamos encima, caminamos 15 minutos a paso lento, adelante nos encontramos con un poblador y nos contó que estas tierras están siendo vendidas  y que son varios los proyectos que se perfilan realizar en esta zona de Olá con inversión extranjera.

Investigando en casa encontré que uno de estos es La Cascada con una extensión de 80 hectáreas de terreno donde se planea edificar “residencias de verano” en medio de la naturaleza y del campo donde cualquiera ama descansar.

El distrito de Olá espera que este desarrollo turístico sea destinado al beneficio de todos los moradores, muchos de los cuales se debaten en la pobreza, pues no es un secreto que el distrito de Olá es el que cuenta con mayor números de familias de extrema pobreza, existen muchos pueblos sin electricidad, sin agua potable y sin carreteras de penetración. Ya casi no quedan jóvenes en el pueblo pues emigran a la ciudad en busca de un futuro mejor. En este sentido, los pobladores cuentan con que estos proyectos que se están construyendo sea un puntal para que la gente de Olá se integre a un trabajo con el cual puedan sacar a sus familias adelante.

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Sin embargo, las autoridades de Olá están a la espera que se les presenten los permisos necesarios en el municipio para estudiar el proyecto y conocer el tipo de construcción que se realizará en la zona. Lo primordial es que no se perjudique la naturaleza, pues toda construcción con los estudios de impacto ambiental y las normas legales que establecen las leyes panameñas puede desarrollarse dado que en esa forma no se atenta contra la seguridad ecológica de los pueblos, en especial de aquellos olvidados por los gobiernos.

Los chorros son producto de una depresión geográfica en donde se fraccionó la tierra creando así el curso del río de El Caño, en el cual caen tres hermosas cascadas.

Llegamos al espectáculo natural, el “segundo chorro más alto de Panamá registrado y con agua todo el año” a una altura de 250 metros sobre el nivel del mar, con una caída de agua de aproximadamente 50 metros. Vimos una especie de túnel que se forma entre las rocas, dicen que detrás de la cascada hay una cueva, como a 20 metros de la base y desde ese punto se puede divisar el paisaje en medio de la colgadura de agua.

El paisaje era increíble, diferentes tonalidades de verde aparecían ante nuestros ojos, el chorro magníficamente grande, que nos dio miedo entrar al agua, pues no se veía el fondo, estaba turbio; Fanshi si se preparó y entró, nadó un poco, descansó en una gran piedra inalcanzable a nuestras manos, subió a otra y se tiró…salió del agua y lo hizo varias veces más.

Max siempre es “el loco”, lo veíamos dando vueltas, caminando de un lado a otro, saltando sobre las piedras, buscando no se qué y de repente lo vimos en la misma piedra donde se paraba Fanshi para saltar y lo hizo.

Salió del agua y nos dijo que se había golpeado un poco la cabeza, pero nada extraordinario. De ahí fanshi nos comento que jamás ha tocado fondo en la totuma de agua del Chorro.

Estuvimos algún rato más allí y nos fuimos a Natá a comer algo, pero con la idea demasiado clara de que pronto volveremos  :)

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Arrancamos a las 6 de la mañana, desde la Terminal de Albrook hacia El Copé, en la búsqueda del Chorro las Yayas.

Al llegar al Copé, esperamos que llegara una chiva local que nos llevara hasta el Chorro el cual está enclavado en la zona baja del Parque Nacional Omar Torrijos Herrera, en el poblado de Barrigón en la comunidad de El Copé. Desde allí hasta Las Yayas hay una distancia de tres kilómetros.

El camino es bastante pedregoso, si no vas en bus local, se necesita un carro 4×4. Para llegar no hay perdedero, lo básico es preguntarle a los locales.

Después del camino áspero, un bus llenísimo, se complementa con maravillosas vistas del inmenso bloque de bosques tropicales, propios del área, verdes tonalidades, y el río Colorado de increíbles pigmentos rojo, llegamos a la entrada del chorro.

Lo principal que se ve al llegar, es el puesto de atención al viajero, una cabaña elaborada de hojas de penca y madera, allí se paga un dólar, para poder entrar al sitio.

Caminamos algún rato bajando unas escaleras rojas que nos llevó a diferentes partes del río. La primera nos introdujo a un chorro que desciende de en medio de unas rocas cóncavas donde cae el agua bajo las sombras de las piedras.

Subimos los barandales y llegamos ante un mirador desde donde se veían las tres caídas de agua, El Chorro las Yayas, de cristalinas y frescas aguas, llena de mitos y leyendas.

Las Yayas, se llaman así por una antigua leyenda del Copé que trata sobre tres mujeres. Según los residentes, que hacen resonancia de estas costumbres que se transmiten verbalmente de generación en generación, los originarios relataban que al llegar al sitio siempre veían a mujeres hermosas bañándose en sus cristalinas aguas. Las apariciones se siguieron dando por muchos años aunque no todo el mundo las podía ver, debido a ello los pobladores bautizaron al charco “Las Yayas”, como se les llamaba comúnmente a las muchachas en esa época.

Las Yayas parecen ser otra leyenda legado de nuestros antepasados españoles muy parecido al de las Xanas en España que aparecen en los ríos durante la noche de San Juan. Es un misterio entonces que en algunas caídas de agua, se aparecen mujeres, ninfas y hadas, no solo en las Yayas, si no también en el Chorro de las Mozas en el Valle de Antón, en el Salto del Pilón de Los Santos donde se aparece una niña peinándose los cabellos. Son mujeres de extraordinaria belleza, con una larga cabellera rubia que se entretienen en peinar junto al agua, que muchas veces usan como espejo, y ataviadas con un vestido blanco. También pueden estar hilando, y tocando sus instrumentos, desde las tijeras hasta el peine o la cabellera son de oro.

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Las Yayas en su mayor salto se levanta sobre unos 25 metros de altura, y se puede disfrutar de las refrescantes aguas de la quebrada que alimenta las cascadas que se unen en una pequeña “totuma”, como le llaman los lugareños al sitio que utilizan como balneario.

Es un lugar donde domina la belleza escénica, paisajes naturales y una biodiversidad de la flora y fauna.

El Copé está a solo 40 minutos de la ciudad de Penonomé, en la provincia de Coclé y tiene dos entradas principales con acceso cómodo: una por la carretera vía a Piedras Gordas y la otra entrando a la altura de la comunidad de Río Grande.

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Tomamos un bus en la Terminal de Albrook, Panamá- Colón Corredor e  increíblemente en menos de 40 minutos estábamos en el Rey de Sabanitas, pero decidimos irnos hasta la Terminal de la ciudad de Colón para tomar el bus hacia Portobelo desde allí.

Por un momento nos sentimos desorientadas, pero ya dentro del bus todo fue más fácil. Después de mucho reggae, buhoneros cantantes, y algún buen tiempo en el autobús, llegamos a Portobelo.

Dimos un paseo por las ruinas y la iglesia del cristo negro, conocimos un mono cariblanco  y caminamos hasta el puerto del Fuerte de Santiago de la Gloria (las ruinas que están en la entrada del pueblo, mirando hacia la bahía) donde tomamos un bote, cuyo precio  fue de 25 dólares por las dos, Evelin y yo, ida y vuelta.

Después de 10 minutos en lancha, de una preciosa vista del Atlántico, yates, casas de veraneo y botes inflables rápidos, llegamos a nuestro destino, Playa Huertas, tan pequeña que dijera “personal”, aguas verde claro a turquesa, el bosque que rodea es tupido, invitante, húmedo, toda el área forma parte del Parque Nacional Portobelo.

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Hay un espacio racional donde se puede acampar y dejar las cosas personales, no hay agua disponible. Playa Huertas es genial para hacer buceo, con mucho cuidado, pues se han visto barracudas y anguilas morenas en variadas ocasiones.

El mar es bastante tranquilo y no hay muchas olas, por lo que dificultaría el surf. En los alrededores hay monos aulladores, en la fauna de la playa se pueden ver pelícanos grandes pescando, cangrejos, peces saltadores, entre otros.

Hablamos con los boteros y se comprometieron a venir a buscarnos a una hora indicada, pues éramos las únicas en la playa y está bastante difícil salir de allí caminando, que digo difícil, es casi imposible, así que con algo de miedo nos quedamos solas, disfrutando de lo rico de las aguas, en intimidad total. Es buena idea tomar el número de teléfono del botero o de alguien conocido en el pueblo de Portobelo.

A la hora indicada nos fueron a buscar, sin minutos de retraso. Llegamos a Portobelo y pernoctamos en un restaurante al lado del puerto donde nos atendieron como reinas, con comida deliciosa y nos consiguieron que dos señores nos llevaran hasta la Ciudad de Panamá muy amablemente.

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