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Hiking Trails and Trips in Panama

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Año tras año, todos los veranos, damos recomendaciones por correo, a padres que desean llevar de acampada a sus hijos, así que he decidido crear esta entrada, que ojalá sea de beneficio de muchos, que desean inculcar el amor a la Naturaleza a través del aprendizaje en campo.

Recomendaciones de qué llevar:

 

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  • Recuerde que el agua es indispensable, cuando se va con niños, más es mejor.
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Algunos sitios que recomendamos para hacer Camping con niños:

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Hay muchos más lugares para este tipo de actividades, pero esperemos esta lista les sea de ayuda. Si necesita información completa de los sitios, puede escribirnos a info@enlodados.com

 

¿Quien no quiere ir a Guna Yala? Toda mi vida había querido ir, pero mi mente estaba cuidándose de no hacerse demasiadas ideas, no me gusta hacerme una imagen exagerada de un lugar y que luego no llene las expectativas, pero déjenme decirles que este lugar me dejó boquiabierta, el mismo paraíso en pequeñas islas, en un solo archipiélago, “el Archipiélago de las Mulatas”.

Todo estaba preparado para quedarnos tres días en la comarca, así que nuestro trip inició a bordo de un transporte especializado para viajar a este lugar, y ya que las condiciones de la carretera no son las mejores, abordamos un auto 4×4 con un excelente chofer.

En Panamá existen 3 comarcas establecidas que son habitadas por indígenas, Guna Yala es una delgada porción de tierra cuyo principal atractivo son las 365 islas que componen el archipiélago (49 habitadas), Kuna Yala en lengua guna significa “Tierra Guna” o “Montaña Guna”. El área fue formalmente conocida como San Blas, más adelante, en el 1998 como Kuna Yala, pero se cambió en octubre de 2011 cuando el Gobierno de Panamá reconoció la afirmación del pueblo Guna que en su lengua materna no era equivalente a la letra “K” y que el nombre oficial debería ser “Guna Yala”.

En este artículo quiero dar a conocer algunas generalidades de la comarca, pero subdividiré las islas que visitamos, que fueron unas cuantas, de las 365 existentes.

El auto entró por la carretera Llano – Cartí que está ubicada en Chepo. Emocionada trataba de no perderme ni un solo instante, a pesar de que nuestro destino era playa, debíamos pasar por la Reserva Natural Nusagandi, un lugar lleno de vida que también pertenece a la comarca. El auto se detuvo justo en el límite de Nusagandi en donde se paga una cuota por entrar a la comarca y al área protegida, debimos esperar un rato mientras que las autoridades llegaban y se formó una fila de autos, todos con el mismo destino.

Estábamos verdaderamente mareados a causa de las curvas de la carretera, que no es por exagerar, pero son muchas y bastante peligrosas. El conductor debe ser muy responsable en este trip.

Al cabo de aproximadamente 2 horas desde Chepo, llegamos al puerto en donde abordaríamos nuestra lancha que nos llevara a nuestro primer destino: Gardi Sugdub. En el puerto se hizo el pago por entrar en la comarca y su registro, con nombre y cédula de identificación personal/ pasaporte.

Muy emocionada, subí a la lancha feliz de ya estar ahí en donde estaba segura, pasaría días fenomenales. Este es un lugar en el que no vas a poder evitar que tus labios evoquen una sonrisa o alguna palabra de admiración.

En la costa, había muchos yates y nuestro bote se dirigió justo a uno de ellos en donde dejaron a unos extranjeros. Luego llegamos a la isla “Gardi Sugdub”, que al parecer es una de las más habitadas. Allí bajamos y dimos un breve recorrido con nuestro amigo y guía Juan, quien es un excelente guía guna y conoce su comarca muy bien. En Gardi Sugdub caminamos por sus veredas, en las cuales resultamos un poco confundidos, solo Juan se daba cuenta cuando estábamos en un patio ajeno, la libertad aquí en increíble. Vimos una escuela, de nombre Sayla Olonibiginya; en una de las paredes había una linda pintura con una frase en español que llamó mucho nuestra atención “Un indio sin tierra es indio muerto”. Buscamos hasta el cansancio un lugar donde comprar hielo, pero casi no encontramos. En esta isla hay algunas edificaciones que funcionan como hotel y hacen tours a otras islas más naturales, además de que hay servicio de radio-comunicación, biblioteca, dos muelles, tiendas y panaderías. En muchas de las casas, que son hechas con caña brava, vimos mujeres gunas cosiendo molas: una de las expresiones más auténticas del arte indígena panameño, y una de las más cotizadas en el extranjero. En otra de las casas advertimos un letrero que llamó mucho nuestra atención, decía: “Botánico, cáncer, hernia y fibroma”.

En un edificio abandonado resaltaba otra frase “86 años de la revolución kuna, febrero 25, 1925. Kuna Revolution. El pueblo que pierde su tradición pierde su alma” esto en referencia de su historia que en esa fecha, hace ya 87 años se dio la La Revolución Guna, en la que los indígenas gunas se defendieron ante las autoridades panameñas, que obligaban a los indígenas a occidentalizar su cultura a la fuerza. En esta revolución se proclamó la República de Tule, de corta existencia. Cuando se unificó nuevamente con Panamá, los gunas con el aval del gobierno panameño, se creó un territorio autónomo llamado comarca indígena de Kuna Yala, y que garantizaba la seguridad de la población y cultura Guna.

Pasamos al lado del museo de la isla y fuimos invitados a entrar por un costo de 3$ cada uno. En menos de media hora pudimos comprender gran parte de su cultura, quedamos fascinados con cada cosa: objetos, instrumentos, figuras, y lo mejor es que todo fue explicado de una manera súper interesante, la única regla del museo es no tomar fotos.

Aprendimos algo que resultó fenomenal: para los gunas, la tierra es la madre de todas las cosas; ella es la guardiana de todo lo que existe, y representa el espíritu, la fuerza y el vigor de su cultura, así como el balance. Es ésta la razón por la que es tan importante para ellos cuidar su medio ambiente y no abusar de él y es por ello que siempre han luchado por mantener su autonomía. Solo así han podido preservar su cultura y la diversidad biológica de la región, a pesar del auge del turismo. La gente es especialmente orgullosa de su historia y de sus costumbres; tienen leyes y reglas especiales que todo visitante debe respetar.

El mar de ésta región del país es de un verde esmeralda brillante y transparente, ¡les juro que no estoy exagerando! Islas de todas las formas y tamaños, algunas con abundante vegetación, donde predominan las palmeras. Alrededor de cada isla, un cinturón de arena blanca o de arcilloso claro con una pequeña corona de espuma blanca de las olas. Cada vista es fascinante, primitiva, misteriosa. Aquí es otro mundo.

Nuevamente en la lancha, nos dirigimos a una isla de nombre Isla Anzuelo: Assuerdub, en donde subió un joven. De ahí en adelante, pasamos por gran parte del archipiélago, pedazos en donde solo habían yates por montón, anclados al lado de islas que parecían solo manglar. Guna Yala se extiende desde el Golfo de Mandinga, donde está su cabecera El Porvenir (Gaigirgordup), cerca del límite con la provincia de Colón hasta la frontera con Colombia. Su litoral está bordeado por islas con y sin nombre, entre cayos (islas más pequeñas), islotes, todo esto conocido como Archipiélago de San Blas o de Las Mulatas. La comarca se extiende unas 200 millas a lo largo de la costa panameña en el Mar Caribe.

Nosotros nos acercamos a una isla, en donde había un barco hundido y ésta sería la nuestra, la isla en la que viviríamos por dos noches: Isla Perro o Assudub. Simple y sencillamente, no lo podía creer. De inmediato pude decir “esta es la playa más hermosa que he visto en mi vida” y les aseguro que conozco bastantes playas lindas.

Éramos los únicos visitantes, apenas era día viernes y los únicos además de nosotros eran los cuidadores de la isla. Procedimos al proceso de pago, que fue de 7$ por noche por persona por acampar, así que cada uno pagó 14$. Las cabañas cuestan 15$ la noche. Ese precio me pareció excelente pues incluye el uso del baño, uso de la playa, es decir…el uso de toda la isla. Cabe decir que cada isla tiene sus reglas y el uso de la playa en ellas no es gratis, incluso hay que pagar por algunas áreas de snorkel o buceo; en Isla Perro todo está incluido en el precio y es una verdadera maravilla.

Armamos las tiendas de acampar, el día estaba precioso y con una tranquilidad fenomenal, lo único que rompe el esquema del sonido en este lugar son los talingos, aves bulleras y comelonas de las que tienes que cuidar muy bien tu merienda. Oh, en ésta isla debes llevar tu comida pues solo venden bebidas, pero muy cómodamente puedes traer tu barbacoa y cocinar. De igual forma existe la opción de alquilar una estufa y gas. Los chicos planearon este viaje tan bien que la comida sobró y luego de hacer nuestra primera comida del día, nos fuimos a dar un chapuzón a la playa.

LA PLAYA, tan quieta que puedes meter una silla y quedarte ahí toda una tarde sin moverte del mismo sitio. Tan transparente que el uso del snorkel es más para no irritarte los ojos, los peces los puedes ver sin meter la cabeza al agua; y el Barco Hundido… ¡huh! ¡El barco hundido! 

Frente a ésta, se encuentra Isla Diablo: Niadub, que al perecer no recibe tantos visitantes como Isla Perro, pero a la vista resulta igual de hermosa. Al caer la tarde llegaron algunas familias, ciertas personas solo vienen y se van antes del anochecer.

Le dimos la vuelta a la isla, desde la orilla vimos arrecifes coralinos repletos de peces, un barco inmenso, anclado, compraba langostas a los nativos mientras sus tripulantes bajaban en botes a bañarse a la playa. Una familia remaba en su kayac; los pelícanos pescaban y descansaban sobre el mar, metiendo su cabeza bajo el agua por instantes y modelando para nuestras fotografías; a lo lejos viajaban tres veleros, que me transportaron a los tiempos de Cristobal Colón: La Niña, La Pinta y la Santa María, y es que éste archipiélago fue visitado por el mismo Colón en su cuarto viaje, quien le dio el nombre de Archipiélago de las Barbas, y que luego cambió por Islas Sambellas, pero con el transcurrir del tiempo fueron conocidas como las Mulatas, Archipiélago de La Sonda y también Islas Pabiras.

 Casi escondiéndose el sol y nosotros haciendo la cena. Nos sentamos a tomar un buen vino mientras la luna llena decía presente y alumbraba toda la isla. Nos sentamos en un tronco cerca de la playa y mientras nos mojábamos los pies, la luna emitía destellos de luz que casi nos tocaba, las olas estaban furiosas y nos mostraron su fuerza nocturna. Luego me acosté en el colchón inflable y ni cuenta me di cuando era media noche y estaba fuera de la carpa, dormida profundamente bajo las palmas, hechizada en una comodidad placentera.

A la mañana siguiente hicimos hojaldres y mucho café, nuestro desayuno fue exquisito. Era muy temprano y los nativos ya andaban por la costa pescando con pequeñas redes, esto constituye gran parte de su economía. Preparamos todo para irnos de tour a algunas islas cercanas, no sin antes meternos a la playa y practicar con el snorkel. Después del mediodía llegó nuestro bote y junto a otra familia, fuimos a conocer otros lugares. Pasamos por lugares como la “Isla Corazón” que solo tiene 1 palmera; a lo lejos vimos Isla Pelícano, pequeña y acogedora. El bote se detuvo sobre “La Piscina Natural”, un lugar en mar abierto en donde el agua nos llegaba en parte a la cintura, repleta de estrellas de mar, las había en toda la extensión y de todos los tamaños, debimos tener mucho cuidado para no pisarlas.

Fuimos a otra Isla, cuyo nombre es Perro Grande: Assudumaddub, en la que había bastante gente. Nos metimos en la playa y de inmediato nos dijeron que teníamos que pagar por su uso, así que nos subimos al bote y fuimos todos de regreso a Isla Perro en donde finalmente nadé hasta el Barco Hundido e hice snorkel junto a desconocidos, que con miedo no se atrevían a nadar de regreso a la playa; alguna chica había pisado mal y se había herido con el hierro del barco. Mi emoción solitaria era tremenda, el área del barco es bastante profunda, al sumergirme a lo largo del barco pude ver tantos peces como nunca en mi vida. Los había en diversos tamaños, colores y formas. Me paré sobre el barco y a mi lado pasaron docenas de peces voladores; un pez me piñizcó un dedo y luego de un rato decidí ir de regreso a la playa, una experiencia inolvidable.

Con snorkel, los juegos acrobáticos y el nado sincronizado de Juan y Anselmo, fue como transcurrió la tarde; pero en una de las tantas zambullidas cerca del arrecife frontal de la playa me emocioné demasiado a ver un pez grisáceo y alargado, de gran tamaño y quieto en el fondo del arrecife, me miraba tranquilo, le di hasta vueltas encima para observarlo mejor. En mi ignorancia, no me di cuenta de que era una barracuda que pescaba su cena. Estos peces son famosos por ser agresivos y por las innumerables veces que han atacado a humanos, dejándoles graves heridas.

Esa noche nos llovió y uno de mis compañeros tuvo que salir a mitad de la noche en busca de una cabaña, pues su carpa prácticamente fue devastada por el viento. Estábamos tan dormidos que no lo escuchamos y ¡él no entró a jalarnos los pies!

Nuestro último día en el paraíso lo pasamos en la playa, a la que llegaron nativos a vender langostas por precios muy módicos, era domingo y la playa estaba hasta el tope de gente, en su mayoría extranjeros.

Recogimos nuestras pertenencias y esperamos nuestro bote que nos llevaría de regreso, pero como aún era algo temprano nos llevaron a otra isla, ¡otra hermosa isla! ¡Isla Aguja: Iggodup! Esta isla digamos que es un poco más comercial, en ella hay restaurante y más cabañas pero es igual de hermosa, desde su playa se puede ver toda la Serranía de San Blas. Aquí el alojamiento incluye desayuno, almuerzo y cena; de esa misma manera al acampar por un menor precio pero con las comidas incluidas. Aprovechamos y almorzamos, luego de reposar un rato nos tiramos al mar desde el muelle una y otra vez. Todo esto gracias al joven Davis que es uno de los que dirige el turismo de ésta isla y otras.

Tristes, abordamos el bote para ir de regreso al muelle en el que tomaríamos el transporte de regreso a la capital. En 3 horas ya estábamos en la ciudad capital y de ahí cada uno para su casa con un sentimiento tan grande por haber conocido esta comarca, sin quejas, sin agotamiento. Todo reducido a unas ganas inmensas de regresar y quedarnos por más tiempo, además de mucho interés por conocer otras áreas de la comarca.

Algunas recomendaciones:

–       4×4 sin duda, no pasan autos sedán pues las lomas, curvas y el estado de la carretera lo requiere así.

–       Mientras más gente vaya, el precio se reduce. Mientras menos gente va, el precio sube. Es un paraíso pero todo esto tiene su precio: se debe pagar por el transporte o gasolina en el caso de tener auto, entrada a la comarca, entrada a la reserva natural, pagar por la entrada del transporte, lancha (que es lo más elevado a pagar), estadía en la isla de su escogencia, alimentación. Para todo esto, pueden escribirme a info@enlodados.com

–       Los Gunas cuidan mucho su entorno por lo tanto es necesario seguir sus reglas, que son muy estrictas. Valoremos este paraíso natural y dejémoslo limpio. Tal y como lo encuentras o mejor.

–       No olvides llevarte un souvenir: una mola, una pulsera, un collar. Recuerda que así contribuyes al turismo sostenible de éste lugar y a su continuidad.

Más fotos

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Realmente no se por donde iniciar. Para poder ir a Coiba tuve suficientes inconvenientes, tantos que a última hora no sabía a quien llevar de acompañante a la isla, debía elegir, y entre tantas personas deseosas de conocer este paraíso, definitivamente elegí el adecuado, mi compañero de curso Samuelito, quien festivamente me acompañó sin saber lo que nos deparaba este viaje.

Al salir de la ciudad de Panamá, ese jueves, a las 11:30pm tomamos rumbo por el Puente de las Américas en donde nos encontramos con un tráfico sin justificación, de la ciudad de Panamá a Arraiján nos demoramos más de una hora que nos sirvió para empezar a interactuar con compañeros de la excursión. Al llegar al Súper Extra de Arraiján tuvimos otro inconveniente, el bus en el que viajábamos tuvo un fallo mecánico y finalmente, nos encaminamos hacia el interior a eso de las 3:30 de la madrugada.

Nos abastecimos de lo posible en el Súper 99 de Santiago, ya que sabíamos que en Coiba no existen tiendas ni mucho menos supermercados. A eso de las 7:30am tomamos calle hacia Soná, de ahí hacia Santa Catalina y nos desviamos en dirección a Playa Banco, que forma parte de la franja de amortiguamiento del Parque Nacional Coiba.

La isla de Coiba se encuentra en las coordenadas 07°25′58.8″N81°45′57.6″O, situado en los distritos de Montijo y Soná en la provincia de Veraguas, Océano Pacífico. Es un Parque Nacional que fue declarado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 1980. Su superficie es de 270,125 hectáreas de las que 216,543 son marinas.

Creado por Decreto Ejecutivo en el año 1991, el Parque Nacional Coiba está constituido por varias islas de las cuales la más grande es Coiba, que con 50,314 hectáreas es la isla más grande del Pacífico Centroamericano. También está Jicarón (2,002 ha), Jicarita (125 ha), Canal de Afuera (240 ha), Afuerita (27 ha), Pájaros (45 ha), Uva (257 ha), Brincanco (330 ha), Coibita (242 ha) y otras muchas más forman las 53, 582 hectáreas de territorios insulares.

Salimos de Playa Banco a eso de las 10:15am y luego de dos horas en lancha, viendo la isla a lo lejos, de pronto se acercaron cuatro delfines a saludar y se metieron al agua para no dejarse ver más. Luego de esa emocionante escena, llegamos a la estación de Anam llamada “la 12”, al medio día.

Desde que tengo conocimiento de Coiba, siempre supe que era sublime, pero nunca imaginé que me podía quedar con la bocota abierta; mi primera impresión fue: salvaje, demasiado salvaje, y eso que apenas estábamos conociendo el área menos verde del parque. Es un parque físicamente virgen pues paradójicamente la conservación de este archipiélago se debe básicamente a que desde el año 1919 hasta 2004 isla Coiba fue utilizada como una colonia penal por el gobierno panameño.

Después de un movimiento ambientalista que envolvió a muchas personas y distintos gremios, se logra el estatus legal para esta área, mediante la ley No.44 del 26 de julio de 2004 que “Crea el Parque Nacional Coiba”, la cual regula el funcionamiento de esta área protegida, donde se establece entre otras cosas a esta zona como Patrimonio Nacional.

El agua en la playa de la estación era turquesa con tonalidades azules y amarillas, el fondo de arena blanca sin corales ni algas, una delicia que de no haber sido porque tenía que bajar maletas, me hubiera zambullido antes de desembarcar.

Al llegar a la isla fuimos directo a apuntarnos a la lista de visitas de la Anam, ellos procedieron a ubicarnos en nuestras habitaciones, muy cómodas, con aire acondicionado, agua limpia para bañarse, sábanas limpias y almohadas. En la estación también hay un campo llano para quienes desean acampar y de igual forma es muy cómodo e incluso hay regaderas para quienes deseen.

Recorrimos los alrededores, fuimos al área de “Tito”, el cocodrilo, pero el mismo no se encontraba ya que la marea estaba seca. Entramos al centro de exhibición de Mar Viva, observamos restos de una ballena y al tomarme fotos con ella a insistencia de mi compañero, casi me cae uno encima lo que me costó el primer recordatorio de la isla, una raspada en la rodilla.

Comimos algo y fuimos a dar el primer tour que sería hacia Isla Granito de Oro. No conté exactamente el tiempo para llegar desde “la 12” hasta allá pero calculo que fue menos de media hora en lancha. Esto sí que fue impresionante, pasamos al lado de muchos islotes, algunos repletos de árboles gigantes, otros con un solo árbol, el mar azul oscuro y profundo, tratamos de ver algún delfín pero no tuvimos suerte, logramos ver muchos peces voladores que increíblemente parecían colibríes volando sobre el mar.

Ya había visto muchas veces en fotos la isla Granito de Oro y la reconocí al instante. Es realmente impresionante, el agua en ella era celeste tornasol, destellaban colores inimaginables, la arena blanca y tan menuda. Tiramos todo y fuimos corriendo a tomarnos fotos donde pudiéramos y acelerados también nos quitamos la ropa y nos metimos al mar. Dejamos las cosas lejos del agua, pero en la arena.

Luego de media hora de snorkel, en donde pude ver peces loro, peces globo que me perseguían como perros y algunos otros peces casi transparentes, decidí salir para tomar fotos desde afuera a la gente que se encontraba en la playa, vaya sorpresa me llevé al darme por enterado de que la marea en esa media hora había subido tan rápido, que logró mojarme la cámara y otros implementos, por suerte había llevado otra de repuesto.

Pero ni eso pudo con la alegría de estar en este paraíso. Juan Pablo, nuestro guía nos había advertido de no hacer snorkel en cierta parte ya que era posible encontrarnos con tiburones y en ese lado la corriente de agua es muy fuerte.

Los mares de Coiba son conocidos tradicionalmente por su abundante pesca ya que albergan especies como el tiburón ballena (Rhincodon typus), el tiburón tigre (Galeocerdo cuvier), la manta raya (Manta birostris), el dorado (Coriphaena hippurus) y el atún de aleta amarilla (Thunnus albacahes). También es el hábitat de cuatro especies de cetáceos: la enorme ballena jorobada o yubarta (Megaptera novaeangliae), la orca (Orcinus orca), el delfín moteado tropical (Stenella attenuata) y el delfín mular (Tursiops truncatus). En las aguas del parque y zonas contiguas se ha observado la presencia ocasional de 19 especies adicionales de cetáceos que se encuentran en el Pacífico panameño. Algunos cetáceos son posibles ver sobre todo en los meses de Agosto – Noviembre.

Nos atrevimos a llegar hasta una roca y logramos ver peces hermosos de diversos colores y formas. Salimos el agua un rato a bañarnos de sol, me dormí un rato pues estaba cansada del ajetreo del viaje y al despertar el agua nuevamente llegaba a mis pies, los cangrejos me rodeaban por doquier y mi compañero no estaba por ningún lado. De alarmada me fui a meter al agua a buscar a mi compañero y no lo veía, por un momento me asusté, pensé graciosamente que se lo había comido un tiburón o que simplemente había ido a caminar, por suerte lo encontré tirado sobre la arena roncando del otro lado de la playa.

Nos fuimos de Isla Granito de Oro 🙁 pero rumbo a Isla Coibita o Ranchería. Esta isla era mucho más grande que Granito de Oro, con palmeras inmensas en sus bordes, mar invitante de una manera increíble pero no pudimos bajar del bote, Juan Pablo logró leer un cartel que decía: “Propiedad de fundación Pacific Wild Life Refuge, se prohíbe el ingreso a esta propiedad a los directivos, trabajadores o empleados de Smithsonian Tropical Research Institute, Se prohíbe la remoción de este letrero”. Y al parecer estaba prohibida la entrada no solo para el Smithsonian, así que se prefirió no bajar.

Llegamos nuevamente a las cabañas de Anam, me fui a dar un baño y comer algo leve mientras esperaba la cena. Salía de la ducha cuando me empezaron a llamar, era que Tito, el famoso cocodrilo acababa de llegar.

Fui corriendo con la cámara a apreciar a tan hermoso bicho y ya estaba Tito casi en la orilla, la gente de Anam lo llamaba y él, un poco sumiso lo pensaba. Algunas de las personas tenían miedo, y era obvio pues Tito mide más de dos metros de longitud y tiene tremendas fauces. Un joven de Anam lo llamó y Tito se acercó; luego buscaron un pescado y Tito salió a la orilla, se lo tiraron y el lagarto orondo lo tragó de un solo tajo como sólo él sabe hacer. Me quedé buen rato admirándolo de cerca, luego llego mucha gente y me fui a recostar un rato. Luego de una hora en mi habitación salí de nuevo y aún Tito estaba inmóvil en el mismo sitio.

Al día siguiente nos levantamos muy temprano, tomamos nuestro desayuno y nos subimos al bote, ya sabíamos que el día iba a ser exhaustivo pues le daríamos la vuelta completa a la isla sin saber cuánto tiempo nos tomaría pues esto dependía del mar y las peripecias del botero, el cual demostró ser un experto.

Pasamos bordeando la isla que demostró lo salvaje, bárbara y perfecta que es, todo es verde en Coiba, eran las siete de la mañana y los cerros se veían a lo lejos repletos de neblina pesada, el mar retumbaba contra la costa a lo lejos, estaba un poco bravío y en el bote todos en silencio observando tanta belleza. Se dice que más del 80% de la Isla está cubierta por vegetación original, posee manglares y cativales de significativa magnitud.

En la isla de Coiba las colinas costeras con elevaciones inferiores a los cien metros predominan en el norte y sudeste de la isla, mientras que en el resto las colinas de poca elevación que apenas superan los 200 metros sobre el nivel del mar constituyen el paisaje dominante. Únicamente en el sector central hay una cadena de colinas donde se encuentran los puntos más altos: el cerro de la Torre con 416 msnm y el cerro de San Juan con 406 msnm.

Pasamos al lado de algunos islotes, yo estaba sentada en la proa del bote justo con otra pasajera, empezamos a asustarnos cuando el bote empezó a saltar de manera brusca, el botero nos mandó a bajar y obedecimos. Me senté encima de un cooler en medio del bote pues ya no quedaban puestos, me puse los audífonos escuchando Explotions in the Sky extasiada de tanta belleza, pero de pronto el bote empezó a saltar más fuerte, ya ni la cámara podía estabilizar, me reía al principio pero luego de diez minutos en lo mismo mi rostro y el de los demás empezó a cambiar, ya no era normal.

El botero estaba muy serio, así como nuestro guía, habían señoras en el bote que estaban muy asustadas, yo no sabía de donde agarrarme, me halaban por el salvavidas, el bote seguía saltando y nosotros pensando que saldríamos volando de él. Nuestros cuerpos estaban más en el aire que en el asiento, fue una experiencia demasiado extrema. Las costas que rodean Coiba tienen fama de estar llenas de tiburones y animales marinos salvajes. Luego de esto supimos que esa área de la isla es muy peligrosa pues allí el mar es muy fuerte. Mientras estábamos en esto, se veían unas formaciones rocosas sacadas del mundo de las hadas, vi un puente natural que era interceptado por el mar, era un paisaje inimaginable, algo fuera de este mundo.

Pasada la tormenta vino la calma, el mar se aquietó y fue entonces cuando fuimos nuevamente visitados por delfines, eran muchos, salían de todas partes, el señor del bote apagó el motor y cada vez los delfines se acercaban más, pasaron justo al lado haciendo gracias y seguidos desde el cielo por muchas aves, se alejaron hacia un cardumen de peces.

Ciertamente no recuerdo cuanto tiempo llevábamos en el mar, vimos a lo lejos la isla Jicarón que se encuentra al sur de Coiba y mucho más adelante divisamos el hermoso islote Barco Quebrado, que me engañó buen rato pues al verlo de lejos supuse que era algún crucero, tiene el nombre bien puesto, dicen que en esta área se pueden ver bandadas de guacamayas rojas (Ara macao).

Barco Quebrado

Luego de algún tiempo más en bote, llegamos hasta una playa de la Bahía Damas cercana a manglares, los primeros en bajar del vote quedaron con los pies llenos de lama y golpeados por las piedras. En la Bahía Damas se localiza un arrecife de coral con más de 135 hectáreas de extensión, el segundo más grande del Pacífico tropical americano.

Salimos de la playa caminando hacia los manglares, vimos algunos riachuelos que caían desde el follaje en lo alto y llegamos a la entrada del sendero los Pozos.

En Coiba se han censado 1,450 especies de plantas vasculares con la presencia de abundantes ejemplares de Ceiba (Ceiba pentandra), Panamá (Sterculia apetala), Espavé (Anacardium excelsum), Tangará (Carapa guianensis) y Cedro Espino (Bombacopsis gyinatum).

A los Pozos Termales llegamos caminando media hora desde la entrada, en el sendero pudimos ver muchas huellas de ñeque y venado corzo, más adelante uno de los compañeros del viaje, Abel, agarró una serpiente como si fuera de su familia, luego de acariciarla me la pasó; era una bejuquilla gris, la dejé ir y seguimos caminando hasta llegar a los pozos. Vimos también un gavilán caminero en un árbol.

Juan Pablo, nuestro guía nos contó que estos tres pozos fueron en el tiempo de la dictadura utilizados exclusivamente por Manuel Antonio Noriega. Nos llevamos una sorpresa al darnos cuenta de que el pozo que normalmente es usado por los visitantes estaba vacío, es el que tiene el agua a menor temperatura comparando con los otros pozos, así que no quedó más remedio que probar los otros. El segundo pozo tiene el agua caliente pero perfecta para relajarse, el tercer y último pozo es realmente caliente, puedo decir que parece agua acabada de hervir.

El primero en meterse al segundo pozo fue mi compañero seguido por Glenda y luego mi persona, el agua estaba deliciosa, y aunque el fondo estaba lleno de limo, fue espléndido bañarse allí, al salir me sentí mucho más fresca, eso sí con mucha sed y no quería gastar toda el agua que había llevado, aún nos faltaba mucho por recorrer.

De pronto escuchamos un cantar de aves en el cielo y al subir la vista pudimos ver unas guacamayas rojas que pasaban, lastimosamente estaba lejos de mi cámara. Coiba es el único sitio de Panamá en el que hoy se pueden observar bandadas en libertad de los amenazados guacamayos rojos, casi extintos en el territorio continental.

Conseguimos una navaja y mi compañero procedió a montarse a una palma de la que bajó todas las pipas que en la palma había. Todos quedamos hidratados ya que las pipas estaban cargadas en agua, es muy bueno tener un amigo que sepa subir palmas…

Caminando de regreso por el sendero vimos algunos colibríes y muchos semilleros cejiamarillos que fueron identificados de inmediato por Juan Pablo y Abel. La cantidad de cangrejos en la playa era inmensa, ya el botero nos esperaba para ir hacia el antiguo penal de Coiba.

Supe que desde el año 1993 y con la colaboración de la Agencia Española de Cooperación, AECI, se halla una estación biológica en el parque que hasta la fecha ha censado 36 especies de mamíferos, 147 de aves y 39 especies de anfibios y reptiles, con un alto grado de endemismo como por ejemplo el ñeque de Coiba (Dasyprocta coibae) y el mono aullador de Coiba (Alouatta palliata coibensis) entre los mamíferos, y el colaespina de Coiba (Cranioleuca dissita) entre las aves.

Luego de media hora de mar, estábamos allí en el lado de la antigua Penitenciaría de Coiba, cerca de Punta Damas, que cumplió con ese propósito desde el año 1919 hasta el 2004, que fue bautizada como “Colonia Penal de Coiba” por el Dr. Belisario Porras.

Cuesta mucho escribir esta parte. Al llegar tenía los pelos de punta, hace muchísimo tiempo que quería conocer este lugar. Bajamos en lo que era un antiguo muelle del que solo quedan las añejas pilastras y caminamos hacia unos ranchos a digerir algo para empezar el recorrido.

De pronto sentí alguien detrás de mi y al mirar eran tres perros que me velaban la comida, les di algo y tire la frase al aire preguntándole a los perros a quien le pertenecían, me contestó una voz humana, un cabo de la policía nacional que muy amable respondió que esos eran algunos de los perros que utilizaban los reos cuando aún estaban en Coiba para ir de cacería. Son perros muy cariñosos y se nota que han tenido una vida agotadora.

El cabo dijo que empezaríamos con el recorrido cuando quisiéramos, fue él mismo quien nos explicó cada esquina del penal y respondió una a una mis preguntas curiosas.

Luego de pasar por un puente de tablas de madera, entramos a una celda espeluznante, era la celda de castigo utilizada cuando los reos intentaban escaparse, mataban o violaban a otro, habían muchas frases escritas en las paredes, vestigios del tiempo que tuvieron los presos para distraerse. Le decían “la Jaula” y ciertamente lo era pues desde afuera de los barrotes se sentía un ambiente de encierro hostil. Cada celda estaba construida para seis reos, pero en ella convivían más de una veintena. El cabo dijo que en esta celda se encerraba a cualquier preso con cualquier delito, edad, si había cometido algo grave dentro del penal. La cantidad de barrotes oxidados destilaba un círculo terrorífico en donde quien sabe cuántas personas se doblegaron a su suerte rodeada de perversión.

Los únicos que eran separados eran los que pertenecían a alguna banda, y en efecto luego de salir de estas celdas entramos a una que perteneció a la famosa banda “Los Perros de San Joaquín” banda que atemoriza aún hoy en día en la capital y que guarda muchas leyendas e historias aterradoras. En  esta edificación, por cada una de las celdas había espacio para 9 reos y un retrete.

Entramos al edificio central “La Penitenciaría” que fue uno de los primeros construidos en la isla, las paredes allí fueron erigidas en una simetría total, cemento puro, sólido y fuerte. Allí pagaron los primeros políticos republicanos. Y fueron mezclados con los homicidas.

En el penal también había una capilla que era utilizada solo en el día de los presos, y ese era el único día en que se oficializaba una misa; los homosexuales estaban en una celda aparte y ofrecían servicios como lavar y secar ropa. El área de la comida estaba separada de todo lo demás y los reos eran llamados con una campana, el que no llegaba cuando la campana era sonada no comía, importante es decir que la comida en el penal no era buena. A pesar de que a los reos se le cedieron muchas cabezas de ganado, estas no eran distribuidas de una buena manera, en el penal se comía muy poco y tanto así fue que ésta fue de las causas del cierre de ésta cárcel ya que muchos reos sufrían de desnutrición, sin contar con la gran cantidad de torturas que se dieron en ella, sobre todo en la época del militarismo.

Subiendo una larga escalera se llega al área en donde vivían los policías, los cuales tenían su cocina, dormitorio, teléfono, allí arriba también había una cancha para juegos que era utilizada para partidos que normalmente se daban entre reos y policías. Desde el único teléfono en la isla llamé a mi madre y le avisé que todo estaba bien.

Notamos un cementerio improvisado en donde las lápidas tenían escrito “En memoria de” pero sin terminación. El cabo nos contó que este cementerio era utilizado para los reos que morían y sus familiares no los reclamaban y esto era simplemente porque sacar el cadáver de la isla costaba 100 dólares más algunos gastos por el envío, entonces las familias muchas veces preferían mandar a hacerles una misa a sus familiares y dejarlo todo así. Hoy en día se sabe que en este cementerio quizás puedan estar restos de algunas personas que fueron asesinadas durante la dictadura y como Coiba era un área inaccesible, se aprovechaba esta condición. Según el documental “La Isla del Diablo” se vieron llegar a la isla muchos cadáveres con ropa militar e incluso una mujer que le llamaron la “India Gringa” que fue enterrada en el penal junto con un niño.

Se dice que luego de algunas excavaciones de lo que al principio eran 9 lápidas, se sacaron 58 esqueletos de los cuales fueron identificados: Floyd Britton (idealista revolucionario panameño, masacrado a palos, arrastrado por caballos y torturado por los esbirros del General OmarTorrijos),  Cecilio Hazelwood (enemigo de los militares) y Gerardo Olivares. Aquello formó un alboroto a nivel nacional. Muchos culpables cayeron, otros ya habían muerto, pero gracias a la Comisión de Paz las cruces de Britton y Hazelwood tienen un nombre. Lástima que las 56 tumbas restantes vagan en Coiba.

Fue “La Masacre de Coiba” lo que llamó mayormente la atención de los organismos de los Derechos Humanos. Un día como cualquier otro en el año 1998 en Playa Brava, cerca del Penal de Playa Hermosa se enfrentaron la banda “Los Perros de San Joaquín” contra “Los Chuckis”. Varios de “los Perros de San Joaquín” intentaron escaparse, se untaron diesel en el cuerpo supuestamente para espantar a los tiburones y justo cuando iban a salir, llegaron “los Chukies” a dañarles el plan, agarraron a “los Perros de San Joaquín” y los amarraron de pies y manos, solo uno pudo escapar nadando.

Los pusieron sobre un árbol caído y a uno de ellos le quitaron la cabeza con un hacha, a otro lo machetearon y tiraron su cabeza al mar, a los otros les quitaron también la cabeza, los volvieron pedacitos y tiraron sus cabezas al mar. Se dice que el que huyó nunca lo agarraron. El cabo nos dijo que esa no fue la primera decapitación en Coiba… esa fue la única de la que la prensa se enteró.

Algunos reos que eran de confianza, o que se les había bajado los años de condena, que cumplían con alguna labor dentro del penal como agricultura o el procesamiento de aceite de coco, eran distribuidos en otros campos que fueron construidos en la isla. Habían mas de 20 campamentos en todo Coiba y los reos que en estos campamentos vivían se encargaban de conseguir alimento por sus propios medios. Muchos de los reos que sabían labrar la tierra o manejar el ganado fueron distribuidos en los campamentos. Hoy día se sabe que en la isla de Coiba hay mas de 4000 cabezas de ganado que ya están salvajes pues fueron dejados allí luego del cierre del penal. Hay vacas, búfalos, toros y otros rumiantes que han sido imposibles de sacar de la isla por el estado de salvajismo que poseen, igualmente están los caballos que eran esgrimidos para el trabajo.

El antiguo penal de Coiba, ahora está siendo reconstruido para que nunca sea olvidado en las futuras generaciones, lo que anteriormente funcionó como aeropuerto también esta siendo restaurado y va a formar parte del Servicio Aeronaval de Panamá para vigilar las costas.

Justo en el penal mi cámara no dio más y su batería recargable en PC murió, no pude tomar más fotografías, pero la aventura siguió.

Al llegar en la tarde a las cabañas de Anam, por el contrario de querer dormir, nos metimos en la playa a darnos un delicioso baño a la vez que hacíamos snorkel. De este lado no vimos casi ningún pez, pero luego de la plática en la playa que fue por horas, un guarda parque de la Anam advirtió que a menos de 80 metros de donde nos bañábamos estaba Titín, el otro cocodrilo que suele llegar a la isla. Conversamos un rato más dentro de la playa pero con esa paranoia de que en cualquier momento Titín podía aparecer, luego nos dimos cuenta de que se había desviado. Hubiera sido realmente extremo tener que huir de él.

En la noche el Jefe encargado de Anam en Coiba ofreció reproducir una película acerca de la isla, la cual fue muy placentera, producida por Mar Viva.

Al día siguiente luego del desayuno recogimos nuestras cosas para salir de la isla, pero antes de eso el botero se ofreció a llevarnos por uno de los senderos que se encuentra cerca del campo de Anam. Caminamos aproximadamente 45 minutos a una hora hasta llegar a un precioso mirador desde el cual se ve parte de la isla y del muelle, así como el mar infinito. El señor botero nos instó a seguir caminando y llegar a otro mirador más improvisado en donde se veía parte del oeste de la isla, así como a lo lejos las Islas Secas y una entrada de agua en donde habíamos ido anteriormente a ver Tortugas Carey pues en Coiba llegan a desovar al menos 3 especies de tortugas marinas. Al bajar del sendero nos llamó la atención ver en un comején un cráneo de algún animal.

Salimos de Coiba, pero aún esto no terminaba, Juan Pablo inventó llevarnos a una playa en la Isla Canal de Afuera y valió la pena, parte de la playa estaba llena de arrecifes de coral. Cabe destacar que hasta la fecha se han identificado en la superficie protegida 69 especies de peces marinos, 12 de equinodermos, 45 de moluscos y 13 de crustáceos.

Fui la primera en entrar al agua y pude ver un gran pez loro y muchos otros peces grandes. Luego de un buen rato haciendo snorkel sentí que algo me picó y por allí mismo salí, aún no se qué fue, pero me picó por varias partes del cuerpo.

Nos fuimos de Isla Canal de Afuera y bajamos en la isla de Bahía Onda, allí nos refrescamos por espacio de una hora, y salimos hacia Playa Banco para terminar el paseo, antes de eso bajamos en Playa Azul, una playa preciosa de aguas turquesas tibias y arena blanca y suave.

Actualmente el Parque Nacional Coiba tiene un papel vital en cuanto a su posición dentro del Corredor Marino de Conservación del Pacífico Este Tropical (CMAR) que enlaza cinco parques nacionales, comprendiendo la Isla del Coco en Costa Rica, isla Coiba en Panamá, Malpelo y Gorgona en Colombia y Galápagos en Ecuador. Conformando así un gran corredor de 211 millones de hectáreas incluyendo a cinco parques nacionales y mezclando zonas económicas exclusivas de cuatro países.

Para llegar al Parque Nacional Coiba hay varias opciones: puedes unirte a algún grupo que haga la excursión y te ofrecen un paquete todo incluido generalmente entre 250 y 300 dólares por persona, todo depende de qué es lo que se ofrece, algunas veces estos tours no incluyen el recorrido normal que fue el que describí en este post, ninguno hace el recorrido alrededor de la isla por seguridad.

También es posible ir en auto tomando la carretera Interamericana hacia el interior del país y desviarse en Santiago hacia Soná y luego entrar por la carretera que conduce a playa Santa Catalina, de ahí preguntar cómo llegar hasta playa Banco. En esta playa hay muchos boteros dispuestos a llevarte a Coiba pero cobran desde 200 a 300 dólares y debes regatear.

Es importante decir que antes de llegar a la isla hay que llamar a Anam y hacer la reservación de las cabañas o avisar de que irás a acampar cierto día. Las reglas en Coiba son muchas y las reservaciones se hacen con semanas de anticipación. Si tienes un yate, o bote y deseas llegar por tus propios medios, se pagan 50 dólares por bote, supongo que por yate sería mucho más.

En caso de ir en bus, debes tomar un Panamá – Santiago en la Terminal de Albrook en la ciudad de Panamá, luego bajarte en la Terminal de Santiago de Veraguas, tomar un bus que conduzca a Soná y en Soná tomar otro bus que te lleve a playa Banco o cerca, recuerda que preguntando se llega a Roma. También es posible tomar un bus en Santiago hacia Puerto Mutis y allí discutir con un botero por un buen precio.

Nuestro viaje desde Playa Banco hasta Coiba duró dos horas, pero esto depende del mar. En Anam se cobra 3 dólares por persona y 10 dólares por extranjero, si vas con un tour operador es obvio no pagar nada. El precio por cabaña es de 10 dólares.

Recuerda que en Coiba no vas a conseguir establecimientos de ninguna clase, así que debes llevar el alimento que consumirás por el espacio de tiempo que te vas a quedar.

La isla coiba ha permanecido lejos de los ojos y manos codiciosas del hombre, como si ella misma fuera uno más de esos tesoros míticos que bucaneros de todas las pelambres iban a enterrar en sus blancas playas de arenas coralinas.

Visitar el Parque Nacional Coiba es una experiencia Jurásica que transforma tus sentidos, que te hace sentir como en el Edén, Coiba es prácticamente un paraíso virgen. Pocas personas conocen un lugar con tanta belleza natural e inexplorada y es muy posible.

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Estuvimos en Lajaminas, un pueblo pintoresco, de esos de los Santos, provincia tan típica de nuestro país. Fueron unas 4 horas y media de viaje, entre paradas, llegamos de madrugada, el camino era fantasmagórico, rodeado de potreros y sin un solo poste de luz. Ya instalados en la casa, pude sentir ese calor de hogar santeño.

La casa de Vladimir es preciosa, decorada al gusto por su mamá, bellos adornos engalanaban el patio, así como las pequeñas flores y qué se diga del interior de la casa, mosaicos de arcilla que dan vistosidad y hasta un mueble con un techito hecho de tejas (que vidagena soy).

Después de instalarnos, nos sentamos a conversar un rato, mientras hablábamos escuche el bramar de alguna vaca a lo lejos.

A la mañana siguiente desayunamos y salimos a los alrededores con la Sra. Oderay, mamá de Vladimir, muy amable nos llevo a conocer su rancho Río Viejo, en la parte alta de un terreno, desde el cual había una vista panorámica de Lajaminas, riquísima brisa pasaba, ¡extraño la hamaca! Habían unos graciosos cerdos y tres vacas de mascota: Doris, Argentina y Barbie así que las fuimos a ver de cerca, muy inofensivas, pero Doris era grande y gorda así que no nos atrevimos a tocarlas.

De regreso a la casa fuimos a tumbar naranjas, recogimos tantas que en cada comida hacíamos refresco. Después de eso tomamos rumbo a Isla Iguana, por fin, qué ansiosa estaba.

Tomamos la lancha de Bolocho, un amable señor, amigo de la familia, que también trabaja en isla Iguana con la ANAM, que dicha! El costo del viaje fue de 60 dólares que es más o menos lo que se paga, a menos que quiera regatear.

Ya en la lancha, todo fue un suspiro, a siete kilómetros de la costa, unos 20 minutos y ya estábamos del otro lado, en Isla Iguana, en un parpadear de ojos, Vladimir se tiró al agua, aun no habíamos encallado, pero el agua era verde turquesa, invitante, el fondo se veía clarito sin dificultad, en el cielo azul se veían las famosas tijeretas y fragatas que habitan la isla, son las dueñas del lugar.

Hace un par de años se instaló un centro de visitantes a cargo de la ANAM en El Crial, la playa más grande y que está mirando hacia la costa. El centro tiene guarda parque a cargo y está ahí con el objetivo de controlar a los turistas, buzos y campistas que llegan a visitar. ANAM cobra por la visita: B/.4.00 por persona, los cuales se pagan en el centro de visitantes.

Me dijo Bolocho que a veces se ven ballenas jorobadas, cachalotes, delfines y hasta tiburón ballena, orcas y yubatas que emigran desde las frías aguas del Polo Norte y Sur hacia los cálidos mares del trópico para aparearse, espectáculo marino apreciable año a año desde Isla Iguana, rogué por ver algo, pero creo que la emoción fue mucha, hubiese podido morir al verlo.

También anidan las tortugas, sobre todo entre septiembre y diciembre y habitan iguanas verdes y negras que muy poco se dejan ver por los humanos. Lo que sí logramos ver fue a unos merachos, esos si no le tienen miedo a nada!

Exageraría si escribiera que vimos un millón de Cangrejos Ermitaños, Mangotes, Kikirikakiris, el fantasma y los Concholí, pero indudablemente así fue, tenía que ver bien la arena para no pisar alguno, eran billones, de todos los tamaños y colores.

La isla esta completamente deshabitada, es un área protegida, con el arrecife de coral más grande del golfo de Panamá con 16 hectáreas. Hay multas por pisar corales, o tratar de llevártelos, tampoco puedes dar de comer a los animales en derredor, hay que tener extra cuidado con la basura y llevártela a tierra firme, los yates también tienen sus reglas, no pueden encallar cerca de la playa ni encima de los corales.

Había leído que el mar en verano se pone feo y con grandes olas, pero suerte tuvimos que estaba sereno al menos del lado de Playa Crial. En esa misma playa llegaron unos peces gorditos y grandes de color gris que no pude distinguir, pero pasaban muy cerca de nosotros, logramos ver cuatro de ellos; en Isla Iguana  hay 11 especies de corales de unos 4,800 años de edad y aproximadamente 542 especies de peces.

Leo sopló una cama inflable en la que más tarde harían una sesión de fotos con Becerro. Livia y Vlad se ofrecieron a darnos el recorrido por los senderos.

Nos lavamos los pies en una llave de agua antigua y empezamos la corta caminata: el primero en tomar fue el sendero del Faro, en el camino Leo y yo logramos ver unos merachos y prestábamos atención a cualquier sonido, a ver si teníamos suerte, pero nos topamos fue con una manada de cangrejos por todos lados, que nos asustaban con sus sonidos. Pude notar que los árboles tenían raíces extrañas, me atrevo a decir que son restos de manglar seco, o que son lo que quedo de algún ecosistema de manglar de hace muchos años. Pasamos por uno de los cráteres que alguna vez dejaron los estadounidenses al tomarse Isla Iguana en los años 40 para practicar tiro al blanco, aviones militares soltaban bombas que caían sobre la isla y los arrecifes a su alrededor 🙁

Se dice que muchas de esas bombas no explotaron y hace unos años dos de las más grandes fueron explotadas controladamente. Fácilmente se pueden ver los cráteres al recorrer la isla, incluso en el centro de visitantes de la ANAM tienen un mapa interactivo en el cual se ven claramente los cráteres dejados, testimonio de la ignorancia de aquellos militares y de la falta de responsabilidad de quienes tendrían que limpiar esos antiguos campos de tiro en nuestro país, pues no solo lo es en isla iguana, sino en muchos otros lugares.

Llegamos a la playa del Faro y era aún más hermosa que Playa Crial, angosta, imponente, el mar estaba furioso, grandes rocas negras se levantaban a un lado, más allá se veían unos cactus inexplicables, en el cielo sobrevolaban las tijeretas, fragatas, pelícanos, pájaros bobo, entre otros. Estaba paralizada, tomamos algunas fotos y nos sentamos en una de las piedras, sobre las cuales había miles de babosas, las despegaba de las piedras para verlas más de cerca y ellas me saludaban con sus antenas viscosas.

Al regresar por el sendero vimos árboles de naranjilla, el Panamá, el carate, el guácimo, el balso, mamón, marañón curazao, ciruela, guayaba y coco. Se dice que en la zona costera de la Isla hay más de 400 hectáreas de manglar donde dominan los mangles colorados, blanco, negro, salado.

Fuimos al centro de visitantes desde el cual hay una vista hermosa, ahí conversamos buen rato con uno de los guarda parques que nos contó que hace poco habían visto un cachalote y que esa mañana había pasado una iguana negra muy cerca, nos enteramos de que la isla fue declarada como Refugio de Vida Silvestre en 1980 a través de un Acuerdo Municipal y la asociación con el Consejo Internacional de Protección de las Aves (CIPA-Panamá) y con la ayuda de moradores de Pedasí, lucharon contra intereses que buscaban privatizar este importante centro ecológico y turístico y entonces crearon el refugio de vida silvestre Pablo Arturo Barrios, que incluye el área costera y el mar frente a Isla Iguana, permitiéndose específicamente la pesca artesanal pero prohibiendo la pesca de arrastre y de grandes barcos camaroneros.

Al salir del centro de visitantes tomamos el Sendero de Anidación rodeado de palmeras y en el cual en cierto punto el olor a excremento de aves era intenso, allí estaban anidando las fragatas, hacían un sonido fuerte y gutural, las que estaban sobre las ramas tenían un globo rojo bajo su pico, señal de apareamiento, fue hermoso verlas tan de cerca.

Montamos la lancha y ya en alta mar, Bolocho dio la orden de tirar la caña de pesca y tiramos otra de nuestro lado, ni 10 minutos andando y Vlad pescó un atún, pero se le escapo 🙁 más adelante Leo tenia en su mano la otra caña y sintió la presión, un hermoso pez atún de unas 4 libras…nuestro equipo iba ganando: Becerro, Yara y yo celebrábamos, 1 a 0. Seguimos probando suerte. Tenia en mis manos el nylon y sentí que algo haló fuertemente y casi me corta los dedos, era otro pez, idéntico al anterior, qué alegría, Leo lo sacó, que triunfo por haber pescado dos peces. Bolocho solo se reía de nuestro pobre triunfo.

El sol nos despedía con sus últimos destellos de la tarde, era hermoso, se veía tan cerca y palpable, redondo, anaranjado…

Nos fuimos a la casa llenos de pescado y con una hermosa experiencia que en lo personal pienso repetir, Isla Iguana es un paraíso accesible que más conocen los extranjeros que los panameños, atrévete a ir, no te vas a arrepentir.

Importante

Es posible ir y venir el mismo día, pero si quieres pasar la noche hay que acampar. Hay un refugio al lado del centro de visitantes, donde se puede dormir y también se puede acampar en la arena. Se permite hacer fogatas, pero sólo se puede usar leña de playa, no se deben cortar árboles ni ramas, ni siquiera secos.

Hay un pozo de brocal detrás de la casa del guarda parque, pero el agua es más bien salobre y no apta para beber. Trae tu propia agua y comida desde tierra firme, en Pedasí se puede conseguir todo lo que haga falta. Recuerda llevar protector de mosquitos.

Desde la Ciudad de Panamá por vía aérea diariamente, en 35 minutos hasta la Ciudad de Chitré en la Provincia de Herrera. En auto también desde la Ciudad de Panamá, a través de la Carretera Panamericana hasta la Ciudad de Chitré en cuatro horas, de allí a la ciudad de Las Tablas y luego al poblado de Pedasí en aproximadamente una hora. Luego de estar instalado en Pedasí es necesario trasladarse hasta la desembocadura del Río Pedasí y tomar una lancha o bote que en veinte minutos lo llevará a Isla Iguana.

El poblado de Pedasí es el más cercano a Isla Iguana y posee alojamientos, restaurantes y alquiler de lanchas, también puede hospedarse en las Tablas y después dirigirse hasta Playa el Arenal en Pedasí.

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A las 8:00p.m. Arrancó el bus desde la Terminal de Albrook hacia Bocas del Toro, 10 horas de viaje frías o mas bien congeladas y solo acompañada por un abrigo y mis propias ideas. Lo que me complacía era pensar que en pocas horas vería a mamá, después de varios meses, la felicidad me embargaba más por ello, que por el destino. Ella es profesora de difícil acceso.

Hace poco había sido victima de un robo, así que había perdido mi cédula., mi otra preocupación era, que al llegar a la garita, pasara algo por no poseer la identificación.

El guardia entro al bus, mandó prender las luces y alertaron de despertarnos todos y sacar nuestras identificaciones, había algunos extranjeros, sobre todo norteamericanos, lo que hizo que él se concentrase en ellos. Saque mi viejo carné de seguro social, el carné de la universidad, incluso también mis fichas de seguro…me sentía algo nerviosa. Me hice la dormida, el guardia me toco el hombro, le mostré mi mano…me dijo OK, y se marchó. Lo que vio fue la parte trasera de mi carné de seguro social. Uff, que alivio.

Trate de dormir, pero con el frío incesante me fue imposible, me dedique a mirar las estrellas y en tiempos, cerraba los ojos. En un momento el bus empezó a hacer que cabeceara, daba seguidos frenazos, lo que hizo que me despertara completamente y prestara atención, trate de recordar la carretera en mi última visita a esta provincia, hermosa la vista.

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A las 6 casi en punto llegué a Almirante, seguí las indicaciones de mi mamá y tome un taxi donde me dejó el bus diciéndole que me llevara a Bocas Marine: una de las piqueras de taxis – lanchas.

Allí vi que dos de mis acompañantes extranjeros del bus iban también para Isla Colón y se unieron a mi, pensando que yo sabía más que ellos.

El cielo era rosado viejo mañanero, a lo lejos, se veían caseríos, aves marinas, el agua mojaba mis maletas y mi rostro, en la lancha también iban personas a trabajar, con saco y corbata, así mismo como en cualquier autobús de la ciudad.

Al llegar me despedí de mis compañeros canadienses y seguí mi camino, llamé a mi mamá y ella estaba a la vuelta. Le di un gran abrazo y entonces miré a los alrededores la belleza del lugar.

Hoteles, hoteles, hoteles, supermercados pintorescos, edificios públicos incrustados en el mar, el agua verde esmeralda, al fondo de donde me dejo la lancha, se veían las estrellas de mar y diferentes peces.

Desayuné en una fonda de las pocas que quedan en la isla, y fuimos a la residencia. Mi mamá se fue a trabajar y yo descansé del viaje hasta cuando ella regresase.

Salimos a dar una vuelta por el pueblo, ella me mostró los lugares de más interés, la iglesia, restaurantes, bares, pizzerías, heladerías, el Banco Nacional, mucho más bonito que algunos en la ciudad. Fuimos al antiguo muelle donde vi un ferry por primera vez en mi vida: llevaba basura, cajetas de comida, bajaban carros, etc.

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Ciertamente pude notar la presencia extranjera en el lugar y podría asegurar que habían muchos mas forasteros que panameños. Entré a un supermercado pues me dio algo de sed y fue entonces que recordé la fama que tiene la isla de ser cara. La botellita me salio nada mas y nada menos que en 1.50 USD. No quise imaginar a cuanto estaba en los restaurantes.

Caminé hasta la piquera de taxis marinos y me senté un rato comiéndome un helado mientras leía y mi mamá ya había regresado a la residencia, algún extranjero se sentó a mi lado y me hizo conversa, en Isla Colón todo el mundo es amigo. Después llego un nativo y entabló conversación con el extranjero y la verdad es que no pude entender nada, cortésmente le pregunte de donde nació su idioma y el me contó que su idioma es el Guari Guari y aun no esta verificada como una lengua oficial, básicamente se habla solo en Bocas del Toro y se trata de una lengua hibrida entre el inglés y el español con elementos de la lengua de los indígenas guaimí.

En Isla Colón puedes ver desde gallinas y perros correteando en calles sin pavimentar, hasta cajeros automáticos y tiendas de artículos para el surf en cada esquina.

Ese día disfruté de lo que es el centro de la Isla, cómodo y placentero, ya en la noche me fui al bar Wari Wari a tomarme algo y disfrutar del paisaje y el pasar de las personas.

Al día siguiente me quedé en casa, camine por el pueblo, entre otras cosas. Andaba sola así que no me atreví a llegar muy lejos; pero el siguiente día no soporte y tomé un bus y me fui a dar un paseo por la Playa de Boca de Drago. En el camino, vi las casas de los indígenas, abandonadas en la miseria y llenas de niños con caras mustias, del bus se bajaron unos 10 indígenas que iban a trabajar en los diferentes sitios turísticos de la isla. Los autobuses se toman en el parque central y demora alrededor de una hora llegar a Boca del Drago.

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Después de pasar por una carretera que bordea la isla, llegué a Boca de Drago. Es el punto del archipiélago más cercano a tierra firme, con varias pequeñas playas y senderos arbolados. Cuando Cristóbal Colón arribó a Panamá desde Costa Rica, el primer lugar que el visitó fue Bocas del Drago, entrando por la que hoy es conocida como la Bahía de Almirante (Caribaró para los indígenas), por el canal que separa la isla Colón de tierra firme.

Analicé el mar, hice auto fotos. Este lugar se aprovecha al máximo, es una de esas playas en donde ves el fondo de lo lejos, color verdoso claro, en donde los destellos del sol te hacen ver aún más sereno el océano, arena dorada, arrecifes donde poder disfrutar del snorkel o el buceo, y un lindo restaurante donde poder disfrutar de platos caribeños.

Allí llegaron varios tours en lanchas de las cuales se bajaban extranjeros a la playa y se ubicaban a tomar el sol o a leer, vi a muy pocos bañarse.

El hospedaje en la isla es generalmente simple y natural. No hay ningún edificio alto de cemento aquí. La arquitectura caribeña de su capital es lo primero que se nota al arribar, siendo una parte importante de nuestra cultura. El énfasis está en la naturaleza y la vida en concordia con la tierra. La comida es sencilla, pero abundante y la vida nocturna es relajada y generalmente consiste en mirar la puesta del sol y disfrutar de una cena sustancial o tomarte algunos tragos en los bares de surfers.

Bocas del Toro no es para todo el mundo. La gente amante de resorts sin duda se aburrirá de la vida nocturna tranquila y los hoteles sin servicios extra. Sin embargo, si está buscando algo diferente, un lugar que ofrece belleza natural, un estilo de vida serena y cortes, vida salvaje y deportes acuáticos sensacionales. Bocas podría ser ese lugar para ti.

Ya de regreso a la ciudad, salimos mamá y yo a eso de las 3 de la tarde de la isla, a esa hora no hay buses que vayan directo a la ciudad, así que un señor muy amable se ofreció a llevarnos hasta David, Chiriquí, un viaje de mas o menos 4 horas, repleto de bellos paisajes, precipicios por los cuales comprendí los frenazos del bus cuatro noches antes, la carretera hacia Bocas del Toro estaba llena de derrumbes y calles por la mitad, tubos inmensos fuera de lugar, hasta algo de miedo me dio.

El señor nos llevo a la comunidad de Miramar donde nos tomamos unas bonitas fotos en la costa. El bosque en la carretera es hermoso, frió y tupido, grandes elevaciones de cerros, hermosos ríos y claro está, la razón es que pasábamos por la Cordillera Central. En el camino también está la Represa la Fortuna donde se puede disfrutar del bello paisaje. Llegamos a David y tomamos un bus a la ciudad.

Bocas del Toro es, definitivamente, uno de esos lugares mágicos de nuestro país a los que cualquier panameño deberá ir aunque sea una sola vez en su vida.

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Salimos a las 2:30 Pm de la terminal de Albrook, llegamos al Supermercado Rey de Sabanitas pensando en esperar un bus que nos llevara a la Guaira, pasó mucho tiempo y no pasaba ningún bus así que decidimos preguntar a un taxista cuanto nos cobraba hasta la Guaira.

Muy amable el Sr. llamado Chilo nos llevo y dijo que le pagáramos lo que quisiéramos, cosa que no creí, el caso es que de Sabanitas, hasta Isla Grande, y con cervezas pagadas por él, nos cobro 15 dólares hasta la Guaira. ¡Muy barato!

Paramos en Portobelo y Joel  fue a visitar a una abuela postiza y Chilo nos llevó a un bar donde veíamos un hermoso paisaje de Portobelo, desde otra perspectiva, pues nunca había estado en esa parte, al lado de una especie de muelle de barriada.

Seguimos la carretera bastante descuidada y llegamos a la Guaira. Allí un señor muy servicial nos dijo que fuéramos a su hotel, Don Ñato, y tomamos la lancha a eso de las 7Pm en la Guaira, y luego de 5 minutos estuvimos en el muelle que nos dejo en frente del hotel. Cuarenta y cinco dólares por los tres en una habitación de dos recamara, bastante bien.

La Isla Grande es una isla del Mar Caribe que pertenece a Panamá. A pesar de lo que indica su nombre se trata de una isla de dimensiones pequeñas en la cual se encuentra la famosa estatua del Cristo Negro en los corales. El acceso a la isla es a través de lanchas que manejan los habitantes locales; estando a media hora de la ciudad de Colón no está permitido el ingreso de automóviles a la isla pues solo hay senderos para caminar. Posee una gran riqueza gastronómica y cultural. En recientes revisiones históricas se ha llegado a la conclusión de que esta isla es el Bastimento que mencionan Cristobal Colón y Rodrigo de Bastidas en sus crónicas de viajes entre 1502 y 1503.

A esa hora fuimos a comer algo a un restaurante llamado Congo, no muy agradable. Nos fuimos a Playa La Punta a eso de las 9Pm a bañarnos un rato y sin poder ver nada en el mar, pero con la inmensidad del mismo al frente y con un cielo estrellado, tomamos un poco de vino y disfrutamos del viento de la noche.

Y fuimos a bailar Congo y los lugareños empezaron a bailar con nosotros, los niños también y hasta varios extranjeros. Y qué casualidad que aquella noche era la izada de bandera de carnavales así que Isla Grande estaba revuelta de gente feliz por todos lados, extranjeros y pobladores con sus mejores fachas.

A eso de las 3Am nos fuimos a dormir, cansados de tanto bailar, para levantarnos a las 8am muy entusiasmados y sin nada de sueño a subir nuestro Faro, antes, un desayuno en un restaurantito muy colorido, como todos los de la isla.

Seguimos caminando hasta subir el Faro. Hay que caminar al lado este de la isla, y justo donde está la entrada del Hotel Sister Moon se ve el camino hacia arriba. Desde aquí  son unos 10 a 15 minutos hasta la cima, donde están el faro y una antena de comunicaciones.

Joel pensaba que era solo llegar a la parte de abajo del mismo, así que decidimos subirlo, no apto para claustrofóbicos o miedo a las alturas ni a lo oxidado, ya que es muy estrecho y las escaleras son en forma de caracol, pero al llegar arriba, HERMOSO ver toda la Isla, hacia el norte, Isla Tambor, el punto de tierra más al norte del país, hacia el sur los pueblos de La Guayra y Juan Gallego y más allá Isla Linton e Isla Cabra.

Estábamos admirados, mientras sentíamos que el viento movía el faro nos agarramos muy bien del hierro y tuvimos la sensación de que podíamos salir volando en cualquier momento como una pluma.

Construido en 1894, es el faro más antiguo construido en Latinoamérica, básicamente más viejo que Panamá como República, construido en la época del canal francés y considerado monumento histórico por la IALA (International Association of Lighthouse Authorities). Esta extraordinaria estructura metálica fue diseñada por Alexandre Gustav Eiffel, sí, el mismo que diseñó la torre Eiffel. Solo dos faros en América han sido diseñados por Eiffel; en Isla Grande (1894, Panamá,) e Isla Mona (1895, Puerto Rico). En Toro Point (en Sherman, Colón) donde hay un faro (1894) gemelo al de Isla Grande.

Y la Islita de enfrente nos llamo la atención, sobre todo la parte de abajo donde se veía el mar  furioso, al parecer a Joel se le ocurrió una idea loca y espero hasta bajar para decirnos.

Quería ir a arrojar su sortija de compromiso a la parte de atrás de Isla Grande, en frente de esa islita de piedra. Dijimos que No, pues se veía algo peligroso ir hacia allá: monte crecido, mucho lodo, pero él se adelanto y se perdió en el follaje así que optamos por  seguirlo, con algo de dificultad, pues andábamos en faldas y zapatillas no aptas. Pero después de pasar un montón de arbustos, espinas, ramas y raíces, lodo hasta las rodillas, llegamos al destino.

Allá fue Joel a tirar su sortija, y fue espectacular ver el mar tan bravo en su máxima potencia, invitándonos a entrar en él para llevarnos sin compasión. Joel se cayó y hasta sangre le salió, pero como un “gran machote” no demostró gran dolor.

Así que caminamos de vuelta al pueblo y nos tomamos unas sabrosas pipas y como habíamos llevado nuestro propio licor, tuvimos que buscar una parte de la playa menos concurrida, ya que el lugar que pretendíamos había que pagar el descorche. Caminamos hasta La Punta, pues es muy atractiva, pero estaba llena de multitud de todas partes de Colón y nos queríamos bañar juntos y no podíamos dejar nuestras pertenencias a la intemperie  por cautela.

Pero la esquinita que encontramos era muy placentera y la pasamos riquísimo. Ya a eso de las cuatro de la tarde llamamos al Sr. Chilo para que nos viniera a buscar a la Guaira y tomamos nuestra lancha de vuelta y ya Chilo estaba al encuentro, nos llevó a  tomar a una cantina, una cerveza cada uno y de paso nos invitó a su casa una próxima vez a comer iguana. Hasta Heavy Metal bailó Chilo mientras conducía.

Tomamos un autobús Colon – Corredor en el cual llegamos en 1 hora a la terminal de Albrook y cada uno para su hogar.

Isla Grande es una experiencia gratificante.

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Mapa: https://mapsengine.google.com/map/edit?mid=zeS_JUmUX4_c.k7HmTGBPVu2M