ENLODADOS

Hiking Trails and Trips in Panama

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Luego de dejar nuestro coaster, nos subimos a los 4×4 y fuimos rumbo a la sierra. Pasamos varios puentes colgantes de película. Los 4×4 se fueron con los más intrépidos a pasar el río.

Conocimos una cascada hermosa y virgen en medio de los recovecos de la montaña. Disfrutamos enormemente de esa bañera enorme y natural que nos pegaba con todo en las orejas; fue un trip completamente relajante.

Puente colgante/ Fotografía de Ana Chérigo

Fotografía de Ana Chérigo

Los salvajes Rey y Felix se fueron a escalar la cascada y tal como dijo nuestro guía local, quizás tenga unos 30 metros de alto o más. Cuando los chicos venían bajando, también lo hacía un pichón de garza tigre.

Nos contaron que fuimos el primer grupo en visitar la cascada, que muy pocos conocen y la comunidad mantiene su diamante en secreto, agradecemos enormemente a nuestro guía por llevarnos a sitio tan precioso.

Fotografía de Juan Rangel

Al salir de la cascada abordamos nuevamente los carros, pasamos algunos caminos repletos de lodo donde los “todo terreno” bailaron y resbalaron; por eso siempre molesto a nuestro conductor estrella de que me enseñe a conducir así. Esa destreza de poner a bailar el carro no la tiene cualquiera. Solo ellos saben cómo manejar ese terreno.

Finalmente llegamos a un sitio fenomenal, un río con un tobogán natural. Presentía que la situación se iba a descontrolar apenas que llegaramos al río. Nuestro guía local se deslizó, sin pensarlo tras de él también lo hicieron Felix y Fátima, un parque de diversiones para adultos. Al cabo de un rato casi todos se habían lanzado y venían río arriba pa’ tirarse otra vez.

Fotografía de Ezequiel de Gracia

Fotografía de Ezequiel de Gracia

El río tiene diferentes formaciones perfectas para deslizarse. Nuestro amigo David de 9 años, junto con Oswaldo ya exploraban otro surra surra y luego todos nos copiamos de ellos, !La Pura diversión!

Cuando hizo la hora nos dirigimos a comer un delicioso sancocho, saciamos nuestra hambre y finalmente nos dirigimos al bus. Nos hizo un día hermoso y estamos agradecidos con la Madre Naturaleza por ello.

Un abrazo cordial a todos los que participaron en ésta gira y para los que fue su primera vez, estamos seguros que será la primera de muchas. Gracias a todo el grupo de Enlodados por su fiel apoyo.

Había estado averiguando la manera de regresar hace rato. Tuve un excelente profesor de física de la etnia guna (una eminencia) en la escuela secundaria y fue con quien conocí este lugar; creo que nos llevó como modo de taller de cuerdas para que la gente se llevara mejor y funcionó.

Aunque escriba mucho acá, nunca he sido exactamente extrovertida, pero ese viaje me obligó a socializar más con mis compañeros, era una obligación tender la mano, apoyarte sobre el otro, ofrecer agua, cargar la mochila del cansado. Eso me marcó de por vida. El senderismo es terapia para el alma y el corazón y te obliga a conocer la parte más sensible de la gente.

Foto de Ana Chérigo

Fue mi primera caminata en la selva, tenía 16 años y me costó. Me costó mucho. A tal punto que en uno de los senderos me dió un golpe de calor. Todo esto me marcó a un nivel que al cabo de los años decidí dedicarme a interpretar la naturaleza de manera independiente, como guía de turismo ecológico.

Hablé con varias personas que nos podía llevar; era necesario que el guía fuese Guna. Conversé con uno que cobraba una suma exorbitante, me sentí impotente. También hablé con un chico que nos llevaba de gratis, pero no me dio buena espina, lo gratis nunca es bueno. Hasta que luego de algunas llamadas llegué al indicado: Igua Jiménez y fue lo mejor que nos pudo pasar.

Igua – nombre que solo es el prefijo- tiene 17 años guiando y conoce Guna Yala mejor que nadie. Coincidimos mucho, pues él no es el que prefiere cantidad a calidad. Entre selva y playa, prefiere selva. Repito, dimos con el indicado.

En el autobús él nos comentó algunos datos generales de su cultura, pero creo que no contaba con el acoso que le venía bajando. Mientras pudimos, despejamos muchas de las dudas que tenemos de dicha cultura, celosa de sus tradiciones.

Foto de Ana Chérigo

Foto de Ana Chérigo

Foto de Ana Chérigo

Pasamos a la garita que divide la comarca de la provincia de Panamá, pagamos el impuesto correspondiente y seguimos a lo nuestro. Ya estábamos ansiosos, sabíamos que nos esperaba un sendero lleno de lodo pues el día anterior había llovido y desde que entramos en Chepo no dejó de lloviznar.

Lo que recordaba era que el sendero del primer día era bastante difícil y que el sendero Ibe Igar era más sencillo, pero luego de un rato bajando y subiendo pendientes llenas de raíces en media selva la cosa se puso rica y hubo que agarrar aire. Lo bueno fue que parte del camino llovió y nos refrescó muchísimo.

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Durante muchos siglos los seres humanos hemos usado nuestro poder e inteligencia para destruir o modificar la naturaleza, para robarle espacio a otras especies y constituirnos en el centro de la evolución. Pero hay un lugar en el que seguimos siendo seres indefensos y vulnerables, y donde nuestro instinto de sobrevivencia más primitivo (ese que traemos desde los primeros días del Homo Erectus) puede salvarnos. Un lugar de peligros y leyes inexorables: la selva. – Irving Bennett, Explorador panameño.

Habíamos planeado esto con tiempo, venimos realizando este viaje desde el año 2011, pero ésta vez lo hicimos cuadriculado; todo bajo completo control, justo como debe ser al planear meterse en la selva en un mes como julio.

La selva del P. N Portobelo conlleva muchos elementos que si no conoces, es mejor ni atreverse: el río es impetuoso y se divide en variados afluentes; no existe camino marcado; tratándose de la Sierra Llorona, la humedad es contundente y así como los árboles de ceiba (Ceiba pentandra) de hasta 60 metros de alto, desarrollan raíces tabulares, a veces la tierra cede tanto que se caen, esto pasa a diario. Así como es posible ver reptiles inofensivos, es posible ver reptiles muy venenosos. También es área de escorpiones y bichos que más adelante detallaré. Sin dejar de lado que es una de las áreas del país con más existencia de felinos comprobada.

La lista de implementos era larga, pero funcional y necesaria; recomendamos no exceder las 15 libras y dormir en hamacas, lo cual se le hace bastante difícil a quien no está acostumbrado.

El grupo que nos acompañaría sería de 16 personas, bastante grande para nuestro gusto. Partiendo de ahí, sabíamos que el recorrido sería más lento.

Como siempre, revisamos la hoja cartográfica antes de partir, la misma ya va en la mente pues el área para nosotros es como la palma de la mano, hemos podido conocerla muy bien. Tiempo atrás, Rey y yo habíamos hablado de crear una nueva ruta para que la ruta vieja se la comiera la selva, cosa que ya está sucediendo. Teníamos en mente cambiar la ruta en una parte donde aparece un acantilado.

A eso de las 10:30 pm arribamos en Guanche e inmediatamente nos bajamos del autobús, empezó a chispear. Nos despedimos de nuestro conductor estrella no sin antes advertir que de no salir antes del anochecer del domingo, estuviese alerta. Iniciamos la típica caminata por la trocha hasta donde acamparíamos.

La selva nos permitió armar el campamento y acostarnos a dormir. Algunos de los excursionistas estaban asombrados por lo inhóspito del sitio; jamás habían estado en la selva, o al menos, no lo imaginarían tan áspero.

A la media noche arreció la lluvia y los ronquidos que me habían confundido los sentidos, aquellos que se transformaban en jaguar, perro y hasta caballo, pararon. Dentro de las carpas la gente se movía, y los que dormían en hamacas salían a mover las lonas.

Al cabo de un rato la lluvia bajó su intensidad y regresaron los ronquidos, ahora se unían los de Rey que dormía a mi lado, manso y sereno. Cuando apenas yo me enganchaba al sueño, un crujido como de relámpago se escuchó y CRASH! Ratatatata!!!!! caía un golpe seco al suelo. No dormí más. La selva siempre nos regala un árbol caído, pero de noche, no es exactamente una buena idea.

Me desperté a las 5am; había dormitado quizás una hora. Los northfaceianos me despertaron con una baja voz dentro de su carpa, cerca de mi hamaca que decía “¿Quién quiere café?”, se activaron mis sentidos y desperté a Rey. Nos dispusimos a hacer nuestra bebida energizante.

De la selva surgían gritos y voces alocadas, presté atención y supe que venían Genesis, Felix e Iris, los tres chicos que faltaban. Recogí mi hamaca, preparé pan pita con tuna, me metí un bocado obligada y llené mis bolsillos y cangurera de lo que llamamos “raciones”.

Casi todos los aventureros estaban listos, y con mi vaso de café en la mano, una oración de inicio, una plegaria a la Madre Tierra y su permiso concedido, iniciamos la marcha de lo que serían las próximas horas más extremas para muchos.

Cruzamos el Guanche, que me traía ansiosa al pensar que con la lluvia aquella, estuviese crecido. Se encontraba quieto y claro. Vi hacia el cielo y supe que llovería, con más fuerza que en la noche.

Al iniciar el camino por el potrero, tronaba a lo lejos. Ya todos íbamos encapotados y cubiertos hasta las orejas.
Por el potrero siempre se camina rápido, pues es solo la base del camino real. Algunos se sumbaron de las lianas de un inmenso árbol, símbolo del inicio del Parque Nacional. No faltó quien preguntara si aún faltaba mucho. Apenas comenzábamos.

Caminamos a un excelente paso, bordeando el río. Pasamos por “arenal” y fue la primera vez que lo vi convertido en riachuelo. Generalmente ahí es donde mejor se ven las huellas de mamíferos.

Seguimos la senda y llegamos a la quebrada, primera parada corta donde aprovechamos para descansar. Ahora venía uno de los sectores más quebrados, junto con los rápidos del río. Llegamos a la parte del acantilado y ¡SORPRESA! El acantilado desapareció, cedió, se lo llevó un deslave. Nos quedamos asombrados; lo que tanto habíamos conversado simplemente se hizo realidad y fue necesario que Rey reconociera el área y utilizaramos otra trocha.

Aprovechando el río aún quieto, caminamos una quebrada, prescindiendo del trillo y salimos a la Poza del Jaguar, donde cuentan quienes descubrieron el salto, que vieron un jaguar descansar. Ahí Rey colocó una línea de seguridad hasta el río y nos fuimos a bañar. Cuando el agua dulce y virgen cayó sobre mi cabeza caliente y salada del sudor, fue una completa delicia.

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Partimos de la ciudad de Panamá a eso de las 2 de la tarde, la marcha fue directo a Penonomé donde nos abastecimos de lo último necesario; en el Copé nos esperaba el gran Macedonio, guía local del Parque Nacional General de División Omar Torrijos Herrera.

Luego de esperar los todo terreno en medio de una tertulia torrijista, abordamos los autos y nos fuimos rumbo a la montaña. Ya caía la noche y los locales me decían que iban cuatro días de lluvia pertinaz.

En el camino, con un fondo de Ulpiano Vergara, le comentaba tantas cosas al conductor “Fulo” en medio de mi emoción, que bajó el volumen y empezó a hablarme de su preocupación por la deforestación, en base a que la quema “de maldad” que hacen algunas personas al área de los pinos. Ya oscurecía casi por completo y en medio de la calle de piedras, saltaban conejos muletos (Sylvilagus brasiliensis) y aves motmot (Momotus momota) se escondían en sus refugios.

Llegamos a nuestro lugar de camping: una acogedora casa en medio del poblado de Santa Marta, que forma parte de El Copé, en el Harino, corregimiento del distrito de La Pintada en la provincia de Coclé.

Procedimos a armar el campamento y a encender las parrillas, que al final resultaron ser tres, de las cuales todos comimos. Al mirar al cielo, el firmamento estaba estrellado, agradecí ampliamente pues con esto, las probabilidades de lluvia al día siguiente eran pocas, y así lo fue.

Iniciamos la marcha a las 6:30am, teníamos una idea breve de lo que nos esperaba, 14km y medio de camino difícil, dividido entre Cerro Escobal y Cerro Marta.

Bajamos al río Tigrero, lo atravesamos e iniciamos el camino hacia Cerro Escobal con rumbo al mirador, ahí nos topamos todos pues algunos se adelantaron, mientras Macedonio venía con el resto del grupo. A mi me salió “El Francisco”; el más de un año sin caminar como Dios manda, ¡Vaya loma!

Bajamos Escobal y caminamos por un bosque de galería en los alrededores de un potrero que culmina en un valle desde el que se veían claramente los cerros Marta y Juan Julio. En el potrero había un árbol de guaba, la Naturaleza siempre provee. 

Me la pasé conversando todo el camino con Macedonio, me contó algunas de las versiones de lo que sucedió ese 31 de julio de 1981. Las siete personas a bordo, entre ellos el general Omar Torrijos Herrera, quien dirigió la dictadura militar del Panamá entre 1968 a 1981, fallecieron en el lugar.

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Hace un tiempo, estando por el área de Penonomé arriba, y acampando en un hermoso sitio, vimos el sol salir por encima de unas enormes rocas de un cerro imponente. A Rey le parecía una hannya, a mi me llamó la atención la pared de roca que parecía ser muy alta.

Tiempo después conocimos sus faldas, en lo que fue un viaje rápido y carnavalero por el sitio, que nos ahuyentó al sentirnos un poco raros, entre tanta multitud en estado etílico frente a chorro de aguas apacibles en medio de la montaña que años más tarde conoceríamos.


Algunos geólogos cuentan que el Turega es uno de los tantos domos o conos del volcán del Valle de Antón, estrato volcán gigantesco y aunque los factores erosivos lo han deformado, aún sigue siendo imponente.

Fue así como nos topamos con nuestra guía local, Vero, que creció en las faldas del Cerro Turega y conoce de primera mano todo a su alrededor. Curioso es que en la primera visita de Vero al cerro, fue mordida por una serpiente equis; ni ésto impide que ella mantenga su devoción.

La comunidad es muy celosa de su recurso natural. Para subir el cerro es necesario ir con guía local, además debes solicitar un permiso con el líder del pueblo.

Es importante destacar que el sitio está en vías de convertirse en una reserva hidrológica por lo que en un futuro no muy lejano estará regido bajo leyes que lo protegerán; y tiene lógica pues del cerro se desprenden caídas de agua estacionales que se pueden ver en época de lluvias desde la carretera, y chorros permanentes para disfrutar todo el año.

El área protegida sería en Turega y Cucuazal como Reserva Hídrica, pues existe una gran cantidad de bosques con fuentes de agua y manantiales que abastecen del vital líquido a la población rural de Pajonal, Churuquita Grande y otros corregimientos.

Salen 9 acueductos de cada cerro (Sofre, Sofre Abajo, Aguela, Turega, Churuquita Grande, etc)

El plan ya se lleva a cabo y esperamos pronto ver en gaceta oficial del 2017 pues el Ministerio de Ambiente, junto con biólogos y representantes de la comunidad, unen esfuerzos para que sea una realidad y se pueda establecer una ley que proteja la biodiversidad que se ve amenazada con potreros y ganadería.

Alguna vez leí que el cacique Turega el padre de “Las Mozas” de donde proviene el nombre del famoso chorro del Valle de Antón, y que su hijo era “Chigoré” quien estuvo enamorado de “Zaratí”, hija de “Penonomé”.

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Jornada de limpieza en el paraíso, Charco Azul y Charco Verde bajo permiso expedito de la Alcaldía de Chame que ha cerrado el sitio so pena de multa de 100$ a 600$ y bajo vigilancia del Comité de Agua, por razones de peso: contaminación de áreas verdes, tuberías de toma de agua rotas, cercas cortadas, mal manejo de capacidad de carga, basura en todos lados, encontramos hasta condones Sres…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A pesar de todas las advertencias de La Alcaldía de Chame y del enorme letrero al inicio del sendero, aún hay personas que van al charco sin permiso, haciendo caso omiso de la advertencia.

Algunos no conforme con ya incumplir con las normas, cruzan la cerca que dice NO PASAR y suben a la toma de agua, a tal punto que la han destruído. ¿Cómo queremos que el sitio sea reabierto?

Inmediatamente llegamos vimos condones sobre las rocas y encontramos hasta latas de cervezas cerradas, así como vidrios.

En el camino encontramos señalizaciones clavadas en los árboles, que al perforar la corteza abre la puerta a hongos, bacterias, virus e insectos que pueden a la larga debilitar e incluso matar al árbol. Aunque la corteza se considera como material “no vivo”, con los clavos puedes llegar a perforar hasta la parte viva.

Aún habitan las Dendrobates auratus, vimos heces y huellas de mamíferos pequeños y heces del jaguar que sabemos habita el área, lo cual nos hace felices.

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La logística fue tremenda. Prácticamente a pocos días del trip nuestra seguridad era 50%, así que Rey y yo nos fuimos unos días antes a hacer gestiones, y la montaña nos recibió con lluvia cerrada, pero logramos recabar la información necesaria, tomamos una carretera llena de curvas en un terreno difícil que solo se atreven a manejar los locales. Entendí por qué al preguntarle a otros 4×4, nadie quería ir pa’ allá, uno de los temas que más nos preocupó fue la lluvia pues en ésta área los ríos se crecen de manera descomunal, pero con un poco de conversaciones con la Madre Tierra y Dios, se nos concedió el viaje.

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Nos topamos en Albrook de madrugada y nos fuimos rumbo al poblado central, donde nos esperaba nuestro 4×4 que nos llevaría al Edén. Los chicos del grupo iban felices en la parte de atrás, lo sé porque hasta la cabina se escuchaban sus risotadas a gritos. Llegamos a lo que parecía “La nada” y entramos por el trillo que días antes Rey había descubierto.
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La verdad, un poco intrépido. A petición de varios amigos, esto se hizo realidad. Nosotros consideramos que éste sitio es apto para visitar en verano, aunque en esa época no es posible ver el chorro a magnitud, razón por la cual cedimos a ir a verlo en septiembre, mes que como todos sabemos en Panamá, es muy lluvioso.

Gracias a Dios, a las buenas vibras y a Madre Naturaleza, pudimos ir y venir sin problemas. En el grupo que se atrevió, al que pusimos “el escuadrón suicida” iban solo 4 personas nuevas, los demás ya habían ido.

0da251d7-2a7d-4dc0-a26c-e8c2b95a22b9 Cruzamos el Guanche sin problemas mayores, recorrimos la selva entre lloviznas, llegamos a la poza del Jaguar en donde era evidente que han pasado muchas crecientes por la cantidad de árboles y arena en el fondo.

La cascada Solange estaba en su punto, de ella caía una bella cabellera de agua, donde descansamos un rato y seguimos la senda.

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Al llegar al sitio que hemos habilitado para acampar desde hace muchos años, el tiempo nos dio para armar campamento, hamacas, buscar leña y prepararnos; pero la Naturaleza imponente nos mostró su fuerza. El Guanche arriba demostró que el poder del agua es inminente, en segundos el río estaba color chocolate, las gruesas gotas caían sobre el refugio armado por nuestro eficiente guía, Rey.

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Una cuenca hidrográfica capta, almacena y suministra agua que alimenta las quebradas, ríos y el mar. Es lo más parecido a un depósito natural de agua donde al mismo tiempo desembocan gran cantidad de ríos.

Las áreas donde están ubicadas las cuencas hídricas se convierten en un hábitat propicio para el desarrollo de la flora y la fauna, ya que el agua es el elemento vital para el desarrollo de ecosistemas.

Además de la función ecológica que cumplen, las cuencas hídricas tienen una función socioeconómica. Son la principal fuente de agua dulce de los humanos. Suministran recursos naturales para el desarrollo de actividades productivas que dan sustento a la población, como la agricultura, la ganadería, la generación eléctrica y la regulación de flujos y control de inundaciones, entre otras.

Los recursos hídricos que posee el país son envidiables. Tiene 500 ríos principales: 350 en el Pacífico y 150 en el Caribe. Y a pesar de que el agua es vital para el desarrollo de las actividades humanas, las operaciones del Canal, la agricultura y la producción de energía no es muy valorada. De las 52 cuencas hidrográficas, es decir, unas 45 se hallan amenazadas.

Principales cuencas hidrográficas de Panamá

Cuencas Hidrográficas de Panamá

NombreProvinciaSuperficie (km2)
Tuira-ChucunaqueDarién13.400,00
BayanoPanamá5.291,50
Changuinola-TeribeBocas del Toro2.991,90
Santa MaríaVeraguas-Coclé-Herrera3.079,30
Chagres, Ciri Grande, Trinidad, GatúnPanamá-Colón3.315,20
Grande-ChicoCoclé-Veraguas2.381,90
ChiriquíChiriquí2.063,90

Cuencas Hidrográficas

N° de CuencaNombre del RíoÁrea total de la cuenca(Km2)Longitud del Río(Km)Río principal de la Cuenca
87Río Sixaola *509.4146Sixaola
89Ríos entre el Sixaola y Changuinola222.537.3San San
91Río Changuinola3202110Changuinola
93Ríos entre Changuinola y Cricamola212151.9Guariviara
95Río Cricamola y entre Cricamola y Calovébora236462Cricamola
97Río Calovébora48539Calovébora
99Ríos entre Calovébora y Veraguas402.244.8Concepción
100Río Coto y Vecinos *56052Palo Blanco
101Río Veraguas322.846Veraguas
102Río Chiriquí Viejo1376161Chiriquí Viejo
103Río Belén y entre R. Belén y R. Coclé del Norte81755.6Río Belén
104Río Escárrea37381Escárrea
105Río Coclé del Norte171075Coclé del Norte
106Río Chico593.369Chico
107Ríos entre Coclé del Norte y Miguel de la Borda133.514.2Platanal
108Río Chiriquí1905130Chiriquí
109Río Miguel de la Borda64059.5Miguel de la Borda
110Río Fonseca y entre R. Chiriquí y Río San Juan166190Fonseca
111Río Indio564.492Indio
112Ríos entre el Fonseca y el Tabasará116867San Félix
113Ríos entre el Indio y el Chagres421.436.9Lagarto
114Río Tabasará1289132Tabasará
115Río Chagres3338125Chagres
116Ríos entre el Tabasará y el San Pablo168456.5Caté
117Ríos entre el Chagres y Mandinga112234.1Cuango
118Río San Pablo2453148San Pablo
119Río Mandinga33741.3Mandinga
120Río San Pedro99679San Pedro
121Ríos entre el Mandinga y Armila223826.5Cartí
122Ríos entre el San Pedro y el Tonosí246740.4Río Quebro
124Río Tonosí716.891Tonosí
126Ríos entre el Tonosí y La Villa217045Guararé
128Río La Villa1284.3117La Villa
130Río Parita602.670Parita
132Río Santa María3326168Santa María
134Río Grande249394Río Grande
136Río Antón29153Río Antón
138Ríos entre el Antón y el Caimito147636.1Chame
140Río Caimito45372Caimito
142Ríos entre el Caimito y el Juan Díaz3836Matasnillo
144Río Juan Díaz y entre Río Juan Díaz y Pacora32222.5Juan Díaz
146Río Pacora38848Pacora
148Río Bayano4984215Bayano
150Ríos entre el Bayano y el Sta. Bárbara127022.4Chimán
152Río Sta. Bárbara y entre Chucunaque179678.1Sabanas
154Río Chucunaque4937215Chucunaque
156Río Tuira3017127Tuira
158Río Tucutí183598Tucutí
160Ríos entre el Tucutí y el Sambú146423.9Marea
162Río Sambú152580Sambú
164Ríos entre el Sambú y el Juradó115846.7Jaqué
166Río Jurado *91.263Juradó
  • Cuencas Internacionales.

Por descabellado que parezca, nuestros amigos prefieren la lluvia al sol y cuando llega ésta época del año, es cuando más nos preparamos para ir en busca de cascadas. Armamos el equipo acorde a las lluvias, coordinamos lo necesario y a las 7am nos fuimos en un transporte 4×4 a cazar cascadas entre Chame y Capira; sí, 12 horas no son suficiente pero hacemos lo posible para aprovechar cada minuto.

Nuestro trip fue el día entero entre la sierra, entre algunas comunidades poco conocidas y algo olvidadas por nuestros gobiernos, donde el lodo domina los caminos, y la brisa y el aire fresco y frío se te mete de lleno hasta los pulmones.

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Nuestra primera parada fue en el Salto de Manglarito, una magnífica e imponente cascada que nos dejó a todos boquiabiertos, su magnitud y fuerza eran descomunales; al verla pensamos en el tiempo que debe haber pasado para que se formara tan particular forma en ella, que baja en un tobogán, parte la roca y se desvía en una estruendosa cortina de agua, solo apta para cardíacos.

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