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Hiking Trails and Trips in Panama

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Jordanal es un poblado que le pertenece a Cirí Grande de Capira, en los límites con la provincia de Coclé; tanto así que la mayoría de sus pobladores acceden al sitio desde el Valle de Antón pero curiosamente tiene acceso también por Altos del María (acceso privado) y por Chorrera.

La gente que le habita es de carácter amable y servicial. Actualmente buscan incursionar en el turismo ya que posee hermosos ríos y montañas además de ese ambiente campesino panameño tan particular.

Esta vez planeamos ir hasta uno de los atractivos más inhóspitos del sitio, la cascada de Jordanal pues así le llaman los lugareños. Ya sabíamos que sería extremo pues cuando uno pregunta a un local qué tan difícil es llegar y te responden que está lejos, es porque lo está; de menos te dicen que “está cerquita”.

Apenas íbamos en el 4×4 y no faltó quien tuviese miedo, tocó recordar que éste es el transporte que decenas de personas utilizan a diario para salir de las montañas en Capira, el único medio de transporte en aquellos lugares donde el plastificado progreso no ha llegado y hacen falta calles y puentes.

Una vez en el pueblo emprendimos la marcha que desde el momento inicial sabíamos sería en ascenso constante, en el camino se nos unieron locales adultos, niños y un curioso perrito.

Una vez dentro de la selva el camino se puso tedioso para los de menos experiencia, siempre subiendo, constantes curvas, árboles enormes de un bosque primario magnífico, alta humedad, plantas extrañas, muchas raíces que hacen de escalera en parte del sendero nivel moderado.

Vimos tucanes, aves de brillantes colores, ranas exóticas, ardillas miniatura correr por las ramas de los árboles, y mientras los locales nos decían que faltaba poco, una nueva loma se nos presentaba.

Pristimantis gaigei juvenil Fotografía de Ana Chérigo

Lo que habíamos calculado se demoraría 2 horas, tomó 3, hasta llegar a la cascada por una situación de falta de preparación por parte de algún participante. Es ésta la razón crucial por la que hacemos una ficha técnica en la cual indicamos el nivel de dificultad del terreno. Como siempre decimos, si usted viene a una gira, nosotros haremos lo imposible para que llegue al destino, aquí todo mundo llega, en calma y con paciencia pero eso algunas veces incurre es más tiempo e inversión.

Sin embargo, la emoción de lograr llegar a un sitio como éste fue tanta, tenía años sin ir a un lugar tan inmaculado, sin rastro alguno de basura, la selva en su punto álgido. Llegamos en un momento en que la niebla bajó al río y cubrió toda la paila de agua, por cierto profunda y de color verdeaqua.

¡Wow! A veces uno se hace una idea de un sitio y cuando llegas te decepcionas, no porque sea poco atractivo, si no porque simplemente la foto que viste tenía mucha edición o realmente no era lo que te esperabas. Este NO fue el caso. Pocas veces me ha pasado que llego a una cascada y el respeto a la belleza del lugar es tanta que ni me pongo a nadar. Ésta vez fue así, primero por eso y segundo por miedo a los calambres.

Los chicos aprovecharon y hasta hicieron clavados, el agua estaba realmente fría, pero eso se nos olvidó.

De regreso fue otra historia. Para todos sería sencillo pues lo que debimos subir ahora tocaba bajar, lo cual resulta más cómodo a la mayoría; pero fue necesario la ayuda de locales para sacar a dos de nuestras participantes, que se rindieron faltando poco para terminar el camino… cosas que pueden suceder.

Y es que no es un camino fácil, pero tampoco es difícil. Creo que todos salimos felices por haber cumplido el reto del día. Aunque salimos del poblado de noche a causa de las demoras.

Uno de esos trillos cansones pero deliciosos, donde sientes todas las partes de tu cuerpo vivas, en acción y aún así las ganas de regresar son grandes, el esfuerzo vale la pena cuando la recompensa es como esa, así que pronto extenderemos nuevamente la invitación a quienes deseen conocer este sitio.

 

Grandemente agradecidos con nuestro guías locales, en especial a Isaías por ayudarnos a coordinar todo: transporte, alimentación, guías locales, etc.

Supe de La Gloria siendo una niña y cuando tuve los datos, me tiré a pie casi 3 horas hasta ella, eso fue en el 2007. Y fue hermoso; han pasado los años y resulta que alrededor de ésta maravillosa cascada, hay muchas más; pero no a simple vista. Luego de haber recorrido bastante, constatamos que La Gloria es la cascada registrada más alta de Panamá Oeste y forma parte de un afluente del río Cirí Grande, cuenca del Canal de Panamá.


Una familia humilde y trabajadora es la que custodia esta maravilla y salen adelante cultivando la tierra y ahora con el turismo ecológico, que para ellos, es sostenible.

Esta vez fuimos a conocer con nuestro guía local Miguel, La Escondida donde quedamos maravillados. Tenía ganas de jalar a todos a bañarse en ella; el agua color verde aqua y sobre la misma entra un pequeño rayo de luz que lo convierte todo en magia, y al bañarte, sales lleno de energía.

Nuestra amiga cubana le dió un poco de miedo y prefirió quedarse del otro lado de la cueva, pero al rato venía con Rey que la había ayudado a traspasarla, superando su miedo. Quedó sorprendida al ver lo que se iba a perder y maravillada de tremenda belleza.

Al traspasar la cascada aparece un túnel en el que habitan decenas de murciélagos. Esa cueva transmite vitalidad y fue difícil decir que debíamos seguir con el itinerario.

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La dicha de la vida está en lo simple. Algunas montañas las hemos visto mil veces y nos hemos preguntado mil cosas en torno a ellas y hasta ahí.

¡Ayer fue un día espectacular! Hicimos la cima del Cerro Trinidad de Capira, que forma parte del Parque Nacional Altos de Campana. Fue una experiencia única, en donde pudimos disfrutar no solo de la cima, sino del camino y de parte de lo que guarda este espectacular cerro: una gran biodiversidad.

Helechos arbóreos, epífitas, orquídeas, un sinnúmero de animales entre esos coloridas orugas, decenas de insectos, danzantes mariposas y aves para escoger.

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Todos en la cima del Trinidad a 900msnm

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La humedad contundente y su rica flora, además de las pendientes y barrancos, hace de este sitio un lugar apto para personas con experiencia, ya que requiere de cierto esfuerzo físico, sobre todo en ésta época en donde todo está Enlodado.

Por razones de seguridad, nuestro guía optó por dividir el grupo en dos y de esa manera poder disfrutar ampliamente cada uno, de la cima cuyo espacio es reducido. La misma no es fácil de acceder, es crucial hacerlo con un guía experimentado o un guía local. Nosotros habíamos hecho esta cima ya por varios lados, incluso del lado norte y varias veces con la familia Herrera, que son quienes hicieron un escultura de una biblia de cemento que se encuentra en la cima.

Madre Naturaleza nos permite poder disfrutar de cerca de sus maravillas, con organización, seguridad y buena disposición. Todos sucumbimos ante esplendorosa grandeza, dichosos y reinantes pero conscientes de nuestra pequeñez ante tanta maravilla.

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Por descabellado que parezca, nuestros amigos prefieren la lluvia al sol y cuando llega ésta época del año, es cuando más nos preparamos para ir en busca de cascadas. Armamos el equipo acorde a las lluvias, coordinamos lo necesario y a las 7am nos fuimos en un transporte 4×4 a cazar cascadas entre Chame y Capira; sí, 12 horas no son suficiente pero hacemos lo posible para aprovechar cada minuto.

Nuestro trip fue el día entero entre la sierra, entre algunas comunidades poco conocidas y algo olvidadas por nuestros gobiernos, donde el lodo domina los caminos, y la brisa y el aire fresco y frío se te mete de lleno hasta los pulmones.

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Nuestra primera parada fue en el Salto de Manglarito, una magnífica e imponente cascada que nos dejó a todos boquiabiertos, su magnitud y fuerza eran descomunales; al verla pensamos en el tiempo que debe haber pasado para que se formara tan particular forma en ella, que baja en un tobogán, parte la roca y se desvía en una estruendosa cortina de agua, solo apta para cardíacos.

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Esta vuelta los cupos fueron vistos y desaparecidos, lo cual para nosotros fue emocionante. La familia Enlodados se preparó y además de ir a visitar tan hermoso sitio, también nos organizamos para llevar donaciones.

Todo empezó el sábado bien temprano, una chiva local capireña nos recogió en la Terminal de Albrook. Con todo arriba, nos encaminamos a lo que sería una experiencia única. Al entrar en la Sierra, nos tocó agarrarnos fuerte de los pasamanos de la “gallinera”. Algunos optaron por ir guindados por la parte externa del transporte, así como lo hacen los locales.

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Temprano, estuvimos en el primer poblado, conociendo de cerca el caserío. Antes del mediodía, ya estábamos en La Gloria, caminando hacia el chorro y entregando las donaciones, que nos llenaron de un sentimiento indescriptible, un abrazo fraterno y fuerte, por conocer a personas de un corazón enorme ya de hace tiempo, volver a ver esta familia que vive en la parte baja del río y que forma parte de la familia Enlodados, pues como siempre, hacemos mancuerna con las comunidades locales y ésta vez la señora María fue quien nos colaboró armandonos el delicioso almuerzo hecho en leña, que con sus cariñosas manos nos preparó además, una chicha de naranja.

Al ver la cascada, recordé la primera vez que fui, en época de lluvias habiendo caminado dos horas, con una chica de la comunidad más cercana y evoqué aquel momento en que el tiempo no alcanzó siquiera para echarme un chapuzón. Ésta, sería la sexta vez en sus aguas pero lo más hermoso, con el grupo de amigos que me acompañó, que lleno de vitalidad e impetuosos, iban chorro arriba buscando trochas y descubriendo parajes.

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Acercándonos a lo más concretos que registra el dato histórico y no la leyenda o la tradición, vemos ciertos planos de la vieja data, en la cual se distinguen en el fondo del litoral, del golfo de Panamá, la existencia de un pueblo de Capira y el río Perequeté. Estos planos reposan en los Archivos Nacionales. En el que se puede observar un pueblo denominado “La Capireja” y río inmediato denominado Perequeté de la prosa del eximio poeta capireño Julio R. Martínez, surge con caracteres definidos la figura del Cacique Capira, valiente exponente de la raza india, quien sin menos gloria de algunos de su época defendió, después de las invasiones, las tierras de su comprensión en las Riberas del Cerro Trinidad.

Durante la Guerra de los Mil Días, Capira con Victoriano Lorenzo a la cabeza se convirtió en campo de correrías del guerrillero, pasado el conflicto, y ya en la era republicana, Capira demostró pujante crecimiento democrático; más en 1941, el distrito fue eliminado, y surgió en su lugar el de Bejuco que duro hasta 1945.

Victoriano conocía su tierra “como la palma de su mano” a tal punto, que jamás dudó de su dominio en el terreno donde vivió desde que era un niño, y no era cualquier terreno, si no una cordillera enorme, que hoy día comprende desde Cerro Trinidad hasta Las Trincheras de La Pintada y más allá, contorno que en el tiempo de la Guerra de los Mil Días, aún pertenecía por completo a Penonomé.

En El Cacao, fue Victoriano un corregidor amado y respetado por todos aquellos que habitaban en aquella ranchería, hasta el día de hoy aún es posible conversar sobre los hechos con las personas que han ido transmitiendo de generación en generación las historias de esa época de rebelión pero también de júbilo vivida de cerca del caudillo.

Nos hemos ido en variadas ocasiones a recorrer parte de esa cordillera y hemos encontrado, maravillados, con hermosos parajes, perfectas cascadas esculpidas en piedra, escondidas cerca de las variadas trochas que se dividen a lo largo de los cerros.

Desde la cima del cerro Trinidad, hasta el Cerro Peña Blanca, existen diferentes formas de llegar de lo que hoy en día es parte de la provincia de Panamá en Capira y Chame hasta partes de Coclé como Sofre y Chiguirí Arriba, recorriendo prácticamente los mismos senderos recorridos por el cholo, a pie.

Esta vez, nos fuimos a caminar cerca del Peña Blanca y Cirí, donde acampamos y fuimos recibidos de manera festiva por viejos amigos y familia adoptiva que viven en este poblado de campesinos. Así fue como nos hicimos amigos de un niño que nos llevo con ánimo y gran preocupación de que nos gustara el chorro que queda cerca de su casa, un chorro sin nombre al que concurren las familias a lavar culantro y a esparcirse sanamente, pues en esta comunidad muy poco hay bullicio.

Denilson se apropió del snorkel y el largavista, qué emoción compartir con un niño tan vivaz, él nos prestó su caballo y nos mostró los mejores lugares para zambullirnos. En años pasados habíamos estado por el área pero nunca notamos aquella linda cascada, solo caminamos hasta La Gloria. Esta vez andábamos con nuestra mascota “Pucha” y procuramos no adentrarnos demasiado en la espesura, por la seguridad de la perrita.

Mientras disfrutábamos de las escaleras naturales del chorro, una familia llegó a lavar culantro y Rey fue a ver en qué les podía ayudar. Ese culantro se distribuye en los más grandes supermercados del país.

Al salir del hermoso chorro, una llovizna de verano nos bañó. Una gente en carro doble tracción venían vendiendo pescado rumbo a donde terminara la calle de tosca. Allí a orilla del sendero pudimos disfrutar de una soda fría y un pan de dulce, raros por estos lares en donde no hay luz, donde lo que nos parece “normal” no se consigue tan fácilmente.

Quiero recalcar que ésta es un área llena de hermosas aves, vimos desde martín pescador y los clásicos pechiamarillos, hasta Titira enmarcarada, diversas reinitas, loros cabeciazules o casangas, eufonias coroniazuladas, tangaras de colores increíbles y destellos refulgentes. Todo esto acompañado de café por las mañanas y los gritos de los amigos que nos invitaban a comer el fruto de la guaba chiricana.

Nuestra experiencia de carnaval, acampando en la montaña fue de descanso y tranquilidad, escuchando salomas por la mañana, aves al despertar, caminando hacia el río y cabalgando en caballo. Qué rica que es la vida en la montaña, y ni tan lejos, cerquita, aquí mismo en Capira, cerca de las trochas del caudillo, Victoriano Lorenzo.

Más fotos

Luego de haber hecho el reconocimiento de área en el mes de febrero, regresamos con un grupo de 10 personas a este lugar hermoso, en donde acampamos y disfrutamos de la Naturaleza en todo su esplendor. Recorrimos cada rincón que pudimos y caminamos el trecho de 2 horas hasta la Cascada La Gloria, una hermosa caída de agua que nos recibió con más agua que la vez anterior.

Fueron 3 días y dos noches sumidos en el campo, entre los verdes llamativos de la tierra.

Todos quedamos contentos con tanta hermosura, hermosas montañas y caídas de agua por todo el camino, al lado del río Cirí Grande y viendo a lo lejos, el hermoso cerro Chichibalí.

Pudimos conocer sobre los sembradíos de culantro y cómo cosecharlos, mantenerlos; fuimos en busca de ranas, nos bañamos en los ríos circundantes, sudamos la gota gorda, escalamos la cascada La Gloria, cocinamos en fogón, disfrutamos del vino hasta tarde, conversamos en la oscuridad de la noche, nos bañamos con la lluvia, nos topamos con serpientes y aves hermosas, y conocimos gente de gran corazón  🙂

Si quieres formar parte de nuestros trips “enlodados” escríbe a info@enlodados.com y con gusto te avisaremos a un próximo trip, lleno de aventuras, a uno de esos lugares de “difícil acceso” que con solo un poco de organización puedes visitar.

Muchísimas gracias a los jóvenes del team y a la gente linda y amable de Bajo Bonito.

Mariel.

Fotos

Fuimos con mi prima postiza Roxana (nieta de la señora Tunina que menciono en el post de Bajo Bonito), ya que ella se dirigía a La Gloria a dejar un mandado; generalmente no existe transporte público hasta La Gloria así que los pobladores acostumbran caminar diariamente hasta llegar a sus hogares.

Pasamos varias quebradas, a decir verdad, bastantes. Vimos el cerro Chichibalí de Capira a lo lejos, por instantes nos rodeaba la neblina y nos serenaba la lluvia.

Nos topamos con muchas aves, pero la más característica fue la oropéndola, que con su canto alegraba el camino y nos advertía que cuidaba de sus nidos.

La Gloria

Ya el sudor se hacía presente y caminamos más rápido que de costumbre, aunque a pesar de nuestros esfuerzos, todo nos tomó 2 horas exactas, sin importar que nos habían dicho que el camino era solo una hora. Sinceramente, cuando hablamos de tiempo con la gente del campo nunca les creo, ellos caminan muy rápido y generalmente no poseen reloj o indicador del tiempo.

Nos percatamos de que bordeamos el río, de nombre Cirí Grande, que posee muchas caídas de agua y algunas cercanas a la vía principal. La gente de estos pueblos saben el valor del agua, y cuidan sus ríos como oro.

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En este lugar las casas están distanciadas unas de otras y separadas por hectáreas grandes de terreno que utilizan para cultivar víveres. La escuela primaria es nueva, pero antes de que existieran los niños debían caminar hasta Bajo Bonito para recibir clases.

La luz eléctrica en La Gloria es nula y la única manera de poseerla es mediante paneles solares que realmente es un recurso lejano, puesto que gran parte de las familias en esta comunidad son de bajos recursos.

Al terminarse la calle, entramos a un sendero mágico repleto de sonidos producto de la cantidad de aves que en él había, atravesamos una loma en donde el lodo era rojizo y formaba escalones hechos por los caballos. Llegamos a una casa “en medio de la nada” y digo esto porque era una casa grande, linda, con un patio extenso y llano, con una vista espectacular de las montañas.

Desde ahí caminamos quizás unos 15 minutos, topamos otra casa, ésta de madera en donde vive una hermosa familia, que hasta el día de hoy sigue siendo una “familia amiga” (2016) y atravesamos una quebrada que estaba detrás, cruzamos un alambre de púas, caminamos 3 minutos y allí estaba la Cascada La Gloria.

Nuestra recomendación es pagar a los dueños de la casa de madera entre 3 a 5 dólares de colaboración.

Si les digo cuanto mide, les miento. Para mi, y sin haberla medido, digo que quizás unos 70 metros. Realmente es una cascada escalonada, o sea que se puede subir con cuidado, arriba se encuentra la cascada La Tulivieja y otras más. Nos dedicamos a contemplar su belleza, embelesarnos con tan magnífica obra de la Naturaleza y bañarnos en sus frías aguas, que invitan al deleite.

El pozo principal es reducido, no es hondo, lo cual lo hace seguro. En la parte de arriba hay una poza mucho más amplia, pero para llegar allá las condiciones no son tan buenas y es mejor hacerlo en verano, un accidente ahí sería inminente. No dejo de pensar en cómo será la fuerza del agua en época de invierno, ¡de seguro imponente!

Al poco tiempo nos regresamos y nos quedamos un rato conversando con Mary Ovalle, la dueña y señora de esos terrenos, una mujer amable y carismática, nos ofreció guineos y nos mostró sus orquídeas. Compartimos el lunch con la familia, admiramos el paisaje, nos despedimos y caminamos de vuelta a Bajo Bonito, claro ahora nos tomó menos tiempo pues casi todas las pendientes eran en descenso.

Así es que… ¡una vez más! los invito a caminar Panamá… ¡hay tantos lugares hermosos por descubrir, tanto por recorrer! Si deseas que visitemos algún lugar especial de tu provincia, invitanos, y nosotros iremos con la mochila a cuestas a caminar, tomar fotos y mostrarlo al mundo por medio de ésta web. Es importante recalcar que lo que llevas, lo tienes que traer. Vive sin dejar rastro.

Valora lo natural, el agua, los ríos, piensa si realmente necesitas destruir una montaña, ¿porqué mejor no hacer turismo sostenible con un plan de capacidad de carga para no afectar su entorno? Ama tu país, que tan hermosos lugares tiene.

Fotos

Bajo Bonito es una hermosa comunidad del corregimiento de Cacao del distrito de Capira en la provincia de Panamá. Tiene una población aproximada de 357 habitantes y es un lugar rodeado de montañas.

La primera vez que fui a Bajo Bonito, tenía alrededor de 8 años y el viaje fue en familia: tíos, primos, etc. En aquel tiempo cuando la chiva (transporte) bajaba las pendientes, mis tías preferían bajarse y caminar, con el miedo de que se saliera del camino.

¿Cómo me enteré de la existencia de éste lugar y cómo llegué a él? Mi tía Hilda, maestra de profesión, fue enviada a trabajar a Bajo Bonito hace más de 22 años. En aquel tiempo, llegar allá era una travesía que incluía llegar en transporte público hasta Cacao de Capira y luego tomar un caballo por varios pares de horas y en la mayoría de las ocasiones caminar desde Cacao a Bajo Bonito.

Ella hizo muy buenas relaciones amistosas en el lugar y fue así como los lugareños la tomaron como una nativa más, tanto así que a su casa aún llegan personas de Bajo Bonito a hospedarse cuando vienen a hacer sus mandados a la ciudad de Panamá.

De esa forma, hace poco pude conversar con la señora Saturnina de apodo “Tunina” y le dije que quería regresar a esas montañas a caminar y ella me ofreció la información necesaria.

Fácil de fácil acceso no es, las “chivas” o más bien “gallineras” no salen a diario para Bajo Bonito ni mucho menos a toda hora, hay como quien dice: perseguirlas hasta encontrarlas. Ya me había ido un fin de semana antes a averiguar sin encontrar resultados, luego Tunina me dijo por quien preguntar y llamar y así fue como un viernes a la 1 de la tarde Anselmo y yo estábamos montados en una gallinera repleta de gente con productos y gasolina rumbo a montaña adentro en Capira.

Hasta Cacao la chiva se toma aproximadamente 1 hora y 15 minutos y la calle es pavimentada. De ahí a Bajo Bonito son 2 horas más en verano, dependiendo de la dificultad del terreno, pues en invierno toma más tiempo poder llegar.

En el camino se observan claramente cerros como el cerro Trinidad, cerro Ciri Grande, Altos del María y parte del P.N. Altos de Campana. La calle de pronto se cerraba por helechos que podíamos casi tocar sacando las manos del transporte.

Justo antes de llegar al poblado, vislumbré desde la chiva a una señora caminando loma abajo, era la señora Tunina con su motete que iba rumbo a Bajo Bonito desde la comunidad del Jagua, cruzamos una quebrada y la chiva nos dejó en frente de un puente.

Nos quedamos en la cabaña de la Asociación Medalla Milagrosa en donde se reúne la comunidad para organizar sus cosechas, que cuenta con paneles solares que da electricidad hasta para 6 casas, pero preferimos ahorrar y no dañar la paz natural del lugar. Allí alzamos nuestra tienda de acampar y nos pusimos a cocinar en el fogón de leña, pues llegamos al atardecer y se hacía de noche.

En Bajo Bonito no hay luz, hay agua pero son pocas las casas con sistema de tuberías, no existen infraestructuras de alojamiento, pero hay muchos espacios en los que se puede acampar.

Luego de haber cenado y reposado nos fuimos a bañar al río, que pasa por toda la comunidad, ya casi se hacía de noche, encontramos una charca que nos llegaba al cuello, con un espacio pequeño, digamos “personal” para nadar. Vale decir que aquí los ríos son increíbles, de aguas mansas y claras. Se trata del río Ciri Grande, que baja por toda la comunidad de Bajo Bonito y se va ensanchando a medida que llega al lago Gatún.

La subcuenca del río Cirí Grande limita al norte con el lago Gatún, al este con la subcuenca del río Trinidad, al sur con la divisoria continental y al oeste con la subcuenca del río Indio. Esta cuenca es parte importante del Canal de Panamá.

En Bajo Bonito hay tiendas donde venden enseres básicos como pan, arroz, carnes enlatadas, algunos snacks y jugos. El medio de transporte que predomina es el caballo, pocos carros 4×4 y los pies para caminar grandes distancias.

La diversión es abundante, a la mañana siguiente caminamos un par de horas hasta la comunidad de La Gloria, subimos y bajamos pendientes pronunciadas y disfrutamos de hermosas vistas.

Al regreso nos metimos nuevamente al río hasta el cansancio. Al atardecer cocinamos y cuando anocheció la señora Tunina nos llamó para ofrecernos comida, un plato de arroz con guandú delicioso. Nos quedamos hasta tarde tomando café y charlando con la familia en medio de la oscuridad, viendo las luciérnagas y escuchando el croar de las ranas y los cuentos del señor Francisco, que hace muchos años migró de Sofre en Coclé, a las montañas capireñas en donde conoció a Tunina, que según nos contó, nació en Bajo Bonito.

Nos fuimos a dormir y a pesar de estar en pleno verano, en el Bajo nunca dejó de llover, serenaba por las noches, lo que ayudó a que nuestro sueño fuera más profundo.

Pensábamos irnos el domingo, así que nos levantamos temprano y luego de desayunar lo que nosotros habíamos llevado, nos llamó la señora Tunina para ofrecernos café ( a lo que nunca digo que no) y nuevamente fuimos engañados, pues nos esperaba un plato hondo,  repleto de yuca y pollo frito.

Luego de lujuriar las orquídeas, rosas y zamias a la tía Tunina, el señor Francico se ofreció a mostrarnos los sembradíos de culantro, caminamos por detrás de la casa y vimos que arriba en una pendiente tienen culantro sembrado en terrazas y parcelas. Para cultivar el producto en sus dos variedades coyote y criollo han recibido el asesoramiento de otras instituciones respecto al manejo del terreno al estilo terrazas o escaleras y el uso de sistemas de riego para la época de verano. El clima ideal de las montañas de Capira, la radiación solar, precipitación lluviosa, temperatura y tipo de suelo son factores que contribuyen al desarrollo anual sostenido de este producto que se vende en supermercados como El Machetazo y El Rey. Los productores utilizan abonos orgánicos, lo más amigables posibles con el ambiente y así evitar daños por contaminación.

En todo el recorrido vimos gran cantidad de aves, reinitas, tucanes, tangaras, colibríes, ruiseñores, entre otras.  Nos contaron que en el poblado hay ñeques, conejo pintado, zarigüeya, armadillo y algunas veces han visto llegar un manigordo que se come las gallinas. Anselmo vio un mono cerca del río. Mi tía Hilda a veces contaba que cuando ella trabajó en la escuela básica de Bajo Bonito, a veces tocaba comer mono, pues era lo único que se encontraba.

Desafortunadamente no existe centro de salud y los pobladores se ven en la necesidad de salir hasta Cacao, en donde está el centro de salud más cercano, generalmente por fiebres, mujeres embarazadas, picadura de serpiente, pues estando cerca de la montaña, éste es un sufrimiento común. Es frecuente ver personas con cicatrices en el rostro pues hace algunos años hubo un incremento de picadura de Leishmaniasis, una chitra o jejené que altera el ritmo metabólico del ser humano y tiene efectos permanentes en la piel; si no se la controla adecuadamente, puede causar la muerte.

Supimos de un chorro cercano al pueblo, pero el señor Francisco prefirió acompañarnos pues el camino no estaba marcado. Con machete en mano fue abriendo sendero, cruzamos una quebrada, subimos un barranco adivinando pasos y trepados en un precipicio, vimos el chorro que nos transmitió miedo, no había por donde bajar y a su caída de agua se formaba un remolino, que nos dio a pensar que se traga al que cae.

El tiempo era corto y se hacía tarde para nuestro regreso a la ciudad, caminamos de regreso y nos quedamos en una parte del río de aguas mansas, a la que los pobladores llaman “La Paila”.

Regresamos al centro y nos enteramos de que era difícil que el transporte regresara pues había salido con unos jugadores de béisbol a Cacao y seguro regresaba en la noche, ese era el único transporte del día, así que en la tarde, subimos al cementerio que es el único lugar en donde se consigue señal de celular y fue así como avisamos a nuestro familiares que nos quedaríamos un día más. Mientras llamábamos pasaron volando varios gavilanes y a lo lejos un pájaro carpintero picoteaba una palma.

Una noche más, ¡Genial! Nos fuimos a bañar al río nuevamente, ¡qué delicia! Otra noche para tomar café y conversar en la oscuridad, la lluvia nos encerraba y el caballo, de nombre “Llanero” relinchaba en la madrugada.

Muy temprano nos fuimos en la primera chiva que salió hacia Chorrera con el pensamiento palpitante de regresar pronto y con más gente, pues éste es un paraíso por compartir, siempre y cuando se respete así como los pobladores respetan sus ríos. Que rico la vida del campo, lugares como éste dan la esperanza de una vida al natural, en tranquilidad y fuera del bullicio atormentante de la ciudad. Destinos como Bajo Bonito, deben formar parte de la agenda de un verdadero explorador de Panamá, ¡recomendado!

Fotos

A veces las ganas de ver verde me invade tanto que tengo por necesidad que buscarlo. Aunque viva en un lugar donde hay muchos árboles, para mí la necesidad de recorrer Panamá se escapa de mi cuerpo, va más allá de mi corazón y se aferra a mi alma. Si no lo hago puedo deprimirme, lo he comprobado.

Hace poco nos atrevimos a buscar el trillo que conduce a la cima del cerro Trinidad de Capira, uno de los más altos del área y que forma parte del Parque Nacional Altos de Campana. Era carnavales, y para dicha de nosotros no tuvimos problemas con el transporte. Nos fuimos en bus colectivo sin ningún problema.

Tomamos un bus Panamá-Capira (Lídice). Preguntamos al conductor donde tomar las “chivas” (buses) de Trinidad y el amablemente nos dijo que en un Mini Súper desde el cual salen todas las chivas que van hacia esos pueblos.

Al llegar a la parada nos encontramos con un sin fin de muchachos que también esperaban chivas para dirigirse a distintos puntos a pasar sus carnavales como retiro espiritual con sus iglesias.

Luego de esperar algún tiempo llegó una chiva de “El Chileno” un pueblo que queda más allá de nuestro destino y por ende pasaba por Trinidad. Nos subimos en la chiva, que en realidad viene siendo un antiguo auto de la Cruz Roja y que ahora cumple con la función de transporte.

Íbamos apretados y contentos, unos señores hasta se guindaron de la parte de atrás de la chiva. Luego de pasar por algunas lomas, con un excelente paisaje, que se colaba por las rendijas de la chiva, llegamos a nuestro destino que graciosamente era un teléfono público.

El conductor de la chiva nos dijo que el señor que vivía en la casa al lado del teléfono, sabía el trillo del cerro. Bien mandados fuimos a esa casa y preguntamos por el señor que nos dio una dirección tan extraña del trillo del cerro que no entendimos. Nos habló de más de tres entradas hacia distintos trillos y realmente no entendimos, así que fuimos hasta otra casa en donde un señor que limpiaba las herraduras de sus caballos nos dijo que el veía que la gente se metía por ahí… (Un camino nada marcado).

Desorientados fuimos y nos metimos “por ahí” el camino aquel que no era más que monte y más monte, nos llegaba a la cintura, habían muchas plataneras, helechos, lajas gigantescas, y uno que otro árbol de naranja. De pronto lo que para nosotros era un camino mínimamente marcado, desapareció. ¿Y ahora? A improvisar.

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Mi compañero tomó una rama gruesa y empezó a abrir un camino confuso que nos llevó a una laja alta por la que parecía que tendríamos que subir. Él se quitó las zapatillas y subió. Mientras yo esperaba abajo sentí que algo me picó tan fuertemente que grité al instante, miré hacia mis pies y eran unas hormigas rojas y gigantes que estaban por toda mi pierna, me quité las zapatillas más rápido que ligero y corrí hacia un lado y juro que sentí que las hormigas buscaban mis pies.

Le tiré mis zapatillas, mi mochila y procedí a subir, no fue tan difícil, ya estábamos en otra roca y sería necesario subir otra laja aún más alta que la anterior. Hicimos lo mismo y llegamos a otra roca, cuando vimos que la siguiente laja era aún más alta. Subimos con cautela y se demoró bastante tomando en cuenta cada lugar donde pisaría, casi no habían huecos donde poner el pie, pero él lo logró. Me dijo que de allí en adelante sería muy difícil pero se veía que seguía un camino y luego otra laja más. Yo no pude, lo intenté muchas veces y fue un fallo, necesitaba una cuerda, me era imposible, tendría que convertirme en mono o ser tan ágil y eso me era realmente imposible.

Llegamos hasta una tubería y de allí nos regresamos a la carretera principal a preguntar si había otro trillo pues pensamos que efectivamente el que habíamos tomado era incorrecto.

Otro señor que limpiaba el patio de su casa nos dijo que él nos llevaba a la cima por 25 dólares cada uno, nos tomaría 4 horas llegar hasta lo más alto del cerro y necesitaríamos cuerdas pues subir por bejucos (como lo habíamos hecho nosotros) era muy peligroso. También nos dijo que en Aguacate Arriba, muy cerca de donde estábamos había un chorro refrescante para que nuestro día no fuera en vano.

Tomamos una chiva que nos llevó hasta el Cruce y empezamos a caminar hasta donde pudiéramos, preguntando a la gente del lugar sobre el chorro de Aguacate Arriba y nadie sabía nada. Solo nos dijeron que “por alláaa abajo ta’ el río”.

El Sol estaba candente, sentía que los rayos traspasaban mi gorra y llegaban a mi cerebro, casi convirtiéndolo en cenizas. A lo lejos vi un “kiosco” y corrí en busca de un refresco, cuando llegué la joven me dijo que no había luz, recordé en ese momento que estaba casi en medio de la nada (en cuanto a servicios se refiere), pero me dijo que en el toldo vendían cerveza. Caminamos un poco más y allí estaba el toldo con más de mil cervezas a mi disposición, en ese momento la vi como un refresco más. Qué calor hacía.

Y venía una chiva que iba montaña arriba y corrimos con todo y cerveza a subir, le dije a la gente del toldo que les daba la botella al regreso. No sabíamos ni para donde íbamos, donde bajarnos, nada, y el niño que iba de pasajero tampoco sabía donde quedaba nuestro destino, así que le metí un puñete al techo del transporte y la chiva se detuvo. Me bajé y hablé con el conductor preguntándole dónde quedaba Aguacate, me miro con cara que “que ingenua eres” y me dijo: “súbase adelante”.

Me subí y le dije que quería ir al chorro, respondió que el chorro estaba lejos y que estaba muy feo, pero que él conocía a alguien que nos podía guiar. Recorrido un tiempo se detuvo y con voz ronca y ondeante llamó a un señor que estaba recostado en su hamaca y le dijo que nos guiara al chorro. Este conductor amable no nos cobró ni un peso.

Bajamos, saludamos al señor de unos 55 años con rostro cordial y nos dijo que lo siguiéramos, entró a su casa y buscó un machete. Iniciamos la marcha, pasamos por un campo improvisado de fútbol y luego de pasar varias veces por charcos, quebradas y muchos árboles tumbados en el camino a causa del último invierno, el camino se tornó cerrado y luego de un tiempo nos dijo “jasta aquí llego yo”. Nos dijo que lo feo era el camino, pero que el chorro era bonito. Le dimos su salve del día ($$) y mencionó que tendríamos que bajar por unos bejucos con mucho cuidado hasta llegar al chorro, Ah! Y que él solo tenía 73 años… Vaya, le dije a mi compañero, ¡para que veas como la naturaleza te mantiene en forma!

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¡Vaya belleza! un chorro de aproximadamente 6 metros de alto y en donde reventaba el agua contra la roca había un arco iris. Me metí al agua que me quito la calor tan tremenda que tenía. Un jacuzzi natural para mí sola, ¡qué egoísta! Al cabo de un rato mi compañero entró al agua y compartimos la merienda que habíamos llevado, además de una afable conversación en aquel jacuzzi personal. Creemos que este chorro no tiene nombre, ¿habrá que ponérselo?

Al salir del chorro vimos unas chachalacas (Ortalis cinereiceps), y unos tucancillos verdes (Aulacorhynchus prasinus). Caminamos por esas lomas hasta llegar al Cruce, lo que fue bastante, a mi me pareció increíble haber caminado tanto. Esperamos una chiva por casi media hora en una tienda en donde sí tenían sodas frías, donde conocimos unos jóvenes que serán nuestros guías en la verdadera expedición al cerro Trinidad.

Sin ningún problema llegamos a Capira con una experiencia más y con la satisfacción de haber conocido un lugar tan fantástico.

Queda por decir que los invito a empezar a caminar. Hay lugares tan cerca de la ciudad, tan accesibles y hermosos… Lo único que hace falta es tener las ganas de caminar, de conocer, de improvisar, interactuar, y sobre todo disfrutar de tanta belleza que ofrece nuestro Panamá. No te conformes con ver esos cerros desde lejos, tratar de llegar lo más cerca posible es lo mejor.

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