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Hiking Trails and Trips in Panama

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Supe de La Gloria siendo una niña y cuando tuve los datos, me tiré a pie casi 3 horas hasta ella, eso fue en el 2007. Y fue hermoso; han pasado los años y resulta que alrededor de ésta maravillosa cascada, hay muchas más; pero no a simple vista. Luego de haber recorrido bastante, constatamos que La Gloria es la cascada registrada más alta de Panamá Oeste y forma parte de un afluente del río Cirí Grande, cuenca del Canal de Panamá.


Una familia humilde y trabajadora es la que custodia esta maravilla y salen adelante cultivando la tierra y ahora con el turismo ecológico, que para ellos, es sostenible.

Esta vez fuimos a conocer con nuestro guía local Miguel, La Escondida donde quedamos maravillados. Tenía ganas de jalar a todos a bañarse en ella; el agua color verde aqua y sobre la misma entra un pequeño rayo de luz que lo convierte todo en magia, y al bañarte, sales lleno de energía.

Nuestra amiga cubana le dió un poco de miedo y prefirió quedarse del otro lado de la cueva, pero al rato venía con Rey que la había ayudado a traspasarla, superando su miedo. Quedó sorprendida al ver lo que se iba a perder y maravillada de tremenda belleza.

Al traspasar la cascada aparece un túnel en el que habitan decenas de murciélagos. Esa cueva transmite vitalidad y fue difícil decir que debíamos seguir con el itinerario.

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Siento un profundo respeto y admiración por quien fue Victoriano Lorenzo; a pesar de ser un personaje que se menciona de manera superficial en los textos escolares y solo hablan de cómo y dónde murió cuando realmente la historia es mucho más profunda. Un prócer, un mártir, un cabecilla representante de los pueblos humildes de Panamá.

Desde mediados del siglo XIX, la lucha y la alternabilidad del poder entre conservadores y liberales, cada cual con sus contradictorias y poco satisfactorias políticas gubernamentales, promueve un sinnúmero de levantamientos armados, la mayor parte de ellos ejecutados en Colombia, pero con secuelas en Panamá. Uno en especial la afectó y esa fue la Guerra de los Mil Días, en donde tuvieron participación «los indígenas» de la provincia de Coclé, liderados por Victoriano Lorenzo.

Importante siempre destacar, que Capira formó parte de Coclé y luego en 1941 el distrito fue eliminado, y surgió en su lugar el de Bejuco que duró hasta 1945. Cuando andamos en la sierra, nos damos cuenta que muchos pueblos de Capira conectan por trillos con caseríos de Coclé.

Aunque los cambios políticos no fueron casi percibidos por las poblaciones indígenas, hubo algunas como la de Penonomé, que por su relación con la iglesia y el gobierno civil, se vieron afectadas más directamente por las arbitrariedades, abusos y atropellos generados por las autoridades tanto eclesiales como civiles.

Hace poco vi una foto de un lugar que prometía ser encantador, pero lo más inusual era que jamás había escuchado siquiera del sitio. Investigando me puse en contacto con la persona que nos pudiese guiar a las cascadas mágicas que emergen a los lados de una cueva. Pasó el tiempo y estando un poco enredada olvidé hacer la gestión, pero se encargó la profesora y amiga Nivia Villarreal, cazadora de cascadas de ir en busca de tan magnífico lugar, al que nos apuntamos de inmediato.

Desde niña anduve caminando estas tierras capireñas, gracias a un nexo familiar y cuando supe que Victoriano era del Cacao, se tornó más interesante aún para mi. Leí libros como Desertores y El Cabecilla, buscando más información del cholo. Caminamos por los mismos senderos que nos dijeron él caminaba, en cada pueblo hemos ido preguntando qué pistas quedan.

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Ya lo presentía. Las cuevas de Cirí Grande tenían que ver y cuando llegamos allá nos lo confirmaron nuestro guías. Era allí en donde el cholo mandó a su pueblo a guarecerse durante La Guerra de los Mil Días, en donde los conservadores llegaron y prendieron fuego al caserío de El Cacao, llevándose o matando los animales de corral, dejando desamparados a los habitantes, que a su vez nombraron al cholo General, pues confiaban en él como líder.

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Bajo Bonito es una hermosa comunidad del corregimiento de Cacao del distrito de Capira en la provincia de Panamá. Tiene una población aproximada de 357 habitantes y es un lugar rodeado de montañas.

La primera vez que fui a Bajo Bonito, tenía alrededor de 8 años y el viaje fue en familia: tíos, primos, etc. En aquel tiempo cuando la chiva (transporte) bajaba las pendientes, mis tías preferían bajarse y caminar, con el miedo de que se saliera del camino.

¿Cómo me enteré de la existencia de éste lugar y cómo llegué a él? Mi tía Hilda, maestra de profesión, fue enviada a trabajar a Bajo Bonito hace más de 22 años. En aquel tiempo, llegar allá era una travesía que incluía llegar en transporte público hasta Cacao de Capira y luego tomar un caballo por varios pares de horas y en la mayoría de las ocasiones caminar desde Cacao a Bajo Bonito.

Ella hizo muy buenas relaciones amistosas en el lugar y fue así como los lugareños la tomaron como una nativa más, tanto así que a su casa aún llegan personas de Bajo Bonito a hospedarse cuando vienen a hacer sus mandados a la ciudad de Panamá.

De esa forma, hace poco pude conversar con la señora Saturnina de apodo “Tunina” y le dije que quería regresar a esas montañas a caminar y ella me ofreció la información necesaria.

Fácil de fácil acceso no es, las “chivas” o más bien “gallineras” no salen a diario para Bajo Bonito ni mucho menos a toda hora, hay como quien dice: perseguirlas hasta encontrarlas. Ya me había ido un fin de semana antes a averiguar sin encontrar resultados, luego Tunina me dijo por quien preguntar y llamar y así fue como un viernes a la 1 de la tarde Anselmo y yo estábamos montados en una gallinera repleta de gente con productos y gasolina rumbo a montaña adentro en Capira.

Hasta Cacao la chiva se toma aproximadamente 1 hora y 15 minutos y la calle es pavimentada. De ahí a Bajo Bonito son 2 horas más en verano, dependiendo de la dificultad del terreno, pues en invierno toma más tiempo poder llegar.

En el camino se observan claramente cerros como el cerro Trinidad, cerro Ciri Grande, Altos del María y parte del P.N. Altos de Campana. La calle de pronto se cerraba por helechos que podíamos casi tocar sacando las manos del transporte.

Justo antes de llegar al poblado, vislumbré desde la chiva a una señora caminando loma abajo, era la señora Tunina con su motete que iba rumbo a Bajo Bonito desde la comunidad del Jagua, cruzamos una quebrada y la chiva nos dejó en frente de un puente.

Nos quedamos en la cabaña de la Asociación Medalla Milagrosa en donde se reúne la comunidad para organizar sus cosechas, que cuenta con paneles solares que da electricidad hasta para 6 casas, pero preferimos ahorrar y no dañar la paz natural del lugar. Allí alzamos nuestra tienda de acampar y nos pusimos a cocinar en el fogón de leña, pues llegamos al atardecer y se hacía de noche.

En Bajo Bonito no hay luz, hay agua pero son pocas las casas con sistema de tuberías, no existen infraestructuras de alojamiento, pero hay muchos espacios en los que se puede acampar.

Luego de haber cenado y reposado nos fuimos a bañar al río, que pasa por toda la comunidad, ya casi se hacía de noche, encontramos una charca que nos llegaba al cuello, con un espacio pequeño, digamos “personal” para nadar. Vale decir que aquí los ríos son increíbles, de aguas mansas y claras. Se trata del río Ciri Grande, que baja por toda la comunidad de Bajo Bonito y se va ensanchando a medida que llega al lago Gatún.

La subcuenca del río Cirí Grande limita al norte con el lago Gatún, al este con la subcuenca del río Trinidad, al sur con la divisoria continental y al oeste con la subcuenca del río Indio. Esta cuenca es parte importante del Canal de Panamá.

En Bajo Bonito hay tiendas donde venden enseres básicos como pan, arroz, carnes enlatadas, algunos snacks y jugos. El medio de transporte que predomina es el caballo, pocos carros 4×4 y los pies para caminar grandes distancias.

La diversión es abundante, a la mañana siguiente caminamos un par de horas hasta la comunidad de La Gloria, subimos y bajamos pendientes pronunciadas y disfrutamos de hermosas vistas.

Al regreso nos metimos nuevamente al río hasta el cansancio. Al atardecer cocinamos y cuando anocheció la señora Tunina nos llamó para ofrecernos comida, un plato de arroz con guandú delicioso. Nos quedamos hasta tarde tomando café y charlando con la familia en medio de la oscuridad, viendo las luciérnagas y escuchando el croar de las ranas y los cuentos del señor Francisco, que hace muchos años migró de Sofre en Coclé, a las montañas capireñas en donde conoció a Tunina, que según nos contó, nació en Bajo Bonito.

Nos fuimos a dormir y a pesar de estar en pleno verano, en el Bajo nunca dejó de llover, serenaba por las noches, lo que ayudó a que nuestro sueño fuera más profundo.

Pensábamos irnos el domingo, así que nos levantamos temprano y luego de desayunar lo que nosotros habíamos llevado, nos llamó la señora Tunina para ofrecernos café ( a lo que nunca digo que no) y nuevamente fuimos engañados, pues nos esperaba un plato hondo,  repleto de yuca y pollo frito.

Luego de lujuriar las orquídeas, rosas y zamias a la tía Tunina, el señor Francico se ofreció a mostrarnos los sembradíos de culantro, caminamos por detrás de la casa y vimos que arriba en una pendiente tienen culantro sembrado en terrazas y parcelas. Para cultivar el producto en sus dos variedades coyote y criollo han recibido el asesoramiento de otras instituciones respecto al manejo del terreno al estilo terrazas o escaleras y el uso de sistemas de riego para la época de verano. El clima ideal de las montañas de Capira, la radiación solar, precipitación lluviosa, temperatura y tipo de suelo son factores que contribuyen al desarrollo anual sostenido de este producto que se vende en supermercados como El Machetazo y El Rey. Los productores utilizan abonos orgánicos, lo más amigables posibles con el ambiente y así evitar daños por contaminación.

En todo el recorrido vimos gran cantidad de aves, reinitas, tucanes, tangaras, colibríes, ruiseñores, entre otras.  Nos contaron que en el poblado hay ñeques, conejo pintado, zarigüeya, armadillo y algunas veces han visto llegar un manigordo que se come las gallinas. Anselmo vio un mono cerca del río. Mi tía Hilda a veces contaba que cuando ella trabajó en la escuela básica de Bajo Bonito, a veces tocaba comer mono, pues era lo único que se encontraba.

Desafortunadamente no existe centro de salud y los pobladores se ven en la necesidad de salir hasta Cacao, en donde está el centro de salud más cercano, generalmente por fiebres, mujeres embarazadas, picadura de serpiente, pues estando cerca de la montaña, éste es un sufrimiento común. Es frecuente ver personas con cicatrices en el rostro pues hace algunos años hubo un incremento de picadura de Leishmaniasis, una chitra o jejené que altera el ritmo metabólico del ser humano y tiene efectos permanentes en la piel; si no se la controla adecuadamente, puede causar la muerte.

Supimos de un chorro cercano al pueblo, pero el señor Francisco prefirió acompañarnos pues el camino no estaba marcado. Con machete en mano fue abriendo sendero, cruzamos una quebrada, subimos un barranco adivinando pasos y trepados en un precipicio, vimos el chorro que nos transmitió miedo, no había por donde bajar y a su caída de agua se formaba un remolino, que nos dio a pensar que se traga al que cae.

El tiempo era corto y se hacía tarde para nuestro regreso a la ciudad, caminamos de regreso y nos quedamos en una parte del río de aguas mansas, a la que los pobladores llaman “La Paila”.

Regresamos al centro y nos enteramos de que era difícil que el transporte regresara pues había salido con unos jugadores de béisbol a Cacao y seguro regresaba en la noche, ese era el único transporte del día, así que en la tarde, subimos al cementerio que es el único lugar en donde se consigue señal de celular y fue así como avisamos a nuestro familiares que nos quedaríamos un día más. Mientras llamábamos pasaron volando varios gavilanes y a lo lejos un pájaro carpintero picoteaba una palma.

Una noche más, ¡Genial! Nos fuimos a bañar al río nuevamente, ¡qué delicia! Otra noche para tomar café y conversar en la oscuridad, la lluvia nos encerraba y el caballo, de nombre “Llanero” relinchaba en la madrugada.

Muy temprano nos fuimos en la primera chiva que salió hacia Chorrera con el pensamiento palpitante de regresar pronto y con más gente, pues éste es un paraíso por compartir, siempre y cuando se respete así como los pobladores respetan sus ríos. Que rico la vida del campo, lugares como éste dan la esperanza de una vida al natural, en tranquilidad y fuera del bullicio atormentante de la ciudad. Destinos como Bajo Bonito, deben formar parte de la agenda de un verdadero explorador de Panamá, ¡recomendado!

Fotos

Tengo una tía que es maestra y hace mucho tiempo le tocó trabajar en áreas de difícil acceso, Cacao era uno de los poblados más cercanos a la civilización pues se encontraba cercano a Capira, a unas 3 horas y media en caballo para salir a la carretera Interamericana. Ella trabajaba en Bajo Bonito, mucho más lejos que Cacao, en donde aún hoy es difícil llegar.

Ahora ir a Cacao toma un tiempo de aproximadamente una hora y quince minutos desde el distrito de Chorrera, da lo mismo en auto o en bus de ruta.

En Cacao, el río del mismo nombre ondea las veredas del lugar, en donde te metas lo verás, cada casa tiene de patio el río.

En este caso fui con mi prima Deylis, hija de mi tía que trabajó por estos lugares hace más de 24 años y nunca dejó de visitarlos por sus encantos.

En Cacao podemos encontrar una escuela, kioscos, un centro de salud, un terreno para las ferias que se hacen en enero, algunos toldos típicos o «jardines», iglesias, etc.

Cabe destacar que este corregimiento fue regido por Victoriano Lorenzo en 1889, quien fuera líder indigenista, prócer y mártir de nuestra patria, ya que fue en Cacao donde residió por mucho tiempo con su familia.

Seguimos el dicho de «mientras más río arriba mejor» y caminamos por espacio de media hora hasta cuando llegamos a un puente sobre el río y debajo de él nos metimos al agua, estaba deliciosa. No es exactamente un río en donde vas a poder nadar y nadar con riesgos de que alguien se pueda ahogar, a lo largo del mismo solo hay un lugar en donde se puede nadar a grandes brazadas, le llaman “el Hervidero”, una masa de agua que pasa por unas formaciones rocosas parecidas a cangilones y que luego cae con fuerza a la gran olla de agua en donde generalmente la gente del lugar acostumbra hacer clavados y piruetas.

Cuando estábamos en el río vimos mucha gente pasar por un camino, incluso un señor se acercó para preguntarnos si iba por el trillo correcto, así que con las ansias de conocer, al salir del río empezamos a caminar a ver qué encontrábamos y fue espectacular.

Pasamos sobre el río muchas veces pues así el camino lo exigía, estábamos justo debajo de un cerro sin nombre, preguntamos a la gente que pasaba y nos decían que allá no había nada, ¿NADA? Si esto es precioso…

Mucha vegetación, hermosas vistas fue lo que encontramos, algunos bichos y encantadoras flores silvestres. También vimos una tremenda cantidad de oropéndolas que hacían alarde de su canto y hasta un martín pescador. Cuando ya se hacía un poco tarde decidimos regresar y caminamos aproximadamente hora y media hasta llegar a el kiosco “el Mango”, allí mismo aprovechamos para tomarnos un refresco y devolvernos a la ciudad.

El clima en el lugar es cálido con mucha brisa en el verano y fuertes corrientes de agua en los ríos sobre el invierno. A pesar de que es un poblado que se encuentra luego de pasar algunas pendientes, no tiene una altura elevada.

Cada pueblo tiene su encanto y en el distrito de Capira aún podemos encontrar muchos lugares inexplorados y encantadores para pasarla bien en familia a la orilla de un refrescante río en donde la brisa siempre acaricia nuestras almas.

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