Enlodados.com

Hiking Trails and Trips in Panama

Posts Tagged ‘ enlodados.com ’

Fue un excelente domingo cargado de actividad. Nos pasamos al mirador de Campana, donde aprendimos de la mano de nuestra guía: geografía y comprensión del paisaje, nociones de zoogeografía y tips sobre sitios cercanos. Nos fuimos a Chicá y luego a Chame donde visitamos el mirador de Altos del María y luego, este hermoso conjunto de cascadas de aguas frías y prístinas aguas.

Caminamos un tramo hasta que empezó la acción, con sogas y algo de dificultad bajamos a las dos primeras. Los que quisieron subir a las más extremas lo hicieron y disfrutaron también. Otros aprovecharon el tiempo para relajarse, los chicos probaban haciendo clavados.

Regresaron Enlodados pero con una experiencia y una sonrisa de oreja a oreja. 

Si deseas formar parte de este tipo de actividades, recuerda que lo hacemos cada mes, con grupos pequeños, por un costo básico, que vale la pena.

Suscríbase a nuestras actividades en www.facebook.com/enlodados/

Síguenos en Instagram como @EnlodadosPanama

Twitter: @enlodados

[More]

Bajo Bonito es una comunidad de Cacao en Capira, entre el cerro Peña Blanca y el Cerro Chichibalí. Son gente trabajadora, productores del culantro que se venden en los supermercados del país pero lamentablemente tienen un grado de pobreza considerable. El transporte allí es difícil, tienen escuela básica pero para ir a secundaria, los niños deben caminar más de 2 horas por caminos solitarios y empinados.
Niños de la comunidad.
Conozco este lugar desde niña, crecí viéndolo como la «tierra prometida» o el «paraíso terrenal», lejano, silencioso, verde y perfecto en su Naturaleza. Todas veces que hemos ido nos han recibido con los brazos abiertos, como en familia.

Vamos a pintar esas caritas lindas!

Sobran las palabras para describir la felicidad tanto de los niños como de nosotros al verles sus caritas sonrientes y de agradecimiento al celebrarles su fiestita de navidad, que estuvo llena de regalos, dulces y confites, piñatas y colores ♥

Adriana

Feliz Navidad y Año nuevo a todos nuestros amigos y amantes respetuosos y constantes de la Naturaleza de Panamá.

Fotos

Véase Panamá

En esta edición de la revista Palenque, se hizo una entrevista a la webmaster de este site, Mariel Ulloa, amante de Panamá y su Naturaleza.

Muchísimas gracias a la revista Palenque, de enfoque afroantillano por tomarnos en cuenta para esta su edición. Es un placer compartir con todo aquel que ame la Naturaleza y quiera aprender mucho más de ella.

 

Sin duda, cada vez los trips son más divertidos. Esta vez pudimos disfrutar de la Naturaleza y sus maravillas; nos pusimos como meta llegar al Salto de los Monos y todos logramos nuestro cometido. Un grupo demasiado aventurero, con un alma trepidante y siempre en avanzada, con el ánimo y el corazón a mil por todas las ganas de disfrutar de los espectáculos naturales que nos ofrece la tierra.

Esperemos que este no sea el último trip en el que nos acompañen, saludos a todos esos aventureros Enlodados, que no repararon en meter pies y brazos en el lodo, rozarse con los árboles y rasparse con las rocas, con tal de conocer este país, que HERMOSO, nos da regalos a los sentidos.

 

Más fotos

Navegando un día por internet me encontré con una cabaña que alquilaban en Chicá, cerca del P.N. Campana, pequeñita y bonita; en el post habían varias fotos de la cabaña pero también habían fotos de unas cascadas que en mi vida, jamás había visto.

Me propuse contactar al dueño de la cabaña, ya sea para alquilarla y por supuesto, también preguntarle cómo llegar a esas cascadas. Al mostrarle las fotos a mis compañeros, quedaron asombrados y no faltó uno que dijo “eso no es en Panamá”. Realmente, nunca habíamos visto ese lugar y no sabíamos de su existencia, estando tan cerca de la ciudad de Panamá.

Así que contacté a Ángel, quien muy amablemente me comentó que éstas cascadas están muy cerca de los terrenos de su familia, casi que dentro y que muy poca gente sabe de su existencia, en efecto, de paso me invitó a conocerlas, así que le pusimos fecha de cumpleaños al acontecimiento, su única advertencia fue “hay que caminar bastante”.

El día fue un domingo bien temprano, nos preparamos para ir en la búsqueda del chorro. Esta vez me acompañaron Juan, Carlos y Anselmo.

Cerca del pueblo nos encontramos con Ángel, al que seguimos hasta su casa, en donde dejamos el auto y él fue a preparar su caballo. La idea sería él en el caballo y nosotros a pie. Mientras esperábamos bajo la sombra de un árbol, un jovencito nos saludó y dijo que sería nuestro guía, que Ángel nos alcanzaba más adelante.

Así iniciamos la caminata, que empezó en bajadas resbalosas pero seguras. Un terreno fácil que a medida que avanzábamos se fue convirtiendo en lodo y el olor a materia putrefacta invadía nuestras narices. Pasamos algunos riachuelos y seguimos el camino que incluía pequeñas pendientes seguida de bajadas interminables lo cual nos puso a pensar en el regreso y la subida de esas lomas empinadas.

Por momentos pasábamos al lado de las vacas en sus potreros, se nos quedaban mirando tan curiosas, las habían jersey, cebú y angus. El lodo se incrementó y las vistas del paisaje se hicieron intensas. Nos detuvimos a tomar fotos de los cerros Buena Vista y El cerro Picacho, cuando en el camino apareció Ángel a galope de un lindo caballo. Nos invitó a regresar a una cabaña no muy lejana en donde la vista era mucho más impresionante.

Subimos otra loma y llegamos a la hermosa cabaña de nombre “Hacienda Don Emilio”, hecha en su totalidad de madera y en efecto, sobre una colina en donde la vista de los alrededores es fenomenal. Vimos varios de los cerros más representativos de Chame, como los ya mencionados, además del peñón de Buena Vista de Chame, cerro Los Monos, la Hacienda Loma Linda, dedicada al cultivo de orquídeas y con el larga vista vimos nuestro destino, el chorro “Saca Lágrimas”.

Al seguir el camino, nuevamente tuvimos que lidiar con el lodo casi movedizo porque sin cuidado nos podía llegar al tobillo. Al salir de esta loma, llegamos a una planicie rodeada de arbustos y árboles a los lados, como quien dice: el mismo monte. Salimos a un potrero que atravesamos hasta llegar a un árbol de mango. De ahí en adelante el camino se tornó más difícil, la hierba estaba muy alta y cortante. Ángel me ofreció su caballo y así continuamos por otro tramo, pasando al lado de las vacas que nos miraban con miedo. De entre los matorrales habían unos con espinas que con descuido, te podía destruir las manos; un árbol barrigón dominaba el paisaje y ya no tan lejos, con varios chorros que caían en picada, y escondido entre una pared de roca, el Saca Lágrimas.

Ángel, el caballo y yo nos adelantamos mientras mis compañeros luchaban entre los matorrales. Al llegar a un bajo, dejamos el caballo suelto y seguimos a pie pues el camino se tornaba demasiado quebrado y ahora deberíamos buscar la manera de llegar al chorro. Cuando los muchachos nos alcanzaron, vimos que estaban cortados en piernas y brazos por la maleza.

El camino se cerró por la hierba alta y los árboles putrefactos sobre el suelo, la humedad estaba intensa pero en frente estaba el chorro, ya estábamos ahí, solo faltaba saltar unas rocas y disfrutar.

Sonreímos felices por haber llegado, y descansamos un rato antes de meternos al agua. Pudimos notar que grandes rocas se encuentran suspendidas sobre otras, como si hace mucho tiempo hubiese ocurrido un terremoto  o derrumbe que las hubiese puesto de esa manera. Me atrevo a decir que mide más de 40 metros de altura, hasta donde la vista alcanza, porque al verlo de lejos se nota que arriba de estas cascadas hay otras.

Según nos contaron, le pusieron “el Saca Lágrimas” ya que la gente acostumbraba buscar camarones en el río, pero en la parte alta de la cascada era donde más camarones habían y en la oscuridad de la noche, se hacía muy difícil subirla. Por supuesto que también por la dificultad para llegar al lugar caminando y aparte de eso por la forma de las caídas de agua.

Esta cascada también es conocida con el nombre «La Mula», ya que, según dicen, allí una mula se desbarrancó matando a su dueño, y así lo conoce la gente de Buena Vista de Chame.

Líneas de agua caían desde lo más alto formando pequeños pozos, el verde combinaba y las rocas gigantescas, me hicieron pensar en cuantas maravillas más como esta habrán. Nos cuentan que el caudal estaba bajo y que más entrado el invierno, la fuerza de la cascada se vuelve impenetrable y encantadora desde lo lejos.

Aprovechamos y nos dimos un baño en cada caída de agua, había una para cada uno. Las aguas cristalinas se partían y refractaban los rayos del sol. Un perrito cazador nos acompañó toda la distancia y no paraba de ladrar sin razón aparente.

Ramsés, que nos había guiado desde un principio nos contó que éste era su lugar secreto,  nos dimos cuenta de su agilidad caminando sobre las rocas, como si tuviese ventosas, saltaba de una a otra. Nos dijo que río abajo habían unos buenos charcos, más grandes que estos para darnos un buen chapuzón y accedimos a caminar en busca de ellos.

Así fuimos por la ribera del río y en efecto nos fuimos encontrando con varios charcos y caídas de agua, por momentos preferimos arrastrarnos antes que caernos, las rocas resbalosas pueden causar un accidente fatal.

En una de las bajadas, uno de los compañeros prefirió tirar sus zapatillas barranco arriba para usar mejor sus manos, pero la zapatilla se fue río abajo en un remolino de agua y más nunca apareció. La buscaron pero fue en vano, el río se tragó la zapatilla.

Las inmensas rocas seguían despertándome dudas de cómo llegaron hasta ahí. Colosales, formaban escalones naturales que por momentos nos ayudaban a bajar. De pronto nos topamos con un chorro bastante alto, también de cascada escalonada y con unas lajas en el charco que semejaban placas de cemento y no más de 20 metros más adelante la Naturaleza nos calló la boca, una caída de agua inmensa detenía nuestra caminata por el río, El Salto del Duende,  que según he escuchado pertenece a Buena Vista de Chame, y de quien sabe cuantos metros, pero muy alta, indicaba que hasta aquí llegábamos.

Nos acercamos al precipicio que me dio escalofríos, vértigo; un mal paso y nos íbamos abajo sin vuelta atrás. Ramsés ya iba bajando sosteniéndose de rocas, bejucos y ramas. Más tarde bajaron Ángel y Carlos, pero solo lograron llegar hasta un lado del chorro, más no bajar al charco, ya que eso incluía mojar todo y al menos Carlos llevaba equipo fotográfico. El perro al ver que sus dueños estaban abajo, casi se tira por el precipicio para alcanzarlos pero Anselmo lo detuvo, yo aproveché ese tiempo y me sumergí en las aguas del chorro escalonado sin nombre. Queda pendiente visitar el Salto del Duende desde el camino de Buena Vista de Chame.

El regreso fue hasta cómico. Subimos por un camino que al parecer hace mucho tiempo no usaban, así que estaba muy cerrado y a 45° sobre el suelo. Salimos a un terreno lleno de helechos, cercano al potrero en donde pasé a caballo con la hierba cortante.

Ángel nos instó a seguir mientras él esperaba a Ramsés que se había adelantado a buscar al caballo que habían dejado suelto. Caminamos un poco y vimos el caballo amarrado y comiendo bajo un árbol, gritamos a Ángel durante largo rato y nos sentamos a descansar hasta que apareció y seguimos loma arriba.

Esta vez se salvó Carlos, al que le dio un calambre y le cedimos el caballo. Ya cuando habíamos dejado atrás las primeras lomas, nos topamos con una serpiente pajarera (Pseustes poecilonotus), que pasaba tranquila al lado de un potrero.

En total caminamos aproximadamente 3 horas desde Chicá hasta la Cascada Saca Lagrimas y nos tomó casi el mismo tiempo hacerlo de regreso.

Las lomas parecían interminables pero finalmente salimos a la calle pavimentada y degustamos unos deliciosos bollos de maíz con agua bien fría, justo lo que necesitábamos.

—————————————————————————————————————————————————————

Gracias a Ángel y Ramsés por guiarnos en esta expedición, que fue fenomenal. A Carlos, Juan y Anselmo por esas ganas interminables de caminar, de conocer y explorar. Valió la pena la caminata con muchas recompensas en el camino, otro lugar más de esos que casi nadie, además de los lugareños conoce, y que vale la pena compartir, aunque sea para saber que existen.

Yo accedí gustosa a mis deseos de caminar. Y ahora que es tan grande la felicidad de que disfruto, que ante el temor de perder la Naturaleza, ya que la dicha no es perpetua en este mundo, recurro a la preocupación por compartir esta pasión y ojalá y se transmita de buena manera a cada persona que me lee, que un día no lo piensen mucho y empiecen su caminar.

Más fotos

Después de una visita a Natá de los Caballeros, nuestro guía Fanshi, nos reveló que iríamos a Los Chorros de Olá, dentro de Nuestro Amo, en Olá, provincia de Coclé.

La calle hace ya casi un año que está pavimentada, al contrario de algunas de estas fotos que fueron tomadas en el 2009 cuando el camino era de tierra y había que pasar varias quebradas.

A lo lejos, más allá de los campos donde siembran la verdura, vislumbramos el chorro como un hilo que cae por el medio de las montañas; nos saludaron los trabajadores del arado con un “¡EJUE!” y levantaron sus brazos en señal de alegría.

Hace unos años, el distrito de Olá era uno de los más pobres económicamente pero ha tenido un pequeño auge económica que ayuda a sus pobladores a seguir adelante. Es una de las regiones de Coclé con excelentes paisajes, abundante naturaleza y hospitalidad de la gente. Es uno de los de menor población y al estar ubicado en un área montañosa, su clima es muy agradable.

Avanzamos alegre y despreocupadamente por entre un paisaje de verdes fulgores y de pronto a nuestro lado estaba un toro echado cuidando sus señoras vacas, pero al ver bien a el toro, nos dimos cuenta de que estaba suelto y nos veía impasible, así que aprovechamos y le sacamos algunas fotos procurando que estuviese bien sentado.

Un poco después Fanshi nos aviso de bajar y caminar. Seguimos la calle repleta de piedras con el sol estrepitoso, ya sentíamos el chorro de cerca, lo sentíamos encima, caminamos 15 minutos a paso lento, adelante nos encontramos con un poblador y nos contó que estas tierras están siendo vendidas  y que son varios los proyectos que se perfilan realizar en esta zona de Olá con inversión extranjera.

Investigando en casa encontré que uno de estos es La Cascada con una extensión de 80 hectáreas de terreno donde se planea edificar “residencias de verano” en medio de la naturaleza y del campo donde cualquiera ama descansar.

El distrito de Olá espera que este desarrollo turístico sea destinado al beneficio de todos los moradores, muchos de los cuales se debaten en la pobreza, pues no es un secreto que el distrito de Olá es el que cuenta con mayor números de familias de extrema pobreza, existen muchos pueblos sin electricidad, sin agua potable y sin carreteras de penetración. Ya casi no quedan jóvenes en el pueblo pues emigran a la ciudad en busca de un futuro mejor. En este sentido, los pobladores cuentan con que estos proyectos que se están construyendo sea un puntal para que la gente de Olá se integre a un trabajo con el cual puedan sacar a sus familias adelante.

Sin embargo, las autoridades de Olá están a la espera que se les presenten los permisos necesarios en el municipio para estudiar el proyecto y conocer el tipo de construcción que se realizará en la zona. Lo primordial es que no se perjudique la naturaleza, pues toda construcción con los estudios de impacto ambiental y las normas legales que establecen las leyes panameñas puede desarrollarse dado que en esa forma no se atenta contra la seguridad ecológica de los pueblos, en especial de aquellos olvidados por los gobiernos. (2017 esto no ha quedado en nada)

Los chorros son producto de una depresión geográfica en donde se fraccionó la tierra creando así el curso del río de El Caño, en el cual caen tres hermosas cascadas.

Llegamos al espectáculo natural, “uno de los chorros más altos de Panamá registrado y con agua todo el año” a una altura de 250 metros sobre el nivel del mar, con una caída de agua de aproximadamente 50 metros, arriba hay más caídas. Vimos una especie de túnel que se forma entre las rocas, dicen que detrás de la cascada hay una cueva, como a 20 metros de la base y desde ese punto se puede divisar el paisaje en medio de la colgadura de agua.

El paisaje era increíble, diferentes tonalidades de verde aparecían ante nuestros ojos, el chorro magníficamente grande, que nos dio miedo entrar al agua, pues no se veía el fondo, estaba turbio; Fanshi si se preparó y entró, nadó un poco, descansó en una gran piedra inalcanzable a nuestras manos, subió a otra y se tiró…salió del agua y lo hizo varias veces más.

Max siempre es «el loco», lo veíamos dando vueltas, caminando de un lado a otro, saltando sobre las piedras, buscando no se qué y de repente lo vimos en la misma piedra donde se paraba Fanshi para saltar y lo hizo.

Estuvimos algún rato más allí y nos fuimos a Natá a comer algo, pero con la idea demasiado clara de que pronto volveremos  🙂

Ver más fotos