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Hiking Trails and Trips in Panama

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Se llamaba “El Arraijancito”, y los recuerdos que quedan prefiero mantenerlos intactos, pues los inetereses de algunos seres humanos ha ido empañando lo que quedaba de él.

Y hablo como si fuese un ente, porque en él aprendí a amar los cuerpos de agua, en él entendí el poder de la Naturaleza y viví la magia en cada esquina.

Era una niñita cuando de mi pueblo salíamos en la parte trasera de los pickups a darnos un baño al Arraijancito, eso pasaba cada fin de semana. Algunas de las veces mi familia iba tan emocionada que cargaban una enorme paila, llebavan un saco de arroz y el río proveía las sardinas.

En aquel río conocí a los militares del ARMY que practicaban en los alrededores. Más no puedo olvidar aquel puente rodeado por helechos y musgos, por el cual solo pasaban los jeep de los gringos. Si acaso unos 2 en todo el rato que nos pasamos ahí.

De aguas claras, mis primos y yo aprendimos a nadar ahí. No faltó quien casi se ahogara por pendejadas de chiquillo, esas donde se acerca el lobo en broma hasta que cuando llega nadie hace caso.

Un día, el camión de abastos de mi tío se trabó en la loma, estuvimos largo rato esperando a ver si mi tío lograba sacarlo, pero fue imposible; y si no fuese por unos militares puertoriqueños que andaban cerca de ahí en un bunker, que halaron el camión con un jeep harto en lodo, hubiesemos tenido que regresar a pie.


Para mi ver a esa gente era cosa de otro mundo, yo quería ser como ellos, que aparecían por el río y los veíamos cuando ya estaban cerquita; y andar en el monte vestida militar cargando armas…

Pero la magia desapareció y con ella, su hermoso río.

Un mal día mi abuelo dijo que no iríamos más; en el pueblo de Arraiján habían rumores de que ya varias personas les había explotado minas antipersonales en los alrededores del río, costando piernas y brazos a algunos pobladores.

Y lo cierto es que no era raro sentir bombas a lo lejos explotar, así como pequeños temblores que venían luego de un sonido de explosión tremenda. Era algo que realmente asustaba pero que con el tiempo nos tocó acostumbrar.

Y así pasaron largos años, que yendo hacia la escuela en el transporte público me quedaba viendo hacia esa área, y era común ver, desde el bus, ñeques y venados.

Sin duda alguna en Arraiján, quien haya nacido aquí de hace 90 años hacia acá, creció comiendo carne “de monte”. Pero poco a poco y gracias también a la caza indiscriminada, los animales fueron desapareciedo y quedando no más que el recuerdo.

Antes de 1999 las áreas de acceso al Río Arraijancito eran propiedad de los Estados Unidos de América y luego de la reversión del Canal de Panamá, las áreas pasaron a ser porpiedad del estado panameño. Mientras pertenecían a EUA pudimos acceder pues casi toda la familia trabajaba para ellos. El abuelo era jefe de finca, se encargaba de sembrar, podar, limpiar las áreas verdes y los charcos. Mi tío Miguel manejaba la draga, mi tío”Boca” manejaba el remolcador, mi padre era pasa barcos, etc; nosotros crecimos casi siendo zonian, podíamos acceder a las áreas sin problema, pero esto cambió con la reversión de la áreas al ARI (Unidad administrativa de bienes revertidos).

Y la verdad, con eso fue peor. Las aceras de la carretera se empezaron a llenar de paja canalera, (Saccharum spontaneum) que ha ido colonizando cada espacio de tierra que no tenga sombra, una verdadera plaga..

Mitos van y vienen, ya que existen 3 versionas más de cómo llegó la paja canalera al área de Arraiján.

El origen de la introducción de esta especie de gramínea a Panamá fue un misterio hasta hace poco, ya que no se conocía ningún documento que hiciera referencia a esto. Habían algunas hipótesis, como: que fue introducida por los norteamericanos durante la construcción del Canal, para el control de la erosión, o que fue introducida accidentalmente en maquinaria traída a Panamá desde Vietnam por los EEUU en la década del 60.

El misterio de la introducción de la Paja Canalera a Panamá se aclaró sin dudas, ya que, posteriormente se encontró un Informe Anual de 1939, en el que detalla que en abril de 1939, varios clones de S.spontaneum y otras especies de Saccharum recolectadas en el Sudeste Asiático, fueron plantadas en el Summit. Esta colección era parte de un programa de mejoramiento genético de caña de azúcar iniciado por el USDA, y estaba a cargo del agente Hans Sorensen, del Departamento de Plantas Azucareras.

Así que cuando esas tierras pasaron a mano panameña, no existía manera humana o legal, de entrar. Seguía rodeado de malla ciclón, lo más que podía hacer era explorar vía satélite.

Pero con el tiempo y conociendo bien el monte, nos atrevimos a entrar. Más mi esposo que yo. Él, siendo muy silvestre, conoce el monte mucho mejor que las carreteras y en varias ocasiones explorando por áreas probihidas, topamos cantidades innumerables de animales: gato solo, venado, y en varias ocasiones huellas de tapir; viejas bombas antipersonales, bunkers y también tumbas rodeadas de piedras de bordes suaves.

Cuenta mi madre de los caminos que debían tomar antes de que existiera la carretera Interamericana, para ir a la ciudad de Panamá lo hacían muy poco y por medio de caballo, atravesando largos caminos y caseríos indígenas; al llegar al canal, amarraban los caballos y tomaban el ferry para cruzar.

La última vez que estuvimos en esa área fue hace casi 3 años. Luego hubieron situaciones tristes y otras desgarradoras, desde un cuerpo flotando en el agua del Arraijancito sin cabeza, hasta la total DEFORESTACIÓN de este bosque natural que tantos años fue protegido, como cuenca del Canal de Panamá, por los norteamericanos, hoy en día destruído casi en su totalidad para la construcción de una carretera de 3 paños que parece abarcará todo el bloque de bosque desde la carretera Panamá Arraiján hasta la carretera que conduce a la Vía Centenario.

Un bosque primario protegido por ser cuenca de nuestro preciado canal, ha desaparecido. Miles de árboles de gran tamaño desaparecieron. Su madera fue vendida, explotada, prostituída y nadie sabe con qué fin. Decenas de camiones volquetes trabajan en este momento transportando madera, van y vienen sin detenerse durante toda la noche. ¿A donde se ha ido mi bosque?


Todo Arraiján sufrió la muerte de su hermosa espesura y algunos lloramos cuando desde la carretera vimos en nuestra cara cómo los hombres tumbaron enormes templos del bosque, que ni con sierra podían, de lo monumentales que eran y utilizaron maquinaria pesada para empujar.

Entendemos que el progreso está aquí, que han sido años de tráfico pesado en las horas pico pero quizás habían maneras menos dañinas. Si tan solo se hiciera un real manejo de rescate de fauna no hubiésemos tenido que lamentarnos por la muerte de animales, entre esos felinos saludables que habitaban el Bosque Protector de Arraiján, único ecosistema que conocían.

Una señora en el bus veía la escena y decia: “Jo! cómo le cayera encima”

Y a aquel Río de mi vida, más nunca pude regresar.

Jordanal es un poblado que le pertenece a Cirí Grande de Capira, en los límites con la provincia de Coclé; tanto así que la mayoría de sus pobladores acceden al sitio desde el Valle de Antón pero curiosamente tiene acceso también por Altos del María (acceso privado) y por Chorrera.

La gente que le habita es de carácter amable y servicial. Actualmente buscan incursionar en el turismo ya que posee hermosos ríos y montañas además de ese ambiente campesino panameño tan particular.

Esta vez planeamos ir hasta uno de los atractivos más inhóspitos del sitio, la cascada de Jordanal pues así le llaman los lugareños. Ya sabíamos que sería extremo pues cuando uno pregunta a un local qué tan difícil es llegar y te responden que está lejos, es porque lo está; de menos te dicen que “está cerquita”.

Apenas íbamos en el 4×4 y no faltó quien tuviese miedo, tocó recordar que éste es el transporte que decenas de personas utilizan a diario para salir de las montañas en Capira, el único medio de transporte en aquellos lugares donde el plastificado progreso no ha llegado y hacen falta calles y puentes.

Una vez en el pueblo emprendimos la marcha que desde el momento inicial sabíamos sería en ascenso constante, en el camino se nos unieron locales adultos, niños y un curioso perrito.

Una vez dentro de la selva el camino se puso tedioso para los de menos experiencia, siempre subiendo, constantes curvas, árboles enormes de un bosque primario magnífico, alta humedad, plantas extrañas, muchas raíces que hacen de escalera en parte del sendero nivel moderado.

Vimos tucanes, aves de brillantes colores, ranas exóticas, ardillas miniatura correr por las ramas de los árboles, y mientras los locales nos decían que faltaba poco, una nueva loma se nos presentaba.

Pristimantis gaigei juvenil Fotografía de Ana Chérigo

Lo que habíamos calculado se demoraría 2 horas, tomó 3, hasta llegar a la cascada por una situación de falta de preparación por parte de algún participante. Es ésta la razón crucial por la que hacemos una ficha técnica en la cual indicamos el nivel de dificultad del terreno. Como siempre decimos, si usted viene a una gira, nosotros haremos lo imposible para que llegue al destino, aquí todo mundo llega, en calma y con paciencia pero eso algunas veces incurre es más tiempo e inversión.

Sin embargo, la emoción de lograr llegar a un sitio como éste fue tanta, tenía años sin ir a un lugar tan inmaculado, sin rastro alguno de basura, la selva en su punto álgido. Llegamos en un momento en que la niebla bajó al río y cubrió toda la paila de agua, por cierto profunda y de color verdeaqua.

¡Wow! A veces uno se hace una idea de un sitio y cuando llegas te decepcionas, no porque sea poco atractivo, si no porque simplemente la foto que viste tenía mucha edición o realmente no era lo que te esperabas. Este NO fue el caso. Pocas veces me ha pasado que llego a una cascada y el respeto a la belleza del lugar es tanta que ni me pongo a nadar. Ésta vez fue así, primero por eso y segundo por miedo a los calambres.

Los chicos aprovecharon y hasta hicieron clavados, el agua estaba realmente fría, pero eso se nos olvidó.

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Han pasado cinco días desde que estuvimos en Olá. La emoción de estar en este lugar siempre es palpitante y ésta vez más pues incluía ascender uno de los cerros más bonitos de la región: Los Picachos.

Iniciamos nuestro recorrido conociendo a nuestro guía local, un chico hacendoso de 17 años que ama su distrito y cuyas ganas de mostrarlo son feroces. De inmediato atrapó nuestra atención esa caprichosa montaña con forma ondulada y singular apariencia de ola.

A medida que nos acercamos al poblado va cobrando más notoriedad el famoso Cerro Picacho, una extensión de la vertiente sur de la Cordillera Central. Forma parte del escudo del Distrito de Olá y cualquier referencia que se haga de este cerro es más con fines turísticos alabando su belleza paisajista.

Fuimos a conocer una de las partes más altas del distrito, llegando cayó una lluvia caprichosa que se disipó en un par de minutos y subimos al sitio; un mirador de más de 1000 msnm desde donde se divisa gran parte del sur de Coclé y muchas de sus montañas más viejas como lo es el Cerro Guacamaya y el Orarí.

De regreso del mirador, fuimos a subir Los Picachos de Olá. A los pocos minutos de entrar por un terreno privado en el cual pedimos permiso, conseguimos llegar a la pata del cerro y de ahí en adelante todo el trayecto sería a 45 grados, el terreno pedregoso y era notable que el cerro había sido quemado hace poco. La recompensa: vistas impresionantes.

El final del pico se tornaba peligroso para subir al grupo, era necesario escalar con las manos y un mal paso podría ser un “hasta nunca.” Menos de un metro de ancho para caminar y a ambos lados un precipicio muy profundo. Optamos por subir hasta la parte más acorde a todos y ahí aprovechamos para descansar. El sol era inclemente y a lo lejos, la lluvia caía sobre varias partes de Coclé. Al Sur, el Parque Eólico. Las montañas azules de ésta provincia mostraron su esplendor y la forma cónica del Picacho tiraba oleadas de preguntas sobre su origen. Su orografía es demasiado interesante.

El origen de este Monumento Natural se remonta al emergimiento del Istmo de Panamá que se formó hace aproximadamente 20 millones de años, antes de eso un canal marítimo separaba América del Norte de América del Sur. Las placas tectónicas trasladaron lecho marino y tierra continental, La Placa tectónica de Sudamérica colisiona con la placa del Caribe en una zona específica llamada el arco de Panamá, dando el primer levantamiento inicial del Istmo de Panamá. Este emergimiento de tierras fue constante y se cree que en unos 15 millones de años había solo una brecha de mar que separaba a corta distancia Panamá de Sudamérica.

Producto de estos choques de placas en donde una se metía debajo de otra se dieron fusiones del manto terrestre provocando fisuras por donde se logró colar el magma hacia el exterior originando una cadena de eventos volcánicos que facilitó el emergimiento de islas volcanicas que lograron interconectarse formando el territorio firme del Istmo de Panamá.

Cerro Picacho por consiguiente se formó como parte de este proceso dado su origen volcánico. Como es una extensión al sur de la Cordillerra Central en donde se encuentran las montañas más viejas, se calcula que su edad geológica es más reciente, y su desarrollo tuvo lugar hasta los inicios del Pleistoceno.

El Picacho tuvo una forma cónica al principio como cualquier volcán pero debido a la naturaleza violenta de sus erupciones volcánicas, éste fue destruido dejándolo inactivo y en la forma actual. [More]

Nariño Aizpurúa nació en Volcán, Tierras Altas chiricanas. Lo conocí hace casi 10 años y apenas intercambiamos palabras, hicimos una gran amistad, al punto que cariñosamente le digo “papá”. Vi con admiración el crecimiento de sus hijos, a los que crió al filo de la naturaleza, en el arte de la escalada y rápel. Actualmente lleva 360 ascensos al Volcán Barú y no conozco a nadie que lo haya subido más. Se caracteriza por su espíritu jovial y profesionalismo en el área de montañismo, senderismo, rápel y arborismo además de ser líder scout desde hace muchos años.

Suficientes requisitos para hacerle una entrevista y aprender más de él.

1. ¿Cuando fue la primera vez que subiste el Volcán Barú?

No tengo memoria realmente de cuando fue (fecha), sin embargo recuerdo la primera vez que subí con un turista, mis hermanos mayores no estaban allí para hacerlo, yo tenía 14 años y mi madre me dijo: “dale tú, si tu conoces el camino!” Me pase toda la noche “aprendiendo ingles”(risas) al día siguiente durante 5 horas solo repetía: “FOLLOW ME”. En aquel “tour” gané 10 dólares, gasté más en lo que llevé de comida.

2. ¿Cuantas veces van?
Desde esa primera vez con turistas, llevo 360 veces registradas. Antes de eso no las conté.

La vez # 300


3. ¿Qué es lo que más amas del Volcán Barú?
Ser nada en medio de esas moles rocosas. El sentirte insignificante y comprender la magnitud del universo, donde el planeta tierra es solo un grano de arena. Todo eso me lleva a sentir una sensación de que soy parte de algo tan inmenso.

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Supe de La Gloria siendo una niña y cuando tuve los datos, me tiré a pie casi 3 horas hasta ella, eso fue en el 2007. Y fue hermoso; han pasado los años y resulta que alrededor de ésta maravillosa cascada, hay muchas más; pero no a simple vista. Luego de haber recorrido bastante, constatamos que La Gloria es la cascada registrada más alta de Panamá Oeste y forma parte de un afluente del río Cirí Grande, cuenca del Canal de Panamá.


Una familia humilde y trabajadora es la que custodia esta maravilla y salen adelante cultivando la tierra y ahora con el turismo ecológico, que para ellos, es sostenible.

Esta vez fuimos a conocer con nuestro guía local Miguel, La Escondida donde quedamos maravillados. Tenía ganas de jalar a todos a bañarse en ella; el agua color verde aqua y sobre la misma entra un pequeño rayo de luz que lo convierte todo en magia, y al bañarte, sales lleno de energía.

Nuestra amiga cubana le dió un poco de miedo y prefirió quedarse del otro lado de la cueva, pero al rato venía con Rey que la había ayudado a traspasarla, superando su miedo. Quedó sorprendida al ver lo que se iba a perder y maravillada de tremenda belleza.

Al traspasar la cascada aparece un túnel en el que habitan decenas de murciélagos. Esa cueva transmite vitalidad y fue difícil decir que debíamos seguir con el itinerario.

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Sucede que una de las primeras cascadas que visité en mi vida, fue ésta. De verdad que no sé cómo no había escrito sobre ésto antes.

Quizás estaba en primer grado de pre media, cuando fuí con mi madre y nos bañamos en ese maravilloso lugar. Recuerdo claramente que lo hice en “petipán” pues no estaba dentro del plan visitarla. Fue una visita rápida, para sacarnos la calor que teníamos. Los chiquillos se bañaban en calzoncillos y las niñas en petipan. Uno de esos momentos llenos de luz y libertad que nos regala Madre Tierra, sentimientos que florecieron en mi alma con el paso de los años.

A mis 28 años, regresé. Esta vez para hacer una pequeña sesión de fotos de mi embarazo y fue fenomenal! Digo, por favor, ahora no vayan a ir corriendo a hacer todas las sesiones allá.

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Durante muchos siglos los seres humanos hemos usado nuestro poder e inteligencia para destruir o modificar la naturaleza, para robarle espacio a otras especies y constituirnos en el centro de la evolución. Pero hay un lugar en el que seguimos siendo seres indefensos y vulnerables, y donde nuestro instinto de sobrevivencia más primitivo (ese que traemos desde los primeros días del Homo Erectus) puede salvarnos. Un lugar de peligros y leyes inexorables: la selva. – Irving Bennett, Explorador panameño.

Habíamos planeado esto con tiempo, venimos realizando este viaje desde el año 2011, pero ésta vez lo hicimos cuadriculado; todo bajo completo control, justo como debe ser al planear meterse en la selva en un mes como julio.

La selva del P. N Portobelo conlleva muchos elementos que si no conoces, es mejor ni atreverse: el río es impetuoso y se divide en variados afluentes; no existe camino marcado; tratándose de la Sierra Llorona, la humedad es contundente y así como los árboles de ceiba (Ceiba pentandra) de hasta 60 metros de alto, desarrollan raíces tabulares, a veces la tierra cede tanto que se caen, esto pasa a diario. Así como es posible ver reptiles inofensivos, es posible ver reptiles muy venenosos. También es área de escorpiones y bichos que más adelante detallaré. Sin dejar de lado que es una de las áreas del país con más existencia de felinos comprobada.

La lista de implementos era larga, pero funcional y necesaria; recomendamos no exceder las 15 libras y dormir en hamacas, lo cual se le hace bastante difícil a quien no está acostumbrado.

El grupo que nos acompañaría sería de 16 personas, bastante grande para nuestro gusto. Partiendo de ahí, sabíamos que el recorrido sería más lento.

Como siempre, revisamos la hoja cartográfica antes de partir, la misma ya va en la mente pues el área para nosotros es como la palma de la mano, hemos podido conocerla muy bien. Tiempo atrás, Rey y yo habíamos hablado de crear una nueva ruta para que la ruta vieja se la comiera la selva, cosa que ya está sucediendo. Teníamos en mente cambiar la ruta en una parte donde aparece un acantilado.

A eso de las 10:30 pm arribamos en Guanche e inmediatamente nos bajamos del autobús, empezó a chispear. Nos despedimos de nuestro conductor estrella no sin antes advertir que de no salir antes del anochecer del domingo, estuviese alerta. Iniciamos la típica caminata por la trocha hasta donde acamparíamos.

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Cerro Cabra llama la atención de cualquier montañista panameño. Es ese que se ve cuando uno va saliendo del puente de las Américas hacia el Oeste.

No es muy alto, solo posee 512 msnm, pero se encuentra muy cerca del mar y se sube casi desde “la pata”.

A pesar de ser un cerro poco técnico, tiene una parte de ascenso considerable y cansona. La paja canalera (Saccharum spontaneum) crea túneles que parecen interminables, y cuando la calor apremia, sientes picazón y más dolor en las heridas que provoca, pues corta.

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Panamá es uno de los países que cuenta con el mayor número de especies de mariposas del mundo, 1600 registradas, pero muchas se encuentran en peligro de extinción por el uso inadecuado de los mal llamados pesticidas y la deforestación.

Desde febrero inauguró el primer mariposario en la ciudad de Panamá. Sí, así como leen, en la misma city! Este mariposario va de la mano con el que está en Cerro La Vieja, Coclé; también relativamente nuevo.

Nosotros dilatamos un poco la visita pues con “El Francisco” y las lluvias, la cosa no es tan fácil, así que esperamos un día soleado y allá nos fuimos el domingo pasado.

Está ubicado en el Parque Natural Metropolitano y abre de martes a domingos, de 9am a 4pm. Tiene un costo de 2.50 adultos, 1.50 niños de 6 años en adelante/ jubilados y 5$ extranjeros o turistas.

Ya había visto algunas fotos del sitio en las periódicos locales, pero al llegar me sorprendió pues resultó mucho más grande de cómo lo imaginé. Tiene 400 metros cuadrados y  30 especies nativas de mariposas.

Solo verlo por fuera fue sorprendente pues se podían divisar de lejos las mariposas morfo: esas grandes mariposas celeste tornasol que siempre nos acompañan en los senderos.

Al entrar nos atendió una chica que nos explicó algunos datos de las mariposas más vistosas, nos mostró algunas larvas, orugas y crisálidas, es decir toda su metamorfosis y luego nos dejó explorar el sitio.

Como escribí, fuimos en un día soleado, muy caluroso y los lepidópteros no paraban de revolotear ¡Son sus días favoritos! El sol les ayuda a reproducirse y a hacer mejor la digestión.

Lo primero que vimos fueron una gran cantidad de orugas Pseudosphinx tetrio comiéndose un arbusto de caracucha (Plumeria alba), su favorito; la comen hasta desaparecer sus hojas.

También vimos “Caligo”, que popularmente se conoce como mariposa “Búho” por los ocelos que tiene en sus alas y que recuerdan a un par de ojos grandes, sí, esa que tanto han satanizado en nuestro país.

Están también las traqueadoras (carcoma), que se camuflan en el follaje de los troncos en el bosque y hacen un sonido con sus alas.

Vimos Heliconius, que resaltan por su color naranja contrastante con negro y son de las que se alimentan de polen.

Tuve la oportunidad de dejar caminar una oruga de Morpho peleides por mi mano, ¡sensacional!

Uno de los objetivos del mariposario, construido por la empresa privada Panama Biological Supplies y cuyo mantenimiento mensual asciende a 2.000 dólares y se cubrirá con los ingresos procedentes de la venta de entradas, es crear conciencia sobre la importancia de estos insectos en la conservación del medioambiente.

Este proyecto es apoyado por la Alcaldía de Panamá, bajo la dirección de Gestión Ambiental, el Patronato el Parque Natural Metropolitano y por el sector privado, cuenta con la anuencia de MiAmbiente y tiene como objetivo primordial acercar la naturaleza a los ciudadanos, proveyendo al PNM de un atractivo más.

Este es el segundo mariposario que apoya la Alcaldía de Panamá, siendo el primero de la Comunidad Emberá Tusipono, en el Parque Nacional Chagres, denominado Laboratorio del Mariposario.

En mis años yendo al PNM, nunca lo vi tan lleno, lo cual es realmente fabuloso. ¿Será que al fin apuntamos hacia un Panamá Verde?

Los animamos a conocer el Mariposario Metropolitano, ya no hay excusa para no tener nada que hacer las tardes de la semana o los domingos en casa. Lleven a sus niños a conocer el mariposario, aprenderán mucho y les aseguro que será una experiencia maravillosa.

 

Partimos de la ciudad de Panamá a eso de las 2 de la tarde, la marcha fue directo a Penonomé donde nos abastecimos de lo último necesario; en el Copé nos esperaba el gran Macedonio, guía local del Parque Nacional General de División Omar Torrijos Herrera.

Luego de esperar los todo terreno en medio de una tertulia torrijista, abordamos los autos y nos fuimos rumbo a la montaña. Ya caía la noche y los locales me decían que iban cuatro días de lluvia pertinaz.

En el camino, con un fondo de Ulpiano Vergara, le comentaba tantas cosas al conductor “Fulo” en medio de mi emoción, que bajó el volumen y empezó a hablarme de su preocupación por la deforestación, en base a que la quema “de maldad” que hacen algunas personas al área de los pinos. Ya oscurecía casi por completo y en medio de la calle de piedras, saltaban conejos muletos (Sylvilagus brasiliensis) y aves motmot (Momotus momota) se escondían en sus refugios.

Llegamos a nuestro lugar de camping: una acogedora casa en medio del poblado de Santa Marta, que forma parte de El Copé, en el Harino, corregimiento del distrito de La Pintada en la provincia de Coclé.

Procedimos a armar el campamento y a encender las parrillas, que al final resultaron ser tres, de las cuales todos comimos. Al mirar al cielo, el firmamento estaba estrellado, agradecí ampliamente pues con esto, las probabilidades de lluvia al día siguiente eran pocas, y así lo fue.

Iniciamos la marcha a las 6:30am, teníamos una idea breve de lo que nos esperaba, 14km y medio de camino difícil, dividido entre Cerro Escobal y Cerro Marta.

Bajamos al río Tigrero, lo atravesamos e iniciamos el camino hacia Cerro Escobal con rumbo al mirador, ahí nos topamos todos pues algunos se adelantaron, mientras Macedonio venía con el resto del grupo. A mi me salió “El Francisco”; el más de un año sin caminar como Dios manda, ¡Vaya loma!

Bajamos Escobal y caminamos por un bosque de galería en los alrededores de un potrero que culmina en un valle desde el que se veían claramente los cerros Marta y Juan Julio. En el potrero había un árbol de guaba, la Naturaleza siempre provee. 

Me la pasé conversando todo el camino con Macedonio, me contó algunas de las versiones de lo que sucedió ese 31 de julio de 1981. Las siete personas a bordo, entre ellos el general Omar Torrijos Herrera, quien dirigió la dictadura militar del Panamá entre 1968 a 1981, fallecieron en el lugar.

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