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Hiking Trails and Trips in Panama

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Nadie podría pensar que un día normal de playa con sol precioso se puede tornar gris a causa de un animal venenoso.

Sí, y las circunstancias de lo sucedido no fueron las mejores para la víctima porque sin duda, el dolor no se lo quitaba nadie. Pero agradecemos que esas mismas circunstancias nos escogieron a nosotros para ser quienes le dieran asistencia.

Una clienta iba saliendo ya de la playa. La mitad del grupo se encontraba practicando snorkel y el resto estaba en la orilla disfrutando de la calidez del Caribe. Al parecer la joven decidió salir del agua y en eso, pisó algo que de inmediato le produjo un intenso dolor que con los minutos se intensificó.

De ese grupo me llamaron pues me encontraba adentro con los que hacían snorkel por el arrecife y fui a ver qué sucedía. Cuando vi su pie, pensé que había sido un erizo de mar, sin embargo no se veían espinas, pero denotaba tres incisiones o punzadas en el talón. Tampoco suponía ser una raya pues con anterioridad habíamos visto ya esto. Sin duda, sería un erizo que entró y salió, por lo tanto suponimos que el dolor pasaría en poco tiempo.

De inmediato apliqué cetirizina y al ver que el dolor no cedía, también Ibuprofeno. Establecimos una hamaca y Rey cargó a nuestra clienta hasta ahí donde estuvo tranquila y donde el dolor por momentos bajaba y luego intensificaba. Esto sucedió a eso de las 2pm y nuestra lancha debía buscarnos a las 3pm. Por lo que decidimos mantener la calma y esperar. Los síntomas se encontraban controlados, el dolor seguía en el mismo sitio, denotaba que todo era sintomático pues No hubo desmayo, vómito, subida de presión ni mareos.

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Durante muchos siglos los seres humanos hemos usado nuestro poder e inteligencia para destruir o modificar la naturaleza, para robarle espacio a otras especies y constituirnos en el centro de la evolución. Pero hay un lugar en el que seguimos siendo seres indefensos y vulnerables, y donde nuestro instinto de sobrevivencia más primitivo (ese que traemos desde los primeros días del Homo Erectus) puede salvarnos. Un lugar de peligros y leyes inexorables: la selva. – Irving Bennett, Explorador panameño.

Habíamos planeado esto con tiempo, venimos realizando este viaje desde el año 2011, pero ésta vez lo hicimos cuadriculado; todo bajo completo control, justo como debe ser al planear meterse en la selva en un mes como julio.

La selva del P. N Portobelo conlleva muchos elementos que si no conoces, es mejor ni atreverse: el río es impetuoso y se divide en variados afluentes; no existe camino marcado; tratándose de la Sierra Llorona, la humedad es contundente y así como los árboles de ceiba (Ceiba pentandra) de hasta 60 metros de alto, desarrollan raíces tabulares, a veces la tierra cede tanto que se caen, esto pasa a diario. Así como es posible ver reptiles inofensivos, es posible ver reptiles muy venenosos. También es área de escorpiones y bichos que más adelante detallaré. Sin dejar de lado que es una de las áreas del país con más existencia de felinos comprobada.

La lista de implementos era larga, pero funcional y necesaria; recomendamos no exceder las 15 libras y dormir en hamacas, lo cual se le hace bastante difícil a quien no está acostumbrado.

El grupo que nos acompañaría sería de 16 personas, bastante grande para nuestro gusto. Partiendo de ahí, sabíamos que el recorrido sería más lento.

Como siempre, revisamos la hoja cartográfica antes de partir, la misma ya va en la mente pues el área para nosotros es como la palma de la mano, hemos podido conocerla muy bien. Tiempo atrás, Rey y yo habíamos hablado de crear una nueva ruta para que la ruta vieja se la comiera la selva, cosa que ya está sucediendo. Teníamos en mente cambiar la ruta en una parte donde aparece un acantilado.

A eso de las 10:30 pm arribamos en Guanche e inmediatamente nos bajamos del autobús, empezó a chispear. Nos despedimos de nuestro conductor estrella no sin antes advertir que de no salir antes del anochecer del domingo, estuviese alerta. Iniciamos la típica caminata por la trocha hasta donde acamparíamos.

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La devoción que le tiene mi familia al Cristo Negro, es grande. Le hacen ofrendas, peticiones y por supuesto: Mandas. Todos los años para fechas cercanas al 21 de octubre, una de mis tías organiza un paseo familiar a la Iglesia de Portobelo a visitar el santo, y de regreso, pasamos por una de las más famosas playas de Colón: La Angosta.

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Esta playa es muy segura, ya que el terreno es plano y generalmente hay rescatistas ya que se paga una tarifa en la entrada, dependiendo de la cantidad de personas que vengas en el auto, bus, etc. También poseen baños y ranchos que se pueden alquilar a precios módicos para sentarse tranquilamente o puedes llevar tus sillas, petate, paraguas. Abre de 10am a 4pm.

La playa es administrada por una empresa privada, cual tiene una concesión administrativa desde 1996 para 20 años. Esta empresa mantiene las instalaciones de la playa y también se encarga de la limpieza.

Hay variedad de comidas, y también puedes llevar la tuya, por un costo extra dejan entrar coolers. Existe un restaurante en donde venden mariscos y también hay puestos donde venden pescado frito, etc. Además de eso tiene un quiosco donde comprar chucherías.

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Cómo llegar

Si vas en auto debes tomar la carretera Panamá-Colón y doblar a la derecha al llegar a Sabanitas (cuando doblas, el supermercado REY te quedará a mano derecha). Luego sigues derecho pasando las comunidades de Puerto Pilón, María Chiquita hasta llegar a Playa Langosta, y otros pueblos, hasta llegar a Portobelo. El trayecto hasta Sabanitas toma una hora y hasta playa Langosta 30 minutos más por una carretera totalmente asfaltada.

En bus: Vas a la Terminal de Albrook, y tomas un bus de la línea Panamá – Colón, que tienen servicio expreso y normal, y siguen la carretera Transístmica. Debes bajarte en la entrada del pueblo de Sabanitas, a un costado del Supermercado El Rey. Aquí tomas un bus hacia Portobelo o la Costa Arriba (trayecto total: 1:30 minutos en bus expreso – 2:30 minutos en bus normal).

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De Sabanitas a Playa Langosta

Se llena de visitantes los fines de semana, pero nada exagerado. Últimamente las personas se dirigen a islas cercanas y han dejado de lado este paraíso tropical. Como sea, nosotros preferimos ir días de semana ya que la gran cantidad de personas, generalmente trae basura y a veces, uno se la encuentra en el mar, lo cual es triste. Importante tomar en cuenta que los fines de semana, los locales ponen música con el volumen muy elevado, lo cual puede ser desagradable para la mayoría.

La playa es de arena blanca y pocas partes de arena negra, a la mano izquierda se encuentra un bosque de manglar muy interesante.

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Estrella de mar del Caribe: Luidia senegalensis.

Estrella de mar del Caribe: Luidia senegalensis.

En innumerables visitas, hemos podido ver de cerca estrellas de mar y muchos peces de colores, lo cual la hace apta para el snorkel, aunque la mayoría no lo practique aquí, es muy propicio.

Es necesario prestar la debida atención que se requiere en cualquier playa, algunas veces hay marea alta y los guardavidas solicitan a las personas no introducirse muy lejos de la orilla. Recordemos que ellos están haciendo su trabajo, procurando el bienestar de todos.

Como en cualquier playa donde acude bastante gente, procura no ir solo y estar siempre pendiente de tus pertenencias, así como de su auto. En caso de ir en transporte público, los buses en esta área prestan servicio hasta las 4pm.

Galería

Cuando hablamos de Portobelo, de inmediato imaginamos esas ruinas de los fuertes construidos en la época de la conquista española o un mar verdoso y Caribe por doquier. No se equivocan pero, el Parque Nacional Portobelo es más que eso.

Desde la ciudad de Panamá, debes conducir aproximadamente 100Km para llegar a este parque. Posee 35,929 hectáreas y fue creado en el año 1976 pero se conoce muy poco de sus montañas, ríos, vegetación. Por su importancia histórica se valoriza más el lado marino pues en su interior se encuentra uno de los puertos más importantes naturales más bellos de todo el Caribe, la Bahía de Portobelo, bautizada así por Cristóbal Colón en el año 1502, en su cuarto y último viaje al Nuevo Mundo. Las fortificaciones que se conservan rodeando la ensenada fueron declaradas por la UNESCO en el año 1980 Sitio del Patrimonio Mundial.

Esta vez nos fuimos un poco más allá de lo normalmente conocido. Este parque nacional conserva ríos y montañas en un estado increíblemente virgen. En él se encuentra la Sierra Llorona, en la que nos adentramos, y en la que llueve 286 días del año.

La topografía del parque es muy complicada. Su punto más alto es Cerro Bruja, con 979 metros de altitud, situado en la divisoria de aguas continentales. Los cerros Pan de Azúcar y Palmas y una estrecha franja montañosa dentro del límite norte de la cuenca del Canal de Panamá.

Protege la cabecera y cuencas hidrográficas de los ríos más importantes de la región como el Cascajal, Guanche, Piedras, Iguana, el Iguanita y el Brazuelo.

Nuestra misión sería caminar por la selva hasta llegar al Salto de los Monos, uno de los más altos del país y el más alto de la provincia de Colón, con 74 metros de altura. El team Enlodados se preparó con semanas de anticipación para esta aventura, todo estaba listo para emprender una excursión que resultó siendo más de lo que esperábamos.

Una vez en Sabanitas nos fuimos al supermercado a comprar los enseres necesarios para la expedición. Todos traían su agua, elemento de suma importancia para una caminata de esta magnitud; algunos cenaron a esa hora pues el tiempo nos había traicionado.

Nos fuimos rumbo a Guanche en donde iniciaría la aventura. En medio de la oscuridad de las 12 medianoche bajamos del bus panel y preparamos todo para iniciar a caminar, si, ¡a esa hora!

Una oración de protección antes de partir y ya en mi sangre fluía la adrenalina, pidiéndole a Dios que nos concediera las fuerzas para completar la expedición.

Creo que por la hora, lo fresco de la noche y la emoción, nadie sentía si quiera el peso de las mochilas.

Pasamos por un potrero en el que ya el lodo se hacía presente. Al salir de allí bordeamos el río Guanche, caminamos justo al lado del río, casi sin darnos cuenta de su precensia por la oscuridad de la noche. Nos topamos con una zarigüeya que nos veía desde un árbol.

Caminamos aproximadamente una hora hasta el lugar en donde debíamos acampar, allí desempacamos y armamos las carpas. Los muchachos prefirieron dormir a la intemperie ya que la humedad era horrible, incluso se bañaron en el río Guanche a esas horas de la noche, buscando que se los llevara “Madre Agua”.

A la mañana siguiente nos preparamos para lo que realmente sería el inicio. Arreglamos todo y distribuimos peso. La caminata inició fresca a eso de las 7am y lo primero que tuvimos que hacer fue cruzar el río Guanche, amplio, y de aguas claras.

Luego pasamos por otro potrero, en donde el paisaje era exuberante, la neblina coronaba las cimas de las montañas, el verde del pasto era increíble y estábamos en frente del cerro Pan de Azúcar.

Tengo una afición por los árboles gigantes y desde mucho antes había visto en fotos el que a continuación veríamos. Justo antes de la caminata de este día, le pregunté a Jorge en donde estaba ese árbol. Solo vi cuando él mismo se trepó a una de las lianas del árbol y empezó a balancearse como Tarzán y por supuesto que todos los demás probamos suerte, pero mis brazos de trapo no son para eso.

Éste árbol Ceiba (Ceiba pentandra) es impresionante, no tanto por la altura si no por lo ancho de su tronco o base, que mide aproximadamente 6 metros y tiene más de 400 años.

Ya sudábamos y algunos fueron hasta el río a lavarse el rostro para continuar caminando por senderos de helechos que nos raspaban la piel, subiendo y bajando de troncos caídos, putrefactos. Al borde del Guanche íbamos, precioso de aguas verdes y profundidades perfectas. Algunos caímos, otros caminaban invictos. De pronto nos encontrábamos con quebradas, charcos o pozos de lodo. La dificultad se hizo mayor cuando el terreno se tornó quebrado y fue necesario subir y bajar algunas pequeñas pendientes.

Esta sierra está conectada con Cerro Bruja, que lleva este nombre, según ciertas versiones de leyendas, donde la más conocida es que hace 30 años varias personas intentaron subir este cerro, le dieron la vuelta a la montaña y no lograron salir del lugar.

En ocasiones encontramos derrumbamientos o árboles gigantes caídos y fue necesario tomar otras vías. En una de esas, debimos bajar por el río para seguir por éste y pasar a otro tramo. Un gran árbol hacía de puente natural, y cuatro árboles se levantaban sobre el río Dos Bocas, dando a saber que habían sobrevivido a alguna crecida.

El calor agobiante de la selva, y el peso de las bolsas nos tenían sofocados pero a la vista estaba una pequeña caída de agua revoltosa en la que los guías nos dejaron refrescarnos por un rato. Luego avanzamos sobre la selva que a cada paso se volvía más espesa, de bosque muy húmero tropical; vimos heliconias, bromelias, hongos de todos los tamaños y formas, notamos árboles del dosel de hasta 20 metros o más, algunos con lianas. Llevábamos más de 3 horas caminando.

Faltaba poco para llegar a la cascada “Solange”, nombre que le dieron en honor a una señora francesa que hizo esta misma expedición, con el CEI. Allí descansamos y nos metimos a la caída de agua pues luego de allí sería poco lo que faltaba para llegar al refugio.

Continuamos caminando, el cansancio era notable pero la felicidad y las ansias de llegar eran mayores, si lo que habíamos visto hasta el momento era hermoso, lo que faltaba por ver era prometedor.

En el último tramo antes de llegar al refugio, “la cosa se puso buena”, fue necesario pasar al lado de un panal de abejas, luego subirnos a un árbol algo elevado, pasar sobre este caminando de lado con tal de no caernos al vacío, para luego bajar a otro tronco y finalmente al suelo. Pero en poco tiempo estuvimos en el refugio, en donde desempacamos y descansamos felices por haber llegado.

Era mediodía, almorzamos algo ligero y armamos el camping y hamacas, cocinamos lo que sería la cena, que graciosamente fue demasiado creativa pues se nos olvidó la sal; y nos fuimos rumbo a buscar “El Salto de los Monos”, que según nuestros guías, se encontraba a más o menos media hora del refugio.

El camino hacia el salto fue solo por la «Quebrada de los Monos», nos mojamos de pies a cabeza, también caímos innumerables veces. Pasamos por el “chorro Escalera” por el que era necesario subir y luego tratando de esquivar un plano limoso, Lurys resbaló y Moisés la agarró en el acto, eran casi 2 metros de caída, chistosamente yo caí en el mismo lugar, resbalé boca abajo sintiendo la escalera de roca en mi estómago, Carlos al verme se tiró a agarrarme pensando que debajo había alguna corriente de agua, pero solo fue el susto y luego tremendas las carcajadas, fue una caída de película.

Ya nos sentíamos cerca, cuando vi hacia arriba, casi al cielo, ahí estaba el Salto de los Monos e increíblemente las gotas caían hasta donde estábamos parados. Corrimos a él sin fijarnos en si nos golpeábamos con las piedras, me sorprendí demasiado, es un chorro con mucha altitud y fuerza, tanto que me dio miedo tanta belleza.

Nos contaron que hace algún tiempo un conocido le dijo que desde un lado de la montaña se veía un chorro inmenso y que estaba seguro de que nadie había llegado a él. Fue entonces cuando él y un amigo fueron en busca del salto. Les tomó 3 días encontrarlo y se fueron río arriba durante todo el trayecto. Cuando llegaron a él, estaba copado de monos aulladores y fue entonces cuando lo bautizaron con ese nombre. Hoy en día, solo el CEI, Enlodados y Ecolo Aventuras guían hacia el salto, pues nadie más conoce el camino.

Nos divertimos tanto como las fuerzas nos lo permitieron, nos tomó casi una hora desde el refugio hasta el salto, pero todo había valido la pena. Los guías instalaron una soga para subir el salto y llegar a otra poza de agua profunda en la que decidimos tirarnos. Hicimos wetrappel y clavados. El agua era verde cristalina, completamente limpia, solo de recordarlo me causa ansias de regresar. Un total fenómeno de la naturaleza.

De vuelta al campamento, caminé en calcetines y sin problemas llegamos al refugio, nos dimos otro baño en nuestro “baño privado” que consistía en una deliciosa quebrada cercana, y regresamos a cenar, lo que constaba de “coditos con tuna” hasta saciarnos.

En la noche salimos de las carpas, envueltos con tal de que no nos picaran los “tábanos” y empezamos un partido de “Uno” que duró varias horas, acompañado de varios vasos de café recién hecho y un arroz con maíz preparado en el fogón por los muchachos que hasta queso le echaron y todo fue un contento. Quizás esa noche fueron pocos los animales del Parque Nacional Portobelo que pudieron dormir.

A la mañana siguiente el desayuno fueron malvas, arroz con jamonilla y café pues todo lo demás nos lo habíamos comido 🙂  Pero estuvo delicioso.

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Y luego nos fuimos a conocer el «chorro Verde Esmeralda» que se encontraba a solo pasos del refugio. Me interesaba demasiado conocerlo pues lo había visto en fotos y se veía surreal. Al verlo en vivo me pareció magnifico, es una poza de aguas verde esmeralda, tal como lo dice su nombre, años después de ésta primera vez, Rey Aguilar tocó su fondo y midió casi 15 metros de profundidad. Puedo confesar, que durante esta expedición la mayor cantidad de agua que tomé era directamente de los arroyos y ríos, y es que era inevitable.

El regreso fue muy rápido, pero me caí y casi me disloco el tobillo, creo que el peso de la mochila y las piedras del camino me hicieron resbalar. Pero a pesar de eso, todo estuvo excepcional y al llegar a la carretera, una comida deliciosa nos esperaba: pescado al escabeche, lentejas, arroz y ensalada. ¿Qué más pedirle a la vida? Salud para seguir caminando…

Este parque nos sorprendió, es una maravilla. Panamá tiene lugares increíbles, inexplorados, fenómenos naturales e indescriptibles. Para mi es imposible transmitirles todo lo que se siente ante algo de esta naturaleza pero basta incitarlos a seguir conociendo este Istmo, que aunque pequeño, guarda en lo más profundo de sus selvas lugares impresionantes.

La caminata exige muy buenas condiciones físicas, es bastante lo que hay que caminar y la humedad es constante. Si deseas hacer esta travesía contácteme a info@enlodados.com para una próxima aventura.

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Tomamos un bus en la Terminal de Albrook, Panamá- Colón Corredor e  increíblemente en menos de 40 minutos estábamos en el Rey de Sabanitas, pero decidimos irnos hasta la Terminal de la ciudad de Colón para tomar el bus hacia Portobelo desde allí.

Por un momento nos sentimos desorientadas, pero ya dentro del bus todo fue más fácil. Después de mucho reggae, buhoneros cantantes, y algún buen tiempo en el autobús, llegamos a Portobelo.

Dimos un paseo por las ruinas y la iglesia del cristo negro, conocimos un mono cariblanco  y caminamos hasta el puerto del Fuerte de Santiago de la Gloria (las ruinas que están en la entrada del pueblo, mirando hacia la bahía) donde tomamos un bote, cuyo precio  fue de 25 dólares por las dos, Evelin y yo, ida y vuelta.

Después de 10 minutos en lancha, de una preciosa vista del Atlántico, yates, casas de veraneo y botes inflables rápidos, llegamos a nuestro destino, Playa Huertas, tan pequeña que dijera “personal”, aguas verde claro a turquesa, el bosque que rodea es tupido, invitante, húmedo, toda el área forma parte del Parque Nacional Portobelo.

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Hay un espacio racional donde se puede acampar y dejar las cosas personales, no hay agua disponible. Playa Huertas es genial para hacer buceo, con mucho cuidado, pues se han visto barracudas y anguilas morenas en variadas ocasiones.

El mar es bastante tranquilo y no hay muchas olas, por lo que dificultaría el surf. En los alrededores hay monos aulladores, en la fauna de la playa se pueden ver pelícanos grandes pescando, cangrejos, peces saltadores, entre otros.

Hablamos con los boteros y se comprometieron a venir a buscarnos a una hora indicada, pues éramos las únicas en la playa y está bastante difícil salir de allí caminando, que digo difícil, es casi imposible, así que con algo de miedo nos quedamos solas, disfrutando de lo rico de las aguas, en intimidad total. Es buena idea tomar el número de teléfono del botero o de alguien conocido en el pueblo de Portobelo.

A la hora indicada nos fueron a buscar, sin minutos de retraso. Llegamos a Portobelo y pernoctamos en un restaurante al lado del puerto donde nos atendieron como reinas, con comida deliciosa y nos consiguieron que dos señores nos llevaran hasta la Ciudad de Panamá muy amablemente.

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Al mediodía de un día de semana arrancamos para Colon con nuestro amigo Alain, proveniente de la Polinesia Francesa. Pasamos por las esclusas de Miraflores y nos detuvimos a tomar un par de fotos; nos demoramos más de una hora y media en llegar a Sabanitas, ya que en ese tiempo la carretera hacia Colon estaba malísima y llena de cráteres a causa de los grandes camiones…que pena con Alain, estaba consternado con el desorden del tráfico.

Pero todo mejoró cuando llegamos a el Rey de Sabanitas, ya después de ahí todo fue contento y hermosura! Empezamos a ver la costa, y Alain nos decía que esa parte de Panamá es muy parecida a su país… Más adelante vimos varios estuarios bajo puentes, algunas fincas con montañas a lo lejos y disfrutamos del paisaje de playa desde el auto.

Llegamos a la Iglesia del Cristo Negro de Portobelo, que encierra un silencio sepulcral, rodeada de imágenes antiguas, donde la devoción se remonta a los tiempos de la colonia, cuando se cuenta que un 21 de octubre de 1658 llegó, a la playa de Portobelo, la imagen del Cristo Negro. Solo son suposiciones, ya que todavía no se tienen referencias históricas precisas sobre este tema, pero por algunos cálculos intuitivos se puede decir que la imagen lleva en Portobelo más de dos siglos.

Nos contaron que hay varias versiones del origen de la imagen del Cristo Negro, entre las cuales podemos mencionar las principales:

La caja y la tormenta: Algunos cuentan que un barco que se dirigía a Cartagena de Indias, cada vez que intentaba zarpar de Portobelo se desataba una violenta tormenta, obligándoles a regresar al puerto. En el quinto intento, la tripulación estuvo a punto de naufragar, por lo que decidieron aligerar la carga tirando por la borda una enorme y pesada caja que llevaban en su bodega. Luego de esto el barco pudo navegar sin problema. Seguidamente unos pescadores encontraron la caja y cuando la abrieron vieron que era una imagen del Nazareno, llevándola luego al pueblo, la colocaron en la iglesia

La caja y la Epidemia: Otra de las leyendas cuenta que unos pescadores encontraron una caja flotando en el mar durante una epidemia y dentro estaba el Cristo y lo colocaron en la iglesia. Casi inmediatamente la epidemia se acabó y los enfermos se recuperaron rápidamente.

La equivocación de Imágenes: Una tercera leyenda asegura que la Iglesia de Taboga (una isla del Pacífico), ordenó la imagen de un Jesús Nazareno a un proveedor en España. Por otra parte, la Iglesia de Portobelo le solicitó al mismo artesano una imagen de San Pedro. Se produjo una equivocación al enviar las imágenes, y el San Pedro terminó en la Iglesia de de Taboga y el Nazareno en Portobelo. Todos los esfuerzos que se hicieron para tratar de subsanar la equivocación resultaron infructuosos, pues siempre ocurría algo que impedía al Nazareno abandonar el pueblo. De esta manera la comunidad interpretó las dificultades como un mensaje divino y desistió de la idea de intercambiar las imágenes. Incluso en los gozos dedicados a la devoción cantan:”…En Portobelo te quedaste, como signo de tu amor…” Es lógico que todas estas devociones estén acompañadas de ciertos mitos que para la gente es como norma de vida, de tal manera que las conferencias episcopales los obispos de cada diócesis y en casos más concretos los párrocos deben permanecer en silencio frente a los mitos de la gente con respecto a las devociones, que como tales son aceptadas por la iglesia.

Salimos de la iglesia y nos dirigimos donde había una venta de molas, collares, pulseras, artículos hechos a mano por los indígenas kunas que emigran de San Blas hacia Portobelo para en vender sus productos.

Vimos en otro punto de venta un mono cariblanco que estaba amarrado con una cuerda; nos acercamos para tocarlo y nos tomamos algunas fotos con el tan fotogénico animalito.

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La Bahía de Portobelo fue descubierta por Cristóbal Colón el 2 de noviembre de 1502 en su cuarto viaje a América. Está rodeado de fortificaciones que en la época de la colonia, en los siglos XVI, XVII y XVIII, fueron utilizados para defenderse de los cruentos ataques de los piratas cuando esta región tuvo un auge por el oro, plata y mercaderías que la corona española traía de América del Sur.

Caminamos hacia el Fuerte Batería de San Jerónimo donde se refugiaron los españoles de los ataques del pirata Henry Morgan en junio de 1668, ya que en Portobelo se encontraban grandes riquezas que fueron tentación para el pirata, quien antes de atacar Panamá, capital de Castilla de Oro, le asaltó por sorpresa. Con una tropa de asalto de 460 hombres, logró tomarse Portobelo. Ahora el fuerte es patrimonio cultural y es utilizado por los lugareños para jugar fútbol, entre otros.

Logramos entrar en uno de los calabozos, llamados comúnmente mazmorras, justo debajo del fuerte Batería de San Jerónimo. Al regresar del viaje investigué un poco del tema y encontré que en el Fuerte de San Lorenzo en la desembocadura del rió Chagres también existen mazmorras o galerias subterráneas en las cuales estuvieron recluidos grandes personales de la historia en épocas de colonización española.

No logré encontrar acerca de quien estuvo en el calabozo visitado, pero nos pareció impresionante estar allí, en el mismo lugar donde personas pagaron calamidades y sufrieron condenas. Curioso fue que después analizando las fotografías, nos percatamos de que en una de ellas, en el calabozo, la pared tenia una forma de un rostro de colonizador renacentista o de pirata, con bigote incluido.

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Caminamos por las calles del pueblo hasta llegar a otro fuerte: Santiago de la Gloria, en el camino nos encontramos con una perrita muy cariñosa que se tiro en el piso tratando de llamar nuestra atención.

Según se cuenta, Francis Drake decía que superaba en artillería al famoso Castillo de San Felipe. Santiago de la Gloria está ubicado en la entrada de Portobelo, y desde allí las baterías de defensa tenían una vista estratégica para dominar a los piratas que intentaban entrar a Portobelo.

Al llegar a Santiago de la Gloria se puede caminar entre las ruinas y los cañones y observar la garita donde la historia cuenta que Morgan degolló al centinela.

Portobelo representaba para España un centro con mejores condiciones que Nombre de Dios, que había sido utilizado en el Caribe como base de operaciones.

Fue hermoso compartir nuestra historia con un extranjero que vive en un país considerado de los más bellos del mundo y que para él, Panamá es un precioso rincón de Centroamérica, tomando en cuenta que muchas veces, ni nosotros los que tenemos el privilegio de ser llamados «panameños”, sabemos apreciar.

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