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Cascada La Gloria y Cascada La Tulivieja, Capira

Fuimos con mi prima postiza Roxana (nieta de la señora Tunina que menciono en el post de Bajo Bonito), ya que ella se dirigía a La Gloria a dejar un mandado; generalmente no existe transporte público hasta La Gloria así que los pobladores acostumbran caminar diariamente hasta llegar a sus hogares.

Pasamos varias quebradas, a decir verdad, bastantes. Vimos el cerro Chichibalí de Capira a lo lejos, por instantes nos rodeaba la neblina y nos serenaba la lluvia.

Nos topamos con muchas aves, pero la más característica fue la oropéndola, que con su canto alegraba el camino y nos advertía que cuidaba de sus nidos.

La Gloria

Ya el sudor se hacía presente y caminamos más rápido que de costumbre, aunque a pesar de nuestros esfuerzos, todo nos tomó 2 horas exactas, sin importar que nos habían dicho que el camino era solo una hora. Sinceramente, cuando hablamos de tiempo con la gente del campo nunca les creo, ellos caminan muy rápido y generalmente no poseen reloj o indicador del tiempo.

Nos percatamos de que bordeamos el río, de nombre Cirí Grande, que posee muchas caídas de agua y algunas cercanas a la vía principal. La gente de estos pueblos saben el valor del agua, y cuidan sus ríos como oro.

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En este lugar las casas están distanciadas unas de otras y separadas por hectáreas grandes de terreno que utilizan para cultivar víveres. La escuela primaria es nueva, pero antes de que existieran los niños debían caminar hasta Bajo Bonito para recibir clases.

La luz eléctrica en La Gloria es nula y la única manera de poseerla es mediante paneles solares que realmente es un recurso lejano, puesto que gran parte de las familias en esta comunidad son de bajos recursos.

Al terminarse la calle, entramos a un sendero mágico repleto de sonidos producto de la cantidad de aves que en él había, atravesamos una loma en donde el lodo era rojizo y formaba escalones hechos por los caballos. Llegamos a una casa “en medio de la nada” y digo esto porque era una casa grande, linda, con un patio extenso y llano, con una vista espectacular de las montañas.

Desde ahí caminamos quizás unos 15 minutos, topamos otra casa, ésta de madera en donde vive una hermosa familia, que hasta el día de hoy sigue siendo una “familia amiga” (2016) y atravesamos una quebrada que estaba detrás, cruzamos un alambre de púas, caminamos 3 minutos y allí estaba la Cascada La Gloria.

Nuestra recomendación es pagar a los dueños de la casa de madera entre 3 a 5 dólares de colaboración.

Si les digo cuanto mide, les miento. Para mi, y sin haberla medido, digo que quizás unos 70 metros. Realmente es una cascada escalonada, o sea que se puede subir con cuidado, arriba se encuentra la cascada La Tulivieja y otras más. Nos dedicamos a contemplar su belleza, embelesarnos con tan magnífica obra de la Naturaleza y bañarnos en sus frías aguas, que invitan al deleite.

El pozo principal es reducido, no es hondo, lo cual lo hace seguro. En la parte de arriba hay una poza mucho más amplia, pero para llegar allá las condiciones no son tan buenas y es mejor hacerlo en verano, un accidente ahí sería inminente. No dejo de pensar en cómo será la fuerza del agua en época de invierno, ¡de seguro imponente!

Al poco tiempo nos regresamos y nos quedamos un rato conversando con Mary Ovalle, la dueña y señora de esos terrenos, una mujer amable y carismática, nos ofreció guineos y nos mostró sus orquídeas. Compartimos el lunch con la familia, admiramos el paisaje, nos despedimos y caminamos de vuelta a Bajo Bonito, claro ahora nos tomó menos tiempo pues casi todas las pendientes eran en descenso.

Así es que… ¡una vez más! los invito a caminar Panamá… ¡hay tantos lugares hermosos por descubrir, tanto por recorrer! Si deseas que visitemos algún lugar especial de tu provincia, invitanos, y nosotros iremos con la mochila a cuestas a caminar, tomar fotos y mostrarlo al mundo por medio de ésta web. Es importante recalcar que lo que llevas, lo tienes que traer. Vive sin dejar rastro.

Valora lo natural, el agua, los ríos, piensa si realmente necesitas destruir una montaña, ¿porqué mejor no hacer turismo sostenible con un plan de capacidad de carga para no afectar su entorno? Ama tu país, que tan hermosos lugares tiene.

Fotos

Salto el Bejucal o Chorro de los Aizpruas y Río San Juan en Calobre, Veraguas

Luego de una visita a Santa Fe de Veraguas, tomamos la calle que conduce hacia Calobre, luego de salir de la iglesia de San Francisco de la Montaña.

El nombre Calobre se originó ya que así se llamaba un cacique del área. Este distrito está formado por doce corregimientos: Calobre, Barnizal, Chitra, El Cocla, El Potrero, La Laguna, La Raya de Calobre, La Tetilla, La Yeguada, Las Guías, Mojarás y San José.

En Calobre, una de las principales actividades es la cosecha de sandía, gran parte de la cual es exportada al extranjero. Se dice que es la mejor de Panamá, gracias a las condiciones de la tierra, algo árida, de este distrito.

Justo en la carretera, mucho antes de llegar al pueblo, vimos un anuncio con imágenes que indicaba los lugares turísticos que se pueden encontrar en este bello distrito: El Salto Bejucal, el río San Juan, la laguna La Yeguada, Los Sandiales y los Pozos Termales de Calobre. Tratamos de encontrar los que nos fuera posible, y nos interesamos especialmente por llegar a los pozos termales. Sin embargo, al parecer, estos tienen un acceso complicado.

Justo debajo de un puente, en el corregimiento de Tetilla, se encuentra el Salto El Bejucal. Es un imponente chorro de agua que, iracundo, rompía con fuerza gracias a su caudal de invierno, lo que hacía que el agua se tornara turbia. Nadie se estaba bañando en ese momento, y preferimos no tomar el riesgo. Está rodeado de abundante vegetación, y el lugar es muy bonito, a pesar de estar justo debajo del puente.

Pocas personas conocen el salto ya que por su ubicación estratégica es muy difícil darse cuenta que se encuentra semejante maravilla. Tampoco hay ninguna señalización, recomiendo preguntar en la carretera luego de 30 minutos de haber salido de San Francisco de la Montaña.

Río San Juan

Al salir del Salto, seguimos en la carretera hasta ver el Río San Juan, al que vislumbramos sólo desde un puente y el tiempo no nos dio para bajar.

Se apreciaban extrañas formaciones rocosas, quizás causadas por la erosión del tiempo y definitivamente una acción volcánica antigua. El Río San Juan forma parte importante de Calobre ya que sus aguas son desviadas hacia la quebrada las Lajas, que a su vez es el único afluente de la Laguna La Yeguada, para aumentar el volumen de agua utilizable hacia la generación de energía eléctrica.

Para llegar a Calobre se puede ir por dos rutas: desde Santiago, pasando por San Francisco de la Montaña y luego desviándose hacia Calobre, esto te toma un tiempo de 45 minutos. Si vienes por la carretera Interamericana puedes tomar la ví­a que conduce hacia el Jaguito en el Roble y esto te toma un tiempo de 1 hora y 20 minutos hasta llegar a Calobre. Desde la ciudad de Panamá es aproximadamente 3 horas y 15 minutos. “Calobre es un paraíso por conocer”.

Trip Enlodados: Camping en la Laguna de San Carlos/ Ascenso al Cerro Picacho con estudiantes de la Universidad de Panamá.

camping con la gente de la U 025

Hace poco estuvimos haciendo camping en la Laguna de San Carlos con los estudiantes de la Escuela de Turismo Geográfico Ecológico de la Universidad de Panamá. Fue gratificante ver la emoción y la organización de la actividad, pues todo salió como lo esperábamos.

Lo primero que hicimos fue limpiar un poco el lugar, ya que la hierba estaba crecida. Luego armamos las carpas y las aseguramos. Esta vez, el precio por carpa fue de 5.00 dólares y la entrada a la laguna fue de 0.50 centavos por estudiante.

Nos fuimos a subir el cerro y empezamos el ascenso muy bien. Algunas jóvenes sintieron agotamiento, pero todos disfrutamos del ambiente y de la naturaleza. Fue muy gratificante llegar a la cima, pues todos estuvieron felices y conformes con la encantadora vista desde el Cerro Picacho. Incluso llegamos a una cima en la que Enlodados nunca había estado, a 1,082.33 metros de altura, que es la máxima del Picacho. Al parecer, este cerro se vuelve cada vez más interesante. La neblina nos cubrió y tuvimos que bajar apresuradamente, temiendo que comenzara a llover.

Durante el descenso, más de la mitad del grupo se resbaló. Las caídas formaron parte de la diversión del momento.

Al llegar nuevamente a la laguna, nos dimos un tremendo baño en sus frías aguas. Fue placentero, como siempre que se visita este hermoso lugar. A medida que atardecía, la neblina fue cubriendo más y más la laguna, hasta que llegó un momento en que desaparecimos dentro de ella.

Después cocinamos una deliciosa cena compuesta de pollo guisado, arroz con vegetales, plátanos, chorizos, ensalada… en fin, una algarabía de sabores que compartimos con entusiasmo.

Luego de contar los tradicionales cuentos de miedo, cada quien se fue a su carpa a dormir, aún con el susto en la piel. A la mañana siguiente, tomamos el desayuno y luego tuvimos partidas de fútbol e incluso voleibol en la laguna.

Más tarde nos despedimos de la gente de la laguna y nos encaminamos hacia Playa Corona para pasar la tarde.

Todo salió a la perfección. Nos divertimos, compartimos, y muchos adquirieron experiencia para los próximos campings… que, sin duda, serán muchos más.

Parque Nacional General de División Omar Torrijos Herrera

Hace poco emprendimos una travesía hacia el Parque Nacional General de División Omar Torrijos Herrera (PNGDOTH), un tesoro natural enclavado en las tierras altas de la Cordillera Central, en el distrito de La Pintada, comunidad de El Copé, provincia de Coclé. La entrada al parque se encuentra a pocos minutos después de pasar Penonomé, antes de llegar a El Caño, tomando el desvío por la comunidad de La Candelaria.

Este parque fue creado mediante el Decreto Ejecutivo N.º 18 del 31 de julio de 1986 y forma parte del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SINAP), con el propósito de resguardar la extraordinaria biodiversidad de la región central panameña. Además, su relevancia histórica es innegable: lleva el nombre del General Omar Torrijos Herrera, ya que en su interior se encuentra el Cerro Marta, donde se estrelló la avioneta en la que perdió la vida el general. Hoy día, este espacio también forma parte del Corredor Biológico Mesoamericano.

El acceso se da por la carretera que nace en el kilómetro 167 de la Vía Interamericana, a la altura de la comunidad de La Candelaria. Desde allí se recorren aproximadamente 28 kilómetros hasta llegar a El Copé, y luego se continúa hacia el norte en dirección a la comunidad de Barrigón. Desde este punto, parte un camino empedrado de 5 km que asciende hasta el cerro El Calvario, ya dentro del parque. Este tramo final requiere vehículo 4×4 debido a sus condiciones.

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Los buses solo llegan al Chorro las Yayas, enclavado en las faldas del parque. Pero es fácil contactar con los taxis 4×4. Generalmente por un costo aprox de 20$ el viaje.

La temperatura es muy agradable entre 18 y 29 grados.

Cubre una extensión de 25,275 hectáreas y dentro de sus límites se encuentran siete comunidades: El Potroso, Las Peñitas, El Tigre, La Rica, El Guabal, Río Blanco y Caño Sucio. En sus alrededores se encuentran los poblados de El Copé, Barrigón, La Junta, Cerro Hueco, Belencillo, Aguas Blancas, Bateales y Palmarazo.

Protege las cabeceras de los ríos más importantes de la región coclesana: río San Juan, el río Belén y el Concepción en la vertiente caribeña; y el río Grande, el río Marta y el río Nombre de Dios en la vertiente del Pacífico. En su territorio sobresalen los cerros Negro (1408 metros), Peña Blanca (1314 metros), Blanco (1192 metros) y Cerro Marta (1046 metros).

En el año de 1986 la superficie del parque era de seis mil hectáreas, sin embargo, la misma fue ampliada según criterios ecológicos en el año de 1996 a 25,275 hectáreas, con el propósito de incorporar tierras que requerían su conservación y protección.

Por seguridad, dejamos el auto y seguimos a pie.

Al llegar a el Copé vimos una primera entrada hacia el Cerro Marta, seguimos y encontramos otra entrada directo al parque. Fue un recorrido de media hora hasta llegar al Centro de Visitantes. Pasamos por la comunidad de Barrigón, también por la entrada del Chorro las Yayas, incluso pasamos sobre un riachuelo y unos minutos después estábamos en la oficina de control y monitoreo ambiental de Anam, en la cual no había nadie y nos tomamos el beneplácito de seguir, algo un poco extraño pues en este puesto laboran dos guarda parques por turno y es donde debe hacerse el pago de la entrada.

La vista era impresionante, se veía lo recorrido desde la carretera Interamericana, vastas montañas, un paisaje increíble en donde se puede apreciar casi todo el Copé y el Océano Pacífico.

Minutos después nos topamos con el responsable de Anam y nos dio el permiso de seguir, nos explicó de dejar el auto en el centro de visitantes en caso de subir al Cerro el Calvario.

Hicimos lo establecido y empezamos la caminata hacia El Calvario, que bien tiene su nombre pues subíamos y subíamos, nos demoramos aproximadamente 30 minutos hasta llegar a la cima. En el camino pudimos disfrutar de la diversidad de flora del parque. El cerro se encuentra a 912 metros sobre el nivel del mar y es unos de los pocos sitios donde en días claros se pueden observar los dos mares, y efectivamente tuvimos la dicha de ver el Mar Caribe y el Océano Pacífico. Ya que el sol era incandescente y radiante.

Fue impresionante ver la majestuosidad del Cerro Marta, en el cual cayó la avioneta en donde murió el general Omar Torrijos, motivo por el cual el parque lleva su nombre. A lo lejos vislumbramos las comunidades de Coclesito, San Juan de Turbe, Boca de Toabre incluso Coclé del Norte.

En la parte más elevada del parque, se desarrollan bosques pluviales montanos bajos y a medida que se desciende están los bosques pluviales y húmedos premontano, y los muy húmedos tropicales.

Se cree que de las 2 mil 604 especies de plantas y 552 especies de vertebrados terrestres que se encuentran en la provincia, la mayoría tiene presencia en el parque. Existe también una gran diversidad de especies endémicas o propias de estos bosques, unas 60 muestras han sido recolectadas dentro de la zona montañosa. Según los estudios científicos, el área se originó por la alternancia de las actividades volcánicas y sedimentarias que caracterizaron la formación del istmo de Panamá.

Monolena glabra

Se observan exuberantes helechos arbóreos, palmas, enormes árboles como el guayacán y jacaranda, musgos, muchas orquídeas, bromelias, heliconias, anturios, algunas plantas endémicas como la selaginelas, scheffleras, la emblemática Monolena glabra y el árbol copé, nativo del parque.

También posee la planta carnívora (Drossera capillaris) característica de los suelos pobres en nutrientes. Se encuentra la única zamia epifita en el mundo y sus hojas asemejan la de una palma.

Solo en aves se pueden observar aproximadamente 350 especies diferentes, el colibrí­ pico de hoz, por su diseminada presencia, ha sido escogido como ave símbolo del parque. El Ave Sombrilla (Cephalopterus glabricollis) que según la actualización de la Lista Roja de la UICN de Especies Amenazadas, de su estatus de ‘Vulnerable’ pasó a estar ‘En Peligro’; anualmente los observadores de aves se dirigen a este parque en busca de poderse encontrar con esta ave e incluirla en su lista de “lifebirds”.

Bajando del Calvario, toqué una planta con pelos urticantes. Después, llegamos al centro de visitantes, donde pagamos la entrada y disfrutamos de su mirador, patio y senderos.

Recorrimos varios senderos: el de la Rana (2 km), los Helechos (800 m, accesible) y el Cuerpo de Paz (2 h, más exigente).

Cerca del parque hay cascadas como Tife Alto y Bajo, que requieren logística y excelente condición física, pues Tife implica caminar más de 30 km.

Alto Tife
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Personalmente hemos tenido la dicha de ver un jaguarundi detrás de la cabaña, también zarigüeya gris, ardillas enanas (Microsciurus sp).

Nos retiramos del centro de visitantes y fuimos directo al Chorro las Yayas a relajarnos bajo sus frías aguas.

Como leen y ven, el Parque Nacional Omar Torrijos posee todo en un solo lugar, es un sitio excepcional, lleno de vida silvestre, muy bien conservado, y esperando ser visitado.

Fuerte San Lorenzo, Área protegida San Lorenzo, Colón

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Hace poco fuimos hasta el Fuerte San Lorenzo, dentro del área protegida del mismo nombre. Para llegar a él, fue necesario pasar sobre las esclusas de Gatún y entrar en Fuerte Sherman, una ex base militar rodeada por una espesa selva, rica en diversidad de especies.

Antes de cruzar el puente de Gatún sobre el Canal de Panamá, tuvimos la magnífica experiencia de ver varios gatos solos (coatíes) con sus crías corriendo de un lado a otro por la carretera, jugando y huyendo de los autos; se introducían por las rendijas de la malla ciclónica. Después pasamos por el puente sobre el Canal y fue una gratificante experiencia ir en auto justo al lado de las históricas esclusas de Gatún.

Así se cruzaba hacia Costa Abajo en el año 2010, antes del 3er puente sobre Canal de Panamá.

Para llegar, es necesario ir hasta Cuatro Altos, en Colón, y desde allí es muy fácil llegar siguiendo las señalizaciones que indican “Fuerte San Lorenzo”.

El Fuerte San Lorenzo fue declarado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad en el año 1980 bajo la denominación de las Fortificaciones de la costa caribe de Panamá, con las fortificaciones de la ciudad de Portobelo. Formaban el sistema defensivo para el comercio transatlántico de la Corona de España y constituyen un magní­fico ejemplo de la arquitectura militar de los siglos XVII y XVIII.

Al llegar al lugar el olor de la selva nos invadió, vimos muchas aves desde lejos, algún ñeque pasar al lado de la carretera. En medio de unas ruinas de casas abandonadas nos recibió un guardia que nos dio indicaciones.

Ubicada en la ribera oeste del Canal de Panamá, en la costa atlántica, el Área Protegida San Lorenzo contiene 9,653 hectáreas de bosques, manglares, cativales y arrecifes, además de 20 km de costa. Es una pieza importante del Corredor Biológico Mesoamericano, además de constituir la parte más al norte del corredor biológico norte-sur entre los océanos Atlántico y Pacífico.

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Llegamos a las ruinas de San Lorenzo y el silencio penetraba, la yerba crecida hizo que inmediatamente empezaran los mosquitos a trabajar. Creo que justamente la Anam debería encargarse de limpiar el área; pero bueno, llevábamos ya una información corta del Fuerte y al pisar la primera ruina, en donde está el castillo, todo fue impresionante.

En los años de oro, este fue uno de los principales fuertes para la custodia de riquezas provenientes de las colonias suramericanas y de la Vieja Ciudad de Panamá. Conocido como uno de los tres fuertes más importantes de América, fue esencial para la protección del comercio español. Constantemente era atacado por piratas, corsarios y bucaneros en busca de los tesoros que se almacenaban allí, provenientes de las colonias suramericanas y de la Vieja Ciudad de Panamá.

El Fuerte San Lorenzo era un punto estratégico en la defensa española, ya que fue construido en una península, sobre uno de los puntos más altos del lugar y en la desembocadura del río Chagres. Desde allí se observaba la llegada de los galeones españoles hasta la desembocadura del río, y era un lugar primordial de defensa. Desde lo alto, se puede contemplar un paisaje impresionante y rememorar aquellas increíbles luchas entre corsarios y piratas, como si se estuviera en una película.

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Y así fue como el legendario pirata inglés Henry Morgan logró tomar el Fuerte de San Lorenzo, tras varios intentos fallidos. Aunque lo intentó en dos ocasiones previas, no fue sino hasta 1670 cuando, siguiendo sus instrucciones, el fuerte —en ese entonces bajo el control del corsario Joseph Bradley— fue finalmente atacado. Este asalto no fue por mar, como cabría esperar, sino por tierra: Bradley desembarcó con unos 400 hombres en un pequeño puerto cercano al castillo, eludiendo el alto arrecife que protegía la costa, considerado casi inexpugnable.

Este golpe no fue casual. Morgan tenía un plan estratégico: destruir el Fuerte de San Lorenzo como paso previo para invadir la Vieja Ciudad de Panamá, utilizando como ruta el río Chagres, vía fluvial clave para el tránsito colonial.

Los antecedentes de este tipo de ataques se remontan a 1572, cuando el también célebre corsario Francis Drake atacó las costas del Reino de Tierra Firme, en particular el puerto de Nombre de Dios y el Camino Real, por donde transitaban los tesoros extraídos del Perú. Estas amenazas obligaron a la Corona española a reforzar sus defensas en el litoral atlántico.

Así fue como nació la idea de construir el Fuerte de San Lorenzo. Su propósito: custodiar la entrada a la red fluvial que conectaba con el corazón comercial de la antigua Panamá. La construcción se inició en 1598, por orden del rey Felipe II, y concluyó en 1601. Los planos de esta imponente fortaleza fueron diseñados por el renombrado ingeniero italiano Juan Bautista Antonelli.

Lo más fascinante de esta edificación es su ubicación: el castillo fue levantado sobre un imponente arrecife que domina por completo la desembocadura del río Chagres. Entrar a este río no era tarea sencilla: las embarcaciones debían avanzar a remo hasta la Casa de Cruces, y desde allí seguir mediante un sistema de palanca, operado por expertos llamados “proeles”, generalmente esclavos negros de gran fuerza. Era una maniobra compleja que los invasores raramente podían replicar. Además, estaban expuestos a la arcabucería que defendía la costa. Si eran abatidos, la corriente empujaba irremediablemente sus embarcaciones mar adentro.

La estructura original del Castillo de San Lorenzo era la de una fortaleza avanzada, rodeada de empalizadas rellenas de tierra que funcionaban como muros defensivos. Su verdadero valor militar radicaba en su ubicación estratégica, dominando una amplia extensión del mar y facilitando así el control de la desembocadura del río Chagres. Por esta razón, se le consideró durante mucho tiempo como el centinela del gran triángulo estratégico del Istmo de Panamá.

Entre los años 1616 y 1620, el fuerte contaba con “seis piezas gruesas de bronce, su Castellano como Capitán, y soldados de presidio encargados de la defensa de la entrada”. Ya en 1620, las autoridades españolas comenzaron a tomar conciencia del deterioro que presentaba la fortaleza, señal clara de su importancia dentro del sistema defensivo colonial.

En el patio interior aún se conserva una antigua cisterna o pozo de gran diámetro, que servía para abastecer de agua a la guarnición. Más adelante, en el extremo más cercano al mar, se encuentra una escalera de caracol tallada en piedra, que desciende hacia un nivel subterráneo. Esta escalera habría servido como ruta de comunicación hasta el barranco, operando como una avanzada subterránea desde la cual se podía observar al enemigo o desempeñar funciones tácticas. Aún hoy, estas galerías subterráneas, que atraviesan el castillo en distintas direcciones, evocan un ambiente de misteriosos laberintos defensivos, pensados para confundir e interceptar cualquier intento de invasión.

En las ruinas de los edificios situados en la meseta inferior, se aprecia el uso de piedra en las bases y en parte de los muros, mientras que los niveles superiores fueron construidos con ladrillo. Son visibles arcos de medio punto y estructuras adinteladas hechas también con ladrillos, lo que evidencia una combinación de estilos arquitectónicos propios de la época. Las garitas de vigilancia también fueron construidas con este material, resistiendo al tiempo y al clima de la costa.

Las ruinas del Fuerte San Lorenzo de Chagres, con sus bastiones, camino de ronda, casamatas, polvorines y salas de armas, reflejan claramente el estilo carolino (siglo XVIII, reinado de Carlos III de España). De hecho, tanto en este fuerte como en los de Portobelo y Chagres, es evidente cómo las estructuras originales del siglo XVII fueron posteriormente modificadas y restauradas bajo los cánones de la arquitectura militar del siglo XVIII, lo que les confiere un carácter único y profundamente histórico.

El Fuerte San Lorenzo no solo cumplió funciones defensivas como bastión militar, sino que, tras su reconstrucción, también sirvió como prisión del Estado. En sus frías y oscuras galerías subterráneas, que aún evocan las mazmorras coloniales, estuvieron recluidas figuras históricas de gran relevancia. Uno de ellos fue Pedro de Guzmán y Dávalos, Marqués de Mina y Gobernador del Reino de Tierra Firme, quien, junto con su esposa, vivió confinado en los lúgubres calabozos del castillo. Saber que personajes tan influyentes pasaron parte de sus vidas encerrados en este lugar le da al recorrido un aire de misterio y dramatismo.

Otro prisionero ilustre fue el peruano Francisco Antonio de Zela, prócer de la independencia americana, quien también fue encerrado en los fosos de esta prisión, en una época en la que los movimientos de emancipación comenzaban a sacudir el continente.

Incluso a comienzos del siglo XX, muchos vestigios del pasado colonial del fuerte aún eran visibles. En 1908, el historiador Juan Bautista Sosa realizó una visita al sitio y halló restos de cureñas de cañones, culebrinas, morteros, utensilios domésticos, cadenas y grilletes. Hoy en día, aún se pueden observar los pesados cañones de hierro que alguna vez defendieron el castillo, muchos de ellos marcados con los sellos de la corona española. Aunque actualmente solo quedan las murallas, estos vestigios son suficientes para imaginar las historias que albergan cada rincón de esta antigua fortaleza.

Más recientemente, entre 1953 y 1999, toda el área de San Lorenzo fue utilizada por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos como campo de entrenamiento en selva. En esta etapa moderna, el cercano Fuerte Sherman fue sede del Batallón de Entrenamiento de Operaciones en Selva, donde tropas estadounidenses se preparaban en condiciones tropicales extremas.

Por medio de la Ley 61 del 31 de diciembre de 1908, se destinó la suma de mil balboas (B/.1,000.00) para la conservación del Castillo de San Lorenzo, junto con los sitios históricos de Portobelo y la Basílica de Natá. Posteriormente, por la Ley 68 de 1941, el castillo fue oficialmente declarado Monumento Nacional, reconociendo su enorme valor histórico y cultural para Panamá.

En 1995, el Fuerte fue renovado por el ejército de los Estados Unidos, como parte de los esfuerzos de conservación llevados a cabo antes de la transferencia del Canal. Sin embargo, ya desde 1966 se habían realizado excavaciones arqueológicas que revelaron un nuevo emplazamiento de cañones por el lado terrestre. Estas piezas estaban estratégicamente ubicadas para proteger la explanada frente a la glorieta del Fuerte, previniendo ataques sorpresa por la retaguardia, como el que ocurrió en 1671 durante la toma del fuerte por piratas.

Hoy en día, el área de San Lorenzo ofrece una variedad de atractivos turísticos ideales para quienes aman la historia, la naturaleza y la aventura. Entre ellos destacan:

  • El Castillo de San Lorenzo, con sus ruinas llenas de historia.
  • El Camino de Achiote, ideal para caminatas y observación de aves.
  • Senderos ecológicos que permiten avistar especies como monos aulladores, coatíes (gato solo), tucanes y coloridas heliconias.
  • El Canal Francés y el río Chagres, que pueden explorarse en kayak o lancha.
  • Las baterías de defensa costera construidas durante la Primera Guerra Mundial.
  • Las esclusas y la represa de Gatún, íconos de la ingeniería canalera.
  • Paisajes escénicos con extensos cativales y manglares que se pueden apreciar en la ruta entre Gatún y Sherman.

San Lorenzo no solo es un sitio de gran valor histórico, sino también un paraíso natural que invita a redescubrir el pasado mientras se disfruta del presente.

Ascenso al Cerro India Dormida

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El cerro La India Dormida tiene una altitud aproximada de 860 a 900 m s. n. m.

Iniciamos el ascenso por el sendero de la Piedra Pintada, donde varios niños del área se ofrecieron como guías o para cuidar el auto. Decidimos ir con Dorindo, un niño de unos 10 años que cargaba sacos de mangos. Intentamos ayudarlo, pero el peso (unas 25 libras) nos agotó rápidamente. Nos turnamos hasta que se encontró con un familiar y le entregó la carga.

El camino atraviesa un bosque y pasa junto a chorros como Los Escondidos, Los Enamorados y el Salto del Sapo. Dorindo avanzaba ágil, saltando piedras y trepando árboles, mientras nosotros lo seguíamos con cuidado, ya que algunos tramos eran resbalosos.

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Vista desde la cima del cerro India Dormida.

Llegamos a la Piedra del Sapo, donde una señora bajaba con los zapatos en la mano, vestida para trabajar. En lugar de seguir recto, Dorindo tomó un sendero a la izquierda y nos dijo que apenas íbamos a mitad de camino. Al disculparnos por no poder seguir su ritmo, nos contó que vive detrás del cerro y camina ese sendero todos los días para ir y volver del colegio, al igual que la señora que vimos, quien hace ese recorrido diario para llegar al pueblo a trabajar.

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Subimos una loma empinada y, tras cinco minutos más, llegamos entre piedras sueltas al cráter del volcán extinto del Valle de Antón. La vista era hermosa y gratificante. Dorindo nos advirtió que al atardecer aparecían duendes y no debíamos demorarnos mucho.

Nos contó una de las versiones de la leyenda de la India Dormida: Piria, hija del cacique y esposa del Sol, protegía el astro y la llama de la vida. El guerrero Montevil se enamoró de ella, pero fue rechazado porque su alma y cuerpo pertenecían al Sol. Obsesionado, dejó de comer y dormir, hasta que logró convertirse en cacique para acercarse a Piria. Aun así, ella lo rechazó. Enfurecido, Montevil mandó matar al padre de Piria y luego intentó violarla.

Ella, desesperada, huyó hasta caer rendida al borde de un acantilado. En ese momento, los rayos del Sol iluminaron su cuerpo y la convirtieron en piedra, formando las montañas. Montevil, al ver esto, se desmayó, y el Sol transformó su lamento en el sonido del agua fluyendo, condenándolo a sufrir eternamente por el amor que no pudo tener.

Existen otras versiones e incluso una novela, ya que esta montaña ha sido la inspiración de poetas y escritores.

Otra versión cuenta que Flor del Aire, hija del cacique Urracá, se enamoró de un soldado español. Yaraví, un fuerte guerrero indígena que la amaba, al ver que ella no le correspondía, se suicidó frente a ella y su pueblo. Arrepentida y dolida, Flor del Aire decide renunciar al español para no traicionar a los suyos. Vagó por las montañas llorando su destino, hasta que murió mirando al cielo. Su silueta quedó inmortalizada en la montaña como símbolo de su verdadero amor.


En otra ocasión decidimos subir la India Dormida por los pies —es decir, por el final— y bajar por la cabellera, pasando por los chorros y la Piedra Pintada.

Comenzamos la caminata desde La Cruz, cerca de Altos de la Estancia. A simple vista, el sendero parecía no estar marcado y era bastante empinado, con alta dificultad debido a los precipicios que encontramos casi de inmediato. Sin embargo, al avanzar y aligerar el paso, notamos que el camino se volvía más uniforme, lo que nos permitió continuar sin mayores problemas.

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Nos encontramos en las pantorrillas del cerro y ya estuvimos disfrutando de magnificas vistas del cráter del Valle de Antón. Bajo un sol trepidante seguimos el camino y luego de casi una hora, nos encontramos en la cintura u ombligo de la India Flor de Aire.

Evelin se nos unió esta vez, casi acabadita de llegar del Norte y para ella fue un toque difícil regresar al hiking, pero la emoción, combinados con los lazos fuertes de amistad y el regalo tan grande que la Naturaleza nos entregaba, la hizo llegar sin problemas al final de la jornada.

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Evelin y Rey subiendo por las piernas de La India.

En el camino nos encontramos con unos chicos que habían subido por el sector de la comunidad de El Hato, es decir, por la “cintura” de la India Dormida.

Nos desviamos ligeramente del sendero y pasamos muy cerca de una cruz de madera ubicada en lo alto del cerro, en una zona que colinda con las comunidades situadas detrás de la India. Luego enfrentamos una bajada muy empinada, que descendimos con precaución, evaluando la mejor forma de hacerlo. Optamos por el lado derecho, avanzando con mucho cuidado, hasta escalar nuevamente y llegar a la garganta de la India.

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Cerca de la Cruz de la comunidad trasera al cerro.
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Mariel por las pantorrillas de La India Dormida.
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Cráter casi completo del Valle de Antón.
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Cascada Los Enamorados.

Divisamos la cabeza y en pocos minutos llegamos. El recorrido desde Altos de la Estancia hasta el Chorro Los Enamorados, en la Piedra Pintada, nos tomó unas tres horas. Finalizamos con un refrescante baño bajo los rayos del sol, como un regalo mágico de la Madre Naturaleza.

El Cerro La India Dormida es uno de esos lugares donde se disfruta tanto el destino como el camino. Su trayecto, lleno de mitos y leyendas, invita a imaginar duendes, elfos o incluso al indio guardián del tesoro de la Piedra Pintada. A lo largo del sendero, sus chorros aparecen estratégicamente, y puedes elegir entre tres rutas según el tiempo y las vistas que prefieras disfrutar.

Tiempo:

  • Por La Piedra Pintada, en buenas condiciones fí­sicas, puede tomarte una hora y media hacer el ascenso, casi lo mismo de bajada.
  • Por La Cruz de Alto de La Estancia, toma de tres horas a tres horas y media dependiendo de tus condiciones físicas; deberás tener especial cuidado en los precipicios, importante llevar zapatillas adecuadas, nada de “converse” ni “crocs”.

Una excelente actitud, llevar gorra y tener muchísimo cuidado si empieza a llover, en ese caso, No suba por favor.

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