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Senderismo y Turismo Rural en Panama

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A 28 km que se resumen en casi 45 minutos de la carretera Interamericana se encuentra Cascada Las Mesitas en la comunidad Hijo de Dios, corregimiento de El Copé de Olá.

El sitio es accesible, su costo por entrada es de 1$ por persona y 2$ por cuidarte el auto.

Agua cristalina.

Sendero sencillo y marcado, fácil por entre la sombra de los árboles. Si subes por el río hay que tener cuidado con el cruce de rocas, nada que no se pueda hacer con paciencia. En época lluviosa se sigue el curso del sendero hasta que bajas al río.

Al visitar el distrito de Olá uno iba por conocer Los Chorros de Olá, que en su tiempo eran 3 cascadas que bajaban de la meseta, pero ahora con la apertura de la trocha a los Picachos, uno de los destinos favoritos para quitarse el sudor del cuerpo son Las Mesitas.

Me cuentan que la cascada debe su nombre a que hace un tiempo residía un hombre que se dedicaba a elaborar mesitas.

El pueblo de Olá, aunque es pequeño, es muy vistoso, su iglesia y los Picachos lo hacen mágico.

La mejor época para visitar este chorro es entre los meses de diciembre a febrero ya que mantiene buen caudal y el color del agua es espectacularmente turquesa.

En la parte de arriba de la cascada hay una con mayor altura pero sin una poza para nadar por lo cual los bañistas prefieren la de abajo.

Nosotros, buscando comodidad, primero fuimos a la cascada, de regreso subimos el cerro Picachos y para finalizar fuimos a los chorros de Olá; pero para poder hacer algo así debes tener conocimiento del área, manejar bien el tiempo y salir temprano de donde vengas para que el día te alcance.

Cerca de Las Mesitas también hay un balneario llamado San Antonio en San Roque, muy bonito y cómodo para ir en familia.

Recomendaciones:

  • Lleva agua y comida ya que no hay restaurantes cerca.
  • Ropa cómoda
  • Calzado cómodo
  • Bloqueador solar y repelente.

Después de una visita a Natá de los Caballeros, nuestro guí­a Fanshi, nos reveló que iríamos a Los Chorros de Olá, dentro de la comunidad de Nuestro Amo.

La calle hace ya casi un año que está pavimentada, al contrario de algunas de estas fotos que fueron tomadas en el 2009 cuando el camino era de tierra y había que pasar varias quebradas.

A lo lejos, más allá de los campos donde siembran la verdura, vislumbramos el chorro como un hilo que cae por el medio de las montañas; nos saludaron los trabajadores del arado con un ejue!!!! y levantaron sus brazos en señal de alegría.

Hace unos años, el distrito de Olá era uno de los más pobres de Coclé, pero las cosas han ido mejorando. Es una de las regiones con excelentes paisajes, abundante naturaleza y hospitalidad de la gente. Es uno de los de menor población y al estar ubicado en un área montañosa, su clima es muy agradable.

Avanzamos alegre y despreocupadamente por entre un paisaje de verdes fulgores y de pronto a nuestro lado estaba un toro echado cuidando sus señoras vacas, pero al ver bien a el toro, nos dimos cuenta de que estaba suelto y nos veía impasible, así­ que aprovechamos y le sacamos algunas fotos procurando que estuviese bien sentado.

Un poco después Fanshi nos aviso de bajar y caminar. Seguimos la calle repleta de piedras con el sol estrepitoso, ya sentíamos el chorro de cerca, lo sentíamos encima, caminamos 15 minutos a paso lento, adelante nos encontramos con un poblador y nos contó que estas tierras estaban siendo vendidas y que quizás la inversión extranjera llegaría.

Los chorros son producto de una depresión geográfica en donde se fraccionó la tierra creando así­ el curso del río de El Caño, en el cual caen tres hermosas cascadas.

Llegamos al espectáculo natural, uno de los chorros más altos de Panamá registrado (año 2009) y con agua todo el año a una altura de 250 metros sobre el nivel del mar, con una caída de agua de aproximadamente 50 metros, arriba hay más caídas. Vimos una especie de túnel que se forma entre las rocas, dicen que detrás de la cascada hay una cueva, como a 20 metros de la base y desde ese punto se puede divisar el paisaje en medio de la colgadura de agua.

El paisaje era increíble, diferentes tonalidades de verde aparecían ante nuestros ojos, el chorro magníficamente grande, que nos dio miedo entrar al agua, pues no se veía el fondo, estaba turbio; Fanshi si entró, nadó un poco, descansó en una gran piedra inalcanzable a nuestras manos, subió a otra y se fue lejos.

Max siempre es «el loco», lo veíamos dando vueltas, caminando de un lado a otro, saltando sobre las piedras, buscando no se qué y de repente lo vimos en la misma piedra donde se paraba Fanshi para saltar y lo hizo.

Estuvimos algún rato más allá­ y nos fuimos a Natá¡ a comer algo, pero con la idea demasiado clara de que pronto volveremos.