Una vez más, gracias a todos los que participaron en esta actividad. No cabe duda de que la pasaron bien, nos consta y nos hace muy felices. Sabemos que se llevaron un pedacito de la Sierra Llorona en su corazón. La selva nos hizo familia en dos días en los que nos tuvimos que dar la mano unos a otros para salir adelante.
Por sexto año consecutivo, llevamos grupos al sitio. Esta vez, verificamos con anterioridad el trillo en octubre y en enero fuimos a abrir el trillo, cerrado, a machete limpio. Fue un trabajo duro pero gratificante ver la cara de nuestros compañeros de gira al llegar a tan majestuoso lugar que para nosotros es un templo natural.
Disfrutamos cada paso. Cinco horas de ida, cuatro horas de regreso. Ojalá este paraíso natural continúe protegido por tantas horas de camino.
Mi familia materna tiene una gran devoción al Cristo Negro. Cada octubre, una de mis tías organiza una visita familiar a la Iglesia de Portobelo, y al regresar, solemos pasar por la playa La Angosta, una de las más conocidas de Colón.
Esta playa es muy segura, ya que el terreno es plano y generalmente hay rescatistas ya que se paga una tarifa en la entrada, dependiendo de la cantidad de personas que vengas en el auto, bus, etc. También poseen baños y ranchos que se pueden alquilar a precios módicos para sentarse tranquilamente o puedes llevar tus sillas, petate, paraguas. Abre de 10am a 4pm.
La playa es administrada por una empresa privada, cual tiene una concesión administrativa desde 1996 para 20 años. Esta empresa mantiene las instalaciones de la playa y también se encarga de la limpieza.
Hay variedad de comidas, y también puedes llevar la tuya, por un costo extra dejan entrar coolers. Existe un restaurante en donde venden mariscos y también hay puestos donde venden pescado frito, etc. Además de eso tiene un quiosco donde puedes comprar galletas, snacks.
Cómo llegar
Si vas en auto, debes tomar la carretera Panamá-Colón y doblar a la derecha al llegar a Sabanitas (cuando dobles, el supermercado REY te quedará a mano derecha). Luego sigues derecho, pasando las comunidades de Puerto Pilón, María Chiquita, Playa Langosta y otros pueblos, hasta llegar a Portobelo. El trayecto hasta Sabanitas toma aproximadamente una hora, y hasta Playa Langosta, 30 minutos más por una carretera totalmente asfaltada.
En bus: Ve a la Terminal de Albrook y toma un bus Panamá-Colón (hay servicio expreso y por autopista). Debes bajarte en la entrada del pueblo de Sabanitas, a un costado del Supermercado El Rey. Allí tomas un bus hacia Portobelo o la Costa Arriba.
De Sabanitas a Playa Langosta
Se llena de visitantes los fines de semana. Últimamente, las personas se dirigen a islas cercanas y han dejado de lado este paraíso tropical. Como sea, nosotros preferimos ir entre semana, ya que la gran cantidad de personas generalmente trae basura, y a veces uno se la encuentra en el mar, lo cual es triste.
Es importante tomar en cuenta que los fines de semana los locales ponen música con el volumen muy elevado, lo cual puede ser desagradable para algunos (aunque a mí me gusta disfrutarlo).
La playa es de arena blanca, con algunas zonas de arena negra. A mano izquierda se encuentra un bosque de manglar muy interesante.
Estrella de mar del Caribe: Luidia senegalensis.
Hemos podido ver de cerca estrellas de mar y muchos peces de colores, lo cual la hace apta para el snorkel. Aunque la mayoría no lo practique aquí, es un lugar muy propicio para ello.
Es necesario prestar la debida atención que se requiere en cualquier playa. Algunas veces hay marea alta y los guardavidas solicitan a las personas no alejarse demasiado de la orilla. Recordemos que ellos están haciendo su trabajo, procurando el bienestar de todos.
Como en cualquier playa donde acude bastante gente, procura no ir solo y mantente siempre pendiente de tus pertenencias, así como de los autos. En caso de ir en transporte público, los buses en esta área prestan servicio hasta las 4 p. m.
A pocos metros de la carretera, vía Colón, a unos 18 kilómetros de la ciudad de Panamá, se encuentra la Finca Agroforestal Las Conchas, un destino verde y cultural.
Su nombre proviene de la gran cantidad de conchas fosilizadas que se encuentran en la zona, evidencia de que el istmo de Panamá emergió del mar hace millones de años.
Hace 21 años (al 2020), los agricultores que trabajaban estas tierras de forma informal en la comunidad de Chilibrillo, corregimiento de Chilibre, decidieron organizarse con el objetivo de mejorar su producción y obtener mayores ingresos económicos a través del manejo sostenible de los recursos.
Es un paisaje hermoso, con un paseo extraordinario que además nos permitió conocer la Quebrada Las Conchas, un vivero de plantas medicinales, bohíos para reuniones y actividades, rica comida al estilo del campo, y la biodiversidad del Parque Nacional Chagres, la cual se aprecia en el sendero El Mochilero. Este sendero atraviesa el parque y llega hasta el Lago Alajuela, donde pudimos darnos un delicioso baño en sus tranquilas aguas.
La finca cuenta con 45.5 hectáreas de terreno. De forma colectiva, los 26 miembros de la finca trabajan unas tres hectáreas. Adicionalmente, cada uno dispone de una o dos hectáreas individuales en las que cultivan productos como maíz, ñame, yuca, plátano y guandú. También tienen tres hectáreas sembradas de bambú.
Actualmente, colaboran con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en la producción de semillas de maíz y frijol chiricano. Además, reciben el apoyo de la Fundación Parque Nacional Chagres, quienes fueron los encargados de invitarnos a conocer este sitio de gran interés.
Puente sobre Quebrada Las Conchas
Fósiles de cuando emergió el istmo de Panamá.
Llegando al Lago Alajuela al salir del sendero el Mochilero.
En cuanto al bambú, cuentan con 1,200 plantones, parte de un proyecto de desarrollo sostenible de doble propósito, que contempla la producción futura de artículos o artesanías con potencial económico.
Según los miembros de la finca, los plantones se venden a $2.50 cada uno, y ya han recibido visitas de personas y empresas interesadas en adquirirlos.
En los bosques de bambú guadua, el proceso de sucesión puede considerarse progresivo cuando el manejo del guadual permite mantener el equilibrio biológico. Por el contrario, si ocurre una alteración —ya sea natural o provocada por intervención humana—, puede iniciarse una sucesión regresiva que amenace con la desaparición total del guadual.
Para evitar ese deterioro, es fundamental conocer y diferenciar todos los elementos que conforman el guadual. Este conocimiento permite un aprovechamiento técnico y sostenible, entendiendo la dinámica del bambú dentro de su proceso productivo. Es, en esencia, una combinación entre el uso responsable de los recursos naturales y su preservación a largo plazo.
La visita
Fuimos con toda la disposición, ya fuese para disfrutar o para ayudar en lo que fuera necesario. Llegamos justo con la lluvia, y de inmediato, el señor Reginaldo nos guió para conocer la zona base antes de adentrarnos en el famoso Sendero El Mochilero.
Caminamos alrededor de dos horas a través de un bosque espeso y profundamente verde, donde nos encontramos con árboles enormes, entre ellos cuipos, barrigón y membrillo. Rodeados por estos colosos del bosque, el momento fue mágico. Confirmamos nuestra pequeñez ante la grandeza de la Madre Naturaleza.
La lluvia nos empapó el rostro mientras el bosque semicaducifolio nos envolvía. Cada 50 metros, otro gigante vegetal nos recibía con su sombra. Fue una experiencia inolvidable, donde la belleza del paisaje y la energía del lugar nos dejaron completamente maravillados.
Llegando al Lago Alajuela luego de una caminata de aproximadamente hora y media.
Luego de aproximadamente dos horas de caminata, llegamos al Lago Alajuela. Después de una amena conversación con el señor Reginaldo y los chicos de la Fundación Chagres, nos dieron el visto bueno para bañarnos en las orillas del lago. Los más valientes decidieron nadar hasta llegar al otro lado, ¡y lo lograron!
Durante el recorrido vimos animales como los reptiles anolis y perro sompopo (Corytophanes cristatus); aves como el motmot y el trogón, así como una gran cantidad de tángaras y reinitas vivientes en ese camino tan verde y casi fosforescente.
Al regresar nos esperaba un delicioso almuerzo compuesto por sancocho y arroz blanco, y luego pudimos refrescarnos en el baño ecológico, uno de los atractivos de la Finca Agroforestal Las Conchas.
¿Cómo llegar?
Por la vía Chilibre–Madden, antes de llegar a la represa, a mano derecha se encuentra la finca. Hay un letrero que indica la entrada.
En mi experiencia, aventurarse en auto no es lo mismo que hacerlo sin él. Depender del transporte público en Panamá no es fácil y puede convertirse en una pesadilla o en una divertida aventura.
Desde la terminal tomamos el autobús hacia Chame sin ningún problema. Después de recorrer poco menos de 20 kilómetros, llegamos a Sorá, un pueblo de gente amable, rodeado de una exuberante belleza montañosa y con un clima casi siempre fresco y delicioso. Muy cerca de esta comunidad está el complejo de casas de campo “Altos del María”, al que solo se puede acceder con permiso si no eres residente.
Cuentan que el lugar lleva ese nombre por el cacique Soró (que significa “viejo”), jefe de la región en la época de descubrimiento y conquista. Sorá es el corregimiento más grande del distrito de Chame y uno de los más bellos, con ríos pintorescos, encantadores saltos de agua y una magnífica vista de la ensenada de Punta Chame y su litoral, todo a más de 600 metros de altura.
Fuera del complejo residencial “Altos del María” se encuentran bellezas increíbles, como Los Saltos de Filipina. Nunca había oído hablar de este sitio, pero las fotos y la belleza escénica de Sorá nos motivaron a buscarlo.
Esperamos más de una hora por transporte, pensando que era por ser domingo, pero luego supimos que solo una familia presta ese servicio. Tomamos el transporte y, tras unos minutos por una calle sin pavimento, llegamos al punto de inicio para caminar un rato.
La vista fue grandiosa. Filipina de Sorá nos recibió con tonos verdes y azules, un lugar tranquilo lleno de aves semilleras, y de fondo, el cerro Chichibalí, que marca el límite entre los distritos de Chame y Capira.
Descubrimos un salto de unos 7 u 8 metros, con buen caudal y poca profundidad, pequeño y casi “personal”. Sus aguas frías y el salto me dieron un masaje natural en la espalda. El agua estaba limpia, sin basura, lo que indica que cuidan muy bien este lugar, al que aún se puede acceder libremente. Más tarde supe que en este salto estuvo John Travolta haciendo rappel para una película filmada en Panamá llamada Basic.
Luego subimos una loma suave y llegamos a otra cascada, esta de unos 15 metros de altura, muy hermosa, con un pilón de agua fresca y fría.
Seguimos el camino y encontramos otra cascada, más pequeña pero igual de encantadora. Para nuestra sorpresa, aún faltaban más por recorrer. En una bifurcación tomamos el camino de la derecha, que tiene nada menos que ocho cascadas. Se dice que sumando ambas bifurcaciones, hay un total de veinticinco caídas de agua.
Estuvimos ahí hasta no muy tarde, por el problema del transporte. Al regresar, vimos un pickup que se internaba en la montaña, no hacia Sorá. Decidimos caminar y más adelante nos topamos con cazadores furtivos y varios perros listos para cazar.
Spilotes pullatus
Seguimos descubriendo que nunca dejaremos de explorar Panamá, con sus senderos y rincones llenos de secretos y leyendas. Solo hay que preguntar; los lugareños siempre te señalarán un lugar perfecto para visitar.
Anímense a tomar un bus en su tiempo libre; no es necesario gastar mucho. La felicidad no siempre está en la comodidad. A veces, basta con mirar desde la cima de un cerro o disfrutar la soledad de una cascada para encontrar momentos perfectos.
Buscar maravillas, perderse en el monte, caminar despacio y apreciar la belleza de cada rincón natural de este país.
Una guía de turismo ecológico en Panamá, dedicada a descubrir ríos, montañas, senderos y aventuras en la naturaleza. Ideal para los amantes del aire libre y la exploración rural.