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Senderismo y Turismo Rural en Panama

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Siento un profundo respeto y admiración por quien fue Victoriano Lorenzo; a pesar de ser un personaje que se menciona de manera superficial en los textos escolares y solo hablan de cómo y dónde murió cuando realmente la historia es mucho más profunda. Un prócer, un mártir, un cabecilla representante de los pueblos humildes de Panamá.

Desde mediados del siglo XIX, la lucha y la alternabilidad del poder entre conservadores y liberales, cada cual con sus contradictorias y poco satisfactorias políticas gubernamentales, promueve un sinnúmero de levantamientos armados, la mayor parte de ellos ejecutados en Colombia, pero con secuelas en Panamá. Uno en especial la afectó y esa fue la Guerra de los Mil Días, en donde tuvieron participación «los indígenas» de la provincia de Coclé, liderados por Victoriano Lorenzo.

Importante siempre destacar, que Capira formó parte de Coclé y luego en 1941 el distrito fue eliminado, y surgió en su lugar el de Bejuco que duró hasta 1945. Cuando andamos en la sierra, nos damos cuenta que muchos pueblos de Capira conectan por trillos con caseríos de Coclé.

Aunque los cambios políticos no fueron casi percibidos por las poblaciones indígenas, hubo algunas como la de Penonomé, que por su relación con la iglesia y el gobierno civil, se vieron afectadas más directamente por las arbitrariedades, abusos y atropellos generados por las autoridades tanto eclesiales como civiles.

Hace poco vi una foto de un lugar que prometí­a ser encantador, pero lo más inusual era que jamás había escuchado siquiera del sitio. Investigando me puse en contacto con la persona que nos pudiese guiar a las cascadas mágicas que emergen a los lados de una cueva. Pasó el tiempo y estando un poco enredada olvidé hacer la gestión, pero se encargó la profesora y amiga Nivia Villarreal, cazadora de cascadas de ir en busca de tan magnífico lugar, al que nos apuntamos de inmediato.

Desde niña anduve caminando estas tierras capireñas, gracias a un nexo familiar y cuando supe que Victoriano era del Cacao, se tornó más interesante aún para mi. Leí­ libros como Desertores y El Cabecilla, buscando más información del cholo. Caminamos por los mismos senderos que nos dijeron él caminaba, en cada pueblo hemos ido preguntando qué pistas quedan.

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Ya lo presentía. Las cuevas de Cirí Grande tenían que ver y cuando llegamos allá nos lo confirmaron nuestro guí­as. Era allá­ en donde el cholo mandó a su pueblo a guarecerse durante La Guerra de los Mil Días, en donde los conservadores llegaron y prendieron fuego al caserío de El Cacao, llevándose o matando los animales de corral, dejando desamparados a los habitantes, que a su vez nombraron al cholo General, pues confiaban en él como lí­der.

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Acercándonos a lo más concretos que registra el dato histórico y no la leyenda o la tradición, vemos ciertos planos de la vieja data, en la cual se distinguen en el fondo del litoral, del golfo de Panamá, la existencia de un pueblo de Capira y el río Perequeté. Estos planos reposan en los Archivos Nacionales. En el que se puede observar un pueblo denominado “La Capireja” y río inmediato denominado Perequeté de la prosa del eximio poeta capireño Julio R. Martínez, surge con caracteres definidos la figura del Cacique Capira, valiente exponente de la raza india, quien sin menos gloria de algunos de su época defendió, después de las invasiones, las tierras de su comprensión en las Riberas del Cerro Trinidad.

Durante la Guerra de los Mil Días, Capira con Victoriano Lorenzo a la cabeza se convirtió en campo de correrías del guerrillero, pasado el conflicto, y ya en la era republicana, Capira demostró pujante crecimiento democrático; más en 1941, el distrito fue eliminado, y surgió en su lugar el de Bejuco que duro hasta 1945.

Victoriano conocía su tierra «como la palma de su mano» a tal punto, que jamás dudó de su dominio en el terreno donde vivió desde que era un niño, y no era cualquier terreno, si no una cordillera enorme, que hoy día comprende desde Cerro Trinidad hasta Las Trincheras de La Pintada y más allá, contorno que en el tiempo de la Guerra de los Mil Días, aún pertenecía por completo a Penonomé.

En El Cacao, fue Victoriano un corregidor amado y respetado por todos aquellos que habitaban en aquella ranchería, hasta el día de hoy aún es posible conversar sobre los hechos con las personas que han ido transmitiendo de generación en generación las historias de esa época de rebelión pero también de júbilo vivida de cerca del caudillo.

Nos hemos ido en variadas ocasiones a recorrer parte de esa cordillera y hemos encontrado, maravillados, con hermosos parajes, perfectas cascadas esculpidas en piedra, escondidas cerca de las variadas trochas que se dividen a lo largo de los cerros.

Desde la cima del cerro Trinidad, hasta el Cerro Peña Blanca, existen diferentes formas de llegar de lo que hoy en día es parte de la provincia de Panamá en Capira y Chame hasta partes de Coclé como Sofre y Chiguirí Arriba, recorriendo prácticamente los mismos senderos recorridos por el cholo, a pie.

Esta vez, nos fuimos a caminar cerca del Peña Blanca y Cirí, donde acampamos y fuimos recibidos de manera festiva por viejos amigos y familia adoptiva que viven en este poblado de campesinos. Así fue como nos hicimos amigos de un niño que nos llevo con ánimo y gran preocupación de que nos gustara el chorro que queda cerca de su casa, un chorro sin nombre al que concurren las familias a lavar culantro y a esparcirse sanamente, pues en esta comunidad muy poco hay bullicio.

Denilson se apropió del snorkel y el largavista, qué emoción compartir con un niño tan vivaz, él nos prestó su caballo y nos mostró los mejores lugares para zambullirnos. En años pasados habíamos estado por el área pero nunca notamos aquella linda cascada, solo caminamos hasta La Gloria. Esta vez andábamos con nuestra mascota «Pucha» y procuramos no adentrarnos demasiado en la espesura, por la seguridad de la perrita.

Mientras disfrutábamos de las escaleras naturales del chorro, una familia llegó a lavar culantro y Rey fue a ver en qué les podía ayudar. Ese culantro se distribuye en los más grandes supermercados del país.

Al salir del hermoso chorro, una llovizna de verano nos bañó. Una gente en carro doble tracción venían vendiendo pescado rumbo a donde terminara la calle de tosca. Allí a orilla del sendero pudimos disfrutar de una soda fría y un pan de dulce, raros por estos lares en donde no hay luz, donde lo que nos parece «normal» no se consigue tan fácilmente.

Quiero recalcar que ésta es un área llena de hermosas aves, vimos desde martín pescador y los clásicos pechiamarillos, hasta Titira enmarcarada, diversas reinitas, loros cabeciazules o casangas, eufonias coroniazuladas, tangaras de colores increíbles y destellos refulgentes. Todo esto acompañado de café por las mañanas y los gritos de los amigos que nos invitaban a comer el fruto de la guaba chiricana.

Nuestra experiencia de carnaval, acampando en la montaña fue de descanso y tranquilidad, escuchando salomas por la mañana, aves al despertar, caminando hacia el río y cabalgando en caballo. Qué rica que es la vida en la montaña, y ni tan lejos, cerquita, aquí mismo en Capira, cerca de las trochas del caudillo, Victoriano Lorenzo.

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Natá se encuentra a 183 Km. al oeste de la ciudad de Panamá, por la Carretera Interamericana. Aquel día, desayunamos en el camino y en Natá, nos esperaba nuestro guía de lujo, Fanshi.

Lo primero que le dijimos fue “llévanos a las iglesias”, La Iglesia Santiago Apóstol de Natá de los Caballeros se levanta en medio de la ciudad más antigua del litoral Pacífico y la segunda en tierra firme, posteriormente de Santa María la Antigua del Darién en 1519.

Destacan de su construcción la alta torre, a la que subimos y desde la cual se puede ver Natá, Aguadulce y parte de la Cordillera Central a lo lejos. Así mismo destaca el altar mayor y los altares menores. No obstante no hay una fecha exacta para la fundación de la iglesia, se cree que su cimentación empezó en 1522, después de que Pedro Arias Dávila, gobernador de Castilla de Oro, instalara una gran cruz de madera en el punto donde se alzaría la asombrosa obra, coincidiendo con la fundación de Natá.

La Basílica Santiago Apóstol es una joya colonial, construidas por los españoles hace ya más de cinco siglos.

La estructura del templo guarda un estilo basilical con cinco naves. Los materiales utilizados en las paredes son de la época colonial; cal y canto, una combinación de piedra con una mezcla parecida al cemento, la cual vimos al ir subiendo la torre, algo descuidada, claustrofóbica, con escalones altos y mareantes que parecían nunca terminar. Mide 25 metros de ancho y 50 metros de largo. Su fachada posee dos vanos de acceso con arcos de medio punto y está decorada con pilastras, columnas, mascarones y un remate de ondulado perfil, jaloneado a techos por pináculos y una torre de campanario.

El amplio interior cuenta con ocho altares tallados y está dividido en cinco naves en las que se localizan el coro, el baptisterio, dos óleos sobre lienzos, el impresionante púlpito que veíamos por primera vez en nuestras vidas y desde el cual los sacerdotes daban la misa en los tiempos de colonia, en los que se le prohibía a el pueblo acercarse a el altar así como al clero.

Frente a la iglesia, en la plaza pública, aún permanecen unas grandes piedras en forma de ruedas gigantes que llamaron nuestra atención, que fueron traídas desde el cerro San Cristóbal y eran usadas para moler el material empleado en la edificación de la obra. Se dice que la torre fue utilizada como punto estratégico de observación militar por los españoles. Los estilos barroco, plateresco y churrigueresco se combinan en este monumento nacional.

Esta ciudad fue llamada así, Natá: En honor al Cacique de Nombre Anatá, Natá o Natán que mandaba el área en que se encontraba el caserío.

En sus orígenes, que se remontan al siglo XVI hasta principios de siglo XVII, era la mayor aldea indígena en el Golfo de Parita.

Parece increíble que el pequeño pueblo de Natá de los Caballeros, fue en alguna ocasión más importante que la ciudad de Panamá. De hecho, cuando Panamá La Vieja fue saqueada y destruida por el pirata inglés, Sir Henry Morgan, en 1671, esta pequeña comunidad compartió brevemente con Penonomé, situado a unos 30 Km. al noreste, las funciones de capital colonial del país.

Se dice que cuando llegaron a la zona los primeros soldados españoles, encontraron suficiente comida en el pueblo como para alimentar a todo un ejército. Los peninsulares acabaron con un año de abastos en sólo tres meses, se casaron con las princesas del asentamiento, y mezclaron su cultura con la de sus anfitriones, para dar pasó a la población mestiza de las provincias centrales de Panamá.

Fanshi subió al altar, nos mostró y explicó algunos de los santos que están en la Iglesia de entre los que puedo recordar la Virgen del Apocalipsis y Don Bosco, Virgen Del Rosario, Retablo del Corazón de Jesús, San José, San Juan Bautista, San Miguel Arcángel, Santiago Apóstol; entramos a la sala de los sacerdotes, ya que Fanshi tiene acceso.

Nos mostró uno de los túneles que utilizaban en la época colonial para trasladarse desde la Iglesia hasta algunos cerros cercanos dentro y fuera de Natá. Algunas personas aseguran que estos túneles sirvieron como arma de guerra igual que la torre principal y ayudaron a que la ciudad no se viera afectada por los bombardeos españoles, otras personas dicen que los túneles los construyeron los españoles para defenderse de los indígenas. Algunos otros aseguran que el túnel fue una ruta de escape en caso de ataques y se cree que aún está lleno de armas.

Una leyenda que rodea el templo dice que el túnel tiene cinco salidas diferentes, las cuales están ubicadas, la primera y principal a la entrada y salida de la sacristía menor; la segunda está a la entrada y salida del campanario; la tercera en la capilla San Juan de Dios, aunque algunos aseguran que el sitio señalado era un huesario; la cuarta sería en la desaparecida iglesia de la Soledad, y la última estaría en el Cerro San Cristóbal; lo cual gracias a la Fundación Natá de los Caballeros Siglo XXI, se ha logrado comprobar su existencia y se está buscando la manera de recuperar su funcionamiento.

Las cinco salidas poseían caminos diferentes, se temía que la iglesia estuviera construida sobre vacíos por lo que la entrada del túnel a la sacristía menor permanece sellada.

Actualmente el túnel principal está sellado ya que Patrimonio Histórico, lo mandó a proteger, pues la Basílica forma parte de un grupo de monumentos históricos del país por la edad que tiene, y que fue hecha a finales del siglo XVIII y a inicios del XIX, no contando con fecha exacta.

El túnel se cree que fue construido antes de la iglesia, como a mediados del siglo XVIII, lo que da a entender que los indígenas ya habían sido colonizados.

Algunos de los moradores en tiempos pasados habían caminado el túnel en un pequeño tramo, pero no continuaban, ya que era muy oscuro y no encontraron ningún tipo de evidencias dentro de éste; los mismos cuentan que el propio Victoriano Lorenzo, utilizó este pasaje durante la guerra de los mil días para escapar del ejército colombiano.

Se dice que cuando Don Gonzalo de Badajoz llego a esta región en 1515, después de haber obtenido gran cantidad de oro de parte del Cacique París, ansiando más quiso volver a atacar al Cacique sufriendo una fuerte derrota que lo obligó a dejar lo adquirido a la comarca del Cacique Anatá, Natá o Natán, apreciando la gran fertilidad y riqueza de la región bañada por el Río Grande y Río Chico.

En 1516 llega a esta comarca el Licenciado Gaspar de Espinosa Alcalde Mayor de Castilla de Oro, siendo bien recibido por el Cacique Natá y permanece allí cuatro meses y vigila la nueva población que mas tarde se convierte en centro de futuras expediciones para la conquista  y colonización de otras regiones y países del continente. Espinosa le contó a el gobernador de Castilla de Oro Pedro Arias Dávila que habían tantos bohíos en el área, que tuvo temor al llegar al poblado, también le contó que había encontrado maíz en grandes cantidades, muchos venados, pescado asado, pavas y comidas de indios en abundancia; entonces no fue accidental que Natá fuera elegida por Espinosa para trabajar desde allí la conquista de otros lugares, sobre todo el del bravo cacique Urracá: Veraguas. La extensión territorial de Natá iba desde lo que se conoce ahora como Chame hasta los límites con Veraguas.

Natá recibió la llegada de 100 “caballeros” españoles que fueron enviados por Carlos V, Rey de España, escogidos entre las familias de abolengo, para traer la misión de mantener el dominio sobre los indios y propagar la fe católica y construyeron una capilla para su fin, La Capilla de San Juan de Dios, edificada en el ultimo cuarto del siglo XVII en 1670 y facilitó el proceso misionero en esta región indígena y contribuyo en la construcción de la Iglesia Santiago Apóstol; a ésta última capilla no pudimos entrar pues nuestra visita fue en día de semana y estaba cerrada, está ubicada a 100 metros de la iglesia y su estructura fue restaurada por la FUNAC.

El principal legado de aquellos tiempos es la iglesia del pueblo, la Basílica Menor de Santiago Apóstol –la segunda más antigua del Hemisferio Occidental-  única, declarada Monumento Nacional en 1941.

Los tres siglos que tuvo la localidad bajo el dominio español le dieron gran esplendor e importancia, tal como lo señalan documentos y libros que nos relatan un pasado glorioso de Natá de los Caballeros, y que debe ser motivo de profundo análisis y estudios por las presentes y futuras generaciones de panameños.

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