Ascenso al Cerro India Dormida
December 2, 2009 • Cerros y Montañas, Coclé, Historia, Ríos, Vegetación • Comments

Habíamos estado buscando un cerro para escalar, y concluimos en el Cerro India Dormida llena de historias, mitos y leyendas.
Al llegar al Valle nos dirigimos al Chorro el Macho ya que siempre cautiva a sus visitantes, después pasamos por el zoológico el Níspero, vimos algunos animales típicos de la selva panameña y nos sorprendimos al encontrarnos con una sala hecha específicamente para anfibios en donde aparte de poder ver la rana dorada de cerca, muy difícil pues es endémica en esta región y lamentablemente se están extinguiendo a causa de un hongo, también pudimos observar diferentes tipos de sapos y algunas salamandras que me cautivaron pues jamás había visto alguna de estas especies; están en cautiverio allí para protegerlas del peligro de la contaminación.
El cerro la India dormida tiene un aproximado de 860 a 900 m.s.n.m. Iniciamos en ascenso por el sendero de la Piedra Pintada, al llegar a éste lugar se nos abalanzaron diferentes niños del lugar que ofrecían cuidar el carro o hacer de guías hasta la cúspide del cerro. Optamos por un niño de nombre Dorindo de unos 10 años de edad que llevaba unos sacos llenos de mangos. Me ofrecí a ayudarlo con los sacos pero al llegar a la piedra ya estaba cansada, podía pesar unas 15 libras. Nos turnamos Alain y yo para ayudar al niño hasta que el vio un familiar y se lo entregó.
Caminamos en medio del paisaje boscoso, pasamos por las laderas de más de tres chorros entre los más sobresalientes están el de Los Escondidos, el de Los Enamorados y el Salto del Sapo.
Dorindo iba delante de nosotros saltando sobre las piedras, agarrando algunas y tirándolas en los chorros, trepándose en los árboles; llevaba jeans, una gorra y zapatos escolares.
Algunas partes estaban algo mojadas e hicieron que resbaláramos.

Llegamos a la piedra del sapo, con algunos dibujos aun no descifrados. Una señora venía bajando con los zapatos en la mano, su bolso en otra, vestida para trabajar. Dorindo en vez de seguir recto, tomo una curvatura a la derecha y nos dijo que apenas estábamos en la mitad del camino; le pedimos disculpas por no poder ir a su ritmo y fue entonces cuando empezó a contarnos que él vive detrás del cerro y que camina este sendero todos los días para ir al colegio y regresar a su casa, así mismo como la señora que venía bajando, que camina todos los días desde detrás de la montaña hasta llegar al pueblo a trabajar.
Subimos una loma de tierra algo empinada y ya faltaba poco, 5 minutos más y ya estábamos en medio de piedras sueltas y al frente del cráter del volcán extinto del Valle de Antón. Una hermosa y gratificante vista. Dorindo nos dijo que allí aparecían los duendes en la tarde – noche y que no debíamos demorarnos mucho en la cima.
Estuvimos disfrutando del sol, tomando algunas fotos, almorzando algún trozo de dulce y conversando, me atreví a preguntarle a Dorindo la peligrosidad de los otros cerros y me dijo que el Gaital tiene leyenda de ser muy peligroso y que es el culpable de muchas mordidas de serpientes.
Nos contó la historia de la India Dormida de la cual hay varias versiones… “Una india de nombre Piria, hija del cacique, esposa del Sol y protectora del astro y la llama de la vida, india de la que estaba enamorado el guerrero Montevil, el cual le pide que sean amantes a lo que ella le dice que es la esposa del Sol y que su cuerpo y alma le pertenecían al astro y si él se acercaba se mataría.
Al estar enamorado , el guerrero no comía, ni dormía pensando cómo acercársela a la joven, ocurriéndosele la idea de ser cacique y tener el poder en la tribu y lograr conseguir a Piria.
El padre de la joven estaba muy viejo y la tribu escogió a Montevil como su nuevo cacique. Éste para ganarse el amor de Piria realizó grandes donaciones al templo. Como la india continuaba rechazándole mando cortar la cabeza de su padre.
Una mañana mientras ella lloraba la muerte de su padre, el indio Montevil se le acercó con intensiones de violarla. Ella perturbada corrió y cayó cansad a la orilla de un acantilado. Cuando él se acercó vio como los rayos solares iluminaban el cuerpo de la india hasta convertirla en piedra, transformándola en un grupo de montañas. Al ver esto, el indio se desmayó, escuchándose un ruido como el que hace el agua cuando corre. El sol lo convirtió en ruido de agua fluyendo para que continúe sufriendo por el amor que nunca logró conseguir, por haber querido ser dueño de una de sus esposas.”

Pero tengo entendido que hay otras versiones e incluso una novela, ya que esta montaña ha sido la inspiración de poetas y escritores.
Alguna otra historia cuenta que ”Una bella doncella indígena hija del cacique Urracá, llamada Flor de Aire, se enamoró de un soldado español, de los que conquistaron la región. Su enamorado indígena, un fuerte y agresivo guerrero llamado Yaraví, al ver que ella no le correspondía por culpa del español, se suicidó frente a ella y su pueblo. Entonces ella decide olvidar a su enamorado español para no traicionar a su gente y se dedica a vagar por los alrededores llorando su amargo destino, y así muere, mirando el cielo en la cima de las montañas e inmortalizando su sentimiento. Queda la silueta grabada como gran símbolo de su verdadero amor.”
Pero si hay más versiones, he escuchado desenlaces y nombres diferentes, el caso en todo esto es que La India Dormida es uno de esos cerros en los que no solo disfrutas el final, si no su recorrido, lleno de mitos, en donde no sabes si en cualquier momento te puede aparecer un duende o un elfo, y quien sabe si hasta el indio que cuida el tesoro de la Piedra Pintada, sus chorros están estratégicamente dispuestos a lo largo del camino, en un recorrido que dura hora y media aproximadamente, con una próspera vista al final.
Al bajar nos dimos un refrescante baño en las aguas del Chorro de los Enamorados que fue solo para nosotros y a Alain se le ocurrió hacer bouldering.
¿Parece divertido el ascenso? Ciertamente lo fue
entonces ahora te toca a ti.

















